Capítulo 9:

"Alianza: Anticipo de una batalla"

Al salir del rancho Lon Lon, ambos se dieron cuenta de que la niebla y la obscuridad, habían espesado y no se veía completamente nada. Sólo podían escuchar gritos a lo lejos o los quejidos de los vordoj, mientras devoraban a sus víctimas.

-¡No puedo ver ni un palmo!- se quejó Impa con desesperación, -¿Qué es lo que vamos a hacer para llegar al castillo?-

-No puedo sentir el aura de Zelda o de ese muchacho- contestó Link, intentando que el bebé se quedara dormido, -Esta niebla está bloqueando su energía mágica-

-¡Rayos! Esto era lo que faltaba, estamos completamente perdidos- exclamó la sheikav, llevándose una mano a la cabeza en señal de angustia

Parecía que el tiempo se hubiese detenido. Estaban allí estáticos y sin ninguna luz de que todo iba a mejorar. Otra vez llegaron a su mente pensamientos sombríos y pesimistas, que destrozaban hasta el más pequeño sentimiento de valor.

Mientras se encontraban allí, escucharon algo aletear muy cerca de ellos. Ambos se quedaron quietos y aterrados. Link mecía suavemente al pequeño Yiiro para que no llorara nuevamente e Impa trataba de recordar técnicas sheikav que podrían ayudarles en ese momento, pero su mente estaba bloqueada por el pánico. Hyrule nunca había vivido antes, pesadilla tan horrible como ésta.

Pasaron unos minutos y sintieron que el vordoj se había alejado. Se sintieron un poco aliviados, pero esto se desvaneció de golpe cuando oyeron que se acercaba nuevamente, pero ésta vez dispuesto a atacar: una emboscada.

-¡Impa mueve al caballo!- gritó Link con pánico

La mujer estaba tan atemorizada que golpeó muy fuerte al caballo y éste dio un agudo quejido. Se levantó en dos patas por el dolor y ambos jinetes cayeron al suelo. Link cayó de espaldas, para evitar que el bebé se golpeara y se lastimó mucho.

El vordoj se abalanzó sobre el caballo. Link sólo sintió que un líquido caliente le salpicó el rostro e inmediatamente se arrastró hacia atrás, lo más lejos posible. Su mano se topó con la de Impa, que parece ser, se había desmayado. El joven la tomó de las ropas y empezó a arrastrarla con él, tratando de huir de aquel monstruo.

Pero fue tal golpe que se dio al caer del caballo, que enseguida, le empezó a doler terriblemente la columna, pues hacía un esfuerzo físico increíble, arrastrando a Impa con una sola mano, llevando al pequeño Yiiro en la otra y utilizando su propio peso para arrastrarse el mismo. El bebé comenzó a llorar nuevamente, haciendo que Link se desesperara otra vez. Seguramente el vordoj los escucharía y los mataría. Cómo deseaba en ese momento haber tenido la espada maestra. No se daba cuenta que empezaba a perder la confianza en sí mismo. Su mente y corazón estaban en obscuridad… ya comenzaba a aceptar la idea de que iba a morir.

Entonces, comenzó a sentirse mareado. La pesadez de aquel tétrico ambiente, le fracturaba los sentidos, acortándole la respiración y agitándolo. Sentía que poco a poco, la conciencia se le desvanecía.

-No..No puedo dejar que Impa y Jiiro mueran… ¡No puedo!- susurró

En ese instante, sintió una repentina ráfaga de viento. Vio una silueta que brillaba y ponía frente a ellos. Se veía como claramente su aura purificaba la niebla, era increíble.

-¿Quién eres?- le preguntó Link, con voz opacada

-Joven Link- le contestó la aparición, -Aún no es su turno de morir-

-….. ¿Quién es Ángel?..... ¿Quién es ella en realidad?....-

El muchacho abrió los ojos. Se sentía aturdido, le dolía la cabeza y se sentía terriblemente angustiado. Recordó como vio anonadado a Ganondorf y a esos seres extraños, que habían invadido Hyrule. Lentamente levantó la cabeza. -¿En dónde estoy?-

Una habitación, completamente blanca, era lo que captaban sus ojos. Todo estaba pulcro y nítido. Estaba recostado en una cama de sábanas blancas y sus heridas estaban vendadas. Todo estaba blanquísimo y brillante, a excepción de su ropa manchada de sangre que estaba doblada en una especie de mueble.

-¿Acaso he muerto?-

-No, no estás muerto-

Link volteó al escuchar una voz y se encontró con un joven alto, de cabello azulado, piel tan blanca como la habitación y ojos grises penetrantes. Su presencia era brillante, tenía dos grandes alas blancas y una túnica de color crema.

-¿Quien eres tú?-

-Mi nombre es Riyad y soy un ángel enviado a ayudarle-

-¿Eres tú la silueta luminosa que vi antes?-

-Así es joven Link- dijo y comenzó a acercarse a él, -Es increíble que a pesar de toda aquella obscuridad, usted haya mantenido su valentía. En verdad merece portar la trifuerza del valor-

-¿Cómo sabes eso?- y Link se sorprendió mucho

El ángel se limitó a sonreír. –No se preocupe, todas sus dudas serán resueltas en unos instantes-

-¿En dónde estamos? ¿Dónde están Jiiro e Impa?- preguntó con ansiedad, el jovencito

-Ellos están bien. Se están recuperando. Jiiro se encuentra con su madre-

-¿Con Malón? ¿Qué clase de lugar es éste?-

-Es un refugio improvisado que han creado los dioses, para refugiar a los humanos de los vordoj- contestó el ángel, frunciendo el ceño inconscientemente al pronunciar "vordoj"

-¿Cuánto tiempo he dormido?-

-Ha pasado exactamente una semana desde que lo traje aquí y no ha sabido de los acontecimientos. Lastimosamente,- dijo el ángel, bajando la cabeza –Se ha librado una masacre en la tierra. Después que usted y los demás, abrieron engañados el portal de la dimensión oscura, los vordoj han sido liberados y han causado destrozos, asesinando a todo aquel que se atravesara en su camino. Las planicies del mundo, están manchadas con sangre-

Instintivamente, Link se puso las manos en el rostro. ¡Había pasado una semana entera! ¿Cómo estaría Hyrule? El sentimiento de culpa se acrecentaba en él, pesándole terriblemente en el alma.

El joven se sobresaltó en gran manera. Como un impulso, se bajó de la cama y corrió hacia la puerta de la habitación. La abrió rápidamente y entonces pudo ver.

Había mucha gente en el vestíbulo de aquel lugar sentada en el suelo. Unos lloraban desconsoladamente, otros renegaban. Había muchos ángeles como Riyad sirviendo a estas personas. Era una gran multitud.

-¿Son los refugiados?- preguntó el muchacho mientras temblaba de la impresión

-Así es. Hemos rescatado a todos los que pudimos- contestó el ángel

-Pero, quienes…. ¿Quiénes son ustedes?-

-¡Liiiiinkkkkk!-

El muchacho miró a lo lejos y divisó una joven rubia, con la ropa ensangrentada que corría hacia él.

Zelda llegó y abrazó al joven mientras lloraba.

-¡Link! Que bueno que te encuentras bien. Ha sido horrible…. Esas criaturas han asesinado a muchas personas…Hyrule se ha convertido en un mar…. de sangre… esto es terrible….- Zelda lloraba desconsoladamente, al recordar como días atrás, aquellos demonios habían convertido a su pueblo en un verdadero infierno. La guardia real había hecho todo lo posible, para acabar con los asesinos, pero eran demasiado fuertes y muchos sacrificaron sus vidas.

Link miraba a Zelda con mucha tristeza. Se sentía devastado. ¿Había sido él el culpable de haberlos traído aquí? ¿Han muerto miles por su equivocación? Las preguntas se apretujaban en su cabeza, a la vez que el dolor agudo crecía más y más al ver a tanta gente sufriendo por su culpa. ¿Qué estaba pasando? Nunca le había ocurrido antes algo así.

-Oye, ¿Te encuentras bien?- escuchó y sintió una mano que tocaba su hombro derecho. El muchacho se volteó y se encontró con Lemurah, que tenía al brazo izquierdo vendado.

-¿Qué te sucedió en el brazo?- le preguntó, al ver la gravedad de la herida

-Bueno, bueno, creo que tengo buen sabor, porque uno de esos diablos se me tiró encima y se me aferró al brazo como una lapa- dijo Lemurah, rascándose la cabeza. Aunque la situación fuese seria, no perdió la presencia de ánimo.

-Lemurah nos cubrió a Malón y a mí, en una emboscada de los vordoj- dijo Zelda, mientras le miraba con expresión triste, -Nuestra energía mágica se vio disminuida repentinamente, parece que una fuerza maligna está bloqueando nuestras habilidades-

-¿Dónde está Malón? ¿Se encuentra bien?- preguntó Link angustiado

-Ella está bien. Se puso muy contenta cuando Riyad le entregó a su bebé y en estos momentos lo está amamantando. Es increíble como está tomando la situación- contestó Zelda, recordando el rostro lleno de esperanza de Malón, -Ella debe estar sufriendo mucho-

-Zelda… y tu…?- susurró el muchacho

- Mi padre… mi padre ha muerto… Perdóname por ser tan incompetente y no haber salvado a mi gente…- susurró, llena de tristeza

-Cuando llegamos al castillo- comenzó a explicar Lemurah, -Su padre nos recibió con mucha angustia y nos ordenó que entráramos al búnker. Justo antes de que él entrara, hubo un fuerte temblor y los vordoj se dieron cuenta de nuestra presencia y uno de ellos arremetió contra él. Quisimos ayudarle, pero nos cerró la puerta en la cara. Él se sacrificó para salvarnos- añadió, con un gesto profundamente triste. Era la primera vez que Lemurah mostraba así sus sentimientos.

Zelda empezó a llorar nuevamente, pero Link la tomó de la mano.

-No Zelda, esto no es tu culpa. Esto es culpa mía. Yo… fui el culpable de soltar a esos demonios…-

-Link, no te sientas culpable, puesto que esto es un terrible malentendido- dijo el ángel acercándose, ya no pudiendo esconder su molestia y apretando los puños –Esos malditos vordoj, causaron un alboroto para poder salir-

-Riyad, ¿Qué rayos pasa aquí? ¿Quiénes son los vordoj? ¡Explícame por favor!- espetó el muchacho frustrado

El ángel guardó silencio un minuto y luego dijo:

-Como guardianes de Hyrule, ustedes tienen derecho a saber la verdad. Vengan, les presentaré a alguien a quien necesitan conocer-

Riyad los guió hacia una puerta, de las tantas que rodeaban el vestíbulo. Parecía una enorme catedral, más o menos. Mientras caminaban, se dieron cuenta que algunas de las otras puertas llevaban a habitaciones en donde se curaban a los heridos. Entraron a la enorme puerta y siguieron por un pasillo, hasta legar a una pequeña puerta blanca. Riyad tocó, y desde adentro le indicaron que pasara.

-Por favor- dijo Riyad antes de entrar, deben utilizar estos artefactos que purificarán su aura- y les mostró unos brazaletes transparentes, -Como absorbieron mucha energía maligna, sus auras son muy inestables y si entran a esta habitación sin ellos, es muy probable que mueran-

Los tres jóvenes intercambiaron miradas en silencio. ¿Quién estaba esperándolos en aquella habitación? ¿Era su aura tan poderosa que podía llegar a matarles con sólo interactuar con él?

Todos pusieron los brazaletes en sus muñecas y sintieron una corriente refrescante que les recorría el cuerpo. Era muy reconfortante y les aliviaba el pesar.

-No se la quiten por nada, mientras estamos dentro- les dijo el ángel, abriéndoles la puerta.

Al entrar, se encontraron en otra habitación completamente blanca, pero ésta estaba llena de rosas blancas y espejos. Un olor a hierbabuena inundaba el cuarto, dándoles extrañamente más energía. En medio de la habitación había un gran espejo ovalado, enmarcado con unas preciosas molduras blancas. Frente a él, estaba de pie un hombre alto, de unos treinta años más o menos, de cabellos cafés rizados, ojos grandes, de color aquamarina; ataviado con una túnica celeste que parecía brillar sutilmente. Su presencia era excepcional, era luminoso por sí solo. Riyad se inclinó e hizo una reverencia muy sublime.

-Señor Heimdall, he traído a los jóvenes como me lo había pedido-

-¿Quién es Heimdall? Nunca había escuchado ese nombre- pensaba Link

-Gracias Riyad- contestó el hombre –Discúlpenme, permítanme presentarme. Soy Heimdall del Kalangitan, mensajero de los dioses. Es un placer conocerlos-

Link, Zelda y Lemurah, no podían creer que estaban frente a frente a un dios. Además nunca habían escuchado su nombre, pues sólo conocían a las diosas de la Trifuerza.

Rápidamente, los tres se arrodillaron, en señal de respeto. Se sentían muy nerviosos, pues nunca se les había cruzado por la mente que llegaría el día en que hablarían con un dios y no sabían como comportarse.

-Por favor, levántense- dijo Heimdall con tono de voz señorial, -Por favor síganme. Ha ocurrido una gran tragedia y tenemos que hablar muchas cosas importantes-

Heimdall se volteó y caminó hacia el espejo, que en un abrir y cerrar de ojos lo absorbió.

Los tres chicos quedaron muy impresionados, tanto, que no se movían ni podían hablar.

-Acompáñennos jóvenes,- les dijo Riyad, -Ésta es la puerta hacia el Kalangitan, no tengan miedo- y atravesó también el espejo.

-¿Qué significa Kalangitan?- preguntó Link, entre asombrado y nervioso

-Es una palabra en idioma antiguo que significa cielo- le explicó Lemurah, en tono pensativo –Vamos, quiero saber de una vez por todas que sucede- y caminó hacia el espejo, despareciendo dentro de él.

-Vamos Zelda- le dijo Link, a la muchacha que estaba de pie, inmóvil

-¿Crees que todo va a estar bien?- le preguntó ésta, temerosa

-No te preocupes, yo siempre estaré a tu lado- fue la respuesta cariñosa del muchacho, quien intentaba consolarla

La joven le sonrió. Lo tomó de la mano y ambos desaparecieron dentro del espejo.

Ninguno de los dos pudo ver con claridad, en donde estaban caminando. Sólo veían una luz, que se hizo más y más cerca…

Entonces, se encontraron en un jardín. Era realmente precioso y espléndido. En el centro, había una fuente blanca, donde chisporreaba la más cristalina agua. Había arbustos con frutas que nunca habían visto, flores que brillaban como la luna y mariposas que parecían estar hechas de neón, que iluminaban el lugar con sus alegres danzas. Lo que más llamaba su atención, eran las paredes. Eran totalmente transparentes y se podía ver afuera, una espectacular vista del espacio sideral. Era como si estuviesen en el cielo.

-Síganme por favor- les dijo Heimdall, y todos le siguieron enseguida. Caminaron por un pequeño pasillo, hasta llegar a un lugar que parecía parte del jardín. Sólo que allí, se encontraba una mesa muy elegante, con cinco sillas vacías. Las demás estaban ocupadas por cuatro personas: dos mujeres, un niño y un hombre que portaba un cetro luminoso. A un lado de la habitación habían cuatro ángeles: dos de ellos tenían marcas en el rostro, uno de color rojo y el otro de color verde. El que tenía marcas rojas tenía el cabello recogido en una trenza y un largo mechón cubría la izquierda de su cara. El otro, tenía el pelo corto y era bastante alto; uno de los otros dos ángeles era bastante parecido a Riyad, pero de aspecto más mayor y el último de los ángeles estaba cubierto por una capucha negra. No se podía ver su rostro y era el más alto de los cuatro.

Al acercase, el hombre se levantó de su silla y les dio la bienvenida. Link observó detenidamente a éstos seres, que también brillaban tenuemente, al igual que Heimdall. El hombre que les dio la bienvenida, tenía el cabello corto y negro y ojos aqua, como Heimdall. Su porte era muy elegante, con brazos fuertes y rostro perfecto; vestía una túnica de un crema brillante y tenía una bufanda púrpura de lino finísimo que le cruzaba el pecho. El cetro que portaba era dorado y en la punta tenía una imagen de algo que parecía ser un ave con las alas extendidas.

El niño tenía como unos trece o catorce años más o menos, iba vestido con una túnica blanca, cubierta por un espeso abrigo de piel de carnero negro. Su cabello era negro como la noche, corto pero con dos gruesos mechones que le llegaban a cintura, ubicados frente a cada oído. En uno de ellos tenía un pequeño pendiente que se conectaba con otro más grande, en forma de luna menguante, que tenía en el pabellón de esa misma oreja, con una brillante y delgada cadenilla blanca. Su aspecto era muy serio y maduro para su edad. Sus ojos eran de un plata muy pálido, casi blanco, que extrañamente, carecían de pupilas.

Una de las mujeres era alta, de piel morena y cabello castaño. Sus ojos eran de color verdusco y su rostro era muy hermoso. Vestía un traje verde con bordados ocres y encajes. La que estaba sentada a su lado, era una magnífica belleza. Su cabello era larguísimo, de un color dorado, que brillaba como las estrellas. Sus ojos eran rojizos y poseía unos hermosos labios rojos como llama, cutis perfecto y sonrosado, manos blancas y delicadas. Vestía el mismo vestido que la otra, pero de un color naranja y con bordados blancos. Era realmente la mujer más hermosa que había visto en su vida. Ambas tenían pendientes en forma de triángulos y una especie de vincha hecha con perlas.

Al verlos, los chicos hicieron una profunda reverencia. Aún no podían creer que estaban frente a frente a dioses reales.

-Jóvenes, les hemos llamado por causa de la situación urgente en que se encuentra Hyrule en éstos momentos- habló el hombre que les dio la bienvenida, -Mi nombre es Odín, dios principal del Kalangitan. Nos hemos reunido todos aquí, para idear un plan en contra de la invasión de los vordoj-

-Sabemos que en sus corazones hay muchas dudas, que con gusto, les aclararemos- exclamó la mujer rubia, -Nuestro mundo, está dividido en capas, como una cebolla. Cada capa, representa distintas dimensiones, todas ellas con seres vivientes, animales y toda clase de criaturas. Tanto Hyrule, como el lugar de donde procede Ángel, son algunas de esas dimensiones. Nadie puede viajar de una dimensión a otra por sí mismo, a no sea por ayuda de un dios. En la historia de la creación de Hyrule, hablan de sólo tres de ellos: Din, Farore y Nayru. Ellas fueron las encargadas de crear la dimensión de Hyrule y a la Trifuerza. A los dioses se les es asignado cuidar una o dos dimensiones cada uno, por ello, algunos no son conocidos en otros lugares-

-Deben estar preguntándose desesperadamente qué sucede. Además han perdido a sus seres queridos, lamento esta situación- comenzó a hablar Odín, en tono serio –Hemos tenido un serio problema con los vordoj. Parece que estuvieron planeando este ataque desde hace mucho tiempo y lograron consumarlo con éxito-

Los jóvenes estaban muy sorprendidos.

-Pero, mi señor, ¿Cómo han podido?- preguntó Zelda muy angustiada

-Al parecer, se valieron de su amiga, muy astutamente, ya que no pueden cruzar por las dimensiones, sin la ayuda de un dios -

Link frunció el ceño inconscientemente.

-¿Cómo es posible que Ángel haya sido parte de esto?- preguntó

-Entiendo que te sientas resentido. Es muy difícil creer que ella es inocente después de todo lo que viste, pero déjame decirte que sí lo es- le respondió Odín, un tanto alarmado por el gesto del jovencito

-Ángel sólo ha sido víctima de los acontecimientos. Link por favor, no dudes de ella. Tú tienes un corazón muy leal, que se ve seriamente afectado por una traición, por eso te comprendo- le habló la mujer castaña, -Pero ella no nos ha traicionado, porque no sabía ni siquiera quién es en realidad, no se lo imagina-

-¿Entonces es verdad que ella es un dios?- preguntó Lemurah

-Así es. En realidad, Ángel es nuestra hermana Nayru, diosa de la sabiduría- dijo la rubia, con mirada penetrante y seria.

Los tres chicos enmudecieron. ¿Podría ser eso posible? ¿Tenían a una diosa todo el tiempo a su lado y no se dieron cuenta?

-Eso, eso… es…. imposible- balbuceó Zelda, poniéndose las manos en el rostro

-No, es la verdad- contestó la mujer rubia, -Aún no nos hemos presentado. Yo soy Din y ella es mi hermana Farore. Los conocemos muy bien a todos, puesto que hace miles de años creamos Hyrule-

Los chicos no podían con tanto asombro. Allí estaban las tres diosas de la trifuerza y Ángel era una de ellas. Era realmente increíble.

-Link, por eso te conozco tan bien y sé por lo que estás pasando- dijo Farore, sonriéndole con ternura

-Hemos estado observando sus acciones y estamos muy orgullosas de ustedes,- dijo Din, después con un tono de satisfacción

-Diosas mías- dijo Link, haciendo otra reverencia, -Podría preguntar, ¿Quiénes son los vordoj?-

-Los vordoj, son seres malignos, parecidos a los ángeles. No son demonios, son casi humanos, pero con habilidades que adquirieron con el tiempo. Fueron encerrados por Din, Farore y Nayru hace unos cuatro mil años atrás. Fueron creados por magos oscuros que se rebelaron contra los dioses, haciendo cosas horribles, utilizando a humanos.- contestó Odín, -Alteraron el orden natural del espíritu, personificando la parte oscura del alma humana. Lo cierto es que, por cada humano que nace, nace su parte oscura también, o sea un vordoj. Las diosas no los destruyeron, pues son parte del alma humana y no debemos eliminarles. Los únicos que no tienen lados oscuros somos los dioses y los ángeles, pues no estamos manchados a ese grado de maldad-

-Ellos fueron creados con magia prohibida- dijo Lemurah

-¿Tú sabías algo acerca de ellos?- le preguntó Link

-Había escuchado sobre esa leyenda, en mi pueblo. Verán, vengo de Buwan, una raza de magos y curanderos nómadas. Habemos muy pocos por Hyrule y mi tribu es la más pequeña, que se asienta en las montañas del norte. Conocemos muy bien las artes mágicas. Hace algún tiempo, estábamos notando cierta fluctuación en el kiel de la luz y por eso bajé de las montañas a investigar. Lo único que sé, por boca de mi abuelo, es que existen tres clases de magia: la magia blanca, que es la purificadora; la magia medicinal y la magia del espíritu. Aquellos magos utilizaron magia del espíritu, para crear esos monstruos, utilizando humanos vivos en sus experimentos. Esa magia es prohibida, por que su materia prima principal, es la vida. Y algo que respetamos y protegemos los magos es la vida de las especies en la tierra-

-Así es- habló esta vez el niño, -Ellos hicieron atrocidades con humanos, experimentando con la muerte y los espíritus que ya se encontraban cruzando las puertas del helheim. La magia del espíritu, no tiene reglas y permite extraer la vida de la persona, sus recuerdos e incluso matarlo estando aún respirando, pues destroza completamente el alma. Es muy complicada-

-Por boca de mi hermano Hades, fue que nos dimos cuenta de todo- dijo Odín y miró al niño, -Hades es conocido en otras dimensiones como el "dios de la muerte"-

Los tres chicos quedaron impresionados. ¿Ése niño es el dios de la muerte?

-El helheim, es lo que llaman los humanos "el mas allá" y es donde Hades se encarga de transportar a los espíritus de los muertos a pasar por las puertas y también es el juez del juicio final, en donde la gente recibe recompensa por sus acciones en vida- siguió explicando Odín, -Los vordoj son criaturas que muestran los instintos humanos más bajos a flor de piel. Sólo conocen el odio, pueden matar sin remordimientos, son egoístas, vanidosos y crueles. Además, tienen un apetito voraz por la carne humana-

-¿Pero qué tienen que ver ellos con Ángel?- preguntó Link, todavía confuso

-Ángel fue el fruto de una relación prohibida, que no podía ser- le contestó Heimdall, -Su madre, era una diosa y su padre un humano. Esa clase de uniones no se aprueban en el Kalangitan, así que mi hermano Odín, no pudo hacer nada más que exiliarla. Los vordoj aprovecharon su condición de semi dios para traerla Hyrule y utilizarla para cruzar a este mundo-

-El concilio de los dioses vio como una traición lo que hizo Frigg, la madre de Ángel y tomaron la decisión de borrar sus memorias y desterrarlas a la tierra, para que vivieran como humanos normales. Sus poderes quedaron dormidos, por ello la trifuerza nunca se marchitó. Frigg, cometió un grave error- añadió Odín, con ojos tristes

Link notó algo en su rostro. –Será que… el señor Odín, ¿amaba a esa mujer…?

-Señor Odín, ¿Qué podemos hacer ahora?- preguntó Zelda con ojos afligidos

-No tenemos remedio que purificarles. Los humanos, tienen tiempo para arrepentirse de lo que han hecho y reivindicarse. Pero creo que un vordoj, no puede hacer tal cosa. Han endurecido tanto su corazón, que me temo que es imposible. Aunque los purifiquemos, volverán a renacer, ya que son parte del alma humana. Pero renacerán en la dimensión del silencio, en donde fueron encerrados -

-¡Yo quiero ayudar!- exclamó Link -¡Esos malvados asesinaron al rey, al padre de Malón y a muchas personas más! ¿Están seguros de que Ángel es una víctima más de los vordoj?- dijo, muy alterado

-Link. No digas tonterías- dijo Zelda molesta -No creo que alguien como ella tenga que ver con esos monstruos. Ángel tiene un corazón puro, lo pude ver. Aunque sólo hable un segundo con ella, me di cuenta de que de ella emanan cosas agradables, por eso te sientes feliz al estar a su lado-

Al escuchar a la muchacha hablar, el joven sintiose algo apenado. Decía ser amigo de Ángel, su hermano; pero en la primera oportunidad, la culpaba de todo. Pero habían pasado tantas cosas, que no sabía ya en quien creer.

-Ángel no te escondía cosas Link, sino que no sabía qué decirte, ella no lo entendía si quiera. Ella es un semi dios, por eso está tan enferma. Su parte mortal no es capaz de contener a la inmortal, por eso es tan débil y enfermiza. En su cuerpo se lleva una fiera batalla entre las dos naturalezas. Como te dije, Frigg cometió un grave error-

-No pierdas la esperanza Link, nosotros derrotaremos a los vordoj y salvaremos Hyrule- se oyó una voz

El muchacho se volteó y miró unos arbustos, entre ellos salieron cuatro personajes, que no esperaba ver allí: Naboru, el rey Zora, Darunia y la pequeña Saria.

-¿Qué pasa, así nos vas a recibir?- dijo Naboru, con una sonrisa sarcástica

-Jóvenes, nuestro plan es una gran alianza, cual nunca se ha hecho en Hyrule- dijo Odín, -Todo Hyrule debe pelear. Los vordoj viven en nidos aislados, nuestro plan es rescatar a Nayru y encontrar al líder de los vordoj y a Ganondorf. Si derrocamos a la cabeza, lo demás será más fácil-

-Necesitamos una unión de todas las razas, para conformar un ejército. No podemos dejar que los vordoj destruyan esta tierra, ¡hay que pelear por ella!- añadió Din, con firmeza.