Chapter 10: De vuelta a casa

-¿¡Pero cómo puede haber algo TAN GRANDE aquí debajo!? ¡Este lugar es REMATADAMENTE ENORME!

-Vaya, vaya, menuda forma de sorprenderse...

-¡Tú calla, Urahara! -le contesté de mala manera, roja de vergüenza- ¡Tengo mucho que hacer! ¡Empezaré descargando nervios! ¡No te metas! -le grité mientras echaba a correr.

El sótano de la tienda Urahara era gigante, ni siquiera podía ver dónde terminaba... parecía un paisaje de montaña sin hierba, sólo con árboles muertos y un cielo pintado en el techo. Lo que sí habían eran montones de rocas.

-Ochiru mizu, chikyū ga nagare, shinshoku. Watashi no kōru ni ōtō shi, watashi no koe ni shitagatte kudasai. ¡Lapislázuli! -(Caída de agua, flujos de tierra, erosión. En respuesta a mi llamada, por favor, sigue mi voz. Lapislázuli) grité, mientras arremetía contra las rocas.

-Qué miedo... ¿de dónde sacas tanta furia? -preguntó el rubio.

-¿¡De dónde va a ser!? ¡Otosama cree que soy débil! ¡Tsunami!

Hice polvo una pequeña montaña.

-Huy, huy... -decía él mientras se abanicaba... cosa que me ponía más furiosa.

-¡No soy débil, maldición!

-Te vas a quedar sin voz.

Pasé de él y seguí sacando mi furia:

-¡Qué Menos Grande ni que ocho cuartos! ¡No volveré a perder ante nadie!

Salté y lancé otro Tsunami. Lancé un tsunami tras otro.

-Nos vas a inundar... -se rió Urahara.

-¿Pues prefieres una ducha? -le grité desde lo alto de una montaña. Salté.

-Cuidado, eso está muy alto...

-¡Tsunami! -lancé el tsunami contra el suelo y la ola convirtió la tierra en arena mojada, cosa que hizo que no me hiciese daño- ¡Más, más! ¡Mucho más fuerte!

Tropecé con mi propio pie y caí en medio de la arena.

-¡Cof, cof, cof...! ¡Mal... cof...! ¡maldición...! cof, cof... -me había dado un ataque de tos.

-Oye, ¿y si te calmas un poco? -sugirió Lapislázuli.

-¿Tienes alguna idea? Debo perfeccionar mi técnica... no puedo volver a perder.

-¿Qué ocurre en el mar cuando las corrientes chocan?

-¿Cómo voy a saberlo? ¡Oye, Urahara! -grité corriendo hacia él- ¿Qué ocurre en el mar cuando las corrientes chocan?

-Pues... hay remolinos. -respondió sorprendido, y abrió los ojos desmesuradamente.

-¡Claro! -entendí- Lapislázuli ha tenido una buena idea, para variar... Si hago dos tsunamis que choquen, puedo hacer un remolino, ¡Suwaru! -(pronunciado suaaru, las u casi no se dicen).

-¿Para variar? -preguntó molesta.

-Va, no te enfades, voy a probarlo. -le dije, contenta, mientras volvía a la cima de la montaña otra vez.

-¡Cuidado no te caigas! -avisó Urahara- ¡Y cuidado no me des!

Me reí. Era imposible controlarlo, ni siquiera sabía si iba a funcionar... sólo tenía que cubrir el suelo de agua y hacer que chocasen los tsunamis, y entonces... ¡tachán! El enemigo, no importaría el número, se ahogaría en ella y yo ganaría. Una vez perfeccionada la técnica debería pensar en qué más hacer, como por ejemplo alguna forma de no quedar atrapada en mi propia técnica y ese tipo de cosas, y algo que atacase al enemigo mientras intentase liberarse de la fuerza del agua... ¡agh, ya pensaré en eso más tarde!

-¡Allá voy!


-Oye, te has lucido hoy. -dijo, mientras se rascaba una oreja (igual que los perros, cuando hace eso es muy mona)- ¿Qué miras con esa cara?

-No, nada, nada. -respondí mirando para otro lado, aguantando la risa- Sólo pensaba que tú y yo nos estamos volviendo más cercanas, ¿no crees?

-No hay más remedio, te volvías demasiado pesada cada tarde contándome todo... Que si Otosama esto, que si Rukia-neesama lo otro, que si Uki y Kyô esto, era horrible.

-Podrías haberme dicho que te molestaba. Habría parado. -le respondí un poco molesta.

-Buf, no sé yo. ¿Ya has pensado qué harás?

-¿Sobre qué?

-Niña, ¿para qué te entrenas? -me preguntó de mal humor.

-Para ser más fuerte... y para salvar a Rukia-neesama.

-Pues eso, ¿Qué harás si tienes que enfrentarte a tu padre o a tus amigos? ¿Huirás?

-¡Pues no! No me enfrentaré a ellos. Tengo un plan mejor. Ayudaré a Ichigo-kun y a los otros para que puedan de alguna manera entrar de forma más o menos segura, o eso espero. Aún tengo que hablarlo con Urahara, pero estoy pensando de volver un día antes e hacer ver que estaba... no sé, en algún lugar muy bonito, tengo que conseguir fotos de algún buen paisaje y ya está.

-Buena idea. De esa forma podrás ayudarlos desde dentro e incluso darles información sobre dónde está Rukia y cosas así, ¿verdad?

-No lo sé. Ya veremos. Eso sí, le pediré perdón a Otosama por irme de esa forma, ya llevo aquí una semana y no voy a estar más tiempo no sea que encuentren mi reiatsu aquí... no deben enterarse de que estuve con Rukia-neesama.

-Haz lo que quieras. Viene alguien.

Abrí los ojos y me levanté cuando abrieron la puerta.

-¡Oh! ¡Ariadna-san! -dijo una voz contenta.

Pude ver un par de pechos que saltaban antes de que la chica pelinaranja me abrazase.

-¡I-inoue-san! -susurré, confundida- Hola.

-¡Hey! -entonces me miró bien- ¿Y todas estas heridas? -dijo horrorizada.

Me miré. Realmente tenía mal aspecto, llena de cortes y moratones. No había caído en eso.

-Yo también he estado entrenando. Tengo un par de nuevas técnicas. -añadí guiñando un ojo.

-¡Debo curarte estas heridas! -dijo, y entonces se concentró- ¡Sôten Kisshun! ¡Watashi wa kotetsu suru!

Sus orquillas para el pelo brillaron y una luz naranja me rodeó.

-¿Esto es...? ¿Una técnica curativa? -pregunté mientras mis heridas desaparecían- ¿Cómo es que puedes usar tu reiatsu? No eres Shinigami...

-No lo sé, Yoruichi-san me ha ayudado a controlarlo un poco, supongo que es mi poder natural. -respondió con una sonrisa despreocupada.

-Si tú lo dices... -respondí con un pequeño suspiro. No me gustaba no entender las cosas- ¿Has visto a Urahara?

-Estaba fuera con Yoruichi-san... -respondió pensativa.

-¡Gracias! -dije, mientras salía corriendo a la calle- ¡Urahara!

Lo vi agachado sirviendo leche a Yoruichi, el gato.

-Oh, Ariadna-san... ¿Inoue-san te ha curado las heridas? -preguntó, apartando la vista del cuenco.

-Sí.

-Oye, Kisuke... se está derramando la leche... -le avisó el gato.

-¡Oh, ups, vaya! -gritó él, corriendo a por un trapo para limpiar el desastre.

-Lo siento, te he distraído... -me disculpé.

-No pasa nada, la leche es barata. -respondió con una sonrisa- ¿Para qué me buscabas? -preguntó.

-Quería proponerte que yo volviera antes de que vosotros vayáis allí, para poder de alguna manera ayudarlos cuando lleguen a entrar, y cosas así... decirle a Rukia que Ichigo-kun está bien... cosas así.

-En realidad lo que quieres es volver, ¿no? -dijo Yoruichi.

-Bueno... tal vez. Estoy preocupada por Otosama, no es típico de él encargarse de este tipo de cosas por sí mismo. Además, me fui sin decir nada... los únicos que sabían algo eran Ryûji y Katherin.

-¿Quiénes? -preguntó interesado Urahara.

-Compañeros de la academia. Hyobanshi Katherin y Kusatsu Ryûji, ambos se han graduado más o menos al mismo tiempo que yo... Katherin está en el undécimo escuadrón y Ryûji en el quinto.

-¿En el undécimo? -se sorprendió Yoruichi- ¿Qué clase de bestia es esa chica?

-No, si es muy dulce y tímida... pero en cuanto ve un Hollow o tiene que luchar se vuelve salvaje y despiadada... igual que los del undécimo escuadrón. La verdad es que cuando tuvimos problemas en una práctica fue la única que mantuvo un poco la calma... me contó que en su familia los enseñan a luchar desde pequeños.

-Hyobanshi... sí, me suena. -dijo Yoruichi, y entonces empezó a beber la leche.

-¿Y Kusatsu-san? -preguntó Urahara- ¿Se especializa en algo?

-Es bueno en kidô y espada, somos rivales en eso, pero a veces es un poco tonto... la verdad no sé muy bien en qué se especializa ni por qué se ha hecho Shinigami, pero me alegra que esté conmigo.

Al ver a Yoruichi bebiendo la leche tuve muchas ganas de acariciarlo... pero me lo pensé y preferí levantarme y mirar a Urahara:

-¿Y bien? -pregunté- ¿Puedo ir yo antes? Llevo el móvil, así que si hay alguna novedad o cuando lleguéis me llamáis y punto.

Suspiró y me miró seriamente.

-Está bien. Pero ten mucho cuidado. No me gustaría que la familia Kuchiki perdiera dos miembros de golpe. -dijo él.

Casi di botes de alegría.

-Muchas gracias, Urahara-taijô. -dije, inclinándome un poco.

-Oh, hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así. Por cierto, no digas que me has visto, se supone que estoy exiliado. -se rió- Vete ahora, ya les contaré yo a los otros.

-¡Sí! -respondí, y corrí a casa.

Después de recoger todo, abrí un Senkaimon. Había dejado el gigai en casa de Urahara, así que prácticamente no tenía nada que les hiciera sospechar que había hecho nada malo... excepto, claro está, que tuvieran alguna grabación o alguna prueba de que estuve en Karakura.


Acompañada de una "jigoku chô" (mariposa infernal o del infierno), entré por el Senkaimon principal del Seireitei, sin saber que eso me llevaría problemas.

-¡Alto ahí! -dijo una voz en cuanto entré- ¡Idéntifiquese!

-So-soy... -empecé, un poco amedrentada. No me imaginaba que hubieran guardias. ¡Qué ilusa había sido!

-¿Se te ha comido la lengua el gato? -preguntó el más alto.

-No, por supuesto que no. -dije, mientras intentaba que no me temblase la voz- Soy Kuchiki Ariadna. Y ahora, dejadme pasar.

-No tenemos nada que certifique que eres quien dices ser. -negó él.

-Y si así es, tendrás que acompañarnos. -añadió el otro, cogiéndome del brazo.

-¡Hey, me haces daño! ¡Soltadme! -grité, realmente asustada.


No muy lejos de allí...

-Kyoraku, te toca tirar.

-Perdona, Ukitake, estaba admirando la belleza de Nanao-chan. -se disculpó el capitán de la capa de flores.

El capitán de pelo blanco le sonrió.

-Lo sé. Has dicho lo mismo las últimas cinco veces.

De repente, notaron una explosión de reiatsu, no muy lejos de ahí alguien con un reiatsu del nivel de un teniente lo estaba elevando.

Se miraron y ambos salieron corriendo en esa dirección.


-Ha venido alguien fuerte.

-¿Cómo lo sabes, Ken-chan? No puedes sentir el reiatsu ¿no? -le preguntó una vocecilla.

-Lo sé y punto. -respondió él, saliendo del escuadrón mientras dringaban los cascabeles a cada paso que daba.

-El taijô va a salir, ¿vienes, Hyobanshi? -preguntó un hombre mientras dejaba el espejo donde se había estado mirando.

-¡Sí! -respondió de buen humor la chica.


-Ha vuelto... no creo que espere que yo vaya allí, ya vendrá si quiere. -susurró alguien mientras cerraba un armario con una foto dentro.


-¡Soltadme! ¡He dicho que me soltéis! -seguía gritando.

-De... ¿De dónde ha salido todo este reiatsu? -se preguntaron consternados mientras me soltaban.

Me dejé caer al suelo, temblando. Hacía mucho tiempo que no tenía explosiones de reiatsu, y me agotaban un poco, por eso en ese momento aún tenía el reiatsu descontrolado. Observé sorprendida que los dos guardias apenas podían separarse del suelo por la presión.

Me esforcé en levantarme, sabía perfectamente que si no me calmaba pronto vendrían Shinigami y no podría hacer mi entrada secreta (no sé en qué momento la creí posible, la verdad).

-¿De quién es este reiatsu?

Demasiado tarde.

Pude ver como de cada camino salían bastantes Shinigami (había tres caminos)... me hubiera dado por acorralada si no fuera porque reconocí a los que venían.

-¡Ariadna-chan! -exclamó uno de ellos. Lo miré con cara de culpable- ¿Dónde has estado? Hemos estado preocupados...

-Lo siento mucho, Kyoraku, Ukitake, necesitaba distanciarme un poco de Otosama durante un tiempo para que se pensase bien su decisión.

-¿Y esa cicatriz? -preguntó Ukitake.

Ni siquiera me había dado cuenta de que tenía una cicatriz. Miré el brazo derecho y vi una fina línea que iba desde el codo hasta la muñeca por la parte exterior del brazo.

-Ah, supongo que me la hice aquél día... -dije, recordando siete días atrás, una de las heridas que me hice luchando contra Hollow cuando vino el Menos- No fue nada, sólo un corte superficial.

-¿Y tu reiatsu? -preguntó otra voz, de chica- Te has vuelto mucho más fuerte.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, aunque no hacía ni dos semanas que no la veía.

-¡Katherin! -grité, corriendo a abrazarla.

-Hola, Ariadna-san. -respondió, mientras también empezaba a llorar- Te he echado de menos.

-Yo también... luego te contaré todo. -añadí susurrando, guiñando un ojo- ¿Cómo van las cosas por aquí? ¿Hay muchas novedades? ¿Se sabe algo de Rukia-neesama? -pregunté.

-Byakuya y Abarai-kun la llevaron desde el mundo humano hará unos días. -explicó Ukitake.

-¿Cómo está? ¿Por qué no volvía? -seguí preguntando.

-La cámara de los 46 está deliberando, pero su delito es grave.

-¿Un delito grave? -pregunté fingiendo horror.

-Le dio sus poderes de Shinigami a un humano.

-¿¡Qué!? Pe-pero si Rukia-neesama sabe perfectamente que eso es un crimen, ¿por qué lo haría? Más importante aún, ¿Cómo está Otosama?

-Aún no he hablado con él. -explicó Ukitake- Y, Ariadna, ¿cómo es que tu reiatsu ha aumentado tanto?

-¿Tú crees? -pregunté, esta vez sin fingir sorpresa- He estado entrenando, en... en... ¡agh, no me acuerdo cómo se llamaba el lugar! -dije con desesperación, tapándome los ojos con una mano fingiendo que me concentraba- Ya me acordaré luego. -terminé- Igualmente, Katherin, ¿sabes por dónde anda Ryûji?

-No, hace un par de días que no lo veo, salió de expedición. -explicó. En su cara todo decía preocupación extrema.

-Oye, Ariadna. -dijo de golpe una voz más gruesa, y me dio un mal presentimiento.

-¿Sí, Kenpachi-san? -respondí.

-Te has vuelto muy fuerte... lucha contra mí.

Katherin suspiró.

-Ehm... no, gracias.

-No acepto un no por respuesta, ¡lucha!

-No quiero luchar ahora, además, tengo muchas cosas que hacer Kenpachi-san. -seguí excusándome.

-¿Por qué no? Será divertido.

-Zaraki-taijô, -empezó una voz tímida- tal vez debería dejar que terminase de instalarse antes de pedirle que luche contra usted...

-Katherin, tú también has mejorado mucho, ¿qué me dices? ¿Quieres luchar?

Lo miró con cara de querer decir que sí, pero se reprimió.

-No creo que eso sea apropiado, Zaraki-taijô. -respondió ella, sabiendo lo testarudo que era su capitán.

-¡Lucha, lucha! -saltó Yachiru-chan desde la espalda de Kenpachi-san a la cara de Katherin, con lo que ella automáticamente se apartó y se puso en guardia.

-Muy bien, si eso es lo que quiere... -cedió, y vi de reojo cómo ella se lamía los labios disimuladamente... ¡tenía sed de batalla!

-¿¡Te has vuelto loca!? ¿¡Quieres morir joven!? -le susurré al oído frenéticamente.

-No, y justamente por eso... Zaraki-taijô, tengo una condición.

-¿Eh? ¿Cuál?

-Si luchamos será con espadas de madera, dentro del cuartel y prometerá no romperme ningún hueso o hacerme heridas graves o mortales.

Suspiró.

-Sólo para poder luchar más veces. -dijo, mientras se daba la vuelta y Katherin, después de despedirse de mí, le siguió junto con otros dos hombres, Ayasegawa Yumichika "el narcisista" y Madarame Ikkaku, "el calvo con mala leche" (esos motes se los puse yo hace tiempo y no los he cambiado).

-Ari-chan, ¡diviértete! -me gritó Yachiru-chan mientras se iba corriendo detrás de ellos.

-¡Hasta otra, Yachiru-chan! -me despedí.

Miré a los dos guardias que ya empezaban a poder moverse y me acerqué a ellos.

-Siento lo de antes. No quería haceros daño con mi reiatsu, a veces no consigo controlarlo bien. -les dije, y entonces me giré hacia Kyoraku y Ukitake- ¿Queréis ver mis nuevas técnicas?


En el undécimo escuadrón, un par de horas más tarde...

-¡Venga, venga! ¡Sé que puedes dar más fuerte! -gritaba él, mientras yo daba golpe tras otro con mi mokuton (espada de madera).

Una hora más tarde...

-¡Zaraki-taijô! ¿No se cansa nunca? -pregunté casi a punto de caer.

-¡No pares ahora, esto es muy divertido!

Media hora más tarde, en el cuarto escuadrón...

-¿A quién se le ocurre luchar sin parar durante tanto rato con semejantes heridas?

La miré arrepentida.

-Lo siento mucho, Unohana-taijô, Zaraki-taijô me decía que siguiese y como aún podía seguir pues... -respondí hablando lo más alto que pude, ya que en ese momento estaba en una cama con vendas por todo el cuerpo y me sentía bastante débil- Dijimos que íbamos a luchar con sólo mokuton, pero no pensé que las mokuton también pueden cortar si se usa la técnica apropiada...

-Y ustedes dos, Ayasegawa-san y Madarame-san, ¿no pensaron en pararlos? -preguntó girándose hacia los que me habían traído.

-La política del undécimo escuadrón es que no podemos interferir en las batallas de los otros... además, si llego a meterme en la batalla del taijô, me rebana a mí también de paso. -dijo Ikkaku-san, con tono aburrido.

-No me hubiera gustado que os hubieseis metido, aunque después de esto Zaraki-taijô querrá luchar más veces contra mí...

-Ha dicho que tienes mucho aguante y que reconoce tu fuerza, eso es bueno, ¿porqué te preocupa que quiera luchar contra ti otra vez?

-No soy un gato, no tengo siete vidas. -expliqué, mientras miraba para otro lado a la vez que Unohana-taijô empezaba a curar con reiatsu (no creáis que es agradable) mis brazos.

-Por ahora, no debes volver a luchar contra nadie en un mes. Tendrás que hacer reposo y no quiero enterarme de que has vuelto a luchar. ¿Me has entendido bien?

-Pero...

-No quiero enterarme de que has vuelto a luchar, Hyobanshi-san.

-Muy bien... -respondí con un hilo de voz mientras podía ver por el rabillo del ojo como Madarame y Ayasegawa tenían un escalofrío. Realmente, Unohana-taijô se parecía demasiado a mi hermana mayor- Eso significa nada que hacer en un mes entero... -suspiré- Supongo que andar y dar paseos y correr sí que puedo, ¿no? -pregunté desinteresada.

-En dos semanas podrás correr. No quiero que se te abran las heridas.

-¿Y ahora puedo ir andando a ver a Ariadna-san?

-Andando. -repitió asintiendo con una mirada que hubiera helado la sangre de cualquier otro. Yo estaba medianamente acostumbrada- Pero cuando termine.


-¿Y bien? ¿Qué os parecen? Suwaru está bastante bien, ¿a que sí? Y he mejorado bastante el tsunami...

Me miraban con la boca abierta, completamente sorprendidos.

-¿De verdad has estado sólo apenas una semana en el mundo humano? -preguntó Ukitake.

-Has mejorado mucho... eres mucho más fuerte. -dijo Kyôraku.

-Claro que he estado sólo una semana y pico, en el mundo humano... -respondí, un poco sonrojada por sus expresiones- Pero también he estado hablando mucho más con Lapislázuli, y me ha dado ideas para nuevas técnicas. Y aún no os he enseñado lo bien que voy con kidô... mirad: Hadô 33 Sôkatsui! -grité, apuntando a una roca lejana.

La atravesó y destruyó una más grande que había detrás.

-Cuánto poder... -susurró Kyôraku.

-Y tu precisión ha mejorado bastante. -observó Ukitake, tan sorprendido como Kyôraku.

-Pero aún me cuesta controlar bien las técnicas, me han salido bien de pura suerte. -admití, mientras volvía a poner a Lapislátzuli en su funda- ¿Creéis que con esto Otosama me dejará ser Shinigami?

Se miraron sorprendidos, no se esperaban eso.

-Ya entiendo. Buscas el reconocimiento de tu padre... -dijo Ukitake- Es algo complicado, Byakuya no está en un buen momento ahora. Ya sabes, lo de Kuchiki y su delito... lo más probable es que antes de esta noche comuniquen su sentencia...

-Vaya... -dije, afligida- ¿No se puede hacer nada para ayudar a Rukia-neesama? ¿Rescatarla o algo así?

-Si hicieras eso, ten por seguro que también te encerrarían a tí. -dijo severamente Kyôraku- Ni se te ocurra. Prométeme que no harás ninguna locura.

-Ugh, vale, no hace falta ponerse así... -dije cabizbaja.

-Promételo.

-Lo prometo. -cedí, sabiendo perfectamente que "locura" no era lo que yo pensaba hacer.

-Ariadna-chan, entiéndelo, es por tu bien. -empezó Kyôraku- Byakuya-kun ya está suficientemente ocupado ahora, no lo pongas más nervioso.

-Si es él el que no quiere hacerme caso... -me quejé- ¡Todo es "por el honor de la familia Kuchiki" debes hacer esto, lo otro, y un montón de cosas aburridas...! Es que no quiere decirme siquiera quién es mi madre, sólo mira el retrato de esa "Hisana" que se parece tanto a Rukia-neesama... Y cuando he llegado ni siquiera ha ido a buscarme... Y en el mundo humano no sé molestó en buscar mi reiatsu o enviar a alguien... ¿es que no le importo? ¿No soy su hija? ¿Y si me ha adoptado como a Rukia-neesama...? -en ese momento ya estaba empezando a lloriquear.

-Venga, no llores, ya sabes que tu padre siempre está muy ocupado con sus cosas. -me consoló Ukitake- Deberías ir a verlo y preguntárselo todo tú misma.

-Pero, ¿y si me miente? ¿Cómo podré saber si dice la verdad o no? Y más importante, ¿querrá escucharme...?

-¡Calla y ve!

Su voz me hizo dar un bote. Toqué instintivamente donde debía estar mi zanpakutô, pero sólo encontré aire.

Miré alrededor asustada. Me encontré con las miradas perplejas de Ukitake y Kyôraku, que miraban algo que estaba a mi izquierda, fuera de mi rango de visión. Me giré y grité del susto.

-¿¡Pero cómo...!? -dije- ¿Cómo puedes estar fuera? Se supone que...

-Salgo cuando quiero, ¿sabes? -dijo molesta la gran loba- Niña, deja de lloriquear y vete de una vez.

-Pero...

-¡Nada de peros! -me ladró, empujándome con el hocico- ¿¡Tengo que llevarte yo!? Despídete de tus amigos, ¡covarde! -añadió, mientras me hacía montarla lanzándome por los aires. Me cogí como pude al lomo y dejamos atrás a Ukitake y a Kyôraku, que aún estaban perplejos.


-¿Dónde habías estado hasta ahora? -pregunté sin girarme.

-En Hawaii.

-No te veo morena.

-No estuve al sol.

-¿Qué hacías?

-Entrenar.

Me giré a mirarla y me sorprendí. Primero, porque iba montada en un lobo gigantesco. Segundo, por la expresión de su cara: mostraba una gran determinación. Empecé preguntando por el lobo.

-¿De dónde has sacado a esta bestia? ¿Cómo se te ocurre meterlo en casa?

-La meto en casa porque me pertenece. ¿Nee, Lapislázuli? -dijo con un tono que no me gustó nada.

-Ch. Mira como te aprovechas de mí. -dijo el lobo. ¡Habló!- Soy su zanpakutô. ¿Algún problema con eso, Kuchiki?

Usaba una entonación demasiado despectiva para mi gusto.

-Así que tu zanpakutô. -dije, sin mostrar sorpresa alguna- ¿En serio?

-Así que no me crees. -respondió ella, malhumorada- ¡De verdad es mi zanpakutô!

-Demuéstralo.

Se enfadó. El lobo gruñó y se transformó en una espada. Me quedé mirando como mi hija arremetía contra mí.

-¡Responde! ¿¡Por qué no quieres que sea Shinigami!? -me gritó, mientras yo me hacía a un lado.

-Vaya, has roto el suelo... -dije, sin emoción alguna- Estás castigada. -añadí- Ve a tu habitación, tienes prohibido salir.

-¡Por que tú lo digas! ¡Estoy harta de tu corazón de hielo! ¿¡No tienes sentimientos, Otosama!?

Esta vez sí que me sorprendí, incluso alcé un poco las cejas. ¿Me estaba desafiando...?

-Todo ser humano o Shinigami tiene sentimientos, los quiera o no. -respondí sin dejar ver mi sorpresa en mi voz.

-¡Pues entonces no eres humano o Shinigami! -me gritó otra vez, dando un pisotón al suelo- ¡Lucha conmigo aquí y ahora! ¡Si yo gano reconocerás que soy una Shinigami de pleno derecho!

-Estás haciendo una escena por nada. Ya te lo he dicho, no serás Shinigami y punto. -respondí, y me giré para salir al patio.

-¡Kuchiki Byakuya! -me llamó.

Me dolió que no me llamase Otosama, sentí una sensación extraña.

-¡Este es mi poder! -de repente un gran reiatsu, el mismo que había sentido unas horas antes cuando ella volvió, me golpeó. Me mantuve erguido, no era superior al mío, pero tenía que reconocer que era del nivel de un teniente, aunque tampoco llegaba al de Renji. Tal vez de un Sanseki (3er rango) fuerte.

-Parece que has perdido todo el respeto que me tenías. -dije, indiferente- Este reiatsu no es nada. ¿A quién quieres convencer con esto? ¿A una mosca?

-¡Al menos las moscas me hacen caso! -gritó bien alto, y pude observar que algunos de los sirvientes ya habían dejado sus quehaceres para mirarnos- ¡Te odio, Kuchiki Byakuya!

Me dirigí a ella. Alcé la mano. Pude ver como cerraba los ojos.

La bofetada resonó por el patio, todo era silencio. El reiatsu de Ariadna se descontroló y pude ver durante un segundo que estaba llorando. Al instante siguiente, se había ido, usando Shunpo... ¿des de cuándo sabía usarlo?


-...Y así ha terminado la expedición, señor. -terminé.

Alcé la mirada y me encontré con la mirada afable del capitán y con la sonrisa de su teniente. Es tan guapa... ¡no, no, no, no...! ¡No puedo fijarme en otras chicas...! Ya tengo a mi chica favorita, no puedo andar mirando otras... pero mientras no me declare a ella...

-Ryûji-kun, tienes la mirada perdida, ¿en qué estás pensando? -preguntó él.

-En Katherin... -respondí sin pensar siquiera- Ah, lo siento, Aizen-taijô, me he distraído sin querer.

-Tranquilo, lo entiendo. -respondió con una sonrisa- El amor es algo complicado, ¿eh?

-¿¡A-a-amor...!? -repetí totalmente rojo de vergüenza.

-Qué mono... está enamorado. -susurró Hinamori-chan... ¡no, no, no! Hinamori-fukutaijô.

-No-no-no-no-no lo sé... -dije cada vez más rojo. ¡Qué vergüenza!

-No hay que sentir vergüenza cuando amas a alguien. -dijo Aizen-taijô- Deberías ir a verla. He oído que ha luchado contra su capitán hace rato-

-¿Está bien? -pregunté alarmado. ¿En qué estaba pensando Kate-chan...?

-Tranquilo, sólo tiene heridas leves, hace un rato Unohana-taijô me ha pasado el informe. Aún tenía ganas de ir por ahí corriendo. -añadió riendo.

-Qué bien... -dije con un suspiro. Al capitán le encantaba alarmarme, se notaba que disfrutaba comprobando cuánto me gustaba Katherin...

De repente notamos un gran reiatsu.

-¿Otra vez? -susurró Aizen-taijô.

-¿Otra vez, dice? ¿De quién es este reiatsu tan fuerte? -pregunté perplejo.

-Es de Kuchiki Ariadna, tu amiga. -aclaró- Ha vuelto hará unas tres horas.

-¿Por qué estará tan asustada...? -dije más para mí mismo que para ellos.

-¿Asustada? ¿Cómo sabes que está asustada? -preguntó Hinamori-fukutaijô.

-La conozco, y sabe controlar su reiatsu. El único momento en que se le descontrola es cuando se asusta o cuando se enfada mucho... y no parece que esté enfadada. Disculpadme, voy a buscarla. -me despedí, y salí corriendo del despacho, sin importarme nada más. Ya buscaría a Katherin más tarde, o conociéndola, estará de camino donde Ariadna estaba.


Sólo se oía el agua moverse. El viento me acariciaba el pelo, mientras yo seguía gritando, llorando, dando golpes, desconsoladamente. Estaba sola. Quería estar sola. Odiaba a todos. A los que me decían que seguro que no sería, a los que me negaban, a los que me ignoraban, y sobretodo, le odiaba a él.

Cogí una piedra de la orilla y la lancé al lago lo más fuerte que pude. Lancé un grito de rabia cuando no llegó donde yo quería. Tenía la vista borrosa, las lágrimas no cesaban.

Me dejé caer a la hierba, sin dejar de gritar y llorar. No tenía por qué reprimir mi dolor. No quería pararlo. No me importaba que mi reiatsu estuviera descontrolado, que mi corazón fuera demasiado rápido o que me dolía la garganta, lo único que sabía en ese momento era que lo necesitaba.

Arranqué unos cuantos hierbajos y me manché las manos de tierra. Mi cuerpo se movía solo, por instinto. Seguí arrancando hierba hasta que me cansé, entonces volví a tirar piedras. Me volví a cansar y lo único que terminé haciendo fue gritarle al cielo, por qué no me quería, por qué no me quería reconocer.


Nunca la había visto así. Cuando llegué donde ella estaba, la vi llena de tierra y hierba arrancada, tenía las uñas rotas de la fuerza con la que golpeaba la roca. Lo que más me preocupó fue su mirada.

No miraba a ningún lado. Estaba perdida. No hizo signo alguno de reconocerme. Le alcé la cabeza y la miré directamente a los ojos. Estaban enrojecidos y tenía la mejillas mojadas. Había estado llorando y destrozando todo lo que encontraba, como una rabieta de niño pequeño. Lo peor de todo era que me miraba, pero a la vez no me miraba. Parecía ausente.


Cuando Kusatsu-kun envió a un Shinigami a buscarme para llevarme al cuarto escuadrón, no me imaginé que sería algo como eso. Nunca vi a alguien así. Fue horroroso estar ahí, viendo como no reaccionaba a nada, simplemente mantenía los ojos abiertos como un muerto...

-¿Cuánto tiempo lleva así? -preguntó Unohana-taijô.

-Unos cinco minutos desde que la he encontrado. Antes de eso, no lo sé.

Lo peor era que la había encontrado él. Él, que la conoce desde hace mucho más tiempo que yo. El reiatsu de ella seguía descontrolado, apenas podía soportar estar en la misma habitación.

-Ariadna-san. -la llamó Unohana-taijô, en vano. No estaba. Ni siquiera reaccionó a su nombre. Se limitó a echarse en la cama, pero sin cerrar los ojos, estos los tenía fijos en un punto.

-¿Qué podemos hacer? -pregunté preocupada.

-Tiene una depresión grave. ¿Sabéis dónde ha estado?

-Pues... cuando yo me fui a luchar con Zaraki-taijô, se quedó con Kyôraku-taijô y Ukitake-taijô...

-Empecemos por ahí.


-¿Qué hizo? -repitió él, pensativo- Pues... nos enseñó sus nuevas técnicas, nos mostró un poco de kidô y luego dijo que iría a ver a Byakuya... poco después fue cuando sentimos su reiatsu.

-¿Byakuya-kun ha tenido algo que ver? -preguntó Kyôraku, mirando preocupado que ella seguía mirando al vacío.

-No lo sé. Pero algo está claro. En este instante, está sufriendo tanto que su mente se ha aislado del exterior. Se podría decir que en este momento está en su mundo interior. -respondí- No ha reaccionado a su nombre y no creo que nadie tenga ganas de saber si reacciona al dolor físico.

-Claramente, no. -estuvo de acuerdo Kusatsu-san, que no se había apartado de Ariadna ni un segundo.

-Ahora, deberíamos ir a ver qué ha pasado con Kuchiki-taijô. -dije, mientras salía de la sala acompañada de los dos capitanes- Kusatsu-san, Hyobanshi-san, si hace algo el puesto de enfermeras está aquí al lado. -añadí.

Salí del cuartel preguntándome de qué habían hablado Kuchiki-taijô y Ariadna... ella era muy impulsiva, y después de su escapada no me extrañaría nada que hubiese discutido con su padre.


-Venimos a ver a Kuchiki-taijô. Somos Unohana Retsu, capitana del cuarto escuadrón, Kyôraku Shunsui, capitán del octavo, y Ukitake Jûshirô, capitán del treceavo.

-Kuchiki-sama ahora mismo no quiere recibir visitas.

-¿Hace falta que venga Sô-taijô para que abras la puerta? -pregunté mirándolo fijamente.

-Iré a preguntarle... -dijo, saliendo corriendo.

-¿Tal vez Byakuya-kun también esté afectado por su discusión con Ariadna-chan?

-Estamos dando por hecho que se han discutido, tal vez sólo han hablado y a Ariadna-san le ha pasado algo luego. -le corregí.

-En ese caso, es raro que Byakuya no quiera recibir visitas. -dijo Ukitake-taijô.

En ese momento, el sirviente volvió.

-Dice que le esperen en el jardín.


-¿Para qué habéis venido? -preguntó molesto- Estoy ocupado.

-¿Qué ha pasado con tu hija? -le pregunté.

-¿Le ha pasado algo? -preguntó desinteresado.

-Así que sí que ha estado contigo hace rato... ¿de qué habéis hablado?

-Me ha intentado demostrar que vale como Shinigami... y me ha faltado el respeto, así que le he dado un bofetón y ha huido. -resumió, y entonces se levantó- Eso es todo. Y ahora, iros, tengo muchas cosas que hacer.

-Actualmente está en el cuarto escuadrón.

-¿Y? -preguntó a punto de salir del jardín.

-Tiene una depresión tan grave que no reacciona ni a su propio nombre.


Autor:

No os deprimáis con este capítulo . (yo lo he hecho ^^U) tal vez me he pasado un poco con la depre de Ari, pero bueno, el rechazo de un padre es algo muy fuerte... ¡Espero comentarios!

PD: Si recordáis bien el anime/manga, sabréis exactamente dónde está la historia en el siguiente capítulo xD

Avance del siguiente capítulo:

-Ha chocado y se ha detenido, pero no se ha desintegrado... ¡es una masa de reiatsu especialmente densa!

-Aizen-taijô, Hinamori-fukutaijô, ¿son los Ryoka? -pregunté muerto de miedo.

-Eso parece... ¡Ha explotado y se ha dividido en cuatro direcciones!

Fin del Avance.