Capítulo 10: Pensamientos peligrosos

El labio inferior de ella temblaba, aún no respondía; no podía. Su pecho subía y bajaba pesadamente. El aura del hombre a su lado emanaba furia, la miraba penetrantemente, buscaba su respuesta. Vio que ella bajaba más su cabeza; intentaba sosegar su agitado corazón, pues estaba horrorizada, había escuchado en un pasado no muy lejano respecto del espadachín. Lo terrorífico que era avistarle aun desde distancias lejanas.

La expresión de pánico en ella le desconcertó, tragó saliva y se cruzó de brazos frente a ella, dándole espacio.

—Responde, sirena —ordenó, impaciente, pero con un tono de voz suave.

— ¿C-Cómo? —preguntó ella intentando mantener su compostura. "No lo juzgues por lo que dicen los demás Kaylee, calma. Si hubiera querido hacerte algo lo hubiera hecho hace mucho" pensaba.

—Reconozco ése pañuelo —contestó, arrugando el entrecejo.

Súbitamente alzó su cabeza, su pánico se esfumó por completo. Los ojos dorados de su anfitrión, mostraron sorpresa.

—Espera un segundo —dijo con asombro y agregó molesta, haciéndolo retroceder—: ¡¿Por qué te interesaría saber eso? No es algo que te afecte, ¿o sí?

—Nunca he dicho que me interesaba saber —respondió y, dándole la espalda añadió—: Sólo preguntaba.

— ¡Ah! Vaya forma de preguntar, sí normal, muy normal —dijo con tono burlón, se cruzó de brazos con una gran sonrisa—. ¿Te has dado cuenta? Fue un sarcasmo, Mihihi, ya aprendí a usarlo.

—Cuando usas un sarcasmo no lo dices —señaló el espadachín con impaciencia.

—Ah… Para la próxima —frunció el ceño y se dirigió nuevamente a él—. Ahora que me doy cuenta, me dijiste que habías reconocido mi pañuelo. Nombraste a Shanks a pesar de que nunca lo mencioné.

—Conozco a Shanks hace más tiempo del que crees —reveló sin titubeos.

—El pañuelo... ¿Tiene algún significado? —inquirió ella, recordando la información que no le dijo.

—… —Mihawk le dio una rápida mirada—. No es nada que sea de tu importancia.

—Usando tus mismas palabras podría preguntar: ¿qué sabes de aquello que me concierne o no? —refutó Kaylee con una mirada seria—. No haces más que llenarme de preguntas.

—Tú también lo haces… Y no reclamo como si fuera un mocoso —le rebatió Mihawk.

Kaylee se sonrojó y rió para sí. No pudo evitarlo.

— Me tratas de infantil pero yo no soy quien exagera sacando su gran espada. ¿Piensas que me puedes amenazar con eso?

— Ya me dejaste claro que no le temes a mi título de espadachín… Entonces, ¿de qué me sirve amenazarte con una espada que no ves? —ella lo escuchaba atentamente—. La espada es para que los humandrills no se acerquen. Últimamente…—quiso agregar algo pero se detuvo—. Todos la conocen y le temen. Basta que hayan oído que la enterré en el suelo.

— ¿Recuerdas que después de casi un mes seguías molesto por lo del insulto de "rata cobarde"?

—No hablemos de eso ahora.

— Bueno, si tanto deseas mi pañuelo, sácalo de mi cabeza —dijo entre risas.

—No me interesa —afirmó al momento que comenzaba a alejarse del lugar.

—Oh claro, haber causado semejante lío por un pañuelo denota perfectamente tu falta de interés —se mofó y agregó con un tono irónico—. ¿O sólo lo dices porque crees que no podrías hacerlo?

—Tú y tus juegos infantiles —protestó él tras una pausa.

Estiró su mano con rapidez hacia ella, pero Kaylee dio al instante dio un paso hacia atrás esquivándolo.

—Te escucho y puedo evitarte —apuntó ella con una pequeña sonrisa.

—No me digas —dijo Mihawk avanzando hacia ella, de nuevo estiró su brazo y logró alcanzar su cabeza pero sólo sintió su cabello—. Hiciste trampa.

Ella se reía. Él la observó por unos instantes; aún tenía toda su mano apoyada sobre su cabeza, sintiendo su suave cabellera. Desplazó su mano hasta que su pulgar sintió su oreja. Mihawk abrió sus ojos con un poco de asombro ante su propia acción y alejó su mano en un abrir y cerrar de ojos, entonces carraspeó y le habló con seriedad.

— ¿Es esa la cría de humandrill que te seguía? —preguntó mirando hacia un lado.

El aire entró rápidamente por su boca, no podía creer que el sonido de ese animal hubiese pasado desapercibido a sus oídos. Se volteó para escuchar con atención, al hacer eso, sintió como el pañuelo que tenía en sus manos le era arrebatado. Allí cerca no había ningún animal, la había engañado.

Si bien ni uno emitió palabras durante su camino al castillo, uno de ellos no lograba deshacerse de la sonrisa que llevaba en su rostro.

Estaban muy cerca del castillo cuando la sirena escuchó un búho en las cercanías. El sonido repentino la tomó por sorpresa, provocando su sobresalto y que soltara su bastón. Kaylee se agachó y palpó el suelo ensuciando sus manos con la tierra húmeda, mientras sus manos avanzaban por el suelo, sólo lograba alejarse de su objeto, su bastón se había plegado nuevamente y se encontraba a un par de metros cerca del espadachín.

—Qué problemática eres. Ven aquí.

Mihawk recogió el objeto y se lo acercó a sus manos. Al mirarla desde el ángulo que estaba, parecía que se estuvieran mirando directamente a los ojos, el desvió su mirada y se irguió sin decir palabra.

—Para que no me trates de "viejo infantil" —le devolvió el pañuelo rojo de Shanks.

—Oh, pareciera que a alguien le afectó ser calificado como un anciano.

—Quizá —sonrió levemente.

El día transcurrió casi normalmente. Pero antes de la puesta de sol, se despidió de ella. Al parecer volvería un par de días después. Ella solo le sonrió, el espadachín había salido y su presencia no se haría presente sino hasta una noche de temporal, una semana después.

Uno de esos días, al atardecer, la sirena llamó con alegría al pequeño humandrill para ofrecerle un poco de fruta. Su idea para domesticarlo se estaba basando en la repetición. Lo llamaba siempre a la misma hora, y este ya era capaz de regresar cuando se acercaba la hora del llamado. Kaylee se dio cuenta que no solo son animales muy inteligentes, también muy curiosos y necesitados de cariño.

Ya anochecía, sabía de antemano que el espadachín no iba a volver. Se sentó en uno de los sillones próximos a la chimenea apagada. Un extraño sentimiento la rodeó.

"Sé que no debería pensar en esto pero…tengo mucha ansiedad… Creo que algunos temores vuelven… ¿Estoy forzando mi confianza hacia él? Sé que no debo juzgar más, pero no puedo evitar estas especulaciones. ¿Qué ocurriría si al llegar trae a los marines? ¿Y si revela que soy el Capitán Mask a alguien? Es un Shichibukai después de todo, y yo una pirata."

Un escalofrío recorrió su columna, sentía que debía huir, pero sólo pudo pensar en esconderse. Subió las escaleras y corrió por el corredor hasta encontrar su habitación, se sentó sobre su litera y se tapó con sus mantas.

— ¿P-pero debo ser tan cautelosa? —Se preguntaba tratando de apaciguar su respiración—. Hasta ahora no percibo malicia de su parte, es más…—se detuvo y su corazón golpeó con fuerza bajo su pecho mientras que sus mejillas se ruborizaban—. Es más, es el enigma más extraño al que me he enfrentado. Más que miedo siento un extraño nerviosismo. ¿Cómo es que ha sido capaz de causarme estas sensaciones?

Al día siguiente, después de darle frutas a su pequeño amigo para, había decidido caminar por el sector sur de la Isla, donde había menos humandrills. La pequeña cría de humandrill caminaba alejada de ella, en un extraño estado de alerta.

Sus pasos eran seguros, de alguna extraña forma veía de vez en cuando las siluetas de lo que la rodeaba.

—Mi padre me había hablado de esto antes, y aún no he conseguido dominarlo. El haki de la observación —se detuvo al darse cuenta que necesitaba su bastón nuevamente—. Lo único que me permitiría estar más cercana a lo que es ver, estaba vez logré utilizarlo en una situación que no era de peligro, me alegro.

— ¡Wah! —se escuchó cerca de ella.

—No es un sonido de humandrill —dijo en voz baja.

De los arbustos un curioso osezno la observaba, era incapaz de verle, pero era una criatura bella a simple vista, emanante de ternura. Sus grandes ojos resplandecientes, la veían con curiosidad, sus pequeñas orejas se movieron y se acercó amistoso a ella, hasta que un corte con una espada lastimó el rostro del pequeño animal.

— ¡Qué rayos! —alzó su voz asustada.

— ¡Uhh! —chilló el pequeño humandrill y en seguida gruñó al otro animal, que ya había escapado con pavor.

—Acabas de hacerle daño al animal que había frente a mí, ni siquiera pude saber que era —alegó agarrando su cabeza.

—Uhgg —gruño a la sirena.

— ¿No me digas? ¿Estás celoso? —ella se inclinó hacia el animal de dientes puntiagudos y le sonrió cálidamente—. Sabes que te quiero, no deseo que lastimes a los demás por ese tipo de razones.

El humandrill abrió sus pequeños ojos con desconcierto y una extraña alegría lo hizo saltar por todos lados, hasta ponerse bajo la mano de ella.

— ¿Puedo quedarme tu arma? —Preguntó mientras apoyaba su mano en la empuñadura de la espada—. Si me la das tendrás doble ración de fruta —dijo mientras le acariciaba su cabeza.

El humandrill negó con su cabeza, mostrándole una expresión de fiereza. Al parecer esa arma era importante para él, ella cerró sus ojos y suspiró con resignación, intentaría al día siguiente quitarle aquello.

La noche del fatídico temporal llegó, el viento silbaba con fuerza y hacía rechinar los troncos de los viejos árboles. Ella no se sentía capaz de conciliar el sueño. Como las noches anteriores, había intentado contarse historias de romance y princesas como las que le solía leer Shakespear o aquel innombrable, para poder olvidar los malos pensamientos y así dormir en paz, a pesar de ello, no conciliaba el sueño y fue finalmente el cansancio el que la hizo dormir.

Mientras las gotas de lluvia golpeaban su ventana violentamente, movía su cabeza de un lado a otro; algo estaba atacando sus sueños.

Una silueta familiar con una sonrisa maquiavélica le propiciaba golpes en su rostro, ella corría lejos de aquella forma que tanto despreciaba pero ésta la alcanzaba como si estuviera hecha de lodo. Kaylee subía por unas escaleras en forma de espiral, parecía que no había un fin hasta que escuchó una enorme explosión y el techo inalcanzable desapareció, viéndose rodeada por un gran precipicio.

—Capitán, no me abandone así —rogaba con sarcasmo la silueta.

— ¡Tú ya estás muerto! ¡Eres un monstruo! ¡Aléjate!—exclamaba dentro de sus sueños.

Prefería morir que acercarse a la sombra que representaba a aquel hombre. Entonces corrió hacia el borde de la torre y se lanzó al abismo.

En ese fatídico momento despertó. Todo estaba oscuro nuevamente, a esas horas de la madrugada había una penumbra total. Se tapó con sus sábanas, el terror se apoderó de ella, necesitaba luz desesperadamente y se levantó temblando cayendo al suelo, había pisado sin querer parte de su larga camisa de dormir. Dejó su habitación tanteando con rapidez su entorno, guiándose por el olor a vino. A su derecha sintió una fuente de luz y, frente a ella, supo que estaba la puerta que conducía a la recámara de Mihawk.

— ¿Ha dejado su luz encendida todos estos días? —se preguntó—. Sea cual sea el caso, dormiré aquí.

Apoyó su espalda en la gran puerta, y la arrastró hasta sentir el suelo con su retaguardia, y llevó con miedo sus piernas hacia su pecho, en seguida el cansancio la venció nuevamente y cerró sus ojos.

Mientras el Shichibukai observaba cómo las montañas curvas se iluminaban con los primeros rayos del amanecer, Kaylee apareció atrás de él, todo se veía con un halo difuso.

— ¿Ahora me dirás la verdad? —preguntó, severo.

—Sólo quería compañía... amistad —respondió con su cabeza agachada sus cabellos ocultándole su rostro.

—Ya entiendo porqué te desesperas en hacer amigos por estos mares, ¿Y? ¿Cuál es el precio que has pagado?

Ella, indignada, le dio una bofetada. Él se impactó y cuando retrocedió sus ojos se encontraron.

— ¡Eres un insensible! —le gritó ella dándole la espalda, se abrazó con angustia—. Tú sabes que no tengo a nadie. ¡Realmente careces de un corazón!

—Entonces —objetó con cólera—. ¡Vuelve al mar! ¿Por qué sigues en esta isla si la desprecias tanto?

Kaylee dio un par de pasos, levantó su cabeza y lo miró a sus ojos. Los de ella eran unas verdaderas esmeraldas que contrastaban con su cabello de tonos rojizos, vestía un elegante vestido azul, como las profundidades del océano, las curvas dibujadas bajo esas telas hacían remembranza a la belleza de su especie.

—Tienes razón —dijo ella con una sonrisa—. Debería irme. Los humandrills son tan tercos como tú, nunca cambiarán, pero ¿sabes? Ellos al menos no son tan horribles como tú —sus ojos escanearon sus rasgos faciales, deteniéndose en sus labios—. Tu rostro me da asco.

— ¿Y crees que eso me importa? —dijo desviándo su cabeza a un lado—. No me atañen tus palabras…

Usted sabe que no es así —extendió una mano hacia su rostro obligándolo a mirarla. Sonrió con vileza—. Cada palabra que te he dicho, tiene resonancia en tus pensamientos. Si no fuera así, no me mirarías como lo haces.

Sus delicados brazos se posaron en sus anchos hombros, él llevó su mano derecha a su espalda, sin dejar espacio entre ambos cuerpos. Los ojos de la sirena lo acechaban, el bajó su rostro acercando su aliento a su cuello.

—Aún no puedes descifrar lo que ocurre ¿eh? —susurró a su oreja congelando sus acciones. Todo se volvió oscuro y muchos espejos aparecieron rodeándolos, miró hacia atrás de ella. Podía ver en el reflejo como ella desplazaba sus manos y acariciaba su torso, ella mordió sus labios aguantándose en vano una sonrisa. Los ojos de él habían desaparecido y los espejos comenzaron a agrietarse—. ¿De qué te sirven esos ojos, "Ojos de halcón"? —rodeó su cuello, aproximó sus labios a los suyos y se detuvo—. Nunca obtendrás lo que deseas.

Mihawk abrió sus ojos sobresaltado, tenía algo de rubor en sus mejillas. Se sentó y apoyó una de sus manos en la frente, luego se levantó de su cama y abrió su cortina; era un día nublado.

Juntó agua en un recipiente de plata y se lavó la cara. Observó su mano derecha, recordando cómo había sentido su delicada espalda. Trató de acallar el recuerdo, aunque su respiración continuaba estando agitada.

—Solo un sueño sin sentido —suspiró molesto tras salir del baño—. Yo no soy así y ella...es infantil además no puede ver, estos trucos del inconsciente… Aunque, hay algo que es cierto: ¿qué me importa lo que ella diga? Espero que se largue pronto, no me está causando más que molestias. En realidad debería irse… No necesito descifrar nada.

Kaylee dormía plácidamente y al abrirse la puerta cayó de espaldas, despertando.

—Lo siento, yo…—dijo levantándose con miedo.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó interrumpiéndola y, como siempre, yendo al grano.

—Eso es lo que iba a explicar. Anoche tuve una pesadilla y buscaba una fuente de luz para poder volver a dormir y…—Kaylee calló al escuchar sus pasos alejándose, un olor suave a colonia de varón pudo sentirse—. ¿Cuándo llegaste?

Mihawk gruñó. En esos momentos sólo tenía sus pantalones puestos y una toalla sobre sus hombros, había salido hace poco de una ducha. Continuó su paso pero, mientras estaba de espaldas, le dirigió la palabra.

— ¿Por qué debería importarte, mocosa? —preguntó en un tono muy serio.

— ¿Mocosa? —repitió en voz baja—. ¡Vaya falta de respeto!

"¡A qué viene eso!", pensaba alborotada. "¿Es por cómo me visto? Generalmente, son los vendedores los que eligen por mí ¿Cómo puede decir esas cosas con tanta naturalidad? además, llamarme así. ¿Soy a caso una niña para éste hombre?… Entonces, no soy atractiva para él... ¡Ah! ¿Por qué debería importarme? No debería... Seguramente, esto se debe al tiempo que lo trataba como un anciano, ¡Eso es! ¡Esta es su venganza! ¡El es el mocoso!"

Kaylee bajó su cabeza y se dirigió a su cuarto, pero sus pasos fueron interrumpidos al escuchar en el primer piso los gemidos del pequeño humandrill. Éste golpeaba la ventana; lo que se estaba haciendo una costumbre. Entonces bajó, Mihawk al parecer estaba en el salón de estar y no la notaría. Abrió uno de los ventanales e hizo entrar al babuino, no escuchó ningún retronar de metal, no portaba su espada otra vez. Ella lo acarició y subieron juntos a su habitación.

Los chillidos del pequeño humandrill llegaron a los oídos de Mihawk, y se dirigió rápidamente al lugar donde creyó escucharlo. Vio en los peldaños de las escaleras las huellas con tierra del babuino. Su mirada cambió y un gran enojo lo rodeó. La habitación de ella estaba medio abierta; supuso que Kaylee estaba en la cocina, pues la había visto bajar. Entonces ingresó a la habitación, descubriendo que las huellas se dirigían al baño. Sin pensarlo, abrió la puerta de un solo golpe.

Sus ojos que antes expresaban rabia hacia un horizonte indefinido, dibujaron el suave contorno de la mujer frente a ellos. Al pestañar bajó su vista, se volteó y cerró la puerta rápidamente. Hubo un largo momento de silencio.

— ¿Qué pretendes, sirena? —dijo al fin cubriendo su frente con la palma de su mano.

Kaylee estaba dentro de la bañera su cola de pez se asomaba por un lado y sólo su cabello ocultaba sus atributos delanteros. El humandrill cubierto en los burbujeos de la tina observaba en silencio.

— ¡Ahh! —gritó tapándose con sus brazos, la sangre se acumuló en su cara—. ¡S-Sabes que no puedo verte! ¡No te aproveches de ello!

— ¿Qué clase de hombre crees que soy? —refutó en un tono que casi expresaba odio—. La puerta ya está cerrada...

Mihawk detestaba sentir la mezcla de nerviosismo y vergüenza, pues ocasionaban una presión sobre su pecho y una extraña sensación de calor alrededor de sus mejillas. Se alejó de la puerta lo más rápido que pudo…

El cielo matizado en colores cálidos dio la bienvenida a la sirena, que desde la mañana permanecía encerrada en su cuarto. Ella tenía abierta una puerta que daba al jardín, a espera de la llegada del pequeño humandrill que se había marchado luego del incidente. Llevaba el pañuelo de Shanks sobre su cabeza, y vestimenta holgada y cómoda.

Tras unos momentos se le veía jugando con el pequeño y reluciente humandrill. Mihawk leía un periódico, o era lo que intentaba hacer, se distraía mucho pensando y dándole una que otra mirada.

"Tan ingenua" pensaba, "sólo porque ese es un cachorro se acerca a ella, de lo contrario ya le hubiera hecho daño... Está llevando ese pañuelo de nuevo."

— ¿Qué nombre le pondrías? —le preguntó con una sonrisa en su rostro.

—No seas ridícula, déjame en paz... —respondió, tajante.

Kaylee le hizo una seña al humandrill, este se fue y ella entró cerrando la puerta de vidrio. Subió a su habitación y volvió. Mihawk estaba concentrado en su lectura. Se sentó cerca de la chimenea, no sabía qué hacer exactamente, aún se sentía incómoda por lo de la mañana.

— ¿Qué lees? —le preguntó, curiosa.

—El periódico —respondió sumergido en su lectura.

— ¿Tienes algún libro o cuento fantástico? Mucho mejor si es sobre princesas, con un noble príncipe y mucho romance —dijo ella con luz en su rostro.

Mihawk la miró aborrecido ante su despliegue de fascinación no amesurado.

—No tengo esa clase de narraciones aquí, y si las tuviese no te las leería —respondió, de manera intimidante.

—Mihawk, preferiría no referirme a lo que transcurrió temprano el día de hoy y espero que tampoco lo hagas. Solo dime si…dime qué…—apretó sus labios estaba muy nerviosa para continuar—. No importa, tengo una solicitud: quiero ver tu rostro.

Los dedos que sostenían su periódico lo estaban apretando con fuerza, la tensión podía leerse fácilmente en los ojos que se posaban en ella. Su invitada se le acercó tímidamente esperando una respuesta, el volvió su mirada al papel.

—Creí que tenías claro que no podías ver —apuntó Mihawk con algo de resignación.

—Los ojos no son la única herramienta —explicó ella—. ¿Ya te has olvidado que las personas ciegas pueden ver a través de sus otros sentidos?

—... —calló y le dirigió una rápida mirada.

—Sólo quiero saber cómo eres, qué rasgos posees, reconocerte mejor.

—Hmp —frunció el ceño con sus ojos clavados en los suyos.

—Lo siento —dijo posando sus dedos sobre su boca—. Fui muy atrevida con mi solicitud…

—Ves a través del tacto…

—Sí —confirmó ella—. Nunca antes se lo había pedido a alguien. No he visto con mis manos el rostro de los humanos. Me han dicho, y percibo que es similar al nuestro.

—Adelante, tengo curiosidad —y agregó en un murmullo—: Espero que no te asustes.

Kaylee se extrañó ante su frase. ¿Acaso era un hombre poco llamativo? ¿Su rostro no tenía gracia alguna? Se ubicó frente a él, extendió sus manos con un poco de miedo, deteniéndolas en el aire. Realmente no era de las que se fijaba en el físico, no entendía bien la diferencia entre lo hermoso y lo horrible, se fijaba más en el olor, la voz, la entonación, el tacto, la forma de la espalda, el sonido de sus pasos. Decidió ignorar esas palabras.

—Permanece sentado… Necesito que guíes mi mano a tu cabeza —Kaylee se pasmó—. No eres calvo. ¡Lo sabía!

— ¿Disculpa? —preguntó perturbado.

—Lo siento... Es raro, hasta gracioso sentir calvicie, me acuerda a mi padre—dijo alejando sus manos.

"Su cabello es suave, corto y liso, su frente es amplia y al parecer tiene marcado el entrecejo, ahora se arrugó más". Kaylee se extrañó. "¿Estará enojado? ¿Incómodo? Sus cejas son como flechas, y su piel es tan suave como la de mi madre. Realmente, no debería tener más de cuarenta y cinco."

—Cierra tus ojos —le ordenó ella.

"Tienen una forma muy interesante, arqueada, fina…"

—Escuché que los halcones son aves depredadoras, muy hábiles en el vuelo. No entiendo a los humanos, temer a la mirada de un ave tan majestuosa es sumamente erróneo. Se te conoce como Ojos de Halcón, apuesto que son bellos.

Mihawk abrió sus ojos. Kaylee sonreía, tenía los suyos cerrados como imaginado al espadachín que tenía en frente. Él desvió su mirada tratando de aguantar una sonrisa.

"Usa patillas y sus orejas están tibias. Su nariz, es recta, bien definida, esta es la punta de su nariz, más abajo... Sus labios, suaves, no sonríe mucho, la comisura de estos así lo muestran. Su labio inferior se une con una barba corta, ésta se extiende hasta su mentón y llega hasta las patillas, su mentón es regular y la barba que tiene sobre él es encantadora... Cerca de sus labios he sentido algo, debo confirmarlo… Sus mejillas están interrumpidas por algo... ¡No puede ser!

— ¡Tienes bigotes! —dijo sonriendo ruborizada— ¡Me gustan mucho! Al parecer eres mi tipo, Mhihihi... Bien, sé que tu espalda es grande y firme, eres alto y a juzgar por ello tienes un físico delgado…

Kaylee se puso a su lado izquierdo, agachó un poco su tronco, apoyó una de sus manos en el sillón de Mihawk y con el dedo índice de su mano derecha alcanzó el borde de su boca.

—Y, cómo suponía, eres un hombre muy serio, sonríe un poco, así te verás mejor —dijo mientras lo hacía sonreír a la fuerza. Luego se retiró.

Mihawk la vio alejarse, a primera vista fastidiado, masajeó sus sienes, y luego llevó uno de sus dedos a sus labios.

— ¿Que quería decir con eso? Esa sirena tiene problemas muy serios… —sin querer, al volver a su lectura, suspiró y soltó una sonrisa cálida.

En su habitación Kaylee estaba desesperada.

"¡No puedo creer lo que hice! ¡Qué vergüenza! ¡Eres mi tipo! ¡Esto es tú culpa papá! Decías que el bello facial era un encanto masculino ¡y le he dicho que era mi tipo! Ahora no podré estar cerca de él… Debo componer mi semblante", pensaba balanceándose y moviendo sus extremidades con nerviosismo.

Kaylee sacó un par de sus bolsos y se marchó del castillo por la puerta de la cocina…

— ¿Pequeño Humandrill? ¿P-Por qué huele a sangre? —se preguntó empalideciendo.

—Uhh —respondió la criatura casi sin fuerzas.

— ¿Q-Qué ocurrió aquí? —se preguntó afligida mientras intentaba llegar al babuino.

Al encontrarlo sintió heridas sobre él, se angustió y lo abrazó, y escuchó algo extraño entre los arbustos. Un gran humandrill la observaba.

Kaylee sacó de su bolso una fruta para el pequeño que estaba muy débil. Al darle un mordisco, el gran humandrill se acercó a Kaylee, enseñándole los dientes.

—Puedes tomar una si lo deseas —le dijo extendiéndole una fruta.

El gran humandrill se paró en sus piernas y amenazó a Kaylee, pero el pequeño humandrill lo detuvo. El gran humandrill parecía ser su madre, pues al tranquilizarse, lo acarició y aplicó en él una extraña crema hecha de hierba.

—Vaya, ustedes son muy inteligentes…Tú también estás herida. ¿Quién les hizo esto? ¿A-A caso fue Mihawk? —se preguntó desconsolada.

Continuará…