HOLA! aquí un nuevo capitulo, antes que lean millllll disculpas por tardar tanto es que tengo unos exámenes y tengo que estudiar D: y también no tenia ni idea como escribir una escena de sexo hay que ser sincera esta es mi primera vez :) ( SI CHICAS ESTA ES LA ESCENA QUE ESPERABAN ^U^) usa la imaginación es fácil pero escribirlo no, espero que les guste lo hice con mucho cariño :3

SE LES QUIERE Y SE AGRADECE QUE LEAN SIN MAS PREÁMBULOS HE AQUÍ EL NUEVO CAPITULO

bueno estos personajes no me pertenecen y bla bla bla


capitulo 10

FUERA, bajo esa calurosa noche de verano, Regina se veía más atractiva que nunca, y despertó los sentidos de Emma como no lo habría podido haber hecho otra persona.

Sus pezones se endurecieron y sintieron un cosquilleo cuando se rozaron contra los pechos de Regina y, sin hacer caso de la voz que la avisaba desde su mente, Emma se vio arrastrada por sus besos, y su lengua buscaba la de Regina con sensualidad. Estaba dando señales equivocadas, lo sabía, pero carecía de voluntad para apartarse.

El beso se hizo más íntimo y sus calores corporales se unieron en un pasional fuego. Regina tocaba y acariciaba la piel desnuda de sus brazos y de su cuello, y Emma se retorcía sin control, consciente del calor que sentía entre los muslos y de la necesidad que sentía de calmarlo.

Nunca antes había sentido la necesidad de romper con urgencia los votos que ella misma se había impuesto. Estaba claro que en su mente Regina era una experta en el arte de la seducción, mucho más apasionada que cualquier persona con la que hubiera salido.

Por otro lado, eso no significaba que se estuviera enamorando de ella. No era más que atracción química. ¡Pero qué atracción! Un deseo se encontraba con el otro... aunque Emma ignoraba de dónde había salido el suyo. ¡Fuego encontrándose con fuego!

Daba igual cómo lo llamara, todo significaba lo mismo. ¡Deseaba a Regina!

Era un sentimiento nuevo y extraño, una estimulación de sus sentidos, una anticipación de lo desconocido, de la pura grandeza de los sentimientos que habían sido despertados. Le habían dicho que era una mujer fría muchas veces y ahora sabía por qué. Nunca antes,nadie había podido excitarla hasta hacerla sentirse embriagada por una necesidad que su cuerpo le pedía.

Cuando tuvo un escalofrío de placer, Regina dejó de besarla y la miró preocupada.

-¿Tienes frío, querida?

Respondió con un breve movimiento de cabeza al no poder ni hablar.

Regina la tomó entre sus brazos.

-Aquí estarás más cómoda, supongo.

Emma sabía que tenía que protestar; todavía quedaba algo de cordura en su mente que le decía que a la mañana siguiente se odiaría a sí misma si dejaba que Regina se saliera con la suya. Pero se dejó llevar por la locura. Dejó que la llevara a su dormitorio y la echara sobre la cama.

-¿Te parece bien? No quiero que hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

Emma llevó la cara de Regina hacia la suya. Nada más le importaba en ese momento de locura, sólo quería sentir a Regina dentro de ella. El dolor que sentía en su parte más íntima sólo podía ser aliviado por esa mujer espectacularmente sexy... ¡que resultaba ser su esposa!

No sabía si era ese hecho lo que hacía que le pareciera bien, lo que estaba pasando. Todo lo que sabía era que quería que ella le hiciera el amor. ¡En ese mismo momento!

Sintió el gemido de Regina que, con una insoportable lentitud, le desabrochó los botones de la blusa. Los pechos de Emma florecieron como pétalos y parecieron erguirse por propia voluntad para que ella pudiera tocarlos, besarlos lamerlos y saborearlos, estaban a su merced.

Regina emitió un pequeño gemido al acariciar y explorar por dentro del sujetador de Emma y acarició sus pezones, como preámbulo de lo que quedaba por pasar. Luego en un movimiento hábil desabrocharle el brasear y se lo quito. Una sonrisa se fijó en sus labios, una sonrisa de puro placer mientras devoraba sus curvas con su mirada.

Cuando su pecho quedó al descubierto, Regina acercó sus labios apresuradamente a uno de sus pezones y lo lamio sensualmente con su lengua, mordiendo ligeramente para luego calmarlo con sus besos. El cuerpo de Emma se arqueó involuntariamente, agarraba su cabeza con sus manos y con sus dedos acariciaba el pelo de su esposa, sus caderas giraban mientras oleadas y oleadas de deseo desesperado fluían por ella.

Pero Regina no tenía prisa. Era una seducción lenta y deliberada, quería ir arrastrándola poco a poco hasta que no hubiera vuelta atrás, y la deseara tanto que le pidiera que la tocara.

-¿Así? -preguntó, alzando la mirada y con sus suaves labios a escasos milímetros de sus pechos.

Ella asintió con la cabeza.

-No sé lo que me estás haciendo, pero quiero más.- dijo Emma con una vos deseosa de más.

-Las dos lo queremos –bramó Regina y sus manos rápidamente se fueron hacia la falda de Emma y la deslizaron sobre sus caderas descubriendo unas bragas de encaje a juego con su sujetador. Estaban tan húmedas que Emma sintió vergüenza cuando Regina las deslizó por sus piernas hasta quitárselas, quedando completamente desnuda-Ahora eres toda mía. Ahí desde su posición Regina podía ver la humedad de su esposa, y sin poder aguantar más paso su lengua saboreando los jugos que se deslizaban por la entrada de una Emma que sentía un millar de sensaciones completamente deliciosas.

Había mucha intensidad en los ojos ahora más que oscuros de Regina y, con la frenética energía de una mujer apasionada, se levanto y se empezó a desnudar, quitando su ropa, mientras Emma la miraba expectante, cuando termino quedo deliciosamente desnuda para una Emma que no podía quitarle la mirada, con agilidad se deslizo a la cama para echarse junto a su esposa.

-Te deseo, Emma, no sabes cuánto te deseo.- murmuro Regina con vos ronca. Colando sus manos por el pelo de Emma, para acercarla y besarla, deslizando suavemente su lengua por el labio superior saboreando, luego por el inferior mordiéndolo.

-Ahh.. Dios!.- gimió Emma, sintiendo un sabor salado y un delicioso escalofrió por su columna.

Había dejado de ser un juego de seducción y ahora se trataba de un ferviente deseo que necesitaban calmar de inmediato.

Regina ya necesitaba hacer suya a Emma, tomando sus caderas la puso a horcajadas sobre ella, siguió besando deliciosamente los pechos de su amada, sin cansarse de saborearlos; Emma solo podía gemir por el placer que esta le otorgaba, ya no aguantaba necesitaba a Regina dentro de ella.

-Por..fa..favor, Regina, te deseo.- le suplico con vos entrecortada y su pulso acelerado al maximo.

Regina no se hizo esperar más; Emma no tuvo tiempo de tener miedo; apretó los dedos sobre los hombros de Regina mientras ella deslizaba su mano por la entrada en su cuerpo. Sintiendo la creciente humedad de su esposa, poso sus dedos en su hinchado clítoris, masajeándolo lentamente, dándole la atención que necesitaba, Regina no podía mas quiera sentir ya a Emma sin preámbulos fue a la abertura de Emma, dudó por un momento, al notar resistencia, pero no había vuelta atrás. No podía parar y Emma tampoco quería que ella lo hiciera.

Deslizo un dedo probando la entrada de Emma sin dejar de acariciar su clítoris para darle el mayor placer, sin poder soportarlo más poso dos dedos en la entrada húmeda de Emma y la penetro bruscamente.

-Ayyy..!- grito Emma al haber perdido su virginidad, con su respiración agitada y su cabeza hacia atrás.

Regina vuelve a penetrarla con sus dedos, entrando y saliendo de su cuerpo, Emma empieza a mover sus caderas al compas del movimiento de la mano de Regina, acelerando cada embestida, cada vez más rápido, sin piedad. Penetrándola una y otra vez, empapadas en sudor, Regina agrego un tercer dedo y una última y fuerte embestida fue lo que necesito para que Emma llegara al clímax se sintió flotando fuera de sí. No estaba preparada para las oleadas de sensaciones que corrían por su cuerpo y que le hacían respirar entrecortadamente; el corazón le latía con tanta fuerza que estaba segura de que se podía escuchar fuera de la habitación.

Quería aferrarse a Regina, que estaba sintiendo las mismas convulsiones, pero ella se apartó bruscamente cuando ella la tocó, y salió de la cama. Su cuerpo estaba empapado en sudor, pero recobró la compostura antes que ella y, con una voz llena de furia, dijo:

-¿Por qué demonios no me has dicho que eras virgen?

Emma tragó saliva, desconcertada por las duras palabras. Estaba destrozando un momento precioso, ¿no se daba cuenta? Siempre había querido que su primera vez fuera especial y hasta ese momento lo había sido. Ahora lo estaba estropeando.

-Si a mí no me importa, ¿por qué a ti sí? -preguntó y se cubrió con la sábana.

-Maldita sea, Emma, sí que importa. Nunca te habría tomado de un modo tan brusco si lo hubiera sabido.

-No me quejo -dijo, levantándose y rodeándose con la sábana.

Regina no pareció darse cuenta de que todavía estaba desnuda.

-Pero no me gusta. Nunca en mi vida le he hecho eso a una mujer.

-¿No has disfrutado? -preguntó desafiante; empezaba a sentirse degradada.

-Por supuesto que sí... pero ése no es el problema -su tono pasó a ser de preocupación-. ¿Estás bien?

Emma asintió con la cabeza.

-Sólo necesito darme una ducha -y, sintiéndose totalmente humillada, corrió hacia la puerta que comunicaba las dos habitaciones y la cerró.

Regina resopló. ¡Maldición! No había podido controlarse. Se había dado cuenta, había notado que Emma era virgen, pero no se había detenido. ¿Por qué clase de bruja la habría tomado?

Su cuerpo todavía ardía de pasión, pero nunca había estado tan enfadada consigo misma. Emma había dicho que no importaba, pero la había tomado sin pensar en sus sentimientos.

Nunca más podría volver a hacerle el amor porque ese momento volvería a su cabeza. Emma había estado tan fantástica entre sus brazos... que ella había empezado a desear más noches como ésa.

Si le hubiera dicho que era virgen, las cosas habrían sido distintas. La habría tratado con la dulzura que se merecía; ella habría disfrutado iniciándola en esos actos amorosos. Pero en lugar de eso...

Se encorvó cuando se dirigió a la ducha. Una ducha fría y larga, pero no le sirvió para disminuir su ira. Y no tenía ganas de hablar con Emma. Tenía que salir del apuro sin dejarle ver a ella lo mucho que su error la había afectado.

Ella se había hecho la dura, había fingido que no le importaba, pero Regina sabía lo mucho que la virginidad suponía para una mujer y, especialmente, para una mujer de la edad de Emma.

Nunca antes se había odiado tanto a sí misma como en aquel momento, y cuando la oyó cerrar con llave la puerta que unía los dos dormitorios, sintió que se le caía el alma a los pies.

Emma no pudo dormir. Se había ido a la cama diciéndose que no le importaba, pero en su corazón estaba luchando por aceptar lo que había pasado. No había sido sólo culpa de Regina. Ella era igual de culpable. Se habían abalanzado la una sobre la otra, como dos animales hambrientos de sexo, ¡algo que nunca se imaginó haciendo!

Por otro lado, tal vez era bueno que Regina estuviera decepcionada consigo misma.

Podría mantenerla alejada de ella en el futuro; porque si continuaban haciendo el amor durante los doce meses que duraba el contrato, podría ser difícil romper.

Al final, Emma cayó en un sueño sin pesadillas y se despertó sintiéndose a gusto consigo misma, hasta que un horrible pensamiento la golpeó.

Se vieron en el desayuno y deliberadamente evitaron mencionar lo que había pasado la noche anterior. Emma se preguntó cuáles serían los planes de Regina para el día. Si hubieran sido unos recién casados normales, probablemente habrían estado todo el tiempo en la cama, sin salir del apartamento nunca, pero dadas sus extremas circunstancias, eso no podría haber pasado.

Parecía que Regina tampoco había dormido, tenía ojeras y el pelo revuelto.

-¿Qué vamos a hacer hoy? -preguntó ella, en parte para romper el silencio, y en parte porque quería saber lo que había planeado.

-Estaría bien un paseo por Boston Commnon. ¿Montas a caballo? Podríamos hacerlo, si te apetece.

-No -y aunque supiera montar, habría sido incómodo para ella sentarse a horcajadas en la silla. Pero claro, a Regina no se le había ocurrido pensar en eso.

-Lo siento, no es la pregunta más adecuada. ¿Te duele mucho? -dijo, para sorpresa de Emma.

-Estoy bien -mintió.

Movió la cabeza en un gesto de enfado consigo misma.

-Fui una estúpida. Me dejé llevar. Te pido perdón.

-Olvidemos todo esto -dijo Emma inmediatamente, aunque apreció su disculpa-.Lo hecho, hecho está. Ya he terminado. Vamos.

Sorprendentemente, lo pasaron muy bien, ambas haciendo un gran esfuerzo por no recordar los hechos de la noche anterior.

-Me imagino que no sueles pasar así los días -comentó Emma mientras descansaban en un banco del parque después de pasear durante una hora y media.

Habían estado charlando, sacando distintos temas de interés... una ardilla gris, un petirrojo, mirlos, patos; todo lo que les llamó la atención.

¡Cualquier tema era bueno con tal de no hablar de ellas!

-La verdad es que no -añadió, sonriendo por primera vez en toda la mañ estoy de un lado para otro, aquí, allí, en todas partes. No puedo recordar la última vez que me tomé un descanso como éste.

Cuando Regina sonrió y su rostro se suavizó, Emma olvidó lo que había pasado entre ellas.

-Debería darte vergüenza. Todo el mundo necesita tiempo para relajarse.

-Soy la primero en admitirlo, Pero dirigir un negocio como el mío no deja mucho tiempo libre para la relajación.

-Tienes un hotel aquí en Boston, ¿verdad?

-Sí, uno de los mejores -respondió orgullosa.

-¿Puedo verlo?

-Si te interesa.

-Claro que sí.

Ella parecía encantada.

-Entonces te llevaré mañana.

Después de eso, el ambiente pareció calmarse y durante el resto del día estuvieron charlando como si fueran grandes amigas. Emma sabía que tenía que sentirse encantada porque eso era lo que había querido desde el principio, pero después de la noche anterior, después de que ella la hubiera elevado a las estrellas, ¿cómo podía sentirse feliz con una relación platónica? Todo su cuerpo se sentía diferente. Más vivo, más femenino, más todo. Incluso deseaba que Regina volviera a hacerle el amor.

Pero no iba a ser así. Después de otra de las deliciosas comidas de su ama de llaves, salmón cocido con guisantes y patatas diminutas, Regina respondió a una llamada en su despacho, y cuando regresó, su gesto no era agradable.

-Tengo que volver a casa. Algún imbécil ha entrado en nuestro sistema y ha descargado información personal.

Emma frunció el ceño.

-¿Y se supone que lo tienes que solucionar tú?

-No yo personalmente, ya han llamado a la policía, pero quiero estar allí. Afecta a toda la empresa; podríamos estar metidos en un grave problema. Nos vamos en una hora. Le he pedido a Johanna que nos haga las maletas.

-Yo lo podría haber hecho -dijo enérgicamente, pero ella apenas la escuchó. Podía ver cómo su cerebro estaba funcionando a toda máquina; Emma no existía en ese momento-. ¿Te ayudaría que yo me quedara aquí? -preguntó vacilante-. Así podrías ir directamente a tu oficina.

-¿Y dejarte aquí a disposición de Neal Cassidi? Eso nunca. Tú te vienes, quieras o no.

Fue un viaje silencioso en el jet privado de Regina. Su cabeza estaba en lo que estaba ocurriendo y parecía no notar la presencia de Emma. A ella eso le habría venido bien de no ser porque le hubiera gustado que Regina hubiera compartido con ella sus miedos y sus pensamientos.

Había dos coches esperando en el aeropuerto, uno para llevar a Regina a su oficina, y otro para llevarla a ella a casa y, aunque no había dormido nada por la noche y se fue derecha a la cama, lo único en lo que podía pensar era en el problema de Regina. A pesar de que la hubieran forzado a casarse, en esos días ella se había convertido en gran parte de su vida y estaba realmente preocupada por ella.

Más tarde esa mañana, fue a ver a su padre y lo encontró sentado en la cama del hospital y muy mejorado.

-Tengo que darte las gracias, mi leal hija -dijo-. ¿Qué tal la vida de casada? ¿Regina está cuidando de ti?

-Por supuesto; es una buena esposa-respondió, maravillada por el hecho de que su padre pudiera hablar de ello como si se tratara de un matrimonio en toda regla.

-Espero que no sea demasiado buena -dijo con un brillo en los ojos-. ¿Dormís... juntas?

-Creo que lo que hagamos es asunto nuestro -respondió Emma, hablando con más dureza de lo que solía hablar a su padre-. Ya tienes tu dinero, ¿no te basta con eso? ¿Dónde está mi madre?

-Acaba de irse, pero volverá; la podrás ver más tarde.

-No me voy a quedar tanto, padre -pensó en contarle el problema de Regina, pero al final decidió que no. Si David se enterara, se regodearía. Mientras su negocio se estuviera recuperando, no le importaba lo más mínimo el resto de la gente.

-Pensaba que ibais a estar fuera más tiempo.

-Ya conoces a Regina; es como tú... no puede mantenerse alejada de su trabajo.

-¿Pero.., no sois completamente felices?

-Nos llevamos bien, a pesar de las circunstancias.

-¿Le importará que sigas trabajando para mí?

-¿Qué? - Emma abrió los ojos de par en par-. No puedes esperar que siga con mi trabajo después de haberme vendido.

-¡Emma! – dijo David estaba escandalizado.

-¿No es eso lo que hiciste conmigo? -respondió enfadada-. ¡Venderme! Ya no te pertenezco. Me alegra que te estés recuperando, pero créeme, no voy a venir a visitarte cada día. De hecho, no mereces ninguna visita -era la primera vez que había hablado a su padre de esa manera, pero algo dentro de ella había estallado y se sentía liberada. ¿A lo mejor, después de todo, su padre le había hecho un favor?


OPINIONES? si me he equivocado mil disculpas

y por favor se aceptan todo tipo de criticas para mejorar ya saben es mi primera vez escribiendo este tipo de escena, soy mas de cosas dramáticas 33333

MIL GRACIAS POR LOS COMENTARIOS Y POR SEGUIR EL FIC 33 :3

Un montón de besositos liz xoxoxoxoxoxox

PD: ese es un nuevo apodo :) es que no se me gusta es breve y eso.