Capitulo 10: ¡Que se desaten las hordas del infierno, que no quede nada en pie, que no quede nada vivo, el Armagedón ya llegó!

Fueron más de 24 horas de trabajo arduo, las familias eran evacuadas de la ciudad y los militares llegaban por cientos a Canterlot, se comenzaban a levantar las murallas para proteger la ciudad, todos trabajaban sin descanso ni reclamo, eran órdenes directas de las princesas, y en una guerra solo se puede y se debe obedecer.

Yo veía desde uno de los balcones toda la actividad, Celestia me dejo a cargo como coordinador general de los esfuerzos armamentistas de la ciudad. Vigilaba cada actividad y con un radio transmitía órdenes y recibía informes.

- ¡¿Qué pasa con el muro sudoeste?

- Señor… tenemos unos problemas con los clavos.

- Pues consigan otros…

- Ya están agotados en Canterlot, la única bodega donde quedan es en Ponyville.

- ¿Y?... ¿acaso eso importa?

- Pero señor…

- ¡No me interesa si hay que cruzar Equestria entero si se necesitan clavos, envíen a alguien ahora por esos clavos, si es necesario llamar a los Wonderbolts para que traigan esos clavos pues que se les dé la orden, de lo contario, va a haber un muerto antes siquiera de pensar en la batalla!

- S- sí señor, como ordene…

Físicamente aparentaba estar calmado… pero mi mente trabajaba a toda velocidad… pensando… recordando… armando planes… creando planes de emergencia y contingencia… estrategias… movimientos de las tropas… analizando el paisaje… viendo hasta la más pequeña roca y evaluando si es una ventaja para ellos o para nosotros. Tenía cientos de papeles sobre una mesa a mi lado, a ambos lados de mi escritorio, dos estandartes, uno de la guardia diurna y otro de la guardia nocturna. Cualquier otro pony o ser de esta tierra que me hubiera visto así hubiera pensado que hablaba con el mismísimo rey de Equestria, no con un simple soldado.

Los cascos de los soldados que marchaban por la ciudad inundaba el aire, la estación de trenes estaba atiborrada de ponys, alguno que salían por ordenes del ejército, otros que llegaban a defender la ciudad, además de cientos de armas, alimentos, medicinas y armas experimentales que hacían su debut en la guerra.

Eran las 05:45 del día siguiente y ya estaba todo listo, se les dio un pequeño descanso a las tropas, y pese a que llevaba más de 20 horas despierto, me sentía fresco como una lechuga. Muchos soldados aprovecharon para comer y dormir, no queríamos a nadie cansado antes de la batalla. Yo también decidí comer, pero pedí que me llevarán la comida hasta el balcón… era bastante sencilla, un poco de lechuga, tomate, unos fritos de alfalfa, una jarra de cerveza y un trozo de pie de manzana. Lo comí con mucha calma y aprovechando de sentir el aire fresco de la noche.

Pero algo detuvo me comida… una sensación comenzó a escalar mi cuello y fácilmente mi cerebro la interpreto, deje de comer inmediatamente, encendí el radio y comencé a transmitir ordenes.

- Vigía de la torre sur… vigía de la torre sur… responda.

- Acá vigía de la torre sur, ¿qué ocurre coronel?

- Necesito que revise ahora el cuadrante número 6478, unos 35° a la derecha y otros 67 hacia arriba.

- Entendido… no hay nada coronel.

- Siga revisando… manténgase ahí.

- Muy bien, cualquier… ¿pero qué carajo?... ¡coronel, coronel, se confirma contacto con las primera tropas enemigas!

- Muy bien… es hora de un poco de acción, avise a las tropas encargadas de la muralla sur que se pongan en posición de interceptación y se preparen para el combate, yo avisare a la división número VIII de la Fuerza Aérea para que los apoye desde el aire.

- Entendido, cambio y fuera coronel.

Ya era la hora, rápidamente se comenzaron a movilizar las fuerzas para la batalla, al parecer adoptaron el camino más fácil para atacar y decidieron atacar el sur de Canterlot. Por el norte y el este estaban las montañas que nos protegían, y por el oeste estaba la gran barrera verde y luego el desierto de Equestria, el que era demasiado seco y extenso como para que decidieran caminar por ahí.

Todas las fuerzas se movieron hacia la muralla sur, iban marchando firmes pero en muchas caras se apreciaba el temor, muchos eran jóvenes cadetes que hace poco se habían enrolado y este era su bautizo de fuego, otros ya tenían varias batallas en el cuerpo, además, había confianza en gran parte de los soldados. Yo por lo menos estaba tranquilo, habíamos reactivado un viejo batallón del que muy pocos sabían y trajimos a los mejores soldados de toda Equestria, se llamaba el 666° Batallón Especial del Ejército de Equestria, pero nosotros lo conocíamos como el Escuadrón de la Muerte, su uniforme era similar al de la Guardia Nocturna (básicamente porque pertenecían a la Guardia Nocturna), pero era absolutamente negro, en su casco tenían un penacho rojo y en su pecho se podía ver su emblema, un escudo simple de campo negro, con una calavera y dos fémures debajo. Un escudo bastante simple, pero que infundía temor.

- ¿Coronel?

La voz de una sirvienta me distrajo de mis pensamientos.

- ¿Si, qué ocurre?

- Disculpe que lo haya molestado, pero la princesa Celestia me pidió que le entregara esto, además de esta carta.

La sirvienta me pasa una caja negra y una sobre blanco sobre ella, yo recibo el paquete y le doy las gracias a la sirvienta, ella se retira mientras yo me dispongo a leer la carta.

Coronel Blacksun:

Siguiendo su consejo, y aunque no lo apoye en primer momento, ha logrado usted convencerme de reactivar esta vieja célula del ejercito, pues en tiempos de crisis se necesitan medidas fuertes que no ha todos nos gustan.

Pero el tiempo ha afectado al viejo escuadrón que no entraba en servicio desde la Gran Guerra Patria, por lo que muchas de las viejas jerarquías se han perdido. Después de conversarlo con los nuevos integrantes de esta escuadrón, hemos decidió de forma unánime declararlo líder de este batallón, tomando el cargo de Comandante de 666° Batallón Especial del Ejército de Equestria, en la caja encontrara su nuevo uniforme de combate y su casco, puede conservar su espada.

Se despide atte.

Su majestad imperial.

Princesa Celestia de Equestria.

Dejo la carta a un lado y abro la caja, ahí estaba mi nuevo uniforme, completamente negro, con el escudo y la calavera en dorado y un ave fénix sosteniendo el escudo con sus patas. Entre hasta la habitación donde me cambie rápidamente de armadura. Me sentía listo para el combate, por lo que baje rápidamente las escaleras, me di cuenta que la protección de mis cascos tenía algo distinto, en cada punto exacto donde estaban mis cicatrices había una runa distinta, hecha con una joya de color azul oscuro, recuerdo que runas era, eran Othala, Siegel, Ur y Ken.

Baje rápidamente las escaleras y me dirigía a reunirme con los demás, hasta que al final del pasillo vi a mis nuevos compañeros de escuadrón, eran en total 14, una mezcla entre pegasos, unicornios y ponys de tierra, todos vestidos de negro. Un pegaso de crin color azul oscuro y pelaje blanco se acerco a mí.

- Coronel Blacksun… es un verdadero honor para mí y mis camaradas el conocerlo y el obedecer sus órdenes. Yo soy el teniente Bloodskies, de la Fuerza Aérea de Equestria, con más de 100 bajas en mi haber.

- Es un verdadero placer el conocerlo teniente.

Así, cada uno de los soldados se fue presentando, algunos venían de otros batallones de las Guardias, pero los pegasos venían de la Fuerza Aérea. Sin perder más tiempo, nos dirigimos directamente hacia el muro sur. Una vez allá, los reuní a todos cerca de mí.

- Muy bien… muchachos… esta es la batalla final… ahora no tienen más amigos ni más familia que su espada y sus camaradas. Sólo tenemos una simple misión, acabar con ellos… después de ello, podéis volver a vuestros hogares. No tengan compasión ni arrepentimiento, ellos los van a asesinar cuando tengan la oportunidad, pero no les den esa oportunidad… ¡golpeen ustedes primero! Quiero ver sus uniformes teñidos de sangre y sus espadas goteando el líquido carmesí de nuestros enemigos. Si veo a sólo uno de ustedes dudando, tengan por seguro que después de eliminar al enemigo, los eliminaré a ustedes, ¿han entendido?

- ¡Señor si señor!

- Muy bien.

El sol comenzaba a asomarse por entre las montañas, y dejaba ver la gran masa que se movía hacia Canterlot, banderas rojas y negras flameaban en el aire. Cientos, quizás miles de ponys, de todas las razas, marchaban en dirección hacia acá. Nosotros nos manteníamos detrás de la primera línea, queríamos ser una sorpresa para ellos, asique nos mantuvimos juntos, pero ocultos entre los demás soldados. La formación era para contener el ataque inicial, escudos al frente, lanza apuntando hacia adelante, y avanzando lenta y pesadamente. Ellos aceleraron el paso pero nosotros nos mantuvimos, la distancia era cada vez menor, pero ninguno de los dos daba muestras de querer retirarse. Estaban a escasos metros cuando junto a mis camaradas comenzamos a escabullirnos para comenzar nuestro plan de ataque. Teníamos una orden: eliminar a los jefes y a los más fuertes, que los demás se encargaran del resto.

El choque fue seco y directo, muchos enemigos murieron entre las lanzas, y los que estaban agonizantes se les corto la garganta rápidamente, comenzamos a avanzar hacia el enemigo, las espadas y las flechas volaban por doquier, el aire de la batalla se impregno con el olor a sangre fresca… ¡ah, que placer era para mí sentir el dulce aroma de la sangre sobre la tierra!

Junto a mi nuevo escuadrón comenzamos rápidamente la tarea, fue una buena idea ocultarnos, nadie se esperaba que nuevamente surgieran las "Ángeles de la Muerte" en esta batalla. Vi a muchos de mis nuevos camaradas correr, los pegasos volaban y con dos espadas a la vez iban cortando cabezas, patas, gargantas, de todo. Éramos verdaderas máquinas de matar. Los rebeldes tampoco se quedaban atrás y demostraban que se habían preparado estos 5 años para este momento, su velocidad y despliegue en la batalla era asombroso, sus ponys de tierra corrían y golpeaban de una manera formidable, sus pegasos estaban entrenados para apoyar a las tropas de tierra, pero era fácil sorprenderlos desconcentrados y cortarles un ala fácilmente. Sus unicornios arrojaban formidables hechizos de guerra que podían dejar fácilmente a 10 de los nuestros inconscientes.

- ¡Debemos deshacernos de los unicornios, no me interesa como, pero se deben eliminar! – le dije a los soldados que me rodeaban.

- ¡Señor si señor!

- Muy bien… ¡expandan la orden, defiéndanse de los otros ponys, pero a los unicornios elimínenlos ahora!

Yo tome mi espada y comencé a correr, fui abriéndome paso por entre las tropas enemigas, no me importaba que raza eran yo sólo tomaba mi espada y los hería, a muchos los pude herir de muerte, ya sea cortándoles la garganta o bien apuñalándolos.

Mientras también, conjuraba distintos hechizos, de defensa y de ataque, recuerdo que en un momento vi a cinco de los nuestros rodeados de enemigos, eran unos 20 rebeldes, yo concentré parte de mis fuerzas en la magia y conjure un hechizo, el "Rompecabezas", cerré los ojos y cuando los abrí, los veinte rebeldes yacían en el suelo, sin cabeza… sus sesos decoraban el suelo y la hierba cercana, además del uniforme de los soldados rodeados, que vieron de primera mano como la cabeza de sus rivales explotaba si razón. Me acerqué rápidamente a ellos… eran apenas unos cadetes, se notaba que era si primera batalla.

- ¡¿Están bien chicos?

- S-si señor… pero… ellos…

- ¡Si, lo sé… yo conjuré ese hechizo… ahora, mejor vuelvan a la batalla, manténganse juntos y maten todo lo que no tenga nuestros uniformes, ¿entendido?

- ¡Señor sí señor!

Los cadetes se fueron, cuando levante la vista un pegaso rebelde venia directamente a mí… esperé un momento y cuando fue el indicado, salte en aire y deje que pasara debajo de mí, yo me monte en su espalda y con un cuchillo corvo, la saqué la tráquea sin mayores complicaciones, la sangre carmesí del rebelde me dejo absolutamente sucio, y la calavera de dorada de mi insignia contrastaba con la sangre que me ensuciaba, deje caer el cuerpo y yo bajé lentamente con un hechizo. A lo lejos pude ver uno de los experimentos del Dr. Cleanskies; era una especie de carro, hecho de completamente de hierro, con un largo cañón que podía concentrar y cuadruplicar un hechizo de bola de fuego hecho por un unicornio. Avanzaba lenta y pesadamente, pero su poder destructivo era asombroso, con un disparo destruyo muchas de las catapultas del enemigo y además mató e hirió a muchos otros.

Yo seguía peleando, con todas mis fuerzas, hace mucho que no veía correr tanta sangre… pero el escenario me hacia feliz, me sentía cómodo en ese infierno dantesco que se desarrollaba, la sangre que me bañaba me hacía sentir cálido y feliz… me demonio interno se alimentaba con las vidas que yo iba arrebatando con mi espada, y me daba el coraje y las fuerzas para seguir batallando, mis ojos estaban completamente teñidos de rojo y por mis cabellos también goteaba la sangre de mis enemigos. Cortaba patas, gargantas, orejas; sacaba ojos, tráqueas e intestinos, todo con mi espada, que en ese momento, era en lo único en que podía confiar.

Hubiera seguido así a no ser de por algo… de repente me vi sólo… lejos de la batalla, no tenía idea de cómo había llegado hasta allá, pero algo era seguro para mí… no debía ser bueno.

- Vaya, vaya, vaya… ¿si no es este el famoso coronel Blacksun?

- ¡Muéstrate ahora maldito cobarde y pelea!

De entre unas nubes rojas surgió una figura. Llevaba una armadura de color plateado, con trabajos en color rojo, en su pecho llevaba una estrella roja y en el centro de la misma un martillo y una espada en color oro, ambos elementos cruzados.

- ¡¿Quién eres y que es lo qué quieres de mi?

- Cierto, cierto… que modales son los míos… yo soy el comandante Rot Clock, jefe del Frente Revolucionario de Equestria…

Mis ojos se inyectaron en sangre y mi carga oscura se hizo más fuerte, lo miré fijamente y lo único que deseaba en esos momentos era eliminarlo, acabar con patética existencia.

- ¡Tú!... ¡tú eres el responsable de todo esto!... ¡pero hasta acá has llegado!

Corrí hasta donde estaba Rot Clock, el se mantuvo tranquilo, y cuando estaba a punto de darle el golpe con la espada, se movió hacia un lado y con un golpe de sus cascos me tumbo en el suelo, golpeándome directamente en la espalda.

- Sabes… he oído mucho hablar de ti… pero pensé que serías más inteligente a la hora de luchar, pero tienes ímpetu muchacho… y eso me sorprende.

Yo me levante a duras penas del suelo, me costaba respirar y lentamente mis pulmones se volvían a llenar de aire. No dije nada, me costaba hablar sin el suficiente aire en mis pulmones. Rot Clock se acercó a mí y con uno de sus cascos me volvió a tumbar en el suelo… estaba cansado, pero no sé porque ahora justamente me comenzaba a pesar el cuerpo. Yo quede de espaldas al suelo, aun respirando pesadamente, el cielo estaba rojo, no sabía si era por el sol o por la sangre que invadía el aire. Rot Clock notó mi nueva armadura y la insignia que en él tenía.

- ¡Con que Celestia decidió reactivar a los "Ángeles de la Muerte"!... me sorprende eso de ella, después de todo, siempre fue una bonachona que no era capaz de matar a una hormiga… no como yo… he aplastado todo cuanto se me ha interpuesto en el camino hacia el poder… tú sólo serás solo otra mancha en mis cascos… esperaba una batalla mejor de parte del mejor soldado de Equestria… pero eres una verdadera decepción.

Rot Clock puso su pata encima de mí, justo sobre la quemadura, yo resistí el dolor como pude, con sus patas elevo una espada, era similar a la mía, pero con una empuñadura roja.

- Se acabó acá querido muchacho… será fácil marchar sobre Canterlot y tomar el poder… ahora que lo pienso… podría incluso a tomar a una de las princesas como esposa… si… creo que si… y ya se a quien… ya nos veo… a los dos juntos, reinando con espada a toda Equestria… si… Luna será una buena esposa…

Acá mis ojos se abrieron del golpe, mis pupilas se contrajeron y sentía que una fuerza se liberó en mí…

- No…

- ¿Disculpa?

- No… no lo vas a hacer…

- ¿Y qué vas a hacer para impedírmelo, eh?

Con un rápido hechizo tomé a Rot Clock y lo lancé lejos, justo contra unas piedras. Yo me levanté y tomé mi espada.

- Voy a luchar… ¡voy a luchar hasta con la última gota de sangre que me quede!

Rot Clock se levanta de entre las piedras y se asombra cuando me ve… estaba rodeado de un fuego negro, mi marca brillaba con la intensidad del sol y sobre mi frente se dibujaban un símbolo antiguo, un pentagrama con cinco runas en él, una en cada punta. Las runas de las protecciones de mis heridas también brillaban, me sentía poderoso, estaba absorbiendo toda la energía de la naturaleza que me rodeaba, era la magia pagana que se expresaba en su máximo potencial.

- ¿Con qué tú también eres un pagano, eh?... pues ese juego se puede de a dos también.

Rot Clock cerró los ojos y conjuro un hechizo, su cuerpo blanco y crin rubia se vieron rodeados con un fuego rojo, su marca también brillaba y en su frente apareció una estrella roja.

- ¡Muy bien… aquí te espero!

Yo corrí a toda velocidad gritando y sosteniendo mi espada, Rot Clock hizo lo mismo, cuando chocamos se produjo una gran explosión que sacudió la tierra y dejo un gran cráter. Luego de que se disipara la luz que había dejado la gran explosión vi a Rot Clock, muy herido… yo seguí con ese fuego negro que me rodeaba y los ojos completamente rojos, mi cuerpo estaba lleno de cortes y sangraba, pero mis heridas no dolían, ardían. Me acerqué al mal herido unicornio, estaba cubierto de sangre, tenía muchos cortes y también sangraba profusamente por la nariz, la boca y los oídos. Él me miro fijamente a los ojos y comenzó a hablar…

- No lo comprendo… llevó muchos más años que tú en el manejo de esta magia… he practicado y vencido a los mejores… he logrado hacer que el mar se revele contra Poseidón y el fuego del abismo queme al mismísimo Satanás… pero… no he logrado vencer a un pobre chiquillo de Ponyville.

- Lo que ocurre… es que no tienes lo que yo tengo… para luchar.

- ¿Y qué sería eso?

- Una razón… un motivo… para seguir viviendo… para no rendirme… para aférrame hasta la última esperanza de vida que me quede… Rot Clock… a diferencia mía… tú no tienes un motivo para luchar… más que tu propia ambición de poder… yo no perseguí la gloria… ni busco dejar en la memoria de los otros mí canción… no tienes esa inspiración para levantarte cada día y vivirlo al servicio de ese otro que te necesita…no has arrancado de tu ser ese pedazo de vida al que le has dado un destinatario… no tienes esa dulce diosa que te inspira con sus bellos ojos a dar hasta la última gota de sangre que corra por tus venas… mi amigo… lo que ocurre es que no estás enamorado.

Lo quedé mirando por unos momentos… se veía tan susceptible… incluso creo que llegué a sentir piedad de él… pero mi misión estaba clara… era él o yo… no podía dejarlo vivir… y aunque me pareció un abuso, no tenía opción. Saqué un pequeño cuchillo color plata, estaba nuevo, recién afilado, de empuñadura negra de cuero, me acerque al soldado derrotado y lo vi directamente a los ojos.

- Lo siento mucho Rot Clock… pero ordenes son ordenes.

Y con un rápido movimiento, le clave el cuchillo justo en el cuello, su grito de agonía se ahogo entre la sangre que comenzaba a brotar de su cuello, saqué el cuchillo y deje que el vital fluido comenzará a escurrir, llenó la tierra con su sangre e incluso mis cascos quedaron bañado en sangre. Vi que no respiraba y su mirada estaba perdida… pero decidí no arriesgarme y con un salto y un golpe secó de mis cascos le revente la cabeza… ahora si podía estar seguro de que estaba muerto, sus sesos decoraban mis cascos y mi uniforme, su sangre también me ensuciaba y de su rostro no quedó absolutamente nada. Me regocijé al ver este espectáculo y por fin supe que ya había terminado. Tomé parte de su uniforme, concretamente la armadura del pecho. Con un conjuro quemé el resto de cadáver, y con otro me devolví hacia el campo de batalla, termine justo en medio de lo que había sido el campo de batalla, el suelo que una vez fue verde ahora era rojo.

- Muy bien chico… muy bien… he terminado acá… y cumpliré mi promesa… ahora puedes volver a ser el bonachón de siempre.

Después de estas palabras, sentí que desperté… el escenario ahora se me hacia horrible… cientos… no… miles de cuerpos mutilados y desmembrados… miles de heridos y miles de litros de sangre vertidos en la hierba. Los ponys de la morgue trabajaban a más no poder… el único soldado que seguía allí era yo, el viento estaba impregnado con el olor a muerte, el peso de mis cascos podía hacer brotar la sangre de la tierra. A mi lado estaba el estandarte del mi escuadrón… y por algún motivo, resonaban las estrofas del himno del primer batallón donde estuve. Clavé mi espada y me saqué el casco. El aire era fresco y me calmaba, evitando que así rompiera a llorar. Por fin en mucho tiempo tomaba conciencia de lo que había hecho… ya no podía verme de la misma forma, ya no más… no después de todo esto.

- Coronel Blacksun, las princesas lo llaman en el Palacio – me dijo un pegaso mensajero.

- ¿Qué?... ¡ah!... si… voy de inmediato.

Tome nuevamente mi casco, y mi espada, me eché a la espalda la parte de la armadura de Rot Clock, y me dirigí al palacio. Vi a muchas pequeñas potras, hijas o hermanas, la verdad no lo sé. Llorando en medio del campo de batalla, mucho al lado de unos cuerpos, la verdad es que no se hace cuanto había acabado la batalla, parece que hace horas, pero para mí acababa de terminar.

M e reuní con el resto de mi Escuadrón, era bueno ver que estaban vivos. Se reunieron todos los sobrevivientes para el desfile triunfal sobre Canterlot. Nuevamente el aire se lleno de melodías marciales y cascos que marcaban el paso, llegamos hasta los jardines del palacio, donde nos formamos frente a un balcón. A mí un guardia me llevó hasta donde estaban las princesas…

- Sus majestades… les comunico que el responsable de todo esto ya está muerto – les dije a las princesas mientras les daba parte del uniforme de Rot Clock.

- Lo sabemos coronel… lo hemos visto todo… ahora, si es tan amable de acompañarnos – dijo Celestia, guiándome a mí y a Luna hasta el balcón.

Salimos al balcón y vimos a todas las fuerzas que quedaban en Equestria, formados todos frente al balcón.

- ¡Mis queridos y bravos soldados!… la guerra ha acabado… la amenaza se ha ido para siempre de nuestras tierras, extinguidos con la fuerza de ustedes, salvadores de la paz y la justicia. Acá me acompaña el coronel Blacksun, quien valientemente y con la fuerza de su juventud y de todos ustedes, ha logrado vencer al tirano comandante Rot Clock y acabado con él para siempre. Es por eso que ahora en su honor, será promovido a comandante en jefe de todas las fuerzas de Equestria. Soldados, conozcan a su nuevo jefe.

Todos los soldados comenzaron a aclamar y muchos otros a jurar con pata en alto fidelidad a las princesas y a mí como sus nuevos líderes. Celestia me pidió que diera un pequeño discurso a mis nuevos subalternos, a lo que tuve que acceder.

- Camaradas… hoy hemos logrado un nuevo triunfo… hoy hemos demostrado que aunque seamos amantes de la paz, no vacilaremos en ponernos en acción si la patria nos lo pide así. Hoy, todo y cada uno de ustedes han demostrado su valor y la pureza de su raza y de su patria. Hoy, todos nosotros somos los nuevos baluartes de gloria para Equestria, y lo que han muerto peleando, no han muerto en vano, pues han rendido su vida por un ideal mayor. Ahora, soldados, cuiden de las viudas y las huérfanas, recíbanlas en su casa y trátenlas como sus hijas y como sus hermanas, ahora podéis descansar finalmente, podéis volver a vuestros hogares con vuestras familias, y si hay hogar en Equestria donde el hermano, el hijo, el padre o el amante no llegué… que los dioses den sostén y riquezas eternas a esas familia y reciban en sus dulces brazos los espíritus de los guerreros que hoy han partido hacia el paraíso, donde tendrán el descanso que en la tierra no se les dio, y la gloria eterna que nuestra historia les brindará… ¡qué viva Equestria, larga vida a nuestra dulce patria, que lleno de gloria sea el reinado de nuestras majestades y que jamás mueran los recuerdos de los camaradas caídos en la guerra!... muchas gracias.

Las voces se unificaron nuevamente, todas cantando el himno de Equestria, yo sólo los observe y vi en ellos el valor y me sentí regocijado porque sé que Equestria siempre estará protegido, mientras perpetuemos esta raza de valientes soldados.

Luego de esto, cada soldado pudo ir a dormir y a comer, los heridos se fueron a atender, yo pude ir a la enfermería de Canterlot, donde fui atendido por los cortes y heridas, me limpiaron de toda la sangre que me tenía cubierto y en verdad os digo que el agua pasaba de transparente a roja, me vendaron y curaron mis heridas, luego de eso pude ir hasta mi habitación, a un lado de mi cama tenía mi uniforme de gala nuevo, era negro con trabajos en color plata, en la pata superior izquierda un brazal con el emblema del ejercito estaba bordado en oro sobre un campo color rojo, también tenía una insignia de comandante de los "Ángeles de la Muerte". Vi mi uniforme nuevo, luego me dirigí hasta la ventana y la abrí de par en par, la noche ya había llegado y el aire fresco corría directamente hasta mi habitación, deje las ventanas abiertas y me tendí en la cama, donde caí profundamente dormido.