Capítulo 9. Vamos a ver las estrellas

—Cambiarias tu opinión si supieras que ...

—¿ qué Albert? Que las cortaste en las jardineras del parque, no, claro que no cambiaría mi opinión ni mi alegría incluso si las cortaras en mi propio jardín, aunque fueran plantas que yo misma sembré o que cuide, no importa si son muchas o si es solo una, o si es la flor más cara o incluso si es la flor menos valorada mientras seas tú quien me la regalé, siempre será especial e importante para mí.

Me agarró la mano, me la beso y dijo sonriendo —me reconfortan tus palabras. Tengo hambre, empezamos a comer

—no estoy presentable

—claro que lo estas, vamos lávate las manos, quítate el delantal y quedas linda como siempre

—no seas adulador que este vestido tiene años y está desgastado

—para mi tu siempre te ves bonita

—muy bien, a comer

Servi los alimentos, después con el primer bocado que él le dio mencionó —esta delicioso, muy sabroso, gracias por cocinar. El tema de hoy son corazones

—¿por qué lo dices?

—por que se supone que las albondigas son redondas y en vez de eso tú hiciste corazones

—¡hay Albert! Como te explico, yo a veces soy un poco romántica, no quiero incomodarte con mis cosas...

—no pasa nada, me gusta, la comida se ve adorable, dan ganas de comerla

Le sonreí pensando en que mentía, pero ya estaba hecho y la comida tenía buen sabor y le dije:

—sabe bien, te sorprendí— hasta yo estaba asombrada de lo bien que sabía la comida —¿ qué pensaste? Acaso dudas de mi forma de preparar los alimentos

—no, yo dudo de las circunstancias, a veces te distraes mientras que la comida se adelanta a coserse y tú no te das cuenta, después vienen los accidentes

—cierto, no confías en mí, pero mira lo que te prepare

—wow, te luciste son unas jirafas con árboles, tienes imaginación, sabes utilizar muy bien las zanahorias y el brócoli

—si, yo lo hice solita, para que no extrañes África, jajaja, te falta el postre

—¿ qué me preparaste de postre?

—no es nada en especial, solo es fruta picada

—suena bien

Guiñandole un ojo le dije —y sabe mejor— jajaja, cuando estamos juntos se respira felicidad. Terminamos de cenar y el dijo:

—comemos el postre en el patio mientras vemos el atardecer y quizás podríamos ver también las estrellas

—si mi amor yo te acompaño donde tú quieras— terrible error, no tenía por que decirlo en voz alta

Él puso cara de sorpresa y dijo — perdón, ¿ qué dijiste? No te escuché bien

—dije, si Albert, vamos a ver las estrellas o el atardecer o lo que haya en el patio

Estamos recogiendo la mesa y sin querer nuestras manos se rosaron, yo no pude separarme de él, porque mi cuerpo reclama el tacto de mi amigo, lo que me sorprendió fue que él no se alejó sino que empezó a acariciar mis dedos, después sus dos manos jugueteaban con las mías sintiendo el placer de pequeñas descargas eléctricas recorriendo mi cuerpo. Yo estaba embobada viendo los movimientos sutiles de las grandes y fuertes manos de Albert, no se por que, pero esos movimientos, esas caricias me parecieron eróticos, me hacían sentir como si solo existieramos nosotros dos y desapareciera todo a nuestro alrededor.

Después de un momento, no supe si fue mucho o poco tiempo de caricias inocentes y al mismo tiempo placenteras, él hablo —sobro mucha comida

—si

—se va a hechar a perder

—no, por que mañana se lo voy a llevar al doctor Marín

Escuchando esto me soltó las manos y dijo —la comida que preparaste para mí, no se la vas a dar al doctor Martín

—¿por qué no? El se a portado muy bien con nosotros y es una forma de darle las gracias

—no quiero que le des nada al doctor

—pero ¿por qué dices esas cosas Albert? Solo es comida

—claro, tienes razón, tú tienes un corazón grande y bondadoso, es que me incomoda que le regales cosas al doctor

—jajaja no digas tonterías, incomodidad ¿de qué? Si ya sabes que te quiero más que a él

—¿ qué tanto?

—mucho, tú eres mi familia ya lo sabes— me acerco a mi amigo con una sonrisa, lo jaló de la mano mientras que con la otra tomo la vasija con la fruta picada y le digo —vamos a ver las estrellas.

Continuará...