NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON AUTORIA DE NICK, YO SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Bien! Ando un poco corta de inspiración, pero creo, al menos yo, que este capítulo me quedo bien. Para las personas que ya se desesperaron y quieren algo de romance, no se apuren, que nuestra pareja consentida (Si, Aang y Katara) tendrán su bien merecida salidita en el próximo capítulo.
En este capítulo es cuando finalmente aparece Azula, ahí me dejarán comentarios por la forma en la que aparece. Oh y también se trata un poco más el tema de las pupilas del Avatar. No se me desesperan, las tres tendrán su participación, pero más adelante.
Capítulo 9.
Atentados.
La enorme sala del Señor de Fuego estaba acondicionada para los amigos del mismo. Zuko estaba sentado en la cabecera de la mesa, con Mai a su lado. Estaban ahí Aang y Katara, uno al lado del otro y frente a la maestra agua estaba Toph. Suki estaba al lado de la chica ciega, quedando solo el asiento de Sokka.
Éste entró a la sala y se sentó.
-bien, flamita ¿Para qué nos mandabas llamar?—inquirió Toph.
-ha ocurrido un atentado.
Todos de inmediato prestaron su mayor atención al soberano de la Nación de Fuego.
-un grupo de rebeldes atacó una villa en la Isla Creciente Solar, muy al sur de aquí, casi en la frontera. Arrasaron con todos, no quedó ni un solo sobreviviente, eran ochenta y dos pobladores.
-pero… ¿porqué lo hicieron?
-¿¡Quienes hicieron eso!—gritó Katara.
-dejaron únicamente un pergamino, entre toda la matanza.
Dijo zuko mientras sacaba el pergamino de entre sus túnicas, lo abrió y leyó en voz alta.
Para quien lo lea:
Somos un grupo cuyo nombre será revelado después. Pero podemos decirles que la Nación de Fuego, hipócrita y arrogante, merece morir de la misma forma en que mató: por sorpresa e injustamente. Y aunque el avatar y sus poderosos maestros digan lo contrario, en este caso, más vale la venganza que la justicia, porque el Reino Tierra la merece. Y como esto, muchas más cosas pasarán, que no les quepan dudas. ¿Entendido?
Zuko enrolló el pergaminó y miró a sus amigos, con la pregunta escrita en su rostro de "¿Qué vamos a hacer?"
-creo que debemos de empezar a buscar en toda el área personas sospechosas—dijo Sokka—debemos evitar a toda costa que ese grupo asesine a más gente y la única forma de conseguirlo es sabiendo quiénes son.
-si, pero ¿Cómo los buscaremos?—inquirió Aang—no sabemos como son y no hay sobrevivientes o testigos que puedan darnos una idea de su aspecto.
-otra opción—dijo Mai—es que podemos reforzar la seguridad en todas las aldeas de la Nación.
-no solo soldados, también la marina—agregó Zuko.
-la mayoría de la marina está en el Reino Tierra, ayudando a mantener paz al rey.
-bien, manda traer al menos la mitad de esos barcos, aquí se necesitan más—dijo Suki.
-eso podría crear más tensiones y problemas con el Reino Tierra—dijo Toph—aunque nuestra presencia aquí hace pensar dos veces a los enemigos de la Nación de Fuego sobre atacar o no, la desesperación hace que se cometan locuras, no debemos tentar a la suerte.
-el rey tierra no guarda rencor alguno a la Nación de Fuego—agregó Aang.
-pero si su pueblo.
-mejor manda hablar a unas cuantas naves, para que se mantenga más conectada toda la nación y se refuerce la seguridad—propuso Sokka—ningún ejército atacará ahora, puedes retirar las tropas que limitan la frontera del mar.
-¿eso será buena idea?
-tal vez si.
-bueno, pero hay otro problema—dijo Zuko.
-¿cuál?
-las personas que mandé traer del Reino Tierra se muestran muy inconformes y hasta rencorosas.
-es cuestión de tiempo—contestó Toph—deben entender que perdieron la guerra, que las cosas que pensaron no son como creyeron y que el Reino Tierra es de los maestros tierra, no de los maestros fuego.
-espero, por nuestro bien, que entiendan.
-Zuko, no esperes que ellos entiendan y asimilen los cambios de un día al otro—explicó Katara—después de todo, ellos crecieron creyéndose los seres supremos del mundo, tardarán en comprender que no lo son.
-chiflados lunáticos.
-El principal problema, considero yo, es el de los atentados—dijo Aang—las personas guardarán rencor pero algún día eso se olvidará, podrán volver cuando todo se estabilice, pero nada se estabilizará si no detenemos a esos terroristas.
-reforzaré la seguridad y… ¡Ya sé!
-¿Qué harás?
-bueno, mandaré a algunos miembros de la Llama Secreta.
-¿la Llama Secreta?
-Zuko—habló Mai-¿No crees que es peligroso mandarlos a una misión de ésta índole, cariño?
-¿Qué es la Llama Secreta?—preguntó Suki.
-bueno, es una organización secreta de maestros fuego entrenados en el sigilo, combate e inteligencia. Son muy poderosos y usualmente se emplean como espías.
-No obstante—continuó Mai mirando a Zuko reprobatoriamente—tienen conocimientos mágicos que les permiten usar hechizos algo sádicos. Son muy crueles y sus métodos suelen ser muy ortodoxos. No es común usarlos.
-¿Cuántos miembros son?
-el grupo solo tiene diez miembros.
-eso significa que es muy eficiente ¿No?
-si, pero peligroso.
-Zuko, solo te pediría que los uses con cuidado—dijo Aang.
-claro que si.
Ursa estaba vestida con una túnica que ocultaba su identidad, de esa forma entró en una celda, esa en la que apresaban a su hija.
Azula estaba acurrucada en una esquina, la más oscura, de todo el pequeño cuarto, detrás de las dos jaulas que la apresaban. Su fuego-control le fue arrebatado por el Avatar, al igual que su padre, y ella estaba con su semblante serio, resentido, mirando a la nada.
-¿Azula?—la llamó con una voz suave y cariñosa.
Los ojos de Azula se abrieron desmesuradamente, con terror, mirando por el reojo a su progenitora.
-No…-susurró.
-Azula, cariño, soy yo, mamá.
-¡No puedes ser tú!—gritó, llena de pánico.
-lo soy amor, vine a verte. Has crecido mucho, ahora eres toda una mujer, una hermosa mujer.
-¡Ja! Como si te enorgullecieras de mí.
-siempre he estado orgullosa de tu talento, más no de la forma en que lo usas.
-es lo mismo. Me odias, me temes y me consideras un monstruo. Uno al que tú le diste vida.
-eso es mentira, te quiero, muchísimo Azula ¡Eres mi hija!
-¡Mientes! ¡Mientes como todo el mundo!—gritó Azula, llevándose sus manos a la cabeza y apretándose la misma.
-Pero no…-se decía Azula a sí misma, mientras se mecía—no existes… eres solo una ilusión…
-Azula—la llamó Ursa muy preocupada.
Los ojos de Azula se notaron perdidos, mientras una de sus manos arrullaba algo inexistente en su hombro.
-shshshshs-arrullaba con ternura—tranquila Azula, todo está bien, ella no está aquí, todo es mentira, nadie está aquí, solo tú y yo…
-¡Azula, reacciona!—gritó su espantada madre.
-duerme, duerme, Azula querida, que Azula velará tu sueño—se decía a ella misma, arrullándose y con su mirada aún perdida—es así y será así siempre, tu y yo solas, unidas ¿verdad Azula? ¡Claro Azula! Solas tú y yo, Azula y Azula.
Ursa miró a su enloquecida hija con sus ojos llenos de lágrimas ¡No era posible que su hija estuviera completamente loca, sin dejar rastro de la inteligente y astuta niña que ella crío!
Entristecida y sumamente dolida, salió ella entonces empapada en lágrimas de la celda, dejando atrás a una Azula delirante. No tardó mucho en llegar al palacio, donde Zuko advirtió su tristeza.
-¿Qué ocurre, madre?
-fui a ver a Azula.
-¿¡Qué! ¿Por qué?
-es mi hija, quería saber qué pasó con ella, solo fui masoquista—sollozó.
-oh madre.
Zuko apoyó una de sus manos en el hombro de su madre, queriendo darle consuelo.
-¡Está loca!—gritó Ursa—completamente loca, hablando sola… ¡Mi hijita!
Lloró aún más, y Zuko se quedó ahí, mirándola y sintiendo su dolor.
-Momoko, estoy ya muy cansada—dijo Naoko, mirando a su amiga con ojos suplicantes-¡Ya no quiero pelear!
-¡Vamos, uno más!
Naoko se puso en posición de ataque frente a Momoko, quien la miró con retórica expresión.
-bien, peleemos, pero suave ¿quieres?
-como quieras.
En ese momento, la tierra bajo Naoko se tambaleó, saltó lo más alto que pudo y así se evito caer en el pequeño terremoto que le mandó su amiga-hermana. Naoko lanzó una llamarada enorme a Momoko quien la desvió alzando una enorme pared de roca frente a ella. Momoko se hundió en la tierra y salió después disparada hacia Naoko, quien estaba al lado de un estanque. Sin vacilar, Naoko le mandó una bola de fuego, moviéndose hacia la derecha, Momoko esquivó el ataque pero a consecuencia perdió la velocidad y trayectoria original, cayendo en el lago.
Momoko nadó y salió del lago, Naoko estaba frente a ella con dos látigos de fuego en sus manos, automáticamente la joven maestra tierra se protegió con una armadura de dicho elemento, lanzándole rocas a Naoko quien las rompía con ayuda de los látigos. Unió ambos látigos creando uno enorme y con ese golpeó a Momoko, cuya armadura se rompió y salió disparada hacia la pared, golpeándose duramente pero recuperándose. En el suelo al mismo tiempo alzó cinco rocas enormes que lanzó al mismo tiempo a Noako, quien usó su fuego como propulsor para saltar; las rocas chocaron entre ellas, rompiéndose y Naoko cayó bruscamente al suelo.
Tan pronto su pie tocó la tierra éste quedo aprisionado por las rocas, Naoko trató de soltarse pero solo consiguió que sus dos pies quedaran atrapados. Sin posibilidad alguna de moverse, miró a Momoko lanzándole una gigantesca llamarada que por poco no esquiva, pero recobrando el equilibrio, Momoko le lanzó astillas de piedra. Por instinto, Naoko se inclino lo más que pudo esquivándolas.
Las astillas siguieron su ruta, llegando hasta Sango que estaba en el otro estanque, la chica tuvo que alzar una enorme ola y congelarla para detener las filosas piedras.
-¡Tengas más cuidado!—les gritó, devolviendo el estado líquido al agua y lanzándola como cuchillas de hielo a Momoko.
Momoko levantó frente a ella una pared de roca que se rompió ante la fuerza del hielo, haciéndola retroceder.
-¡Hey! La cosa no es contigo—le dijo a Sango.
-creo que si lo es.
Sango se puso en posición frente a Momoko. Ésta creo una esfera de roca que le mandó primero a Naoko, pero ella pudo romperla con ayuda de una poderosa llama. Sango le lanzó a Momoko un poderoso látigo de agua que ella esquivó con dificultad, pero perdió el equilibrio y cayó en el estanque. Sango hizo alzar toda el agua del estanque, con Momoko en ella y la congeló, dejándola encerrada en un Ice Berg y solo con la cabeza descongelada.
-¡No es justo, sácame de aquí!
Pero en vez de eso, Sango se volteó y miró a Naoko quien ya se había liberado de sus pies. Naoko la atacó con un látigo de fuego seguido de una enorme bola del mismo, pero el látigo fue destruido por una barrera de agua y la bola igual. Naoko entonces creó una llamarada enorme que Sango esquivó, llevándose consigo un enorme flujo de agua que le lanzó como un látigo a Naoko.
Naoko quiso esquivar el látigo, pero eso era solo una distracción, cuando lo hizo un brazo de agua le aprisionó su mano y luego la alzó bruscamente hacia el cielo, encerrándola en una enorme esfera de agua que congeló, dejándola caer en el otro estanque.
Se escucharon unos aplausos y Sango pudo ver a Aang entrar al área de entrenamiento.
-maestro—dijo Sango, inclinándose a modo de respeto frente a él.
-excelente dominio, Sango, has avanzado muy rápido.
Miró a sus otras pupilas, Naoko descongelaba la esfera de hielo con su fuego, y ya casi salía, pero Momoko no. Aang descongeló el agua y la chica cayó empapada a tierra, a si mismo descongeló la esfera y Naoko suspiró aliviada.
Las tres se pusieron frente a Aang.
-veo con satisfacción que son ya todas unas maestras en su elemento, pero también me doy cuenta que les faltan cosas por aprender. El poder y el talento no son nada buenos si se usan para presumir y alardear—dijo mirando a Momoko—ni para atacar cuando una persona no los pide—agregó mirando a Naoko—más si para defendernos cuando alguien nos agrede—dijo, mirando con una sonrisa a Sango.
"Momoko, debes aprender a ser humilde, tus dones son formidables, pero no por eso eres superior a las demás personas. Siempre debe haber equilibrio.
"Naoko, eres una maestra poderosa porque dominar bien un elemento un poco rebelde. Pero debes comprender, que no pelearas cuando te lo pidan, usar tus dones solo te corresponde a ti, a nadie más.
"Sango, veo con satisfacción que has aprendido a ser una poderosa maestra en toda la extensión de la palabra, espero que nunca cambies y me ayudes un poco con tus hermanas.
Dicho esto se fue, dejando a una chica feliz y a otras dos molestas.
Bien, espero les haya agradado el capítulo.
Adelanto:
Era casi imposible que la maestra tierra le correspondiera, después de todo, ella nunca le había dicho ni manifestado nada, si bien se mostraba algo cariñosa y tolerante con él, nunca había insinuado que quisiera una relación más profunda que la amistad.
Suspiró, cogió una fresa y se la llevó a la boca. Era ácida y dulce a la vez, como su relación con ella. Dulce porque sabía que Toph era su amiga, una de fiar y que le tenía aprecio, pero ácida porque él esperaba mucho más de ella, algo que Toph no sentía y en el fondo, el sabía que no funcionaría.
¡Oh si! Las cosas se están empezando a solidar entre nuestra maestra tierra y sirviente. En el próximo capítulo podrán ver todo con mayor claridad.
Espero comentarios.
chao!
