Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Tres, dos, uno... ¡Estamos al aire!
Summary: "—¿Qué tal amigas? Les habla Isa. Amor, desamor, ¿algún corazón roto el día de hoy?—las palabras 'al aire' estaban encendidas de un color rojo en un pequeño letrero, me acomodé los auriculares y apreté el botón del número uno que estaba encendido en blanco. — Ehm, mhmm... Ho-hola, Isa. Verás, mi novia me engañó... con mi mejor amiga". Todos Humanos. Bella&Edward.
Capítulo 7: La voz de las estrellas.
Tanya utilizaba unas gafas dignas de una sexy secretaria en los carteles promocionales de Corazón Radial, le iban a la muy idiota, por más que me pesara aceptar el hecho, le quedaban de maravilla, todo lo quedaba de maravilla, si tan solo tuviera cerebro, una personalidad más mansa y amabilidad, sería la mujer perfecta, pero no se puede tener todo en esta vida, ¿no?
No lo iba a saber yo.
Gafas.
Para agregarle algo más a mi desastrosa apariencia, mi querido doctor me recetó gafas.
Cada vez más me hago a la idea de que fue mucho mejor que Tanya adoptara la apariencia física de Isa. Estoy completamente segura de que si el público supiera realmente como soy el rating bajaría a menos cien, o algo parecido, ¿quién querría escuchar consejos de una chica como yo?, y más encima amorosos, la chica con menos relaciones amorosas de la vida.
Nah.
Ni yo querría escucharme.
— ¡Vamos Bella, apresúrate! —rodé mis ojos y subí mis gafas mientras caminaba a paso lento donde se encontraba Alice— Te ves hermosa con esas gafas —me sonrió radiantemente a lo que solo pude contestar con una mueca—, te da un aire intelectual. Te vienen.
— Hermosa, ajá —resoplé y empuñé la cuerda de mi bolso entre mis manos— Cada vez más me parezco a 'Ugly Betty' Alice, no sé qué será de mí el día en que me pongan frenos. Estaré completamente perdida.
— Seguirás siendo igual de hermosa —Alice declaró simplemente encogiéndose de hombros. Hice una mueca con mis labios, en estos pocos días de conocerla he aprendido que es realmente inútil discutir con ella— Y ahora, vamos a buscar esa comida que tanto adora mi Jazzy, ¿cómo dijiste que se llamaba?
— Allie, solo es un poco de fideos con salsa blanca y carne, no es nada del otro mundo —solté una pequeña risita.
— ¡Para ti no lo será! Pero la cocina me odia, debemos tener diferentes energías cósmicas, simplemente no somos compatibles —se borró una lágrima imaginaria y siguió danzando camino a la sección de pastas.
Yo iba tras Alice empujando el carrito mientras ella elegía los ingredientes con mi ayuda. Tendríamos una cena hoy en mi hogar ya que Alice había insistido en cenar todos juntos para conocernos más, algo sobre un sueño premonitorio que dijo, textualmente: "¡En mi sueño nos vi a todos como los mejores amigos!" A veces me daba escalofrío, Alice, pero de a poco he ido entendiéndola… Creo. Así que comeríamos pasta, Ángela y Ben no podían venir por asunto personales –entiéndase asuntos personales como: ellos están tratando de tener un bebe y deben practicar, mucho, sus palabras, no mías–, así que seríamos Alice, Jasper, Emmett, Rosalie y yo, la quinta rueda, la violinista, la que sobra.
Oh, y creo que Jasper había mencionado que llevaría unos amigos, suyos, lo que sea.
— Hey, Alice, iré a conseguir ingredientes para hacer algún postre, tu solo guíate por la lista que te entregué —Alice asintió y se perdió por el pasillo número nueve. Caminé rumbó a los dulces, congelados y todas esas cosas— Bien Bella, piensa bien lo que harás.
Se me daba bien esto de los postres y tenía una enorme debilidad por el chocolate, de cualquier tipo, ¿quién no? Así que haría algo de chocolate, budín de chocolate, mousse de chocolate…
Un pastel de chocolate.
Chocolate, mantequilla, huevos, maicena… azúcar.
Mi deber era encontrar la azúcar para hacer el mejor pastel de chocolate de todo Seattle, la receta secreta de la abuela Marie. Para mi gran buena suerte, las bolsas de azúcar se encontraban en la parte superior de los estantes, parte a la cual por mi querida estatura no llegaba.
— Bien, lo que me faltaba —dejé el carrito a un costado y apoyé mis pies en el estante de abajo, me alcé de puntillas y estiré mi brazo tratando de alcanzar la azúcar— Demonios, ¿dónde está el personal cuando uno lo necesita? —siseé entre dientes cuando estaba a punto de agarrar la esquina de la bolsa, pero solo logré empujarla más atrás con mis dedos.
Sin contar, claro, que mis gafas estaban en la punta de mi nariz.
¡Mi bendita buena suerte!
— Uhm, hey, tú, ¿quieres ayuda? —resoplé ante el intento de amabilidad de quien quiera que sea.
— ¿Me veo como alguien que necesita ayuda? —ugh, sí, me veía así. Extraño, no respondas eso— No gracias, puedo sola —y sí, seguí de puntillas tercamente. Pero ahora la dificultad aumentó, porque se me ocurrió la genial idea de poner el pie un estante más arriba.
Genial idea.
Sin siquiera prevenirlo, mi pie se resbaló al no apoyarlo bien y de un momento a otro estaba sentada de pompis en el suelo. Dolió como la mierda, sí que lo hizo, pero unos pies a mi lado me indicaron que tenía audiencia y no iba a llorar como una nena, válgame Dios que no, la dignidad de una mujer antes que todo, luego en casa vería los daños.
Lo vergonzoso no era que estaba sentada en el suelo del Super, lo vergonzoso de esta situación era que no encontraba mis malditas gafas que habían volado por los aires cuando aterricé en el suelo. Me puse de rodillas y comencé a buscarlas. No fue necesario –claro que no– porque una mano me las tendía frente a mí, las tomé con reticencia y me las calcé nuevamente.
Visión HD, nos volvemos a encontrar.
— Te pregunté si necesitabas ayuda —y aquel extraño nuevamente habló, con un deje de diversión en su voz. Gruñí y me puse de pie lentamente.
— Y yo te dije que no la necesitaba y no la necesito, ese fue un pequeño… —tez clara, cabello cobrizo, ojos verdes y dentadura de infarto. Bien Bella, ya pasaron diez segundos, una inspección necesaria, ahora reacciona. Definitivamente hubiera preferido no tener mis gafas— Desliz y nada más.
El chico que no entiende un no como respuesta pasó por un costado mío y se dirigió al estante en el que yo estaba encaramada como un mono anteriormente. Sin previo esfuerzo estiró un de sus brazos y el azúcar fue a él. Así como lo oyen, el paquete de azúcar se tiró literalmente a sus manos, incluso las cosas inertes reconocían la belleza única del susodicho.
— Ten —la diversión brillaba en esos orbes esmeraldas. De mala gana le quité la bolsa de azúcar y murmuré un bajo "gracias". Estaba a punto de retirarme de la escena del crimen cuando un joven moreno se acercó al tipo este.
— ¿Dónde demonios estabas?, ¡te he buscado por todo el maldito súper! —claro, no todo tenía que ir como yo suponía. Y no, no me iba a quedar aquí presenciando una pelea de parejas. Comencé mi marcha lentamente para desaparecer sin preámbulos, pero, como dije, no todo tenía que ir bien…
— ¡Hey, espera!, ¿me dirás tu nombre? Al menos me merezco eso, ¿no crees? — El chico moreno estaba mirándolo con perplejidad al igual que yo. ¡Pero qué descaro! Estaba con su novio y se atreve a… Oh, a lo mejor y quería ser mi amigo.
Ni en sus sueños.
¿Por qué los chicos gays siempre eran los más guapos? Estaba a punto de contestarle con un cortés "Muchas gracias por el azúcar, mi nombre es irrelevante en la ecuación, tal vez en otra vida te lo diga, en una vida donde estés interesado en las chicas y yo luzca como Tanya", cuando apareció Alice.
— ¡Isa! —se me erizaron los vellos del brazo cuando escuché como me había llamado. Lo había agarrado de manía, solo porque sabía cuánto me molestaba— ¡Oh, lo siento, Bella! —se cubrió a boca con una de sus manos y sonrió sin una pizca de remordimiento.
— ¿Isa? —los dos hombres tenían una cara de desconfianza que no supe descifrar. Fruncí mi ceño y luego negué con mi cabeza. Uh, tonterías, debían ser imaginaciones mías.
— Bella, ella cometió un error. Bueno, ehm… —rasqué mi nuca con nerviosismo y traté de sonreír— Gracias por la innecesaria ayuda, uh, no te molesto más, ojalá arreglen sus problemas —miré al chico de ojos verdes y apunté su pecho con mi dedo índice— Escúchalo más, préstale atención cuando te habla, no seas cruel —sonreí bajo su desconcertada mirada.
Incluso fuera de la radio me estaba comportando como Isa ayudando a dos gays.
¡Dios me salve!
...
Ángela comenzó con la cuenta regresiva con sus dedos.
Tres.
Dos.
Uno.
— ¡Bienvenidos a un nuevo episodio de Corazón Radial! Su amiga Isa les habla, esperando con disposición escuchar sus problemas el día de hoy —levanté mi pulgar a Ángela para que me pasara las llamadas, esta me indicó que contestara el número dos— ¡Buen día!, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
— ¡Cariño, ya te extrañaba! Pero antes de que me ataques debo decirte que nuevamente necesito hablar con Madame Allie —fruncí el ceño antes de hablar con cautela.
— ¿Edward, no? —murmuré sin poder creer que no comenzara con uno de sus característicos comentarios, obviando el "te extrañé" que no era nada comparado con los demás.
Edward se había convertido en un participante habitual de la Radial, era como la mascota oficial.
— Sí cariño, Edward, ¿está Madame Allie por ahí? —okay, debo admitir que por una extraña razón su comportamiento me molestó. Le indiqué a Alice que se hiciera cargo de la basura.
— ¡Edward, cuánto tiempo! ¿Qué fue lo que sucedió, se acabaron tus ganas de molestar a mi querida Isa? —Edward soltó una pequeña risita.
— Tranquila, que he encontrado algo mejor —ego de Isabella, menos uno— Pero, quería darte las gracias Madame Allie, tenías razón. Las estrellas tenían algo para mi esta semana —fruncí el ceño ante su declaración.
— ¡Bien, eso está bien! Madame Allie nunca se equivoca chico —Alice se giró hacia a mí y me guiñó un ojo— Ahora cuéntame, ¿qué fue lo que las estrellas y Cupido prepararon para ti esta semana?
— Un ángel —¡oh, vamos!, tenía que sonar así de cursi? Por Dios—, un ángel de cabellos castaños —Alice soltó un suspiro de ensueño, tuve que cubrir mi boca para que la risa que quería abandonar mis labios se escuchara en un bajo volumen—. No te rías querida Isa, que, a pesar de todo, siempre serás la número uno.
— Tranquilo, que puedes quedarte con tu ángel de cabellos castaños, yo estaré bien, se me da fácil olvidar chico —a esa frase le llamo: sarcasmo.
— Oh, pero está bien Isa, ya te había dicho que para ti también vendrían grandes cambios y creo que algo modifico tu vida, ¿no, cariño? —volví a fruncir el ceño. ¿Qué demonios estaba diciendo Alice?— Pero bueno, ¡sigue así campeón! Espero que vuelvas a encontrarte con tu alma gemela.
— Muchas gracias, Madame Allie, yo también lo espero — Y la línea murió.
— Bien, ¡ahora nos vamos con You Found Me de The Fray y luego volvemos con un nuevo caso aquí, en Corazón Radial! —me quité los auriculares y miré a Alice con una ceja arqueada.
— ¿Qué fue eso?
— ¿Qué? —me preguntó inocentemente.
— ¡Eso!, es de los grandes cambios y que algo modificó mi vida, ¿me perdí de algo? Porque no logro encontrar un momento exacto donde algo en mi vida haya cambiado —esperé pacientemente por una explicación por parte de Alice, que no quitaba la sonrisa de loca desquiciada.
— ¡Pero si tú lo sabes muy bien!, ¿o acaso no recuerdas esta mañana en el súper? —solté un resoplido.
— ¿M-Me estás hablando del tipo que me ayudó a conseguir el azúcar?, ¡eso es una estupidez, Allie! El tipo estaba bien, si, pero era gay y… ¡Fue un accidente!, ¿cómo puede eso cambiar mi vida? Estás loca —fue el turno de Alice de resoplar esta vez.
— Tú ves solo lo que quieres ver Bella, nada más.
Sonreí pedante.
Oh, estas muy equivocada Alice, porque ahora veo todo más claro gracias a mis gafas, já.
...
Estaba en mi casa preparando los últimos detalles de la cena que íbamos a tener esta noche, Rose me estaba ayudando con los últimos preparativos de la comida mientras yo esperaba que el infame pastel de chocolate estuviera listo. Jasper finalmente confirmó un poco –demasiado– tarde que se nos sumarían dos amigos suyos del trabajo, y eso solo significaba una cosa:
Más trabajo para Cenibella.
El timbre sonó en el preciso momento en que yo sacaba el pastel del horno, le pregunté a Rosalie si podía ir a atender mientras yo le daba los últimos retoques al postre, aún debía adornarlo respectivamente, no lo iba a dejar así, café, todo aburrido. Rosie asintió y se perdió camino a la puerta de entrada.
— ¡Ya llegaron, pasen! —escuché la calurosa bienvenida de Rosalie a los chicos— Alice, Bella está en la cocina —unos repiqueteos en la baldosa sonaron rápidos, en un dos por tres Alice apareció con una enorme sonrisa en su rostro frente a mí.
— ¿Te ayudo en algo? —me preguntó por mera cortesía, sin intención alguna de que esa respuesta fuera positiva, recuerden "Alice y la cocina tienen diferentes energías cósmicas".
— Tranquila, yo me encargo —le sonreí mientras se sentaba en el taburete— ¿Jasper?
— Oh, Jazz aun no llega, vendrá con sus amigos. Rose está en la sala con Emmett —Alice me guiñó un ojo con picardía, sonreí aun continuando con el relleno del pastel.
Rosalie y Emmett habían estado de cita en cita, llevándose bastante bien, demasiado bien diría yo.
— ¡Oh Bella! —y el oso entró en mi reducida cocina. ¿Es que él no se daba cuenta de que ocupaba todo el espacio?— Dios, huele delicioso —golpeé su zarpa antes de que tocara mi preciado pastel— ¡Ouch!, enana, ¡yo solo quería darle el visto bueno! —hizo un puchero de lo más adorable, pero no caería en su juego.
— Es el postre grandulón, guarda tus manos para otras cosas.
Los chicos se enfrascaron en una conversación, haciéndome compañía en la cocina mientras terminaba de cubrir el pastel. Rosalie fue a acomodar la mesa luego de un tiempo. Estaba por terminar con la cubierta cuando sonó el timbre por segunda vez en la noche, Alice fue a abrir la puerta dando pequeños saltitos, para recibir a su Jazzy, desapareció camino a la puerta. Me quedé junto a Emmett en la cocina, ni siquiera pensaba dejar a Emmett a solas con mi pastel.
— ¿Por qué no vas a saludar a los invitados Bellita?
— ¿Y dejarte a solas con mi pastel? No si crees que nací ayer o soy realmente tonta como para hacer eso, en tus sueños, Emmy —sonreí con maldad, cruzándome de brazos y apoyándome en la encimera.
— ¡Bella, te necesito aquí —entrecerré mis ojos sospechosamente ante el chillido de emoción de Alice. Emmett sonrió abiertamente. Ugh— ¡Bella ven rápido por favor!
— ¡Ni lo sueñes, Alice!, ¡Emmett se comerá el pastel! —chillé de vuelta, mirando a Emmett que tenía una inocente expresión en su rostro.
— ¡Emmett, ven aquí ahora mismo! —Se escuchó la voz de Rose por sobre el resto.
Emmett y yo nos quedamos mirando por un largo rato.
Retándonos mutuamente.
Hasta que finalmente uno se rindió, y no fui yo. No pude evitar reír cuando Emmett susurró un "tú ganas esta vez" y se fue directo a donde Rosalie que lo había llamado. Salí de la cocina sabiendo que mi pastel estaba a salvo de las garras del oso y fui hacía el living, donde se encontraban todos. Me quedé prácticamente congelada en la entrada de este cuando vi a los amigos de Jasper.
¿Desde cuándo el mundo era tan chiquito?
— Uh, eh, hola —rasqué mi nuca con nerviosismo— Soy Bella, un gusto, —no se me daba muy bien lo de sociabilizar. Sonreí forzadamente estrechando la mano del moreno y luego la del ojiverde.
— Jacob, un placer —habló el moreno con un sensual y masculino tono de voz.
— Uh, Edward —me estremecí involuntariamente a la mención de ese nombre. Ugh, ¿no podía tener un nombre más normal?— ¿Estás bien? —me preguntó con preocupación. Hice una mueca con mis labios y asentí.
— Oh si, completamente bien —y nuevamente mi sarcasmo salió a flote— ¿Por qué no vamos a la mesa? La comida se enfriará —todos asintieron y caminaron hacia el comedor.
La velada fue amena al principio, todos trataban de conocerse mejor. Ya saben, se hacían aquellas típicas preguntas de: ¿Qué edad tienes?, ¿de dónde vienes?, ¿cómo se conocieron? Claro, todos participaban menos yo, estaba centrada en mi comida debido a la presión que sentía. No era agradable estar cenando con unos pares de ojos encima de ti, vigilando todos tus movimientos, era escalofriante.
¿Es que todos los Edwards de la ciudad se comportan de esa manera?
— Y tú, Bella, ¿en qué trabajas? —agradezco que ya había acabado de tragar la comida que tenía en la boca y no estaba bebiendo nada, porque hubiera salido expulsado de mi boca si ese hubiera sido el caso.
— Ehm, yo, uhm bueno…
— ¡Bella trabaja en la radial conmigo! —chilló Alice— Chicos, ¿han escuchado hablar del programa Corazón Radial? —les preguntó con un tono confidencial, yo estaba totalmente muda mirando a la Oompa-loompa tomar las riendas del asunto.
Ella no iba a decirlo.
No iba a hacerlo.
— ¡Pero claro! Como no escuchar hablar de él —dijo Jacob con cierto desagrado.
— Entonces conocen a Isa —dijo Alice, sin poder contener su sonrisa.
— Alice… —mi tono fue de advertencia, ella no podía hacerme esto. Ni siquiera me miró, me ignoró completamente, la sonrisa no se había borrado de sus labios. Isabella simplemente no existía para ella en estos momentos.
— Como la palma de mi mano —acotó Edward esta vez, con un tinte de burla en su voz.
— ¿Saben ustedes que el verdadero nombre de Bella es Isabella? —y ahora fue Rosalie la que tomo cartas en el asunto. No esperé la reacción de estos dos hombres, que me miraban de par en par, con asombro. Rodé mis ojos y refunfuñé.
Esto era confidencial, apenas y estábamos conociendo a estos chicos, ¡no podían decirles!
— Ustedes, se supone que no deben hablar de estas cosas, Mike se encabronará —Alice se encogió de hombros y Rosalie sonrió como si le importara una miera Mike. En realidad, le importa una mierda Mike— Ya, sí, está bien… ¡Soy Isa!, ¡yay que emoción! —seguí comiendo sin prestarles más atención y sin reparar en la tensión que me pareció sentir por unos segundos.
— ¿Tú?
El chico moreno, Jacob, se veía desconcertado e incrédulo. Claro, ¿cómo iba a ser yo Isa si la rubia despampanante que salía en los carteles lo era? Su oscura mirada me recorrió lentamente, tratando de tragarse el cuento, luego, una extraña sonrisa que no supe como tomar, se formó en sus labios.
— ¿Qué hay de la chica que aparece en los carteles? —preguntó Edward, confundido.
— Zorra —murmuró Rose.
— Concuerdo con mi amiga, aquí —Alice sonrió, dándose los cinco con Rose—. Publicidad nada más, para atraer más público, supongo. Con Bella ahí hubiera servido de igual manera.
— Nope, no lo hubiera hecho, ya hemos hablado de eso. La gente quiere una imagen con la que sentirse segura, mi imagen —alcé una de mis cejas, observando mi vestimenta roñosa—, no es la de alguien que infunda confianza, por Dios, ni yo me siento confianzuda conmigo misma.
— No puedo creerlo —Jacob rio—, tú eres Isa, quien iba a pensarlo chica.
— Así que, ya saben, cuando tengan problemas de pareja, no tengan miedo y díganselos a Bella. Ella es realmente buena en lo que hace, me sorprendió la primera vez que llegué a trabajar con ella —Alice puso su mano sobre el brazo de Jacob que la miró desconcertada.
— ¿Q-Qué estás insinuando? —le preguntó desconcertado.
— Bueno, que Bella no discrimina, no importa cuales sean tus gustos, si Edward está siendo cruel contigo o tienen algunas diferencias, tan solo díselo…
— ¡Whoa, espera ahí! —Edward abrió sus ojos de par en par— Demonios, él no es mi pareja. ¿Cómo… —sus ojos se entrecerraron y estuvieron en mí, una vez más— ¿Por eso ayer me "aconsejaste" escucharlo más? ¡Dios!, ¡tú pensaste que este idiota era mi pareja!
— Bueno, todos cometemos errores en esta vida —me encogí de hombros y seguí alimentándome— No es mi culpa que tengas un aspecto tan… —gesticulé con mis manos hacia su persona— Bueno, peculiar.
Y todos rompieron a reír, menos Edward, claro está.
En fin, no era mi intención herirlo, pero creo que esto de ser malvada con los Edwards es algo que viene en mis genes. También era un mecanismo de defensa que tenía contra la gente guapa, siempre lo arruinaba porque no encontraba que decir y me escondía tras bromas e indirectas. La santa patrona de lo incómodo.
— Te dije que las estrellas habían predicho acerca de esto —susurró Alice a mi oído mientras el resto se volvía a enfrascar en una conversación, tratando de animar a Edward por haberlo denigrado sexualmente.
— Alice, estás loca, es coincidencia.
— Isabella, esto es el destino —apretó mi brazo ligeramente—. No creas que no he visto esas miradas que te echa de vez en cuando, bueno, antes de que insinuaras que su apariencia era algo femenina.
— Las estrellas no hablan Alice. Tal vez yo hablo con la luna cuando estoy borracha, pero créeme, ni siquiera en esos extremos he escuchado alguna respuesta de ella y mucho menos de sus hijas estrellas.
— Te dije que esto estaba en tus manos.
— Esto no está en las manos de nadie, ¡porque nada está sucediendo aquí por Dios! —me levanté de la mesa harta de la charla astral y pregunté— ¿Alguien quiere pastel de chocolate? —Emmett fue el primero en anotarse con un gran trozo.
Caminé a la cocina en busca del pastel, sin darme cuenta de que alguien me seguía a mis espaldas hasta que accidentalmente choqué con esa persona. Me giré para encontrarme con un sonriente Edward. Incluso en mi mente me causaba escalofríos pronunciar ese nombre.
Y este pequeño encuentro traería más especulaciones a la retorcida mente de Alice.
— Te ayudo —solo atiné a asentir. Saqué el pastel con su ayuda y comenzamos a cortar trozos para cada uno— ¿Enserio pensaste que era gay?, ¿qué fue lo que te hizo pensar eso?
— ¿Tu cabello? —murmuré, sintiendo mis mejillas enrojecer. Su cabello se veía muy perfecto para ser real, su propietario tenía que ser un hombre-mujer. Edward pasó sus manos por su cabello, desordenándolo vilmente e hizo una mueca con sus labios.
— Recordaré no usar tantos productos para la próxima, ¿si lo llevo sucio crees que cambie tu visión?
— Lo siento —rodé mis ojos, cruzándome de brazos y poniéndome frente a él—, no quise herir tu ego masculino, a veces… La mayoría de las veces, en realidad, suelo decir lo primero que se me viene a la mente cuando estoy nerviosa.
— Entonces… estás diciendo que te puse nerviosa —una depredadora sonrisa se formó en sus labios.
— Definitivamente no dije eso.
Rio, mirándome detenidamente.
— Una estrella —susurró. Fruncí el ceño, tratando de seguir su mirada—, tienes una estrella justo ahí —apuntó mi delantal de cocina y efectivamente este tenía una estrella en su centro— Las estrellas hablan, ¿sabes?
¡Otro loco astral!
¿Es que no podía conocer a alguien medianamente normal?
— ¿Si? — decidí seguirle el juego, así que pregunté—: ¿Y qué es lo que dicen las estrellas, Edward?
— Las estrellas dicen, Bella —rio quedito y prosiguió—, que hay algo importante preparado para nosotros. Y eso, cariño, se llama destino —me guiñó un ojo y cubrió mi nariz de chocolate antes de salir por la puerta con los trozos del pastel en sus manos.
Definitivamente… Este mundo está lleno de locos.
Y sí, me incluyo en ellos.
La voz de las estrellas… ¡Era loca pero no idiota!
¡Buenas Tardes!
Aquí les traje el nuevo capítulo, ayer me había olvidado de él y no pude subirlo junto a los otros, sooooo sorry! pero lo prometido es deuda y aquí está, arreglado y todo, recién salidito del horno. ¡Finalmente se conocieron Edward y Bella! Sé que tal vez ustedes se esperaban algo más romántico (?) nah, no lo se, le estoy poniendo XD la cosa es que es necesario que esto pase así, Edward... bueno, él será un tanto especial e influenciable por alguien que su nombre empieza con J y termina con acob. Como verán, Bella no sabe que Edward es su Edward, y el, gracias a las queridas amigas de Bells, se dio cuenta que su "ángel de cabellos castaños" es nada mas ni nada menos que Isa, así que ya vayan viendo la que se le viene a la pobre. Por cierto, Tanya seguirá jodiendo pelotas por aquí. Pronto vendrán mas casos en la radial, y también sabrán de la familia de Bells, en especial la abuela Marie, así que solo esperen y verán :)
¡Espero les guste el capítulo, muuuuchas gracias por su apoyo!
Lamb.
