Finalmente le mostraría su tesoro más preciado, estaba nervioso, si bien Izuki ya sabía que tenía una hija no podía imaginarse si reaccionaria bien o mal al conocerla.

Al llegar a la tienda entró saludando animado, intentando esconder el nerviosismo de su semblante, Shun lucía particularmente hermoso ese día, de no ser porque era una visita sorpresa podría jurar que se arregló para él, era demasiado pretencioso al pensar así, observó su cara de sorpresa cuando lo vio entrar con la pequeña en sus brazos.

—Traigo compañía, Tetsu no pudo cuidarla hoy y yo no puedo dejar de venir a comprar rosas.

El ojo de águila se quedó de piedra al ver a la pequeña, se parecía mucho a Himuro ¿Así hubiera sido su pequeño ángel si hubiera estado viva?

— ¿Es tu bebé? — Se acercó con cuidado para mirarla más de cerca, Tatsuya sonrío al ver el fascinado rostro.

—Sí, su nombre es Nanami, tiene 9 meses, está encantada de conocerte, ya lo hemos hablado y está de acuerdo con que te conquiste.

—Se parece mucho a ti, es preciosa, digo… es…

—Puedes decirlo, es hermosa como su padre. —Tatsuya se moría de risa internamente, sin darse cuenta Izuki le revelaba sus sentimientos a cada momento.

—Es verdad, si estas igual de linda que tu papi. — Le habló tomándola pequeña manito que de inmediato aprisionó uno de sus dedos.

— ¿Quieres cargarla? ella se deja, es muy simpática y le encanta que la mimen.

— ¿De verdad puedo? ¿No va a llorar?

— Adelante, no llora.

Con sumo cuidado la recibió entre sus brazos, tan pequeña, liviana, linda, su aroma a bebé, la suavidad de su cuerpecito, recordó con tristeza que aunque quisiera nunca podría volver a gestar un bebé, la pequeña de Tatsuya era hermosa, sonreía alegre mientras le pasaba las manitas por la cara.

Himuro observaba maravillado la interacción entre esas dos personas tan importantes en su vida, en eso estaba cuando entró un cliente, Izuki le devolvió a la bebé y Tatsuya quiso golpear al sujeto por interrumpir el mágico momento, le puso mala cara y al parecer el tipo se dio cuenta porque compró, pagó y se fue rápido.

— ¿Sabes Shun? estaba pensando en ir a la tumba de nuestra hija ¿Quieres acompañarnos?

— Tatsuya yo no sé…

— Somos sus padres y solo fuimos juntos una vez, no tiene nada de malo, al contrario. —Le dolió el pecho al decir eso ultimo, recordar los tiempos oscuros no era agradable, no tendrían por qué haber pasado por tanto.

— Está bien, voy a cerrar el local, Tatsuya gracias… por…por traer a la nena.

El del lunar se extrañó bastante, Shun estaba mucho mas afable y dispuesto a sus proposiciones, tal vez había empezado a ceder y su hija tenía mucho que ver, Izuki sonreía mientras la volvía a sostener entre sus brazos, se notaba que tenía tanto amor para entregarle, la sola idea de formar una familia con él lo ponía ansioso, presentía que estaba cerca de lograrlo.

Caminaron en tranquilidad calle abajo, el clima estaba agradable, ambos se sentían a gusto al llegar frente al pequeño altar se quedaron en silencio, Shun se arrodilló para limpiar algunas hojas secas de la lapida.

— Hola, es primera vez en mucho tiempo que venimos juntos, te parece raro ¿Verdad? ¿Recuerdas cuando te dije que cuidaras de Tatsuya y que lo hicieras feliz? Al parecer me escuchaste, le diste una oportunidad nueva, tienes una hermanita, me alegro mucho. — el tono dulce de su voz reflejaba que ni un solo día había olvidado a esa pequeña presencia que no pudo conocer.

— Deberías convencer a Shun de que vuelva a mi lado, es verdad que soy feliz, pero me hace falta, a mi ya no me quiere hacer caso ¿Podrías convencerlo tú? — Le habló Tatsuya dejando el infaltable ramo de rosas a un lado.

En ese momento una bonita mariposa se posó cerca de ellos, blanca como las flores que solía comprar.

— Creo que es una señal, Shun no te pido mucho más que nos aceptes, ya tengo claro tus sentimientos, sólo depende de ti, no me importa el resto, no me interesa lo que digan de nosotros, jamás permitiré que alguien vuelva a tratarte como si fueras el culpable, ya no estarás solo, te protegeré como debí haberlo hecho en el pasado, no volveré a ser débil, no volveré a perderte, por eso acéptanos Shun.

— Tatsuya, si yo volviera a tu lado, no puedo dejar a mi familia, no quiero dejar mi trabajo, no deseo cambiar de vida, aquí he podido encontrar la paz.

— Claro que lo entiendo, soy yo quien está dispuesto a cambiar mi manera de vivir por ti, lo tengo claro, me mudaría hasta la luna con tal de estar a tu lado. —El corazón le iba a estallar, finalmente sus sentimientos estaban siendo correspondidos otra vez, su hija se revolvía inquieta entre sus brazos tal vez sintiendo el golpeteo desenfrenado de su pecho.

Shun miraba al piso con duda, luego sonrío, unas pequeñas lágrimas se escaparon de sus ojos, no quería hacerlo, hasta cierto punto era patético que cada vez que se encontraran terminara llorando, Himuro le puso una mano en el hombro, conteniéndolo como debió hacerlo desde el principio.

— Ya estoy acá Shun, no te voy a dejar, estaremos juntos, haremos todo lo que nos faltó antes, esta vez bien, empezaremos de nuevo, ya has sufrido demasiado, te necesito y tú también a mí, se acabó, es momento de que seamos felices.

— pero, no puedo darte hijos, estoy roto, quebrado ¿Qué cosas buenas puedo entregarles a tu hija o a ti? no quiero hacerme ilusiones y terminar destrozado, además tú no me has perdonado lo que te hice, nadie puede perdonar así de fácil algo tan fuerte.

— Yo ya no quiero más hijos, mírala, no necesito más que a ella y a ti para ser feliz, ella es mi mundo, tú me diste cosas que jamás me habían entregado, me hiciste conocer el amor, el sentido de familia, fui feliz a cada momento que pasé a tu lado, nunca me sentiré completo si estas lejos de mi Shun, por favor, volvamos, intentemoslo de a poco, vamos lento con esto, a tu ritmo, no te voy a presionar, no te voy a lastimar, te perdono cada cosa que creas que me hiciste.

— Tengo mucho miedo, pero no quiero arrepentirme en el futuro de no intentarlo una última vez, has insistido tanto y no lo merezco, al menos quiero darte la oportunidad de que te desencantes de mí, quiero que seas feliz Himuro.

Tatsuya le tomó la mano y lo condujo calle arriba a la florería, tenía prisa, la Sra. Matsumoto ya había abierto el local, sonrió al notar las manos de ambos entrelazadas.

—Buenos días linda dama, ¿podría hacerme el favor de cuidar a mi hijita un momento? – Le entregó a la bebé, la mujer no se mostró desconcertada al contrario, recibió con gusto a la niña que le estiró los pequeños brazos en seguida, parece que por fin ese día el "jovencito persistente" lo había conseguido.

— Por supuesto, ve tranquilo hijo. — Shun miraba el piso, pero se aferraba fuertemente a la mano de Tatsuya.

— No tardaremos, simplemente quiero un momento a solas.

Salieron de la tienda sin tener un rumbo fijo, corrieron hasta llegar al lugar donde dos meses antes hablaron por primera vez.

Himuro lo estrechó entre sus brazos enérgicamente, había querido hacerlo desde hace tanto tiempo, Shun respondió al contacto, primero de manera suave, reconoció enseguida la calidez de ese cuerpo que tanto había extrañado, el olor de ese hombre siempre lo había embriagado, cerró los ojos tratando de normalizar su respiración, todavía sin creer el paso enorme que acababa de dar, estaba aterrado, pero en sus brazos podía encontrar la paz.

— No tengas miedo, ya se terminó, ahora todo irá bien, sé que vives lleno de inseguridades, pero soy yo el que se dio el tiempo de conquistarte de nuevo, nunca te dejaré ir, seré tuyo hasta que muera.

Odiaba cuando era capaz de leer sus pensamientos, claro que tenía muchos reparos.

— No me sueltes, no te atrevas, te amo Himuro, ya no quiero contenerme ahora que puedo tenerte cerca.

Estuvieron así abrazados un largo rato, solo escuchando el latir pausado de sus ahora tranquilos corazones, pensando en cuanto se habían necesitado, en que querían una vida juntos.

Tatsuya le levantó el rostro y lo besó, un beso suave y casto, lleno de sentimientos, lleno de amor, como si fuera la primera vez que sus labios se tocaban.

Ese día ambos renacieron de nuevo, el destino que se encargó de separarlos de manera cruel los unía nuevamente, pero esta vez no dejarían que nada ni nadie los separara.

/

Pasaron 6 meses, finalmente Himuro se mudó con Izuki, ahora vivirían todos en esa pequeña, pero acogedora casita en las afueras de Tokio, esa fue una de las condiciones de Shun, él no se separaría de la anciana y de la niña a las que consideraba su familia.

Mei ya tenía 10 años y se levaba muy bien con la pequeña Nanami de ahora 1 año a 2 meses, la Sra. Matsumoto se veía aun más contenta al ver que por fin Izuki había cerrado ese amargo capítulo de su vida y podía volver a sonreír con sinceridad.

Shun estaba tomando terapia psicológica, al fin después de tantos años había comenzado a reparar todas las heridas de la inmensa culpa y a comprender que a veces las cosas suceden porque sí y hagas lo que hagas no se pueden cambiar, son accidentes que hay que aprender a sobrellevar por mas difíciles y traumáticos que sean.

El ex Yosen ya estaba acostumbrado a hacer el trayecto de su trabajo a la tienda por lo que no fue un cambio tan grande, estaba contento, porque poco a poco lograba que su pareja comenzara a sociabilizar mas con la gente que lo quería y a la que por castigarse había dejado de lado.

Con respecto a su familia Himuro tuvo una extensa charla con todos, al principio estaban reacios a aceptar a Shun de nuevo como pareja de este, pero fue tanta la amenaza de alejarse de todos quienes lastimaran o culparan a su chico por el pasado, que finalmente no les quedó más que aceptar que Tatsuya había tomado su propio camino.

Kuroko estaba feliz de por fin verlos juntos a Taiga le costó mucho más asimilarlo, pero únicamente deseaba la felicidad de su hermano.

El bebé de Akashi nació, resultaron ser gemelos, por eso el pelirrojo se quejaba tanto del tamaño del bebé, fue una bonita sorpresa, dos grandes alegrías llegaron a ser aun más felices la vida de todos, Tatsuya jamás olvidaría que gracias a los consejos de sus amigos pudo llegar a concretar su dicha.

Por fin habían acabado las noches de angustia, el dolor que parecía no tener final, el padecimiento de verse castigado por su propia mano había llegado a su fin, estaba camino a ser libre y feliz.

Ambos habían ganado una familia grande y bien constituida. Visitaron la tumba de su hija, juntos de la mano, como la bonita familia que eran.

Tatsuya sonrío dejando un lindo ramo de rosas blancas, aquellas flores que le devolvieron la felicidad.

Así se terminaba ese episodio lleno de matices, atrás quedaron los dolores, el futuro de nuevo era radiante.

"Caer es parte de la vida, levantarse y seguir adelante es aprender a vivir."

FIN