NARUTO y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


¡Tadaima! llamó y de inmediato, escuchó pasos apresurados hacia él. Suspiró. ¿Que había hecho ahora? Se quedó de pie, esperando, hasta que divisó a su adorada esposa. Se mordía el labio inferior mientras de sus ojos brotaban lágrimas. Decir que se preocupó era quedarse corto. Tema, ¿qué…? ella se arrojó a sus brazos. Él no lo dudó y le devolvió el abrazo. Ella levantó el rostro y le sonrió entre lágrimas.

Estaba totalmente confundido.

La rubia, por su parte, solo atinó a enseñarle un objeto que tenía en su mano derecha, que él no logró identificar hasta pasado unos segundos. Abrió los ojos en realización: una prueba de embarazo, positiva.

¿Es en serio? preguntó, preso de la emoción. Ella asintió. El líder del clan Nara le mostró esa enorme sonrisa que a ella tanto le encantaba. Después de tanto intentarlo, por fin, Shikadai tendría un hermanito o hermanita. La tomó de la cintura y la levantó del suelo, sin perder la vista del hermoso rostro de su esposa Como te amo, Temari… susurró con la misma sonrisa de antes. Ella atrapó su rostro entre sus manos.

Y yo a ti, amor… respondió antes de acercarse e iniciar uno de los besos más memorables de su relación.

Paró en seco al escuchar el llanto de un bebé a la distancia.

Shikamaru salió de la torre del Hokage sin mirar atrás. Había recibido una llamada informándole que su esposa había colapsado mientras hacía unas compras con Shikadai. Su hijo reaccionó rápidamente y corrió por las calles, histérico, pidiendo ayuda. Él no era médico, pero Temari estaba embarazada y eso podría ser un factor realmente peligroso. Llegó al hospital en tiempo record y de inmediato, exigió que Sakura o Ino le explicaran qué pasó.

Lo primero en esta situación es que te calmes. ordenó Sakura.

¡¿Como me voy a calmar si no me explicas?! ¿Qué pasó? ella suspiró.

Temari sufrió un aborto espontáneo… el mundo de Shikamaru pareció detenerse; eso debía ser una broma…

Pero...no es posible. Se ha estado cuidando, siguiendo tus indicaciones, ¿por qué…?

Al parecer, el cuerpo de Temari no soportó el estrés del embarazo… cerró los ojos como si doliera.

¿Ella lo sabe? Sakura asintió

¿Y Shikadai?

Acaba de irse; llegó aquí muy alterado y sin querer separarse de Temari; llamamos a tu madre para que viniera por él; asumimos que no querías involucrarlo en esto.

Gracias… respondió mecánicamente ─ ¿Dónde está? no iba a pedir permiso para ver a su propia esposa y menos dada la situación. Quería llorar; acababa de perder a un hijo y su esposa, su soporte, debía estar peor que él. Conociéndola como lo hacía, debía estar culpándose por lo ocurrido. Llegó a la habitación, entró sin tan siquiera tocar y vio a su adorada problemática de espaldas a él, inmóvil y con el cuerpo totalmente tenso. Sin mediar palabra alguna, se acercó a ella y se acostó a su lado, abrazándola por la espalda. De inmediato, vio como sus hombros comenzaban a temblar, en su vano intento de controlar el llanto.

No te reprimas; llora... al igual que yo… dijo sinceramente. Al escucharlo, Temari giró entre sus brazos y en efecto, lo encontró llorando, a pesar de que él trataba de sonreírle sin mucho éxito. Fue demasiado para la rubia. Todo mejorará… dijo mientras se aferraba más a ella y le permitía esconder su rostro en su cuello. Odiaba verla llorar, especialmente de esta manera, cuando el dolor no se limitaba a expresarse a través de sus ojos, también en su voz. Temari era extremadamente buena ocultando sus emociones; escucharla sollozar, emitiendo ante cada nueva oleada de tristeza, unos gritos llenos de dolor, torturaba al líder del clan Nara

Lo...lo siento tanto…se disculpó entre hipidos. Shikamaru sintió como su corazón se estrujaba. Acarició su espalda en un vano intento de brindarle consuelo.

No debes disculparte; no es tu culpa ella no contestó. El llanto le imposibilitaba cualquier intento de expresase. Te amo, problemática dijo el hombre, besando su pelo.

La emoción de convertirse nuevamente en padres había sido reemplazada por un vacío inquietante en su pecho; ni siquiera tuvieron la oportunidad de saber si tendrían una niña o niño.

La tristeza se pasó a ser ira en el interior de Shikamaru; Temari no merecía esto... Ella, que había cuidado desde que tenía memoria de sus hermanos, que había ansiado tanto una familia feliz desde sus años más tiernos, que había amado y apoyado a Shikadai desde el momento que supo que lo esperaba...no merecía un golpe como este...Recordaba su ilusión y felicidad cuando supo de la existencia de este segundo bebé; era horrible contrastar ambos escenarios. Y él, impotente, no podía hacer nada; por más que se lo dijera, su esposa seguiría creyendo que era su culpa, seguiría pensando que algo hizo mal cuando la realidad es que esas cosas podrían pasar sin previo aviso. Solo atinó a dejarla llorar, acariciando su espalda tiernamente y besando su pelo de vez en cuando, transmitiéndole cuanto la amaba y el hecho de que de ninguna manera era su culpa. Quería que se desahogara y dejara el dolor escapar de su cuerpo, o por lo menos, aliviar una parte de él.

─ ¿Como está Dai? preguntó una vez se calmó lo suficiente, aun con su rostro escondido en su cuello.

Mi madre vino por él; me dijeron que hizo un escándalo digno de un Sabaku No cuando le dijeron que tenía que irse sin ti del hospital… dijo con cierta diversión y se alivió al sentir una pequeña sonrisa formarse en sus labios Se portó a la altura de la situación; buscó ayuda de inmediato y, literalmente no se separó de ti ni por accidente.

Es un gran niño…

Sí; lo estamos haciendo bien… el silencio se hizo presente por breves instantes.

Shikamaru...de verdad, lo siento… vuelve a repetir.

¿Por qué no lo entendía?

Delicadamente, apartó su rostro de su cuello y sin dejar de abrazarla, hizo que le mirara directo a los ojos. Su rostro revelaba el camino que sus lágrimas tomaron al momento de abandonar sus hermosos ojos, irritados de tanto llorar; la vista le hizo sentir una fuerte punzada en su pecho, pero se controló porque no podía desmoronarse frente a ella.

Mírame;ordenó¿ves algún indicio en mi expresión de que estoy enojado contigo? ella negó¿Sabes por qué? Porque no has hecho nada, Temari; esto no fue tu culpa…

Nuestro bebé estaba creciendo dentro de mí; algo hice mal para que no pudiera continuar; debe haber algo que yo…

Temari, vamos… dijo él, al ver como su esposa amenazaba con quebrarse nuevamente Sakura me dijo que esto podría pasar incluso con todos los cuidados apropiados; es algo que puede pasar de manera natural...No quiero que pienses que fue tu culpa… él bien sabía que su mujer era terca y que no cambiaría de opinión tan fácil, pero él quería que entendiera que jamás la culparía; Temari fue muy responsable en ambos embarazos y no le quedaba duda de que, lo que sea que haya pasado, no fue su culpa.

Se siente horrible, Shikamaru… dijo con nuevas lágrimas en sus ojos saber que tu hijo...murió dentro de ti, que no lo protegiste lo suficiente como para…

No te hagas esto, Temari… el Nara besó todo su rostro tiernamente, secando sus lágrimas en el proceso. No había nada que pudiese decir para hacerla sentir mejor, así que, solo se dedicó a consolarla y, de vez en cuando, a llorar un poco junto a ella.

Fue la noche más triste de toda su relación.

Su corazón latió desbocado, preso de un nuevo sentido de urgencia. Siguió su camino, vislumbrando tiempo después a su mejor amigo con la fuente del llanto entre sus brazos.

─ Vamos, no llores, soy tu tío Chouji; no te haré nada…─ trataba el hombre de calmar a la niña, pero la bebé no cooperaba.

─ Chouji. ─ llamó Shikamaru. El Akimichi sonrió al verlo.

─ Mira, preciosa; llegó papá. ─ No pudo evitar sonreír: una niña.

Shikamaru quedó sin habla al ver a la pequeña rubia. Con cuidado, tomó a su hija en brazos y su primer pensamiento fue que la niña era una réplica en miniatura de su esposa.

─ Hola, princesa…─ saludó él con lágrimas en sus ojos y una sonrisa orgullosa en el rostro. La niña, reconociendo a su padre, cesó su llanto y le otorgó una perfecta vista de esos hermosos ojos que su esposa e hijo también poseían. Después de tanto, su pequeña estaba allí, sana y salva…

Viva.

─ ¿Y Temari? ─ al ver como su amigo no le respondía, levantó la vista con preocupación en su rostro. Estaba empezando a pensar lo peor. Le entregó a su hija nuevamente y siguió camino con una opresión en el pecho.


Los hermanos Sabaku No observaban al hombre de pie a pocos metros de ellos. Estaban furiosos con el simple hecho de pensar en todo lo que este hombre había causado y querían que sufriera más allá de lo inimaginable.

─ Cuanto tiempo, ¿no? ─ los hermanos se mantuvieron en silencio ─ Y pensar que, por poco, nos convertiríamos en familia…

Un estruendo se escuchó en el lugar. La marioneta de Kankuro se abalanzó sobre él con tal grado de violencia que se podía sentir el odio del marionetista a través de ella. Shozuke saltó a unos pocos metros, repeliendo el ataque. ─ Creo que tendrás que ser un poco más rápido para…─ pero no pudo terminar la frase.

─ ¿Para qué? Tengo curiosidad por saber ─ respondió el kazekage. El líder del clan Yagamu había caído en la trampa, siendo rodeado de inmediato por arena.

─Maldito…─ susurró, pero el kazekage no se inmutó. Lo único que pasaba por su mente era que aquel hombre había puesto en peligro la vida de su hermana y sobrino y él, como su hermano, debía ajustar cuentas con quien se atreviese a tan siquiera pensar en hacerle daño.

Tanto Shikamaru como los hermanos sabían que estaban en problemas. Cuando el Nara les llamó (a escondidas de Temari) para contarles lo de la pérdida del bebé, ellos supieron que su hermana estallaría en furia cuando los viera y dejaría a Shikadai sin padre en el proceso.

Pero por más que se enojase, Shikamaru hizo lo correcto. No podían ignorar este suceso; eran sus hermanos, la primera familia que tuvo y la conocían; Temari era la kunoichi más despiadada por algo, pero también era una persona maternal con sus seres queridos. Amaba sin ningún tipo de condición, por lo que, ambos sabían que la pérdida de su bebé debía estar matándola, por tanto, dejaron a Baki a cargo de Sunagakure y partieron hacia Konoha.

Me alegro de que hayan podido venir saludó el Nara, abriendo la puerta de su hogar.

─ ¿Como sigue?

De salud, está bien respondió De ánimo, está mejor que al principio, gracias a Shikadai, pero aún no está bien del todo.

Y como si lo hubiesen invocado, el pequeño Nara apareció ante sus tíos.

¡Tío Gaara! ¡Tío Kankuro! exclamó corriendo hacia ellos y extendiendo sus brazos, para abrazarlos a ambos.

Hola, Dai, ¿qué cuentas?

No mucho respondió Vinieron a ver a mamá, ¿verdad? ¿Harán que se sienta mejor por completo? Yo lo he intentado, pero…

Tranquilo, Dai; tus tíos te ayudarán en esta misión respondió Shikamaru acariciando el pelo de su hijo Ahora, ve a jugar; ellos se encargarán desde aquí… él asintió

Si necesitan mi ayuda, estaré haciendo mi rompecabezas.

Los Sabaku No nunca dejaban de sorprenderse con la inteligencia de su sobrino.

Está en la terraza.

No veo signos de destrucción, asumo que no está enojada.

Oh, claro que está furiosa; eso se los dejo a ustedes también

Con cautela, ambos hermanos se acercaron a su hermana, quien se encontraba de espaldas a ellos, sentada observando su jardín. Ambos tomaron asiento, sin mediar palabra alguna; Gaara a su derecha y Kankuro a la izquierda. Esperaban que la rubia dijera algo, pero al pasar de los minutos era evidente que no lo haría.

Menuda bienvenida, hermanita…

Yo no les pedí que vinieran…Kankuro chasqueó la lengua. Sabía que era el orgullo que hablaba, pero, aun así, fue un comentario grosero.

Yo también me alegro de verte….

No podíamos estar tranquilos, sabiendo lo que pasó; eres nuestra hermana intervino el kazekage

Estoy bien…

Sabemos que no lo estas… respondió Kankuro, intercambió miradas con Gaara y como si lo hubiesen planeado, se acercaron más a ella y le abrazaron, apoyando sus cabezas en los hombros de la rubia. No pasó mucho cuando la sintieron temblar y corresponder el abrazo.

Todo va a estar bien, onee-chan…

Y si no lo están, aquí estamos para hacer el mundo arder… respondió Kankuro, ganándose una pequeña sonrisa de su hermana

Eres un idiota…

Ambos se sintieron satisfechos de cierta manera.

Cubrió al hombre con su arena y, en un abrir y cerrar de ojos, el Yagamu estaba totalmente inmóvil. El marionetista se acercó a él y sin ningún tipo de advertencia, le propinó un puñetazo, para luego sostener su rostro fuertemente.

─ Te juro que, si algo le llega a pasar a mi hermana o sobrino, te reviviré y te mandaré nuevamente al infierno de la manera más brutal posible… ─ Sacó una pequeña jeringa con una sustancia púrpura y se lo inyectó al hombre. El Yagamu vio con horror como el marionetista se veía cada vez más lejos; se estaba elevando del suelo.

─ ¡Suéltame! – gritó, pero no había caso. Hace tiempo que el lado racional del kazekage se había esfumado. Lo único que plagaba su mente era que este hombre había secuestrado, maltratado y puesto en riesgo la vida de su hermana y de su futuro sobrino. No sentía esa clase de odio y sed de sangre desde sus exámenes chunin y no tenía ninguna intención de tratar de controlarse.

Los hermanos Sabaku No y Baki contuvieron el aliento al ver a Temari aparecer ante ellos.

Te ves hermosa, onee-chan… halagó el kazekage.

Gracias… agradeció con una radiante sonrisa. El kimono blanco que llevaba puesto, enmarcaba su figura a la perfección, dándole el aspecto de un ángel. Su pelo caía libre, sobre sus hombros, adornado con pequeños adornos blancos, que buscaban retratar pequeñas flores blancas. Su rostro portaba un ligero maquillaje que resaltaba sus imponentes ojos. La rubia giró hacia el marionestista – Kankuro, ¿estas llorando? – él negó rápidamente.

Claro que no; algo entró en mis ojos – se excusó. La rubia solo sonrió, acercándose a sus dos hermanos menores, abrazándolos. Desde que la relación de su hermana y el Nara se hizo oficial, supieron que solo era cuestión de tiempo para que este se decidiera a pedir su hermano. Lo sabían, desde hace tiempo; ambos, desde sus años de adolescencia, emanaban aquella atracción el uno por el otro, que todo el mundo podía percibir. Como anticiparon, ella se convertiría en su esposa, y por ende, viviría en Konoha. Aun les dolía aquella realidad, pero por la felicidad de su hermana, estaban dispuestos a sobrellevarlo.

Los amo, hermanitos…

Demonios…susurró el marionetista. La rubia se separó de ellos y vio lágrimas en los ojos de ambos; sentía que se uniría a ellos pronto. – No vayas a llorar; arruinarás el maquillaje… recriminó Kankuro.

Los Sabaku No vieron como su sensei se colocaba al lado de la rubia; Baki había sido lo más cercano a una figura paterna para ellos. ¿Quién más perfecto que él para entregar a la princesa de Suna a su futuro esposo en el altar?

Vamos, el joven Nara le espera – ella asintió. Los hermanos sabían que estaría bien; solo les bastó con ver la expresión de Shikamaru al verla: él la cuidaría, las lágrimas de felicidad que cayeron por el rostro del Nara, eran una gran confirmación.

El hombre se retorcía, preso del dolor que el veneno repartía por todo su cuerpo. Ambos hermanos presenciaban el espectáculo con seriedad. Ese hombre había hecho de su vida un infierno y ellos tenían que hacer justicia. Ese hombre era un ninja renegado que debía ser erradicado.

─Entierro… ¡de arena!

El hombre fue estrangulado; los hermanos admiraron el espectáculo.

Gaara arrojó su arena lo más lejos posible para que el cuerpo del hombre no quedara ante su presencia, para luego traer su preciada herramienta de vuelta. Y por mas sádico que sonase, ambos hermanos sintieron una gran satisfacción ante el grito agónico que habían presenciado.


─¡Temari! ─ llamó al vislumbrar al resto de su equipo. Corrió al lado de libre de su esposa y se arrodilló. ─ Ino, ¿que…?

─La estamos perdiendo… ─ respondió con notoria tristeza la rubia, tratando de contener las lágrimas. Shikamaru sintió el pánico recorrer todo su cuerpo.

─No, no, no… ─ repitió mientras tomaba el rostro de su esposa entre sus manos. ─ Problemática, no se te ocurra contradecirme en esto ─ Temari sonrió débilmente, aun con sus ojos cerrados. – Te dije que yo debo morir primero…

─Lo dices como si lo hiciera adrede…─ dijo prácticamente en un suspiro.

─ ¡No te puedes ir! ¡Nuestra niña te necesita, Shikadai también...yo también! ¡No quiero hacer esto solo!

La desesperación en su voz, obligó a Temari a abrir los ojos, encontrándose con el par marrón de él, cristalinos por las lágrimas que fluían a través de ellos.

─ Shikamaru…yo...estoy dispuesta a aceptar mi destino

─No digas estupideces…─ rebatió rápidamente. La rubia suspiró; era demasiado difícil despedirse de todos y su esposo no le ayudaba.

─Lo único que le pedí a kami-sama durante estos días fue que, trajera a nuestro bebé sano y salvo a este mundo y…lo cumplió.

─ No…─respondió apoyando su frente con la de ella.

─ Shikamaru…no quiero que lo último que vea, sean tus lágrimas – ya era suficientemente malo saber que Shikadai lloraba por ella; su esposo tenía que cooperar – No quiero que esto opaque todo lo que hemos vivido…

─ Temari… ─ podía sentir como la vida se escapaba del cuerpo de su esposa; su propio corazón parecía estar deteniéndose con el de ella. – Gracias por ser el sol que me guio a través de la oscuridad. Sin ti, yo no sería lo que soy ahora, mi amor…Gracias por impulsarme a ser mejor, por escucharme, apoyarme, por regalarme esta bella familia…─ era imposible para él controlar las lágrimas. – No, no puedo aceptarlo, Temari…por favor.

─ Ibas bien, vago…─ dijo tratando de aminorar la tensión. Sintió los labios de su esposo sobre los suyos, en una caricia que parecía lejana ante su actual condición.

Sabía que no le quedaba mucho.


─ ¿Estás seguro que es por aquí?

─ Shikamaru tomó esta dirección; deben de estar cerca. – no perdieron tiempo con la escoria que acababan de enfrentar. Lo único importante era Temari y el bebé y ellos debían estar presentes por si eran necesarios.

Corrieron varios metros hasta que divisaron una figura familiar.

─ Chouji – llamó Kankuro. En el momento en que el Akimichi giró hacia ellos, los dos Sabaku No pararon en seco, al visualizar el pequeño bulto que el hombre sostenía entre sus brazos.

─ ¡Hola! Qué bueno que han podido llegar. ¿Lograron detener al anciano?

─Sí ─ respondió Kankuro en automático, siendo el primero en acercarse al shinobi ─ ¿Es…? ─ El Akimichi asintió.

─ ¿Quieres sostenerla? ─ preguntó. Oficialmente, era tío de una niña. El Sabaku No asintió. ─ Pequeña, este es tu tío Kankuro ─ dijo dulcemente mientras le entregaba a su sobrina. No pudo evitar sonreír cuando un par de ojos aguamarina le miraron con curiosidad.

─ Demonios…Temari logró clonarse ─ dijo con humor. ─ Bienvenida, soy tu futuro tío favorito de todos los tiempos ─ Giró sobre sí y le sonrió a su hermano, quien había quedado estático en su lugar. ─ Gaara, ¿qué esperas? ─ eso pareció sacarlo de sus pensamientos. Caminó unos pasos y se inclinó para poder ver mejor a la bebé envuelta en la manta.

─ Es la viva imagen de Temari ─ comentó con una media sonrisa mientras acariciaba la sonrojada mejilla de la niña, captando su atención. Los hermanos estaban totalmente hipnotizados por la pequeña rubia.

No pudieron evitar recordar cómo fue la primera vez en que se convirtieron en tíos.

La llamada de Shikamaru llegó a media noche. Kankuro y Gaara habían tomado el tren una hora más tarde con destino a Konoha. Ellos eran la máxima autoridad de Sunagakure y no deberían de abandonar la aldea al menos que se tratase de algo de suma importancia. Para ellos, era algo de suma importancia, algo trascendental para lo que se venían preparando el último mes y que agregaría un nuevo título a sus vidas:

Se convertirían en tíos.

Su adorada hermana mayor había entrado en labor de parto y ellos necesitaban estar allí para recibir a su sobrino. Por eso, luego de un día y algunas horas de viaje en tren, se encontraban, a altas horas de la noche, en la puerta de la residencia Nara. Tocaron a la puerta y, para su sorpresa, Sakura los recibió.

¡Gaara, Kankuro! ─ saludó sonriente. ─ Que bueno que han venido.

¿Dónde están? ─ preguntó Kankuro sin rodeos.

En la habitación principal

Es decir, que… ¿ya nació? ─ ella asintió.

Pasen ─ los dos hombres de Suna dejaron sus bolsos a un lado de la puerta y se dirigieron al lugar especificado por la ninja médico. Con cuidado, abrieron la puerta y se asomaron silenciosamente. Allí, visualizaron a su hermana, en la cama, con varios cojines que le servían como apoyo a su espalda; su cuñado, sentado a un lado de la cama, sonreía con devoción y, al final, un movimiento sutil entre los brazos de la rubia llamó su atención. Temari sostenía un pequeño cuerpecito contra sí; lo único que podían distinguir era una pequeña cabecita repleta de pelo negro y un cuerpecito vestido con un enterizo que dejaba ver el logo del clan que había acogido a su adorada hermana.

Están aquí... ─ La voz de su hermana los sacó de sus pensamientos. Había sonado débil y notablemente cansada, mismas características que podían observar en su expresión, pero les sonreía; una sonrisa llena de gozo, de orgullo y de alivio. Acérquense; conozcan a Shikadai.

Como era usual, Kankuro fue el primero en reaccionar. Al llegar al lado de su hermana, pudo apreciar a la pequeña criatura en brazos. Su sobrino lo había cautivado al instante ¿Quieres sostenerlo?

Yo nunca he sostenido a un bebé respondió con notoria inseguridad

Yo tampoco lo había hecho hasta ahora rebatió la rubia. Le extendió el bebé a su hermano y observó sonriente como este se acostumbraba al pequeño cuerpecito entre sus brazos.

¡Hola, sobrino! Soy tu tío Kankuro, el que te llevará de fiestas y te enseñará sobre chicas ─ El pequeño abrió sus ojos como si supiera que realmente supiese que hablaban con el ─¡Hey! Tienes los ojos de tu madre…exclamó el marionetistaSi, son idénticos, incluso creo ver la maldad en ellos…

Idiota…─respondió Temari con el ceño fruncido. La atención de la rubia se centró en el kazekage. ─ ¿Gaara? ─ el joven pareció reaccionar

¿Te encuentras bien, onee-san? ─ preguntó. Ella le sonrió abiertamente.

Nunca he estado mejor ─ Antes de que pudiese reaccionar, Kankuro le entregó al recién nacido. El kazekage se tensó de inmediato, pero a medida que pasaba el tiempo y su sobrino le regalaba toda su atención, Gaara no pudo evitar sonreír.

Tenía otra personita más en su vida a la que protegería: su adorado sobrino.

─ ¿Dónde está Temari? – preguntó Kankuro mientras le entregaba la niña a Gaara.

El silencio del Akimichi los aterró.


─ ¡Temari! ─ escuchó otra voz familiar llamarle. Ella apretó los ojos como si doliera.

Sus hermanos estaban allí.

─ Por favor, aguanta; no te puedes ir ─ seguía diciendo el Nara. Dirigió su rostro levemente hacia los Sabaku No, quienes habían llegado junto al Akimichi. Su ya no tan pequeño Gaara cargando a su recién nacida hija era la imagen que quería llevarse al otro mundo. No pudo aguantar las lágrimas.

─ No lo hagan más...difícil, por favor…─ Ya era malo tener a su esposo e hijo totalmente destrozados frente a ella, a sus amigos tratando de mantener la compostura, pero Kami, ver a sus hermanos, a quienes prácticamente crió, con lágrimas en sus ojos mientras la observaban con miedo en su mirada, era demasiado.

─Hermana…hazlo por ella…─intervino el pelirrojo. Su acostumbrado tono neutral, tintado de miedo.

Temari volvió su atención a su esposo; la vida extinguiéndose sin parar.

─ Shikamaru – él respiró hondo, mentalizándose a lo que podría venir ─ ...cuídalos; mis hermanos estarán allí para lo que necesites…

─No…─ susurró.

─ Bebe llorón... gracias por todo... ─como pudo, colocó una de sus manos sobre su mejilla ─desde que llegaste a mi vida, ésta no hizo más que mejorar; gracias por enseñarme lo hermoso que es el amar, gracias por nuestros pequeños cervatillos y por cada experiencia que vivimos juntos…─sonrió tenuemente ─ mi adorado vago…─ Shikamaru no podía contener las lágrimas; podía escuchar los hipidos de su hijo tras de sí como kunais que se clavaban en su cuerpo.

─ ¡Deja de decir esas cosas! ¡No te despidas! ¡Te vas a quedar aquí! ─ exclamó Kankuro, notablemente desesperado. La rubia giró su cabeza y les sonrió tenuemente a sus hermanos.

─ Hermanitos…sigan cuidándose entre sí y por favor, no se sientan culpables de nada; esto no ha sido su culpa…Yo los amo…─ Shikamaru sintió como la cálida sensación de la mano de su esposa desaparecía de su mejilla. Sus ojos se cerraron y tanto Shikadai e Ino sintieron como el cuerpo de la rubia les brindaba una pequeña descarga, rechazándolos.

Y Shikamaru lo supo al instante: había llegado el punto del cero absoluto.


Hola! Primero, debo disculparme, ya que, este capitulo tenía tiempo en progreso, pero por razones del trabajo, no había podido interiorizarlo ni revisarlo como debía, pero en fin, aquí esta y espero poder actualizar mas rápido esta vez.

Gracias a: aynaziz, Coeli Nara, Sango Nube, MikiLovesShikaTema, Yi Jie-san, Abril Elena, Shirae, Nabiki, Agrotera.69, dianapaulina2010 y winnyz por los review en el capitulo pasado. Y también a los nuevos favs y follows.

Si siguen alguna de mis otras historias, estoy trabajando en ellas y espero estar actualizando pronto.

Espero que les haya gustado este capítulo, ya que, el que viene, seguirá con la misma emotividad que este y como siempre, siéntanse libres de comentar.

Cuídense,

Bye!