DESCLAIMER:Los personajes y situaciones narradas en ésta historia no me pertenecen, ésto es propiedad de Fernando Gaitán y RCN, yo solo escribo para mi entretenimiento y sin fines de lucro.

Dedico éste capítulo a mi querido amigo Andrés, que pertenece al grupo de Betty fans y a quien espero se recupere muy pronto de su accidente 3

Aquí es donde las cosas comienzan a ponerse complicadas para Armando y su empresa, pues ya sabemos el endeudamiento que va a tener y la empresa alterna que se creó para esos fines. Solo espero que las modificaciones que le hice, no sean de su desagrado.

Cabe aclarar que donde empiezan una escritura en "cursiva" así como ésta, se trata de un recuerdo, con eso dicho, pongámonos a leer.


Capítulo 9

— Tan divino, tan divino — se sonrió Beatriz.

— ¿Quién es divino? — se asomó por la puerta de la sala de juntas hacia la oficina del presidente de la empresa, se mordió el labio para evitar soltar una risotada al ver que la colombiana pegaba un salto — ¡Ya sé! Tu novio el Dr. Mendoza — le guiñó un ojo acompañándola hasta su cueva.

— No diga eso, donde la escuche Doña Marcela, me mata a mí y de paso a usted — rió de aquella manera tan graciosa y la castaña no dudó en dejarse caer en una de las sillas de esa oficina.

— No más de lo que hubieran querido hacerlo contigo, si se enteraban de la comisión por un tercero, además yo tengo "powers"*, las probabilidades de que algo me pase, son nulas — colocó dos dedos sobre sus sienes con una mueca graciosa en los labios y cerró los ojos — Sé de buena fuente, que estás por abrir una empresa alterna — abrió un ojo para mirarla y sonrió ampliamente cuando notó su cara de incredulidad.

— Qué cosas dice, es mejor que regresemos a trabajar — apresuró a deshacerse de la chica, aunque dudaba fervientemente que tuviera "powers" era muy probable que hubiera escuchado todo desde la sala de juntas.

— Sabes Betty, mis "powers" rifan — se levantó graciosamente de donde se hallaba sentada y se detuvo en la puerta del ex almacén — pero tranquila, que tu secreto está a salvo conmigo — movió las manos con aquella distinción de la que era poseedora y regresó a su oficina a través del pasaje por el que había entrado.

Acomodándose en la oficina que compartía con el Dr. Calderón, se enfrascó de inmediato en los informes referentes a ciertos puntos de venta que los ejecutivos estarían visitando después de la colección, se mordió insistentemente el labio subrayando las cláusulas que no terminaba de comprender. Era más que evidente el hecho de que el presidente de la compañía quisiera asegurar la empresa con una persona de confianza, aunque ello implicara comenzar con el juego de seducción.

Cerca de las 7 de la noche, la muchacha se apresuró a llenar los bordes de aquellos contratos con sus anotaciones, ofrecer cierta calidad y no llegar a cumplirla, provocaría el rompimiento del convenio y por tanto, la indemnización a los clientes. Desde hace una hora, había notado la mirada insistente de su jefe y cuando fue la hora de irse, colocó sus informes delante de aquel hombre.

— ¿Hemos terminado ya? — preguntó Mario con esa sonrisa sugestiva, que invitaba a cualquier mujer a pecar con él, Esmeralda se sonrió con cierta picardía y asintió sin despegar la vista de las orbes chocolates del galán.

— Así es, doctor, ¿no cree que debería revisarlos? — apuntó de la manera más suave posible, además de señalar con la punta de un bolígrafo, cada una de las anotaciones que se encontraban al margen de la hoja.

— No quisiera desperdiciar mi tiempo para revisar, con trabajo de la oficina — se levantó de su asiento acercándose a donde la mexicana mantenía firmemente sus manos, la castaña tuvo que levantar levemente la mirada, pues así podía apreciar con mayor detenimiento, la altura a la que era acreedor. Se relamió los labios coquetamente.

— En ese caso, es muy posible que su novia desee que utilice en ella, ese tiempo para revisar — se sintió culpable de haber roto con el encanto del momento, aunque se concentró en no soltar la carcajada o se evidenciaría — aunque no tengo claro a cuál de las dos verá ésta noche — alejó su cuerpo de la tentación y giró la perilla de la puerta — estoy segura de que Patricia o Aura María, no tendrían inconveniente en compartirlo.

— Espere, espere, usted no se puede ir así y no decirme como se enteró de eso — detuvo la manija al estirar su brazo, aún había un escritorio de por medio, que le impedía moverse sin que tuviera que echar una carrera para evitar que su asistente saliera de la oficina — ¿No me diga que Aura María se lo contó? ¿Ya lo sabe todo el cuartel?

La preocupación se notaba a leguas en su semblante, Esmeralda no iba a desperdiciar la oportunidad de hacerlo sufrir un poquito, después de todo, Patricia se encargaría de ello más adelante — Doctor, Aura María es demasiado discreta con sus pretendientes, pero es muy habladora, lo único que se reserva es el nombre, por otro lado… — dejó en paz la puerta, para volver a su posición original — le recomiendo que no juegue con ella, suficiente ha tenido con conservar éste empleo, como para que usted le pinte el mundo de colores y luego no le cumpla.

Aseveró de la manera más delicada, reduciendo la distancia hacia los apetecibles labios de su jefe y se detuvo a un par de centímetros de él — ¿Le quedó claro, doctor? — lo miró asentir y después la vista hacia su boca, a la espera de que la chica terminara lo que había empezado, sin embargo, tan pronto como empezó, terminó. La Galván ya había dejado la oficina y en ella, a un Mario muy desconcertado.

Con la satisfacción de haber ganado una batalla, se dirigió al escritorio de la peliteñida, esperando el momento en que ella le hablara desdeñosamente, como era su costumbre — ¿Qué tal, Patsy Pats? — agitó su cabello del mismo modo en que esa mujer lo hacía y se pasó de largo hasta presidencia — ¡Betty! — abrió sin pedir permiso y paró en seco en cuanto vio al Dr. Mendoza en su silla.

— ¡Que cruz con usted! ¡Tremendo susto que me dio! — lo vio acomodar algunos cachivaches de su escritorio y la muchacha solo atinó a sonreír con inocencia, debió suponer que ese hombre seguiría por la empresa a tales horas.

— Perdóneme, creí que se había marchado, si quiere me espero aquí afuera — dio media vuelta y por segunda vez en el día, sus intenciones fueron interrumpidas, pero ésta vez con la encantadora voz del presidente.

— No, entre, entre… — se frotó el puente de la nariz — Betty está en su oficina, si gusta, puede esperarla ahí dentro — señaló la puerta con benevolencia, la morena le lanzó un beso antes de perderse en la bodega.

— Tienes razón, Beatriz, es divino — dejó que su ensoñación creciera como la marea, bajo la mirada atenta de la economista.

La muchacha dudaba en comentarle a la colombiana sobre el verdadero origen del capital social que conformaría a la nueva empresa y hasta ese momento no se había puesto a analizar la situación como era debido. Si se la planteaba de una manera objetiva, esos dólares eran propiedad de Betty, sin embargo, al devolver el dinero a la cuenta de EcoModa, pasaban a ser la compañía. ¿Quién era el dueño?

Sacudió la cabeza alejando esa vacilación de la que había sido presa, se mordió el interior del labio en un intento de infundirse dolor, recordando al momento cuál era su misión y el porqué de sus acciones. Retomó la conversación que estaban manteniendo sus amigos y alzó las cejas con interés, la palabra "bolsa" provocó que se le iluminaran los ojos.

— Nicolás, si esto es tan bueno como usted dice, no solamente va a tener plata para invertir, sino para usted — la emoción que irradiaba el Mora, era latente y evidente, parecía a punto de hiperventilar.

— ¿Cómo así, Betty? ¿Cómo así? — caminó de un lado a otro dentro de la pequeña habitación; la castaña no titubeó en tomar las cifras que aún mantenía Betty en sus manos, para poder darle una leída rápida a toda la información.

— Nicolás, necesito que me ayude a armar la empresa, como no va a ser solamente de papel, sino que va a tener un movimiento de capital… — comenzó con más ánimo del que recordaba y es que los números no podían mentirle — yo quiero que usted se encargue de eso, además podría fijarle un sueldo.

— En ese caso… — cortó la mexicana sin pena ni gloria, levantó la mirada de los documentos y se sonrió de lado — vamos a tener que fijarle un sueldo; porque la empresa va a tener que dejar de ser Unipersonal, quiero aportar plata al capital inicial, supongo que el Dr. Mendoza no estará en desacuerdo.

— Pero el Dr. Armando me pidió a mí que armara esa empresa con su plata — fue secundada por Nicolás, que aún no salía de su estupor al tener ya un trabajo.

— No tiene nada de malo que yo haga algo con mi plata o voy a tener que robarte a Nicolás, para poder constituir mi propia empresa — se cruzó de brazos, estaba decidida a no ceder y como sabía muy bien el final que tendría TerraModa, confiaba en que ésta podría permanecer en el mercado bajo su dirección.

— Voy a tener que consultarlo con el Dr. Armando — estaba segura de que en ese momento, la pelinegra estaba deseando correrla de su casa y dejar de hablarle hasta que se le pasara la rabia.

— Chicas, chicas, no peleen, hay suficiente Nicolás para las dos — ambas mujeres se miraban a los ojos con desafío, una para mantener su promesa y la otra para obligarla a transigir.

— Me temo, que solo alcanzarás para una, por eso deseo participar en todo esto que el Dr. Mendoza está planeando, conozco cuales fueron sus restricciones y las condiciones en las que te lo pidió, Betty… — suavizó la mirada a la vez que relajó sus hombros — pero creo que dos socias con un único administrador, podría ser una mejor opción para la empresa.

Ésta vez se unió a su súplica, el alto amigo de las vecinas, estaba atento a lo que inquilina pedía y no le parecía tan descabellado, así la responsabilidad no caía sobre los hombros de la Pinzón, sino que se repartía entre ellas, aunque no fuera a partes iguales. Si la suma que la muchacha aportaba era suficiente para invertir, no habría necesidad de mover todo el capital, a fin de que los riesgos fueran mínimos.

— Venga Betty, es una buena idea, verá… — se apresuró a comentar el hombre — el capital que ingrese Esme a la empresa, podría ser el que empezáramos a mover en la bolsa, manteniendo la plata de su jefe bajo ese seguro, así no perderíamos la totalidad, en caso de que suceda — rió muy leve, logrando que una pequeña sonrisa se instalara en la mujer.

— Además, si se requiere, lo que yo voy a aportar, podría tomarse como el máximo en pérdidas de las operaciones que Nicolás realice, así es mi dinero el que está en juego y evitamos que la empresa dé giros inesperados — dejándose caer en el borde de la cama, la morena aguardó el momento en que su amiga diera el veredicto, algo bueno tendría que salir de esa pequeña discusión.

— ¡Lo logré! — no dejó de saltar en su habitación de aquí para allá, como si se tratase de un liebrenado cangurín**. La emoción en sus ojos era latente y el muchacho alto de lentes con quien compartía pasillo, se asomó por la puerta de Esmeralda, donde lo que vio, lo dejó impresionado; una "mujer adulta" estaba sobre la cama, brincando como una niña a la que sus padres le hubieran regalado el juguete que tanto esperaba.

— Que va, de no haber sido por mí, estaría discutiendo con ella todavía — se rió sin recato alguno aquel esperpento de la naturaleza.

— Nicolás, de no haber sido por ti, solo me habría tardado un poquito más — le enseñó la lengua a modo de juego, su amigo ya estaba sentado en alguna parte del suelo desordenado, mientras la chica seguía con su ánimo.

— Toda la semana, de ser necesario — volvió a reírse, ésta vez con más fuerza y a fin de seguirle el juego, tomó uno de los zapatos que se encontraba cerca, para lanzarlo sobre la mexicana, quien perdió el equilibrio en uno de sus saltos.

— ¡Bestia! — le gritó desde el piso mientras se sobaba el brazo izquierdo, pero distinta a la reacción que el Mora presentía, solo miró la agilidad con la que subió de nuevo a la cama y se arrojó sobre él al saberlo desprevenido. Ésta vez el golpe se escuchó más fuerte, pero a causa de la cabeza de Nicolás — De no ser por mí, no estarías mejorando tu condición física, un trancazo como éste te habría matado semanas atrás.

El silencio del que se hizo presa la estancia, la llevó a sonreír con mayor gozo, pues adoraba poner nervioso a su compañero y más si era por causa suya — además, no podías dejar de interceder por mí — dio un suave toque a la nariz del hombre, antes de incorporarse sobre sus rodillas — admítelo, te soy irresistible — le guiñó un ojo con diversión.

Besó delicadamente su mejilla, ayudándolo a levantarse de aquel desastre que tenía por habitación — Ni en sus mejores sueños, Esme, mi corazón es de Patrica Fernández — logró reaccionar tan pronto recuperó el habla. La muchacha rodó los ojos y negó mirándolo.

— Patsy Pats, alias la "peliteñida", secretaria de presidencia que no sabe de tu existencia, ¡perfecto! — le regresó el zapatazo con una de sus botas — Anda ya a dormir, que mañana continuaremos con tu resistencia y probablemente vayamos por un cambio de lentes, los que tienes no te dejan ver — el pobre chico salió huyendo de aquel lugar, aunque su recámara se encontrara a solo metro y medio de la de ella.

Algunos días después y con la aprobación de Armando Mendoza, acerca de la proyección que estaban realizando para TerraModa, se encontraban en la Cámara de Comercio, esperando por su turno para dar de alta la empresa. Se mordió el labio recordando la serie de improperios que le fueron proferidos por ese hombre, tan prono se hubo enterado de su participación en la creación de la compañía alterna. Los gritos aún resonaban en sus oídos.

— ¡Beatriz! No fui lo suficientemente claro al decirle que debía mantener en secreto lo que estábamos haciendo, ¿ah? — se levantó de golpe del escritorio, azotando las manos sobre la firme madera, logrando que en el acto brincaran las dos mujeres que se hayan frente a él.

— ¿Puede callarse? El resto de la empresa va a enterarse de esto y lo que menos quiere, es que haya más gente involucrada — le rebatió la morena con valentía, sin despegarle los ojos de encima.

— ¡Está bien! Está bien — tomó la pelotita que siempre descansaba sobre su escritorio, para aliviarse del estrés que le estaba provocando esa chica mexicana, si decidía darle el acceso a la empresa de inversiones que estaba constituyendo con su mano derecha, no solo le estaría entregando EcoModa a Betty, sino también a la asistente de su mejor amigo y Vicepresidente Comercial. La situación comenzaba a salírsele de las manos.

— Doctor, le juro que yo no le conté nada — una tímida cuatro – ojos hundió la cabeza entre las manos, evitando mirar a su jefe, de no haber sido por la intromisión de su amiga, solo tendrían que firmar un par de autorizaciones para llegar al banco y pedir la apertura de cuenta, más la transacción del dinero.

— En eso tiene razón — apuntó la joven pelinegra — si su oficina no estuviera tan cerca de la del Dr. Calderón, sería imposible saber lo que sucede en presidencia. Debe controlar el tono de su voz, así como llegó a mí, puede llegar a cualquiera — un muy atento Mario asintió sin haber hablado en lo absoluto desde que les fue confesado aquel "cambio" de planes.

— ¿Cómo puede pedirme que acepte su inclusión como socia en una empresa que va a iniciarse con MI dinero — se acercó más de lo que hubiera deseado a aquella mujer, desde que había llegado a trabajar en aquel lugar, había tenido más problemas de los que se hubiera esperado en una sola persona — O es que pretende llenarse los bolsillos con algo que no le pertenece?

— Si está tratando de insultarme, prefiero que me lo diga de frente, su dinero estará completamente a salvo, el capital que aportaré, es completamente MIO — enfatizó esa última palabra para hacerse oír — la empresa es de inversiones, ¿no es cierto? Es posible que haya operaciones en la bolsa que puedan fallar y su plata estaría en riesgo, es lo que quiero evitar, donando mi capital para los fines de prueba y error.

Debía reconocer que esa mujer sabía delo que estaba hablando y si no la paraba en ese momento, terminaría transigiendo a las peticiones de su empleada. Si era tan brillante, ¿por qué continuaba como asistente en EcoModa? La pasión con que defendía su ideología la estaría al completo éxito en ese momento, sobre todo con las ideas revolucionaras que estaba intentando introducir a su empresa de moda.

Fue alejado de la joven gracias a Calderón, quien no dudo en pedirle que se tranquilizara con palabras bajas que no llegaron a los oídos de las damas, la Galván miró de reojo a Betty; de haber podido, sabría que ella se hubiera hecho un ovillo a los pies del Dr. Mendoza, pues no estaba obedeciendo sus órdenes. Se sintió culpable por un momento al causarle aquello, pero no estaba dispuesta a que TerraModa estuviera destinada a desaparecer.

Los minutos se le hicieron eternos y tras mantener los ojos cerrados por lo que podrían haber sido horas, un pequeño "clic" la hizo despertar de su ensoñación. Si estaban por jugar con el corazón de Betty para sus fines de mantenerla de su lado, probablemente ella también sería blanco de alguno de los dos caballeros que conversaban a sus espaldas. Se golpeó la frente por su estupidez.

— Aquí tiene su ticket y sus papeles, buena suerte — las palabras del dependiente que les atendió, la regresó del planeta Armandolandia, dando por sentado el registro de TerraModa y la definición de los socios, además de incluir a Nicolás como único administrador. Era el momento de llegar al banco de Montreal.

— Oiga Esme, ¿es verdad que tiene el capital para sumarlo al de Inversiones TerraModa? — una ceja levantada fue toda su explicación, Nicolás prefirió callarse para poder recibir la respuesta, tan pronto su vecina decidiera terminarse su paleta.

— Déjela en paz, Nicolás, seguro sigue espantada por lo que el Dr. Armando le dijo — trató de aliviar la tensión que estaba por crearse y rió muy poco.

— Cuente, cuente, Betty, que si no me quedo sin instructora personal — acompañó la risa como si la otra chica no estuviera presente, los siguió por el andén mientras pensaba en lo que les iba a decir.

— Lo que pasa, es que ayer el Dr. Armando le prohibió que estuviera por ahí alardeando de la empresa y sobre todo, que no estuviera botando el dinero, ¡como si no la conociera! — ambos amigos siguieron riéndose el camino que les separaba de la carretera que debían cruzar, la muchacha recordaba muy bien esa parte — además de decir que mantendría vigilada su cuenta por si había una suma de dinero excesiva, y por si fuera poco, le prohibió comprarse un teléfono celular.

— ¿Qué? — la mirada sorprendida del chico con gafas iba de una a la otra — pero ¿cómo? Es su socia, ¿es que usted no la defendió?

— Para ese punto, Betty estaba más espantada que yo, pero si he de ser sincera, no entiendo cómo es que el muy idiota puede confiar ciegamente en ella y no en mi — dejó el palito de la paleta en un cesto de basura cercano y se apresuró a continuar — respondiendo a tu pregunta, sí tengo el dinero suficiente para darles unos diez mil dólares, y no me miren así, que por algo la panadería de Doña Eugenia tiene mejores ventas.

Cada fin de semana, Esmeralda trabajaba con la madre de Nicolás en su panadería y al tener sus amplios conocimientos en la administración, le propuso ser inversionista también, no por nada podía consumir todo el pan que le viniera en gana. Cada mes le inyectaba dinero y de no haber sido por eso, la panadería no estaría por abrir una sucursal muy cerca e EcoModa.

— Creí que por ser economista, te interesaría ayudar a tu mamá con ese negocio para hacerlo crecer, con tu inteligencia habrías podido convencer a cualquier inversionista — se encogió de hombros.

— Se está quedando con el negocio de mi mamá — acusó con el pánico irradiándole por los poros.

— No seas idiota, la dueña sigue siendo Doña Eugenia, mi participación es de un 20 %, si pusieras más atención a lo que dice tu madre, sabrías que te ofreció hacerte cargo de las finanzas, también que me condonó la renta del cuarto, además que me da clases de panadería, que por cierto el pan me sale de ututuy — apreció después de imitar los ademanes del diseñador Hugo Lombardi — pero en vez de eso, prefieres embobarte con la foto de Patricia.

La castaña no supo si eso último lo estaba diciendo para defender el trabajo de la mamá de su amigo o porque en lo más profundo de su ser, le causaba rabia que defendiera a esa mujer a capa y espada, siendo que ésta era la avaricia encarnada. De dos pasos acortó el camino que les faltaba para entrar al banco Montreal; dejando a unos amigos muy sorprendidos, pero a un Nicolás demasiado afligido, ahora entendía muchas cosas.

— Por favor, sus firmas en cada una de éstas hojas — el presidente del banco se encontraba encantado de que su mejor empleada hubiera regresado, pero sobre todo para iniciar un negocio que tenía muy buena pinta — esto es para registrar las firmas, así les dará mayor amplitud en todo lo relacionado a la entrada y salida del dinero.

— Doctor, abusando de su amabilidad, deseo hacerle una pregunta — Esmeralda prefirió adelantarse mientras sus dos acompañantes rellenaban los papeles que faltaban — ¿Cree que para Inversiones TerraModa, el tener dos socias da mayor seguridad al manejo de la plata? — quería tener la respuesta de una fuente más confiable que la suya y entrelazó sus dedos aguardando.

— No solo da seguridad en ese aspecto, señorita, también a la hora de buscar clientes que deseen buscar sus servicios como inversores — una ancha sonrisa comenzaba a formarse en las finas facciones de la mexicana — verá, del modo en que ustedes constituyeron ésta empresa, provoca que el campo de trabajo de Inversiones TerraModa sea demasiado amplio para que un único dueño sea el responsable, una sociedad se vuelve más atractiva cuando se está hablando de una suma de dinero que supera los cien mil dólares.

Aquella explicación fue suficiente para ella, pues de ese modo podía proteger aquel ente y dar lo mejor de sí para mantenerla viva, a pesar de que todo el plan para enamorar a Betty estaba por llevarse a cabo, esperaba que con su intromisión en los planes originales, pudiera quedarse laborando para TerraModa, pues su estancia en la empresa de moda, podría peligrar en el momento que se supiera toda la verdad.

Luego de ofrecer su asesoría para que su ex empleada pudiera tener un mejor desempeño en su negocio y con ello en mente, el trío de traspasantes se fueron satisfechos del lugar. Antes de que ambas chicas pudieran tomar el transporte que las llevaría hasta el trabajo, Nicolás le pidió a su compañera de cuarto que hablara con él, pues estaba claro, que ella seguía molesta.

— Esme, ¿puede perdonarme? Por un momento creí que estaba tratando de engañar a mi mamá y yo… — de nuevo estaba echándolo todo a perder, soltó un suspiro resignado.

— Nicolás, no pensé que tuvieras un concepto tan atroz de mí, estaba segura que tenía tu entera confianza, Doña Eugenia está convencida de ello y por eso me atreví a hacerlo, porque no iba a dejar que perdiera su negocio sin haber luchado antes — dejó caer su mano sobre el hombro de su interlocutor — sin embargo, tendrás que pedirme más que una disculpa para que pueda perdonarte.

— Esme, se nos va el bus — apuró la mujer del capul, pues éste se encontraba a pocos minutos de arribar.

— Pídame lo que usted quiera — casi se arrodilló frente a la muchacha.

— No será nada que no puedas complacer, así que lo dejo a tu consideración — subió al colectivo detrás de Betty, dejando al economista con la mente revuelta.

— ¿Es que ustedes si tiene el chaleco anti-balas? — con el desconcierto de las recién llegadas, Sofía se apresuró a seguir contando el chisme — las van a asesinar — bajo esas palabras de amenaza, Esmeralda dejó que su amiga entrara primero.

— ¡Betty! — se escuchó con solo abrir la puerta y la castaña la cerró de inmediato, quedando de frente a sus compañeras de trabajo. No era un buen momento para infringir en la oficina del presidente.

— Hoy es el lanzamiento de la colección, ¿verdad? — el asentimiento de varias cabezas a su alrededor, la hicieron soltar el aire que estaba conteniendo; giró el rostro al encontrarse con una mujer conocida, no porque la hubiera saludado antes, sino que la presencia de Catalina Ángel era inconfundible.

— Buenos días — saludó cortésmente y con aquella sonrisa que siempre llevaba consigo, el resto de la gente le respondió del mismo modo, antes de que se perdiera tras las puertas de presidencia.

— Ya imagino como habrá llegado el Dr. Mendoza, es la primera bajo su mando y es natural que espere buenos resultados — se mordió el labio insistentemente.

— Ciertamente, pero nosotras no tenemos vela en el entierro, ya sabe que Don Hugo siempre nos prohíbe entrar a las presentaciones — Sofía seguía disgustada por las privaciones que tenían los empleados, a excepción de la peliteñida.

Segundos después, una Betty muy apurada salía directo al Show Room, parecía ser una sobreviviente del mal genio de su jefe y la mexicana, junto a Bertha, Sofía y Freedy, la habían seguido por unos pasos, escuchando las indicaciones que debía llevar. Un Hugo Lombardi bajó de su pasarela con un ánimo y con su característico "tssss", obligó al resto de la gente a hacerse a un lado.

Freedy pidió la ayuda de Sofía y Bertha para que le desprendieran de su persona todo lo relacionado con la mensajería de la empresa y haciendo hincapié de su gallarda figura, procedió a realizar la broma que llevaría al cuartel a divertirse en grande — ¡Buenas! ¡Buenas! ¿Dónde está Hugo Lombardi? — se presentó con las modelos.

— Estamos tomando un resesua, porque Hugo ya viene — se acercó curiosa una de esas mujeres de perfecto cuerpo.

— ¡Ah! Ya entiendo — mostrándose levemente molesto, subió por las escaleras de la pasarela — está tomando un resesua y ésta noche tenemos lanzamiento y el señorito se da el lujo de tomarse un resesua y no me tiene la coreografía lista, ¡Qué bonito! — exageró sus ademanes, para gusto del cuartel, quienes se hallaban escondidas mientras observaban con gracia.

— ¿Saben qué? Me cansé, me cansé — sacó un pequeño juguete de su saco, para continuar con su mentirilla — vamos a cancelar esto, ¡Bertha! — llamó fijando su vista en la entrada del showroom.

— ¿Sí, doctor? — el resto de las mujeres tuvo que cubrirse la boca para no soltar la carcajada.

— Cancéleme el evento de ésta noche — se escuchó un "Sí, señor" por parte de la secretaria de personal y de inmediato se dirigió a Sofía, se veía que estaba disfrutando de aquello — ¡Sofía! Redácteme la renuncia de Lombardi, ¡Betty! Por favor, dígale al presidente de ésta empresa, que cancelé éste evento y que estoy absolutamente furico, ¡Esmeralda! ¿Qué va a hacer ésta noche? — levantó las cejas con coquetería.

— Descuide doctor, al momento tendrá lo que pidió sobre su escritorio — se sonrió siguiendo el juego lo mejor que podía.

— ¿Pero quién es usted? — fue la pregunta general de las modelos, que se arremolinaban a su alrededor como palomitas en busca de comida, las miradas expectantes y desconcertada de Freddy, las hizo retroceder.

— A ver, ¿ustedes no saben quién soy yo? ¿ no saben quién soy yo? — ante la negativa del grupo de mujeres, fue el acabose de su paciencia — Se cancela definitivamente esto.

Todo iba perfecto con el transcurso del juego, hasta que un grito estridente se oyó desde el pasillo, Hugo miraba con rabia al mensajero de EcoModa. Si bien la broma había llegado a su fin, Freddy continuaba dentro de su papel, un poco más acobardado que cuando lo inició. Bajó como perrito regañado y de inmediato Armando lo tomó de la oreja, del mismo modo en que se reprende a un niño con sus travesuras.

— ¿Por qué me hace esto? No se ha dado cuenta que yo no estoy para chistes, hoy — lo soltó con poca delicadeza y lo enfrentó deteniendo sus pasos frente al empleado — Hágame un favor, ¿si ve a las señoras que están acá atrás? — señaló a sus espaldas, donde se hallaban Catalina Ángel y la cantante que entraría al final del evento — Mírelas con respeto, quiero que las colabore en todo.

Siguió dando instrucciones con el temperamento elevando, que terminó pidiendo uno de los tecitos que Hugo llegaba a consumir, todo fuera con tal de que se aliviara de aquel dolor de cabeza. Antes de lo esperado, se estaba haciendo muy tarde y con ello, la llegada de la gente que presenciaría la presentación de la nueva colección, aumentando el nerviosismo de Armando.

Esmeralda colgó el teléfono de la oficina del Dr. Mario, para escuchar la invitación en honor a su amiga Betty, integrante del cuartel que quedaría al frente de la compañía, cuando el presidente saliera de viaje al día siguiente con su prometida y mejor amigo. Aceptó inmediatamente, para tomar camino a la sala de juntas del cuartel, sonrió divertida al ver que la mayoría ya estaban ahí.

— ¡Chicas! ¿Ya están listas? — acudió a su encentro frente al espejo, buscando en su cartera algo de maquillaje, deseaba retocarse un poquito.

— Buenas noches — entró una muy sonriente Beatriz, con un estilo despreocupado, que la hacía verse más inarmónica de lo que ya era, una bulla a medio volumen la recibió con alegría, se oyó con claridad un "Buenas noches, señora presidenta" y le acompañó un "Doctora" de Sofía y Bertha, respectivamente.

Continuó la charla por un rato, alegando el sitio al cual acudir y si las secretarias que necesitaban permiso, ya lo habían pedido, era un alivio que más de la mitad pudieran tener la entera libertad de elegir sobre ellas mismas. Aura María se unió al jolgorio, de buena gana, pero apurando el momento y regresar a su sitio de trabajo, la gente aún no terminaba de llegar.

Al punto se presentaron Doña Marcela y la peliteñida, quien con su aire de suficiencia, no perdió oportunidad de criticar lo más mínimo del resto de las secretarias — ¿Se están arreglando? No estarán pensando colarse en el cóctel, ¿no? — comenzó entre risas y con el fin de burlarse. Marcela la secundo casi de inmediato.

— Miren, quiero que les quede algo muy en claro, éste cóctel es para invitados, no para empleadas de ésta empresa — mandó una mirada matadora, de la que habría podido intimidar, de no ser por el carácter explosivo de una de las trabajadoras.

— Discúlpeme, Doña Marcela, pero espero que les quede algo muy en claro, mis amigas y yo nos estamos arreglando para ir a otro sitio, de antemano sabemos que no somos bienvenidas en un evento como el que se está dando fuera de éstas paredes — comenzó con los ojos clavados en Patricia — así que espero se reserven sus comentarios y nos dejen terminar en paz, que a final de cuentas, nosotras llegamos primero.

— Vamos a que nos maquillen los estilistas de las modelos, permiso — se retiraron del lugar muy dignas después de haber sido calladas por una "simple" empleada, no les era muy grato. Sandra salió en su defensa, aún con las ganas de asesinar a la peliteñida y no la culpaba, ella misma se encontraba en las mismas circunstancias.

Sin haberlo previsto, al salir de la seguridad de los sanitarios, se desbocó un problema ensordecedor, que dejaría a EcoModa en muy malas circunstancias, pues el diseñador se había dado cuenta del cambio de las prendas y como un ultimátum, expuso que aquel desfile quedaría cancelado. Éste era el inicio de la peor época que atravesaría la prestigiosa empresa de moda.


Éste es, sin duda alguna, el capítulo más largo hasta ahora, espero seguir añadiendo muchas palabras más en los siguientes, por lo que me emociona el momento de publicar cuando miro un cap así de intenso y extenso xD

Como se habrán dado cuenta, TerraModa ya está en el mercado y dentro de poco empezará a operar, pero lo que me tiene un tanto preocupada es, ¿Creen que la insistencia de Esme por ser parte de la empresa haya sido su mejor decisión? Si tienen la respuesta, espero con ansias sus reviews.

Ahora sé que encontrarán un par de "*" escondidos por ahí, así que les quiero hacer mención de donde los he obtenido.

* : "Tengo powers" es una expresión que aparece en la película, "La leyenda de las momias de Guanajuato", es dicha por uno de los personajes y pertenece a los estudios Ánima, si no la han visto, se las recomiendo, amo en secreto a Leo San Juan, pero no se lo digan. ¡Shhh!

** : El "liebrenado cangurín" es de Disney, para los que no lo ubiquen, es un corto que está en la película de Los Increíbles y esa criaturita es demasiado graciosa como para no reírse con ella, así que recuerden que a lo alto ustedes pueden volar, alzando la pata, dan un gran pisotón y brincando van, más más van a brincar, brincando podrán el cielo tocar...

En fin, pueden buscarlo en YouTube. Ciao, ciao.