10º
El fantasma de la escuela
Kimiko estaba escandalizada por tal insinuación tan nefasta. ¿Cómo se le ocurría calificar a Raimundo de un infame villano cuando él la rescató de morir ahogada? Eso no lo haría un villano cualquiera si no un héroe, si fuera villano quizá la hubiera lastimado. Pero en vez de eso la ayudó y está protegiendo su secreto extraterrestre, no la entregó al tal Chase que está por ahí tratando de cazarla para convertirla en un juguete para los científicos y el centro de entretenimiento de los humanos.
-¡Jamás, sé muy bien lo que hago! Raimundo no es una mala persona, él me ayudó cuando más lo necesité. Quiero una venganza, no quiero oír tus insinuaciones absurdas.
-Como quieras princesa, estás cometiendo un grave error y cuando te des cuenta vas a venir llorando hacia a mí.
-¿Qué está pasando aquí? –Kimiko se dio la media vuelta, Raimundo venía hacia ellos con su ropa de colegial-, ¿qué estás haciendo aquí con este individuo?
-Yo estaba... estaba...
-Estaba preguntándome de una tarea, Pedrosa, no te estoy robando la chica ni nada –gruñó Jack- aj, ¿para qué me preocupo por decirte algo? Me voy a cambiar antes que el profesor Guan me regañe, suerte Kimiko.
Jack arrojó la pelota, se fue pisoteando el piso. Jermaine fue a rescatar la pelota. Raimundo se le quedó mirando a Kimiko, extrañado.
-Ya lo oíste, mejor me voy, tengo un poco de hambre. Nos vemos, Rai.
Kimiko salió disparada como flecha antes que Raimundo le preguntara otra cosa y Kimiko no tuviera una respuesta ocurrente como Jack para entonces. El closet del conserje estaba en el piso de plata baja, era una pequeña puerta de madera cerca del salón de profesores. La linda extraterrestre procuró ser muy discreta mientras evitaba que alguien la viese pasar por allí solapadamente. Luego de su encuentro tan inesperado con Raimundo y su amigo, salió corriendo del gimnasio y cruzó el patio, luego fue al pasillo principal, devuelta a la escuela. Kimiko se asomó a la esquina. El señor que limpia sacaba una escoba y se marchaba, cerró la puerta. Kimiko esperó a que se perdiera de vista. La verdad es que la idea de Jack no era tan mala y prefería eso que cualquiera otra idea loca. Esta era su oportunidad de vengarse de Ashley. Rectando llegó al closet, lo abrió. Era un cuarto pequeño con instrumentos de limpieza, estanterías llenas de cloro y desinfectantes entre otras cosas para limpiar, también las cajas con objetos perdidos (Kimiko revisó para ver si encontraba el amuleto de la suerte perdido de Raimundo), pero se concentró inmediatamente en hallar el espray. Solo hasta que se tropezó con él, al mirar los botes de pintura. Leyó las etiquetas y se llevó consigo la que leía "color verde", siguiendo el consejo de Jack. Fue al fondo del pasillo. Buscando el casillero de Ashley, lo halló junto con las otras de sus amiguitas. Adornado terriblemente con cursilerías, Jack tenía razón. Estaba medio abierto por lo que podía husmear sus cosas.
Ashley sí tenía obsesión enfermiza con los mininos, hasta sus cuadernos eran de mininos. Soltó un bufido, volvió a meterlo todo en el casillero (nada interesante que ver) de nuevo y es cuando algo se desliza entre las páginas. Kimiko lo recoge del piso inmediatamente. Lo examina bien y cree reconocerlo. Por supuesto, era el colgante de Raimundo, lo reconoció porque lo llevaba puesto en la playa. ¿Pero cómo llegó hasta aquí?, Kimiko recuerda que Raimundo mencionó que era posible que su colgante se lo habían robado. Ashley, eso tiene mucho sentido, Kimiko se lo guardó en el bolsillo. Se lo daría, contándoselo todo. Cerró el casillero, leyó lo que decía las indicaciones, batió el espray y comenzó a rociar.
-Va a quedar muy bonito...
-¡¿Qué haces tú husmeando entre mis cosas?!
-¡Ashley!
-¿Con qué tratando de atacar mi casillero? ¡Espera a que te acuse con el director, no me lo va a creer hasta que te vea...!
-¡SUÉLTAME, BRUJA!
Ashley y Kimiko comenzaron a forcejear. Ashley cogió el espray, tratando de arrebatárselo. Kimiko lo jaló hacia ella. Lo único que faltaban es que las dos se intentaran a jalar del pelo. Pero sucedió algo peor.
-¡¿QUÉ SUCEDE AQUÍ?!
-¡Director Dashi! –exclamaron las dos.
-Mire, se lo voy a explicar yo...
-¡Pero es que nada, vandalismo contra el mobiliario escolar, eso sí que es grave, una más a su expediente Srta. Flean! Y usted Srta. Tohomiko, estoy terriblemente decepcionado de su comportamiento atroz. Las dos serán castigadas, se quedan hasta tarde limpiando la última mancha de esos horribles rayones que esa banda de delincuentes juveniles, de la que estoy seguro que ustedes forman parte, desaparezca. ¿Entendido? –rumió el director.
-Sí, señor director.
Dijeron al unísono bajando la cabeza. El director soltó un bufido de indignación, le quitó a Kimiko la botellita de espray, se marchó devuelta.
-Maldición, he quedado otra vez castigada y por tú culpa, ¡y esta vez sin hacer nada! Que te enteres ahora, yo no voy a limpiar ninguna mancha de pintura.
Ashley se marchó, furibunda. No es para menos. Pero Kimiko estaba frustrada, no se había salido con la suya, su venganza se había vuelto contra ella. ¿Por qué Ashley si podía y yo no? Esto es totalmente injusto, pensó la linda extraterrestre. Kimiko zapateó con fuerza. Las reacciones de sus compañeros de clase fueron diferentes. Luego de comer, de mala gana. Se fue a quejar con Jack. Éste estaba en el patio, supuestamente escuchando sus pensamientos. Al oír que la habían castigado. Jack replicó:
-¡No me culpes a mí!... ¿hacer vandalismo en plena luz del día con el riesgo de que todos te vean y tu primera vez, eres tonta o qué?
-Solo estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. ¡Además, tu no me dijiste!
-Sí, claro, era porque me pareció muy obvio.
Raimundo y sus amigos se enteraron tiempo después. Los tres fueron a verla, a preguntarle si era cierto. Clay y Jermaine le refrescaron que era una mala idea y aquí sus consecuencias. Raimundo no podía creer que Kimiko hiciera algo tan descabellado y tonto. Te desconozco, gruñó Raimundo. Kimiko masculló entre dientes que tenía muchas cosas en qué pensar que los regaños de Raimundo. Tomó sus cosas y se fue al salón antes de la hora. Se sentía tan patética y débil al final, con solo pensar en la cara de Raimundo se moría de la vergüenza, como pudo haberse enterado. Oh, seguramente volvía a ser la protagonista del chisme en el instituto. Ya todos los sabían. Hasta Oma hizo un espacio para escaparse de sus deberes de delegada para verla.
-¡¿Kimiko, como es eso que te han castigado con Ashley?!
Tal y como lo pensó. Oma tampoco estuvo de acuerdo con sus planes de venganza y con un poco de crueldad, se mostró de acuerdo con la decisión de su papá. Kimiko puso los ojos en blanco. Oma le dijo que el conserje tendría para ellas los productos de limpieza. Luego de eso, a culminar con sus actividades del día. Bueno pudo haber sido peor, se consoló Kimiko pensando que el directo pudo llamar a Agatha para citarla sobre su conducta vandálica. La linda extraterrestre sintió como las horas le pasaron volando. De pensar que tendría que quedarse al final de clases con la peor de los humanos, le era una entera pesadilla. Decidió esperar a Ashley en el pasillo principal. Primero vio a Jack, recogió sus cosas y se marchó. La miró, puso una mueca. No sabía que quería decir con aquella mueca si lástima o como si quisiera decir: ¿Qué se puede hacer? Suerte, luego vino Oma, cargando sus cosas saliendo con su curso. ¡Ánimo!, fue todo lo que pudo decirle. Seguidamente Raimundo y sus amigos se le acercaron. Kimiko se le quedó mirando con ojos de cachorro. ¿Aún estará molesto por lo que le hice?, se preguntó a sí misma. Raimundo miró a sus amigos, les hizo una seña. Y cada quien se fue, le desearon suerte a Kimiko en un susurro. Apenas se quedaron solos, la chica le devolvió su colgante.
-Ten, lo encontré en el casillero de Ashley. Ella fue quien te lo robó.
-¡Mi amuleto de la suerte, muchas gracias peinados locos! –Kimiko sonrió de oreja a oreja. Silencio los próximos cinco minutos que se quedaron viendo a los ojos.
-¿Y bien?
-No vayas a quedarte muy tarde, Kim. A las diez de la noche tengo mucho sueño –Kimiko sonrió de oreja a oreja, bajó la mirada y luego miró los ojos de Raimundo. ¿Cómo puede ser él un villano con tan adorables ojos? Se paró de puntitas, quería que Raimundo le diera un beso en sus labios carnosos. Éste se rió entre dientes, se inclinó, tomando el rostro de la extraterrestre y besó su frente dulcemente. Kimiko abrió los parpados, sobándose la frente. Raimundo se marchó. En eso llegan las gemelas amigas de Ashley, agarradas de brazo, se detienen a mirarla y con desprecio desvían su vista y siguen caminando. Kimiko soltó un bufido. Justo entonces Ashley llegó.
-¡¿Dónde estabas, Químico, pretendías escaparte y dejarme el castigo para mí sola?!
-Es Kimiko, no pretendía escaparme, te estaba esperando aquí.
-Mentirosa, eso no es verdad… –replicó Ashley mordazmente-. Vente, sígueme, te llevaré a dónde están las pintadas, pero te advierto que no voy a restregar ninguna mancha. No voy a estropearme la manicura por algo de la que no soy responsable.
-Espera, tengo que ir en busca de los productos de limpieza que el conserje tiene que darnos para limpiar las manchas de pintura –gruñó Kimiko. Ashley graznó y cruzó los brazos. La linda extraterrestre fue con el conserje y le explicó su situación. Este dio a las chicas trapos, cubetas y esponjas. Luego Kimiko siguió a Ashley hasta el final del pasillo, le mostró las manchas de pintura y tal como le había advertido, se fue. Hablar con ella y convencerla de que esto era un trabajo de las dos, no tenía ningún sentido ya que tenía razón en una parte.
Kimiko nunca había visto tantas "obras de arte" en un mismo sitio, algunas no podían irse fácilmente y tenía que usar otros productos más fuertes. Pintaron de todo: grafito, dibujitos de calavera, palabrotas, tonterías. Era un trabajo que le llevó bastante tiempo. De no ser por dos hubiera terminado antes, se quejó Kimiko que trataba de hacer que su trabajo fuera más divertido. Comenzó a cantar una canción que la tía escuchaba en el sábado, si era divertido mientras se bañaba, aquí podría ser igual. La frente de Kimiko se perló del sudor. Tenía que parar algunas veces para respirar y descansar, estaba muerta del cansancio. Nunca trabajó tan duro como aquella vez. En su planeta ni hacía estos deberes tan pesado, aunque aquí en la Tierra parecía más difícil. Kimiko se quedó restregando en el patio, al final del pasillo, a principio y en el segundo pasillo del primer y segundo piso. Ya había cantado todas las canciones que se memorizó y ahora improvisaba algunas nuevas, tal vez debía anotarlas y mostrárselas a Raimundo. Kimiko se tiró al suelo, cansada.
-Uf, he terminado.
Kimiko se levantó. Dios mío, ¿ya había obscurecido? Chequeó con el reloj del instituto, era más de las siete y media de la noche. El instituto de noche daba miedo. El viento silbaba en los pasillos, se escuchaba el rechinar de las puertas, todo estaba solo y muy oscuro. Casi ni podía reconocer nada ni caminar sin evitar tropezar. Resistió ante el impulso de sacar sus antenitas y mirar en la oscuridad. Kimiko metió las esponjas en las cubetas y se llevó los trapos a los hombros, los devolvió en el cuarto de mantenimiento. Ahora a buscar a Ashley, mientras iba limpiando no la encontró, se desapareció del mapa por completo. ¿Será tan descarada para dejarme?, pensó Kimiko buscándola. Temblorosamente siguió caminando, el instituto de noche le recordaba a esas terroríficas películas que había visto con Raimundo la otra vez, ya se había olvidado de ellas, pero esto... Kimiko regresó al hueco de la escalera girando sobre sí misma, no sabía porque tenía esa sensación de que algo la estaba viendo.
-¡Oye tú!
-¡Por Dios, Ashley casi me matas del susto! ¿Qué pensabas cuando caminabas hacia acá?... –Kimiko se llevó la mano al pecho, tranquilizándose.
-Vine a buscarte porque ya son más de la siete y media, sí que eres una retrógrada, ¿todavía no has terminado?
-Mira, cállate que no estoy de humor para tus comentarios peyorativos, hubiera terminado mucho antes si cierta Ashley me hubiera ayudado a limpiar... Vamos a salir de aquí –graznó Kimiko. Ashley puso los ojos en blanco. Las dos iban camino hacia la puerta cuando justo que iban hacia la luz, retumbó como eco un turbador sonido que erizó los vellos de la nuca.
-¿Qué fue eso?
-No lo sé, parece que vino de por allá… –el escalofriante sonido, similar a una carcajada se oyó de nuevo. El corazón de Kimiko palpitó fuertemente. Esto era exactamente como en las películas de terror de Raimundo. Pero no puede ser, escucharon otro ruido era algo que se caí con estrépito contra el suelo, algo de metal. Escucharon otro ruido en seco, iba y venía como rebotando. Alguien más estaba en el instituto a estas frías horas de la noche.
-Volvió a oírse.
-Sí ya lo sé, no estamos solas aparentemente.
Algo volvió a callar a Kimiko. Ashley giró sobe sí misma. La sangre se heló en sus venas cuando una espectral sombra venía hacia ellas. Un par de ojos rojos resplandecían ante ella en la oscuridad. Se oyó el grito de una niña de esas películas de terror. Las dos pegaron el grito de sus vidas y salieron disparadas corriendo como locas hacia la puerta, saliendo a toda marcha fuera del instituto. Kimiko no podía creerlo. Los fantasmas existen, Raimundo no tenía razón. Seguramente ni él ni la tía o nadie le creería lo que vio, pero Ashley también lo vio, tenía una testigo a su favor. ¿Pero un fantasma en el instituto? Hasta la idea le suena ridícula, jamás lo creería si se lo dijera a alguien. Esto no tenía ningún sentido. La creerían una lunática y le darían calmantes. Presentaba las mismas características que un espectro. La risa macabra, los ruidos por la noche para asustar a cualquier viviente, los ojos brillantes e infernales color rojo y las horas de la noche... Nunca se había asustado tanto en su vida, su pelo se tiñó de un color blanco puro. Debía hablar de esto con alguien...
Ya era martes, hablar no era tan fácil como parece, Kimiko le contó a Agatha de primera lo que había visto en aquella noche. Agatha no le creyó, atribuyó que era imaginación suya o tal vez porque estaba muy obscuro no pudieron distinguir quién era la sombra. Habló con Raimundo. Éste tampoco le creyó. Se rió cuando Kimiko le comentó que escucharon unos ruidos extraños anoche y una risa escalofriante y apareció una sombra humana. Raimundo tosió de inmediato para tapar una risa.
-Recuerda que dije tal vez era un fantasma, lo que sea, había alguien ahí…
-Peinados locos, esas películas de terror te afectaron bastante, los fantasmas no existen, hija mía...
-Te lo aseguro, Rai, estaba con Ashley luego de terminar de restregar yo sola al principio del pasillo todas las pintadas y nos ocurrió. ¡Nos fuimos corriendo! ¿te dice algo? ¿has visto algo raro ahí?
-Ahora que lo pienso...
-¿Sí?
-Me acuerdo que existía un rumor de que anteriormente este instituto era una iglesia, y ahí mismo donde construyeron las escaleras, se dice que un monje fue ahorcado hasta la muerte y desde ese día se puede oír sus risotadas que fueron sus agonizantes gritos de ultratumba, su fantasma habita por estos corredores...
-¿En serio? –Raimundo estalló a risas. Kimiko se avergonzó.
-¡Claro que no, pareces tontita a veces! Los fantasmas no existen –repitió-. La oscuridad, el cansancio, el miedo y la falta de sueño hicieron que el subconsciente les traicionara, por lo que les jugó una mala broma creando un espejismo, ¿entiendes lo que pasó?
-¡Pero yo no lo imaginé, Ashley también lo vio!
Kimiko arrastró a Raimundo hasta donde estaba Ashley, que estaba sentado tranquilamente en el patio afinando su guitarra. Ashley estaba con sus amigas chismorreando, cosa rara del asunto. Kimiko la obligó a decirle lo que había visto esa noche a Raimundo. Pero Ashley lo renegó todo absolutamente. Haciendo ver que Kimiko fue la única que corrió esa noche por nada. Kimiko sintió un profundo rencor hacia Ahsley. ¡Si ella también corrió! No fue capaz de seguir ahí soportando tanta vergüenza. Se fue sin mirar las caras de Raimundo y Ashley. Incluso le comentó a Jack lo que había visto, a lo mejor él si le creía. Pero se equivocó. Él no le creyó tampoco, posteriormente de vacilarla que se había olvidado que fue castigada el día anterior. Manejando una terminología avanzada le aclaró que los fantasmas no existían.
-¡No nos pudimos habérnoslo inventado las dos! Voy a investigar.
-¿Por qué quieres investigarlo? ¿en verdad crees que los fantasmas existen?
-Quizás, en todo caso había alguien ahí y voy a descubrir quién es el bromista que le gusta asustar a horas de la noche.
Kimiko fue de nuevo al pasillo en busca de cualquier cosa equívoca. Lo único que vio fuera de lo normal fue una colilla de cigarrillo. Su pista. Ella sabía cuál era el final de los héroes que se disponían investigar sobre el atroz fantasma, era un final feo, empero, si demostraba a todos de sus pruebas y seguía con su pequeña investigación podría demostrar que ella no se imaginó ninguna cosa. Planeó regresar en la noche al mismo lugar por si volvía aparecer. A pesar de que le mostró la evidencia tanto a Raimundo como a Jack, ninguno de los dos seguía sin creerle. Era inaudito pensar que los fantasmas fumaban. En la hora de recreo, fue la primera en salir disparada hacia el salón de los delegados con Oma. Ella menos creía en los fantasmas. Kimiko le preguntó si había cámaras en el instituto o un vigilante nocturno, si la cámara captó algo o el vigilante vio algo podría demostrar que sí hay algo espectral recorriendo el colegio por la noche. Oma asintió con la cabeza, pero no tenía acceso a las cámaras y no conocía muy bien al vigilante como el director, si bien era cierto que era casi siempre la última en irse, pero el vigilante venía muy tarde... Por eso el director se quedaba hasta lo último. Kimiko soltó un bufido. Entonces la única manera que tenía para cazar este fantasma era volver esta misma noche y comprobar si volvía... Oma pensaba que era mejor tirar esa idea a la basura y olvidarse de todo, su investigación no daría ningún resultado.
-Ya veremos quién ríe de último –dijo Kimiko antes de volver a clases justo cuando tocó la campana. Kimiko casi no estuvo pensando en sus deberes esa mañana si no en el fantasma. Aquí hay un misterio muy misterioso y enredado, y yo lo voy a descubrir, dictaminó ella. No tuvo que irse a casa ni nada por el estilo, hoy era día para estar en el club de música, por lo que se quedaría a escuchar a Raimundo y a su banda y colaborar con el club en cualquier cosa que se necesite, mientras buscaba el instrumento que le favorecía.
Al anochecer ese mismo día, después de asegurarse que la última persona en abandonar el colegio fuera el director, efectivamente se quedó hasta las cinco de la tarde trabajando tras su oficina. Escribiendo unos documentos, trabajando en el ordenador, hablando a su mujer por teléfono, bebiendo café, dándole de comer a su lagarto y acariciándolo mientras hacía su trabajo, y revisando unos papeles importantes. Kimiko soltó un bufido. Parece que nunca se va a quitar de ahí. La chica recordó la vez en qué le preguntó a Oma si porque trataba de mantener oculto que era la hija del director, si resalta a la vista. Oma suspiró.
-Sí, es obvio que si estoy inscrita aquí todos pensarán que es por las influencias del director, pero no queremos que nadie piense que el director tenga preferencia conmigo porque soy su hija, queremos mantener nuestros problemas de casa en casa y los de aquí, que se resuelven aquí. Mientras estemos aquí seremos alumno y director.
-¿Tú padre antes trabajaba como profesor?
-Sí, ocupaba el puesto del profesor Fung aquí mismo. Una vez le pregunté por qué decidió ser profesor y me contó una anécdota de mi abuela y él, le hizo la promesa que trabajaría de profesor porque él era un flojo y quería un trabajo donde no tuviera que moverse mucho, en donde se pasara el santo día sentado. Y bueno... lo logró...
Kimiko tuvo que ocultarse cuando el director recogió algunas pertenencias personales y se marchó, cerró la dirección con llave. Se fue silbando jovialmente caminando hacia la puerta de la escuela. Después se quedó a esperar que atardeciera un poco más. Había traído unos bocadillos consigo para comer. La extraterrestre no portaba una linterna para alumbrar los pasillos mientras esperaba a que el fantasma viniera. Sacó sus antenitas y que éstas abran el camino hacia la luz. Anocheció. Bueno aquí estoy, fantasma, fantasmita es hora de salir, no tienes por qué temer, llamó Kimiko caminando. No pareció que el fantasma volviera, ya era más allá de la hora en que se apareció y nada anormal. Hacía frío aquella noche. Podía entretenerse viendo a los coches pasar rápidamente, los pozos de agua salpicaban, ya que lloviznó alrededor de las cuatro de la tarde. Kimiko suspiró derrotada. Parece que hoy no, Kimiko se negaba a admitir que Raimundo, Jack y Oma tuvieran razón. Estoy segura de lo que vi esa noche, a punto de irse por la ventana escuchó un ruido. El de una puerta abierta.
-¡Ajá, lo sabía! Si hay fantasmas.
Otra vez aquellos ruidos extraños. No hay sombra. Kimiko caminó en busca de pistas. Hay otra cosa que no había antes. Un pote vacío, una mal encestada en la papeleta de la basura. Miró la etiqueta. Se leía pudín de chocolate. Un ruido nuevo. Kimiko se volteó. Un crujido rechinante. Viene de ese salón. A medida que se acerca oye pisadas. Siente que algo la está siguiendo. ¡El fantasma de Natre viene del más allá a molestarnos! La puerta se entreabre. Las piernas de Kimiko tiemblan como gelatina. Ay mi Jesucristo bendito, no me hagas esto, respiró entrecortadamente. Kimiko sale corriendo por la salida antes que la infernal sombra se asome por la puerta...
Estúpida Kimiko, estúpida, estúpida, estúpida, ¡¿qué te costaba permanecer unos minutos más?!, se martirizaba Kimiko. Se sentía como una cobarde por haber huido de esa forma en el justo momento que podría comprobarles a todos que un fantasma rondaba en el colegio a ciertas horas de la noche, escapó al dejarse que el miedo la tomara presa. ¡No es justo!, voy a volver a ese lugar a buscar las pruebas que necesito, aunque pensándolo bien... Si hubiera vuelto y confirmado la presencia del fantasma por mí misma, no serviría de nada porque seguirían sin creerme, debo hacer que me crean, mostrándoles el fantasma y como sé que no van a quedarse conmigo toda la noche. Kimiko le pidió si existía algo que pudiera captar imágenes.
-¿Te refieres a una cámara?
-Sí, ¡eso!
Kimiko le dijo que la necesitaba para una tarea. La tía Agatha vaciló, buscó entre sus cosas y le encontró su cámara, le enseñó cómo usarla. Los extraterrestres tienen la facultad de asimilar rápidamente. Agatha le dejó claro que tuviera mucho cuidado con aquella cámara, era la única que tiene. Kimiko así se lo prometió. Se preparó, decidida, era día miércoles y su tercera oportunidad de cazar al fantasma. No lo dejaré ir, se prometió a sí misma. Fue a la escuela. A la "escena del crimen" como lo llamaba ella a veces. A tomar fotografías.
-¿De nuevo estás con eso? –Kimiko reconoció la voz de Raimundo.
-Sí, a que no adivinas lo que pasó.
-No adivino, dime ¿has visto algo?
-No lo vi, pero lo oí, escuché los mismos ruidos. ¡Mira lo que encontré!
-¿Pudín, así que descubriste que los fantasmas comen chocolate? Kimiko, estoy preocupado por ti, deberías dejar eso no es sano. Te enfermarás.
-No me importa, seguiré investigando hasta que cambies de opinión.
Raimundo soltó un bufido. Kimiko para ser una extraterrestre mujer era bastante obstinada. Kimiko mostró lo que había encontrado tanto a Oma y a Jack. Oma opinó que no le parecía una prueba congruente, cualquier estudiante pudo haber comer chocolate y tratar de arrojar la basura encestando. Jack, por el contrario, pareció impresionado.
-¡Ese es mi pudín de chocolate!
-¿Tú pudín de chocolate? ¿así que eres tú quién ha estado merodeando por los pasillos de la escuela de noche? ¿eres el fantasma?
-¡Por supuesto que no! –negó Jack.
Kimiko presentía que Jack le estaba ocultando una verdad que no quería que supiera. Quizá él sabe quién es el fantasma y no me lo quiere decir, no importa le tomaré una foto y asunto resuelto, pensó Kimiko. La extraterrestre esperó pacientemente que las horas transcurrieran tranquilamente, esperando que fuera más tarde y viniera la noche. El fantasma come pudín de chocolates y fuma en los pasillos de la escuela, eso sin mencionar que le encanta hacer ruidos tenebrosos en horas de la noche para asustar. Bueno quizá no es un fantasma, pero si hay alguien husmeando, ¿haciendo qué? Lo descubriré hoy. Kimiko estaba tan centrada en averiguar qué estaba pasando que hasta ignoró las burlas de Ashley y sus amigas, comía y escribía en los cuadernos ensimismada, fue extraordinario que aún pudiera contestar a las preguntas de su examen de ciencias de la tierra. Había estudiado arduamente para pasar con sobresalientes aquel examen para poner a Raimundo orgulloso de ella. Los extraterrestres tenemos muy buena memoria y las preguntas no se me hicieron tan difíciles, mi capacidad de análisis quizá no es perfecta, pero sí aceptable, han pasado cosas últimamente que me ha distraído un poco, yo espero salir bien, pensó mientras entregaba. Como el examen estaba a última hora pudo salir temprano del instituto a ir al bazar a comprar algunos aperitivos para esta noche. No tengo prisa, puedo volver más tarde, Kimiko se detuvo a observar tiendas de ropa y de zapatos. Le encantaba bastante la moda, casi se memoriza los consejos y tips que dan en las revistas de tía Agatha. Regresó casi a las cinco de la tarde. El director no se fue todavía. Kimiko se gastó las galletas saladas (libres de calorías que pudieran engordarla) en lo que restaba de un par de horas. Esperó que el instituto recobrara el sombrío aspecto que tenía por noche. Y esperó y esperó... Kimiko casi se queda dormida, por el asunto de aquel fantasma se trasnochó dos días seguidos, las pesadillas sobre fantasmas que tuvo en el día que vio las películas de terror con Raimundo reaparecieron en sus sueños otra vez. Ahora si me enfrento al fantasma podré librarme de esos sueños feos, pensó Kimiko semidormida.
Apoyó su cabeza de la pared mientras estaba sentada en las escaleras con la cámara entre sus dos manos. Todo tranquilo. 6: 00 PM, 6:30 PM, 7:00 PM, 7:30 PM... 8:00PM... Otra vez aquel escalofriante ruido. Kimiko levantó la cabeza, mirando hacia todas partes, se dio la vuelta y se recogió el pelo tras la oreja. No te asustes Kimiko, tienes que ser valiente, no corras, no corras, se pidió a sí misma. De nuevo se oyó, pero era esa escalofriante risa. Su corazón se desbocó de los nervios. Esas pisadas suenan de nuevo. Kimiko se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con esos deslumbrantes ojos rojos que la veían fijamente. Es el fantasma. Tenía razón. ¡Ajá!, Kimiko fue rápida y le tomó una fotografía.
-¡Te tengo, eres mío señor fantasma!
-¡¿Fantasma?! ¡¿de qué demonios estás hablando, chica loca?! Aj, maldita sea creo que me cegaste la vista.
-Pero yo te conozco, esa voz la he oído antes... –Kimiko escudriñó la mirada. Pero Jack se estaba restregando los ojos con fuerza- ¡Jack! ¡¿así que tú eres el fantasma que viene a la escuela a rondar los pasillos de noche, asustando a muchachitas indefensas?!
-¡¿QUÉ?! Maldición, mis ojos están hinchados, yo... yo no soy ningún fantasma...
-¿Pero eres quién vimos Ashley y yo en el día en que nos quedamos castigadas?
-Bueno... sí... tal vez...
-¡¿Pero por qué?!
-En primer lugar yo no soy ningún fantasma ni me la doy, en segundo lugar no ando por ahí caminando y haciendo ruidos extraños para asustar a la gente como dices.
-¿Entonces a qué vienes en la noche al colegio?
-No me queda de otra, ven te lo muestro.
Jack la llevó a una habitación abandonada, bueno ni tanto, era más bien un taller de trabajo donde había maquinarias en vías de construcción y otras terminadas, un mesón de madera con unos planos y bosquejos de un diseño arquitectónicos de aquellas máquinas desde unos aparatos que jamás había visto hasta robots. Algunos enrollados y anudados a una cinta, dentro de una caja de cartón al lado del mesón, una caja de lapiceros estaba sobre el mesón. Una pequeña lámpara con luz opaca titilaba sobre ellos. Ahora que lo contemplaba mejor en la luz, la vestimenta de Jack fuera del colegio era como daba entender en horas de clase: Una camisa roja desahogada sin mangas con una imagen de Frankenstein, unos pantalones con numerosos bolsillos negros holgados, unos enormes zapatos pesados negros con cierre mágico, brazaletes negros que llevaba en ambas muñecas dándole un aspecto gótico, sobre su silla de ruedas, una chaqueta negra. Notó un pote de pudín de chocolate sobre el mesón muy similar al que encontró la otra vez cerca de la papelera. Jack se rascó la cabeza.
-¿Qué tal, eh? Es hermoso, es pintoresco, no hace falta que expreses tus palabras de pasmo inexplicable.
Le explicó que originalmente aquella aula era el salón de mecanografía, sin embargo, algo pasó y la cátedra se anuló. El salón quedó vacío. Jack, con ayuda de Oma, se agarró el salón para sí mismo y sus inventos. Le dijo que todas esas máquinas las había construido él. Venía por las noches al encuentro de sus pequeños amigos surrealistas en ese espacio tan sosegado. En su cuarto no tenía mucha amplitud y a veces pasaba sus horas en el sótano, pero por las fiestas de sus padres era algo agitado encontrar algo de paz, calma y serenidad.
La familia Spicer era gente de dinero, le explicó. Añadió que disfrutaba de un buen pudín mientras hacía sus creaciones, en aquella noche salió a botarlo en la basura. La puerta está tan vieja que a veces rechina cuando la abras o la cierra, el motivo de los misteriosos ruidos de la noche anterior. Kimiko comenzó con el interrogatorio. Los ruidos por la noche, Jack le respondió que era él trabajando, por lo general no hace mucho ruido, pero cuando estás creando un robot y sacudes un brazo y éste emite un crujido, necesitas engrasarlo. Preguntó por la risa macabra, el ruido de algo cayéndose y el grito de niña. Jack, avergonzado, le dijo que era él: La risa macabra era su risa, el sonido de algo metálico caerse era la llave inglesa, la dejó caerse accidentalmente y el grito de niña era porque la llave aterrizó en su pie gordo y eso le dolió mucho. Escuchó las pisadas (los pasos que Kimiko oía eran de Jack, dando vueltas alrededor de su máquina) de Ashley y de ella y salió a ver, apenas lo vieron en esa oscuridad creyeron que era un fantasma y salieron corriendo antes que Jack pudiera hablar con ellas. Para rematar, le dijo que supuestamente no debía estar ahí, es un secreto que solo Oma y él tenían, ya que Oma era quién lo dejaba entrar en el instituto, clandestinamente se ponía a trabajar en su taller cada noche y se supone que nadie debería saberlo. Y la colilla de cigarrillo. Jack suspiró antes de admitir que entró al vicio de fumar desde hace algunos años, no es tan descuidado, pero esta ocasión particularmente lo fue.
-Como sabía que no ibas a parar con tus investigaciones hasta descubrir a tu fantasma, tomé la decisión de salir y confesarte todo. ¿Verdad que este secreto se quedará en estas paredes?
-Claro, prometo guardar tu secreto.
-Me encantas, Kimiko Tohomiko, eres muy linda cuando te portas tan obediente. El tonto musculoso de Raimundo no tiene idea de la belleza que tiene al lado, mejor para mí –se rió. Dándose la vuelta a trabajar en sus planos con un lápiz a la mano, Kimiko se abrazó a sí misma y miró alrededor de su taller.
-Tienes... tienes un bonito taller...
-Sí, lo sé, es hermoso –Jack se interrumpió a sí mismo cuando oyeron unos ruidos, Kimiko arqueó una ceja. Alguien más quería ser fantasma-. Esto se está poniendo interesante, Srta. Tohomiko, ¿quién vino contigo?...
A/N: Thriller, thriller at night!... Está bien, es que pensé que le daría más dramatismo a la cuestión si improvisaba este famoso tema de Michael Jackson. Este capítulo fue la inspiración de noche de brujas, pero no lo hice con esa intención. Nuevamente Kimiko juega a la detective. Jack descubre para Kimiko una faceta que nadie conoce, pero ya nosotros sabíamos: La de su pasión por el pudín y su afición de armar cosas. Apuesto que mi truquito no los alarmó, pero como ese no es el misterio no me voy a preocupar de nada. Lo vuelvo a decir, Jack me encanta como personaje. ¿Quién estará en el instituto a estas horas de la noche? Vimos la explicación de por qué Dashi es director y me pareció que se aplica bastante bien, en realidad esa idea la saqué de un pariente mío que también es profesor y le explicó a su madre lo mismo que Oma le dijo a Kimiko. Se adapta al personaje. La venganza contra Ashley fracasó y en su lugar dio origen a esta aventura que tomó tres días en la escuela. Tranquilitos, que todavía queda fic para que pensemos como nos vengaremos de esta rubia infame.
¿Cuáles episodios son buenos? A mí me gusta el episodio que viene, pero también está los episodios gemelos: ¡Sincronicemos el sonido! Parte I y Parte II Y luego la trilogía de episodio que le sigue: La enmascarada perfecta. Este fic para ser un drama escolar, me gusta mucho. Y ya que esto es un songfic también les tengo como tres canciones por ahí preparadas. Una inspirada en una mezcla de Happy Fate y My Wish is Live in the Future y la otra inspirada en Mei Lin y Hey Juliet! Hay una canción por ahí que hace una referencia a la serie: Earth, Wind, Water, Fire and Wood... ¿Por qué será?, ¿por qué siempre los dramas escolares incluyen bandas? Ahora que lo estoy pensando ¡creo que encontré un título perfecto para la banda de Raimundo!
Enhorabuena mis malvaviscos asados, hemos llegado a mitad de este hermoso fic ¿no están emocionados que estamos casi en etapa cumbre? El capítulo que viene veremos el desenlace de esta aventura y déjenme decirles que el capítulo que viene es demasiado importante como para no tomarlo como un simple episodio, no, tienen que estar muy atentos a cada detalle del capítulo que viene ya que contiene la pieza clave de entender este rompecabezas que les he dado. No es nada sorpresa, ustedes ya saben de qué trata si han leído los capítulos anteriores del fic: Fiesta de cumpleaños a último minuto. No se lo pierdan. Tremendo capítulo. ¡Nos leemos hasta el próximo capítulo!
PD: Uf, pues en esta semana no me han mandado mucho, pero estoy abarrotada de examen. Ya escribí el capítulo 1 de Mamma Mia porque hace tiempo que tenía ganas de ver cómo me quedaba el episodio, a lo mejor lo publique a finales del 2013 (lo malo es que ya un fic termina en diciembre y otros comienzan a principios que son Xiaolin Chrismast Carol y La traición conoce mi nombre), así que mejor prefiero publicarlo en el 2014, en Enero específicamente cuando esté terminando el Príncipe de los Monstruos. ¿Por qué el apuro? Porque francamente me gustaría que conocieran el fic, puedo decir con absoluta franqueza que es diferente a todo lo que he hecho hasta ahora y me encantó, la historia es adorable. Además de que hay autores que tienen como 5 historias por actualizar, pero estas se toman su tiempo (actualizan después de cada cuatro meses). Me gusta muchísimo el prototipo de villano que hace Jack, es diferente al acostumbrado (tanto por medios de Tv como mis fics), se parece en cierto punto a Teresa Cristina. Jack es un niño atrapado en el cuerpo de un hombre adulto, a razón de sus traumas de niño sume sus penas en alcohol (sí, Jack es alcohólico en el fic), Jack no ataca al menos "que se sienta atacado", pero lo más curioso de él: Sus perturbaciones mentales que tomarán decisiones importantes en el fic (Jack no está del todo cuerdo).
Aún sigo buscando título mientras tanto se queda Mamma Mia, hay autores que ponen unos títulos raros (como si fueran frases sacadas de su texto) y otros que ponen títulos impactantes por lo que me atrevería decir que La traición conoce mi nombre es el título más contundente, superando a Yo contra el mundo. Aunque hay autores que ponen títulos que no tienen nada que ver con el tema porque dicen que eso atrae más al público, pero a mí me parece una locura. Pienso que el título tiene que relacionarse con la historia y debe ser impactante. Este se relaciona en cierto modo con la lectura: Cosmic (de Cosmos, universo, espacio donde abundan los extraterrestres) Love (amor, el fic es una comedia romántica). Y suena bien. ¿No lo creen?...
