Capitulo 10

¿Dónde estoy?

- Claro, es la niña de los ojos de Edward. Fue su primera paloma y a la que más cariño tiene – mi cara era completamente un mapa – Edward tiene un criadero de palomas en el jardín, las amaestra y cómo puedes ver están muy bien enseñadas. Eli fue su primera paloma mensajera. – Alice abrió la ventana y la lanzó a volar – Es hermosa ¿verdad?

- ¡Espera! ¡¿Edward cría qué?

- Palomas Bella, ya te lo dije, ¿quieres venir a verlas? Si quieres puedo enseñarte a llamar a Eli – sonrió Alice mirando por la ventana lo que deduje era el palomar.

- Me encantaría Alice, pero ve tu primero yo tengo que coger unas cosas. ¿dónde queda el palomar?

- Esta justo en la parte más al oeste del jardín, no tiene perdida sigue el caminito de piedra que hay junto al pequeño lago.

- ¿Tenéis un lago en el jardín Alice?

- Hombre pues claro – sonrió y se marchó con sus saltitos inocentes y alegres. – No tardes Bellita.

- Tranquila Alice.

No pasó ni un solo segundo que en cuento Alice salió por la puerta de la habitación de su hermano, Edward yo me puse a rebuscar por esta como todo un sabueso. Miré entre sus miles de estanterías detrás de todos los libros que allí había y detrás de cada disco de música clásica. No sé que buscaba exactamente, pero fuese lo que fuese no lo encontré. No había ni una remota pista que me indicase que Edward Cullen era mi naufrago, solo tenía a Eli pero con eso no tenía nada que demostrar…o quizás si…Salí de su habitación con el cuidado de no tropezarme con el mismísimo Edward Cullen. Por suerte no había nadie en el pasillo cuando salí y corrí escaleras abajo para ir al encuentro de Alice en el palomar.

Tal y como Alice me indicó comencé a caminar por el caminito de piedra mirando mi alrededor, y quedándome totalmente hipnotizada por el balanceo de los árboles al compás del viento y mirando las miles de flores que había en el jardín perfectamente cuidadas. Tal y como Alice me dijo casi al final del camino de piedra había un hermoso lago en el que nadaban algunos patitos rodeados de flores de nenúfar y finalmente allí estaba el palomar. Era completamente hermoso, repleto de palomas blancas que yo sería totalmente incapaz de reconocer pero que Alice parecía distinguir. Me acerqué con cuidado y Alice pareció verme pero no me prestó mucha atención pues estaba ensimismada en el juego con las palomas de su hermano.

- Hola Alice – saludé y ella movió su manita haciendo que una paloma volase a mi mano.

- Son hermosas ¿verdad? La que voló hacia ti es Kristen.

- ¿Cómo las distingues?

- Sus patas – Alice levantó un poquito el ala de la paloma y me enseñó una arandela de color que tenía en la patita – cada una tiene una arandela diferente. La única que no tiene nada es Eli – silbó y la paloma se posó en su hombro.

- ¿Puedes enseñarme a hacer eso Alice?

- ¿Llamar a Eli? Claro – sonrió y la echó a volar – pues venga vamos a comenzar con las clases.

Pasé horas con Alice y Jasper en el palomar, pues este último vino al echar de menos a su novia y nos ayudó con el adiestramiento de Eli. Después de eso sería capaz de controlar a Eli cuando el señor naufrago la enviase con intención de a saber dios qué. Cuando al fin fui capaz de que Eli me obedeciese a cada silbido y al ver que ya esta anocheciendo nos marchamos hacia la enorme casa con el fin de cenar algo y como recompensa por haberme ayudado yo debería jugar con ellos a la consola en la noche y sabía que Emmett me daría una paliza al Mario Car.

Cuando regresamos a la mansión Cullen pude ver que el volvo plateado de Edward ya estaba aparcado en la puerta. Al entrar Alice y Jasper se habían medido en su burbuja personal y yo me había adelantado sola. Justo al atravesar la puerta de la cocina al dejarme llevar por el olor tan rico de la cena de Esme me tropecé con ese mentiroso naufrago. Nuestras miradas se cruzaron durante un instante y juraría que mi pelo se enredó en sus dedos con cuidado, bueno, más bien que él los enredó. Sus ojos seguían fijos en los míos y entonces fue como todo a mi alrededor desapareciese, el era un completo imbécil pero a fin de cuentas era mi naufrago, mi imbécil y esta total e irrevocablemente enamorada de él. Se acercó un poco más aun sin dejar de jugar con mi pelo y se inclinó un poquito hacia mí. Por un segundo cerré un poco mis ojos pensando que me besaría pero en lugar de eso se acercó a mi odio y murmuró.

- Lo siento, Bella… - su susurro fue tan leve que casi parecía un ruego.

- Edward… - murmuré aunque el sonido de su risa me hizo ver que mi voz había sonado casi como un gemido.

- Gracias por perdonarme…

Lentamente fue desenredado sus dedos de mi pelo y deje de sentir su cálido aliento en mi cuello, no quería sentirlo lejos y por un acto reflejo agarré su camisa como una niña pequeña y miré al suelo, no sabía cómo decirle todo lo que necesitaba y entre ellas que no se fuese de mi lado. El pareció entenderme y obedeció. Ninguno de los dos dijo nada pero no hizo falta. Aunque su mirada era triste y perdida el permanecía a mi lado, solo conmigo. Esme nos observaba desde la cocina con una sonrisa y nos indicó que entrásemos a cenar.

Durante la cena todos eran risas y halagos sobre las buenas notas que todos ellos habían conseguido en el último examen, incluso me halagaron a mí y eso me hizo muy feliz, hacía tiempo que sacar buenas notas había dejado de ser motivo de celebración en mi casa, pues había muchas cosas más importantes por las que preocuparse y desde que estaba con los Cullen me volvía a sentir importante. Aunque echaba mucho de menos a mi madre y esperaba que Edward o cualquiera de los Cullen pudiese acercarme a verla.

Terminamos de cenar y tal y como había prometido no me quedó más remedio que jugar a la consola con todos los chicos, menos con Edward que se había marchado hacia su habitación con la escusa de que tenía que estudiar aunque yo tenía la ligera impresión de que naufrago no tardaría en hacer acto de presencia.

En contra de todo pronóstico gané un par de veces a Emmett provocando que este me cargase como un saco de patatas y me tiró en el sofá diciendo que estaba castigada sin jugar hasta que mi mala suerte volviese a hacer acto de presencia. Me quedé un rato en el sofá riendo con la mala racha de partidas que estaba sufriendo el pobre Emmett siendo humillado por su hermana, su novia y su cuñado que se regodeaba en su victoria burlándose de Emmett con una absurda y extraña danza.

Al pasar varias horas el sueño comenzó a apoderarse de mí y me fue imposible permanecer por más tiempo en aquel sofá, aunque mereció la pena aguantar un par de minuto más solo para ver a Esme y Carlisle uniéndose al juego y a una Esme alegre risueña y bailarina burlándose de la derrota de sus hijos y su atractivo marido. No pude evitar reír; pero al no resistir más me despedí de todos con un "Buenas noches" una linda sonrisa y me marché hacia arriba subiendo lentamente por las escaleras. Además quería aprovechar que todos estaban jugando para hacerle una visita a Edward, bueno, más concretamente, para espiarle.

Llegué a su habitación y apoyé con lentitud la orejita en la puerta, por desgracia, debido al sonido suave de la música clásica me era imposible saber que era lo que estaba haciendo. Tan imposible que incluso si Edward se hubiese acercado hacia la puerta, hubiese tomado el pomo y girado lentamente, no me abría dado cuenta hasta el momento en que por estar apoyada cayese a sus pies delatándome y con sus hermosos ojos verdes y su sonrisa torcida mirándome. Por desgracia parecía que mi mala suerte acababa de volver pues eso fue exactamente lo que sucedió.

- ¿Bella? – rio - ¿Puedo saber que haces en el suelo de mi habitación?

- Yo…

- Anda ven aquí - Edward me tendió su mano y yo me agarré a ella para que me ayudase a ponerme en pie – ¿Puedo saber que hacías?

- Solo pasaba por aquí, Edward, no pienses que te espiaba ni nada de eso – reí muy nerviosa

- ¿Así que me espiabas?

- ¡Dije que no lo hice!

- Perdón, perdón – rió divertirtiendose a mi costa - ¿Qué hacías entonces?

- Nada… - Su intensa mirada hacia que me perdiese entre miles de pensamiento y volviese a sentirme completa, aunque estúpida a la vez por seguir cayendo en su red. Esta vez no pude resistirme, estábamos tan cerca y su respiración comenzaba a hacer cosquillas en mis labios – bésame… - no estoy segura si pensé o dije aquella palabra; pero si tengo claro que fue mi perdición.

- Para Bella. Es hora de dejar de jugar – Edward me miró algo… ¿furioso?

- ¿Eh? Yo no juego a nada Edward.

- Bella, acabas de pedirme que te bese, ¿Acaso eso no es jugar? Después dices que yo soy quien se aprovecha de ti – todo sonó bastante rudo.

- Edward no te entiendo…lo siento… - las lágrimas comenzaron a agolparse en mis ojos castaños

- ¡Ya basta Bella! En el coche me dijiste que estabas enamorada de otro, ¡Te amo, así que no me hagas esto más difícil! – Edward me empujó fuera de su habitación y cerró la puerta.

- ¡Edward! ¡Edward escúchame! –golpeé su puerta, el tenia derecho a saber la verdad, debía saber que a quien amaba era naufrago, es decir, a él. - ¡Escúchame por favor! ¡Edward te…

- ¿Bella?

- Hola Esme…

- ¿Sucede algo?

- No es nada…lo siento… - me limpié las lágrimas y me metí rápidamente en mi habitación.

"¡Eres un idiota Edward! ¡Eres un idiota!" pensé una y otra vez mientras tumbada en la cama escondía mi rostro en la almohada y lloraba desconsoladamente. Estaba tan cansada de este amor, este inútil y desgarrador amor. No podía, nuestra historia, si es que en algún momento había existido un "nuestra", era totalmente imposible y ahora que todo había quedado claro que mi único y verdadero amor jamás accedería a escucharme no tenía ningún motivo más para permanecer en aquella casa. Yo estaba ya sana y tenía una casa y una madre a la que cuidar, no iba a permanecer más tiempo en aquella casa. Tomé mi vieja maleta del fondo del armario la abrí rebusqué mi viejo chándal que Alice ya había tirado, es por ello que no me quedó más remedio que marcharme con los vaqueros y la blusa que tenía y metí en mi vieja mi cepillo de diente y del cabello.

Estaba decidida a ello, me marcharía pero al menos deseaba decirle adiós a Edward…a los Cullen. Es por ello que me asomé a la ventana y silbé llamando a Eli, en menos de un segundo la pequeña paloma estaba en mi balcón. Tomé un poco de papel y un lápiz y escribí "Naufrago, te amo pero no puedo estar más bajo el mismo techo que tú, esto es totalmente imposible…Edward". Con cuidado puse el nota en la patita de la paloma con una gomilla del pelo y con otra aproveche para recogerme el cabello. Una vez estuvo bien atado el pedacito de papel a la pata de Eli la tomé entre mis manos y la eche a volar. Pensé que quizás volvaria hacia el palomar; pero sonreí al ver que volaba con delicadeza hacia la ventana de Edward.

Ahora debía ser rápida; para que los Cullen no me viesen saldría por la parte trasera del jardín en el cual podía aprovechar la oscuridad de la noche para esconderme si escuchaba a Edward Cullen buscarme por algún lado. Lentamente caminé con sigilo por los pasillos viendo como todos los Cullen yacían ya dormidos en sus habitaciones y deslice por debajo de cada una de las puertas una nota de despedida y con cariño para todos ellos, en especial para Esme y Carlisle que tanto me habían cuidado. Bajé las escaleras rápidamente antes de que Edward le diese al fin por leer mi mensaje, abrí la puerta trasera y tras limpiar una fugaz lágrima que había resbalado por mi rostro, salí al jardín.

Caminé por el senderito de piedra con la intención de no perderme hasta llegar a la orilla del lago, camine rodeándolo y finalmente divisé a lo lejos con una tenue luz a su alrededor la enorme puerta de piedra que me permitiría salir de aquel que durante un par de días había sido el hogar más maravilloso con el que una persona puede soñar…era como un palacio y en su interior en príncipe con el que cualquier princesa de cuento de hadas puede soñar; pero mi vida, no era un cuento de hadas.

Tomé con delicadeza el pomo de aquella gran puerta y lo comencé a girar con cuidado de no romper aquella hermosa pieza de mármol. Tenía miedo sobre que haría una vez saliese de aquella mansión, pero ya era demasiado tarde para echarse atrás…

De pronto unos brazos fríos me abrazaron por la espalda y un cálido aliento me hizo cosquillas en el cuello. Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja y entonces murmuró.

- No te vayas mi vida… - su voz hermosa y melodiosa como el canto de sirenas era imposible de no reconocerla.

- Edward…- murmuré

- Bella ¿por qué te vas? – murmuró sin dejar de abrazarme

- Porque esto es imposible, Edward. No paramos de hacernos daños, esta historia no tiene sentido.

- Bella no seas ridícula, ¿de qué historia hablas? No entiendo, tú estás enamorada de otro chico, porque jugas así conmigo…-Edward me giró y me tomó del mentón para que le mirase a los ojos.

- Edward…te amo a ti…te lo dije en la nota que te envié con Eli

- ¿Eli? Espera… ¿tú sabías que yo era Naufrago?

- Si…vi a esa paloma en tu habitación esta tarde, Alice me enseñó a llamarla y le puse una nota en su patita para ti. ¿No te llegó?

- Estaba en el palomar, no en mi habitación. Te vi y simplemente te seguí. – se encogió de hombros de manera casual.

- ¿Entonces?

- ¿Entonces qué? – preguntó algo confuso

- ¿Por qué me dijiste mi vida? – entonces apartó su mirada y sonrió de esa manera torcida que me volvía loca desde el primer momento

- ¿Acaso no te parece un motivo lo suficientemente fuerte que te gritara en mi habitación que te amo? – siguió sonriendo pero esta vez sus ojos verdes se clavaron son intensidad en los míos – No entiendo que nos ha pasado Bella, te amo y pareces amarme…entonces, ¿por qué nos hemos hecho tanto daño? ¿Por qué?

- Porque somos unos idiotas gruñones que nunca escuchan – sonreí y lentamente me fui poniendo de puntillas a la vez que él se inclinaba hacia mí.

- Bella…te amo mi vida…desde el primer momento que te vi desde el primer momento que leí ese diario y…

- Cállate, Edward

Y sin dejar pasar ni un solo instante más acorté esa distancia que nos separaba y saboreé con infinito amor aquel néctar digno de dioses que era el sabor de sus labios. Sus ojos se cerraron con lentitud y los míos a su vez. Nuestras respiraciones se notaban agitadas y con mis manos apoyadas en su pecho era capaz de sentir el fuerte latir de su corazón, por un instante tuve miedo de que él fuese capaz de oír el rápido repiqueteo del mío; pero cuando sus manos se enredaron en torno mi cintura nada más que sus labios suaves y mullidos invadieron cada rincón de mis pensamientos. Si esto era un sueño, solo rogaba por no despertar jamás…pero por desgracia…ay veces que las cosas no salen como tú deseas…y en mi caso todo a mi alrededor se volvió…negro…

- ¡Bella! ¡Bella despierta por favor!

- ¿Eh? ¿Dónde estoy? – miré a todos lados y me encontré en una habitación blanca rodeada de personas y a mi lado una guapo médico con bata blanca.

- Estás en el hospital, has sufrido un fuerte golpe en la cabeza con una piedra Bella, todo por culpa este tipo... - respondió Alice


N/A: Hola a todos! Bueno aquí les traigo otro nuevo capitulo de naufraga sobre papel y anuncio que el último capitulo será el ultimo y finalmente seguramente tenga epilogo. Bueno espero que este capitulo os haya gustado tanto como a mi escribirlo, el juego de odio/seducción de Edward y Bella me pareció divertido aunque ahora Bella acaba de despertar en el hospital ¿Ha sido todo un sueño? Y si es así, ¿Qué sucederá? Lo veremos en el próximo capitulo.

Espero que os haya gustado y que me dejéis un lindo reviews.

Gracias por leerme.

Besos vampiricos ;[

Att: SthelaCullen