Capitulo 10 - Venganza
Con pasos frenéticos, Tala recorría su alcoba, balbuceando incoherencias solo comprensibles para él mismo, su mirada azul ártico se había afilado al grado que parecía herirle con tan solo posarse en él. Wyatt se estremeció de miedo al sentir nuevamente los ojos ajenos fijos en su cuerpo. Sabía que le haría más preguntas, pero temía no contar con las respuestas que buscaba.
Hacía ya un par de semanas que Tala le había encomendado la tarea de buscar al pelilavanda, tarea que hasta el día de hoy había resultado infructuosa. Ese era el motivo del estado actual del pelirrojo, pues al no tener noticias de su ex, suponía que el chino lo mantenía oculto en algún lugar al que secretamente se dirigía por las noches. El problema real era que tal lugar no parecía existir, de hecho, no había prueba alguna de su existencia, sin embargo Tala estaba completamente seguro de que así era, de que se burlaban a sus espaldas y de que él le mentía.
Podía sentir su odio recorriéndole de arriba abajo con la mirada, instintivamente, tragó saliva y se preguntó si aquello lo haría lucir más culpable ante la mirada de hielo frente a él.
Tala le escudriño unos instantes y resoplando murmuró un "ya vete" y dándole la espalda le escuchó alejarse rápidamente, aterrado quizás. No soportaba ni un minuto más verle la cara a ese traidor, él tenía la información que necesitaba, pero por alguna razón se negaba a entregársela.
Ese bastardo codicioso, de la noche a la mañana, causalmente, ya no tenía información interesante, creyó que si le pagaba más, le entregaría lo que quería saber, pero aun así se negaba, insistía en que no sabía nada, y que el chino era inocente… como lo odiaba, odiaba la estúpida sonrisa que ponía Wyatt al recordarle, esa misma sonrisa que había visto en labios de Bryan cada vez que hablaba de él, de lo especial que era… una idea nació en su cabeza repentinamente, congelándolo en su sitio ante la sorpresa, sus ojos se abrieron de par en par, incrédulo ante lo que era tan obvio… Le estaba protegiendo, y le protegía porque le quería…
-Ese mal nacido…- murmuró con veneno impreso en cada palabra, ¿como no se le había ocurrido antes? El chino lo había seducido de alguna forma, y ahora Wyatt también le estaba ayudando a esconder a Bryan, todo era tan obvio, seguramente ahora debía estarse burlando de él en brazos del musculoso ruso que solía ser su amante… podía sentir la ira burbujear en su estómago, obligándole a cerrar los puños con fuerza y apretar su mandíbula hasta rechinar sus dientes –Como lo odio… a él y a Bryan- confesó y dio un cuarto de vuelta hasta quedar frente al espejo de cuerpo entero que colgaba de la pared.
Observó al extraño que le miraba de vuelta a través del cristal. Su pálido rostro se había endurecido por la rabia y aparentaba más edad de la que tenía, su rojizo cabello estaba echo un desastre y sus hermosos ojos azules carentes de vida asemejaban más a un par de trozos de hielo frio y muerto que aquellas pozas color azul intenso de antaño. Si Bryan lo viese ahora, en ese estado tan deplorable, no lo reconocería, y quizá eso sería lo mejor, que él viese lo que le había hecho, todo el daño que le causó, todo esto era por su culpa, por su abandono, ¿por qué ya no lo quería? ¿por qué no regresaba a su lado? ¿por qué insistía en esconderse de él? Él tan solo lo había amado, con todas su fuerzas, con todo su corazón, ¿por qué deseaba estar con ese chino?
Su visión se volvió borrosa, el dolor de su roto corazón empañaba sus ojos y distorsionaba su realidad. Él sabía que Bryan estaba con ese chino, oculto en alguna habitación de algún hotel en la ciudad, compartiendo la cama… ¿le diría las mismas cosas que le había dicho a él? ¿le haría a él las mismas cosas que habían hecho juntos? ¿Sabría el chino como volverlo loco de placer? Podía recordar perfectamente todas y cada una de las ocasiones que estuvieron juntos y no podía, no quería imaginar a esos dos compartiendo el lecho. Si cerraba los ojos, casi podía verlos, abrazados, desnudos, amándose con locura y desenfreno, podía escuchar sus risas burlonas, podía imaginarlos riéndose y señalándolo, lo habían engañado, se habían salido con la suya, le vieron la cara y ahora se regocijaban por ello.
De un puñetazo rompió el cristal frente a él, respirando agitado, sudando frio, sangrando… nada podía importarle menos, sentía hervir la sangre tan solo de imaginarlos juntos… Los odiaba, pero odiaba más a Bryan, ¿por qué lo había abandonado? Si tan solo respondiera a sus llamadas… Él podría perdonarlo, sería difícil, pero no imposible, sin embargo él se negaba a a aparecer, prefería estar con ese chino odioso, "ojalá estuviese muerto…" pensó y aquella idea que había rondado por su mente durante días, comenzó a parecer más y más una posibilidad…
-Si estuviese muerto, él regresaría conmigo- se dijo, mirando la roja sangre escurrir por entre sus dedos –si estuviese muerto… no tendría este problema…- meditó y sonrió de lado, jugando con el espeso y vital liquido que escapaba de su cuerpo… "¿y si me odia después?" su sonrisa se esfumó de pronto y la preocupación se coló en su rostro, y ¿si el chino moría y él lo culpaba? ¿le odiaría? –es probable- se respondió a sí mismo, colocándose en cuclillas para tomar un vidrio del suelo y mirar su reflejo ensangrentado, lo había perdido todo, y por culpa del chico de cabello negro, su belleza, su porte, la chispa de vida que siempre lo acompañó…
-No quiero que me odie- se dijo casi en un puchero y abrazó sus rodillas, ocultando su rostro… -aunque… quiero que sepa lo que yo siento… lo que sentí- reflexionó unos instantes y poniéndose de pie, buscó uno de los informes de Wyatt.
Ahí, sonriéndole desde una fotografía, estaba el chino. La imagen había sido capturada fuera del local que atendía, la luz del sol teñía su piel de colores cobrizos y hacía brillar sus ojos cual oro pulido. Cuanto lo odiaba. Él lo tenía todo, todo lo que alguna vez el mismo había tenido y hora había perdido, no, él, ese maldito chino se lo había arrebatado, y ahora era tiempo de su venganza…
-Estoy solo –se dijo mirando la fotografía- ya no tengo a nadie y ya no tengo nada… todo por tu culpa…- acarició el rostro ajeno con el dedo índice de su mano derecha, manchando la fotografía con su sangre –me haz quitado todo – murmuró –y ahora yo lo tomaré de vuelta… te lo arrancaré de las manos y borraré esa sonrisa de tu estúpido rostro – cerró su puño con fuerza, arrugando la manchada fotografía. Una lagrima rodo por su mejilla y una sencilla sonrisa apareció en su rostro.
Ray sirvió una taza de café capuchino y sonriente la entregó a su ultimo cliente del día, el sol había comenzado su descenso y largas sombras se proyectaban por el suelo del lugar, dándole la apariencia de ser más grande de lo que en verdad era. La soledad del lugar también le hizo pensar en lo extrañas que habían sido las últimas semanas, luego de aquella conversación sorpresiva con su ruso amigo…amigo… que palabra tan más extraña era esa, se sentía raro llamándolo de aquella forma luego de aquel beso furtivo. No quería aceptarlo, pero sabía bien que Kai ya no era solo un amigo, lo supo desde que sus labios se tocaron, desde que sus sueños se habían reducido a uno solo, a él. Suspiró cansando. Ya no quería pensar en eso, lo confundía y lo estresaba, y cada vez que cruzaba sus ojos con los de Kai, sentía ese enorme vacío en el pecho por saber que lo había echado a perder.
El sonido de la campañilla de la puerta lo regresó a la realidad, su último cliente se había retirado y ahora estaba oficialmente solo.
-Creo que es hora de cerrar- se dijo y buscando las llaves en el cajón del mostrador, se dirigió a la puerta y comenzó a cerrar. Ese día era el último viernes del mes y debía realizar los cálculos correspondientes para programar los pagos del mes siguiente, una tarea laboriosa y aburrida que generalmente le tomaba un par de horas realizar, sin embargo, con lo distraído que había estado últimamente, algo le decía que se demoraría más de lo esperado.
Apagó las luces y se dirigió al pequeño cuarto al final del local, justo detrás de la cocina, esa era su pequeña oficina, el lugar en el que se encerraba a tomar pequeñas siestas cuando el cansancio era demasiado y su ayudante podía hacerse cargo de atender a los clientes, el lugar al que se dirigía para hacer cuentas y pagos, el único lugar al que la luz del sol no llegaba. Solía pensar que ese lugar, antes, había sido un armario de escobas o algo así, pero ahora era una oficina, y quizá más por costumbre que por otra cosa, entró y cerró la puerta. Era algo tonto, pues estaba solo, pero ese pequeño espacio le hacía sentir seguro y lejos de aquellos ojos escarlata que le perseguían en sus sueños.
El tic tac del reloj le arrullaba un poco, y los números en la pantalla de la computadora, en esa hoja de cálculo, no le estaban ayudando, poco a poco el sopor comenzó a envolverlo y sin darse cuenta quedó dormido sobre el teclado. De pronto se vio en aquel parque rodeado de la lluvia fría, frente al ruso quien le miraba con intensidad, como siempre le veía cuando estaban solos, sentía su corazón latir con fuerza y el calor subir por sus mejillas. Eran sus ojos, rojos cual brazas ardientes los que le hacía sentir ese calor, hasta la lluvia parecía tornarse cálida en su presencia, tan caliente, tan sofocante…
La luz brillante del sol se colaba por debajo de la puerta… Ray se incorporó sobresaltado, miró su reloj y vio que eran más de la nueve de la noche, ¿por qué había tanta luz afuera? Y ¿por qué hacía tanto calor? "Fuego" pensó y corrió hacia la salida, el humo le recibió apenas abrió la puerta, cerrando su garganta, impidiéndole respirar.
El fuego se extendía por todas partes, y no podía ver nada más que el humo y las llamas. La preocupación se extendió por su rostro y por su cuerpo entero, todos los muebles del local, el piso y las paredes eran de madera, había telas flamables y papel por todas partes, el lugar entero se consumiría en cuestión de minutos, y la cocina, tenía un horno profesional conectado directamente a una toma de gas. Tosió un par de veces y se acercó hasta el horno, para cerrar la válvula del gas y tomar el extintor, debía salir lo antes posible de ahí.
Caminó a tientas por la cocina, sus ojos escocían y comenzaba a sentirse mareado y adormilado, llegó hasta la puerta, pero estaba atorada, la empujó con su cuerpo un par de veces pero era inútil, el calor era cada vez más intenso y él se sentía cada vez más débil, debía darse prisa. "La puerta de enfrente"- se dijo y caminó hacia allá, el calor era intenso, su cuerpo ardía y no dejaba de toser por causa del humo, estaba cansado y no podía ver casi nada.
El extintor fue de ayuda, pero no fue suficiente, apenas y duró para cruzar el mostrador que ardía en llamas, la idea de morir así cruzó su mente y enchinó su piel, estaba asustado y se negaba a permanecer un segundo más ahí, debía salir, estaba tan cerca. Su vista estaba nublada, el aire faltaba en sus pulmones, sentía el cansancio apoderarse de él, volviendo torpes sus movimientos, de un momento a otro sus pies tropezaron consigo mismos y Ray cayó de bruces al suelo.
Hacía tanto calor, que no podía pensar, estaba ardiendo y eso ya no le importaba, tenía sueño y a pesar de que sabía que tenía que salir, su cuerpo no le hizo caso, intentó levantarse, pero sus brazos ya no tenían fuerzas –Kai- murmuró –lo siento- y sus ojos se cerraron envolviéndolo en la negrura del sueño, mientras la sombra de la muerte se cernía sobre su cuerpo.
TBC
