CAPITULO 10
Dís solamente había adelantado unos cientos de metros a Heza, se encontraría junto al río de un momento a otro.
-¿Dónde está? –preguntó asustada. Los tres enanos la miraron, ella se sorprendió de lo similares que parecían ser en ese momento.
-Itariel se la llevó –dijo y la princesa enana sintió que un peso se le quitaba de encima. Pero lo cierto era que el cuerpo del hijo de Heza estaba tirado en medio de un charco de sangre y la visión era terrible. No había tiempo de nada, los humanos estarían sobre ellos en cuestión de minutos.
-Salgamos de aquí –dijo ella pero Thorin no se movió. Dís no comprendía, nada de lo que le dijera al humano podría entenderlo, su hijo estaba muerto y no habría una razón suficiente para justificar semejante acto.
-Vete con Fili y Kili, regresa con nuestro pueblo y prepárate para defenderte –le dijo con mucha seriedad.
-No puedes quedarte aquí –le dijo pero estaba fuera de discusión, simplemente huir sin darle alguna clase de explicación a aquel que los había recibido y que había compartido sus bienes con ellos era inaceptable. Dís tuvo que mirar a sus hijos, las caras de ambos reflejaban sentimientos más allá de la preocupación, tenía que sacarlos de ahí, eran demasiado jóvenes, a pesar de lo que ellos mismos creyeran. A Fili tuvo prácticamente que arrastrarlo, se negaba rotundamente a dejar a su tío, pero si su hijo creía que podría ser más fuerte que una madre preocupada, estaba muy equivocado. Kili los seguía a toda prisa pero después de unos metros se detuvo en seco.
-¿Qué estás haciendo? –preguntó Dís con desesperación. No era posible que ni siquiera algo tan simple pudieran hacer sin tener problemas. Tenía ganas de echarse a su hijo a la espalda pero era algo fuera de toda cuestión, era ya bastante grande como para que eso fuera imposible.
-No tengo intención de ir a casa –dijo con firmeza, el tono de su voz sorprendió a su madre, ¿cuándo se había vuelto más que un niño?
-Debemos ir con Idris, estar a su lado –dijo y sin esperar respuesta tomó la dirección hacia dónde vivían los elfos. Su madre soltó un bufido exasperado, pero Fili lo siguió voluntariamente. Ir con los elfos era un camino muy largo pero se podía recorrer en menos de 6 horas con luz de sol; a la luz de la luna seguramente tardarían bastante más.
Cuando Heza encontró a Thorin junto al cuerpo de su hijo el mundo para él terminó, la vida era ahora un lugar vació y nada podría devolverle el calor. Se sentía morir en ese lugar, no podía creerle a sus ojos, el dolor lo invadió y tuvo que gritar con toda la fuerza de su ser. Se dejó caer a su lado, tomó su cara con sus manos y la horrenda herida su cuello fue visible, la sangre cubrió sus manos mientras acariciaba el cabello de Anoet. No podía ser, era mentira, era un sueño, era todo menos la realidad. La desesperación del hombre fue tanta que no se dio cuenta cuándo se vio rodeado por sus hombres y por los enanos que habían estado buscando a la niña humana. La niña humana, ella, algo le decía que todo esto había consecuencia de ella. ¿Podría ella haber matado a su hijo?
Los enanos rápidamente se colocaron al lado de Thorin, al participar en la búsqueda habían recuperado sus armas que cortésmente habían dejado a la entrada del pueblo. Los hombres de Heza iban igualmente armados y los arqueros se habían encargado de rodear a los enanos, por mucho eran superados en número. Los pensamientos de Heza parecían haber enloquecido. Dentro de sí había una voz que le decía que Anoet se había obsesionado con la niña humana, que se repetía mil veces que no era una niña a pesar de que él le había dicho que era muy pequeña, que dentro de la tradición enana ella no podía escoger esposo aún. Pero su hijo le había refutado con enojo visible que ella no era enana, que era una humana y que tenía la edad adecuada para casarse y tener hijos. Era algo que Heza no podía entender, por qué su hijo se comportaba de esa manera, era algo que lo ponía nervioso, cada vez que regresaba de la ciudad enana sentía mucho alivio. Entonces, qué había pasado ese día, por qué Idris había desaparecido junto con su hijo, por qué al encontrarlos, Anoet estaba bañado en sangre y el enano no tenía una sola de gota en las manos. Idris, esa niña había matado a su hijo.
-Vete –le dijo a Thorin. Se escuchó un revuelo de voces a sus espaldas, sus hombres no podían creer lo que acababan de escuchar, dudaban si quiera que hubiera hablado. El enano tenía la pena escrita en el rostro, seguramente pena por él, porque había sido realmente amigos, pero no podía creer que se sintiera arrepentido por la muerte de su hijo.- El día de hoy no se derramará más sangre, pero mañana será diferente.
Los enanos comenzaron a retirarse, Thorin permaneció un momento junto al humano. Después de todo podía entenderlo, en las muchas conversaciones que había tenido con él se había enterado de las muchas pérdidas que había tenido en su vida, las cosas que ya nunca recuperaría. Un instante después ya no estaba ahí y Heza pudo comenzar a lamentar la muerte de su hijo.
Cuando Thorin se enteró de que su hermana y sus sobrinos aun no regresaban sintió verdadera preocupación pero después razonó en términos de Kili, y pensó que estar lejos de Itariel era ya imposible para él. Y a dónde fuera su hermano ahí iría Fili y Dís seguro estaría precupada por Idris. Así que llegó a la conclusión de que los tres habían ido con los elfos. Thorin se dio un momento para recordar, para pensar e imaginar qué hubiera sido de su vida si su primer amor hubiera permanecido a su lado, si ella no hubiera tomado la dirección contraria y lo hubiera rechazado. Por más que lo intentó no pudo concebir qué hubiera pasado, las cosas no habrían sido sencillas, esa era la realidad. No tenía caso pensar en ella, ahora la única que importaba era Idris, ella estaba a salvo, puesto que ahora su hogar podía haber caído en una guerra y esa era lo último que hubiera deseado.
-Ha pasado demasiado tiempo, no puedo estar sin saber qué ha pasado –dijo Dís. Itariel la entendía, había pasado semanas sin que pudieran salir al bosque, la última vez que Kili y ella trataron de ir a cazar, porque los enanos necesitan comer carne, se encontraron con un pequeño grupo de humanos que pensaron que podrían atraparlos. Ellos fueron más rápidos pero Itariel no se quería arriesgar, de ninguna manera permitiría que algo pusiera en riesgo a Idris o a Kili.
-Lo sé –dijo la elfa. La misma intranquilidad que había en Dís la podía ver en Idris y en los hermanos, no se sentiría bien hasta estar de nuevo junto a Thorin. Itariel se sentía frustrada, si por ella fuera tomaría a Idris y se iría de regreso a Mirkwood. Luego recordó que a su padre lo mataría del disgusto si aparecía en su palacio con un príncipe de Erebor, o con dos y con la madre de ambos. Aquello era imposible, aunque qué no daría por que fuera realidad, poder protegerlos, alejarlos de todo mal por siempre.
-Tenemos que ir a casa –dijo Dís e Itariel sabía que estaba en lo cierto, no se podían esconder ahí indefinidamente. Por la noche había hecho un ritual bastante raro, se negaron en rotundo en separarse, por lo que acabaron durmiendo todos en la misma cama, Dís abrazando a Idris, los hermanos encimados uno sobre el otro y la cabeza Kili reposando en el brazo de Itariel. Cuando los escuchaba roncar ella se levantaba pero había días que simplemente se quedaba ahí acariciando el cabello del enano.
Esa noche se levantó para tener una conversación con el senescal del asentamiento, aunque distaba mucho de ser un palacio, aquel lugar era de los últimos lugares dónde se podían encontrar elfos tan al oeste. Le explicó lo que querían hacer, regresar a la ciudad enana, el elfo la miró con preocupación.
-Princesa … -quiso iniciar pero Itariel rápidamente lo levantó su mano derecha para detenerlo.
-Sé que no te harás responsable por nuestra seguridad … -trató de aclarar la elfa pero el senescal negó con la cabeza.
-Me estás malinterpretando –dijo él ante la cara atónita de ella.- Haremos todo lo posible por reunirlos con su familia.
-¿Familia? –preguntó ella aún sorprendida por lo sencillo que parecía haber sido la negociación. Familia, a pesar de todas las malas caras de Thorin, a pesar de los cada vez menos rostros desconfiados que se cruzaban con ella, a pesar de la sensación de asfixia que le daba a veces en las habitaciones subterráneas, a pesar de lo que pudiera objetar; su familia eran un grupo de enanos y una humana.
Un pequeño ejército de elfos los acompaño en el camino, parecía que no iban a tener problemas para llegar. Idris iba a caballo junto con Itariel, los demás iban a pie, los elfos a sus lados, aunque a Kili no le gustaba eso a la elfa le parecía un arreglo adecuado, eran un blanco casi imposible. La primera ronda de flechas rebotó contra las armaduras de los elfos. Itariel quiso reír, Kili era mil veces mejor arquero en este momento que cualquiera de esos humanos. Pero no era momento de comparar habilidades, Itariel ordenó que se resguardaran tras un conjunto de árboles bastante cerrado entre ellos para no permitir que fueran fácilmente visibles.
-¡Alto! –gritó alguien después de que la cuarta ronda de flechas fuera desperdiciada. Itariel ubicó la voz por detrás de ellos. Por un segundo sintió miedo, ¿acaso estaba rodeados? Al verlos pensó que estaba equivocada, dúnedain y en el grupo más numeroso que había visto en años. El que parecía estar al mando descendió de su caballo y se acercó a ellos, los elfos bloquearon el paso, Itariel se sintió agradecida, de verdad los protegerían contra todo.
-¿Quién eres? –preguntó la elfa. Aquel hombre tenía el porte similar a los que había observado en aquellos más cercanos a línea de los herederos de Númenor.
-Hazad hijo de Elentir –respondió mientras enseñaba las palmas vacías en señal de buena voluntad. La elfa sentía que alguna vez había visto a ese hombre, ¿podría haber sido en los días de Imladris, antes del nacimiento de Idris?
-Elfa yo te conozco, eres Itariel de Mirkwood –le dijo, claro, lo había visto en Imladris, era parte de los acompañantes de Arador, padre de Idris. El capitán de los dúnedain había llevado a sus mejores hombres para estar presentes en ese día y aquel hombre había estado allí.- ¿Por favor dime si esa niña es Idris, la hija de mi capitán?
Itariel simplemente asintió con la cabeza. Hazad hizo una seña con la cabeza y sus hombres avanzaron hacia el claro dónde los hombres de Heza seguían apuntando a los árboles sin lograr tener un blanco claro.
-El problema que tenemos es con los enanos –le gritó uno de los hombres de Heza cuando lo vio acercarse. Hazad sonrió, era un hombre muy joven, pero con una presencia imponente, era probablemente más alto que todos en el claro, y con una voz sumamente potente.
-No creo que tengas un problema con mujeres y niños –respondió él. Itariel previó que Fili protestaría, por lo que lo acalló con una mirada intensa. El enano puso su mueca más desagradable, si, ya sabía, no era un niño, pero lo fuera o no eso no importaba demasiado.
-Heza, señor de estas tierras ha ordenado su muerte –gritó el hombre. Ahora tocó el turno a Dís para sentirse ofendida, pero Itariel la silenció antes de que pudiera hablar, si ya sabía que Heza no era el señor de estas tierras pero qué más daba, primero tenían que salir vivos de ahí para proclamar derechos sobre el territorio.
-Nadie ordenará la muerte de niños y nadie cumplirá esa orden –dijo de nuevo con la imponente voz. Los hombres de Heza habían bajado sus armas, ni siquiera había necesitado decirlo, su presencia era demasiado fuerte para oponerse a ella.
-¡Heza ha ordenado…! –gritó el hombre pero no pudo evitar trastabillar con las palabras.
-La orden ha sido anulada –dijo Hazad y los dúnedain avanzaron. Los hombres de Heza simplemente se dejaron llevar, superados en número, de regreso a la ciudad humana. El hombre que trataba de imponer las órdenes de Heza se tragó una tremenda rabia y avanzó rápidamente para perder de vista a Hazad.
-Pueden seguir su camino –dijo hacía Itariel.- Pronto presentaré mis respetos a la hija de nuestro capitán.
Los hombres se perdieron pronto de vista. Idris no podía creer lo que acababa de ver, ese hombre tenía un poder de convencimiento tremendo y había evitado un enfrentamiento entre los elfos y los humanos. La hija de su capitán. Ella, hija del capitán de los dúnedain. Era la primera vez que pensaba en su padre en años.
Llegaron sin mayores contratiempos y al verlos desde la lejanía, los enanos saltaron de la alegría. La noticia se la llevaron a Thorin que estaba con Dwalin y ambos salieron corriendo. Itariel detuvo su caballo y permitió que Idris bajara a los brazos del enano. Después Thorin abrazó a sus sobrinos y a su hermana y al final y sin que ella lo esperara, abrazó a la elfa.
Familia, a pesar de todo, eso era lo que eran.
Gracias por seguir leyendo!
daya: Espero que te guste y espero que notes que he realizado otra conexión con el fic de Al final sé que no podré olvidar tu nombre.
ady prime: dónde estas?
Merewen: sigue leyendo amiga.
Reviews bienvenidas!
