Hola! Llegue con un capitulo intenso! Se acuerdan de la chica Pelirroja? Al fin sabran su identidad! Ah se me olvido decirles; en el anterior Capitulo Yo no mencione el apellido Uzumaki por nada xDD

Ya sabran por que! Puede q me haya tardado! Y de verdad lo lamento...pero he estado enfretandome a la triste realidad de que pronto empiezan las clases en la escuela T^T El verano se me fue tan pronto! Estoy en la depre!

Pero Basta de sufrimiento...les traje el capitulo y ustedes van a disfrutar el leerlo, tanto como yo disfrute el escribirlo! :DD

Disclaimer: Digo Humildemente que Naruto no es mio, por que si lo fuera, que no hubiera hecho yo xDD

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El Drama de Hinata:

Sinopsis: Se conocían desde niños. ¿Porque ahora que eran adultos, Hinata despreciaba a Sasuke?

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Capitulo 10:

-No. Ese no.-decía Hinata ante el vestido amarillo que le mostraba su hermana.

Estaba sentada en la butaca frente de su coqueta, cubriendo su cuerpo con una bata de baño blanca. Hanabi estaba parada frente a ella con otras prendas apropiadas para el baile donde ellas asistirían.

-Creo que este te quedaría bien, nee-chan.- le dijo la castaña mostrándole un atuendo rojo rubí.

Lo miro con pose pensativa, para luego negar con la cabeza, como lo estaba haciendo con los últimos vestidos que su hermana le enseñaba.

La castaña dio un suspiro de frustración. -¿Cómo esperas verte bien si no haces algo para ayudar?- le dijo esta, dejando a un lado los vestidos rechazados por la mayor.

-Es que tu estilo no va de acuerdo al mío.- le dijo la peliazul.

La adolescente giró hacia ella con pose dramática. -¿Piensas que tengo mal gusto en cuanto a la ropa, Hyuga Hinata?-

La Hyuga mayor rodó sus ojos. -Sabes que eso no es lo que quise decir.-dijo. -Tenemos diferentes estilos, además de que la edad entre nosotras está muy marcada.- término explicándole.

-No seas exagerada.- le dijo la chica tomando entre sus manos un collar de perlas, observándose en el espejo. -Ni que fueras una vieja de setenta.-

Hinata ignoro el comentario con un gesto acoplado con gracia.

-Además, yo conozco mucho de la moda, y sé lo que te queda bien y lo que no.- le guiño un ojo a su hermana a través del espejo.

-Hai.-dijo.- Como quieras.-

-Eres una pesimista.- le acusó la chica.

Se alzo de hombros, cosa que irrito más a la castaña, pero justo cuando iba a replicar, escucho que alguien chocaba los nudillos en la puerta de la habitación.

Ambas Hyugas miraron en aquella misma dirección de donde se produjo el llamado. -¿Esta todo en orden?- se dejo escuchar la voz de la madre de ambas chicas.

-Hai.- exclamaron las dos.

-Pasa, Oka-san.- dijo Hinata, ante lo cual la dama acepto la invitación; camino hacia la cama procediendo a sentarse en ella.

-¿Cómo va todo?- les pregunto mientras notaba todos los vestido, prendas, tacones, por toda la habitación de su primogénita.

-Mal, mamá, mal. - y otra vez llegaba Hanabi con el tono dramático.

Hiromi alzó una ceja. -¿Por Qué?-

-¿Cómo que por qué?- le cuestiono incrédula, siguiendo con su acto. -Hinata tiene una fobia contra vestidos, horrible.-

Ambas, madre e hija, rodaron sus ojos. A veces, la dama se preguntaba donde había sacado esa personalidad de su hija menor que tanto la caracterizaba, pero de una cosa estaba segura, del lado de su familia no lo había adoptado.

-Ya te lo dije Hanabi, los vestidos que me has mostrado no son muy apropiados para alguien como yo.- le dijo la mayor.

-¿Y Cuáles son los vestidos indicado para ti? Según tu.- le dijo esta con una mano en su cadera.

-Si me dejaras ver los vestidos entonces te lo diría.-le objeto ella.

-Hai, hai.- contesto en mala manera.-Demo, sabes que si me pides ayuda no lo hare.-

La chica la ignoro, mientras observaba los otros vestidos.

-¿Dónde sacaron tantos vestidos?- pregunto la matriarca al darse cuenta de que aquellas prendas no las había visto antes.

-Hanabi estuvo haciendo compras por la red.- le dijo Hinata.

-Hija…te damos dinero para emergencias, para utilizarlo en cosas importantes.- reprendió la mayor.

-Mamá, un baile es un caso de vida o muerte. Uno tiene que ir bien vestido, y con algo nuevo.- dijo. -No nos podemos dar el lujo de que Mako-san hable de nosotros.-

Hiromi rodo los ojos ante la mención de esa señora. No era que la tratara mal, pero le gustaba tenerla a distancia, desde que había entrado a ese círculo de sociedad, era el blanco principal de habladurías de Mako. Aun recordaba como ella se la llevaba a parte para hacer preguntas un tanto personales sobre ella, su esposo y de por si de la familia, nunca fue habladora, así que solo contestaba lo que le parecía conveniente. Luego se entero de que ella era una mujer que se hacía rica amenazando con sobornar a las personas contando sus intimidades, cosa que le desagrado en gran manera.

-Además, ¿verdad que esta hermoso todo lo que compre, Oka-san?- le dijo la castaña enseñándole un vestido color verde esmeralda.

-Demo, querida, solo hubieras tomado unos cuantos, no la mercancía entera.-

-Es que había mucho por escoger que se me hizo difícil.- dijo la chica con un tierno fruncido de labios.-No puedes negar que son unas preciosidades.- le sonrió mostrándole un vestido plateado.

-Hai. Son muy hermosos.- dijo. -¿Quiere que las ayude a prepararse?

Las dos jóvenes se miraron, un tanto entusiasmadas, para luego dirigirse a ella con un similar brillo en sus perladas orbitas. -Hai.-

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El cielo teñido de un azul oscuro, decorado sencillamente, con pequeños brillos que tintineaban incesante; no había luna, solo era una noche sencilla, pero singular de todas las demás. Un pedazo se reflejaba en un ventanal de una mansión, y el único espectador era un hombre de cabellos azabache.

Estaba esperando a la chica donde tendría que acompañar a un estúpido baile, según su opinión. No tenia emoción ni deseos de ir, odiaba las multitudes y eso incluía las fiestas de sociedad que se realizaban. No aseguraba de que lo pasaría bien, solo lo hacía por complacer a su próximo entretenimiento. Por qué ese había sido el trato, ¿no?

-Ya estoy lista- se hizo sonar la voz fémina. Por instinto observo a la chica, era una pelirroja muy sensual, debía admitir, con ese vestido rojo que resaltaban sus facciones físicas.

-Tardaste mucho.- le hizo saber el.

-Tan puntual como siempre, ¿no, Sasuke-kun?

-Hmp.-

La chica dejo escapar una risa, como haría toda chica cumpliendo su capricho.

Podía ser todo lo bonita y deseable que quisiera, pero de ambiciones,era muy exigente, sin mucho por que luchar, la típica chica mantenida por la herencia; un caso que era muy común entre las chicas que él no soportaba, las mimadas de sociedad…

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-¿Por qué tardan tanto?- dijo Hiashi.

-Son mujeres, le gusta prepararse con perfección. Tienes que atenderlas. Siendo impaciente no lograras nada querido.- le dijo Hiromi.

-Eso lo heredaron de ti.-

La esposa sonrió. -Por suerte, prefiero eso a que heredara tu terquedad.-

-Hiromi, no me tientes.-

-No lo hago, demo, sabes que tengo la razón.- le dijo esta, poniendo su rostro con una dulce seriedad.-Te amo, a pesar de todo.-

Hiashi se puso rosado ante las palabras de su esposa. Hyuga Hiashi, tiene una personalidad muy especial, por eso le costaba expresar abiertamente sus sentimientos, y más aun cuando su pareja se los decía.

-Yo también te amo, Hiromi.- dijo el medio apenado, su esposa sonrió.

-Si se besan me vomito.- dijo de pronto la voz, demasiado conocida de Hanabi, bajando las escaleras con un vestido dorado tomado del cuello, pegado al cuerpo caído hasta más arriba de sus rodillas.

-Ya Hanabi, déjalos tranquilos.- reprendió levemente la primogénita, apareciendo, con un vestido largo azul royal pegado al cuerpo, calzando unos tacones negros, maquillada de forma sencilla resaltando sus labios de un tono rojo.

Ambas hijas del matrimonio Hyuga lucían fabulosas, la madre las miraba con orgullo, después de todo había sido su obra. Sin embargo, como todo padre, Hiashi las miraba de manera extraña, quizás nostálgico de saber que sus pequeñas hijas era solo un recuerdo frente a las mujeres que estaba frente a él.

-Hanabi.- dijo.- Esta muy corto ese vestido.- le dijo.

-Padre…no empieces, onegai.- le dijo suplicando la castaña.

Uno de los temas más triviales de esta familia de característicos ojos perlas, era la ropa, como se vestían, el largo, el calzado, el maquillaje, y el principal huelguista era el patriarca, que en esta guerra siempre empezaba el. No podían evitarlo su padre era muy sobreprotector, aunque en opinión de Hanabi era un criticón insaciable.

-Hinata, esos zapatos están muy altos, podrías caerte.- siguió el analizando los atuendos, mirando los pro y los contra. La primogénita ni si quiera se inmuto ante eso, miraba todo tal cual un espectáculo de comedia.

-Hiashi, querido…-trato de interceder la matriarca.

-No espera…Hanabi ese maquillaje quítatelo.

-Mamá…

-Hiashi.- dijo la madre. -Déjalas, total si haces que se cambien llegaran más tarde al baile.

-Demo, Hiromi…-

La dama negó. -Vayan a donde Ko, que las está esperando.- dijo la dama.

Ambas aceptaron, se despidieron de forma rápida para luego desaparecer por la puerta principal.

Hiashi miro tras ella, con el fruncido marcado en su entrecejo.

-¿Por qué hiciste eso?-

-Hiashi, debes dejarlas ir, no puedes protegerlas para siempre.

-Hmp.-

-Hinata tiene 23 años, y Hanabi ya cumplirá pronto los 17, tienes que aceptar la realidad.

-Son mis hijas.-

-Y no dejaran de serlo…demo es necesario que las dejes ser libres, que exploren el mundo por si mismas, ser independientes para poder saber enfrentarse al mundo si alguna vez llegáramos a faltar nosotros.-

No podía evitar en darle la razón. Aunque aun estaba medio reacio a todo ese cambio, tenía que aceptar que había perdido ante lo inevitable: Sus hijas habían crecido.-Está bien.- le dijo él, después de estar minutos pensando en las dolorosas y ciertas palabras de su, al parecer, sabia esposa.

-Hiashi ve el lado positivo.- dijo la dama sacándolo de sus pensamientos.- Estamos en casa... solos.-

Como si de manera automática fuera, a Hiashi se le olvido el dilema de sus hijas, miró a su esposa de forma traviesa formándosele una sonrisa que pocos habían sido los afortunados en ver…

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Estaban en la entrada del Hotel de cinco estrellas donde se llevaba a cabo el baile anual, era la primera vez que Hanabi iba, y estaba emocionada, contraria a su hermana, que ni si quiera emitía una sonrisa.

No estaba: entusiasmada, alegre, o emocionada…nada. Ni siquiera sabía la razón por la que asistió. Ella no encontraba lo divertido de ir a un baile, ir bien vestida y arreglada. Si, es cierto, quería estar con su hermana, si hasta había cancelado la invitación de Kiba a llevarlas, en consideración de su hermana que seguro no quería andar de chaperona en una relación que ni siquiera existe. Estaba tan tentada a decirle a su hermana que no quería ir, que prefería sentarse en el cómodo mueble purpura de su habitación leyendo, como el gusano de biblioteca que era…

Todo por la monotonía que llevaba como rutina.

Hasta ella misma se había dado cuenta que lo que hacía, como actuaba, como reaccionaba, y como interactuaba con las demás personas, dejando aparte a su familia, claro está. No era como la antigua ella, y a pesar de que ella misma había tomado la decisión de ser más dura, sentía que los resultados que obtenían la dejaban vacía.

Sacudió su cabeza, por Dios, estaba en una fiesta, ¿Por qué sus divagaciones se molestaban tanto en molestarla en los momentos menos oportunos? Estaban empeñadas en hacerlas pesadillas diarias.

-¿Crees que habrán chicos lindos, nee-chan?- le dijo la castaña, que hacía rato le hablaba, en cada frase se dejaba ver la emoción, la fantasía de estar en un lugar tan glamoroso, con todos sus detalles.

Por unos momentos la envidio profundamente, deseando tener 16 años otra vez, esa ingenuidad de la adolescencia, donde todo lo que podías hacer era pensar que no importa cómo, todo te podía salir como tu deseabas. Tan difícil era volverse un adulto cargando responsabilidades, arreglando, desarreglando, actuando con pasos pensando con la amenaza de que falles miserablemente.

-No puedo esperar…-dijo la chica a su lado con una pequeña risa. -¿Sabes cuánto tiempo estuve marcando el calendario? ¡6 meses! Y fueron los meses más largos de mi vida. -Seguía diciendo la chica.

-Ya llegamos.- dijo Hinata, parándose frente a las puertas, eran blancas con detalles dorados. -¿Lista?-

-Yo nací lista.- le dijo.

Ante eso la puerta se abrió por el mozo que se encontraba a un lado. Con una sonrisa, le hizo un gesto con la mano para que entraran. Ambas agradecieron, procediendo a entrar al gran salón, donde se dejaba escuchar la orquesta con una melodía alegre. Había muchas personas, y el salón parecía casi vacío de lo espacioso que era, a un lado se encontraba la mesa de refrigerios, donde las mujeres eran las menos que la frecuentaban, no queriendo arriesgar la figura.

Había varias parejas en la pista de baile, moviéndose al son de la música que se presentaba. La habitación estaba alumbrada por varias lámparas en el techo que tenían detalles en cristal, dejando ver los paneles de colores crema brillante. Era un lugar hermoso, casi de ensueño.

Iba a decirle algo a su hermana, pero ella se había ido de su lado. Miro más adelante y la encontró con otros jóvenes de su edad. Sonrió discretamente, su hermana era muy sociable, no habían estado ni cinco minutos cuando ya ella tenía compañía en un santiamén. Se alegraba por ella, por que decidiera reírse, conversar…todo lo que una adolescente hacía.

-Hinata.-escucho la voz varonil de Kiba, por instinto se dirigió a donde la voz provenía.

-Hola, Kiba-kun.- le saludo como le era usual, dedicándole una pequeña sonrisa.

-Te ves hermosa.- halago él.

Sonrió nuevamente, de forma amplia, lo miro por un instante, vestido de etiqueta de color blanco, estaba muy guapo debía admitir.-Tu tampoco estas muy mal.- le dijo, causando que el sonriera como él solía hacerlo.

-¿Me permite acompañarla en esta velada, señorita Hyuga?- le dijo él, reflejándose en sus ojos un brillo de diversión.

-Hai.- le dijo tomando el brazo que él le ofrecía.

Hanabi Hyuga, miro la escena que se acababa de dar, desde su distancia. Kiba era un hombre tan encantador, a su parecer. Sabía que su hermana no lo quería como hombre, pero eso no garantizaba que sería así siempre, pudiera existir el momento en que ella se termine enamorando de él, y podría cumplir el deseo de su padre: que se casaran.

Se sintió culpable al pensar que si eso ocurría, no se lo podría perdonar a su hermana; culpable se sintió cuando se dio cuenta de los celos que sentía al ver a su hermana mayor estar con él, sin embargo más rabia sintió cuando se sonreían como si fueran enamorados…

Por primera vez en su vida sintió temor de sus sentimientos.

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La velada siguió su curso, las personas mayores se dedicaban a escuchar la música, relajarse con un champan entre sus manos, observando cómo los más jóvenes se divertían en la pista de baile. Hanabi había bailado cada música que la orquesta tocaba, claro con diferentes chicos, tenía que aprovechar, y que mejor manera que en un "inocente" baile.

Hinata, no había tenido deseos de ir a la pista, pese a que Kiba la seguía invitando, le agradecía y le decía que en otro momento, estaba hablando con buenos prospectos para proveedores, sí aun en un fiesta, seguía trabajando. Hablaba con todos los que serían buenos para el cargo, cuando apareció Shino acompañado por Sakura.

-Hola.- había saludado Kiba, que no se había mantenido alejado de ella, ni por un segundo.

-Hola.- dijo Sakura, que al parecer estaba muy animada. Quizás sea por que estaba arreglada con un hermoso vestido esmeralda que combinaba con sus expresivos ojos. -Hinata te ves hermosa.-

-¿Verdad que si?- le dijo el castaño con su usual sonrisa agarrándola por la cintura.-Esta radiante.-

-Qué lindo es cuando tu prometido te halaga, ¿no, Hinata?- le dijo Sakura, quizás con buenas intenciones o no, pero quien sabe.

Hinata sonrió forzadamente, pero aun así opto por no decir nada…después de todo "La Mejor Palabra Es La Que No Se Dice."

-Veo que trajiste a tu hermana.- le comento Shino, que sorpresivamente se había quitado las gafas, mostrando sus bellos ojos negros como el lucero, vestido de etiqueta color gris.

-Hai.- dijo.-Estaba muy emocionada.- le comento ella.

-Se nota que se está divirtiendo.- le comento Kiba, que se había quedado mirando donde la pequeña castaña bailaba con un chico pelirrojo. Le extraño un poco verla sonreír, como si se divirtiera. Aun no podía evitar el episodio de que había vivido con ella y su furia, el cual hasta el solo de hoy no sabía que había hecho él.

-¿Y Karin?- pregunto Sakura. -¿No ha llegado?-

-No.- le dijo Kiba.- Creo que tardara un poco más en llegar.

-O quizás, no consiguió pareja.- dijo.- Saben cómo es ella de caprichosa.- comento despectivamente.

-Pues yo creo que ese no es el caso.- dijo Shino.

-¿Por qué?- cuestionó la de cabellos rosado.

-Acaba de llegar.- dijo el.- Y está acompañada de alguien.-

Todos miraron la entrada del salón, y que sorpresa se llevaron las féminas del grupo. Karin Uzumaki estaba acompañada de, nada más y nada menos de Sasuke Uchiha.

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Sus opiniones son muy importantes para esta escritora empedernida!

Los Quiero Mis Maravillosos Lectores!

-Emilee