Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Sarah Morgan.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la Warner Bros.
Título: Seducción en el Caribe
Summary: Ella cree tenerlo todo bajo control y el va a disfrutar demostrándole lo contrario.
Nota de la autora: Tiempo sin saber de mi, pero siempre estoy aqui aunque no me vean. Les agradezco a todos por seguir este fic y me encantan sus reviews, ellos me isnpiran a seguir publicando. asi que sin mas a leer!
Capítulo 9
—¿Entonces has llamado a tu hermana? —Draco le dio un plato de fruta y unas pastas.
Era tarde por la mañana y estaban disfrutando del desayuno en el embarcadero de madera que se adentraba en el agua. Exóticos peces saltaban debajo de ellos, lanzando deslumbrantes destellos de color a través del agua clara. El único sonido que se oía era el de un colibrí cuando volaba a ras del agua.
—No la he llamado. No he encendido el teléfono desde ayer —Hermione vaciló un momento y entonces le miró—. He pensado mucho en lo que me dijiste. Y tenías razón.
—¿En qué exactamente?
Hermione bajó la vista y empezó a juguetear con la comida. —En muchas cosas. Soy muy controladora. La he tratado como si fuera una niña pequeña, pero ya no lo es —esbozó una media sonrisa—. Para mí sigue siendo la cría vulnerable que solía meterse en mi cama chupándose el dedo. No me había dado cuenta de que había crecido. O a lo mejor sí que me di cuenta, pero no quería ver la realidad.
—Deja de analizarlo todo.
—Es difícil cuando sabes que lo has hecho todo mal. Le he puesto las cosas difíciles —le dijo, sintiendo una profunda frustración.
Había luchado tan duro porque las cosas salieran bien… Había querido darle a Jean todo el amor que no habían recibido de su madre.
—De hecho, lo he estropeado todo.
Draco guardó silencio unos momentos. —Hermione, si esto es por lo que te dije durante la tormenta, yo soy el primero en admitir que no sé nada de tus emociones. No deberías hacerme caso. Probablemente estaba equivocado.
Ella no pudo evitar la sonrisa. —¿Equivocado? ¿Crees que estabas equivocado? ¡Vaya! Nunca esperaba que admitieras una equivocación. ¿Se lo digo a la prensa?
Los ojos de él brillaron. —¿Quieres contarle a la prensa lo bien que me conoces?
Hermione se sonrojó. —Mejor no. Y de todos modos, no estabas equivocado. Tenías razón en todo —se encogió de hombros—. Fuiste sincero. Me fue difícil encajarlo, pero era importante. Me has hecho ver las cosas con más claridad. Tengo que hacer las cosas de otra forma. Y una de esas cosas es no llamar a Jean cada cinco minutos. Me muero de ganas de agarrar ese teléfono y llamar, pero sé que tengo que dejarlo ya. Me llamará cuando esté lista, y cuando por fin lo haga, la escucharé.
—¿Y por qué no pruebas a animarla un poco a ver si eso ayuda?
—¿Quieres que le diga que no hay nada de malo en que tenga una aventura con tu hermano? No se si puedo ir tan lejos.
—De todos modos, ella está teniendo una aventura, con o sin tu consentimiento. No soy experto en el comportamiento humano, pero me parece que cuanto más trates de apretarle las riendas, más se rebelará.
—Seguro que tienes razón. Es que me preocupo por ella. Me da miedo que hieran sus sentimientos. No quiero que eso ocurra.
—Eso es parte del proceso de crecer. Le harán daño, pero entonces se volverá más fuerte.
Hermione titubeó un momento y se preguntó qué estaba dispuesta a decirle. —No todo el mundo es tan fuerte como tú.
—No descubrirá lo fuerte que es si la proteges todo el tiempo. Aprender a salir de los problemas por uno mismo es parte del proceso de madurez. ¿Por qué te sientes tan responsable de ella?
Hermione tomó un trozo de fruta. —Soy mayor que ella y también sabía lo que Jean era capaz de hacer.
—¿Y tienes que comportarte como si fueras su madre porque eres mayor?
—No sólo porque soy mayor —ella agarró el café y le dio un sorbo. No quería hablarle de sus padres—. Jean… confía en mí. Habla conmigo. O solía hacerlo. Y la he visto en esta situación otras veces. La he visto tan locamente enamorada que no puede pensar con claridad. Y el resto de su vida parece no tener importancia en ese momento.
—Eso también es parte del proceso de crecer.
—Quizá. Pero la última vez… —Hermione se detuvo. Su discreción instintiva luchaba contra un extraño deseo de confiar en él—. Se tomó unas pastillas —le dijo sin más. La mano le tembló al poner la taza en el plato—. Jean se tragó el contenido de un bote de pastillas que el doctor le había recetado para ayudarla a dormir después de una crisis nerviosa, solo que las uso después de que su ultimo novio le dijera que no estaba interesado en algo serio con ella. Y se las tomó mientras estaba en mi apartamento. Así pude encontrarla tan rápido. Aun asi casi no lo logra duro tres meses en coma y cuando volvió ella hizo como si nada hubiera pasado.
—Y te preocupa no estar ahí si eso vuelve a ocurrir.
—Sí.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a pasarte la vida pegada a ella para poder detenerla antes de que agarre otro bote de pastillas?
Hermione se encogió por dentro. —Esa es una respuesta típica del abogado que hay en ti. Dura y objetiva.
—Pragmática. Y tienes que dejar de sentirte responsable de ella. Puedes ofrecerle tu apoyo, pero no puedes vivir su vida. Si haces eso, vas a sufrir mucho, una y otra vez.
—Es que no me gusta ver cómo se mete en problemas.
—¿Y cómo sabes que tiene problemas?
Hermione lo miró con ojos impotentes. —Porque no apareció por su trabajo. Porque está con tu hermano y es evidente que se trata sólo de sexo y… —se detuvo al darse cuenta de que estaba describiendo su relación con Draco.
El debía de estar pensando lo mismo porque la tensión aumentó de repente. —Esa clase de relación trae problemas.
— sí— dijo ella de manera firme.
El énfasis de sus palabras le dejó claro que ya no estaba pensando en Jean.
—Yo no soy igual que mi hermana —le dijo ella—. Puedo separar el sexo del amor —añadió, esperando sonar convincente.
Draco la miraba fijamente, así que apartó la vista y miró hacia la bahía. El se sirvió otra taza de café. —Cuéntame qué pasó aquel día con Jean.
—El chico con el que salía… Bueno, de repente le dijo que se iba a casar con otra y acabó con ella, literalmente. Jean siempre espera demasiado de sus relaciones. En cuanto un chico la mira empieza a pensar en la boda y se entrega facil a una relación intima sin pensar en el futuro, mientras ella va en serio, ellos solo van de paso… —se detuvo y cruzó los brazos.
El la miraba con mucha insistencia.
—Es culpa mía. Debería haberla convencido de que regresara a Londres.
Malfoy guardó silencio un momento. —A lo mejor les viene bien a los dos —le dijo con una expresión irónica en los ojos—. Y ahora ya no quiero hablar más de ellos. Estoy cansado de hablar de mi hermano y de tu hermana. Apenas has comido. ¿Te sientes mal?
—No —Hermione esbozó una sonrisa rápida y sacudió la cabeza—. Todo está delicioso, pero no tengo hambre.
—Con toda la actividad física que hemos tenido esta mañana, deberías morirte de hambre.
Ella se sonrojó. Nadie le había hablado así en toda su vida. —Estoy bien. ¿Entonces vas a aceptar al actor como cliente?
—No lo he decidido todavía —dijo el, contemplando el océano.
—Bueno, tiene mucho dinero, así que sería de lo más lucrativo.
—No lo hago por dinero.
—No. Ya sé que no. Lo haces por otros motivos.
Él se volvió hacia ella.
—¿Y tú crees que conoces esas razones? —le preguntó, pensativo.
—Bueno, es evidente que no necesitas el dinero —ella miró a su alrededor —. Eres un hombre muy inteligente y es evidente que te resulta estimulante ejercer como abogado. Pero hay algo más. ¿Verdad?
—¿Lo hay?
—Draco, podrías haberte especializado en muchas áreas distintas, pero escogiste ésta. Y sólo representas a hombres. Nunca a mujeres.
Él le sostenía la mirada con intensidad.
—Los clientes contactan conmigo.
—Pero tú eres muy selectivo. A veces parece como si trataras de vengarte de todas las mujeres. Y, sin embargo, sé que no odias a las mujeres. Creo que sólo odias a aquéllas que tratan de beneficiarse del matrimonio —vaciló un momento—. ¿Tus padres se divorciaron?
Él se puso tenso de inmediato.
—Lo siento —se apresuró a decir Hermione —. No es asunto mío.
—Vengo de un pequeño pueblo de Sicilia que todavía vive en otro tiempo. El divorcio no existe. Se ocupan de los problemas matrimoniales de otro modo.
—¿Quieres decir que tienen aventuras?
—Dos personas no están destinadas a estar unidas para siempre. Lo máximo que uno puede esperar es monogamia en serie.
—Si tu padre tenía muchas aventuras, entonces entiendo por qué has llegado a esa conclusión.
El rehuyó su mirada y se fijó en un yate que pasaba muy cerca. Pasó un largo minuto antes de que volviera a hablar.
—No fue mi padre. Fue mi madre. No sé por qué te estoy contando todo esto.
Ella miró su duro perfil y se enojó consigo misma. —Sí. Claro. Tenía que ser tu madre.
—¿Claro? —se volvió hacia ella con ojos brillantes y peligrosos—. ¿Por qué «claro»? —le preguntó en un tono espinoso.
Hermione supo que se habían adentrado en aguas peligrosas. Sin embargo, él había confiado en ella y ella lo conocía lo bastante como para saber lo importante que era eso.
—¿Que cómo sé que fue tu madre? Porque te niegas a crear vínculos afectivos con las mujeres. Porque rescatas a los hombres de matrimonios dañinos con mujeres que no los aman.
—Es evidente que has pasado mucho tiempo analizándome.
Ella sacudió la cabeza. —Claro que no. Pero hemos estado juntos durante varios días y habría sido imposible no notar ciertas cosas…
—Entonces también habrás notado que no me gusta hablar de mí mismo —se puso en pie, rodeó la mesa y la tomó en brazos—. Y cuando se trata de ti tengo un apetito sexual insaciable.
—Draco… —sin aliento, Hermione le rodeó el cuello con los brazos y se dejó llevar al dormitorio.
Draco yacía sobre la cama, mirando al techo. Tenía a Hermione en brazos, dormida.
No había pensado en su madre durante años. No había querido adentrarse en ese terreno. Y hasta ese día jamás había hablado de su infancia con otra persona. Nunca le había revelado ningún secreto personal a otra persona.
Y, sin embargo, por alguna razón, se lo había dicho a Hermione Granger; ella, con su sentido exacerbado de la responsabilidad y su firme creencia en la existencia del amor.
¿Y qué había conseguido con aquella confesión? Sentirse vulnerable y expuesto. Además, ella debía de creer que su relación había dado un giro importante. Y era cierto, pero no en la dirección que ella esperaba.
Ella se movió en ese momento. Deslizó las piernas por las de él y se cambió de postura. Entonces levantó la cabeza y lo miró con ojos de sueño.
—Te quiero —murmuró, acariciándole el rostro.
—Ya lo sé… Es tarde —añadió, levantándose de la cama—. Tengo otra reunión con mi cliente. ¿Por qué no te das un baño o algo así? Relájate un poco.
La expresión de ella cambió de inmediato. Agarró la sábana y se tapó hasta la cara. —Muy bien. Lo haré.
El dio media vuelta y se dirigió hacia el vestidor.
Hermione se puso su falda oscura, se subió la cremallera y entonces se dio cuenta de lo incómoda que iba a estar, de nuevo. Unos días antes ese atuendo le parecía completamente adecuado y acorde con su estado de ánimo y forma de ser. Pero las cosas habían cambiado, y ya no tenía elección.
Una vez más su pequeña bolsa de viaje estaba en el suelo. Natalya apareció en el umbral. —Oh… —exclamó, sorprendida al verla lista para partir—. Vine a decirle que el señor Malfoy tiene que volver a Roma esta tarde. Pero es evidente que alguien le ha avisado ya.
—Gracias, Natalya —le dijo, forzando una sonrisa—. Estaré en el embarcadero en una hora.
Hermione se relajó en el suave asiento de cuero y estaba leyendo un documento que tenía sobre su regazo. Esta muy retrasada con respecto a su trabajo, anotaba cosas en los márgenes de vez en cuando.
Draco Malfoy, el despiadado abogado, estaba sentado frente a ella. Llevaba todo el viaje hablando por teléfono, hablando en italiano a toda velocidad.
Después de una de esas llamadas, levantó la vista. Su hermoso rostro carecía de expresión. —Tengo un mensaje de mi hermano. Parece que tu hermana y él han vuelto a Roma.
—Oh. Muy bien.
—Dice que están prometidos.
Hermione se preguntó por qué no sentía nada. —Me alegro mucho por ellos.
—¿Te alegras? —le preguntó él, frunciendo el ceño—. ¿Cómo puedes alegrarte? Pensaba que era lo último que deseabas.
—Tú me has enseñado que no se puede vivir la vida de otra persona —murmuró, mirando por la ventanilla—. Espero que sean felices.
—Seguro que terminarán subiéndose por las paredes —esbozó una sonrisa—. Y entonces tendrás que ofrecerles tus servicios como consejera.
—Y si fracaso, tú te ocuparás del divorcio.
—Quédate conmigo en Roma —le dijo de repente.
Hermione se le quedó mirando, perpleja. —¿Disculpa?
—Esto no tiene por qué acabar. Sus palabras fueron tan inesperadas que a Hermione le faltó el aliento.
Abrió la boca para decir algo, pero no pudo hacerlo. —¿Me estás ofreciendo ese puesto tan codiciado por todas? ¿Me ofreces que sea tu amante? —de alguna manera consiguió bromear con el asunto—. Bueno, desde luego tendría algunas ventajas. Para empezar, me darían ese número de teléfono. Y así por lo menos podría ponerme en contacto contigo sin tener que tenderte una emboscada en tus oficinas.
—¿Eso es un «sí»?
Ella parpadeó varias veces, temiendo que las lágrimas asomaran en sus ojos.
—No, Draco. No es un «sí. ¿Cómo podría ser un «sí»?
—Porque es lo que deseas.
—No. No lo es. No quiero una relación basada en el sexo. —dijo mientras lo miraba alos ojos, no podía hacerse esto, ya sabia lo que habían pasado sus padres y por lo que veía lo que pasaría Jean, por que arriesgarse a sufrir. —Esta mañana cometí un error. Te dije que te quería, y eso es algo que tú no quieres oír.
—Seguro que te sientes mucho mejor que yo con esas palabras. Espero que hayas oído esas palabras cuando eras niña —le dijo con amargura—. Yo no.
Hermione guardó silencio.
—Deja que te diga la verdad sobre la relación de mis padres —le dijo finalmente, respirando hondo—. Nunca fueron felices en su matrimonio. De hecho, no tengo ni un solo recuerdo de ellos en un momento de felicidad. Nunca oí esas palabras —esbozó una sonrisa dolorosa—. Esa química de que tanto hablamos les impedía actuar con sensatez. Se separaban, volvían, se separaban de nuevo y así una y otra vez. No dejaban de practicar el sexo, pero no se soportaban el uno al otro fuera del dormitorio —se detuvo y lo miró fijamente.
El la observaba con gesto impasible. —Sigue.
Ella se encogió de hombros. —Incluso a la edad de siete años me preguntaba por qué no podían hablar de ello… Nunca lo hicieron. Era horrible. Todo era felicidad durante cinco minutos cuando mi padre llegaba a casa. Se encerraban en su dormitorio y unas horas más tarde empezaban las peleas.
—Y tú presenciabas esas peleas.
—Discusiones, gritos, golpes, sexo… Mis padres no se preocupaban de protegernos. Creo que ellos mismos no eran más que crios —ella suspiró—. No sé qué era peor, si las discusiones o el divorcio. Jean fue el resultado de uno de sus intentos fallidos de reconciliación. No funcionó. De hecho, la llegada de Jean empeoró las cosas. La responsabilidad de la niña complicó las relaciones de mi madre con mi padre, así que simplemente dejó de ocuparse de la niña y comenzó a llamarla estorbo.
—¿Y quién cuidaba de ella?
Hermione se limpió una mota de polvo de la falda. —Yo.
Draco frunció el ceño. —Tenías siete años. ¿Cómo podías cuidar de un bebé?
—Por que nadie cuido de mí. Años cuidando de mí misma, me sirvieron de experiencia. Simplemente la incluí en todo lo que hacía. Yo lavaba nuestra ropa, cocinaba para las dos. Le daba un abrazo cuando lloraba. Afortunadamente mi colegio estaba a la vuelta de la esquina, así que me escapaba a casa entre clases y a la hora de comer.
—Eso explica por qué te preocupas tanto por ella. Siempre he creído que te preocupabas por ella como si fueras su madre.
Hermione se frotó las sienes. —En realidad ella empezó a llamarme mamá cuando tenía dos años, pero yo no la dejaba. Yo misma era demasiado joven para entenderlo, pero creo que instintivamente supe que ella tenía bastantes problemas emocionales como para crecer creyendo que yo era su madre —se encogió de hombros y miró a Draco—. Fue un desastre. Seguramente no lo hice todo lo bien que podía.
—Creo que eres increíble —dijo él suavemente.
—No sé. Jean se quedó muy traumatizada y yo era demasiado joven como para saber qué hacer. Mí solución al problema fue asfixiarla a base de cariño, pero eso no compensaba el daño que había sufrido en su confianza en sí misma. El divorcio la afectó mucho porque nuestra madre le echó la culpa de todo. Si no hubiera tenido a Jean… Oh, no puedes ni imaginarte las cosas que decía.
—Creo que no quiero. ¿Y qué me dices de ti, Hermione? Me has hablado mucho de tu hermana y del efecto que tuvo en ella. ¿Y qué hay del efecto que tuvo en ti?
Por un momento ella guardó silencio. —Bueno, me hizo interesarme por la psicología. Y me ha enseñado que la pasión no es una buena base para el matrimonio. Pero eso tú ya lo sabes. Lo ves cada día en tu trabajo.
—¿Entonces quieres un matrimonio sin pasión? —le preguntó con incredulidad.
Ella se rió. —No. No quiero eso. Soy demasiado golosa como para conformarme con eso —le miró fijamente—. Y es por eso que rechazo tu invitación. Pero gracias —sonrió—. Gracias por preguntar.
—¿Golosa? ¿Y qué es lo que quieres?
—Oh… —se recostó en el respaldo del asiento—. El cuento de hadas. Quiero la pasión, sí. Pero también quiero un hombre que me estimule de otras muchas maneras; un hombre que me quiera por lo que soy, que esté a mi lado cuando las cosas se pongan difíciles y que se preocupe por mí de verdad —lo miró y se encogió de hombros, intentando reírse de sí misma—. Y supongo que ése es el motivo por el que sigo sola, estoy esperando al indicado.
—Hermione…
Ella levantó una mano. —No digas nada. No me arrepiento de lo que pasó entre nosotros, si eso es lo que quieres saber. Al final ganaste, Draco. No pude resistirme a ti. Pero volvería a hacerlo si el tiempo volviera atrás. Tú has cambiado mi manera de ver las cosas cuando miro atrás. Me has hecho entender cosas de mi vida que nunca había conseguido entender. No puedo perdonar a mi madre por cómo trató a Jean, pero por lo menos ahora entiendo cómo se apodera de ti la pasión. Ya veo las luces de la pista. Estamos a punto de aterrizar.
Todo había terminado.
Bueno esto se pudo color de hormigas, creen que ella se quedara con el oo creen que el con su orgullo por el suelo despues de ser rechazo seguira insistiendo, todo esto y mas en el proximo capitulo de su fanfic seduccion en el caribe, a la misma hora y por el mismo canal...
jajajajja, no me pude resistir, pero bueno ya en serio, en ell proximo capi se develaran mas cosas de las que se imaginan.
asi que comenten si les gusto o sino!
se me cuidan y nos leemos pronto!
XOXO!
