Castle no me pertenece.

Capítulo 10:

(Meses después)

Nikki Heat adoraba su moto. Era su posesión más valiosa. Le permitía "nadar" por la ciudad como un pez en el agua. Hundirse en sus profundidades y resurgir como un delfín jugando a dar saltos. Además era preciosa, desde la rueda delantera al tubo de escape, toda ella en negro metálico. Obviamente, no llevaba matrícula. Un par de veces había tenido que despistar a un coche patrulla que la perseguía por esa razón. Y como siempre, ella había sido más rápida.

Paró en un semáforo que acababa de ponerse en rojo y miró alrededor. ¿De qué le sonaba esa zona? Iba tan ensimismada que no había visto ni por donde conducía.

Entonces se acordó. Castle vive por aquí. Había estado en su loft una sola vez, un mes atrás, cuando los invitó a todos a una cena informal para celebrar que la editorial le había aceptado con gran entusiasmo el borrador del libro. Borrador que por cierto se negaba a dejarle leer. "Tendrás que esperar a que salga, como todas las demás", le había dicho. Y el comentario de Gina (cuya presencia en la cena aún era todo un misterio sin explicación por muy editora suya que fuera) sobre cierta escena sexual no la había dejado más tranquila, sino todo lo contrario.

Cuando se quiso dar cuenta, ya había aparcado casi enfrente del portal. Se quitó el casco y se colocó bien la coleta baja que siempre se hacía para que no se le viera el pelo por debajo de la capucha, pero no se movió del asiento, dudando. ¿En serio voy a espiarlo? Debería estar buscando criminales. Debería irme de aquí. Debería... Benditos constructores obsesionados con las escaleras de incendios exteriores. Me facilitan mucho las cosas.

Llegó al último piso y se sentó en un escalón. La ventana daba más bien a la cocina, pero el salón se veía perfectamente. Y en él, a Castle abrazado a su hija, ambos sentados en el sofá y mirando la televisión. Nikki sonrió sin proponérselo. Alexis había sido otra sorpresa. A ella nunca le habían gustado demasiado los niños. La hacían sentir vulnerable, más alerta que de costumbre por su fragilidad. Pero la pelirroja la había hecho pensar de otra manera, incluso desechar la idea de no enamorarse de un padre soltero. Mierda, ¿he dicho enamorarse? No puede ser. Pero es que se había convertido en un pilar tan imprescindible en su vida...

Llevaban trabajando juntos casi 6 meses y ya lo necesitaba a todas horas. Necesitaba su perfecto café por las mañanas, su perfecta sonrisa cuando se lo daba, sus perfectos ojos desnudándola con la mirada siempre que podía. Porque aunque ella le lanzara miradas cada vez más asesinas, él no desistía en hacerla sentir incómodamente deseada. A veces, se descubría a sí misma molesta porque él no se acercara más, porque mantuviera una distancia clave para poder oler su colonia de playboy pero no poder tocarlo.

Se había vuelto adicta a su presencia. Lo aceptaba y se maldecía por ello. Los pocos días que no lo veía, bien por alguna reunión o por asuntos familiares, lo echaba terriblemente de menos. Iba de un lado para el otro como una autómata, sin disfrutar de los pequeños y preciosos detalles de la vida, exactamente igual que hacía antes de conocerlo. Y todo el mundo se daba cuenta. Sus compañeros, el capitán, los demás policías del precinto. Todos sabían ya que si ella (la mujer más fuerte, terca, tozuda y sarcástica del trabajo que nunca demostraba lo que sentía) estaba triste, era porque Castle no la acompañaría ese día.

Pero ese no era su mayor problema.

Su mayor problema era que Castle estaba de pie al lado de la encimera de la cocina con un cuenco vacío de palomitas en la mano. Y la estaba mirando. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no abrir la boca de la sorpresa. No por haber sido descubierta, sino por no haber visto que el escritor se había levantado de lo abstraída que estaba. Era la primera vez en cinco años que bajaba la guardia.

Se movieron al mismo tiempo. Él corrió hacia la ventana y ella saltó con agilidad al rellano del piso de abajo, y luego a los siguientes, hasta llegar a la acera. ¿Cómo he podido dejarme ver así?

Castle salió a la escalera y miró a la carretera, a tiempo de ver como una moto se perdía rápidamente en una curva. Entró en la casa de nuevo y cogió el móvil. Pero... ¿a quién llamar? ¿A la policía? No le creerían aunque lo jurara. ¿A su madre? No, no quería preocuparla. ¿A Batman? No, mierda, no tenía ese número.

- ¿Papá? - Alexis lo sacó de sus pensamientos -. ¿Pasa algo?

- No, no. ¿Ya ha acabado la peli?

- Sí. ¿Puedo ver otra?

- Ya sabes que entre semana no puedes acostarte tarde.

- Era para ver si colaba – dijo la niña con una sonrisa -. Buenas noches.

- Buenas noches, Alexis. A ver si yo consigo dormir tranquilo también – masculló.

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- ¡Castle! ¿Se puede saber qué te pasa? - preguntó Beckett por enésima vez.

Su compañero llevaba todo el día ausente, cabizbajo, pensativo. Ella sabía perfectamente la razón, pero necesitaba que fuera él quien lo dijera. Cosa que no había conseguido. Hasta ahora.

- Nikki Heat estuvo anoche en mi casa – dijo completamente serio.

Kate puso cara de pócker, desprevenida después de tantos intentos fallidos, sin saber cómo comportarse. ¿Curiosa? ¿Despreocupada? ¿Ansiosa? No, eso no.

- Castle, no inventes – optó por la incredulidad.

- ¡Es verdad! - miró alrededor antes de volver a mirarla y bajar la voz -. No me refiero a dentro de mi casa, sino a las escaleras de incendios de mi casa. Estaba con Alexis viendo "Shrek" y cuando fui a por un vaso de agua la vi allí sentada – ahora sonaba preocupado.

- Está bien. Te creo. ¿Le viste la cara?

- No. Estaba oscuro y llevaba capucha.

- ¿Se lo has dicho a alguien más?

- ¿A quién quieres que se lo cuente? ¿A Alexis, que no se enteró de nada? ¿O a mi madre, que seguramente montará una escena dramática?

- Puedo ponerte protección policial si quieres – dijo Kate, consciente de que no sería para nada necesario. Después de lo de anoche no pensaba acercarse a la residencia del escritor nunca más.

- No, no, no hace falta. Es que... es todo tan raro. Cuando se dio cuenta de que la había pillado, creo que se asustó. Y luego se fue corriendo. Si su intención fuera hacerme daño... no tiene sentido.

- ¿Qué otra razón podría tener para vigilarte? - Beckett quería saber hasta qué conclusiones había llegado el escritor.

- ¿Un autógrafo? - intentó bromear él -. No sé... ¿Y si... y si se ha dado cuenta de que he estado investigándola?

- ¡¿Que has hecho qué?!

- Shh, no hables tan alto – le tapó la boca con la mano -. Y no he averiguado nada si eso es lo que quieres saber – dijo mirándola a los ojos. Unos ojos hechos para perderse en ellos...

- Hey, Beckett - detective y escritor giraron la cara sin cambiar de posición para encontrar a Ryan con una deja levantada -. ¿Interrumpo?

- ¿Q...? - apartó la mano de Castle de su cara al no poder hablar bien -. ¿Qué? No, claro que no.

- Ya... en fin, hemos encontrado al vecino. Se registró en un motel hace una hora. ¿Vienes a por él?

Beckett asintió levantándose y se puso la chaqueta. Castle ya iba a dirigirse al ascensor cuando ella lo agarró por la solapa de la camisa, acercándolos peligrosamente.

- Esa mujer es peligrosa, Castle – lo advirtió. Aunque no sabía que clase de investigación había llevado a cabo el escritor, estaba segura de que no era un simple juego para él. Y si seguía buscando, al final encontraría algo. Y además, ¿no se suponía que ella (Kate) era su única musa? ¿Qué hacía "documentándose" sobre otra? Genial, ahora tengo celos de mí misma -. Tienes que contarme todo lo que sabes.

U.U ¿Se avecinan problemas para Castle? ¿Cómo afectará esto a su relación?

Gracias por leer x)