Hola, hola, soy Noah.
¿Qué tal os va la vida por ahí? Yo estoy de exámenes y necesito estudiar muchísimo, siento bastante presión y he suspendido la mayoría de mis exámenes, aunque si os soy sincera, solo ha sido por vaga y porque odio estudiar. Me gusta documentarme por mi misma, no sentirme presionada por un estúpido examen y un profesor que pone nota a mi capacidad de distracción con apuntes delante y sabiendo que el trailer del episodio 28 ha salido.
Putos todos. ¡Quiero jugar el jodido episodio!
En fin, cambiando de tema a lo que nos interesa ahora, ya sé que no os importa mi jodida vida privada, pero soy así de sociable que le cuento mis tonterías a un ordenador para que vosotras lo leáis y digáis que soy un auténtico peñazo, y que vaya al tema de una puta vez que me salgo por las ramas, el fic. Ninfomanía, tan sensual como siempre trae capítulo. Y muchas dirán, ¡¿Eres tú?! ¿Has actualizado por qué una lectora te amenazó de muerte o algo? No. Queridas, no actualice pronto por eso, pero casi, estoy empezando a estar a tope y quiero daros algo grande. A parte de eso, quiero decir, no voy a actualizar ni tener tiempo para escribir ni pensar, y como también me ha venido un no sé que de inspiración con este fic, pues aprovecho...
Así que... ya sabéis. Más os vale amarme, os traigo 14 putas páginas. ¡14! Así que, a leer.
Disclaimer
Los personajes pertenecen a ChiNoMiko. Solo los uso con el fin de lucro y de recibir reviews.
Luego hay algún que otro personaje de aparición leve sacado de Eldarya, un juego de ChiNoMiko, que también deberíais jugar (aunque está en francés hay guías increíbles que han traducido los capítulos).
Yo solo soy dueña de "mi Sucrette" y Leia.
Doy mi apoyo a Francia.
Ser tu adicción, tu perdición.
[Soy la única que os puede saciar]
Quisiera ser un puzle con piezas fáciles de encajar, porque lo reconozco, yo no soy absolutamente fácil de tratar. Quizás, si fuera la protagonista de un juego Otome, fuese la chica que más difícil es de conseguir, por no decir imposible, la chica con la cuál todas las respuestas son negativas y la que todos escogen y necesitan guías porque siempre pierden citas conmigo.
Sería un enigma en el cuál las piezas no encajan.
Aparento ser tan frágil, tan dulce y femenina que necesito ser protegida, dicen de mí que soy la peor de las peores Marie Sue, la dulce y exquisita chica que acaba agobiando desprendiendo perfección y bondad. Una falsa imagen que a la gente le gusta creer, porque muchos no soportarían la verdad. La primera Amber. Me encantaría extasiarme con las caras, de aquellos que se piensan que soy la pura perfección, al ver el espejismo, que en el fondo de sus corazones deseaban, romperse y mostrar mi auténtica cara. Sería una completa delicia.
Todos se alertarían al ver lo viperina y tóxica que soy, siempre pensando en mi propio beneficio, pensando y curioseando hasta el punto máximo solo para manipular y enredarlos con mis hilos para que obedezcan. Siendo solo yo la que importa, con falsas preocupaciones, modestia inventada y amistad cargada de conveniencia. Era una mala persona, al menos eso es lo que yo pensaba. Porque… ¿qué importaban los demás cuando tú eras más inestable que el Jenga al retirar las piezas que lo componen?
En ocasiones llegaba a pensar que mi vida era una especie de prueba de los dioses para comprobar cuan mezquino y sociópata puede ser el ser humano. Anteriormente convivía con los demás, mostrando y devolviendo los gestos amables siempre, sin fines ocultos, pero ahora… justo ahora no era así, buscaba mi propio placer, controlar las situaciones que se me presentaban y mentía siempre que las cosas se torcían de forma desfavorable hacia mí. No mostraba remordimientos cada vez que destruía el egocentrismo de los hombres, cada vez que jugaba con sus sentimientos hacía mí y los despreciaba como si fueran basura.
Tantas veces destruyendo parejas, como las de Laeti. Hombres que solo buscaban jugar con sus tontos enamoramientos para llevarla al catre y después dejarla tirada, solo por una fama estúpida y para nada volátil fama que la consumía y la rodeaba. Fijándose en ella solo para usarla y tirarla como si fuera un simple clínex. Un papel de usar y tirar al suelo y ser pisoteado por mucha gente. Ella, que era una mujer que creía en el amor y no jugaba como Leia y yo era siempre la victima sin darse cuenta. Sin embargo, aunque ella era enamoradiza y confiaba en encontrar el "amor", comprendía nuestro retorcido método de aprovecharnos de los sentimientos de los demás, comprendía porque el poder de la desconfianza hacia los hombres nos abrazaba de esa forma, y nos respetaba y quería como éramos. Nuestro equilibrio más preciado, una chica que burdamente vivía la ilusión de estar enamorado.
Desde luego que amaba a Laeti como mejor amiga, aunque solo nos llamásemos de vez en cuando y quedásemos muy por encima, la adoraba por siempre estar ahí y ayudarme en lo que me respecta, que además de ello me quisiese por ser quien soy y como soy, es por eso por lo que siempre me entrometía en sus relaciones secretamente.
Seducir a un hombre es más fácil que quitarle un caramelo a un niño, se dejaban arrastrar por una cara bonita y entraban en las fauces de la desesperación, acariciaban y veneraban mi cuerpo de formas increíbles y deseosas, culminando su placer y enlazándolo al mío, viéndoles caer, como las moscas asquerosas que eran, entre mis irresistibles telas. Seguidamente, Laeti escuchaba mis versiones de cómo ellos me habían coqueteado sin yo hacer nada, puras mentiras que se tragaba quizás por sí misma y para preservar nuestra amistad o simplemente porque su confianza hacia mí era ciega, y su enamoramiento se esfumaba como si solo fuera un amorío pasajero que ella no pensaba en que fuera serio.
Laeti era buena. Se merecía mucho más. Más que esa clase de hombres en busca de un simple calentón y una noche de la ardiente pasión, una pasión que los llevaba a la ruina al cruzarme en su camino. Era por eso que ella se merecía a Armin. El chico retraído y friki que tanto la había cautivado desde el primer momento que piso el Sweet Amoris para hacerme una visita. Se merecía que se lo entregase. Pero… jamás haría algo como eso, dejar marchar a mis tesoros. Jamás los entregaría a nadie, por una simple y mera razón…
Eran míos.
Laeti aún permanece con una ceja levantada a modo de ¿qué cojones haces que no me dejas pasar?, aun así, creo que verla así, sin avisar y de repente, delante de la puerta de mi casa, me ha trastocado. Sobre todo porque me he olvidado de su estúpido cumpleaños.
Tras el entretenido juego con Kentin y poner la cita, decidí regresar a casa sola, argumentando como excusa que Leia iba a matarme si me retrasaba, el joven militar en seguida rechazó eso, diciendo que no tardaríamos, a lo que tuve que decirle que, si íbamos juntos, iba a pasarme el camino besándole y que eso me retrasaría, innecesariamente me mostró su rubor e, increíblemente, en vez de hacerme sentir bien me sentí irritada. Algo poco común, ya que eso me halagaría, solo estaba malhumorada y cansada, así que decidí caminar, tras depositar un besito con aires inocente, y regresar a mi casa corriendo.
Atravesé el parque, en nada, de hecho, me sentía bastante activa a pesar de estar rodeada por un halo de irritación. Cuando llegué a mi casa, abrí la puerta con las llaves, para subir las escaleras y llegar a la planta donde estaba mi piso, un dúplex que mis padres habían comprado barato por cuestiones de suerte o del destino, piso que ahora me pertenecía a mí, y de vez en cuando a Tía Agatha, quien tenía una casita encantadora, solo que se pasaba la vida conmigo para cuidarme y echarme un ojo. Tías… ¿quién las entiende?
Nada más llegar fui recibida por la molestia en persona, Leia, quien repitió, una y otra maldita vez, que le explicará cómo había sido mi mañana con Castiel, Kentin y Armin. Enseguida se lo conté, que como todas las demás, y no había tardado ni dos segundos para empezar a agobiarme mientras comía mi manzana tranquilamente. Os juro que puede ser desesperante.
Tras la explicación más detallada de mi jodida vida, el timbre sonó, y al abrir me encontré con dicha persona mencionada anteriormente, la que me llevo a sumirme de una forma que realmente me asustaba, en mis pensamientos más ocultos.
- Oh gracias por invitarme a pasar, ¡en serio! ¡Qué considerada!
- ¿Qué haces aquí?- escupo de sorpresa. No me gustan las sorpresas.
- Oh, gracias, yo también estoy muy bien, me alegro de que te preocupe tanto.
- Laeti…- le advierto con el ceño fruncido y una mueca de desagrado.
- Bien, bien, ¡es mi cumpleaños!- salta llena de felicidad.
- ¡Felicidades pequeña!- Leia salta por detrás de mí, con una felicidad aplastante que acaba haciéndome caer al suelo de mi imaginación. Literalmente he colapsado en sus aires y auras rosas chillones que brillan suplicando que me una.
- Muchas gracias L- la abraza con fuerza mientras empiezan a dar saltitos como estúpidas y yo ruedo los ojos, mostrando una pequeña sonrisa. –Ya sabes, ¡hay que ir a la fiesta de Nevra y celebrarlo con ellos!
- ¡Será bestiaaaal!
Su entusiasmo en seguida es enfocado hacia mí. Se miran la una a la otra, como si hubiesen encontrado la respuesta a todas las preguntas filosóficas de la vida, y luego me miran a mí, ya con sus planes urdidos. Sé lo que traman. Se acercan dando saltitos que no me gustan en lo más mínimo y me rodean, comenzando a saltar mientras gritan "Party Hard Universitaria" una y otra vez. Ruedo los ojos una vez más, sonriendo aún más que antes y doy una pequeña carcajada.
Sí, gente, sí. No os equivocáis. Estas dos son mis mejores amigas.
- Oh, está bien. Está bien. Iremos a la estúpida fiesta de Nevra y el estúpido equipo de baloncesto-
Dan un grito emocionado, y empiezan a saltar más. Por favor, dame paciencia…
[…]
Tras hacer mis deberes y dejar que Leia le cuente su crisis nerviosa porque Haru se ha ido, avanzo hasta el salón, con ropa adecuada para salir a la calle, un poco más arreglada por si vamos a ir a tomar algo a alguno de estos bares donde acostumbramos a ir. Donde, el camarero, Saúl me pone ojitos aunque se hace el duro, con el cual aún sigo negociando los términos para que se acueste conmigo de una jodida vez. Y claro, tengo que estar aún más presentable que en el instituto.
Leia silva y lanza un piropo para nada indirecto y muy brusco, aún más brusco que los piropos de los gallegos, y creedme que eso ya es decir mucho, doy una vuelta y les sonrió para que vean que guapa me pongo para ellas, cosa que comenta Laeti a los pocos segundos de yo pensarlo. Poco después de una conversación trivial, se levantan a la par, y se sitúan a mi lado.
Leia nos avisa a Laeti y a mí que va por su bolso, que la esperemos abajo, asentimos sin darle mucha importancia y salimos por la puerta de mi domicilio, donde, Laeti me mira con una sonrisa gigantesca y unos ojos brillosos, sé lo que quiere. Lo tiene grabado y escrito en su cara, en mayúsculas y negrita.
- Suéltalo- me burlo, mientras comienzo a caminar escaleras abajo.
- ¿Te has ligado a Armin?
Uch. Que golpe más bajo. Asiento desganada. ¿No podía preguntarme si me había tirado a Ken? Directa al punto, me siento culpable por una fracción de segundo por arrebatarle las cosas que le gustan y hacerlas desaparecer delante de sus ojos, pero me recupero ipso-facto cuando me doy cuenta de que está mirando al cielo con una enorme sonrisa de ilusión.
- Dios, tienes que contármelo todo.
- ¿Qué quieres saber?- preguntó, alzando una ceja, casi disparando pequeñas flechas que la etiquetaban de pervertida.
- ¡Dios! ¡Todo!
- Solo es un polvo.
- ¿Pero vas a repetir, no?-
Desvió la mirada, mis mejillas se empiezan a sentir calientes, ¡zorra, me has pillado! La miro de nuevo, encarando su rostro maravillado por las impresiones, sabiendo perfectamente que mi respuesta es afirmativa.
- Estoy tan emocionada- me dice. Desprende un halo que me deja sin respiración de lo positivo y feliz que es. -¡Ese chico es guapísimo, a pesar de ser un friki!
- Ya lo sé.
- Sin ropa debe de ser aún más guapo.
No puedo evitar reírme. ¡Laeti pensando en cosas pervertidas!, posiblemente ella sea la casta e inocente del grupo. Lo sé, lo sé, eso no va en el diccionario de Laeti, pero ella realmente cree en el amor, confía plenamente en que algún día encontrará a un príncipe azul, un príncipe que será su esposo, con el cual vivirá feliz y tendrá los mejores años. Ella realmente espera un cuento de hadas, por eso es tan enamoradiza. Se fija en como son por fuera, lo que te enseñan, dejándose llevar por la maravillosa fantasía que le presentan, se enzarza en un amor que no tiene caso y sigue hasta que ve la realidad, solo son mentirosos, niñatos pervertidos con máscaras de príncipes, todo lo que ella no busca.
Y en seguida su corazón deja de sentir, desilusionado y adolorido. Laeti, ve la triste realidad, y aun así, continua sin mirar atrás. Es por eso, que creo que debo protegerla.
- No te preocupes por eso- me giro a verla con una pequeña sonrisa. -Te lo contaré cuando lleg…- me voy callando a medida que veo su cara.
Mira como si hubiese visto a Brad Pitt en persona, está iluminada, dándole el aspecto más bello que he visto en ella, y eso que no me van para nada las tías, pero joder, si fuera un tío me la hubiese tirado. Sus ojos brillosos, la luz enfocándose en esos orbes que se vuelven más claros, su piel pálida de porcelana haciéndose más clarita gracias a los rayos que entran por las ventanas y la puerta, y su sonrisa tan ancha y enorme. ¡Joder con Laeti, joder!
- ¿Qué demonios te pasa? ¡Pareces un puto ángel!
Se ríe de mí.
Frunzo el ceño, no me gusta que se rían cuando digo algo totalmente en serio, me molesta, si fuera un Christian Grey la estaría castigando ahora mismo, pero… No lo soy. Y eso quedaría raro, quiero decir, seguro que me demanda o me denuncia por violencia. Incluso aunque estuviese buenísima con solo unos vaqueros de azotadora y pecho descubierto. No me salvaría por ser guapa.
- ¿Qué coño pasa? ¡Cuéntamelo así me rió yo también!
- Pareces una profesora diciendo esas cosas- me sonríe, ahogando una carcajada. –Gírate y sabrás que pasa- la miro desconfiada. –Venga, venga, gírate.
Alzo una ceja como diciendo "¿y no me lo puedes decir tú?" y me resigno para mirar que pasa o que es lo que la ha maravillado así. Y no me espero lo que mis ojos ven, nada más girar mi cuerpo para quedar enfrente de la puerta.
Es Armin. Completamente ruborizado y pensando si llamar o no llamar a mi timbre.
- ¿Qué coño hace aquí?- me preguntó en voz baja.
- Ha venido a verte, ¿o es que ahora hace falta cita previa para visitarte?- se parte de nuevo de risa, y en serio. ¡Voy a pegarle una…!
- Ja-ja-ja-ja, dios, me parto y me mondo- ruedo los ojos. –No, pero no sé qué hace aquí.
- Y te mata no saber las cosas ¿no?- me pregunta.
Es obvio, al menos en lo que respecta a mis chicos, si no me lo hubiese tirado, probablemente me la sudaría mucho y bajaría con mi sonrisa de niña buena a preguntarle que hace aquí, sin interesarme demasiado lo que tenga que ofrecerme o pedirme, incluso lo que tuviera que decirme, solo sería amable y cortés, le ayudaría, escucharía o aceptaría y cada uno a su bola. Pero ahora… ahora cambian las cosas.
Armin es mío, una de mis piezas en este enorme tablero, con el cual juego, me divierto y besó, quiero saber que quiere de mí, que me avise y que deje de actuar por su propia voluntad, una vez que eres mío, lo que tenga que ver conmigo o algo nuestro, tienes que comunicármelo. Me desespera no saber que quiere un chico viniendo sin avisar. Y desde luego espero que no venga a decirme que ya no quiere estar conmigo porque me descubrió con Kentin, aunque es improbable, Armin y gimnasio no van de la mano, por lo que estoy segura de que no es eso… esperemos que no venga a dejarme o algo…
Pero eso es imposible, ¿no? Armin me quiere, está enamorado de mí. ¡Completamente! ¿No es así?
Por los poros de mi piel se puede ver salir mi intranquilidad. No me entiendo. No entiendo porque estoy tan nerviosa y porque bajo tan lento las escaleras. Ni que fuera una jodida princesa intentando deslumbrar a su príncipe azul, como Bella, si, la de la Bestia y esos cuentos de Disney tan cursis en los cuales baja por las escaleras con su jodido vestido amarillo para deslumbrar a la bestia, en mi caso inútil, ya que puedo ver a Armin pero él a mí no. Pestañeo rápidamente y posiciono mi mano en el picaporte de la puerta, sintiendo la presión acumularse en mis hombros, al menos hay que arriesgarse a un ataque de amor si viene a dejarme.
No debería ser insegura. Nadie se ha resistido a mí, nunca. Y esto no va a ser la excepción.
Abro la puerta, y carraspeo un poco para que Armin se dé cuenta de que estoy aquí. El chico de ojos azules y cabellos negros me mira atentamente con sus mejillas completamente sonrojadas y traga saliva duro. Alzo una ceja a modo de "¿qué haces aquí?" que sé que él ha comprendido y por último, antes de que él hable, salgo del medio de la puerta con los brazos cruzados sobre mi pecho. Me aparto del camino de entrada y me posiciono enfrente de él, fuera y en la calle, ya que sigue al lado de los telefonillos de mi piso.
- ¿Qué haces aquí, Armin?- preguntó curiosa. Y por desgracia, sí, suena a reproche.
- Yo… ¡lo siento!- me dice, con una cara de arrepentido que ablandaría a cualquiera, pero a mí no.
- ¿Qué quieres decir?- me hago la que no sabe, cuando si lo sé, pero quiero que me lo diga, que se arrepienta, que me demuestre que se arrepiente realmente de lo que me hizo.
- De haberte metido en el armario, así tan bruscamente… pero…
- ¿Pero qué?- replico. –Me tiraste y no de la forma más suave posible, ¿sabes?
- Me asuste…
- Te asustaste… ¿eh?-
- Sí… ¡pe-pero eso no significa que no me gustase lo que estábamos haciendo! ¡o qué tenga miedo de que nos vea mi familia! ¡Bueno si tendría miedo de que nos pillaran mis padres medio… bueno, medio desnudos en mi cuarto! ¡y tú querías mantenerlo en secreto y créeme si Alexy se entera así, empezará a gritarlo a los cuatro vientos diciendo que te tiene de cuñada!- Agacha la mirada.
Eso, arrepiéntete, desespérate porque piensas que no te voy a perdonar. En mi interior siento como mi sonrisa aumenta, y afianzo mi cruce de brazos, con el ceño fruncido.
Os juro que ahora mismo me lo estoy imaginando atado a mi cama, y dejándose torturar por mí, mordiéndolo con fuerza en lugares que duelen, mientras gime por más. Tan vulnerable y dulce que te dan ganas de abrir tus brazos para que venga y no se escape. Tan lindo… que tengo ganas de follármelo, otra vez.
- Fuiste muy rudo conmigo.
- Lo siento. ¡Yo tenía como miedo!
- ¿Y lo primero que pensaste fue arrojarme al armario de esas formas tan bruscas?
- Lo siento. No sé qué hacer en estas situaciones… es la primera vez que me pasa entonces…
Maldito, eso me acaba de ablandar del todo, saber que soy su primera vez, una vez más, me hace sonreír tanto, que se me escapa hacia el exterior, mostrándole al friki mi mejor sonrisa de satisfacción, que en seguida borro, ruborizada.
- Lo siento. ¡No volverá a pasar! No sigas enfadada… yo quería hablar contigo hoy… de verdad que quería, pero me esquivas…
¿Qué os creéis que está pasando ahora? Exacto, me he apoderado de su boca, en un beso tan pasional que hago que le tiemblen las rodillas, mis manos rodean su cuello, y mi boca se vuelve aún más posesiva. Lo devoró como si se tratase de un bombón de chocolate. La satisfacción que siento al hacer que rueguen por mí perdón me hace sentir excitada, dios debo de ser sádica o algo, porque he vuelto a imaginarlo atado mientras lo muerdo una y otra vez en su polla palpitante, haciéndole que gima de placer mientras siente el dolor ascender lentamente, cosa que me complace pensar al imaginarme a Armin pidiéndome continuar.
Joder, estoy mojada.
Mis labios aumentan la velocidad y lo estampo contra la puerta, dios mío, quiero follar con él, y si no es ahora, juro que reventaré. El deseo asciende, aún más si es posible, cuando él coloca sus manos en mi cintura y baja hasta mi trasero, para acercarme un poco más a él.
Me desea, tanto como yo lo deseo a él.
Aumentó el beso cuando mi lengua y la de él pelean con fuerza, mientras que luchan por ganar una batalla en la que ambos salimos vencedores, sus manos en mi trasero, con sus pulgares acariciándome moviéndose de arriba abajo con suavidad, en una danza que me hace sentir más y más calor, un calor abrasante que invade mi parta baja, mojándome aún más, y sintiendo como nuestra temperatura corporal aumenta conforme nuestro beso se torna más exigente, posesivo y caliente.
Un carraspeo suena a nuestro lado y abro los ojos, me separo molesta de él y miro a la culpable de esta fatal interrupción. Leia sonríe con una sonrisa maquiavélica. ¡Zorra, lo has hecho a posta como todo lo que haces en tu vida!
- Siento interrumpir, tórtolos, su reconciliación-
¡Y por encima espía detrás de las puertas! ¡Cómo respeta mi privacidad!
Ruedo los ojos y me cruzo de brazos, nuevamente, observando a las intrusas con sonrisas pícaras, ni siquiera dirijo una mirada a Armin, sé que estará sonrojado hasta la médula, sin embargo eso no me importa, solo quiero que nos den intimidad.
- Por poco y os desnudáis- ríe Leia. –Y no sabeees como lo siento…
- Si, se te nota- el sarcasmo que utilizó es aún peor que su ironía.
- ¡De todos modos, deberíais dejar de comeros la boca!- dice con una sonrisa enorme. –Estamos en público-
Su recordatorio me hace reaccionar, vale, sí, tiene toda la razón del mundo, mis vecinos no son precisamente pasotas en lo que refiere a mi ámbito personal, cotillean y luego lo cuentan, y no es plan cuando entraran y saldrán muchos chicos de mi edificio.
Recupero la compostura y me disculpo internamente con mi coño por quitarle su placer, miró a mi novio y le sonrió tímidamente, Laeti da una exclamación silenciosa que oigo perfectamente. Es cierto, ella jamás me ha visto en acción, con ella siempre soy directa y nunca sale conmigo cuando engatuso a los hombres, siempre por la tarde y a alguna fiesta en la que el trabajo ya está prácticamente hecho.
- Lo siento…- me disculpó con Armin. –Está bien… lo entiendo, siento haber reaccionado así, cualquiera en tu lugar lo haría.
Asiente, tragando saliva, mirando a las chicas que nos miran atentamente, reconociendo solo a Laeti que sonríe hacia él de forma amistosa, pero le brillan los ojos, es obvio que le gusta Armin, tanto como le gustan Castiel, Nathaniel y Lysandro. Y bueno… por una fracción de segundo, Kentin.
Me acercó a él, de forma posesiva, como incitando a Laeti a quitar esa sonrisita de su cara. Y me posiciono para tirar suavemente de él y que se venga a la calle y deje de estar estampado contra mi puerta. El chico obedece mecánicamente. Me muevo hasta encajar mi cabeza, claramente estando de puntillas, entre su hombro y su oreja, y comienzo a susurrar una frase.
- Te presentó al motivo de nuestra interrupción- me alejó, colocando mis talones en el suelo, aun enganchada a su brazo. –Ella es Leia.
- Es un placer- sonríe burlescamente y se acerca a darle la mano. -Armin, ¿no?
- Sí- asiente.
Armin se remueve incómodo al tener toda la atención sobre él y yo simplemente sonrió, pegándome un poquito más a él, acariciando su espalda en un movimiento continuo y dulce.
Me estoy volviendo lela, aunque sienta bien saber que es capaz a salir de casa, sin su psp para venir a aclarar las cosas conmigo, hace que me sienta orgullosa de mi misma, la satisfacción me invade, mucho más que cualquier otra cosa. Suspiró ante tales emociones y decido cortar la competición de miradas que se ha formado.
- Íbamos a salir- le digo a él. –Es el cumpleaños de Laeti.
- Ah… felicidades- dice tímido.
- Muchas gracias- la sonrisa de Laeti crece. -¿Quie…?
- Tenemos prisa- digo, sabiendo que iba a preguntarle que si quería venir. –Nos vemos en el instituto mañana, te espero en el sótano, así que… vente temprano- guiñó un ojo y estampo un besito en su mejilla. Si le beso otra vez corre la tentación de que me quede para follármelo.
- Sí… nos vemos mañana.
- Gracias por venir hasta aquí- me separo de él, caminando hacia mis amigas. -¡Te quiero!-
Y sabiendo que se ha ruborizado y ha tartamudeado un "y yo", nos disponemos a coger el autobús para ir a la cafetería.
Una vez llegamos pagamos nuestro boleto, esperando a que el autobús venga de una vez, las chicas me miran. Otra sesión de preguntas indiscretas. Espero pacientemente a que me bombardeen, pero solo se miran con sonrisas cómplices y pervertidas.
- ¿Qué?- preguntó.
- Nada, nada-
- Venga ya, ¿qué?
- Nada… señorita no pienso perdonar a Armin, menuda desfachatez-
Sabía que los tiros iban por ahí. Menuda tarde me espera.
[…]
Me gustan las tortitas con sirope de chocolate. Son dulces y están tremendamente deliciosas, ¡en serio! ¡Probadlas algún día!
Saúl nos sirve unas como postres a las tres, dice que es un servicio vip solo para nosotras y que invita la casa, dios, me encanta que sepan lo que me encanta. Mi mirada sugerente es captada al vuelo por Saúl, y también por las dos intrusas en mis relaciones, que se parten intentando ocultarlo. El chico no tarda en sonreír de forma coqueta y esfumarse de nuestra mesa para atender a las demás.
¡Qué culo!
Mis ojos no paran de enfocarse en él, en serio que me gusta este chico, y bueno, Full H es bastante popular, no solo porque es un café encantador, donde todos son encantadores, los camareros y camareras están buenísimos, donde contratan estudiantes, sino porque son una pastelería. ¡Joder! ¡Sus pasteles están deliciosos! Son algo carillos, pero, mmm, te chupas los dedos cuando te comes uno.
- Me apetece una selva negra-
- Yo como que prefiero las tartas de kit kat- responde Leia a la peliazul.
- Pues no sabes lo que te pierdes al no querer probarla.
- Los kit-kat saben mejor.
- La selva negra es una delicia.
- Ni siquiera sabes lo que dices- protesta. -¿A caso probaste la de kit-kat?
- Es bastante vulgar.
- ¿¡Vulgar!?
- Y ambas están genial- reprochó, están empezando a alzar el tono de voz, y prefiero que se callen. -Estamos en un lugar público.
- Lo sentimos- dicen ambas, agachando sus miradas con sonrisitas que dicen que de verdad no sienten una mierda su "arrepentimiento".
- Claro- muerdo la tortita. Jodidamente delicioso.
El tiempo frío nos invade, tomarse una tortita, al compás de un chocolate espeso y calentito es quizás lo mejor que podríamos hacer. Los mullidos sofás en los que estamos sentadas se acomodan y almacenan nuestro calor, por lo que se siente aún más calidez con ayuda de las calefacciones y el trato que se recibe aquí.
Creo que me pasaría la vida aquí. Cierro los ojos con una sonrisa y degustó el chocolate que Saúl ha hecho especialmente para mí, dos cucharaditas de azúcar e hirviendo. Me gusta que recuerden mis gustos hasta este punto, en serio que me gusta, y a riesgo de repetirme por tercera vez, de nuevo, me gusta en serio.
- He conocido a un chico- me estampa en las narices, haciendo que me atragante.
- ¿Ah?- pregunto anonadada.
- ¿Está bueno?- dice Leia con una enorme sonrisa.
- Esa no es la pregunta correcta- reprochó a Leia. –La pregunta correcta es, ¿es un capullo?-
Laeti frunce el ceño. Disgustada por mi afirmación, pero me siento en el derecho de preguntar esto cuando siempre que se enamora o dice esa dichosa frase, se lanzan como dichosos perros hambrientos a devorarla.
- No- me dice. –Él es… diferente.
- ¿Qué tiene de diferente?- preguntó. –Siempre dices eso y siempre son unos hijos de perra.
- Te juro que es diferente- me dice.
- Creo en ti, Laeti- sonríe Leia. –Estoy segura de que es buen chico si lo afirmas así.
¡No le sigas el rollo! Siempre que haces eso la ilusionas y acaba saliendo todo mal. Más mal que bien y ella termina llorando.
Frunzo el ceño. No me gusta que Leia sea tan blanda con ella y siempre hable sin saber, hay que conocer todo lo posible y ver como es él, luego decidir y juzgar que tan hijo de su mamá puede ser.
- Es… diferente- dice. –Lo conocí en la biblioteca.
- Ey-ey-ey- digo frenando está conversación. -¿Tú? ¿En la biblioteca?- anonadada, me quedo con la boca abierta y repito de nuevo. -¿En la biblioteca? ¿En serio?
- Sí- dice. –No me gustan esos sitios, pero… te juro que mereció la pena tener que pedir un libro para el trabajo de Mr. Harrison-
- Ah…- digo con alivio. –Pensé que te había atacado o mordido un empollón…
- No. ¡Fui obligada! ¡Pero no me arrepiento!- dice con positividad.
- ¿Y cómo os conocisteis?
- No llegaba a la estantería de los libros de ciencias, así que, él me alcanzó el libro.
- Cliché- digo aburrida.
- Solo escúchala- me regaña Leia. Y miro con una sonrisa a Laeti. -¿Y cómo es él? ¿Qué paso? Cuenta.
- Verás… le di las gracias y me quede maravillada, era guapísimo. Solo que se quedó ahí.
- ¿Solo eso?- pregunté, apoyando mi codo en la mesa y colocando la mano a modo de soporte de mi cabeza.
- Sí- dice desilusionada. –Pero luego me lo encontré de nuevo, cuando íbamos al mostrador, nos reímos en voz baja por el choque y me invitó a pasar primero. Le di el libro a la vieja amargada y… bueno, lo espere.
- Sigue, sigue- Leia ya está enganchada.
- Al final, nos pusimos a hablar, me contó que estaba en primer año de medicina y que se llamaba Eric- dio un suspiro al decir su nombre. –Es perfecto.
- ¿Y quedasteis en veros?
Laeti hace un puchero y responde que no, entonces Leia empieza con trivialidades de cómo podrían encontrarse y que quizás sea el destino lo que los pondrá y los puso en el mismo camino.
Bostezo aburrida, no sabría qué decir. Estás cosas no se me dan bien. Aconsejar sobre el amor y sus cosas buenas para mí solo es una estupidez que habla sobre los problemas que acarrea un corazón roto. Yo solo sabría deprimirla… solo sabría hacer eso.
- ¿Has dicho que estudia en medicina?- preguntó.
- Ah… sí. ¿Por qué?
- ¿En qué universidad?
- ¿Por qué tanta curiosidad?- pregunta Leia con una sonrisa. -¿Te unirás a nosotras?
- Depende de la respuesta.
- En Montpellier.
- La facultad de medicina más antigua de Francia, ¿no?- asiente. Pero necesito que me lo repita para asegurarme. -¿La facultad Montpellier?
- Euh… sí.
- Bien. ¿Quieres encontrarte con él?- preguntó, sabiendo que dirá que sí.
- ¡Sí!
- Vale- respondo. –Te llamaré y, haré que te encuentres con él.
- ¿Harías eso?- chilla de emoción.
- Sí… pero… ¡lo investigaré primero!- replico. –A ver si ese tío es lo suficientemente bueno como para estar contigo.
- Te amo- me dice abrazándome.
- Más te vale.
- Te amamos- Leia se une con una sonrisa. Ella se alegra de que haga esto.
Bueno, Ez… me parece que te haré una visitilla.
[…]
Una vez acabamos de tomar nuestras diversas comidas y charlamos un poco, nos dirigimos hasta el mostrador para pagar. Sacó mi cartera, y siento una mano en mi cartera, frunzo el ceño. Es una mano grande, es imposible que sea de Laeti o de Leia, quiero decir, ni siquiera es delicada, tiene callos y está como medio desgastada. No puede ser un ladrón, estamos al lado de muchos adultos. Estoy a punto de encararlo y gritarle algo o no sé, cuando veo quien es el responsable.
- Pago yo.
Sonrió y retiro su mano de mi cartera, Kentin también sonríe y desde atrás veo a su madre, sonriendo atentamente.
- Hola Sucrette- me dice.
- Hola señora-
- ¿Qué tal has estado?- me pregunta.
- Bien, ¿y usted?
- No me llames usted, me siento vieja- ríe, y estoy a punto de replicar y decirle que se deje de tonterías, que es muy joven y al principio pensé que era la hermana de mi otro novio, pero ella sigue hablando. –Y no ahora que eres mi nuera-
Me ruborizo, vale, no me importa que se lo cuente a su madre si esta no dice nada, y lo dudo, dudo mucho que lo haga.
- Oh bueno… vale…- sonrió. Y vuelvo a enfocarme en Kentin. –Pues… pagaré esto, antes de que mi novio pague por mí.
Saúl se acerca.
- Cóbrame- le digo.
- No, a mí- me desafía Kentin.
- He dicho que me cobres a mí- replicó.
- Pero yo quiero invitarte- compite Kentin.
- Lo siento mucho, pero tú no has tomado nada conmigo, así que, pagó yo- miro directamente a Saúl. –Cóbrame a mí, por favor.
- No- dice Saúl. Y yo abro los ojos sorprendida. –Invita la casa, te lo dije, ¿no?
- Pero… Laeti y Leia pagaron lo suyo- respondo anonadada.
- Ya… pero a ellas las invite a los postres, a ti a todo- me guiña un ojo.
- Oh.
Kentin frunce el ceño molesto y María, la madre de mi "novio", me codea por detrás.
- Eres muy popular- me dice sonriente. –Mi hijo va a tener que vigilar a los chicos.
- Oh- me rió, por cortesía, a quien tiene que vigilar es a mí. –Pero a mí me gusta su hijo, solo él- digo, ya que sé que Saúl ha ido hasta la cocina y no tengo riesgo de que me oiga.
Mis palabras parecen tranquilizarme y me sonríe, ruborizado y algo avergonzado. Mira a su madre que asiente y dice la frase, "ve con ella ahora, nos vemos fuera". No tarda en asentir y acompañarme, caminamos hacia afuera, donde Laeti y Leia me esperan, de nuevo con sus miradas cómplices, deseando saber cómo va nuestro asunto.
- Pero si están aquí las víctimas de mi trabajo de celestina.
- ¿Qué tú has hecho de celestina?- pregunta Laeti. –Es un milagro que no la hayas cagado.
- Oh, perdona, pero sin mí, esta- me señala. –Estaría aun lamentándose porque Kentin no le hace caso.
- ¡Leia!- exclamo, avergonzada. En serio me está avergonzando con sus estúpidas trolas, esto es demasiado para mi orgullo.
Pasa su brazo sobre mis hombros y sonríe. Me dice que se siente bien con saber que yo estaba enamorada de él. Y me siento bien con su sonrisa alegre, asiento y sonrió.
- ¿Nos dejáis un momento?
- Claro- asiente Laeti. –Iremos hasta el estanco.
- ¿A qué?- preguntó.
- Se me acabó el tabaco- dice Leia.
- ¡Deberías dejar de fumar!
- ¿En serio quieres discutirme eso ahora, Su?- me pregunta Leia sonriente.
- Tienes razón, discutiremos después.
Sonríe y niega con la cabeza, para irse hacia el estanco, dejándonos privacidad. Sigue pasándome el brazo por los hombros así que, pasó mi brazo izquierdo por su espalda, agarrándome a su camiseta por la cintura, y con la otra mano libre, la derecha, acarició su mano que descansaba entre mi hombro y mi pecho.
- No llevas tus guantes- afirmó, en tono suave.
- Los tengo en mis pantalones.
- Me gustan tus manos…
- Uh…- se avergüenza. –Gracias.
- Son grandes y con dedos largos y delgados.
Oh con esos dedos harías maravillas. Y serán agiles y muy buenos en su trabajo.
- Me gustan- afirmo, mirando sus ojos verdes.
- A mí también me gustas- dice. –Digo…- se pone rojo. -Me gustan tus manos.
- Me gustas también mucho- sonrió. –Me encantaría echarles crema-
- ¿Crema?-
- Bueno, están desgastadas, si las hidratas dejarían de pelar y además, aunque no me moleste, me gustaría seguir acariciándolas.
- Si quieres hacerlo… puedes-
- ¿No te molesta?- sonrió dulcemente. –Entonces… quizás… bueno, en nuestra cita, podríamos hacerlo.
Cargo las palabras de un modo sugerente y pervertido. Y él sonríe dulcemente, acariciándome de vuelta con su mano, son dulces y cariñosas, me trata bien y me extasía con sus dedos. Me hace sentir descolocada.
- Kentin… ¿puedo besarte?-
Cierra los ojos. Y asiente, ruborizado, me inclinó un poco y poso mis labios sobre los de él, es una buena combinación, él, las tortitas y su sabor a chocolate. Movemos nuestros labios lentos, tengo que ser precavida con Kentin, pues creo que él no sería capaz a seguir mi ritmo alocado y eso me haría dar pasos atrás, de momento prefiero perder el tiempo siendo cursi y acabar follando a, no perder el tiempo, no terminar follando.
Cuando el beso se corta, me mira con esos ojos verdes llamativos, ¿quién diría que eran verdes? Nunca le vi cuando tiraban sus gafas al suelo, yo siempre me situaba delante, con mis brazos cruzados sobre el pecho y decía "tsk", todos se iban, sabiendo que yo no me acostaría con ellos si se metían con él. Tan sencillo como eso. Una vez me giraba, él ya tenía puestas sus gafas y el misterio perduraba.
Esboza una sonrisa y yo le sonrió de vuelta, se siente bien poder hacer esto como antes. A excepción de que antes no nos besábamos. Aunque, después de todo, siempre me he sentido a gusto con Ken. Me escuchaba de verdad, me escuchaba como si le importasen de verdad mis problemas. Es por eso que jamás le toque.
Porque tenía miedo.
Miedo de que, una vez que lo hiciera, se convirtiese en alguien como yo. Su inocencia me resultaba atractiva, y aunque fuera delgaducho, un gafotas y bajito, me atraía saber que solo se fijaba en mí, sin necesidad de que le tocase o manipulase. Se conformaba con que yo lo escuchase también, de que fuese amable con él y con todos, creía que era buena. Buena de verdad. Y tenía fe en mí. Fue el primero que me miraba así, y por eso lo aprecio tanto. Un buen amigo.
Aunque ahora, me temo que es una ficha más. Y yo no pienso perder. Lamentando mucho usar sus sentimientos, porque no puedo soportar que de nuevo me dejen, y él no lo hará… no pienso permitírselo.
- ¿Hijo?-
- Voy mamá- dice, ruborizado. Recibiendo una cálida y brillante sonrisa de su madre.
- Claro, despídanse tranquilos.
Me mira sonriente y yo la vuelvo a mirar a ella, para pasar mis ojos a su hijo. Reconozco que es guapo, y que fue mi primer amigo hombre, pero sinceramente, tengo que hacerlo por mí misma. Así que, cielo, prepárate para mí. Porque voy a hacer que tu obsesión aumente más por mí.
- ¿Te llamo por la noche?- me pregunta, como pidiéndome permiso.
- Claro-
- Genial… nos vemos mañana- me dice.
Y se va, sin beso de despedida, claro, le da vergüenza que nos vea su madre, bueno… normal, lo entiendo. Me despido sacudiendo mi mano con suavidad y María y él me devuelven el saludo, que dulces.
Tan dulces que me lo pasaría muy bien usando su bondad, pero de momento, aun no necesito de su ayuda, aunque tener el apoyo de la madre de Kentin me supondría tener es de su padre, lo que me ayudaría en la junta directiva de los padres con los profesores si vuelve a haber un accidente con Amber o le acabo rompiendo la boca.
Y, respecto a Kentin… no puedo esperar por ver como se mueve un militar en la cama. Sonrió y camino hacia el estanco, creo que me lo voy a pasar muy bien en este instituto ahora.
De: Sucrette
Para: Ezrael.
¿Podemos vernos está noche?
De: Ezrael
Para: Sucrette.
Tengo una hora y veinte nueve y media. ¿En tu casa?
De: Sucrette
Para: Ezrael
Te veo ahí a las nueve y media.
En la vida siempre hay juegos, esté era el que más le gustaba.
[…]
Me inclinó en la cama, mostrando mis pechos libres y oigo suspirar al hombre que me acompaña, parece que no le ha bastado con todos los gemidos, gritos, penetraciones, orales y lo demás que hemos hecho en toda la tarde-noche.
- ¿Qué sucede?- le preguntó con una sonrisa.
- Nada- responde, pasando sus largos dedos por mis brazos, hasta mis hombros. Una caricia muy suave que me hace sentir escalofríos.
- Oh… bueno, entonces bien- le digo. -¿Conoces a un tal Eric de medicina?
- Necesitaré más datos.
- No sé más.
- ¿Quieres tirarte al tal Eric?- arruga el entrecejo, haciéndome reir.
- No, idiota- digo rodando los ojos. –Laeti está como loca con él. Lo conoció en la biblioteca.
- ¿¡LAETI EN LA BIBLIOTECA!?-
Me rió. Vamos, es casi sorprendente que Laeti se mantenga más de dos segundos en la biblioteca, según ella, odia el olor de los libros y las cosas viejas. ¡Contando a la bibliotecaria Johana!
Niego con la cabeza y muerdo el dedo, que pasa a acariciar mi cara, con mucha sensualidad y un tacto sugerente que pide por más. Mi acompañante sonríe y se inclina para besarme con mucha fuerza. ¡Dios!
- Eso dije yo- digo tras separarme de él. –Entonces… ¿podrías buscarlo por mí?
- Veré que puedo hacer.
- Gracias- sonrió.
Ahora que la innecesaria charla ha acabado, quiero follar una vez más, duro y con muchísima más fiereza que todas las anteriores, un buen polvo en toda regla, con él encima haciéndome llegar a mí por encima de él. Complaciéndome mientras me retuerzo entre sensaciones y suspiros. Justo cuando se posiciona encima de mí, lamiéndose los labios…
El puto teléfono suena.
¿Me odias vida? ¿Es el Karma por adelantado? ¡Putos todos! Cojo el teléfono enfurruñada y grito sin mirar si quiera quién es.
- ¡¿Qué quieres cojones?! ¡¿QUÉ?!
- Uh… ¿Sucrette?- la voz de Armin me alarma.
¿A caso hemos quedado en que íbamos a tener una llamada? ¿Se lo dije a él? ¿En serio? Pensé que fue Kentin quien me dijo eso…
- Lo siento- respondo, en un suspiro frustrado, viendo como Ezrael se incorpora en su anterior posición, quitándose de encima de mí. –Estaba ocupada y pensé que eras Leia.
- No quería molestar.
- Y no lo haces- respondo, suavizando mi tono. Necesito ser dulce, dulce… dulce… como un corderito, Sucrette, como un corderito. -¿Qué sucede?
- Yo solo quería…- respira hondo. –Hablar con mi novia.
Debe de haberle costado mucho decir eso. Conozco a Armin, mi habito es vigilar y entender a las personas que me rodean, ya sabéis, para que me sea más fácil manipularlas y enredarlas entre falsas caras de mí, y sé que él no es la clase de chicos que hablan de sus sentimientos tan fácilmente, es retraído y poco expresivo.
Me gustaba sentarme a su lado, cuando era Miss Perfect, observándole jugar atentamente y escuchar como hablaba emocionado de cómo había matado al jefe final de cada mazmorra, como su voz me mostraba diferentes tonos que pasaban de alegría a desesperación cuando lo herían en el juego, cuando su voz de desesperación pasaba a egocentrismo y superioridad, diciéndole que iba a machacarlo porque era el mejor, sonaban armoniosamente a su alrededor y a mi me gustaba.
- Me pillas en mal momento- digo. Entornando los ojos. –Pero me alegra mucho de que me hayas llamado.
Ezrael pone los ojos en blanco y chasquea su lengua en un intento, vano, de que corte la llamada y me lo folle una vez más. Y eso me lo demuestra cuando sus dedos circulan desde mi estómago a mi zona intima, acariciándola suavemente y trazando circulitos, bajando peligrosamente y lento, me retuerzo y gimo cuando introduce dos dedos en mi interior. De golpe. Sin avisar. Jo-der, me ha dolido.
- ¿Sucrette?
- Me golpee…- mi respiración se vuelve pesada a cada estocada que me da con sus largos dedos. –Con el armario el dedo del pie-
- Suele pasarme cuando juego con mi psp por el pasillo.
- Aja- musito, sintiendo como Ezrael se inclina, aun follándome con sus dedos, para besar y lamer mi cuello.
- La verdad es que, me gustaría que volviésemos a vernos. Yo no soy mucho de citas, pero creo que podríamos organizar algo, tu y yo… solos.
- Sí.
- ¿Estás de acuerdo?- su voz se emociona, pero ni siquiera estoy atenta, solo quiero follar con Ezrael de una jodida vez.
- Aja…- suspiro. –Armin…- digo, al sentir la boca del oji-verde posarse en mi pecho derecho. –Tengo que ayudar a mi tía- contesto apresurada. –Te veo mañana en el sótano- gimo. –Puto dedo de la santa… agh-
- ¿Su?
- El puto mueble- gruñó con voz ronca. –Tengo que colgar, te quiero, adiós.
Cuelgo el teléfono sin mucha democión, estampo el teléfono contra el suelo, devorando los labios de Ezrael. Mi lengua danza mientras masajeo su palpitante polla que busca atención, quiero que sea solo para mí, única y exclusivamente para mí, este cuerpo que se encoje cuando lo toco… dios. Ezrael si sabe sacar mi lado sádico.
Que travieso, tocándome donde no deberías.
- Así que… ¿te quiero eh?
- Oh, no está bien escuchar conversaciones ajenas- digo mientras me situó encima de él, perfecto para montarlo como si fuera mi caballo.
- Eso paro de importarme en el momento en el que aterrizaste en mi cama- dijo mientras me mordía el labio inferior de mi boca, haciéndome inspirar aire profundamente.
Nuestros ojos se encuentran y nos peleamos por ver quién gobierna en este polvo, me acaba tumbando de nuevo en la cama, claramente con mi permiso y me penetra duramente, sin pensar demasiado. Oh sí, me gusta el sexo duro con Ezrael.
[…]
Me situó entre el pasillo y mi cuarto, sonrió suavemente y le guiñó un ojo a Ezrael. Ha sido intenso.
- ¿Cómo decías que se llamaba?
- Eric.
- ¿Y dices que estudiaba medicina?
- Sí.
- Entonces… ¿qué harás si lo encuentro y lo investigo?
- Anal.
- ¿Me vacilas?
- No.
- Genial, más te vale no olvidarte
Ruedo los ojos y niego con la cabeza, nunca me olvidaría de algo que está relacionado con el sexo de esta forma tan profunda. Sonrió coquetamente y me inclino para besarlo una última vez, sobando a su amiguito. Que se valla contento a casa.
Me gruñe y se separa.
- Nena, te arriesgas a que te folle en la escalera.
- Paso- digo mientras me situó en mi casa, agarrando ya la puerta. –Vete contento a casa- le guiñó un ojo y cierro la puerta en sus narices.
Nadie me pasa por encima. Soy de esas personas que prefiere pisar antes que dejar que la pisen, aunque no vayan a hacerlo, es mejor pisar y protegerse a esperar quieto a que te pisen. Le doy la mejor de mis sonrisas a la cocina y busco mi móvil que ya ni recuerdo donde estaba. ¿A qué hora dijo que llamaba Ken?
Dios, soy insaciablemente horrible.
Apoyo a Francia.
Hasta aquí el capítulo. He decido enfocar los pensamientos de Sucrette a cada chico de una manera un poco profunda para que veáis el enfoque y la percepción que tiene Sucrette sobre los chicos.
Espero que el capítulo os haya gustado, son 8105 palabras, os lo juro. Y tenéis que leerlo todo. ¡Todo! Para que os derritáis con el cariño que le tiene a Kentin y como va charlando sobre lo que ve en Armin poco a poco, aunque, que se hable más de Kentin no quiere decir nada, no estoy intentando deciros que él es el elegido, no. Para nada.
No sé con quien se va a quedar.
- - - meh...
PD1: ¡episodio 28, ven pronto de una jodida vez, puto!
PD2: Me gustan las patatas.
PD3: Me gustan las posdatas.
PD4: ¿Soy idiota, verdad?
PD5: DEJEN REVIEWS.
Espero que lo hayáis disfrutado mucho y que os haya encantado.
Dejadme vuestras opiniones en comentarios.
Subo si tengo 95 o 90 reviews. ¡Venga que nos queda poco!
Os amo Sucrettes.
