El gran día por fin había llegado. Candy estaba nerviosísima por el evento. La tía Elroy le había mandado a confeccionar un maravilloso vestido, a la altura de la esposa del hombre mas importante del clan Andrey. Candy se observaba sola en el espejo mirando su reflejo en él. Hoy por fin, seré su esposa- pensaba, de aquí en adelante no tendremos que escondernos ni nada…

- ¡Oh Candy que hermosas estás!- exclamaba la Srta Pony al verla. Hermana María vea…mire a Candy… OH Candy… exclamaba que linda estás- decía a la vez que lloraban las dos madres de Candy sin parar.

- Candy- como tus madres queremos decirte algo- decía la Srta Pony

- ¿Qué es?- preguntó intrigada Candy

- Candy, tu haz hecho que nuestras vidas tengan sentido…

- ¿Cómo?- exclamó ella

- Si Candy, verte crecer, salir adelante, haberte visto enamorarte, ser una toda una profesional y hoy verte que te casas con un excelente hombre, ha hecho que nuestras vidas tengan sentido. Tú pudiste haberte olvidado de nosotras, habernos erradicado de tu vida, pero siempre nos has ayudado, siempre nos hemos sentido muy queridas por ti- ¡Candy estamos tan orgullosa de ti!- decía la Srta Pony rompiendo en llanto.

- Srta Pony- lloraba Candy abrazándola. Nunca me olvidaré de ustedes. Decía también abrazando a la Hermana María, algún día les podré pagar tanto amor que me han dado, algún día yo tendré la oportunidad de cuidar de ustedes…nunca más tendrán que pasar por necesidades ni penurias, ni ustedes ni los niños…nunca les volverá a faltar algo…eso se los juro.

- Candy- decían ellas.

En eso entraron Annie y Paty- ¡Pero basta de tanto llanto! - ¡Candy, debes verte hermosa!

Annie y Paty arreglaron a Candy hasta dejarla muy hermosa. Ellas les pidieron a la Srta Pony y a la hermana María que se retiraran porque sino Candy no dejaría de llorar, por lo que se retiraron.

- ¡Qué lindos vestidos llevaban ellas!- comentó Paty

- ¡Oh Si!- La Tía Abuela les hizo mandar a confeccionar vestidos a ellas y a todos los niños del hogar de pony

- ¿En serio?- preguntó sorprendida Annie

- Así es.

- Bueno Candy estamos listas. Voy a llamar a Archie.

Archie al ver a Candy quedó boquiabierto. ¡Estás hermosa!- ¡Albert quedará muy complacido!.

Y así Candy caminó tomada del brazo de Archie por aquel pasillo que la llevaría al hombre de sus sueños. Al entrar a la iglesia, todos los presentes quedaron impresionados por la belleza de Candy. Albert no daba crédito a lo que veía. Era ella, estaba hermosa, y venía caminando hacia él, dispuesta a quedarse con él para toda su vida.

Candy llegó hasta él y solo le pudo decir con una voz quebradiza:

- ¡Estás perfecta!

La ceremonia terminó y la fiesta fue todo un éxito. Todos la pasaron muy bien. Albert estaba muy feliz, al día siguiente partirían a Europa de Luna de Miel, el viaje duraría al menos un mes y medio, por que Albert de todas formas tendría unas reuniones de negocios allá, lo que a él no le hacía gracia, pero solo serían unos pocos días. Así que Candy aprovechó de despedirse de ellos, y todos les desearon un muy feliz viaje.

Había sido un largo y agotador día, pero eso no fue impedimento para que Albert la tomara una vez más. Pero ahora, sin culpas ni miramientos, porque ahora ella era totalmente de él.

XII

Al día siguiente viajaron a Europa, rumbo a Londres, durante el viaje, sus pasiones se desbordaron, a tal punto que por varios días, apenas si salían de la habitación. Solo salían en las noches para ir a cenar y a dar uno que otro paseo, Albert la deseaba con él todo el día. Candy por su lado, lo consentía en todo. Albert sin lugar a dudas era un excelente amante.

Al llegar a Londres, se hospedaron en un lujoso hotel. Ahí se quedarían por una semana aproximadamente, para luego partir a escocia.

Estaban pasando momentos muy agradables. Pasearon por la ciudad, fueron a comer a varios restaurantes elegantes y conocieron diversos lugares. Una tarde, al llegar al hotel, se dieron cuenta que existía un gran alboroto.

Estaba lleno de periodistas y chicas que gritaban e intentaban acercarse a alguien para tomarle una foto o pedirle un autógrafo.

De repente, un muchacho muy conocido para candy y Albert, salió corriendo de la muchedumbre para quedar frente a frente candy.

-¡Candy! – exclamó

- ¡Terry!

Candy y Terry se observaron por unos segundos directamente a los ojos.

-¡Hola Terry! – exclamó Albert contrariado. Esto no se lo esperaba.

- ¡Albert que sorpresa!- en eso los periodistas y las persona se abalanzaron sobre ellos.

- ¡Vamos!- exclamó Albert y los condujo al salón privado que tenía él en el hotel para almorzar tranquilo o realizar sus juntas de negocios.

Candy estaba estupefacta. No cabía en sí. Ahí estaba, frente a ella, estaba Terry. Nunca pensé volver a verte terry- Pensaba.

- ¿Y ustedes que hacen aquí?- le preguntó Terry sorprendido

Albert al ver que Candy no contestaba le dijo. Eh, Terry- Candy y yo estamos de Luna de Miel

Terry quedó en muy sorprendido, ¿cómo? -¿De Luna de miel? ¿Cuándo se casaron?

- Hace una semana y media aproximadamente

- Pues, felicitaciones Candy- Albert- dijo Terry en un tono poco descifrable.

- Bueno, me voy. Los dejo solos. Terry se sentía fatal. Candy no decía nada. Albert estaba muy contrariado.

-Nos veremos mañana. También me hospedo en este hotel. Solo que ahora, voy al ensayo. ¡Adiós Candy, Albert!

- ¡Adiós!- exclamó Candy al fin

Albert y Candy, se dirigieron a la habitación. Ninguno de los dos hablaba. Candy estaba atónita. Ella ya no amaba a Terry, de eso estaba segura, ¿pero entonces por qué el verlo le provocaba esa sensación tan extraña?.

Albert sentía su corazón dolido. Él sabía que ella lo amaba, pero también sabía que Terry era un capítulo no cerrado para Candy. Al llegar a su habitación, Albert encontró un telegrama dirigido a él. Lo leyó y le dijo a Candy:

- Mi amor- mañana tendré que dejarte sola me temo- dijo pensando en Terry, tengo que ausentarme. Richard Stevens está aquí. Y requiere mi presencia para ver unos negocios.

- ¡Richard Stevens!- exclamó Candy

- ¡Sí el mismo!- exclamó Albert molesto. Y era de esperarse, ya que Richard Stevens era un archienemigo de la Familia Andrey. Siempre habían tenido problemas netamente a los negocios y a rencillas de poder. Stevens anhelaba ser la familia mas poderosa, pero por los Andrey el no podía serlo. Su presencia molestaba a Albert, pero si no quería problemas sería mejor ir.

-¿Quieres que te acompañe Albert?- le preguntó Candy

-No mi amor, no quiero que conozcas a semejante hombre. Tú quédate aquí y descansa.

Candy se sintió insegura. Y si veía a Terry- pensaba. Esa noche durmió intranquila. Ella y Albert casi no hablaron esa noche. Pero él sabía muy bien lo que pasaba dentro de esa cabecita.

A la mañana siguiente bajaron a desayunar muy temprano, porque Albert tendría que irse luego a la reunión. A los minutos llegó el grupo de teatro de Terry, con Terry a la cabeza.

Terry se acercó a saludar. Albert lo invitó a sentarse a la mesa y le explicó que tendría que irse a una reunión de negocios que por desgracia no podía eludir, así que Candy se quedaría sola.- Albert dijo esto con mucho miedo, pero sabía que ellos necesitaban un tiempo para estar solos. El confiaba en Candy

-¿Te molesta si le hago compañía a tu esposa Albert?- le preguntó Terry. Candy miró desperada a su marido, como suplicándole que le dijera que sí le molestaba

Albert notó la mirada de Candy y con un terrible pesar, le dijo -¡Pero por supuesto que No Terry, por favor, no la dejes sola!- te agradeceré mucho si le haces compañía.

Candy quería asesinar a Albert. Luego él se despidió y se fue, dejando a Terry y a ella sentados en la misma mesa.

-Desde que me viste Candy apenas si me haz dirigido la palabra. No te agradó verme ¿verdad?

-Oh Terry, no, no es eso- solo que no espera encontrarte de nuevo, eso es todo.

Terry puso una mirada dura. - Si quieres me voy- dijo parándose bruscamente

- ¡No Terry!- le dijo tomándole una mano. Perdona, ha sido todo muy sorpresivo, eso es todo. Pero cuéntame de ti, que ha sido de tu vida

Terry se sentó nuevamente. No se quería ir. Necesitaba quedarse sentado en esa mesa.

- De mí. Bueno han pasado tantas cosas- dijo suspirando. Sigo en la compañía de teatro y me ha ido bastante bien. Estoy muy contento.

- Me alegro-le dijo Candy- ¿y Susana?- le preguntó con un hilo en la voz

- Ella terminó conmigo sabes- le dijo triste

- ¿Cómo?-

- Así es, ella está aquí en Londres, aquí es donde ella ha comenzado su rehabilitación. Ha avanzado mucho, vieras como se ha esforzado Candy! - Terry hablaba con gran ternura y admiración hacia ella. Ya casi no necesita las muletas, se ha adaptado muy bien a la prótesis, si sigue así, quizás pronto vuelva a actuar. Es una excelente actriz.

Candy se emocionó al oír esas palabras.-

- ¡Así que al final te enamoraste de ella!- le dijo con lágrimas en los ojos.

- ¿Yo?- dijo sorprendido Terry. - No, bueno, no lo se. - En todo caso, ya no hay caso. A ella se le ve muy entusiasmada con su doctor. - De hecho él le ha declarado su amor y hasta matrimonio le ofreció.

- ¿Y qué dijo ella?

- ¡Que lo iba a pensar! - ¿Puedes creerlo? - ¿Después de todo el daño que ella nos causó?

- Las cosas estaban destinadas a ser así Terry. Yo estaba destinada a casarme con Albert, y tú, tú deberás ver que quieres para ti.

- ¿Estás enamorada de él?

- Profundamente- le contestó

- ¿Ya me olvidaste?

- Nunca Terry, nunca te podré olvidar, pero eso quedó atrás- ¡Albert lo es todo en mi vida!.

Justo en ese momento, entraba una hermosa chica de cabellos dorados. Iba en busca de Terry. Necesitaba verle, hablar con él, antes de darle una respuesta a su doctor, lo que vio, la dejó impactada:

- ¡Candy!- exclamó. - ¡Él está con ella!- Hace solo unos días que terminamos y ella ya está aquí, ¡pero cómo Dios!, es que acaso, Terry - ¿en verdad te da lo mismo que me vaya con otro hombre?- sollozó Susana y salió lo mas rápido que pudo de ahí.

Ese día pasaron casi todo el día juntos. Conversaron mucho y recordaron los felices días del colegio San Pablo. Estaban cenando en el comedor del hotel muy animadamente, cuando regresó Albert de su junta de negocios. Antes de que lo vieran, Albert analizó fijamente a su esposa. Quería saber qué pasaba por la mente de Candy. Quería saber qué sentía ella. Unos celos tremendos lo abordaron, cuando Terry tomó la mano de candy y la invitó a Bailar. Terry la tomó por la cintura muy fuerte y la llevó hacia él. Candy se sonrojó y sus rostros quedaron muy cerca, a unos pocos centímetros. Albert iba a intervenir furioso, iba a matar a Terry, entonces Candy y él se separaron. Candy, le dijo, Terry será mejor que me retire. Iré a esperar a mi marido en mi habitación. Albert al escuchar esto, se marchó rápidamente para que Candy ni Terry lo vieran. Terry, tú deberías ir por Susana, quizás no es demasiado tarde. Y ahí, a paso rápido se retiró, dejando a Terry parado solo mirando como se alejaba Candy.

Candy llegó muy pensativa a su habitación. Sintió un gran alivio en su corazón cuando se dijo: Sí, Terry es un capítulo cerrado en vida, mi vida hoy es Albert, mi amado esposo.

Albert se demoró unos minutos más en entrar a la habitación. Antes había pasado por el bar del hotel y se había tomado dos vasos de whisky al seco. Había tenido un duro día de negocios y más encima había visto a Candy y Terry muy cerca, estaba que se moría de celos y estaba muy angustiado. Él no había escuchado la conversación, solo había podido observar, pero lo que había visto, había echo que se le partiera el corazón.

Cuando entró a la habitación, Candy saltó a sus brazos, para recibirlo. Él entre lo celoso, angustiado y un poco borracho, tomó con fuerza candy y la colocó contra la pared donde comenzó a besarla con locura. La tenía sujeta de ambas muñecas para que ella no se pudiera alejar de él

- ¡Albert!- exclamó Candy- ¿qué pasa?

Pero Albert no hablaba, solo la besaba con gran pasión. Necesitaba con urgencia hacerla suya. Sentirla. Sentir si era amado o no, sentir si era correspondido.

Candy comenzó a responder a esa pasión. Sabía que algo le pasaba, sabía que había tomado, su aliento olía a Whisky, pero ella, no podía rechazarlo, ella también lo necesitaba y mal que mal suponía que se debía a Terry.

Esa noche Albert le hizo el amor como nunca. Apasionado, por momentos hasta brusco, estaba desperado, le hacía el amor como si el mundo se fuese a acabar si en ese momento si no lo hacía. Era como si Albert tuviera que demostrarle algo a Candy.

Albert aceleraba el ritmo de la penetración, estaba fuera de sí. Candy pudo ver como unas lágrimas corrían por las mejillas de Albert.

- Pero Albert - ¿qué sucede?

- ¡Por favor Candy nunca me dejes! – le suplicó

Una vez terminado aquel apasionado acto de amor, con Albert jadeando a su lado, Candy le abrazó y le preguntó: Mi amor, me vas a decir ahora que te sucede…

- Candy no me dejes- prometo ser el mejor hombre que haya para ti- le dijo con lágrimas en los ojos.

- Pero Albert, mi vida, si eres el mejor hombre para mí. -¿Pero qué pasa?

- Te vi Bailar con Terry- le dijo Angustiado

- Ah. Eso, pero Albert, ¿acaso no confías en mí?

- Si, pero y él…

- Él, está enamorado de Susana.

- ¿qué? Pero hoy más encima me enteré por rumores que escuché que ella había terminado con él.

- Si, así es. Eso le hizo darse cuenta de lo que la ama. Al despedirnos hoy, lo mandé a que fuera a conversar con ella. Qué tontito eres?- en todo este tiempo, no te has podido dar cuenta de todo lo que te amo mi amor…no hay ningún Terry que me pueda alejar de ti… solo vivo para ti mi amor- le dijo Candy emocionada-

Albert la besó nuevamente con euforia. Nuevamente le hizo el amor, pero esta vez, con más calma que la vez anterior