Capitulo 10

El amante afortunado

5 de Junio, 1998

La chaqueta de Wesker se encontraba mojada con algunas gotas de agua al igual que su cabello. Miré la calle, su auto se encontraba al otro lado de la calle estacionado - Adelante - lo invité a entrar.

Wesker se sacó su chaqueta negra de cuero y lo dejo colgado en la perchara que había a un lado. Acto seguido, paso una de sus manos por su cabeza para cerciorarse de que todo estuviera en orden.

Wesker vestía una camisa roja con botones negros, la figura de la prenda se ajustaba muy bien a su torso, logrando admirar su forma física de triangulo invertido - ¿Quieres algo de beber? - pero Albert negó con la cabeza mientras miraba con sus ojos penetrantes el recibidor. Era la primera vez que entraba a mi hogar, mi lugar personal.

Me arregle por inercia mi cabello que caía por mis hombros, me acerque al sofá y me senté cruzándome de piernas. Mi mano le indico a Wesker que se sentará junto a mí. El hombre que tenía sus manos en los bolsillos, se sentó quedando con las piernas abiertas y sus antebrazos apoyados en sus muslos, sus manos se entrelazaron y su cuerpo se quedó quieto.

Parecía distinto, su mirada fija en un lugar perdido, estaba pensativo. Pero antes de preguntarle qué sucedía, abrió de pronto sus delgados labios.

- Ni siquiera… han podido llegar a la entrada - dijo mirando en dirección a la chimenea encendía. Wesker se refería al equipo de Umbrella. No sabía si ponerme contenta o lamentar lo sucedido, después de todo, si no habían llegado siquiera al punto de inicio, ¿Qué nos esperaba a nosotros? - hay un montón de Cerberus1 disueltos por los bosques de Arklay. Si queremos entrar, debemos hacerlo por la entrada principal de la mansión - Wesker termina con su introducción y gira su rostro para verme, pero no dijo nada más.

- Va a ser peligroso… - fue lo único que atiné a contestarle en voz baja, ya que no había necesidad de hablar con tono normal, Wesker se encontraba a mi lado, muy cerca.

- mmhh… - contestó torciendo su boca.

- ¿Y cuál es tu plan ahora? - pregunte interesada.

Albert suspira y luego observa las gardenias - Como ya dije, enviaré al equipo Bravo al lugar, se enfrentarán con los Doberman y pedirán refuerzos - agacho la mirada y continúo - pero para estar seguros de que van pedir refuerzos, me tomaré la molestia de interferir con la mecánica del helicóptero, así deberán aterrizar cerca de la mansión.

- ¿Y luego?

- Iremos nosotros...

- No, ¿Cómo vas a entrar a los laboratorios? ¿Crees que recuerdo todas esas estúpidas trampas que el loco de Spencer colocaba en los pasillos? Todos esos… emblemas, acertijos.

Spencer. El anciano de Spencer fue quien colocó todas esas trampas con la ayuda de un arquitecto. El objetivo, era que ningún desconocido pudiera entrar a los laboratorios por la entrada de la mansión. Umbrella le había dejado instructivos a los empleados que se alojaban en sus habitaciones, pidiéndoles con estricto rigor, que no salieran a los pasillos en un determinado horario. Pero más que una mansión de acogida, era una gran mascara que escondía las grandes instalaciones subterráneas de Umbrella en Racoon City.

- Durante la semana te enviaré instrucciones - me contesto sin preocupación.

- Esos perros no serán la única cosa que veamos en esa mansión - le recordé

- Veremos a nuestros antiguos colegas convertidos en zombis - sonrió Wesker - por lo menos eso va a ser divertido

Sonreí negando con la cabeza, no podía creer que Wesker pensara de esa forma - eres un br

Ambos nos aviamos adentrado a lo que pasaría ese día, cada uno proporciono ideas sobre cualquier posible eventualidad en la misión, la cual ya tenía fecha, era dentro de cinco semanas más. Pero ya cuando todo estaba dicho, Wesker decidió irse.

- ¿Dónde encontraste las gardenias? - me puse de pie mientras que Wesker se colocaba su chaqueta cerca de la puerta - son difíciles de encontrar, por lo menos en la ciudad.

- Lo sé… las encontré en Nueva York.

- Gracias - me acerque a él con una sonrisa - son hermosas

- ¿Eso compensa la suspensión? - Preguntó mientras se arreglaba el cuello de su chaqueta.

- mmhh, puede ser… - contesté coqueta.

Albert suspiro profundo y me miro fijamente - Tu sabes que me gustas… - sonrió levemente - no sabes cuánto… - sus ojos verdes miraron fijamente mis ojos por varios segundos, pero luego se giró y abrió la puerta - Adiós - cerró la puerta con suavidad, dejándome sola en el recibidor.

Después de todos los intentos que Albert había hecho para que cayera en sus brazos, ahora… lo estaba desaprovechando. Ahora, cuando más deseaba que su actitud de macho alfa floreciera dentro él, Wesker solo se había despedido y fugado de mi casa.

Él… es la única persona a quien tienes ahora. ¿Crees que Trent va acompañarte a todas las misiones que te mandará hacer alrededor del mundo? Necesitas compañía Ellen… compañía, estos… son momentos difíciles.

Rápidamente abrí la puerta. Ahora, debajo de la lluvia, Wesker se apresuraba a abrir la puerta de su automóvil.

- ¡Albert! - llame su atención, el hombre que parecía un espectro moverse bajo la lluvia en la oscuridad se giro, y me observo por unos segundos. No sabía que más gritarle, pero deseaba que se acercara. Y que no se fuera.

Wesker sin pensarlo más, comienza con un trote para volver hasta mí, abrí un poco mi boca, no pensé que volvería.

Wesker llego a la escalera, quedando una baldosa abajo, su chaqueta nuevamente estaba mojada, al igual que su rostro, su caucásico rostro. Sus ojos verdes no dejaban de mirar mi iris azul, esperando por una respuesta. Pude admirar, aun que sea por cinco segundos su rostro. Su frete tenía unas leves arrugas, las cuales eran características de un hombre enojado, pero era extraño, Wesker era el hombre con más baja movilidad facial en todo Racoon city. Seguido por su nariz, que era recta y fina, una perfección a mi opinión. Sus ojos, eran intensos, pero era una lástima que su costumbre era cubrirlos con sus gafas, cuando con ellos, podía perfectamente conquistar a cualquier mujer. Su barbilla y mandíbula parecían ser poderosas, se marcaban a la perfección el contorno de su rostro.

Me atreví acariciar su cálida mejilla con mi helada mano, una piel suave sin imperfecciones. Al tacto podía sentir su reciente afeitada. No lo dude más, el hombre me estaba comiendo viva con solo mirarme, me acerqué y bese sus delgados y herméticos labios, coloque ambas manos en alrededor de su cuello, mis brazos, que estaba cubiertos por un suéter cerrado, se mojaron con las gotas que Wesker cargaba sobre él. Abrí con mi lengua los labios de Albert y recorrí suavemente su boca, sentí como por un momento Albert se ponía rígido por la impresión y a continuación, este, me devolvía el beso, empujando su lengua entre mis dientes. Wesker tenía un sabor delicioso, casi adictivo, era dulce, pero que ironía, mejor que con Jason al menos, que apestaba a veces a tabaco, en cambio en Albert, su boca era atractiva y deseosa. Sentí sus manos sobre mis caderas, sus grandes manos me habían atrapado para no despegarme de él. Lo besé por última vez, me separé, y a medida de que lo hacía, me deleite con saborearme con delicadeza. Mis brazos aun seguían sobre sus hombros y nuestros rostros quedaron a centímetros, el cálido aire que salía por sus narices la podía sentir perfectamente.

- ¿Quieres… beber una copa de vino? - pregunté en voz baja, como si se tratara de un secreto.

Wesker sonrío de lado y asintió.

...

Había pasado casi una hora desde que nos pusimos a beber y a charlar. Los temas principales fueron nuestros compañeros de los S.T.A.R.S y los laboratorios de Umbrella. Incluso llegamos a apostar sobre los posibles zombis que encontraríamos dentro de la mansión, y nos habíamos prometidos dispararles directo en la cabeza para sentirnos a gustos. Esa… fue la primera vez que vi reír a Wesker. El vino ingles, fue la responsable de adentrarnos a una total confianza durante esa velada.

- ¿Ya te has encontrado con Trent? - ya era tiempo de contestarle con la verdad a Wesker. Deje mi copa medio vacía a un lado para contestarle.

- Sí… - Albert alzo un poco su barbilla, sus ojos me miraban con atención, parecía estar rígido - un hombre, bastante persuasivo a decir verdad, y asquerosamente millonario - con lo ultimo Wesker rió, apreté fuertemente mis labios y miré el florero, donde su carta de presentación estaba bajo del canasto de mimbre - y creo… - levante el florero y saque la tarjeta mostrándosela a Wesker - que he tomado una decisión - tomé nuevamente mi copa y camine con lentitud hasta la chimenea, miré por última vez la tarjeta y la lance al fuego vivo - allí está tu respuesta… - le respondí girándome hacia él.

Wesker, sin despegar la mirada en mí, se levanta del sofá. Su rostro tenía un brillo singular, sus ojos parecían a gusto y su sonrisa era leve, se veía satisfecho. Tomo con una de sus manos mi copa de vino, dejándola en la mesa nuevamente, su mirada era fiel al mantener el contacto visual. Lo admiré con interés, cualquier cosa que planeara en ese momento en su cabeza, me estaba atrayendo como un imán.

Albert se acerca a mí, colocando ambas manos en mis mejillas, me atrajo hasta él con ternura y nuevamente me besó. Sus movimientos eran lentos y sabrosos, como si tuviera que disfrutar mis besos por última vez. Mis brazos subieron hasta su cuerpo por inercia, quería poseerlo cerca de mí

- Eso siempre funciona - dijo entre besos

- ¿Qué es lo que siempre funciona? - me separé varios centímetros, ahora tenía la duda rondando en mi cabeza.

- Esa repentina despedida… no tardaste mucho en llamarme desde tu puerta - el hombre no pudo evitar sonreír por tal confesión.

- Eres un… - parecía divertido todo lo que decía, no estaba enojada, tan solo, sorprendida por sus cualidades de Casanova de Albert.

- Sea lo que sea para ti - contesto - no dejas de disfrutarme por lo que veo… - pero antes de que se acercará a depositar otro beso, intente alejarme de él en forma de jugueteo.

- Lamentablente… - contesté muy cerca de su oído, apegando mi mejilla a la suya.

- Pero de algo estoy seguro - interrumpió nuevamente llegando hasta mi cuello y rodeándome con sus fuertes brazos.

- ¿De qué está seguro capitán? - mi boca rozo con delicadeza su oreja.

- De que me gustas…

...

Me quité los tacones rápidamente y los dejé debajo de la cama, encendí la tenue luz de la lámpara que estaba en la mesa de noche. Me miré al espejo y me arregle un poco el cabello, observe que tenía un leve rubor en mis mejillas, tal vez producto del vino y del alcohol en mi sangre. Me quité mi suéter dejándolo a un lado, quedando solo con una blusa transparente. Me arregle por última vez el cabello y sentí los pasos de Albert Wesker subiendo por las escalera. A medida de que subía un escalón con lentitud, mis manos desabrochaban un botón de mi blusa. Cuando miré a Wesker a través del espejo, me quite con muchísima lentitud la blusa, dejándole observar poco a poco mi denuda piel blanca. Al momento de dejar caer la prenda, Albert se acerca a mí, me doy vuelta, pero ahora el rubio se encontraba en el suelo, una mano recoge la prenda caída y la otra toma mi pierna, y a medida que se incorporaba, un delicado roce de sus grandes manos recorren todo mi perfil hasta llegar a mis costillas, nuestras miradas se encontraron nuevamente y no dudó en besarme. Tome sus muñecas, e hice que retrocediera poco a poco logrando acercarlo a la orilla de la cama. No le quedo más remedio que sentarse frente a mí. Mis manos pasaron a su camisa, donde cada molesto botón terminaba haciéndose a un lado, pero Wesker me observaba, su rostro estaba a la altura de mis pechos, quienes aun estaban atrapados por el brasier. El atento hombre no hacía nada, bajos sus manos hasta dejarlas en sus muslos, y pude sentir sus dedos inquietos queriendo tocar mis piernas que estaba aun cubiertas por la falta. Pude ver el poco bello en el pecho de mi nuevo amante, un bello rubio, casi blanco y corto. Sus ojos verdes bajaron y se encontraron con mis voluptuosos pechos, subió ambos brazos para que sus manos pasaran a mi espalda, y en menos de tres segundos, logró desatar el broche trasero de brasier. Pero antes de comentar algo, no pude evitar sonreírle

- Veo que se maneja muy bien mi capitán

- Quise ayudar… - respondió a medida que quitaba su camisa, dejándome ver su atractivo torso superior, sus pectorales que parecían piedras y sus marcado abdomen, Wesker no estaba nada mal.

Pero el hombre insiste con quitarme el brasier. Albert abrió sus piernas y me acercó con una mano, deposito un beso entre mis pechos, para luego, y sin apuros, sus labios rozaron el camino que lo llevaría hasta uno de mis erectados pezones. Cada caricia, cada roce de su cálido aire, me estremecían por completo, Albert parecía ser un hombre de paciencia y que cada segundo que pasaba, lo disfrutaba al máximo, eso era algo que a mí me producía una dulce y agradable desesperación. Su húmeda lengua jugaba con suavidad y lentitud en mi pecho, ese contacto tan leve, hizo que mi mano se adentrara a los cabellos de Wesker. Mordí mi labio inferior y cerré mis ojos. Su otra mano, paso a moldear mis pechos con la mayor delicadeza, como si estuviera jugando con algo delicado. Luego, ambas manos bajaron hasta mi falta, el cierre estaba a un lado, y me ahorro el trabajo de quitármelo.

Me senté sobre sus muslos, rodeando sus caderas con mis piernas y nos volvimos a besar. Esta vez, las manos de Albert recorrían todo mi cuerpo con lentitud, como si estuviese memorizando cada tramo, cada camino, mientras que yo, me atrevía a rasguñar con ternura su cuero cabelludo. Nos mantuvimos allí varios minutos, la verdad, es difícil saber sobre el tiempo mientras estas ocupado. Los besos eran sonoros. Pero llegó un momento en que el deseo y la pación pasaron a la lujuria. Wesker mordió mi labio con suavidad, obligándome a no separarme de él, pero luego finalizo con un beso. Pasó su fuerte brazo por mi cuerpo y me apretó firmemente contra él, con el objetivo de adentrarse junto conmigo al centro de la amplia cama.

...

Wesker se quitaba sus pantalones, mientras que yo, me acomodaba en la cama para recostarme, me acerque a la lámpara y apagué la luz. La luz de la luna era el único testigo dentro de mi habitación, la luz era lo suficiente como para ver el perfecto cuerpo atlético de Albert, que ahora estaba desnudo.

No tardo en acercarse, me levanté como pude para recibirlo con un beso, acercando con mi mano su rostro, pero él insistió con verme acostada, colocando su brazo en mi espalda y bajándome con lentitud.

Sus brazos se apoyaron en la cama, mostrando la tonicidad de sus poderosos músculos desnudos, me abrí de piernas para recibirlo. Nuestras miradas quedaron frente a frente y pude encontrarme con un Albert Wesker tranquilo y pacifico, pero más que una mirada de deseo, era una mirada de satisfacción. Besó mi cuello, haciendo que su cuerpo bajara y se apoyara en mí, sentí su peso, pero no en su totalidad. Mis manos dieron con el tacto de sus serratos y pectorales calientes, finalmente solo me quedaba de disfrutar de sus caricias. Cerré mis ojos y pude imaginarme como el miembro de Albert Wesker estaba tomando dureza, rozando con la tela de mi braga. Pero luego, el hombre bajó por mi cuerpo, rozando su nariz y sus labios, no evité llevar mis manos a su cabello para así acariciarlo. Wesker beso mi monte de Venus, colocando sus manos en mis caderas. Una de ellas, paso a mi media izquierda, quitando la firme tira de silicona que estaba en mi muslo, quito ambas medias tomando su tiempo. Sus ojos miraron la única prenda que quedaba y sonrió con malicia, acercándose sin dudarlo más. Me levante, quedando sentada en la cama - no… - dije entremedio del silencio en voz baja - no hay apuros… - ambos nos miramos, estábamos arrodillados en la cama. Hice que Wesker se acomodara y quedara sentado para luego, subir sobre él nuevamente. Sus manos tomaron mis caderas, su mentón de elevo lo suficiente como para no romper el contacto visual. Le sonreí y me acerque a disfrutar de sus adictivos besos. Nuestras lenguas jugaron, compartiendo el sabor de cada uno, un sabor que anteriormente nunca se había dado con tanta pación.

Mi mano libre pasó a tocar su miembro, que cada vez comenzaba a tomar su forma eréctil. El hombre dejo escapar una respiración entre cortada, pareció sorprendido por aquel inesperado acto.

Terminando de jugar con su virilidad, deje que los leves movimientos de mis caderas rozaran con mayor perversidad su miembro con la tela de algodón, los movimientos eran lentos y sincronizados con las manos de Albert en mis caderas.

- Detente - ordeno dejando de respirar por la boca. Se levanto solo un poco y me regreso a mi posición inicial, mi cuerpo acostado y él sobre mí.

Ambas manos quitaron mi molesta braga quedando a la historia. Me abrí de piernas nuevamente, recibiendo a Wesker con un beso. Su ahora, caliente cuerpo estaba sobre el mío, nuestros ojos se encontraron en la leve oscuridad, pude ver la mitad de su rostro gracias a la luz de la luna.

Albert introduce su miembro con lentitud mientras que sus ojos… estaban atentos sobre mí. Abrí mi boca unos centímetros y deje escapar un gemido despacio, mientras que Wesker hizo lo mismo. Se adentro hasta más no poder. Sin duda el hombre lo tenía todo bajo control, como siempre lo hubiese querido. Ahora lo veía demasiado atractivo, y ya estaba deseosa de quererlo nuevamente en mi cama otra noche más. Albert comenzó con movimientos lentos y profundos, cada roce era como olas de fuego que iban y venían, mis manos se colocaron en sus ardientes brazos, y mis dedos comenzaron a apretarlo inconscientemente, Wesker comenzó con profundas respiraciones, quería escucharlo gemir, quería sentir a ese enigmático hombre, desearme.

- Bésame - le ordené en voz baja. Albert se acercó sin apuros y nuestros labios volvieron a encontrarse. Mis sentidos estaban atentos a todo, las envestidas de Albert hacían que la cama se moviera, la lluvia caía con suavidad desde el cielo, chocando sus gotas contra el vidrio de la ventana. El calor de ambos era suficiente como para no sentir el frio de la noche, y su tacto, era suave.

Wesker abrió un poco su boca antes de seguir besándome, sus ojos estaban cerrados y su ceño parecía fruncido, acerqué mi mano hasta su mejilla e insistí para que siguiera besándome.

- Dime que me deseas… - cada palabra que salió de mi había rozado con su boca - quiero escucharte…

- Ellen… - abrió sus ojos y redujo sus envestidas a los mismos movimientos que en un principio, lentos y profundos. El hombre beso mi mejilla y luego mi cuello. Ahora su cuerpo estaba mucho más apegado al mío. Mis pechos sintieron su calidez y mi boca llego directamente a su hombro que estaba tenso - Deseo tu cuerpo… - cada vez que hablaba, se adentraba con mayor fuerza a mi - …desde que te vi entrar a Umbrella.

- ¿Cómo soportó… tanto tiempo capitán? - Dejó de besar mi cuerpo y se levanto con tranquilidad, estando aun dentro de mí, el hombre se incorporó, dejándome ver su atractivo cuerpo superior, atrajo mi cuerpo con sus manos en mis caderas y continúo hablando con una sonrisa malévola.

- La espera valió la pena… - sus movimientos se hicieron más rápidos que antes. Una de sus manos formó un camino desde mi vientre hasta llegar a mis pechos. Sus atrevidos movimientos lograron que dentro de mí, despertara una chispa de calor, provocando que saliera un gemido de mi boca, un gemido largo y comprometedor - Albert… - pronuncie su nombre sin pensarlo. Lo único que quería, era que siguiera con su perfecto y lujurioso trabajo - Albert - repetí nuevamente, esta vez, mis ojos estaban cerrados e hice que mi espalda se arqueara levemente. Lleve mis manos arriba de mi cabeza y observe a Wesker. Respiraba por la boca, sus dientes estaban apretados, y su mirada parecía enfadada. El hombre llevo una de mis piernas hasta su hombro, y bajó hasta llegar a mi cuerpo nuevamente, los choques de su cuerpo contra el mío había cesado, ahora su cuerpo solo empujaba el mío. Subió su mano y lo llevo a mi cuello, apretándolo con cuidado, ejerciendo presión.

Después de minutos bajó mi pierna de su hombro y volvió sobre mí. Ambos nos encontrábamos en un clímax, un tenso clímax. La noche parecía no terminar nunca. En mi memoria, había quedado el completo cuerpo desnudo de Albert, su atractivo cuerpo que escondía en ese traje de los S.T.A.R.S, sin duda, un hombre de grandes cualidades.

Albert acelero el paso y lo escuche gemir - Ellen… - mi nombre de su boca. Sus manos ejercían mayor presión en mis caderas. Me mostró sus fuertes dientes mientras miraba mi cuerpo siendo completamente suyo. Ambos estábamos quedando sin aliento. Un calor llenó mi cuerpo de forma repentina y se apodero de mí, obligándome a estremecerme por completo, una sensación deliciosa y ahogadora. Levante mi mentón y cerré mis ojos para acabar de una vez por todas. Pero Albert no se quedaba atrás, de pronto se detuvo con lentitud y dejo escapar un gruñido de su apretada mandíbula, después de unos segundos, emitió un quejido como si alguien le hubiese golpeado el abdomen, Wesker había terminado con su gran actuación.

Ambos nos mantuvimos quietos, admirándonos, cansados y agotados. Ahora, solo queríamos descansar y recuperar el aliento.

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1Cerberus: Fue un B.O.W. creado al infectar a un Doberman Pinscher con el Virus-T.

Espero les haya gustado, lo hice con mucho amor para ustedes y… lamento la demora, acabo de entrar a estudiar (u.u).