N/A: El principio les sonará muy familiar. Se retorna al capitulo en que Kagome tuvo ese sueño y a la vez le trae otro sentido. Ustedes sabran como interpretarlo.
CAPITULO X
Desde la más alta montaña hasta el más profundo charco, los rayos del sol tocan la tierra por igual, la luna se eleva y cambia su posición de acuerdo al ciclo que le corresponde sin la consideración de la tierra y sus habitantes. Y todas las criaturas viven de acuerdo a su naturaleza. Entonces ¿en que se basa el caos entre las razas? Sabios creen que se debe a las tradiciones y paradigmas que prohíben la adaptación a cambios por miedo a destruir cimientos de creencias antiguas de cada especie. Los seres humanos y las criaturas sobrenaturales, incluso diferenciándose de los animales, marcan sus propias leyes innatas por la misma razón por la que la luz y la oscuridad requieren el equilibrio y al mismo tiempo son antítesis: para proteger su base natural. De lo contrario, ¿Cómo explicaríamos la discriminación, la crueldad, la tortura hacia especies que no son como uno o piensan distinto? Por miedo. El miedo es el alimento del depredador y su presa reboza de ello si desconoce sus principios y base natural. Así funciona la vida y su ley. La oscuridad, el miedo y la muerte no serían nada sin la luz, la esperanza y la vida. Coexisten así como las criaturas aprenden a vivir con la guía de sus ancestros en un mundo cada vez más complejo naturalmente y aquellos que son capaces de desafiar y entregar su legado como los grandes héroes son escasos. Como el Gran General Perro, o la sacerdotisa que inconscientemente creo la Perla de Shikon en una batalla interminable. Ellos así como otros, son prueba irrefutable que los paradigmas se pueden cambiar: un gran monstruo canino de talla legendaria puede entregar su vida por una humana y recién nacido, y una sacerdotisa con la suficiente valentía para sacrificar su vida también por el fin de una lucha. Por algo existen los paradigmas y por algo cambian, así la vida evoluciona y las especies también.
O al menos así piensa ella, por ejemplo, una vez estando en el sueño que creyó jamás vivir de nuevo.
"¿Qué significa esto?" – se dijo a si misma mientras confirmaba su alrededor. El bosque era igual, las perlas seguían siendo cinco, ahí estaba la pared con el jeroglífico de la araña y por si fuera poco, también la estatua de la mujer embarazada.
Se habría acostumbrado a relajarse y tratar de descifrar el sueño y la razón por la que volvía a verlo, de no ser porque algo más la incitó al escalofrío.
No era una niña como la última vez y no estaba embarazada.
Intentó pensar que su subconsciente no quería tomar en cuenta sus recuerdos infantiles y quizá por eso era de la edad que tenía en ese momento real. Pero, ¿Qué hay de la idea de que no está embarazada en ese sueño? Ignoró el hecho y comenzó a tomar una de las perlas en el suelo.
Son blancas…al menos ya no escucho esas voces molestas. Nada la aliviaba en ese sueño más que nunca volver a revivir esa absurda broma de su nombre. Pero de todo, lo que la inquietaba más es el por qué esta esa estatua y que significa para ella. Seguía con el mismo estado que el sueño anterior, con el vientre atravesado y medio abierto con la criatura retorciéndose de dolor. Le daba náuseas y pena, más que nada tristeza y terror porque deseaba con toda su alma no ver eso considerando que estaba esperando una vida dentro de ella. Cerrando los ojos forzándose a sí misma quitar esa horrible imagen, algo la forzó a abrirlos con toda la curiosidad.
Ahí, alrededor de la estatua y tomados de la mano formando un circulo, giraban en señal de rito. Le asustó el hecho que podría tratarse de los niños que la molestaban antes pero fácilmente lo superó al ver que sus rostros parecían de muñecas de trapo y bailaban en círculo de una forma incomoda, estaban tristes y a la vez parecían estar jugando. Ahora si tenía miedo.
Queriendo armarse de valor para enfrentar su sueño aprovechando estar consciente de ello, se acercó a la escena para hace algo característico de ella. Exigir respuestas tercamente.
"¿Quiénes son ustedes? – preguntó con la mayor calma que pudo exhalar.
Los niños no reaccionaron.
"Por favor…" – imploró. – "Solo quiero saber que significa todo esto. ¿Podrían ayudarme?"
Sin respuesta aun.
Tomó mayor fuerza en la voz. "¿Acaso los conozco? ¿Qué hacen aquí? Pueden darme al menos una señal, ¿saben?" – notando que era invisible ante ellos, se exasperó considerando que la primera vez la molestaron y ahora la ignoran. –"¿Pueden POR FAVOR decirme que hago aquí?" Es como hablar con Inuyasha, NO ESCUCHAN.
"¿¡Pueden dejar de dar vueltas en este horrible sueño y decirme que ocurre?!" – y al son de terminar su grito, dejaron de girar. – "¿Por favor?"
Soltaron sus manos y la miraron con los ojos negros que colgaban de lo que sería su rostro. Kagome ya se arrepintió de preguntar. Optó por correr o gritar para sacarse del sueño cuando de pronto uno de ellos habló.
"El ave enjaulada…" – dijo solamente uno de los niños.
Ay no…ya había escuchado eso antes…
"…que se desliza como la grulla y al tortuga…" – añadió una niña.
"¿El ave? ¿Grulla? ¿Qué quieren decir? ¡Ya les dije que no quiero jugar! Por favor, como elementos de mi sueño deben saber cuánto detesto ese juego, a menos que su objetivo sea el de torturarme…" – dijo Kagome para luego concentrarse en la mujer de en medio y aprovechar que ya prestaron atención. – "¿Quién es ella?" – les preguntó.
"Ella…es el comienzo…" – le contestó un niño.
Genial…más acertijos….
"Oigan, quiero creer que no son fantasmas de sueños que asustan o torturan, así que pueden por favor explicarme porque estoy viendo todo eso…" – entonces recordó el consejo de Kaede para descifrar su sueño. Solo ella podía saberlo, así que solo debía recolectar todos los indicios y así comprenderlos. Quizá hay una razón para que este soñándolo otra vez…
"Niños, ¿esa araña significa Naraku?" – les preguntó.
"Es el dibujo del que teje los destinos…" – respondió una niña.
"¿Teje los destinos? Tiene sentido. Naraku literalmente ató nuestras vidas a diferentes caminos y eso." – dijo analizando poco a poco. – "¿Qué hay de las perlas? ¿Es por Shikon?"
"Cinco son los puntos de la estrella. La estrella guía."
De acuerdo, eso no ayuda… "Está bien, ¿Qué me dicen de la estatua? ¿Ella es el comienzo? ¿Qué significa?"
"Todo fin tiene un comienzo, todo comienzo marca la llegada de vida." – respondió una niña detrás del grupo. – "La madre es la jaula que renueva la vida del ave."
Esto es cada vez más confuso… Alto… Entonces por un instante las piezas parecían juntarse y formar el mensaje. Cinco perlas, cinco puntas, las perlas simbolizan una estrella. La araña no necesariamente se refiere al mal que hizo Naraku sino al hecho que tejió sus destinos y la unió con lo que vivió en la lucha de hace tres años. La madre es el comienzo. Pensó. Tres palabras clave: estrella, destino tejido y comienzo. Tienen mucho en común considerando su experiencia pero aun así no le daba un mensaje concreto. Pero faltaba algo más…
"¿Qué hay del bebé? Si la madre es el comienzo ¿Qué es el bebé?"
"El no nacido… no lo logró" – le respondió la niña de nuevo.
Se entristeció y quiso llorar en ese momento. Se refería a que el niño no sobrevivió. Eso explicaba la herida de la lanza. Pero entonces, no murió por parto accidental, sino por ataque. ¿Quién lo mató?
"¿De quién es esa lanza? ¿Quién lo mató? – preguntó desesperada.
Nadie le respondió. Y todos los niños comenzaron a caminar hacia ella y dos de ellos tomaron ambas de sus manos para guiarla más hacia la estatua. Al estar prácticamente frente a ella, tragó lentamente y miró a los niños volver a pararse de lado de la estatua.
"La lanza es el símbolo del ataque y la amenaza en contra del inocente." – dijo un niño. – "El no nacido no pudo defenderse porque la jaula estaba cerrada y la estrella guía no llegó a él. La araña no pudo tejer su destino. Por eso la lanza lo alcanzó."
La sacerdotisa comenzó a sentir el terror recorrer su columna vertebral. Estaban hablando de una criatura que no pudo nacer por el infortunio. Pero, ¿Qué tiene que ver conmigo? A menos que… el mensaje tomó forma. Su nombre, y su significado con el juego, los niños literalmente estaban recitándolo ahora mismo. Pero entonces, ¿el juego hablaba de un aborto? ¿Ella fue nombrada después de un canto que narraba el infortunio de una criatura que no pudo nacer? No puede ser, ¡imposible! Mi madre me puso ese nombre por la perla, porque parecía…una…estrella… Mitad del acertijo estaba resuelto. La estrella y el canto estaban unidos en significado, la araña también refería a ella. Entonces solo quiere decir que la mujer…
No…no…no ¡NO! Gritó en su mente mientras su rostro expresaba el pánico contenido. El sueño, la estrella, el dibujo las perlas formando una estrella, todo señalaba algo: ella. Estaba advertida, su sueño no es más que una visión, un presagio, advirtiéndole algo. Y el solo ver la estatua fijamente de nuevo y juntando las piezas del rompecabezas fue suficiente para querer evitar que los niños le revelaran más, por miedo a que fuera cierto lo que temía.
La estatua era ella.
"¡NO!" – gritó de forma agonizante causando que todo se oscureciera y solo quedara el punzante dolor frio en su cuerpo.
"¿¡Kagome?! ¿¡Que ocurre?!" – le gritó su esposo tratando de despertarla de la pesadilla. No otra vez.
Seguía retorciéndose en su lugar hasta que finalmente abrió los ojos de golpe, sudando y respirando de forma pesada, con el miedo aun en sus ojos, mezclado con lágrimas. Balbuceando nerviosa revisó su alrededor aun ignorando la confusión y preocupación de su pareja. Cuando puso la mano en su abultado vientre, respiró con fuerza tratando de calmarse por el susto. Su bebe seguía ahí.
"Kagome, reacciona, por favor…" – la llamó poniendo sus brazos alrededor de ella. – "¿Tuviste una pesadilla?"
La tuvo y esta vez fue diferente. Lo notó por lo alterada que estaba y lo mucho que quería poner sus brazos sobre su vientre.
"Tranquila, fue un mal sueño, estoy aquí…" – le aseguró sintiendo que está más calmada. – "¿Puedes decirme que soñaste?"
Se soltó a llorar de nuevo poniendo sus manos sobre la tela de su pecho atrayéndolo más a ella. "Fue horrible…" – dijo entre sollozos. – "No puedo decírtelo."
"Kagome…" – se sentía miserable no poder protegerla de las pesadillas. – "Por favor, si no me lo dices, no dormiré tranquilo."
Si se lo decía, estaría prácticamente poniendo a ambos en estado de estrés total. Aun no sabia si se trataba en verdad de un mal presagio o un simple mal sueño. Pero las coincidencias eran demasiadas.
"Nuestro bebé…" – dijo sintiendo las lágrimas salir para una segunda ronda.
"¿Qué tiene?"
"….nuestro hijo corre peligro, Inuyasha. ¡Tengo miedo!" – gritó en lo último temblando. Y volviendo a hundir su cara en su pecho.
"¿Qué dices?" – ahora él estaba temblando. – "Kagome ¿de qué hablas? ¿Que viste en tu sueño?"
"El sueño que acabo de tener, fue el mismo que tuve hace meses cuando me desperté a la mitad de la noche también…" – lo recordó junto con ella y se puso más nervioso. "Solo que ahora, me estaba diciendo que la estatua de la mujer era yo y…y… ¡mi bebé podía morir!"
La abrazó fuertemente tratando de no lastimarla, también temblando. No puede ser… ¡NO! No permitiré que algo así ocurra. Lo juro. Esto no puede ser. Ahora que por fin Kagome y yo estamos juntos y tendremos una familia, hay algo allá afuera que trata de arrebatármelo…
"No permitiré que eso pase." – dijo con firmeza y voz en hilo. Kagome levantó la mirada sintiendo la fortaleza de su parte. – "Estarás bien, ya lo veras, Kagome."
"Tengo miedo, Inuyasha. Tengo miedo de que mi pesadilla este prediciendo…algo…"
"¡No! Escúchame, te juré que te protegería con mi vida, y eso también va para el cachorro." – Dijo abrazándola más mientras ella respiraba más tranquilamente para dormirse.
Pero, ¿y si no me puedes proteger del peligro en un parto?
La mañana se levantó por el inicio del otoño y con ello las primeras mudanzas de las hojas marrones. Las montañas fueron las primeras en ser acariciadas por el amanecer despertando a cierta familia de la especie canina ancestral en el este.
"¡Koga!" – llamó la líder hembra de lobo saliendo de su cueva buscando a su marido.
"¡Si! ¿Necesitas algo, Ayame?" – preguntó bajando del peñasco frente a la entrada.
"¿Qué haces tan temprano afuera? Recuerda que hoy debías ayudarme a mandar unos mensajeros con mi abuelo. – le dijo cruzando los brazos.
"Está bien, descuida, necesitaba vigilar algo, es todo…"
"¿Sucede algo malo?"
"No sé, pero tengo la impresión que algo se acerca, ni idea de que sea…" – dijo serio.
"Vamos, la región está tranquila, tal vez solo estas nervioso porque no hay ataques a las tribus desde hace un tiempo y también porque…" – dijo tímidamente mirando hacia la entrada de la cueva viendo salir a Ginta con alguien más en brazos.
"Perdone, Señora Ayame, se despertó antes…" – le dijo entregándole el pequeño cachorro de 8 meses.
"¿No se supone que debias vigilarlo, Ginta? Para eso te encargo…" – le dijo Koga.
"Perdona, jefe, es que se despierta repentinamente y se exalta mucho." – dijo empezando a caminar de vuelta. – "Llámeme si necesita algo, disculpen."
"Gracias, Ginta." – dijo Ayame con el niño en sus brazos. – "Tu, sí que eres igual a tu padre." – le dijo haciendo cosquillas al cachorro de lobo de ojos verdes con cabello oscuro y una colita de felpa café.
"No hagas eso, no lo estoy entrenando para que le des cosquillas y lo mimes."
"Mira quien habla, señor estricto, debe saber que nuestro hijo merece un poco de cariño de vez en cuando." – dijo bajando al niño al piso mientras gateaba persiguiendo una rana.
"Solo digo que si va a ser mi heredero y el siguiente líder de la tribu debe ser serio."
"Y yo digo que como su padre debes alentarlo también a que se relaje un poco y no ande peleando todo el tiempo. Por algo quería una niña." – dijo haciendo puchero y entrando a la cueva junto con el cachorro.
"Mujeres…" – dijo en una mueca.
"Koga…"
"¡Si!" – respondió de inmediato con miedo a que lo escuchara.
"¿Hace mucho que no visitamos a nuestros amigos el monje y la exterminadora, verdad?"
"Si te refieres a la misma aldea donde esta esa bestia, entonces no."
"Pero, siento que después de todo lo que pasaron y como nos ayudaron es mejor si los visitáramos de vez en cuando. Además, se supone que ustedes se llevan mejor ¿no?" – dijo arqueando una ceja.
"Eso no quiere decir que seamos compadres…" - dijo haciendo otra mueca molesta.
Ayame suspiró. "Pobre…"
"¿Qué? ¿Y ahora porque sientes lastima por el?"
"Pues si lo que me dijeron mis lobos cuando pasaron de largo por su aldea es cierto, el joven Inuyasha debe sentirse solo y triste, siendo que Kagome se fue desde hace tres años."
Eso lo atacó de sorpresa. "E-espera, Ayame, ¿a qué te refieres?"
"Kagome se regresó a su hogar, Koga. Mis lobos nunca la han visto en todo este tiempo ahí y escucharon que el monje y la exterminadora dijeron algo sobre volver a su casa."
"No lo sabía…" – dijo cabizbajo. Esa bestia… no me imagino como se ha de sentir…
"Por eso pienso que lo más amable de nuestra parte es visitarlos y levantarles el ánimo. Han pasado años ahora."
"Si tu quieres, pero, ¿Qué pasara con Takuto?"
"¿No es obvio? Nos llevaremos al bebe."
"No voy a llevar a mi hijo ante un hibrido."
"No seas inmaduro, Koga." – le dijo entrando a la cueva. – "Iremos mañana. Y punto."
Koga resignado al ver que con su mujer no se discutía, revisó la zona de nuevo antes de entrar a su hogar.
"¡¿Habla en serio, Señorita Kagome?!" – preguntó exaltado Miroku. Les había contado los sucesos de su mente la noche anterior, a todos reunidos en la cabaña de la anciana Kaede.
Ella solo asintió.
"Nunca creí que ese sueño de antes volvería a atacar y esta vez confirma mi mal presentimiento." – contestó Kaede con obvia preocupación.
"¿Qué quiere decir?" – preguntó Shippo aferrándose a las ropas de la sacerdotisa joven.
Kaede tomó aire. "Algo amenaza a la criatura que pronto darás a luz, Kagome." Ante la declaración de Kaede, todos miraron con terror en rostro pálido de los futuros padres.
"¡No lo permitiré!" – exclamó Inuyasha azotando un puño en el piso de madera. – "¡Buscaré al demonio que intenta hacerle algo y lo mataré!"
"Dudo que sepamos qué es lo que quiere hacer daño por la ambigüedad de la visión."
"Así es Inuyasha, hay que calmarnos y no dejar que la furia nuble nuestro juicio. Es comprensible que te preocupe la seguridad de la señorita y la de tu hijo pero no es sabio adelantarse hasta saber."
"¿¡Y que se supone que haga, monje?!"
"Mantener la calma." – le dijo seriamente. –"Hazlo por ella." – el rostro de Inuyasha se relajó al sentir la mano cálida de Kagome en su hombro queriendo asegurarle que todo estará bien.
"Su excelencia tiene razón, Inuyasha. Ahora que Kagome está entrando a su sexto mes y la hora aun no llega del todo, es indispensable que sea protegida con mayor rigidez. Hasta saber quién trae esta amenaza y el pequeño nazca sano y salvo."
Kagome pasó el resto del día dentro de su cabaña con la vigilancia de su marido en total alerta. La aldea también recibió la advertencia de no salir fuera de la zona después del atardecer con temor que un demonio pudiera acercarse. Esa noche pudo conciliar el sueño gracias a la cercanía de su esposo en la cama. Y llegada la siguiente mañana seguía la alerta en pie. El sentimiento de paz se desvanecía lentamente mientras la futura madre ponía las manos sobre su vientre y no dejaba de mirarlo.
Inuyasha puso su mano sobre las suyas aun en el vientre. "Te prometo que no dejaré que algo te pase, ni al cachorro." – le dijo con la calidez en los ojos.
"Lo sé…" – dijo más tranquila. – "Pero no puedo evitar sentirme nerviosa-" – de repente la cortó un golpe en su interior. – Inuyasha…
"¿Qué? ¿Qué pasa?"
"¿No lo sentiste?" – y otra vez el golpe o más bien, patada.
"No puede ser…" – dijo incrédulo.
"Se está moviendo. Shh, escucha…" – dijo más feliz. Inuyasha no pudo esconder esa sonrisa de su rostro con cada movimiento que percibía en su palma por el contacto con el vientre de su mujer."
"Lo había olvidado…" – dijo ella.
"¿Qué?"
"Nos estamos mortificando por algo que aún no ocurre cuando no estamos sonriendo por lo que va a ocurrir. Ya falta poco…"
"Siento que es demasiado pronto."
"Espero que todo esté bien." – dijo algo triste.
"Ya verás que si…" – justo cuando puso su mano en su mejilla con la intención de besarla, se escuchó algo que rompió el momento por completo, atemorizando a los dos.
"¡DEMONIO!" – gritó un aldeano en la lejanía. Inuyasha lo confirmó olfateando el aire y poniendo mano sobre su espada. Pero incapaz de salir.
"¡No puedo dejarte sola!"
"¡Debes ir! Estaré bien…" – le aseguró sintiendo que la aldea lo necesitaba más ahora.
"¡Inuyasha!"- gritó Shippo corriendo en cuatro patas a la entrada.
"¡Shippo! ¡Quédate con ella! ¡Te la encargo!" – dijo con el tono apremiante.
"¡Cuenta conmigo!"
"Ten cuidado, por favor…" – le dijo poniendo su cabeza en su pecho mientras el la abrazó.
"Mantente a salvo." – y con eso salió huyendo rogando que ella saliera ilesa.
Mientras tanto, Sango y Miroku hacían lo posible por distraer a la serpiente de diez metros que entro a la aldea. Tanto Kaede, Rin como los niños se refugiaban en la cabaña de la anciana, los aldeanos también huían de la escena.
"¡Muchachos!" – los llamó lanzándose con todo y espada al ataque.
"¡Inuyasha!, ¿Y Kagome?" – preguntó Sango lanzando su arma.
"Esta en nuestra cabaña. Yo la distraeré a la serpiente mientras ustedes sacan a la anciana y a los niños llevándolos allá. Estarán más seguros."
Agradecidos por las palabras de su amigo, abandonaron sus posiciones mientras le hibrido cubría la vista de la serpiente con su ataque de garras. Al mismo tiempo que Sango, Miroku, Kaede, Rin y los niños corrían detrás de unas chozas y escombros para dirigirse al bosque y a la cabaña dentro de él.
"Mami, ¡tengo miedo!" – gritó Miyuko corriendo junto con su hermana.
"Todo estará bien, hija, sigue corriendo, pronto estaremos con tu tía." – le aseguró Sango.
Llegando y abriendo la puerta corrediza, Kagome notó al grupo de su familia entrando exhaustos y nerviosos.
"Chicos… que alivio están bien."
"¡Tía Kagome! ¡Hay una serpiente mala afuera!" – gritaron las gemelas.
"¿Qué?"
"Inuyasha se quedó a luchar contra ella para traerlos aquí. Enseguida iremos a ayudarle." – dijo Miroku.
"Su excelencia, ¿está seguro?" – preguntó Kaede.
"A Inuyasha le debo la vida por ayudarme a proteger a mis hijos, lo menos que puedo hacer es asegurarle que su mujer e hijo estarán a salvo."
"Monje Miroku…" – dijo Kagome suspirando.
"Iré contigo." – le dijo Sango.
"No, Sango, te necesito con los niños."
"¡No puedes pelear tu solo!" – le exclamó asustada.
"¡Pero tampoco puedo dejar que mi mujer corra peligro! Los niños te necesitan también, y yo necesito que estés a salvo. Eso me da la fuerza que necesito." – Sango lo abrazó antes de que Miroku saliera de la choza corriendo, escuchando los llantos de sus hijos por él.
"¡Maldita!" – gritó Inuyasha lanzando otro ataque rápido de su espada, pero fue esquivado por el cuerpo fugaz de la serpiente.
Habiendo llegado a la escena, el monje preparó un par de pergaminos para paralizar a la serpiente temporalmente.
"¡Miroku!" – gritó Inuyasha.
"¿Necesitas ayuda, amigo?"
La serpiente se zafó de la parálisis cuando de pronto una serie de hojas navajas la noqueo cortando parte de su cola.
"¿Qué?" – exclamaron los dos al mismo tiempo y volteando vieron a dos figuras que no creyeron ver después de tanto tiempo.
"¡Qué vergüenza das, bestia!" – gritó con su hijo en brazos mientras su esposa regresaba de lanzar el ataque.
"¿Están bien?" – preguntó Ayame.
"Si, gracias Señorita Ayame." – fue Miroku el que agradeció nada más.
"¡Oye, bestia! Te creí más resistente que esto…" – gritó Koga.
"¡Cállate, Koga! ¡No tengo tiempo para jugar contigo!"
"¡Koga, Señorita Ayame! Se los agradeceríamos mucho si nos ayudaran…" – les imploro el monje.
"¿¡Miroku, estás loco?!" – le reclamó el hibrido.
"Nos pueden ayudar, es un alivio que hayan llegado…"
"¡No necesito la ayuda de ese lobo rabioso! ¡Yo solo puedo proteger a Kagome!" – gritó para luego arrepentirse de gritarlo con Koga presente en ese momento.
"¿¡Kagome?!" – Gritó la pareja de lobos – "¿Esta aquí?"
"Con gusto les explicamos más tarde, pero la vida de la señorita Kagome corre peligro y está esperando un bebé…" – dijo Miroku.
"¿¡En serio?!" gritó extasiada Ayame mientras que su esposo no cabía de la sorpresa. – "No lo puedo creer, Koga, dame a Takuto, yo iré a cuidar de Kagome, tu ayúdalos." – y con eso salió corriendo.
"¡Oye, espera! Ya que…" – resignado se unió a la batalla sin el menor interés de encarar a su amigo-rival.
"Tardaste en decirme que Kagome regresó, bestia." –le dijo mientras esquivaba a la ya despierta serpiente.
"¡Keh! ¡Como si debiera avisarte! Es nuestro asunto…" – le dijo agitando su espada.
"¡Caballeros! ¿Pueden dejar esto para después?" – les gritó Miroku.
"¡INUYASHA!" – se escuchó una voz chirriante. Era Shippo.
"¡Ahora no, enano! ¡Estoy ocupado! ¡Y claramente te dije que cuidaras de Kagome!"
"¡Por eso, perro tonto!" – le gritó con el terror en su rostro. – "¡Algo le pasa!"
En ese instante, no pudo sentir la sangre bajando por completo.
N/A: Si a alguien sigue confundido, con gusto le resuelvo la pregunta pero seria mejor si avanzan los episodios porque se explica mas a detalle. Gracias y nos vemos luego.
