Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Noveno Capítulo: Gatitos perdidos.
Después de que Masamune hiciera esa excéntrica propuesta, o más bien declaración, ambos pudieron ver con claridad la sombra de un grupo de gente que iba vestida de negro y de inmediato supusieron que estaban en problemas. Aprovechando aún la lejanía que había entre ellos, Masamune y Ritsu huyeron tomando sus pertenencias, aunque olvidando algunas cosas. Al subir al auto, el ojiverde al ver el nerviosismo del mayor trató de bajar la tensión del ambiente diciendo cosas como que seguro era algún grupo de amigos que tal vez tenían un encuentro en el parque para cantar canciones, comer frituras y demás, sin embargo Masamune permaneció callado. Ritsu se resignó a observar tras la ventana del auto, viendo varios carteles en las paredes donde pedían ayuda a la búsqueda de algunos gatitos perdidos. Sabía que ése era el sistema de autodefensa del mayor, permanecer callado y sin inmutarse de nada para que nadie note su nerviosismo, su preocupación o su tristeza, en especial no quería que el chico de ojos verdes lo viera alterado porque quería demostrarle que sería una pared indestructible a cualquier tipo de situación.
Al entrar al conjunto de apartamentos donde vivían, Masamune obligó al ojiverde a entrar a su departamento por milésima vez, sin embargo, en un momento de descuido del mayor, Ritsu agarró sus cosas de trabajo de las que el mayor se había apoderado como su laptop y su estilete, y huyó a su propio departamento. Al menos puedo dar un respiro cuando vio que su jefe no se había llevado toda su ropa, así que sin poder pensar en más por el cansancio se acostó en la cama y enseguida cayo dormido.
Eran aproximadamente las tres de la mañana Ritsu despertó por un despiadado zumbido. Su celular llevaba varios minutos vibrando por la cantidad inmensa de mensajes que le llegaban a cada minuto, todos del mismo remitente. El ojiverde un poco aturdido se limitó a abrir el mensaje más reciente.
"¿Por qué huyes, pequeño gatito asustado? Sólo queríamos hablar. W w w 3" 1
Era su primo. Aquel que tanto lo ha estado persiguiendo por dinero. Ritsu ahogó un suspiro y dejó caer el celular a un lado suyo, aborrecido.
Trató de ver a través de su ventana, pero no logró ver nada pues estaba empañada por el frío y afuera reinaba una densa neblina. El celular seguía vibrando, pero Ritsu no quería apagarlo. Sabía de qué iba el juego.
El reloj marcaba las tres con diez minutos de la madrugada. Su celular vibró de nuevo y por capricho quiso ver el mensaje y comprobar.
"Faltan cinco minutos, gatito asustado."
El ojiverde soltó de nuevo el celular con recelo y cerró los ojos, sintiendo como su corazón latía en ansia. De repente en su mente se escuchó un sonido agudo que lo aturdió y acto seguido lo llevó a un mundo de recuerdos; recuerdos que quería olvidar.
Sangre.
Su corazón se contrajo y abrió los ojos de golpe, sentándose rápidamente. Se sentía mareado y confundido. Escondió su cabeza entre sus manos y deseó que esos cinco minutos nunca pasaran.
Pasaron más rápido de lo que creyó.
Eran las tres con quince minutos de la mañana y a esa misma hora su celular vibró una última vez. Tardó unos segundos en sacar su mente de aquellos recuerdos y agarrar el celular. Abrió el último mensaje que le había enviado. Lo primero que vio fue una fotografía de él con su jefe abrazados bajo el árbol de cerezo en el parque. Ritsu sintió como si su alma hubiera querido ir a dar un paseo fuera de su cuerpo pero la obligó a quedarse y leer el mensaje completo.
"No querrás que esta imagen se divulgue por toda Marukawa, ¿o sí? Hablando enserio Ritsu, te necesito conmigo, sin trucos. Tú sabes porqué…" seguido de eso había un emoticón triste. —"no tenía por qué ser tan gráfico"—pensó el ojiverde. Consideró con seriedad la idea de cerrar los ojos y olvidarse de todo pero su mente se halló perdida en los recuerdos.
Ése mismo día, a esa misma hora hace cuatro años la tragedia había sucedido. Todo había perdido sentido. Recordó a Ryou en ese tiempo, y a Brent. Ambos tan felices…
Desaparece.
Es increíble como algo puede simplemente desaparecer en un pestañeo. Justo como la figurativa felicidad de Ritsu o la cordura de Ryou.
O la vida de Brent…
Ritsu suspiró con ansiedad y se obligó a moverse de la cama para marcharse. Al final del mensaje de su primo había una dirección que el ojiverde siguió. El ojiverde se quedó mirando sin mirar la pantalla de su celular una vez más antes de salir. Marcaba la hora y la fecha; las tres con quince minutos de un viernes trece. 2
El terrorífico cliché de ese día lo hacía estremecer y dudó acerca de lo que estaba por hacer, sin embargo no quería problemas con la fotografía y tal vez también quería compañía en ése momento, y aunque no lo aceptara aún sentía empatía por su desdichado examigo ahora enemigo.
Sin embargo, la sanidad mental de Ryou estaba tan dañada en ése momento, así como su logicismo y su moral, por lo cual Ritsu pensó que sería un buen plan enviar un mensaje de respuesta sólo para confirmar sus intenciones.
"¿Para qué quieres que vaya? Si me hubieras disparado, ya no estaría aquí en éste momento."
Al momento de enviar el mensaje, al joven de ojos verdes le pareció escuchar un gran estruendo afuera, en la calle. Pero aunque no quería aceptarlo, el día y la hora en el que él vivía en ése momento realmente no le daba la seguridad para siquiera querer asomarse. Repitió mentalmente la excusa para no asomarse por la ventana y se autocriticó, riéndose de él mismo. Era gracioso como sólo por leyendas que no tenían ningún sentido lógico ya estaba sintiéndose lleno de pavor. Podría tal vez toparse con La Dama de Blanco o La Chica de la Boca Cortada 3. Después pensó que Ryou podría perfectamente ser una leyenda urbana también; un desdichado chico que perdió a su amante del mismo sexo, que ha sido atormentado siempre y ahora pasa las noches queriendo vengarse, o algo así. Aunque bueno, si se habla de venganza por remordimiento, más de la mitad de las personas de familia serían leyendas urbanas.
Comprobó la hora que marcaba su celular; tres quince de la mañana aún. Esperó unos segundos y vio como cambió a tres dieciséis. Su celular vibró unos momentos después.
"Te necesito ahora, él también querría que estuvieras aquí. Corriste a los brazos de tu padre justo después de que se fue durante tres largos y jodidos años. No aumentes la cuenta."
Respondió justo como esperaba que respondiera, resentido y evitando la cuestión real. Se levantó de la cama y salió de su cuarto. Percibió que el silencio era tan profundo que el ruido que hizo al levantar o siquiera caminar era tan estruendoso como algún gutural intenso de una canción de metal, sin embargo dejaba una sensación de vacío pues casi alcanzaba a percibir un leve eco. Pensó que tal vez simplemente se había acostumbrado a un ambiente más animado estando en el departamento de su jefe, se obligó a sacarse cualquier idea de la cabeza que tuviera que ver con cuestiones de ultratumba y siguió caminando con más cautela hasta salir de su departamento.
El rechinido que hizo la puerta al abrirse y el estruendo que hizo al cerrarse fue tan fuerte que lo obligó a cerrar los ojos por unos segundos para calmarse. Cuando estuvo listo y se dispuso a dirigirse al elevador se encontró frente a frente con su primer amor. Hizo que se exaltara un poco, sin embargo, de alguna manera se lo esperaba pues su jefe siempre había estado ahí cuando realmente lo necesitaba y tal vez en ese momento era así.
— ¿Qué estás haciendo?—preguntó el mayor con la voz más amenazante que pudo salir de su garganta. El menor trató de decir algo y entreabrió la boca, sin embargo su mente estaba totalmente en blanco y volvió a cerrarla.
—Son las tres de la maldita madrugada Onodera, ¿Qué demonios pasa por tu mente? —esa pregunta dio vueltas en la mente del ojiverde. ¿Que qué estaba pensado? Ni siquiera él sabía, tal vez no estaba pensando, sólo se estaba dejando llevar por la situación.
—Tengo un asunto que tratar.
El menor balbuceó un poco al decir esas palabras y su voz se oía algo quebrada y nada convincente. El mayor frunció el ceño.
—Ritsu, ¿cómo se supone que te proteja si tú mismo estas yendo como mosco a la trampa de luz? ¿Tengo que protegerte de ti mismo también?
El castaño bajó la mirada y la perdió en el suelo del pasillo. Era verdad, realmente el haberle pedido ayuda a Takano-san para luego salir como chiquilla imprudente a las tres de la madrugada como si no hubiera un mañana no tenía sentido. Se estaba contradiciendo. Quería ayudar a su enemigo pero quería ayuda contra él. Se reprimió mentalmente.
—Dame una buena razón para dejarte ir.
El menor levantó la mirada hacia su primer amor y lo miró con sorpresa. ¿Realmente lo dejaría ir? En algún momento sintió que el ojimiel era más bien como otra parte de su familia, que sólo lo obligaba a hacer cosas contra su voluntad y sin aceptar escuchar alguna contradicción, sin embargo estaba completamente equivocado. Sabía que Masamune sólo quería lo mejor para Ritsu, sólo quería que estuviera bien y a salvo. Sólo quería estar junto a él.
—Creo que hay cosas que aún nos faltaron discutir, ¿no te parece? Y por lo que veo estás un poco apresurado con el tiempo. ¿Me dirás sin rodeos?
El chico de ojos verdes dejó salir su angustia en un suspiro, pero regresó enseguida con su inhalar.
—Te dije que Ryou no fue siempre así. Hubo un momento donde lo vi gozando la vida junto a su amante. Sin embargo un día lo asesinaron. Ryou estuvo deprimido varios meses, pero después de que alguien que no conocía fuera a visitarlo cambió totalmente. Es arrogante, es incoherente, y es vengativo. Seguramente no busca aceptación social a costa de la fortuna que tal vez pudiera hacer con mi muerte, si no que busca tener más recursos para averiguar quién fue el culpable de su miseria y hacer algo al respecto.
Masamune se quedó callado unos segundos, como tratando de procesar todo lo que le había contado su pequeño subordinado y unir cabos. El celular del menor vibró de nuevo e hizo hablar al mayor.
—Es obvio que el que vayas es casi como suicidio. Digo, si ése sujeto te quiere muerto, sea la razón cual sea, obviamente no es seguro. Sin embargo te dejaré ir…—el menor se mostró sorprendido de nuevo y estuvo a punto de agradecerle cuando el mayor completó la frase.
—…sólo si voy contigo. No te estoy preguntando, si quieres ir, irás conmigo.
El ojimiel había recordado las palabras de Isaka-san. Es verdad que era un riesgo, sin embargo no creía que tuvieran el valor de involucrar a un tercero. Después de varios intentos fallidos del menor por hacer que su primer amor no fuera y finalmente resignarse, se dirigió al elevador un tanto enojado aunque un tanto aliviado de que nunca cediera y fueron al lugar de encuentro.
Ambos se encontraban dentro del autor del mayor. Antes de llegar a su destino abrió el mensaje que le había llegado recientemente.
"Si el pequeño gatito está tan asustado de venir al aquelarre, puedes traer a tu dueño."
El ojiverde frunció el ceño y maldijo a su antiguamente amigo mentalmente. Tenía que ser tan jodidamente irritante. El mayor le preguntó al menor si pasaba algo, aunque no volteó a verlo. ¿Se había dado cuenta de su enojo sin siquiera voltear a verlo? Eso sí que era algún tipo de brujería.
Estaban a punto de llegar a su destino cuando el ojimiel se vio forzado a frenar de golpe. Un gato negro de ojos miel no sólo había pasado frente a ellos, si no que se sentó justo en medio de donde el coche estaba pasando. Por suerte no alcanzaron a lastimarlo pues frenaron a tiempo, pero por alguna razón el motor de coche se había apagado totalmente y no daba señales de querer prender en buen rato.
El mayor maldijo a su suerte. —Tal vez el motor se sobre calentó; podemos echarle agua o esperar a que se enfríe. —el ojiverde escuchó con atención lo que decía el mayor, sin embargo parecía que la respuesta era obvia; no tenían agua y no estaban cerca de algún río. Estaban simplemente parados en medio de un puente completamente desalojado.
—Tendremos que esperar.
Las palabras del menor se fundieron en el silencio del coche. El mayor miró con atención al gato y se perdió en él. Después de unos segundos optó por bajar a verlo y confirmar que estaba bien, sin embargo en sólo un instante que había apartado la vista de él, había desaparecido.
— ¿Dónde está? —preguntó el mayor, algo exaltado. Ritsu se asomó por el parabrisas y vio que efectivamente ya no estaba.
—Tal vez lo asustaste y simplemente huyó.
El menor abrió la puerta del coche pero no bajó de él. Sólo se quedó admirando el paisaje desolado que los rodeaba. El mayor simplemente estaba parado, sosteniéndose de la puerta del auto viendo hacia enfrente.
— ¿Cuánto tiempo crees que tarde en enfriarse?—preguntó el menor sin recordar entonar su voz, haciendo una voz monótona que casi no se distinguía el tono de pregunta.
—Depende del motor. Nunca se había sobre calentado, así que tal vez tarde una media hora como máximo.
—Se supone que debíamos estar llegando en menos de quince minutos.
El ojimiel se quedó callado. Seguía viendo directamente hacia enfrente. Por alguna razón era el lugar más cómo donde perder su mirada pues el cielo estaba repleto de espesas nubes grises, no se alcanzaba a ver la luna, y el camino estaba rodeado por una densa neblina que restringía gran parte de su alcance visual. Después de un rato se dignó a hablar.
—Deberíamos volver. Esto fue mala idea. Debemos volver.
El mayor se escuchaba exaltado, su voz estaba llena de ansia por alguna razón. El menor le preguntó si se encontraba bien, pero el mayor simplemente volvió a repetir las mismas palabras.
—Debemos volver.
De repente Ritsu volvió a ver a felino de pelaje oscuro y ojos claros un poco más lejos de donde ellos se encontraban. Si no fuera porque veía los labios de su primer amor moverse, podría jurar que el gato estaba hablando.
—Ritsu, vámonos de aquí.
—Por supuesto, creo que ya no tiene chiste ir donde Ryou. El único y pequeñísimo problema es que el jodido motor no enciende. —el ojiverde dijo esto último tratando de no alterarse más de la cuenta. No era su hobbie preferido ir a la mitad de la nada a media madrugada a perderse para alcanzar a ver la mitad de nada de lo que había a su alrededor.
—Ritsu, ¿escuchas eso?
Esa pregunta era una de las que más pavor le tenía el ojiverde, sobre todo si se la hacían estando en medio de un desolado puente a mitad de la madrugada en un viernes trece. El ojiverde se esforzó en tratar de no hacer ningún ruido, ni siquiera el de su respiración y puso toda su atención en los sonidos de ambiente. Claro, se escuchaban algunos grillos, algunos mosquillos, el chiflido del viento al pasar, y algunos... ¿gritos?
Cuando el menor pudo reconocer que lo que estaba escuchando eran gritos se exaltó, y el mayor reaccionando rápidamente se subió al auto de nuevo cerrando su puerta y así mismo lo hizo el menor. También le pidió que pusiera el seguro y el otro aceptó sin objeción.
—Takano-san, tenemos que irnos ya. —el menor estaba temblando de nerviosismo que trató de ocultar lo más que le fue posible. El editor en jefe trató de encender el motor de nuevo, y como si éste tuviera conciencia propia hizo un vasto esfuerzo por encenderse, sin embargo fue un intento fallido. Por pura inercia el ojiverde se acercó más al mayor y sostuvo su brazo con fuerza, a lo que este respondió rodeándole con un brazo la espalda y con otro le sostuvo la mano.
—Está bien, en unos minutos más el motor podrá encenderse y nos largaremos de aquí. No te angusties.
El ojiverde pensó en contestarle algo como que no estaba asustado y que no necesitaba su consuelo pero realmente lo necesitaba, así que simplemente no dijo nada y recargó su cabeza en su hombro, cerrando los ojos.
—Takano-san, tengo una importante pregunta para ti —el ojimiel acercó un poco más su rostro al del menor para escucharlo mejor—. ¿Cómo llegamos aquí? Ahora que me doy cuenta, esta es la dirección completamente opuesta a la que te di. ¿Qué nos trajo acá?
El mayor se quedó sin palabras. Ahora que lo pensaba, el simplemente había conducido a la nada, sin rumbo alguno y no prestó atención. Ese no era un comportamiento usual en él, normalmente no pierde la cabeza de ése modo. ¿Cómo condujo hasta ahí? ¿Con qué motivo? ¿En qué estaba pensando?
Era gracioso, se sentía como si fueran un par de gatos perdidos.
—Yo… lo siento. Realmente no sé por qué te traje aquí.
— ¡¿Eh?! ¿Cómo puede ser? Normalmente no eres así… —el ojiverde no podía creer que el mayor se hubiera perdido así.
—Lo siento.
Permanecieron en silencio ambos, sacando cada quien sus propias conclusiones. Ritsu se di cuenta de que ahí tampoco llegaba la señal a su celular, por lo cual no podía recibir ningún mensaje.
—Deberíamos llamar a una grúa o algo para que vengan por nosotros.
—Te pregunté que cómo habías llegado aquí porque se supone que éste es un camino cerrado; está en reconstrucción. Aparte no hay señal.
Genial. Aparte de loco, suicida. Ritsu recordó al gato negro y lo buscó de reojo pero no lo encontró. Sin embargo sintió algo en las piernas. Pudo confirmar que no era su jefe pues él lo estaba abrazando. ¿Entonces qué era? Bajó la mirada para encontrarse con unos grandes orbes color miel con las pupilas dilatadas observándolo. Era el gato negro, quien estaba justo ahí, sentado en sus piernas. Trató de no asustarlo más con el pequeño brinco que dio al verlo y se le quedó viendo también. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Al parecer su primer amor tampoco se había percatado de él, pues al verlo sostuvo con más fuerza a su pequeño casi amante. El gato después de terminar de ver completo y a color las reacciones de los dos presentes en el auto, se acercó al volante y se quedó un rato ahí, como inspeccionando algo. Al cabo de un rato maulló para dejar saber que quería salir del auto. El mayor lo sacó y el gato brincó en el parabrisas y se quedó ahí un rato más mirando hacia enfrente, dándole la espalda al par de amantes y después de un rato con un ágil brinco calló en el asfalto y se fue. El dónde se habrá ido o con quien era un gran misterio, pues al tocar el pavimento dio la impresión de simplemente haber desaparecido.
Ya era las tres con treinta minutos.
El de ojos verdes recordó que cada que veía a ése gato pasaban cosas extrañas pero buenas, así que estiró la mano e intentó girar las llaves para prender el motor. Increíblemente y para alivio de ambos el motor se encendió sin problemas.
Ambos soltaron su abrazo, dejando una leve sensación de incomodidad; más bien no querían soltarse el uno al otro.
De repente aquellos gritos que escuchaban fueron aumentando el tono y les pareció escuchar también lo que sería una motosierra, cada vez más cerca de donde estaban. Simplemente con las miradas se dijeron "tenemos que irnos" y así el mayor intentó mover el auto, pero antes de poder hacer algo, justo de donde había salido el gato cuando los hizo frenar salieron tres motos con dos personas arriba cada una. Se dieron cuenta que eran de las chicas subidas en las motos de quien pertenecían los gritos y lo que pensaron eran motosierras en realidad eran sólo las motos. Parecía que estaban simplemente de fiesta, un viernes de madrugada en un lugar solitario era perfecto para salir de paseo, o perfecto para una película de terror.
Ambos suspiraron al mismo tiempo, aliviados. Se vieron mutuamente y rieron. Ambos se analizaron e hicieron burlas de quién se había asustado más, o quién fue el más distraído, ambos empataron el marcador.
— ¿Podemos ir al lugar de encuentro? Es seguro que Ryou ya no va a estar ahí, pero quiero ver si dejó algo.
El mayor asintió y dio la vuelta para ir al lugar destinado. En el camino siguieron riendo y burlándose, a veces dándose pequeños golpecitos, o a veces el mayor despeinaba al menor en cada ocasión que tenía. Cuando el celular del castaño hubo recuperado la señal verificó sus mensajes, pero no había ninguno nuevo.
Cuando llegaron se encontraron con que era un edificio abandonado que no estaba muy lejos de donde vivían. Ese edificio, según recordaba el menor, estaba a punto de ser demolido y utilizado por su padre para hacer una oficina de negocios. Olía a humedad pero también a humo, como si hubieran hecho una fogata ahí mismo. Justo en medio del primer piso del edifico sólo había una enorme caja fuerte y encima de esta se encontraba una foto; era de Brent, Ryou y Ritsu. Estaba algo mal recortada de los lados para quitar de escena a personas indeseables y estaba en blanco y negro, algo borrosa de los bordes. Al verla le invadía una terrible melancolía. Al reveso de esta fotografía estaba escrito un código que supuso era para la caja fuerte y efectivamente fue así.
Desgraciadamente lo que vieron dentro no fue tan fácil de digerir mentalmente.
Gatos.
Gatos de varios colores y razas. Estaba amarrados de las patas y tenían gruesas sogas oprimiéndoles el cuello. Todos seguían aún luchando por que llegara algo de aire a sus pulmones.
Ah… tal vez, después de todo, ése tal Ryou sí sea capaz de involucrar a terceros —pensó el ojimiel—. Si tenía el no-valor moral de involucrar a esos pobres gatitos domésticos, a esos pobres gatitos perdidos, ¿Qué les esperaría a ellos?
Tal vez perderse al otro lado de la ciudad no fue casualidad. Así fue previsto para que ellos no salieran lastimados. Sólo tal vez.
1. "W w w" vendría siendo como un "Jajaja" o un "LOL" en japonés.
2. Se dice que a las tres de la mañana se abren las puertas a otra dimensión. No sé exactamente quién puso más de moda las tres con quince minutos pero ciertamente da más miedo. Viernes trece, día de mala suerte, no hay mucha ciencia (o lógica).
3. La Dama de Blanco o La Llorona o La Malinche o como la conozcan en su país. La mujer vestida de blanco que llora por sus hijos. La Chica de la Boca Cortada es una leyenda urbana de Japón; una chica fue maltratada por su marido y asesinada. Su espíritu busca víctimas preguntándoles si es bonita.
Un lindo hechizo Avis para celebrar la actualización y un Lumus para la compañera perdida (TrueLove-san). Okno.
¡Nekonoha, Riruka-chan y zryvanierkic, gracias por comentar! Como siempre, amé sus comentarios ~ . Me molesta no poder responder en esta actualización, pero lo haré a la siguiente (pronto).
¡Gracias por leer!
