::: Granny :::

Augusta Lucas, alias Granny, jamás fue considerada una estúpida, ni por ella misma, ni por medio pueblo que le conociera lo suficiente como para saber que no debían meterse con ella a consecuencia de parar con Walle tras una persecución por el bosque. Sus súper-desarrollados sentidos le habían salvado el pellejo cuando era demasiado joven como para salir ilesa de haber sido una mujer normal; y quizá por ello, la dueña de Granny´s no fue completamente afectada por, la aparentemente, nueva maldición que rodeaba al pueblito en que residía. En su presencia humana, podía sentir un algo que la empujaba a ser lo más despreciable que pudiera en presencia de cierta rubia de ojos verdes, y sin embargo, su parte más animal, su lobo interno, le enervaba cada uno de los nervios, como presintiendo una amenaza latente a punto de saltarle a la yugular en el menor descuido.

Rabiosa consigo misma, había presenciado la mayoría de las desafortunados pasajes en la vida cotidiana de Emma Swan, con apenas un ápice de voluntad suficiente como para evitar gruñirle por la innegable sensación de tener que hacerlo. Como si aquella mujer desdichada necesitase alguna forma más contundente de saberse non-grata en aquel pueblecito.

Los días se tornaron taciturnos tras su partida, porque solo ella noto el aislamiento de la joven hasta su completa desaparición pública. O al menso eso es lo que ella había percibido. Aun que la duda le fue sembrada al ver una mañana al hombre más rico del pueblo portar un cisne enganchado al cuello, mismo dije que alguna vez vio en el cuello de la joven rubia. Y fue por aquella simple chuchería que noto el cambio, un exagerado y casi milagroso cambio, en el hombre más oscuro que hubiera tenido el desagrado de conocer.

En varias ocasiones estuvo tentada en abordarle para aclarar sus dudas, pero ¿Quién podía sacarle algo a aquel hombre sin perder nada en el intento? Es por ello que dejo sus dudas sin esclarecerlas, no valía la pena. O eso es lo que sus sentidos humanos le alentaban.

Y el tiempo fue pasando, y el agujero tras la partida de su nieta se fue tornado casi tortuoso, sobre todo cuando recordaba él como aquella mocosa de carácter indomable le hacia la vida más llevadera y divertida en sus días más apáticos y autodestructivos. Su única familia. Por aquellos tiempos, cuando del paradero de la rubia se sabía más que de la cura de la licantropía, y mientras serbia los desayunos en el restaurante, se preguntaba qué es lo que habría hecho su nieta tras los sucesos ocurridos con su única ahijada y el que pensaría de la completa desatención de la joven por parte de todo mundo; y es en esos momentos en que sentía despreciable consigo misma. Ruby Lucas tenía un afín a su parte lobuna mucho más arraigada con su propia alma libertina de lo que Augusta Lucas podría soñar nunca. Ruby se aceptaba tal cual era y amaba cada una de las partes de ella misma. Era una mujer lobo nacida que se enorgullecía de serlo. Y es por ello que Augusta Lucas estaba segura de que aquello que le molestaba a su parte humana jamás le hubiera hecho ni cosquillas a su nieta. Si tan solo Ruby hubiera estado en el pueblo, quizá ella habría acudido a Emma cuando esta estaba caminando hacia el abismo de su propia desolación, y juntas habrían sobre llevado la situación hasta el punto de romper y eliminar lo que sea que estuviera nublando el juicio de todo mundo. Pero Ruby no estaba, Emma se había marchado para poco después reaparecer con un montón de sorpresas bajo la manga.

Y los sentidos lobunos de Augusta Lucas jamás habían estado tan alterados en toda su vida como cuando Emma Swan se presento nuevamente en Storybrook. Pudo sentir en la piel la ira de Regina, el desconsuelo de los reyes, la disconformidad del príncipe Henry, la burla latente en las sonrisas de la pareja de Emma y Gold, pero por sobre todo, pudo sentir el terrible dolor que la rubia destilaba casi como su fiera la suya propia. Tal dolor le dieron ganas de vomitar todo lo que hubiera ingerido en lo que iba de la semana incluyendo sus intestinos. Se sintió gravemente enferma apenas logro vislumbrar la falsa sonrisa en los labios de quien alguna vez fue conocida como "la salvadora". Y aquellos ojos, profundos, vacios y tristes, fueron tan desgarradoramente conocidos para ella. Eran sus ojos, los mismos ojos que vio durante años tras su incidente con los hombres lobo. Emma Swan se despreciaba a sí misma, y probablemente no estaba completamente consciente de ello.

Tras la partida de "la familia oscura", todo mundo había abandonado el restaurante, e incluso ella misma decidió cerrar el local tras sentir la incertidumbre embargarla por completo.

Paseo por los alrededores intentando separar lo que su humanidad y su licántropo interno le exigía reconocer, pero le era una tarea sumamente difícil de realizar y es por ello que termino sumamente agotada tras haber tenido que soportar con ambas partes de sí misma la inmensa ola de magia expandiéndose cual Toxina Botulínica o Peste Pulmonar, por todos los rincones del pueblo. Rabiosa consigo misma decidió regresar a su hogar, mas sin embargo algo llamo sumamente su atención apenas un par de calles restantes para llegar a su domicilio, Emma Swan y su pareja, en compañía de su pequeña cachorro, se encontraban en una esquina conversando animadamente, ante la mirada inquisidora de algunos transeúntes, y posteriormente se separaron, la rubia caminando con chulería y una enorme sonrisa crispada en los labios hacia la comisaria del pueblo, la otra tomando la manita de la pequeñita rumbo a la heladería del pueblo, ambas castañas risueñas, la mayor casi carcajeándose de anticipación ante alguna travesura a realizar, le menor risueña ante la ingesta de una deliciosa golosina.

Sigilosa como ningún otro día de su vida, usando cada uno de sus sentidos lobunos, siguió a la rubia a una prudente distancia. Con algo de inquietud noto una sombra mágica intentando arremeter en contra de la rubia, y está fallando estrepitosamente ante un solo movimiento de muñeca de la rubia de ojos verdes y una estridente risa escapándosele por entre los labios a la susodicha, muy al estilo del oscuro, para el asombro de la mujer mayor. La vio ingresar sigilosamente por una de las enormes ventanas abiertas de la comisaria, implementación adquirida cuando el hombre del bosque había tomado el puesto de Sheriff ante su necesidad de aire limpio en espacios cerrados, una idea bastante costosa y contraproducente, sobre todo cuando más de una docena de pequeños infractores recurrentes se habían escabullido por dichas ventanas apenas el sheriff se distrajera.

Por una esquina logro notar como el ayudante del sheriff, David Nolan, se balanceaba perezosamente sobre su silla detrás del escritorio, con una mirada cargada de un millar de emociones que a nadie parecía importarle, sobre todo a la rubia de ojos verdes, quien en ese momento lo veía detenidamente, agazapada en una esquina, ocultándose de la vista de su progenitor, con una expresión sumamente muy parecida a la que en antaño solía portar Regina en sus tiempos de Reina Malvada. Dicha expresión le provoco un estremecimiento en el cuerpo de la anciana, quien tenía el cuerpo completamente tensionado ante la anticipación de lo inminente.

Curiosa noto como la rubia llevaba su puño derecho hacia su boca y soplaba por este como si de una cerbatana se tratara, un segundo después, el cuerpo del príncipe consorte del bosque encantado fue a parar al suelo ante la estridente carcajada de una muy risueña Emma Swan. Vio con casi horror como esta le proporcionaba un puntapié en las costillas al inconsciente hombre mientras le escupía un sinfín de improperios dignos de un marinero.

- ¡David, mira como estas! seguro que Snow se pondrá histérica cuando llegues a casa con tres costillas rotas. – la voz burlona de la rubia tan solo acrecentaba los nervios de la anciana, quien había dejado de temblar ante las imágenes que se le presentaban casi por orgullo. Un chasquido de lengua se escucho levemente, como si la rubia intentase amortiguar sus carcajadas. – no es como si fueras a recordar que te ha pasado. – murmuro con sorna mientras se agachaba y sacaba un pequeño estuche de entre sus ropas. – aunque conociéndola no tardara en echarle la culpa a Lilith o incluso a nuestra pequeña hija. – una sonrisa oscura se formo en sus labios para después redirigir su mirada oscura al rostro de su progenitor. – supongo que dedo advertirte que si le llegasen a poner un solo dedo encima a mi familia estarían ante alguien mucho peor que la grandiosa Reina Malvada, ¿No? Es decir, nadie en su sano juicio se enfrentaría al Cisne Negro. – se mofo mientras del pequeño estuche sacaba una gran jeringa de metal y la incrustaba en el pecho del hombre, quien ni se inmuto ante el acto, y comenzó a succionar sangre con suma rapidez. – pues veras, Papi Gold ama mucho a su pequeño cisne, y yo amo mucho a mi papi Gold. Desafortunadamente nuestro vinculo trajo consecuencias que aun no sabemos cómo remediar, pero descuida, mi familia está a salvo del Cisne negro, lo cual dista mucho de la tuya. – sonrió guasona mientras guardaba nuevamente la jeringa en el estuche y posteriormente lo desaparecía en una pequeña nube de humo grisácea. Acto seguido se acuclillaba y comenzaba a picar uno de los cachetes del rubio con su dedo índice mientras reía divertida como si de una niña pequeña se tratase. – oh, David, ¿Sabes lo que paso la última vez que me dejaron sola y yo estaba sumamente cabreada? Digamos que el tipo que se atrevió a insultar a mi mujer está en el psiquiátrico, sin memoria y sumamente desquiciado. – Granny casi sintió su cuerpo desvanecerse ante la expresión inocentemente malvada que portaba la rubia, quien aun risueña ladeo un poco la cabeza para admirar a su progenitor mas a detalle. – No querrás saber lo que le paso a Jhona, hermanastro mayor de Bethy, una niña que mi mujer y yo acogimos hace no mucho, pero resumido, el no está vivo. Fue un espectacular día, las tres horas más grandiosas de mi vida. – sonrió complacida para acto seguido mostrar una expresión casi enfadada. – ¡Pero David, no te enojes! Jhona era un mal hombre, se atrevió a tocar a Bethy y subirlo al internet. No, no lo justifiques, David. Monstruos como él están mejor muertos. – un chasquido de lengua y acto seguido, la rubia se levanto mientras intentaba alizar las arrugas de sus ropas. – oh, lo siento David. Debo irme. Fue desagradable volver a verte. Descuida, yo se la salida.

Acto seguido, la rubia desapareció en un remolino de humo gris mientras soltaba una estridente y maliciosa carcajada al viento, dejando detrás de su a un inconsciente hombre tirado en el piso de la comisaria y a una muy aterrada Augusta Lucas, quien apenas podía moverse adecuadamente tras lo sucedido y escuchado.

Tambaleante regreso a su casa y apenas llegar a la cocina se sirvió un trago de la bebida más fuerte del repertorio de su amada nieta. El whisky le supo a agua y las piernas le flaquearon lo suficiente como para hacerla caer al suelo completamente en shock. Botella tras botella, el alcohol desapareció de la estantería mientras la mente se le nublaba lentamente y el cuerpo poco a poco dejaba de responderle adecuadamente, pero ella aun podía sentir el miedo recorrerle las venas y las imágenes deambulando frescas por sus recuerdos. Cerca de la media noche, un estrepitoso ruido en la sala la saco ligeramente de su letargo, nerviosa se aferro a la botella de Vodka medio vacía y fue a ver lo que sea que hubiera ocurrido. Los ojos se le nublaron y dejo caer la botella al suelo mientras corría al encuentro de una figura ataviada en una gran capa roja hecha un ovillo en el suelo. Ruby estaba de vuelta.

- ¡Mi niña!- lloriqueo casi presa de la euforia mientras estrujaba a la morena entre sus brazos.

- ¡Abuela, me ahogas!. – murmuro Ruby mientras intentaba zafarse del abrazo. – ¡Por dios, hueles como si te hubieras revolcado detrás de la barra del Rabbit Hole tras una pelea de Leroy!. – Ruby casi vomita ante el tufo alcohólico de su abuela, y lo habría hecho de no ser por un detalle. Por todos lados, no importa donde pusiera su olfato, un terrible tufo a azufre y podredumbre se percibía, además del terrible sentimiento de peligro que estaba por todos lados perturbando a su parte lobuna. - ¡¿Qué carajos es ese asqueroso olor?!

To Be Continued….


Volvi. No, no he muerto ni andaba de parranda, bueno, quizá esto último un poco. ¿Les ha gustado el capitulo? Por ahí alguien mencionó a las Lucas, vale, no era planeado pero creo que le dará un poco de sabor a la historia. ¿No lo creen? Como ya leyeron, Emma esta teniendo problemas consigo misma, sobre todo cuando esta sola. Les presento al hermoso Cisne negro. Maldad pura al estilo de la familia Oscura.

Me disculpo por la faltas de ortografía y si me he comido una letra. Estoy consiente de que necesito lentes urgentemente, pero ya será en otra ocasión. Me despido dejándoles un enorme abrazo y un gran beso.

¿Me merezco un Review?