AUTORA:
Ha pasado bastante tiempo... y solo quiero mencionar que NUNCA me olvido del fic. Me siento en deuda con vosotros, pido disculpas y... a leer, si aun estáis dispuestos.
NO AL PLAGIO:
Los personajes no me pertenecen, estos son exclusivamente propiedad de CAPCOM. Lo único que me pertenece es la historia y su trama.
NOTA IMPORTANTE:
· Letra Normal: Para las acciones.
· Letra Negrita: Para los diálogos.
· Letra Cursiva: Para recuerdos, sueños o pensamientos.
.Cicatrices que marcan.
.Chapter 10.
-Días después-
Un fuerte mazazo impactó a gran velocidad contra una superficie sólida y retumbó por toda la sala consiguiendo hacer vibrar las ventanas por lo que más de uno encogió los hombros inconscientemente. El sonido le llegó a los oídos y la hizo reaccionar al instante. Movió ligeramente la cabeza volviendo a la realidad y se mantuvo en silencio porque así se encontraba el lugar.
A su alrededor se encontraban muchas personas, la mayoría en sus respectivos asientos pero otros, en su minoría, de pie, como si aguardaran órdenes y es que eran policías armados con pistolas de nueve milímetros, porras y esposas. Aguardaban con las manos por delante, a la altura de la pelvis, una por encima de la otra y con la espalda completamente recta. Unos se encontraban a pocos metros de ella, a sus respectivos lados y otros en las dos puertas que comunicaban con el exterior.
Recorrió con la mirada todo su alrededor, intentando no moverse mucho sobre su asiento y al poco tiempo reconoció un par de rostros, los miró fijamente y después quedó perpleja, sin palabras... en estado de shock. Quedó observando un rostro en concreto, escondido entre un par de personas, y al mirar sus ojos fijamente, quedó reflejada en su propia imagen como si fuera un espejo. Sus pupilas se dilataron considerablemente. La miró confusa y después de recordar, en ese preciso momento, lo entendió todo...
Bajó la mirada, se observó a sí misma y un color naranja la deslumbro por completo. Elevó las manos, pero no pudo continuar porque unas esposas la retenían contra su voluntad, tembló y detuvo sus acciones. Volvió a alzar la vista encontrándose nuevamente con ese rostro que segundos antes era su propio reflejó, pero poco después dejó de serlo para transformarse en una sonrisa victoriosa...
— Por fin se ha hecho justicia. —Escuchó la voz de alguien a su alrededor en un susurro y por un momento le pareció que la condenaran a algo peor que la muerte... Esas palabras la hicieron reaccionar, agitó internamente sus pensamientos y giró el rostro aproximadamente 45 grados. Percibió los ojos asesinos de aquel que se atrevió a pronunciar tales palabras… Era de esperar que se tratase de Chris, así que lo ignoró por completo.
Dirigió la mirada a sus manos, percatándose de que sus puños estaban completamente cerrados, como si en su interior acumulasen toda la ira de la que ahora ella era portadora. Sus uñas ejercían una ligera presión sobre su piel y en ese preciso instante recordó aquello que la había conseguido mantener viva hasta el momento: control… No debía perderlo si quería salir de allí ilesa, o mejor dicho, si quería acabar con Carla. Estaba claro que había conseguido engañarlos a todos, incluido él. Y cuanto más lo pensaba, más se enfurecía.
El silencio ensordecedor que embriagaba por completo la sala acabó justo cuando se escuchó crujir alguien sobre su asiento. En ese preciso instante el juez tomó la palabra iniciando lo que sería el principio de su fin.
— Buenas tardes. — Empezó el juez. Un hombre de edad considerable que escondía sus canas bajo un vasto color negro apagado. — Son las cinco en punto del miércoles 20 de enero del 2016. — Nadie se atrevió a interrumpir. — La acusada, ¿podría decirnos su nombre? — El juez no se ando con rodeos.
La susodicha, hablemos ahora de la verdadera Ada Wong, reaccionó con lentitud. En un principio dudó, pero bastaron un par de segundos para que adquiriera una posición mucho más confiada sobre su silla y volteara la cabeza para mirar fijamente a Carla, que ahora se estaba haciendo pasar por la "verdadera" Ada Wong. Segundos antes de volver la vista al frente le dedico una mirada fugaz aquel que permanecía a su lado, donde debería estar ella, Ada, y no Carla.
— Mi nombre… — Vaciló clavando la vista sobre el tribunal. — ¿No es obvió? — Se inclinó sobre el respaldo de su silla en una posición de mayor comodidad cruzando, a su vez, las piernas. — Ada Wong. —
— Aquí pone — Hizo una pausa bajando la mirada sobre su mesa para leer una hoja. — que se llama Carla Radames, ¿es eso cierto? — Volvió la vista al frente.
— Si lo niego, ¿me creerá? — Su voz en ningún momento sonaba amenazante, es más, parecía un grito sordo que demandaba auxilio en un intento desesperado de que alguien se diese cuenta de la enorme confusión. Como era de esperar, nadie acudió en su ayuda.
— Diga su nombre. — Insistió el juez.
— Ada… Wong… — Suspiró hastiada bajando levemente la mirada. Sabía a ciencia cierta que por muchas veces que dijese su verdadero nombre, nadie la creería. No obstante, su orgullo le obligaba a no ceder, quería seguir intentando creer que de alguna forma los convencería, pero ¿cómo?
Era curioso, nunca antes nadie la había creído, ¿por qué tendrían que hacerlo ahora? No culpaba a nadie por encontrarse en esta situación, la verdad es que fue ella misma la que permitió que todo esto fuera a más, sin mencionar que perdió contra Carla y Hunk, y por eso se encontraba ahora aquí.
El impulso que la llevo a girar su rostro lentamente observando a ambos lados de donde ella se encontraba fue la falta de presencia a su alrededor. Ahora que se daba cuenta, donde se encontraba sentada solo permanecía ella, un par de policías y… ¿no tenía abogado?
El juez tenía la intención de hablar pero justo cuando se dispuso a hacerlo dio la casualidad de que Ada empezó a reír. Mal momento para reír, pero no pudo contenerse. Dicho acto solo hizo que enfurecer aún más al juez cosa que no era conveniente si se tiene en cuenta que su vida, además de estar condenada inevitablemente a la muerte, dependía del hombre que se encontraba por encima de ella y de todos los presentes.
— ¿Que le produce tanta gracia? — Se atrevió a preguntar.
Una vez que su risa ceso y se tranquilizó miró al juez de forma divertida, mostrando su sonrisa más atrevida. Dejando a un lado las formalidades que debía mantener en ese momento adoptó una postura mucho más informal. Llegados a este punto, Ada Wong, no le temía a nada ni a nadie, y cuando se trataba de su "imagen" poco le importaban comentarios ajenos de gente que solo conocía lo que les habían contado acerca de esa mujer. Su risa descarada y poco educada no hizo más que provocar algún que otro cuchicheo a la vez que le fue imposible no escuchar un gruñido casi amenazante de Chris Redfield.
— ¿No van a concederme un abogado? — Se atrevió a preguntar -aun conociendo la respuesta- con una pizca de vacilación. La reciente pregunta no sorprendió a nadie en absoluto. Tanto el jurado como el juez conocían a la perfección la respuesta.
— No le hace falta. — Como juez conocía a la perfección -por no decir que era su obligación- los derechos de cada persona que iba a ser juzgada por algún delito, siendo iguales los derechos tanto para el inocente como para el culpable. Sin embargo, bajo su punto de vista, no se encontraban en un simple caso cualquiera.
— Viendo su actitud… —Alargo las palabras deteniéndose un segundo vacilante. — debo suponer que me consideran culpable en todo lo que supuestamente he hecho, ¿me equivoco? — El Juez permaneció en silencio. Silencio, que fue suficiente para darle la razón a la mujer. — En ese caso, juego en desventaja — Estaba acostumbrada; ella contra el mundo.— y eso no es justo señor Juez. ¿Cómo voy a defenderme? — Se auto señaló haciendo sonar los grilletes de sus manos. Esos que, hasta ahora, había olvidado por completo.
— No tienes derecho. — Alguien muy próximo a Ada se atrevió a hablar en voz alta.
Ésta reconoció al instante el tono y el timbre de esa voz, era sin duda Chris Redfield. No podía culparlo por ser así, la rabia y el odio hacia "mi" lo consumían por dentro, necesitaba vengar la muerte de su equipo en Edonia. Necesitaba desesperadamente culpar a alguien por los sucesos de hace años, ¿la forma más fácil? Carla Radames con mi rostro. Es por esta razón, que aunque dijera que ella era Ada y no Carla, Chris no la creería, su sed de venganza lo cegaba.
— Ah, — Rio tontamente haciendo enfurecer al hombre. — es cierto, dicho privilegio lo perdí hace ya mucho tiempo. Entiendo. — Comprendió. — Entonces, tendré que defenderme yo sola… — Suspiró cerrando los ojos.
Por un instante Ada se compadeció, no de Chris sino de ella misma, de su rostro, de su nombre y de su ser, había jugado con fuego durante mucho tiempo y sin darse cuenta se había quemado. Irónico, si recordamos que la llamaban la mujer de rojo. Por un instante, pensó que quizás había estado condenada desde el primer día que nació, ¿porque no? Los caminos que había decidido tomar eran decisión suya y por tanto su responsabilidad. Nadie la había obligado a hacer nada de lo que ahora pudiera arrepentirse. Es por esta razón, que aunque sepa que tiene todo las de perder, no culpa a nadie en concreto, ni al mismo Leon que justamente ahora estaba siendo engañado.
…
Leon se retorció sobre su asiento a la vez que escuchaba atentamente cada palabra pronunciada por la mujer que supuestamente había cometido todos aquellos crímenes y por los cuales ahora estaba siendo juzgada. Una mujer que compartía una apariencia igual a la de su amada y de la que se compadecía por haber sido un brutal experimento de la ambición y el egoísmo de Derek Simmons.
Había estado esperando durante años a que por fin se hiciera justicia y en cambio, no se alegraba ni una pizca. Es más, el día estaba siendo como cualquier otro sino fuera porque debían acudir al juzgado como testigos. Si no fuera por esta razón, nunca hubiera aparecido por allí, solo hubiera estado presente en el momento de su muerte para confirmar, que efectivamente, todo había llegado a su fin. Debería, entonces, agradecer al destino que se encontrara hoy presente porque si no, hubiera cometido, sin ser consciente, el peor error de su vida.
Giró el rostro hacia su amada que muy a su sorpresa disfrutaba viendo aquella escena en la que la iban a sentenciar a Carla por sus crímenes, y le susurró algo.
— ¿Te encuentras bien? — No obtuvo respuesta por parte de ella es más, parecía hipnotizada. La sacudió levemente, llamando así su atención hasta quedar de frente. — ¿Estas bien? — Repitió.
— Sí… ¿Por qué? — Se sorprendió por la pregunta.
— Pareces disfrutar con esto. — Contestó a la vez que tomaba su mano entre sus dedos y empezaba a acariciarla suavemente, como si intentará calmarla.
— ¿Tú no? — Observó el rostro de Leon y no parecía muy contento con la respuesta, así que intentó disimular su gozo absoluto. — Quiero decir… — Cambió su tono de voz por completo. — Por fin va a acabar todo y vamos a poder vivir en paz. — Finalizó no sin antes acercarse lentamente al rostro de Leon para plantarle un beso. Leon correspondió gentilmente y permanecieron el tiempo suficiente hasta que escucharon las puertas abrirse. Una mujer vestida con un traje gris entró en el lugar, y se dirigió hasta quedar a la altura de Leon.
— Hola chicos. — Susurró una mujer por lo bajo, para no llamar la atención de los de alrededor.
— ¿Qué haces aquí? — Antes de que ésta pudiese responder Leon se adelantó soltando, nervioso, la mano de "Ada". — ¿También te han citado? — Preguntó alzando un poco la voz.
— No, en absoluto. — Sonrió Hunnigan. — Solo he venido para ver como acaba todo y… — Calló. — ¿Podemos hablar luego un segundo? Si no tienes nada que hacer, claro. — Leon asintió y de nuevo retomaron el silencio centrándose en el juicio.
Retomó la vista al frente y después de fruncir el ceño continuó observando como Carla seguía creyendo ser Ada Wong pero la mujer que estaba siendo juzgada insistía demasiado en que ella no era Carla y eso extrañó a Leon. Quizá la razón fuera porque enloqueció. Todos los presentes eran conocedores de los crímenes cometidos por Carla, es por esta razón que aunque lo intentara, iba a ser condenada a… muerte. ¿Porque seguía insistiendo y prologando lo inevitable?
…
— No vamos a estar así todo el día señoría. — Soltó un Chris desquiciado. — Agilicemos las cosas por favor. — Rogó impaciente.
— Cierto. — El Juez no estaba como para perder todo el día con este tipo de tonterías. Si sabían que esta mujer era culpable al 100% porque perdían el tiempo tan inútilmente. — Señorita Radames. — Calló un momento. — Se la acusa por crear el virus C, por haber infectado toda china con dicho virus, por no mencionar que acabó con un equipo entero de la BSAA. — En este instante Chris reaccionó furioso, cosa que Ada pudo notar. — ¿Es eso cierto? —
— Esa no fui yo. — Replicó pero sabía qué negarlo no le serviría de nada.
— Mentir en un tribunal se considera delito, ¿lo sabía? — Sonrió maliciosamente el Juez.
— Soy muy consciente. — Adoptó una postura mucho más rígida y amenazadora, como si la cosa se estuviera tornando seria. — No obstante, — Pensó durante un segundo que pareció ser eterno. — ¿tiene pruebas que me incriminen físicamente? — Era consciente de que pruebas contra Carla no faltaban, pero ella era Ada. Por tanto, si partimos de la base que era Ada, podríamos deducir que era inocente, ¿no? Y eso es lo que se propuso demostrar, aunque fuera un intento inútil.
— Tengo fotografías que la sitúan en el lugar del crimen, además de informes detallados del virus C bajo el nombre de Carla Radames. Sin mencionar el montón de testigos que hoy se encuentran aquí. — La sala permanecía en silencio, expectante, recordando los múltiples crímenes que aquella mujer había cometido. — ¿Tiene algo que decir en su defensa? — Inquirió el Juez.
— Señoría, con todo el respeto — La mirada de Ada se escondía bajo su flequillo negro a la vez que una sonrisa amenazadora se dibujaba en su rostro. — las fotografías no demuestran que sea yo, solo alguien que se me parece, — Levanto la mirada fijándola en el hombre. — los informes sobre el virus C… están bajo el nombre de Carla Radames. Soy Ada Wong. — Sentenció. — Y en cuanto a los testigos, ¿qué puedo decir? — Hizo una breve pausa. — Señoría, si todos saltan por la ventana creyendo que se les concederá la vida eterna, ¿usted lo hará también? Dicho esto, que todos piensen una cosa no significa que sea cierta. —
Los presentes en aquella sala no consentían que la mujer hubiera dado argumentos que ¿la defendían? Seguramente no, pero la sala empezó a ser testigo del escándalo que la mujer, sin darse cuenta, organizó.
— ¡Silencio en la sala! — Un fuerte mazazo impacto contra la superficie de madera. Acto seguido todos obedecieron menos Ada.
— Dicho esto, no veo pruebas que demuestren que soy culpable… — Y antes de que la ex espía pudiera acabar, el Juez la interrumpió.
— Tampoco que sea inocente… — Añadió el hombre con vestimenta oscura al mismo tiempo que se daba el lujo de sonreír victorioso.
— Se equivoca de nuevo señoría, tengo pruebas que demuestran que soy inocente. — La mirada inquisidora de Ada hizo temblar al hombre de delante suyo. Los presentes empezaron a especular, algunos ignoraban por completo sus comentarios sabiendo que tenía los días contados.
Ada empezó a girar el rostro siendo en ese momento el centro de atención de toda la sala. El tiempo paso a cámara lenta, como si eso le diera más emoción pero lo único que consiguió fue impacientar a muchos de los asistentes. Sus ojos recorrieron muchos rostros tanto conocidos como desconocidos, pero eso no la detuvo, continuó girando su rostro a la vez que también lo hacía su cuerpo encima de su asiento y quedó finalmente fijando la mirada sobre un ser, a su parecer, despreciable. ¿Su objetivo? No estaba segura de que funcionara pero de alguna forma debía hacer dudar a Leon y poner nerviosa a Carla. Si conseguía su propósito, estaba segura de que al menos tendría una posibilidad de poder hablar con él, para demostrarle que no era Carla, sino su verdadera Ada, porque sabía que por mucho que lo intentará nadie, a excepción de él, la creería.
— La tengo a ella. — Fulminó a Carla con la mirada y la señaló descaradamente con el dedo.
Ada no era tonta y como tal sabía que Carla tampoco, por tanto, aunque se pareciesen físicamente y Carla los hubiera engañado a todos seguramente con… recuerdos, Ada sabía que algo la delataría. Al fin y al cabo, una copia no sustituye a la original, la esencia nunca puede ser copiada.
…
Leon quedó atónito ante aquellas palabras. Carla seguía creyéndose ser Ada. Mi Ada pensó Leon y como por acto reflejo miró instantáneamente a su amada, Ada, que se sentaba a centímetros de él y de Ingrid. Carla no pudo contenerse y bajo la tensión y el miedo a ser descubierta explotó levantándose al acto. Leon y Hunnigan observaron como la mujer se levantaba furiosa con los puños cerrados y ligeramente temblorosos ademas de una... ¿una sonrisa malévola? Ambos se extrañaron, pero aún más Leon quién, a toda velocidad, la sujeto por el brazo haciendo que esta desistiera de su acción volviendo a su asiento no sin antes oponer resistencia. La estiro con más fuerza de lo normal hasta que consiguió sentar a la mujer en contra de su voluntad. Había algo en aquel comportamiento que lo hizo dudar pero rápidamente esa idea se desvaneció, su subconsciente se encargó de hacerle creer que su estado se debía al estrés de lo ocurrido. Sin embargo, siendo Ada de quien estábamos hablando, que se dejase llevar tan fácilmente por las emociones y su estado de auto control tuvieran tan poco efecto, le extrañó. Por tanto, una fuerza superior a Leon no pudo evitar intervenir.
— ¿Pero que te pasa? — Se atrevió a regañar haciendo notar su tono de preocupación, o más bien, de enfado. Ésta lo ignoró por completo seguramente frustrada no solo con Ada sino consigo misma.
Ada no pudo pasar por alto el reciente comportamiento de su falsa copia, había picado el anzuelo de lleno. Se dio el lujo de sonreír victoriosa mientras recordaba la cara de enfado de Carla junto con la acción de Leon, eso solo hizo que darle más esperanzas. Salió de su trance y cambió su semblante amenazante a uno más calmado y dulce mientras enfocaba la vista en Leon quien pareció no percatarse de eso.
— Aquella mujer es Ada Wong, usted Carla Radames deje de intentar convencernos de lo contrario. — El juez parecía molesto y hastiado de la situación. Ada se dio por vencida girando el cuerpo para quedar de nuevo frente al hombre. — Señorita Radames, por los crímenes cometidos hace 5 años, se la condena a muerte. — Sentenció por fin. — Se levanta la sesión. — Ada no dijo nada.
Agachó la cabeza rendida mientras era testigo de cómo ese día había llegado a su fin y lo único que le quedaba era no oponer resistencia alguna. Las personas de su alrededor se levantaron haciendo crujir sus asientos y en un abrir y cerrar de ojos la sala se llenó de susurros, y las maldiciones y las risitas de personas ajenas inundaban sus sentidos por completo. En ese preciso instante su cuerpo se erizó y su mente quedó bloqueada. Esto ya no se trataba de una broma, iba a ser condenada a muerte y no estaba dispuesta a pagar por crímenes de los que ella no era culpable.
Antes de que pudiera darse cuenta un par de hombres muy corpulentos, uno de piel blanca y el otro mucho más moreno, se situaron a ambos lados y la tomaron cada uno de un brazo. Ejercieron una leve presión y sin hacerle daño la levantaron en contra de su voluntad a lo que ella no opuso resistencia. ¿Le quedaban fuerzas para pelear? Mentiría si dijera que sí, es más, necesitaba descansar y evadirse por completo del mundo que la rodeaba.
La gente de la sala acabó de salir y ella se dio cuenta porque el reciente ruido dejó de sonar para acabar anunciando que solo se encontraba ella, sus grilletes y los escoltas. La llevaron por una puerta diferente a la de los demás supuso que para no ser vista pero en ese momento era lo que menos le importaba. Le abrieron la puerta frente a sus narices y entró primero el hombre moreno para ser seguido de ella y a continuación entró el hombre de tez mucho más clara.
Una idea muy tentadora paso fugazmente por su cabeza, pero se desvaneció en cuestión de segundos. Pensó en lo fácil que sería deshacerse de los hombres y quizá, con su astucia, podría escapar. No le sería muy difícil pues había hecho cosas parecidas en su vida pero algo en su interior, quizá la poca cordura que le quedaba o la compasión por aquellos hombres que honradamente se ganaban la vida, la hizo rechazar la idea. Sonrió tristemente al recordar como hace años esto no le hubiera supuesto ningún problema emocional ni moralmente equivoco. Todo cambio con él, y sin darse cuenta paso a ser otra persona, preocupándose no solo de él sino de la gente que la rodeaba y que en parte apreciaba. Luego vinieron sus hijos… Algo en su pecho la oprimió, estaba tan centrada en toda esta mierda que los olvidó por completo. Rectifico: olvidó que ahora se encontraban con Carla, ya no los podía proteger. Los había fallado, le había fallado… otra vez. Una lagrima cayo por su mejilla hasta llegar a la comisura de sus labios e inconscientemente saboreó esa pequeña gota agridulce cargada de mil y una emociones.
¿Cómo he acabo aquí? Se preguntó al percatarse de que había acabado dando la vida por todos aquellos a los que amaba… Ahogó un sollozo que pasó desapercibido a oídos de Dios y continuó el camino al fin del mundo.
…
Quizás, en el fondo, Carla no se merecía tal desgracia. El culpable de todo fue Derek, y aunque los actos de dicha mujer no tuvieran perdón, no consideraba que fuera correcto sentenciarla a muerte. A pesar de lo que él pensaba los demás parecían contentos con la idea. Muchas personas necesitaban vengar la muerte de sus seres queridos a manos de esa mujer y eso Leon lo entendía perfectamente. Aun así, no le hacía ni pizca de gracia que Carla tuviera la misma cara que Ada. Eso lo enfurecía más. Saber que la gente al mirarla se dirigirían desde un principio con despreció, le hacía hervir la sangre. Aunque todos supieran que no era Carla, sino Ada, no podía evitar sentirse mal, por Ada y en parte por Carla. ¿Qué culpa tenía Carla de acabar como rata de laboratorio?
Salió de la sala y no pudo evitar alegrarse de que todo hubiera acabado ya. Al menos podría de una vez por todas descansar en paz, ¿no? Sintió como una mano, bastante familiar, lo tomaba del antebrazo con delicadeza y le obligaba a pegarse más a ella. Leon correspondió encantado. No olvidemos que estaba rendido a sus pies.
Carla sonrió dulcemente y se dispuso a caminar junto a Leon. Su ser gritaba de emoción por dentro al haber ganado finalmente a Ada Wong y aunque detestara guardarse ese gozo para ella sola ya llegaría el momento de acabar de una vez por todas con esta maldita farsa, odiaba hacer de mujer enamorada de alguien a quien detestaba. El teatro no era lo suyo, pero solo debía aguantar un par de días hasta que Ada muriera y entonces podría jugar con el corazón de Leon y si eso no la saciaba, aún le quedaban sus hijos… Apretó inconscientemente el brazo de Leon ante la idea sádica que paso por su cabeza.
— Leon… — Empezó Carla bajo la farsa de ser Ada. — ¿No tenías que ir a hablar con Hunnigan? — Preguntó junto con una sonrisa forzada que Leon no pudo percibir.
— Eh… — Hizo memoria durante unos segundos. — Es cierto, me había olvidado por completo. Gracias. — Sonrió inocentemente dejando ver que efectivamente si se había olvidado. Estaba tan sumido en sus pensamientos que hasta la presencia de Ada lo había sobresaltado, era normal que hubiera olvidado lo de Hunnigan. — Ahora mismo vuelvo, dame un segundo. — La miró fijamente a los ojos a la vez que posaba ambas manos sobre los hombros de la mujer. Esta asintió en modo de aprobación y Leon se dio el placer de robarle un fugaz beso.
Carla permaneció en el mismo lugar como un perro esperando su amo mientras observaba como Leon se alejaba por el pasillo que ahora estaba abarrotado de las recientes personas del juicio. Pudo ver como el hombre se acercaba hasta Ingrid y continuó observándolos con una mirada seria. Pasados un par de minutos decidió dar la vuelta e ignorarlos. No creía que su tema de conversación fuera para preocuparla, todos creían que ella era Ada Wong y, en cambio, a la verdadera la consideraban Carla Radames. Dejó escapar una risa que para su suerte nadie llegó a escuchar.
…
Caminó por el pasillo quince metros hasta encontrar a Hunnigan hablando con un hombre de edad parecida a la de ella. Redujo su ritmo para no tener que interrumpir la conversación que estaba manteniendo su amiga pero esta se percató por el rabillo del ojo y, muy educadamente, se despidió del hombre.
— Tengo que irme, alguien me espera. — Dijo rápidamente mientras giraba el rostro para encontrarse con Leon. — Un placer haberte visto. — Sonrió dulcemente a la vez que dibujaba una sonrisa sincera en su rostro y le tendía la mano de forma educada. Ambos estrecharon la mano y se despidieron.
Leon llegó a la altura de su amiga e ignoró hacer comentarios que sabía que la harían enfadar. Así que en vez de hacerse el divertido, permaneció callado hasta que Ingrid empezara la conversación.
— Sin comentarios, que te conozco. — Amenazó la mujer recibiendo una mirada triste por parte del agente. Por una vez Leon decidió no hacer ningún comentario y ésta lo estaba acusando falsamente.
— Pero si no iba a decirte nada, aunque si lo prefieres, puedo preguntar por tu… — Leon calló súbitamente en el mismo instante que Ingrid sonreía maliciosamente.
— No sigas… — Rio divertida ante la expresión del hombre y no pudo evitar darle un golpe amistoso para bajar así la tensión. — Dejémonos de tonterías, — Hizo una ligera pausa mientras ambos tomaban actitudes más serias. — quería hablar contigo sobre el maldito informe. — Se refería a la reciente misión en la que tuvieron que ir a rescatar a sus hijos. — Y antes de que empieces a quejarte, no lo pido yo, sino los superiores. — Leon suspiró.
— ¿Porque tanta prisa? ¿No puedo descansar un par de días? — En respuesta Ingrid suspiró vencida.
— En realidad el informe es para el día en que muera Carla, quieren dejar el caso cerrado lo antes posible — Dicho esto la mujer miró por encima del hombro de Leon y buscó con la mirada a Ada. — pero eso no es todo. — Realizó una breve pausa. — Ada está un poco rara desde lo ocurrido, supongo que será debido al estrés. — Su tono cambió por completo.
— Yo también me he fijado. — Leon también se había dado cuenta del reciente cambio, por muy pequeño que fuera, de Ada. De todas formas, él siempre era el primero en darse cuenta de cualquier cambio en ella al fin y al cabo era el que más la conocía.
— Por eso no quiero forzaros a entregar el informe… — Se sinceró su amiga, realmente le preocupaba el estado de Ada.
— Entiendo. — Leon tampoco quería forzarla. — Déjame a mí el informe, lo redactare todo. Quiero que descanse. — Ambos giraron un segundo a observar a la mujer que ahora les daba la espalda a lo lejos, pero no tardaron mucho en volver a mirarse y retomar la conversación. — Bueno Ingrid, tengo que irme. No le gusta que la hagan esperar. — Y ambos rieron ante el reciente comentario.
Se despidieron y el agente dio la vuelta para recorrer el mismo camino que minutos antes había realizo. El lugar estaba completamente abarrotado de caras que él reconocía a la perfección ya que aún y haber sufrido un coma durante 5 años, la memoria no le fallaba lo más mínimo. Pudo observar como Walter -su ahora nuevo jefe- estaba rodeado de gente que seguramente tendría un cargo parecido al de él. Se dio el lujo de no parar a saludarlo, sin embargo en más de una ocasión lo detuvieron, en contra de su voluntad, y tuvo que saludar a aquellos que querían entablar conversación pero el agente, hábil, supo cómo escabullirse. En parte, era comprensible, Carla había ocasionada un gran follón y era de esperar que se encontrara todo Dios presente.
Continuó su marcha sin entretenerse mucho más hasta llegar junto a "Ada". Se situó detrás de la mujer y ésta, no se percató de su presencia. Leon aprovechó para darse el lujo de rodearla por detrás, a sabiendas que miradas curiosas se posaban sobre su espalda pero poco le importaba mostrar, en público, su amor por esa mujer. Así que, tan pronto Leon la rodeo ella giró al acto.
— Has tardado mucho. — Le recriminó con voz seria pero mostrándole una sonrisa burlona. No le gustaba el teatro pero era buena actriz.
— No volverá a suceder. — La soltó de la cintura y se apartó ligeramente tomando una posición mucho más formal. — Ada… — Empezó con tono de preocupación sin saber cómo reaccionaría ésta. — quiero que vayas a casa y descanses, yo iré a buscar a los niños. — La había tomado por los hombros y la acariciaba ligeramente.
— Pero… — Un dedo, concretamente el índice, se posó sobre sus labios y ejercieron una leve presión a la vez que ella desistía de continuar su habla. Fue Leon el que se había encargado de que no lo hiciera. No estaba dispuesto a recibir un no por respuesta.
— Por favor… — Suplicó el hombre alargando las palabras como si estas le pesaran.
Ésta evitó una discusión y complació los deseos del hombre. Le asintió lentamente casi dudando de que si lo que hacía fuera o no lo correcto, pero sinceramente lo que más terror le provocaba era pasar rato junto a "sus" hijos. A ojos de un hombre enamorado -Leon- quizá podría engañarlo, pero unos críos -sus supuestos hijos- si actuaba erróneamente delante de ellos estos dudarían de su madre y podrían sospechar. Cuando se transformó en Ada no solo en cuerpo sino también en mente se le implantaron, a petición de ella -Carla-, cualquier recuerdo que Ada pudiese albergar pero la relación que tuvo con sus hijos fue posterior a este suceso, con lo cual desconocía mucho de ellos. Rezaba para que estuvieran bien educados y no la molestaran demasiado.
— De acuerdo. — Cedió al fin a lo que pudo ver que Leon sonreía, finalmente, satisfecho.
…
Caminaba torpemente con pesadez, a diferencia de los hombres que caminaban con decisión, a lo que ella se dejó arrastrar por las fuerzas del destino, deslizando sin ningunas ganas, sus pies, por el pasillo que cada vez se le hacía más corto pero que a cada paso que daba, su mente quería crear un efecto túnel de dimensiones infinitas con lo cual, de allí, nunca conseguiría salir. Pero lo cierto era, y ella lo sabía demasiado bien, que se encontraba más cerca de la muerte porque sabía que todo tenía un fin y a ella le había llegado la hora antes de lo previsto.
Los escoltas se detuvieron en seco haciendo que la mujer despertara de su pequeño lapsus. Bastaron un par de segundos para que retomaran nuevamente la marcha pero esta vez girando a la derecha. Recorrieron el pasillo hasta el final y nuevamente volvieron a girar a la derecha. Avanzaron un par de metros hasta que se toparon con una bifurcación e inevitablemente dirigieron la mirada hacia las personas que se encontraban allí. Eran las mismas personas que recientemente se encontraban en el juicio.
Sus ojos, traicioneros, le obligaron a buscar ese hombre. La necesidad de verlo, aún sin saber porque, era tal, que cuando lo encontró y sus miradas chocaron, dejó de preguntarse qué es lo que la llevo a hacer ese gesto. Azul y verde, curiosa combinación y a su vez bonita. Se preguntó porque Leon caminaba en su dirección, nadie contestó a su pregunta. Pudo fijarse como éste cambiaba de expresión justo cuando quedo plantado delante suyo, como si la mirara con despreció, eso le dolió.
— Parece que has visto un fantasma. — Era buena, y más si se trataba en hacer comentarios que sabía que lo dejarían pensativo durante un buen rato. Frunció el ceño algo extrañado.
Parece que has visto un fantasma. Le repetía su mente traicionera con el mismo tono de Ada, esa misteriosa voz y a la vez seductora que lo enloquecía tanto. Seguía plantado delante de la mujer, como de costumbre, cuando se quedaba sin habla ante su presencia. Algo en aquella mujer le cohibía por completo. ¿Podía ser por el hecho de que fuese idéntica a Ada?
— ¡Silencio! — Ambos hombres la hicieron callar estirándola del brazo a modo de enfado. Ada en respuesta sonrió tristemente sin intención de que el agente la viera pero le fue imposible ocultar el estado emocional que ahora vivía.
Leon pudo notar como detrás de esa sonrisa triste y ese bonito rostro, se escondía un alma demacrada que pedía a gritos ser liberada de este mundo cruel. Requiescat in pace pensó.
— El tiempo nunca olvida, las personas si... — Los hombres empezaron a llevársela de nuevo hartos de escuchar sus tonterías. A diferencia de antes no la hicieron callar así que prosiguió, intentando, esta vez sí, que Leon la escuchase. — Sé que tu no lo harás. — Finalizódejando a Leon cada vez más lejos, un nudo en su garganta volvió a hacerse presente.
No necesitaba girarse para saber que Leon seguiría en la misma posición con cara de tonto. Lo conocía demasiado bien y, si no se equivocaba -nunca lo hacía-, se arriesgaría a decir que volvería. Siempre lo hacía. En realidad era ella la que volvía... solo esperaba que por una vez en su vida no se quedara con la palabra "Ada" en la boca mientras extendía el brazo.
Agitó su cabeza alborotando al mismo tiempo su pelo y como si fuera por arte de magia avanzó un paso decidido mientras que inconscientemente levantaba una mano casi como si quisiera alcanzar el fantasma del que había hecho mención, anteriormente, Carla. Se detuvo en seco en el mismo instante que su cerebro trabajó por recordar este mismo gesto en China, justo después de ver partir a... ¿Ada? Entonces, ¿su mente le había vuelto a jugar una mala pasada? Esa mujer, que se encontraba a pocos metros de él, no era Ada, sino Carla.
Dudó un instante de su mente, sabía que no siempre la lógica tenía razón, cuando estaba junto a Ada nunca hacía caso de lo que le decía la razón, siempre escuchaba más a su corazón. Cuando se dio cuenta de esta gran verdad, su mente paso a segundo plano y reaccionó al instante.
Esto está mal... Cerró los ojos frustrado. Tengo que dejar de pensar en ella. Por fin ha acabado todo; estoy junto a Ada y los niños están bien. Y por si fuera poco, Carla va a desaparecer. -Entonces, ¿si estas tan seguro de que todo ha acabado porqué sigues obsesionado?- Susurró una voz en su interior. Leon giró asustado y viendo que se encontraba completamente solo se llevó las manos a la cabeza. Él también se estaba volviendo loco, al menos eso quería creer.
…
Agachó la cabeza mientras subía dos escalones y automáticamente se sentó en un banco de metal. El hombre moreno encadeno los grilletes de sus muñecas al suelo para que, de esta forma, no pudiera escapar del vehículo. Cuando este hubo acabado bajó del vehículo y cerró de un portazo las puertas. Escuchó un golpeteo metálico mientras observaba como la encerraban en el interior del vehículo. Estaba a oscuras pero no hacía falta luz para saber que se encontraba a solas. Suspiró y se recostó en la pared metálica. Por mucho que llevase un mono que, a su parecer, abrigaba bastante, el frío del metal se hacía notar en su columna vertebral haciendo que un escalofrío la recorriese de arriba a abajo.
No pudo evitar ser movida por un reciente balanceo que causaron los dos hombres cuando subieron al vehículo. Las puertas se cerraron, suspiró cansada y una luz la deslumbró. Detestaba ese gran foco que le recordaba a las visitas que hacía de pequeña al dentista. No pudo evitar tener un mal recuerdo de aquello pero la nostalgia la invadió por completo. Lo que daría por volver aquellos tiempos donde su única preocupación, era llegar temprano a casa para ver sus dibujos animados favoritos.
Dio un codazo contra la primera superficie sólida que encontró cerca haciendo sobresaltar a los hombres de delante y estos, abrieron una pequeña ventanita. — La luz. — Gruño la ex espía con los ojos cerrados. Estos entendieron el significado de sus palabras porque, automáticamente, apagaron la luz. — Gracias… — Agradeció con voz dulce. La ventanita volvió a escucharse pero esta vez, para cerrarse.
…
— Esta abierta. — Invitó la voz de una mujer.
Abrió la puerta sin perder mucho tiempo y antes de que pudiese entrar por completo un pequeño cuerpo se abalanzo sobre él. Se desestabilizó ligeramente pero se recuperó en cuanto apoyó la mano derecha sobre el marco de la puerta. Sonrió feliz y se agachó a la altura de la pequeña a la vez que le acariciaba la negra melena.
— ¡Hola papa! — Saludó Scarlett emocionada recibiendo, por parte de este, un cálido abrazo.
— ¿Te lo has pasado bien con Rebecca? — Preguntó mientras ambos se separaban ligeramente quedando de frente pero aun en la misma posición.
— ¡Mucho! — Rio animadamente. — ¿Y mama? — Preguntó cambiando su tono de voz al ver que ella no había venido.
— Esta en casa. — Pudo percibir el tono de tristeza en su voz al no ver a su madre. — Y tu hermano, ¿dónde está? — Preguntó Leon queriendo ver también a su otro hijo.
— Se ha quedado frito. — Apareció Rebecca de la nada con una sonrisa en el rostro.
Leon se levantó de inmediato quedando a la misma altura que su amiga en vez de seguir a dos palmos del suelo junto a su hija y observó cómo, ésta, empezaba a caminar y entraba en lo que parecía ser el salón. Él la siguió acompañado de su hija. Tres sofás de color beige, muy bien colocados, rodeaban una mesa circular de vidrio que tenía un montón de folios con dibujos de colores y más al fondo, justo en el centro de la pared, se encontraba una gran televisión. Estaba encendida y le pareció divertido ver que estaba puesto un canal de dibujos animados dirigido, claro, al público infantil.
No pudo evitar ver que su hijo se encontraba en uno de los sofás completamente dormido. Le pareció una imagen tierna; ese pequeño indefenso de tan solo 5 años que estuviera tan profundamente dormido le recordaba que era su padre y que debía cuidar de él. Una mano muy pequeña y suave lo saco de sus pensamientos y rápidamente dirigió la mirada a su hija. Ésta, sin mirar a su padre, bostezó inconscientemente y se frotó los ojos a modo de cansancio. Se agachó nuevamente quedando a la altura de su hija y le susurró algo.
— ¿Estas cansada? — Ésta asintió lentamente acompañado el momento con un pequeño bostezo que le hizo confirmar aún más su estado. — Recoge tus cosas, es hora de irnos a casa. —
Ésta tardó en reaccionar un poco pero rápidamente empezó a ordenar los colores que había traído de casa junto con los dibujos que había pintado con su hermano. Guardo todas sus cosas en una pequeña mochila con forma de mariposa -regalo de su madre- y empezó a ponerse los zapatos. Mientras, Leon se acercó a Rebecca.
— Gracias por quedártelos, espero que se hayan portado bien. — Rio levemente mirando a sus dos hijos al mismo tiempo.
— Se han portado genial. — Respondió. — Además, me gusta pasar tiempo con ellos, son encantadores y así no todo es siempre trabajo… y más trabajo. — Suspiró cansada a la vez que ambos compartían unas leves risas. — Por cierto, ya han cenado. — Añadió.
Leon instintivamente miró el reloj de su muñeca izquierda y pudo ver la hora que era: 21:17. ¿Cómo demonios era tan tarde? El tiempo le había pasado volando. Mañana sus hijos tenían colegio y si no quería que Ada lo matase más le valía llegar a casa cuanto antes.
— Muchas gracias Rebecca. — Agradeció mientras caminaba dirección al sofá.
Cogió a Sebastian delicadamente por debajo de sus axilas intentando no despertarlo y lo sujetó en brazos. Éste gruño suavemente aun adormecido y sin ser consciente se abrazó al cuello de su padre recostando la cabeza en su pecho. Caminó dirección a la salida donde se encontraba Rebecca que los estaba esperando con la puerta abierta para despedirse y antes de llegar su hija lo tomo de la mano que tenía libre ya que solo necesitaba un brazo para sujetar a su hijo.
Se despidieron y emprendieron la marcha hasta el coche. Una vez llegados, Leon soltó la mano de su hija y tomó las llaves del coche para abrirlo. Se escuchó el sonido del seguro del coche y la primera en abrir la puerta fue Scarlett, quién fue a sentarse en su sitio, no sin antes dejar su mochila en el maletero. Leon colocó a Sebastian en su asiento y le abrochó el cinturón de seguridad de la silla de retención que usaban dada la edad y la altura que tenían y en cuanto acabó fijo la vista en su hija, quién, muy hábilmente se había conseguido abrochar el cinturón sin ninguna dificultad. Cuanto se parece a Ada… Pensó mientras cerraba la puerta del coche y la del maletero e iba a tomar asiento él también. Miró por el espejo interior después de haberse puesto el cinturón y no pudo evitar sonreír dulcemente al ver que se hija había caído completamente rendida ante el sueño.
Volvió a mirar el reloj pero esta vez el del coche y marcaba las 21:32. Se apresuró a poner en marcha el motor y rezó para llegar cuanto antes a casa. Si al día siguiente sus hijos estaban muy cansados, Ada lo notaría y entonces sería hombre muerto. Pisó el embrague y cambió a tercera, soltó el embrague y condujo por las oscuras calles de la ciudad.
Continuara...
Espero que se entienda todo y como siempre sea de vuestro agrado. Comentarios son siempre bienvenidos, aunque no estéis obligados. :P
¡Hasta la próxima!
