DISCLAIMER: Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang son propiedad de Nickelodeon y sus respectivos creadores. La historia es propiedad de Setlib quien me dio su autorización para traducirla al español.
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Marriage of convenience.
Capítulo 10. Espíritus.
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Zuko comenzaba a sospechar seriamente que Katara había sido poseída por espíritus malignos.
Caminó por el pasillo del salón de guerra hacia el comedor. Vería a Katara en el almuerzo y estaba un poco nervioso por las tonterías que ella haría ese día. En la semana que llevaban entrenando, su comportamiento se había vuelto cada vez más extraño. En primer lugar, ella había tomado había optado por descansar en la guardería vestida con una serie de camisones de seda que parecían ser más cortos o más ajustados cada día. Por las noches, mientras trabajaba entre el montón de papeles creados por la burocracia, ella insistía en sentarse junto a él, a menudo apoyándose en su hombro o descansando una mano sobre su muslo mientras leía a través de los informes.
No es que eso le molestara precisamente. Era algo lindo, la forma en la que ella se frotaba contra él como un gato-lagarto. Pero lo distraía y él no estaba seguro de cuánto más podría soportarlo.
Cuando ella le ofreció por primera vez un masaje en los hombros una noche, él había aceptado con gratitud. La constante preocupación y el estrés habían cobrado su precio y la tensión en sus músculos había formado nudos. Al principio, su contacto había sido firme y eficiente, relajando la rigidez en sus músculos con facilidad. Pero a medida que avanzaba la noche, sus manos comenzaron a alejarse de sus hombros bajo su túnica para acariciar ociosamente los músculos de sus brazos o la parte baja de su espalda o masajearle el cuero cabelludo. A menudo ella rozaba su cuerpo con el suyo mientras se movía, y aunque no podía decir con seguridad que fuera a propósito, sus suaves toques lo atravesaban como un rayo.
Donde Mai había sido demasiado delgada, casi esquelética; las generosas curvas de Katara lo tentaban más allá de su control. Había llegado al punto en que ella sólo tenía que sonreírle de cierta manera para que el estómago se le apretara con el fuerte tirón del deseo.
Entró en el comedor y se sentó en la mesa, había un buffet de platos extendido frente a él. Katara no había llegado aún, probablemente había sido detenida en una reunión. Se inclinó hacia delante, apoyándose en los codos, y miró pensativamente hacia su plato.
¿Ella lo estaría haciendo a propósito? Sabía que ella nunca había salido con alguien realmente, y era posible que no entendiera el efecto que tenía sobre él. Se alegraba de que se sintiera cómoda en su presencia y no quería hacerla consciente de ello. Sin embargo, su auto-control no era infinito. Había prometido darle una salida de su matrimonio en su décimo sexto cumpleaños, pero a este paso ésa era una promesa que él lucharía por mantener.
— Zuko, hay un problema con uno de los centros de curación. —La fuente de su consternación irrumpió a través de las puertas del comedor, agitando un pergamino en su puño—. Acabo de recibir este reporte que dice que los rebeldes han saboteado la construcción en Jang Hui.
Él asintió con la cabeza.
— Acabo de enviar algunas tropas a la zona para acabar con los rebeldes.
Ella se detuvo al otro lado de la mesa frente a él y puso sus manos en las caderas.
— No, quiero ir yo misma.
Él suspiró exasperado.
— Katara, no puedes hacerte cargo impulsivamente de una banda de rebeldes tú sola. Para eso está el ejército. Sé que sientes que es personal porque es uno de tus centros…
— No es sólo eso —protestó Katara—. He estado en ese pueblo antes. ¿Conoces la fábrica abandonada que convirtieron en un hospital? —Él asintió— Bueno, yo fui quien la destruyó en primer lugar.
¿Por qué se sorprendía?
— ¿Cuándo encontraste el tiempo para destruir una fábrica de metal de la Nación del Fuego?
— Antes del Día del Sol Negro. La fábrica contaminaba un río, y toda la gente de Jang Hui estaba enferma y hambrienta. Aang y yo arruinamos la fábrica y limpiamos el río.
— Déjame adivinar. Tuviste un enfrentamiento con las tropas ubicadas en ésa área.
Ella se encogió de hombros.
— Tuvimos que encargarnos de ellos, ¿por qué?
Él suspiró.
— Porque la mayoría de los rebeldes son ex soldados de la Nación del Fuego asignados al área. Abandonaron sus puestos cuando mi padre fue derrotado.
Katara se hundió en la mesa con el ceño fruncido.
— Eso quiere decir que ellos se están rebelando contra nosotros. O contra mí.
Él asintió con la cabeza.
— Ahora entiendes por qué no es seguro que tú vayas.
Ella se inclinó hacia delante con entusiasmo.
— ¡No! Eso hace incluso que sea más importante que vayamos en persona.
— ¿Vayamos?
— Sí, vayamos. No es suficiente con capturar a los rebeldes o encarcelarlos. Tenemos que hacerles entender por qué la paz es tan importante.
Él trató de mantener su temperamento bajo control, pero la frustración tomó ventaja en su voz.
— ¡Katara, estas podrían ser las mismas personas que intentaron asesinarnos! Ellos no se van a dar por vencidos sólo porque tú se los pidas amablemente. Este no es un mundo ideal dónde puedes cambiar la mente de las personas con un discurso florido sobre esperanza.
La decepción en el rostro de ella lo atravesó.
— Tal vez tú no creas en la esperanza, Zuko. Pero durante un año eso fue todo lo que tenía. Y fue suficiente para cambiar el mundo. —Se puso de pie y salió de la habitación, dejando su almuerzo intacto.
Él suspiró y se pasó la mano por la cara. Una cosa era cierta… la vida con Katara nunca era aburrida.
…
La tarde murió más rápido de lo que había llegado, y había algo de frialdad en el aire de la noche. Zuko terminó su entrenamiento con unos cuantos estiramientos para evitar la tensión muscular y luego tomó su túnica para regresar al palacio. Al salir del dojo, el vistazo de un guardia corriendo hacia él lo llenó de pavor. Las noticias urgentes nunca eran buenas.
— ¡Su Majestad! —el guardia se quedó sin aliento cuando se detuvo y se inclinó hacia Zuko—. Una nave de la armada ha desaparecido.
Zuko frunció el ceño. ¿Por qué lo estaban molestando con esto? Era un problema, pero no realmente el tipo de emergencia que requiriera su notificación inmediata.
— ¿Saben quién se lo llevó?
— Sí, Su Majestad. Dejaron esto. —El guardia le tendió la mano, mostrando un lirio de fuego aplastado.
Él pánico se esparció a través de él.
"Katara".
¿Qué le había dicho en el almuerzo? ¿qué nadie iba a creer en sus discursos floridos? Él debería haber sabido que ella no tomaría un "no" por respuesta. Pero aún así, esto era impulsivo, incluso para ella. Impulsivo, testarudo, peligroso… maldición.
— Preparen otra nave de inmediato —le ordenó al guardia—. Estaré ahí en quince minutos.
Mientras el guardia corría cuesta abajo hacia el muelle, Zuko corrió a su cuarto. Escribió una nota rápida para Iroh explicándole la situación y pidiéndole que se mantuviera al pendiente de sus asuntos hasta su regreso. Sólo vaciló un momento antes de abrir un pesado tronco de madera y excavar en el fondo para encontrar sus espadas dobles y su uniforme negro. Debajo de ellos había una máscara azul con colmillos y los dientes blancos se extendían en una misteriosa sonrisa.
Zuko la sacó y la sostuvo en sus manos. No estaba seguro de por qué había conservado la máscara en primer lugar, nunca pensó realmente que necesitaría usarla de nuevo. Pero no sabía exactamente a qué se enfrentaría cuando llegara a Jang Hui. Aunque Katara le llevaba varias horas, no tenía experiencia en la navegación de una nave de guerra y se vería obligada a utilizar el carbón para operarla. Su Fuego Control le daba una clara ventaja y se sintió seguro de poder alcanzarla, suponiendo que ella no se perdiera en el camino. No podía decir qué le preocupaba más, que ella pudiera naufragar, o que realmente llegara a Jan Hui y se enfrentara con los rebeldes antes de que él pudiera detenerla.
Algo le decía que, al final de la noche, el Espíritu Azul viviría otra vez.
« Continuará… »
…
