María
Ruega por nosotros...
La dulce María ha estado observando al demonio de ojos carmesí…busca en su imagen el recuerdo de la figura amada y quiere expiar los pecados de aquélla a través de él.
Pero lo que la pequeña María no sabe es que, incluso si la bestia plateada draga su vena hasta extinguir el último residuo de atardecer líquido, su maldición menguará lo mismo que la sed de un vagabundo al que le ofrecen pan…porque sólo la sangre del ser amado puede aplacar el ardor de un vampiro.
Por esa razón, querida María, no malgastes en Zero lo poco que queda de tu esperanza…aún si tu nombre es sinónimo de gracia para los labios, en los de él las letras repican tan vacías como las del pecador que jura en vano.
María, María, María…tú no eres la elegida.
Alguien ha dejado sobre la mesa un ramo de tulipanes rojos y una nota que sólo pone al pie una inicial: B
