Disclaimer: Ni los personajes ni el FanFic me pertenecen. Solo tengo crédito por la traducción y adaptación al español.
Ver las notas finales para dirigirse al fic original en inglés y al blog de la autora.
Traducción realizada con permiso de la misma.
MUSICA USADA:
(1)Programa libre de Yuuri: Vanessa Mae - Tango de Los Exilados
Recuerden que las canciones de los programas son una parte muy importante de la historia a medida que se avanza. La autora las ha buscado con mucha dedicación. Por eso les recuerdo escucharlas si así lo desean. Así tal cual está en el titulo aquí, así la encuentran en Youtube
En esta ocasión les sugiero que lean las notas finales hasta el último. Es importante :)
Capítulo 10: And The Best Reward
Durante el siguiente Grand Prix Final, Yuuri se encontró estando mucho más consiente de la presencia de Viktor de lo que nunca lo había estado.
Yuuri se percató que sus ojos ahora parecían seguir a Viktor a donde quiera que este fuera, exactamente del mismo modo en que el ruso parecía siempre estarlo observando a él, y ni siquiera lo hacía conscientemente. Desearía poder excusarse diciendo que solamente estaba observando a la competencia, pero sabía muy dentro de sí que eso no era cierto. De algún modo, Viktor parecía más magnético de lo usual. Siempre había sido capaz de atraer las miradas de todos en la habitación solo con estar presente, y Yuuri repentinamente estaba sorprendido de también formar parte de ese grupo. Simplemente había algo en Viktor. Algo que te hacía no querer apartar la mirada.
Por supuesto, eso no significaba nada en realidad, y Yuuri se encontraba tan determinado a derrotar a Viktor como siempre. De sus observaciones, Yuuri había notado que Viktor estaba patinando tan perfectamente como siempre, pero sabía que él podía hacerlo incluso mejor. Había trabajado tan duro para el Campeonato Mundial el año pasado, solo para que una lesión se lo arrebatara todo. Era cierto que había sido su culpa, pero eso no lo hacía menos doloroso. Yuuri estaba seguro que de haber competido en perfectas condiciones hubiera sido capaz de arrebatarle el oro a Viktor una vez más, por lo que estaba determinado a redimirse de aquella derrota.
Algo que incrementaba enormemente sus deseos y ansias de ganar, era el hecho de que por primera vez en años, Phichit había sido capaz de venir a verlo patinar. Su amigo también había competido en la Serie del Grand Prix, pero aunque había ganado el bronce en el Trophee de France orgullosamente, no había logrado puntuar lo suficientemente alto como para llegar a la final. Afortunadamente eso no parecía afectarlo, lo había hecho muy bien durante los "Cuatro Continentes" la temporada pasada, por lo que había demandado que le permitieran venir para poder ver a Yuuri competir en la final.
Celestino ya hace mucho tiempo que se había rendido en intentar separarlos durante la temporada de competencias, por lo que había permitido que Phichit viniera únicamente bajo el solemne juramento de que no distraería demasiado a Yuuri durante su práctica. Yuuri estaba definitivamente muy agradecido de tener a Phichit con él allí, pero entendía lo que su entrenador quería decir. Incluso después de haber logrado tanto, Yuuri aún no había ganado un solo título contra Viktor en el Grand Prix, y estaba desesperado por lograrlo. Celestino solo deseaba que sus estudiantes llegaran a explotar su máximo potencial, además sabía lo mucho que ganar ese título significaba para Yuuri.
Lo único malo de tener a Phichit a su lado durante la competencia, era la culpa que carcomía el estómago de Yuuri cada vez que recordaba que aún no le había dicho a Phichit lo que había pasado entre él y Viktor. Sabía que desde el inicio debió contarle todo a su amigo, pero por alguna razón no había podido hacerlo. Ellos lo compartían todo, esperanzas, sueños, miedos, incluso el apartamento en Detroit donde ambos vivían. Yuuri sabía que debió haberle contado a Phichit, que debía contarle a Phichit. Era solo que…no estaba muy seguro de cómo hacerlo.
Más que eso, en realidad no sabía que debería decir. Si se lo hubiera dicho a Phichit justo después del banquete que se dio al final del Campeonato mundial hace casi dos años, entonces hubiera sido más sencillo. Podía simplemente haberle explicado que había estado completamente intoxicado por el sabor de la victoria y que Viktor lo había desafiado tanto dentro como fuera del hielo. Que todo su enojo, frustración y la maldita atracción que sentía hacia el otro hombre, habían finalmente explotado. Podía explicarle que era algo mutuo, dos personas con muto odio y frustración finalmente desahogando sus emociones sobre el otro en un modo que, si bien era inesperado, no era tan difícil de comprender.
Pero a estas alturas ya no era tan simple.
La primera vez, todo había estado claro para Yuuri. Entendía exactamente lo que estaba sucediendo y entendía sus sentimientos a la perfección. Sin embargo, ahora ya no estaba tan seguro. Después de su derrota en el Grand Prix Final del año pasado, había buscado a Viktor de nuevo. Molesto, enojado y desesperado. Notando por primera vez lo mucho que deseaba a Viktor, lo mucho que anhelaba tener la atención del ruso puesta únicamente en él. Yuuri siempre había estado desesperado por probarse a sí mismo ante el mundo, lo había estado por muchos años. Un deseo que derivaba del desprecio proveniente del patinador ruso tantos años atrás, un deseo que solo se había acrecentado con cada derrota, con cada pérdida. Yuuri siempre supo que él en realidad no era nada especial, supo que había fallado en probar su propia valía y en capturar la atención de Viktor en el hielo tan pronto como había perdido la medalla de oro, pero había encontrado otra manera de mantener los ojos de Viktor sobre sí. Había tratado de recrear los sentimientos de su primera vez juntos porque, por una razón a la que no podía encontrar justificación ni siquiera para él mismo, quería la atención de Viktor. Quería que Viktor lo viera a él y solo a él. Liberar sus emociones para alejar los sentimientos de fracaso y derrota, y probar su valía delante del ruso en una manera que no había podido conseguir en el hielo.
Había sido un error, un error derivado de su estado emocional, pero uno que Yuuri no podía olvidar. Después de la segunda vez, ya no podía continuar diciendo que había sido un simple accidente, algo que ocurriría una sola vez, algo que en realidad no deseaba. Yuuri deseaba a Viktor, y se deleitaba en la sensación de saberse deseado por el ruso incluso si era solo por una fracción de segundo durante la oscuridad de la noche y tras puertas cerradas, antes de que ambos tuvieran que ser empujados de vuelta a la realidad.
Pero también estaba ese otro incidente. Eso que pasó después del choque, cuando la culpa de Viktor lo había llevado a comportarse amable con Yuuri por pura lástima. El odio que Yuuri sentía por Viktor siempre había estado tan claro como el agua, algo que podía entender fácilmente y usar a su favor. Pero Viktor había sido amable. Aún si había sido o no motivado por la culpa, sin importar la nula sinceridad en su acto o que fuera una simple fachada, Viktor aún había sido amable con él. Lo había hecho sonreír, reír, y compartir historias de su vida cotidiana. Para Yuuri, las cosas ya no estaban tan claras como antes.
Por lo que ahora, Yuuri no tenía idea de cómo contárselo a Phichit. No tenía idea de cómo explicarle el enredado desastre de emociones que ahora habitaban dentro de él. Aún odiaba a Viktor, por supuesto que lo hacía, aún quería derrotarlo a toda costa. Pero su traidor corazón palpitaba a un nuevo ritmo dentro de su pecho, uno que Yuuri no podía entender y mucho menos explicar, ni siquiera a su querido amigo.
Pero tendría que contarle todo a Phichit, sin importar lo duro que fuera para él hacerlo. Lo mínimo que su amigo merecía, era saber la verdad de lo que había pasado.
«Después de la competencia» se prometió a sí mismo. «Cuando no me encuentre tan estresado y pueda pensar claramente en lo que voy a decir. Después de la competencia. En ese momento se lo diré».
A pesar de sus sentimientos de culpa, el tener a Phichit allí ayudaba a calmar sus nervios inmensamente, y Phichit, después de tantos años de conocer a Yuuri, se mantenía a su lado sin cuestionarlo. Yuuri había protestado diciéndole que no tenía que sacrificar tanto de su tiempo para observar sus aburridas e infinitas prácticas, cuando Yuuri sabía lo mucho que Phichit amaba hacer turismo en cada nuevo país que visitaban, pero Phichit había insistido en que no le importaba y que prefería quedarse junto a él.
Cuando el día de la presentación del programa corto finalmente llegó, el saber que tendría tanto a Phichit como a Celestino apoyándolo desde las gradas, había reforzado la confianza de Yuuri diez veces más. Yuuri había flotado a través de su rutina, quedando una milésima de punto por debajo de su mejor marca personal para el deleite de la multitud y para alegría tanto de su amigo como de su entrenador, quienes estaban sentados en las gradas. Después de la victoria de ese día, todos fueron a comer para celebrar. Yuuri repentinamente recordó aquella fatídica competencia hace tantos años cuya situación había sido angustiosamente similar a la actual. Ganar en el programa corto, celebrar junto a Phichit y Celestino esa noche, para luego ser derrotado por un punto en el programa libre al día siguiente. De todas sus derrotas, esa se destacaba como particularmente dolorosa dentro de su mente, y tuvo que luchar por mantenerse calmado. La historia no se repetiría. Yuuri no permitiría que se repita.
Esa determinación lo acompañó durante toda la práctica al día siguiente, y la llevó consigo hasta la presentación final. Como normalmente sucedía, las dos presentaciones finales eran la suya y la de Viktor, siendo Yuuri el último en salir al hielo. Yuuri había observado el programa corto de Viktor el día anterior, y se había maravillado con la presentación del ruso, pero ahora no tenía tiempo para ver el programa libre del mismo. Esta vez, tuvo que dedicar su tiempo a realizar los ejercicios de calentamiento que Celestino le había impuesto, antes de por fin poder dirigirse a la pista para patinar por última vez.
Pudo escuchar un aplauso a través de las pesadas capas de concreto que lo separaban de las gradas, junto con el sonido de pies golpeando el piso y los gritos de la multitud que apoyaba a Viktor mientras hacía su rutina. Yuuri trató de no prestarles atención. El enfoque era esencial, por lo que tenía que enfocarse en él y nadie más.
Mantuvo ese enfoque aún a través de sus nervios constantemente en crecimiento, rehusándose a dejarlo ir aun cuando Celestino finalmente lo guio desde la tranquilidad de las áreas reservadas solo para patinadores, hasta el tumulto en la pista de patinaje.
Yuuri hizo su camino hasta la pista, tratando muy duro de no mirar a su alrededor. Sabía que mirar a la multitud y reconocer el estremecedor ruido que esta hacía, solo incrementaría sus nervios, así que trató de ignorarlos con todas sus fuerzas mientras se sacaba los protectores y entraba al hielo.
Este era su momento. Su dedicación, su determinación de probarse a sí mismo. Pondría todo de sí en su rutina, y sería recompensado con el brillante oro que parecía haber estado persiguiendo durante toda su vida.
Mientras la (1)música comenzaba, Yuuri permitió que todas esas emociones flotaran dentro de sí mismo y se plasmaran en sus movimientos. El sonido del violín llenaba el estadio a medida que el patinaba con una intención fija, cada uno de sus movimientos preciso. La música empezó lenta, pero pronto empezó a acelerarse. Un crescendo al que pronto se unió un tambor que sonaba como el latido de un corazón. La canción era mitad marcha y mitad baile, los agraciados movimientos mezclándose con la determinación y ferocidad de un soldado. Un desafío en forma de música, uno que Yuuri representaba perfectamente con su patinaje.
Podía haber perdido el año anterior, pero no dejaría que suceda de nuevo. Se probaría a sí mismo ante todos, reclamaría el oro y se pararía en la cima del podio una vez más. Había convertido ese sueño en una realidad una vez y podía -no- lograría hacerlo de nuevo.
Mientras las ultimas y frenéticas notas se cernían en el aire, Yuuri elevó sus manos, ejecutando una agraciada pirueta final para terminar descansando en el centro de la pista, la respiración pesada en su pecho y una sonrisa amenazando con expandirse por todo su rostro. Todo había estado perfecto. Él había estado perfecto. Solo tuvo un ligero tambaleo durante el aterrizaje de su quad toe loop, pero había sido un minúsculo error que no debía tener mayor significancia en su puntaje.
Celestino se encontraba parado a un lado de la pista, luciendo orgulloso, y Phichit estaba a su lado, brindándole a Yuuri unos entusiastas pulgares arriba. Por cortesía, Yuuri permaneció en el hielo por unos segundos más, reconociendo el clamor de la multitud y recogiendo unos cuantos muñecos de felpa y flores que habían sido lanzados hacia él. Pero dejó el hielo tan pronto como pudo para ser recibido por el abrazo y los golpes en la espalda de aquellos que lo esperaban junto a la pista.
Una vez que terminaron de felicitarlo, Celestino lo escoltó hasta el "kiss and cry", donde Yuuri sintió sus nervios regresando con renovada fuerza. De todas las cosas, esta era la parte que más odiaba, el momento donde lo único que podía hacer era esperar. Esperar a que los jueces decidieran su destino y no hubiera nada que él pudiera hacer para cambiarlo.
Se dio cuenta de que inconscientemente había empezado a mover su pierna en un gesto nervioso, así que trato de detenerla, consiente las cámaras y los miles de ojos puestos en encima de él. Nerviosismo, debilidad, ninguno de esos era algo que podía permitirse mostrar. No aquí.
La pantalla sobre su cabeza brillaba resplandecientemente, mostrando la tabla de posiciones con las puntuaciones actuales. El familiar nombre de Viktor se encontraba en el tope por supuesto, pero sin sus gafas, Yuuri no podía ver el puntaje que se encontraba junto a este. Al notar que observaba la pantalla con los ojos entrecerrados, Celestino se agachó para susurrarle los resultados. El corazón de Yuuri empezó a latir un poco más fuerte cuando escuchó el puntaje total de Viktor. Era alto. No invencible, pero bastante alto.
Una voz habló desde el alto parlante y la pantalla cambió la imagen de la tabla, por una gran imagen de su propio rostro, aún con sus ojos entrecerrados y mirando hacia donde habían estado los resultados. Perplejo, Yuuri miró a su alrededor. Había estado tan absorto en el puntaje del otro patinador, que se había perdido por completo lo que el presentador había dicho. La imagen de su propio rostro se dirigía hacia él desde la pantalla, pero los puntajes debajo se veían demasiado borrosos como para que fuera capaz de visualizarlos.
La multitud gritaba, pero Yuuri no sabía si lo hacían por su victoria o por su derrota. De repente, la pantalla volvió a cambiar y a mostrar la tabla de posiciones.
Incluso sin sus lentes, Yuuri pudo ver claramente el color de las banderas junto a los nombres de los patinadores. El blanco, azul y rojo de la bandera rusa ondeaba junto a donde de seguro se encontraba el nombre de Viktor, y arriba de esta se encontraba una en blanca y rojo que Yuuri conocía a la perfección. El blanco y rojo de la bandera de Japón ondeando siempre junto a su nombre.
El nombre de Yuuri estaba sobre el de Viktor en la tabla de posiciones.
Yuuri había ganado.
phichit+chu
5,648 likes
phichit+chu: Yuuri recibiendo su medalla de oro en el #GPF
Ver todos los 1,294 comentarios
Lilly_looper SEEEEEEEEEEEEEEEE TE LUCISTE YUURI ESTOY TAN ORGULLOSA
Hewhowanders Buen trabajo sacando a Nikiforov del podio!
RubyRed24 Lo hiciste fantástico! Todos apostábamos firmemente por ti 333
Luego de su victoria, Yuuri sentía que estaba flotando.
Después de tantos años, tanto trabajo, finalmente sus logros no podían ser negados. Había ganado el oro, había vencido a Viktor multitud de veces y en multitud de ocasiones. Finalmente había ganado un Grand Prix Final contra Viktor, el único logro del que aún carecía anteriormente. No había nadie que pudiera mirarlo ahora y decir que no se lo merecía. Que había sido pura suerte. Yuuri se lo había ganado y estaba orgulloso de ello.
A pesar de la felicidad que lo llenaba al haber ganado la medalla, para Yuuri el banquete aún se sintió tan tedioso e incómodo como siempre. Durante la primera mitad del mismo fue forzado a mantenerse cerca de Celestino, aceptando los cumplidos y elogios de los otros patinadores y de sus entrenadores, algunos de ellos siendo sinceros y otros no tanto, junto con la interminable charla con los aburridos miembros de la ISU y los maliciosos sponsors a quienes solo les importaba la medalla colgando alrededor de su cuello. A pesar de que Yuuri disfrutaba del sentimiento que el éxito le proporcionaba, todavía se sentía incómodo cuando las personas se le acercaban para elogiarlo por sus triunfos. Nunca estaba seguro de cómo debía responder a los cumplidos, y el tener una interminable fila de personas importantes con las que debía hablar, se tornaba bastante sobrecogedor al pasar el tiempo.
Phichit estaba allí también, Celestino le había conseguido un lugar en el evento. ¿Cómo? Eso Yuuri no lo sabía, y la verdad prefería mejor no preguntar. Era la primera vez de Phichit en el banquete, y su amigo se estaba deleitando con la experiencia. Phichit, a diferencia de Yuuri, no se encontraba encadenado a Celestino y siendo forzado a charlar de cosas sin sentido, por lo que pudo mezclarse fácilmente con los otros patinadores. Charlando, riendo e intercambiando divertidas historias.
Yuuri nunca le envidiaría nada a su amigo, ya que amaba ver a Phichit pasándosela tan bien, pero a veces se sentía un poco celoso de lo fácil que su amigo podía socializar con su entorno. Phichit hacía amistades sin ningún tipo de esfuerzo, todo lo contrario a Yuuri quien era más bien callado y encontraba difícil hablar con los otros patinadores fuera del hielo. Phichit nunca se quedaba sin un tema de conversación, mientras que Yuuri peleaba por encontrar uno. Su amigo era un ser muy sociable y abierto, Yuuri en cambio era mucho más privado con sus cosas, y aunque Yuuri amaba eso de él, a veces desearía que un poco de la personalidad tan extrovertida de su amigo se le hubiera pegado a él con los años. Eso lo hubiera ayudado a lidiar con situaciones como en la que se encontraba atrapado actualmente.
Eventualmente todo la situación se volvió demasiado molesta para Yuuri, por lo que se separó de Celestino murmurándole una disculpa y un rápido comentario acerca de ir a buscar algo de beber, necesitando salir a tomar un poco de aire. Luego de que por fin pudo librarse de aquellos que se acercaban a brindarle sus buenos deseos, Yuuri prácticamente voló al otro lado de la habitación hacia donde la mesa de bocadillos se encontraba, escondida en un rincón.
Al llegar, se percató de que había una sola persona parada junto a la mesa, y Yuuri se consideró afortunado por ello. Eso hasta que la figura se movió ligeramente y pudo distinguir el brillo plateado del cabello del hombre mientras las luces del lugar bailaban encima de él. Mierda…
Por un momento Yuuri consideró retirarse, pero se detuvo antes de que el pensamiento se apoderara de su conciencia por completo. Después de todo, muchas personas lo habían escuchado decir que iría por una bebida, y si regresaba con las manos vacías resultaría vergonzoso tanto para él como para Celestino, ya que delataría sus motivos para salir de allí como la mera excusa que eran. Además, no iba a permitir que la presencia de Viktor lo intimidara de ninguna manera. Si habían sido capaces de compartir una cena juntos de forma civilizada, entonces Yuuri no veía el por qué no podrían mantenerse interactuando a un nivel superficial por unos cuantos minutos mientras tomaban champan.
A pesar de lo antes dicho, Yuuri casi salió corriendo de allí antes de poder ser notado, pero una mirada sobre su hombro le mostró a Celestino hablando con uno de sus potenciales patrocinadores, un hombre grasiento cuya mirada siempre había incomodado a Yuuri. Desafortunadamente, Yuuri entendía la urgente necesidad de tener buen patrocinio, pero por mucho que lo intentara, ese hombre en particular no era uno con el cual desearía hablar por elección propia. Por lo que Yuuri se dio cuenta de que, sorprendentemente, prefería mil veces tener que quedarse e interactuar con Viktor. Esa parecía ser la mejor opción.
Decidiendo simplemente actuar lo más normalmente posible, Yuuri se dirigió a la mesa de bebidas, determinado a mantenerse imperturbable. Viktor se volteó al escuchar el sonido de pasos acercándose, un notablemente pre-ensayado saludo cayendo ya de sus labios antes de reconocer a Yuuri. Cuando lo hizo, cualquier falsa pretensión que podía haber ensayado para hablar con los oficiales del evento desapareció, siendo remplazada por una torcida pero genuina sonrisa.
— ¿Buscas algo de beber? —preguntó el ruso, señalando las copas de champaña que descansaban sobre la mesa.
Yuuri asintió y Viktor levantó una de las copas, entregándosela. Yuuri aceptó la copa con gratitud, necesitando que el frío líquido dispersara tanto el calor de la habitación como los nervios que siempre lo abrumaban durante los eventos oficiales, especialmente aquellos que requerían de una alta interacción social como lo eran los banquetes. Ignoró por completo las normas sociales que las personas normalmente aplicaban cuando tomaban champán, y en su lugar bebió el líquido entero en un rápido par de sorbos, dejando en la mesa la copa ahora vacía. Viktor parecía ligeramente impresionado ante la vista y se inclinó contra la mesa, encarando a Yuuri por completo con su perfil en dirección al resto de la habitación.
—Parece que realmente necesitabas eso —comentó, el mismo seco humor de sus palabras reflejado en su rostro.
—Ha sido un largo día —respondió Yuuri agresivamente, sonrojándose luego por la ola de culpa que lo cubrió entero al percatarse de lo que acababa de decir. Después de todo, acaba de derrotar Viktor. Quejarse acerca del largo día que había tenido con el hombre cuya medalla acaba de robar, le parecía algo insensible. Especialmente cuando Viktor parecía querer mantener las cosas de forma civilizada.
—Yo, ah, quise decir… —Yuuri tartamudeó, señalando vagamente a la multitud enfrente de ellos y deseando poder tener la habilidad de Phichit con las palabras.
En lugar de hacer algún comentario sobre lo que acaba decir, Viktor simplemente asintió en entendimiento, sus ojos pasando rápidamente alrededor de la habitación. Mientras el ruso estaba distraído, Yuuri agarró otra copa de champán de la mesa, dándole un rápido trago y tratando de no toser ante el picor de las burbujas que bajaban rápidamente por su garganta.
—Puede ser un poco sobrecogedor a veces —concordó Viktor casualmente. Yuuri lo observó, perplejo por sus palabras.
—Siempre pensé que amabas la atención de la prensa —soltó Yuuri inconscientemente. Desconcertado ante el hecho de que a veces, incluso el gran Viktor Nikiforov encontraba difícil lidiar con la fama.
Viktor le regresó la mirada con la confusión adornando sus ojos y Yuuri trató de encontrar las palabras correctas para justificar su declaración, esperando no verse demasiado avergonzado a pesar de que el sentimiento bullía en su interior debido a sus impulsivas palabras.
—Es solo que, ah, siempre parecías disfrutar de las entrevistas, los paparazzi y todo eso. Además siempre posteas en redes sociales y esas cosas. Por eso siempre pensé que te gustaba tener toda esa atención.
Viktor dejó salir una pequeña carcajada. —Sí, lo hago. La mayoría de las veces al menos. Podría vivir sin los paparazzi, sin embargo. Pero tienes razón, disfruto de interactuar con mis fans en redes sociales. Lo cual es algo que tú y yo no compartimos ya que nunca publicas nada.
La oración salió acompañada de una sonrisa juguetona y Yuuri se rio, un poco avergonzado de sí mismo, y sabiendo que lo que decía el ruso era muy cierto.
—Sí, lo sé. Mi amigo Phichit, el patinador tailandés, fue el que me creo todas las cuentas pero nunca las uso realmente. Él continúa intentando que lo haga pero, bueno, no es lo mío.
Viktor hizo un pequeño sonido de comprensión y dio otro pequeño sorbo a su copa. Yuuri lo observó, encontrándose extrañamente atrapado en la manera en que los músculos del otro patinador se movían, en como los tendones de su cuello se tensaban y se flexionaban mientras tragaba.
—Como tú mismo dijiste, me gusta la atención —continuó Viktor, aparentemente inconsciente del escrutinio de Yuuri—. He estado haciendo esto por tantos años que ya me acostumbré a estar bajo los reflectores. Además, complacer a la audiencia es lo que hacemos. No podría patinar si no disfrutara que la gente me observara.
Sus ojos se devolvieron hacia Yuuri y sus miradas se conectaron. Viktor aún tenía una pequeña sonrisa en su cara, pero su expresión era más seria y más abierta de lo que Yuuri estaba acostumbrado.
—Pero entiendo la necesidad de alejarse de todo aquello a veces. Especialmente aquí. Estos eventos, son todos iguales cada año. Las mismas personas, las mismas conversaciones, los mismos elogios vacíos. Después de tanto tiempo, nada ha cambiado.
Viktor lo observaba con detenimiento y Yuuri estuvo seguro de ver algo destellar en los ojos del ruso, pero desapareció al instante, no dándole tiempo para tratar de descubrir lo que era. Antes de que pudiera si quiera analizar lo que había visto, Viktor le sonrió de nuevo, cambiando el tono de su voz y sonando ahora mucho más ligero. —No te culpo por tratar de esconderte un rato.
Yuuri quiso protestar diciendo que no se estaba escondiendo exactamente, pero a la final eso era lo que realmente estaba haciendo, y no quería que Viktor lo tachara de mentiroso. En lugar de eso simplemente asintió con la cabeza, aceptando sus palabras. Era muy extraño escuchar a Viktor – La leyenda viviente del patinaje, amado por millones, La Joya de la Corona del Mundo del Patinaje– decir que la atención le desagradaba en algún sentido o forma. Yuuri siempre había asumido que el ruso se asoleaba con la victoria, por lo que de algún modo, el conocimiento de que Viktor a veces se sentía del modo que Yuuri lo hacía, repentinamente hizo que el pedestal donde Viktor siempre estaba parado se volviera mucho más alcanzable.
— ¿Y qué hay de ti Yuuri? —le preguntó el ruso, sacando a Yuuri repentinamente de sus pensamientos y causándole inseguridad al no saber exactamente que le había preguntado—. Siempre pareces disfrutar cuando ganas. ¿Por qué no estas allí disfrutando de tu premio?
Yuuri se tomó unos cuantos segundos para responder, parcialmente por la sorpresa de que Viktor se interesara lo suficiente como para hacer esa pregunta y parcialmente por que necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos, para plasmarlos en una oración vagamente coherente. Era cierto, el sí que amaba ganar. Amaba el sonido de la multitud clamando por él, amaba saber que había sido capaz de probarse a sí mismo ante el mundo una vez más. Pero a pesar de todo eso, la presión a veces amenazaba con aplastarlo, el pensamiento de las miles de expectativas puestas en él lo hacían desear ceder ante el peso de las mismas.
Yuuri siempre se encontraba teniendo problemas durante eventos como este porque nunca había sido una persona particularmente extrovertida. Podía aparentar confianza en el hielo donde la multitud estaba llena de rostros sin nombre, podía deleitarse en la sensación de éxito y valoración que venían con la victoria, pero lidiar con los elogios de las personas de forma individual era mucho más difícil. Al estar cara a cara con otra persona, no tenía nada detrás de lo que se pudiera ocultar, y estaba aterrorizado de que las personas pudieran notar lo torpe e inseguro que era en realidad.
—Nunca he sido… particularmente bueno con este tipo de situaciones —estableció finalmente, esperando que sus simples palabras fueran capaces de comunicar sus pensamientos lo suficientemente bien sin la necesidad de ahondar en ellos—. Afuera en el hielo tú puedes ser quien quieras ser. Todo es más fácil de sobrellevar. Aquí sin embargo, es mucho más difícil.
Se sonrojó por lo estúpidas e inmaduras que habían sonado sus palabras y tomó otro trago de champaña, esperando ser capaz de ocultar su vergüenza. Desafortunadamente, el gesto no sirvió de nada para mejorar su imagen, provocando que tosiera con fuerza al haber prácticamente absorbido el líquido con mucha prisa.
— ¿No muy fan del champán? —preguntó Viktor mientras lo observaba ahogarse, el tono juguetón en su voz había regresado. Cuando Yuuri volteó a verlo, notó como el ruso fallaba en su intento de mantener el rosto serio. Sus ojos llenos de alegría parecían resplandecer bajo las brillantes luces de la habitación y la esquina de su boca temblaba como si estuviera tratando de contener una sonrisa. A pesar de la vergüenza que sentía, Yuuri reconoció que la escena podía ser muy graciosa si se la veía desde afuera.
—No soy muy fan del alcohol en general —respondió Yuuri una vez que sus vías respiratorias estuvieron finalmente libres. Las cejas de Viktor se elevaron, su rostro cambiando a una expresión de pura sorpresa.
—Trato de no beber demasiado durante las competencias —añadió Yuuri, percatándose de que Viktor pudo tener una impresión errónea luego de haberlo visto tragar esa copa de champán como si fuera agua—. El licor y yo no nos llevamos bien. Tengo una alta tolerancia a la bebida, pero también tengo el mal hábito de hacer cosas vergonzosas cuando me emborracho. Tampoco es que me guste demasiado, así que usualmente trato de evitarlo.
— ¿Ah sí? — preguntó Viktor, luciendo divertido ante lo que escuchaba. Yuuri tuvo que pelear contra el sonrojo que subía por su rostro, algunas de las memorias de sus primeros días en la Universidad corriendo por su mente. Afortunadamente, Phichit había accedido a eliminar las fotos. Pero estaba seguro de que si alguno de los momentos más vergonzosos de su vida se hicieran públicos, tendría que abandonar el patinaje artístico e irse a vivir como un ermitaño a la montaña por el resto de su vida para así evitar la humillación.
—Sí, no es, ah, para nada algo bonito —terminó fríamente, rezando por haber tenido éxito en mantener su rostro relativamente natural. Viktor lucía como si estuviera tratando de retener una carcajada y el poco colaborador cerebro de Yuuri registró lo bien que se le veía esa expresión. La forma en que los ojos de Viktor brillaban y la placentera curvatura de su sonrisa.
Yuuri se preguntó brevemente por qué estaba siendo tan abierto con Viktor, por qué las palabras parecían salir de forma tan sencilla y natural. Debería haber mantenido la guardia arriba, debería haber mantenido esa conversación corta y meramente profesional. En el pasado, todas las veces que había hablado con Viktor habían terminado con el ruso insultándolo, usando palabras para destruirlo, y Yuuri nunca lo había perdonado por ello. Pero por alguna razón, Yuuri no se sentía al borde, no se encontraba a la defensiva como siempre lo había estaba cuando Viktor se encontraba a su alrededor. Yuuri se dio cuenta que, tal como la noche en la que habían platicado mientras cenaban, irracionalmente y en contra de lo que sus sentidos le gritaban, estaba disfrutando de charlar con Viktor. Estaba disfrutando la compañía del hombre que había jurado odiar, y aunque no entendía la razón de ello, tampoco podía negarlo.
Uno de los miembros de la ISU que pasaba junto a la mesa les envió una breve mirada, como si se preguntara por qué los medallistas de plata y oro se estaban escondiendo en la esquina de la habitación, en lugar de mezclarse con la multitud como se esperaba que hicieran. Por la mirada en el rostro de Viktor pudo notar que él también había captado al miembro de la ISU, por lo que se volteó hacia Yuuri, abandonando la risa por completo.
—Deberías volver a la fiesta —comentó, y la sola idea hizo que el estómago de Yuuri se apretara en descontento—. Después de todo, eres el ganador del Grand Prix Final, por segunda ocasión. Estoy seguro que tienes mucho que celebrar. Gente con quien hablar. Felices recuerdos que revivir.
La declaración sorprendió a Yuuri, pero le tomó un segundo entero descubrir el por qué. Viktor lo había llamado dos veces ganador del Grand Prix, algo que Yuuri nunca había escuchado antes. Aunque técnicamente era cierto, ya estaba tan acostumbrado a que las personas despreciaran su primera victoria y la trataran como default debido a la ausencia de Viktor durante la competencia, que ahora tener a alguien reconociéndola como tal le resultaba extraño.
Algo cálido lo llenó por dentro ante esas palabras. No eran un elogio, lógicamente él sabía eso. Viktor solo estaba estableciendo un hecho, pero Yuuri reaccionó ante ello de todas formas.
Yuuri no quería regresar al banquete. Las palabras de Viktor eran una notoria despedida, estaba claramente aburrido de hablar con Yuuri y quería que este se marchara. Pero Yuuri se percató de que no quería irse.
Viktor aún lo observaba y Yuuri se sintió repentinamente atrapado por esa mirada, incapaz de moverse. Incapaz de hacerlo o deseando no hacerlo. Viktor podría no querer continuar ablando con él, pero con los años Yuuri había aprendido que habían dos maneras seguras para capturar la atención de Viktor por completo, incluso si era solo por un corto periodo de tiempo. Una de ellas era ganar la medalla de oro, derrotar a Viktor en el hielo, demostrándole su valía y probándole que era un digno oponente. La otra…
—Las personas no notarán si desaparezco por un rato más —Empezó hablando, no muy seguro de a donde quería llegar con esas palabras pero dejándolas salir de sus labios de todas formas. El comentario que hizo Viktor acerca de revivir felices memorias había traído de vuelta los vívidos recuerdos del banquete de años anteriores. Yuuri había ganado la medalla de oro, tal como ahora, y Viktor finalmente lo había notado por ello. Aún recordaba esa noche con perfecta claridad. La sensación de la mano de Viktor en su cintura mientras bailaban, los labios del ruso sobre su boca mientras se besaban, la sensación de sus pieles rozándose, la pasión y todas las cosas que Yuuri podía de decir que no había querido pero que en realidad sí quería—. Pero tienes razón. Sí hay algunos recuerdos que me gustaría revivir.
Yuuri esperaba que la insinuación en su tono de voz fuera suficiente, que Viktor pudiera captar lo que estaba tratando de decir sin palabras. Pero si no lo hacía y Yuuri tenía que decir las palabras de forma explícita y en voz alta, entonces no se creía capaz de reunir el coraje para hacerlo. Esta situación, la cuidadosa danza alrededor del otro, el ambiente lleno de palabras y frases sin decir, definitivamente no era algo a lo que Yuuri estuviera acostumbrado. Estaba actuando meramente por instinto y con la esperanza de que funcionara. Rezando porque su ingenuidad no se notara. Yuuri no conocía las reglas de este juego, no en la forma que Viktor sí las conocía.
Afortunadamente, Viktor pareció captar el significado de sus palabras en forma inmediata porque sus ojos se ampliaron ligeramente, sus pupilas dilatándose bajo la suave luz de la habitación. Observó a Yuuri, su mirada buscando dentro de los ojos del muchacho, y segundos después pareció haber encontrado lo que necesitaba.
Viktor cerró sus ojos brevemente, aspirando un poco de aire y exhalando temblorosamente. Su rostro ligeramente contorsionado, sus cejas fruncidas como si estuviera sospesando algo rápidamente. El reflejo de sus pensamientos cruzando por su rostro demasiado rápidamente como para que Yuuri pudiera captar algo. Finalmente, ya habiendo claramente tomado una decisión, abrió sus ojos, mirando a Yuuri con una ilegible expresión en su rostro.
Yuuri se preguntó por un minuto si Viktor acaso iba a negarse. Pensando que tal vez había malinterpretado la situación, Yuuri se preparó para disculparse con el ruso, para escabullirse avergonzado y no volver a topar el tema jamás. Pero las palabras de Viktor lo detuvieron.
—Si eso es lo que deseas —le dijo, el corazón de Yuuri saltó un poco ante el tono de voz en sus palabras, la forma en que la voz de Viktor había salido, profunda e invitante—. Entonces estaré feliz hacer lo que te plazca.
Esta vez, no se detuvieron en el corredor.
En aquel fatídico banquete durante el Campeonato Mundial hace ya casi dos años, ellos habían permanecido en aquel espacio vacío más allá del salón por un buen rato, exponiéndose a que cualquiera pudiera encontrarlos. Yuuri no podía pensar en nada peor que ser descubierto, por lo que abandonaron la concurrida habitación, escabulléndose silenciosamente para no se notados y mirando a su alrededor para encontrar un lugar a donde ir.
No podían volver a su habitación. Estaba compartiendo cuarto con Phichit y simplemente no podía arriesgarse a que el muchacho subiera y los encontrara en pleno acto. Aún estaba tratando de contarle todo Phichit, pero definitivamente esa no era la manera en la que quería que se enterara. Fuera de eso, también le parecía grosero y presuntuoso pedirle a Viktor ir a su propia habitación, por lo que Yuuri estaba ahora demasiado nervioso. Había sido él quien había sugerido esto, Viktor solo lo estaba siguiendo, lo cual significaba que la responsabilidad caía sobre él.
Yuuri sabía que hacer esto era una pésima idea, tal como lo había sabido todas las anteriores veces que estuvieron juntos, pero de todas maneras ese conocimiento no había podido detenerlo. A pesar de todo, Yuuri atesoraba secretamente los recuerdos de la primera vez que había sucedido, tan similar y a la vez tan diferente de cómo estaba pasando ahora. La desesperación, la pasión, el sentimiento de poseer y ser poseído en alma, mente y cuerpo, incluso si era solo por unas pocas horas. Revivir el sentimiento de ser deseado y necesitado tanto como él mismo deseaba y necesitaba al otro hombre, aunque fuera solo por un breve momento.
Viktor era como una flama resplandeciente de la que Yuuri no podía mantenerse lejos, tal como una polilla a la luz. Continuaría regresando a él, una y otra vez para deleitarse con su resplandor hasta que este lo abrasara por completo.
Yuuri vislumbró una puerta ornamentada en un hueco del pasillo, casi oculto a la vista. Los familiares símbolos se encontraban tallados en una placa en el centro y Yuuri finalmente supo lo que debía hacer. Era mejor que en el corredor al menos.
Se deslizó por la puerta y la mantuvo abierta para permitir que Viktor lo siguiera dentro, cerrándola rápidamente luego y colocando el seguro a la entrada, el cual sonó con un clic.
El baño en el que se encontraban tenía mucha clase y era muy elegante, tal como se esperaba de los baños de aquellos hoteles tan costosos. El piso y las encimaras eran completamente de mármol y las paredes estaban adornadas de bellas pinturas que seguro podían haber encontrado un mejor lugar para ser colocadas, que un baño. Yuuri estuvo observando la habitación unos cuantos segundos, permitiendo que los superficiales pensamientos invadieran su mente para tratar de calmar su acelerado corazón.
Invitar a Viktor a este lugar había sido un movimiento audaz, y estaba sorprendido con sigo mismo por siquiera intentarlo. De algún modo se las había arreglado para mantener aquella fachada de confianza que había perfeccionado en la pista de hielo para llegar aquí, pero ahora ya no podía continuar manteniendo el acto. Nunca podía, no cuando solo eran ellos dos con nada más que aire y palabras no dichas en medio de ellos. Ahora había vuelto a ser simplemente Yuuri, el Yuuri corriente y ordinario que esperaba poder mantener la atención de Viktor por el tiempo que el ruso quisiera permitírselo.
Eso lo ponía nervioso e inseguro de sí mismo, pero todos sus miedos se disiparon cuando sintió la mano de Viktor acunando su rostro y usando su dedo pulgar para gentilmente alejar los mechones oscuros que caían encima de sus ojos. Esto era familiar. Esto era lo que conocía, lo que entendía, lo que amaba.
Alentado por el gesto, Yuuri se elevó para alcanzar los labios de Viktor y atraparlos en un beso, sorprendiéndose a sí mismo por lo gentil del acto. A pesar del deseo que lo carcomía, el beso carecía un poco de aquella demandante pasión a la que se había acostumbrado. En su lugar, había seguido la guía de Viktor y mantenido el movimiento suave y gentil, dejando que el ruso le correspondiera con los mismos suaves toques.
La última vez que habían hecho esto, Yuuri había estado enojado, desesperado por recuperar un poco del control que había perdido. Frenético, necesitado y agresivo. Pero esta vez no sentía nada de aquello. Ahora no había enojo, no había una pelea por recuperar el control. Todo lo que existía era su deseo por tocar a Viktor, por tenerlo en la misma manera que había extrañado por tanto tiempo.
Viktor se rio un poco sobre sus labios, alejándose ligeramente para observar a Yuuri a los ojos, una de sus manos aún acunando su rostro.
—Katsuki Yuuri —. Dijo, voz llena de una suavidad que se mezclaba con poco de diversión, a pesar de que también había cierta tristeza en su tono la cual confundía a Yuuri. —No eres para nada lo que había esperado.
«Soy mejor de lo que jamás creíste que podía ser» Pensó Yuuri, el antiguo mantra regresando a su mente sin invitación «Todos estos años siempre pensaste que no era nada, ahora mira en lo que me he convertido».
—Y tú eres exactamente como que siempre pensé que eras —. Respondió Yuuri, todavía ligeramente descolocado por el tono en la voz de Viktor. Después de que el ruso le recordara todos aquellos fatídicos encuentros hace tantos años, los cuales lo habían convertido en quien era ahora, la respuesta salió automáticamente de su boca, pero algo acerca de aquellas palabras se sentía falso en medio del aire que los separaba.
— ¿Y cómo pensabas que era? — Preguntó Viktor, toda la diversión anterior en su voz completamente olvidada, siendo remplazada por una seriedad y curiosidad genuina.
Vacilando sobre sus palabras, Yuuri no podía lograr que estas salieran de su boca. Solía estar muy seguro de entender a Viktor por completo, sabía perfectamente el tipo de hombre que este era. Durante muchos años estuvo meditando las palabras que le diría, el cómo le recordaría a Viktor la crueldad con la que le había hablado y como Yuuri lo había derrotado una y otra vez para probarle que estaba en error. Pero de alguna manera esas palabras ya no sonaban adecuadas.
Viktor no había sido nada más que amable con él durante el banquete, tuvieron una conversación casual como si fueran un par de amigos en lugar de los rivales que eran en realidad. También estaba el hecho de que cuando Yuuri se había lesionado, el ruso había parecido genuinamente preocupado. Y cuando se sentaron juntos en aquel elegante restaurant, platicando como nunca pensó que podrían hacerlo, Viktor lo había hecho reír. Realmente lo había hecho reír, en una forma que nunca espero ni creyó posible.
Y ahora, Viktor se encontraba acariciando el rostro de Yuuri muy gentilmente, y el muchacho no se sentía capaz de soltar las palabras que seguramente arruinarían el momento, que salpicarían cual veneno dentro de la conversación. No aquí, no cuando por primera vez habían pasado la noche sin que Viktor dijera algo que provocara que Yuuri elevara sus defensas, no cuando Yuuri nunca había hecho nada por atravesar las de Viktor. Ahora se sentía en paz, una paz muy frágil pero paz al fin y al cabo. Y por primera vez en su vida, Yuuri no quería que esta fuera rota.
Estaba acostumbrado a la certeza de que Viktor era exactamente el tipo de hombre que él había esperado. Pero repentinamente, ya no estaba tan seguro.
Los pensamientos lo confundían, sacándolo de balance. Viktor aún se encontraba observándolo, esperando por una respuesta, y Yuuri se percató de que no tenía idea de que decir. En un momento de incertidumbre decidió que era mejor reiniciar el beso, esperando que la familiar actividad los distrajera tanto a él como a Viktor de aquella pregunta que permanecía sin ser respondida.
Besando se sentía a salvo. El besar a Viktor era algo que podía entender. Pero el beso aún era demasiado dulce y gentil, y no le ayudaba para nada a comprender a maraña de sentimientos que se enredaban dentro de él.
En lugar de pensar demasiado en ello optó por profundizar el beso, tratando de empujarse hacia un territorio más familiar. Las veces anteriores habían estado llenas de pasión, desesperación, y una ardiente rabia. Esos sentimientos eran algo que Yuuri podía comprender, a diferencia de las nuevas emociones que habían penetrado dentro de sí sin que él pudiera saber cómo o por qué.
Viktor soltó un ligero sonido de frustración contra su boca, pero igual le correspondió el beso, devolviéndoselo de la misma demandante manera. Gradualmente el ruso se derritió ante la sensación, sus manos deslizándose del rostro de Yuuri para enredarlas en su cabello.
Queriendo acelerar el encuentro para así poder distraerse de la anterior confusión, Yuuri deslizó sus manos bajo la camisa de Viktor, de la misma forma en que el ruso había hecho con él no hace mucho, y mordió su labio inferior arrancando de la boca del ruso aquel ruidito de placer que recordaba tan bien. Era un movimiento que ya había usado antes, el día que habían dormido juntos por primera vez después del banquete, y recordaba perfectamente la forma en que Viktor había reaccionado, el desesperado y necesitado sonido que había hecho y como había respondido con una pasión que rivalizaba con la del propio Yuuri.
Por supuesto, la reacción de Viktor no se hizo esperar. Jadeó sobre la boca de Yuuri y la mano que tenía dentro del cabello del muchacho se apretó, casi torciendo su cabeza hacia atrás de forma inconsciente. Viktor lamió el interior de su boca y sus besos se tornaron repentinamente duros y agresivos, Yuuri se sintió relajar ante la sensación. Este era un territorio mucho más familiar. Esta era una situación que él podía entender. Era más fácil enfocarse en la pasión y la necesidad de su cuerpo, que en los traidores pensamientos que lo habían acechado tan profundamente hace unos momentos.
Yuuri deslizó sus manos a través de la suave piel en la cintura de Viktor, y el ruso le devolvió el toque, sus manos cubriendo toda la extensión de la piel del muchacho más joven como si fuera un hombre hambriento que come por primera vez. Yuuri los apretó más cerca del otro y volteó sus cuerpos de modo que ahora él le daba la espalda a la encimera de mármol que cruzaba por la pared, con Viktor presionándose contra él, casi inclinado sobre Yuuri.
Durante su último encuentro, Yuuri había estado desesperado por mantener el control, por recuperar el poder que había perdido junto con la medalla. Pero esta vez era diferente. Durante la primera noche que tuvieron juntos había permitido que fuera el ruso quien tomara la batuta, había permitido que el otro hombre lo despedazara pieza por pieza y caricia por caricia, deleitándose en ello. Secretamente había amado la sensación de Viktor encima de él, rodeándolo, presionándolo contra la cama y observándolo con aquellos brillantes y abrasadores ojos.
Se encontraba siendo apoyado contra la encimera con Viktor cerniéndose sobre de él, una de las manos del ruso apretada contra su cabello y la otra recorriendo su piel expuesta, trayendo devuelta recuerdos de aquella noche y Yuuri se derritió ante ello, la satisfacción mezclada con su deseo.
Viktor era el único que podía provocarle esas sensaciones. Lo había sido desde aquel fatídico encuentro en el banquete hace ya algún tiempo. Yuuri nunca había tocado a nadie más ni tampoco había permitido que nadie más lo tocara, no de esa manera. Ni siquiera había besado a nadie más, porque a pesar de que amaba lo carnal del acto, la mayor parte de su deseo nacía porque era Viktor con quien estaba, porque era Viktor quien lo tocaba. Viktor, cuya atención poseía por completo aunque fuera por una breve fracción de tiempo que era en realidad mucho más de lo que nunca podría haber esperado.
Con su espalda presionada contra la baja superficie de mármol, Yuuri se percató que estaba siendo prácticamente acostado debido a la presión que ejercían los besos del ruso, siendo las manos de Viktor en su cabello lo único que lo mantenían erguido. Durante un tiempo, Viktor pareció contento con la posición en la que estaba, pero eventualmente empezó a frustrarse por la falta de contacto que esta le brindaba. Sus manos, que habían estado trazándose ardientemente a través de la piel de Yuuri, se apretaron repentinamente. Yuuri dejó salir un pequeño jadeo al ser levantado y puesto sobre la baja superficie. La fuerza escondida en los brazos de Viktor levantándolo como si él no pesara nada, y sentándolo sobre la lisa superficie, de modo que ahora la diferencia de altura estaba mejor nivelada.
La parte más racional de Yuuri se sentía ligeramente insultada al ver que Viktor podía levantarlo con tanta facilidad, pero la parte más profunda y animal de su mente se deleitaba en la sensación. Debido al cambio de posición, ahora se encontraran casi al mismo nivel y mirándose directamente a los ojos, por lo que Yuuri pudo ver claramente el deseo que brillaba en la iris del ruso, algo que seguramente se reflejaba en las suyas propias. Por un segundo, Yuuri se preguntó cómo era posible que aquellos ojos normalmente tan fríos estuvieran ahora impregnados de aquel abrasador calor. Viktor era normalmente como una escultura de hielo sobre la pista, perfecta e intocable. Pero aquí era diferente. Aquí Viktor se ponía al nivel de Yuuri, volviéndose desesperado, apasionado y humano. Convirtiéndose en algo que Yuuri no sabía que necesita hasta que lo había poseído, y ahora no quería tener que dejarlo ir nunca.
Con el deseo de tener al ruso presionado aún más contra su cuerpo, Yuuri engancho ambas piernas detrás de su espalda, atrayéndolo más hacia sí. Viktor lo complació, presionándose lo más cerca posible hasta que ambos quedaron completamente pegados el uno al otro. Viktor acunado entre las piernas de Yuuri. Yuuri sentado y envuelto alrededor del ruso, su espalda presionando la fría superficie debajo de él. Ya después se percató de que aquello contra lo que estaba apoyado era en realidad un espejo, un elegante espejo con borde dorado el cual se extendía por toda la encimera sobre la cual estaba sentado. Al tener la espalda pegada al espejo, Yuuri no podía ver nada, pero estaba seguro de que Viktor podía observar su propio rostro regresándole la mirada.
Distraídamente, Yuuri se preguntó si tal vez Viktor disfrutaba de verse a sí mismo en aquella posición. El ruso era despampanante, una visión mucho más interesante que el mismo Yuuri, por lo cual Yuuri no podría culparlo si ese fuera el caso. Él también amaba observar a Viktor después de todo.
Viktor rompió el beso para presionar sus labios a lo largo de la mandíbula de Yuuri, moviéndose ligeramente de su anterior posición. Yuuri podía sentir como empezaba a enrojecer al tiempo que se retorcía ligeramente sobre donde estaba sentado, tirando su cabeza hacia atrás para darle a Viktor un mejor acceso para mover sus labios.
En lugar de continuar el camino de besos por toda la extensión del cuello de Yuuri como este esperaba que hiciera, Viktor se alejó, rompiendo el contacto. Yuuri gimoteó un poco ante la pérdida pero Viktor solo se alejó más, apartando sus rostros de tal modo que ahora se encontraban más lejos de lo que habían estado desde que el encuentro había comenzado.
Yuuri sintió un dolor en su pecho ante la pérdida de contacto pero permaneció quieto, no queriendo presionar a Viktor a hacer algo con lo que no estaba cómodo. Un parte de él aún sentía fuertes punzadas de culpa al recordar la forma en que había acosado a Viktor la última vez, el cómo le había negado al ruso cualquier oportunidad de hablar. Viktor de todos modos había dado su consentimiento en ese momento, pero si ahora quería parar entonces Yuuri no trataría de detenerlo. Se sentiría triste por la pérdida de este momento junto al ruso, pero no era tan egoísta como para forzar a Viktor a quedarse.
—Tú… ¿te quieres ir? —le preguntó, su voz sonando ronca por los besos y tropezando ligeramente con sus palabras. Yuuri siempre había sabido que simplemente era uno entre muchos otros para Viktor, que su tiempo juntos estaba limitado a pequeños momentos y que algún día estos tendrían que acabar, de una forma u otra. Era solo que tenía la esperanza de que ese día no fuese hoy, ni aquí, ni ahora. Ser capaz de capturar la atención de Viktor tal vez podía ser algo efímero, pero lo atesoraría mientras lo tuviera y lamentaría su pérdida cuando el momento llegara.
—No —exhaló Viktor, sus oscuros ojos pareciendo fijar a Yuuri en su lugar, congelando el aire en sus pulmones—. Pero el hotel estaba copado y Yakov tuvo que quedarse conmigo forzosamente. No podemos volver a mi habitación.
Su mirada se tornó interrogante y Yuuri se percató de qué era lo que le estaba preguntando.
—Oh. Ah, la mía también. Digo, ocupada también —Yuuri se maldijo internamente por lo poco coherente que se volvía siempre que Viktor lo observaba, pero su molestia parecía infundada ya que Viktor pareció entenderlo perfectamente. El ruso frunció el ceño ligeramente ante la declaración y Yuuri sintió la decepción pasar a través de todo su cuerpo.
Era culpa suya por haber empezado todo esto, por no ser capaz de mantener la distancia. Debería haber meditado mejor sus actos antes de continuar. Ya que así como antes no había tenido la intención de que esto pasara, tampoco había venido preparado y estaba seguro de que Viktor tampoco. A menos que tuviera por costumbre llevar condones en los bolsillos de su pantalón.
Probablemente era lo mejor, se dijo a sí mismo, tratando de alejar la creciente decepción en su pecho. Después de todo, él había sabido que esto era una pésima idea incluso antes de haber empezado, y esta tal vez era la forma en la que el universo le estaba impidiendo cometer otro estúpido e imprudente error.
Evadiendo la mirada de Viktor, Yuuri procedió a bajarse de la encimera y a marcharse con la mayor dignidad posible. Pero la mano de Viktor sobre su brazo lo detuvo.
—Hay otras cosas…que podemos hacer. Si tú quieres —. Dijo Viktor, con un tono de interrogación en su voz al que Yuuri no pudo evitar responder.
—Sí —. Respondió instintivamente, y solo fue después de que esas palabras dejaron sus labios, que Yuuri se percató de que se había condenado a sí mismo una vez más. Después de haber recibido la señal divina de marcharse, de que no debía ir más lejos, él había decido continuar de todas formas. No había nadie más a quien pudiera culpar de ello, ni a Viktor, ni al destino, ni a la suerte. Solamente a él. Yuuri había efectuado su elección. Había escogido a Viktor y a las consecuencias que venían con ello.
Viktor se inclinó devuelta en forma dudosa, cerniéndose en el punto medio que había entre ellos y esperando a que Yuuri diera el paso final para unirlos nuevamente. Elevándose ligeramente, Yuuri presionó sus labios en un beso, alejándose momentáneamente y permitiéndole a Viktor tomar el control de sus movimientos. Yuuri no tenía ningún tipo de conocimiento en la material más allá de sus encuentros previos con el ruso, por lo que estaba feliz de dejar que Viktor tomara la batuta en este momento.
Unas gentiles manos encontraron el cierre de sus pantalones y Viktor se alejó para observarlo, preguntando con la mirada.
— ¿Está bien esto? — Le preguntó el ruso y Yuuri asintió, no teniendo la confianza para hablar en ese momento.
Las manos de Viktor trabajaron rápidamente sobre sus pantalones y pronto se encontraron bajando la tela, la fría piel entrando en contacto con una más cálida. Yuuri jadeó un poco ante la sensación y Viktor lo silenció con otro beso, tirando levemente del labio inferior de Yuuri con sus dientes y transformando el pequeño jadeo anterior en un gemido placentero.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Viktor lo había tocado, y por un segundo, Yuuri se preguntó cómo había sido capaz de vivir sin ello. Las manos de Viktor sabían exactamente en donde empujar, donde tocar, la presión y calor exactos para tener a Yuuri jadeando por aire en cuestión de minutos.
No queriendo que Viktor lo tocara tan expertamente mientras él no hacía nada a cambio, Yuuri buscó a tientas el cierre de los pantalones del ruso, introduciendo su mano en la tela para alcanzar el miembro del otro patinador. Para su sorpresa, Viktor ya estaba casi completamente duro a pesar de que Yuuri a penas y lo había tocado. De un momento a otro, Viktor torció su mano en un movimiento que tuvo a Yuuri gimiendo de nuevo y haciendo que perdiera por completo el hilo anterior de sus pensamientos.
Yuuri estaba sonrojado, jadeando, y tan perdido en su propio placer que no sabía si sería capaz de volver a componerse por completo. Viktor se alejó ligeramente de él, rompiendo el beso para observarlo, nunca cesando el movimiento de su mano. Yuuri le devolvió la mirada, tratando de enfocar sus ojos en el rostro de Viktor e ignorando el placer que amenazaba con ahogar todos sus sentidos.
—Eres tan hermoso —le susurró Viktor, sus palabras sonando silenciosas e íntimas aún con el eco de la habitación —. Hermoso cuando patinas, hermoso de este modo. Yo… —su voz se apagó, como si no pudiera encontrar las palabras.
Yuuri sabía que sus palabras solo eran un elogio vacío, dichas en el calor del momento, pero aun así no pudo evitar que una sensación de calidez se expandiera por su pecho al escucharlas. Yuuri era realista y sabía que no tenía nada especial. Su apariencia era simple y aburrida, todo lo que Viktor no era. Viktor probablemente le decía cosas similares a todas las personas que trataba de encantar. Pero en este momento, Yuuri podía permitir que esas palabras lo sedujeran, que el elogio pasara a través de su cuerpo y lo hiciera sentir querido, deseado y especial en un modo que nadie más podía hacerlo.
Pero las palabras no significaban nada, y Yuuri tenía que recordar eso. De otro modo estaría perdido.
Yuuri volvió a capturar los labios del ruso en un beso, no queriendo darle la oportunidad de decir una palabra más, presionando todo su deseo y necesidad contra la tierna piel de sus labios. Al mismo tiempo, Yuuri empezó a mover su propia mano, un torpe e inexperto movimiento que tuvo a Viktor gimiendo ligeramente sobre su boca. Animado, Yuuri realizó otro movimiento con su mano, tratando de llevar el mismo ritmo que Viktor y determinado a no romper el beso que los unía.
A pesar de haber intentado impedirlo, Yuuri terminó primero. Jadeando y estremeciéndose a la vez que soltaba su liberación sobre las manos de Viktor, dejando que la sensación se apoderara de él. Después de unos cuantos felices segundos, Yuuri se percató de que Viktor aún se encontraba duro dentro de su mano ahora inmóvil, por lo que procedió a moverla de nuevo. No le tomó demasiado tiempo a Viktor alcanzar su propia liberación. Apoyando una de sus manos sobre el espejo detrás de Yuuri e inclinando su cabeza hacia adelante mientras Yuuri lo guiaba a través de su orgasmo.
Viktor aún se encontraba siendo acunado por las piernas de Yuuri, su otra mano se aferraba casi dolorosamente a la cadera del muchacho. Ambos respiraban a la misma velocidad y los fuertes jadeos fueron poco a poco regresando a la normalidad. Yuuri se percató de que no tenía deseo alguno de moverse. De que no quería marcharse.
Pero tenía que.
—Tenemos que irnos —susurró, y Viktor alzó su cabeza repentinamente, su expresión cambiando en un instante.
—Necesitamos regresar al banquete —aclaró Yuuri, esperando que Viktor entendiera lo que estaba tratando de decir ya que no se sentía particularmente coherente en ese momento—. Nos fuimos demasiado temprano. Las personas realmente van a empezar a notar nuestra ausencia si nos quedamos más tiempo.
Viktor no habló. En su lugar simplemente se alejó, dándole a Yuuri el espacio que necesitaba para bajarse de la encimera y pararse de nuevo sobre el frío suelo de mármol. Las piernas de Yuuri se encontraban ligeramente temblorosas, rezaba porque su rostro no se viera notoriamente sonrojado y que nadie notara el cambio en su apariencia. Usó el papel de baño en el dispensador para limpiarse lo más rápido que pudo y desde la esquina de sus ojos pudo ver a Viktor haciendo lo mismo. Escabullirse durante el banquete para tener sexo con su rival, probablemente encabezaba la lista de las cosas más estúpidas e irresponsables que había hecho en la vida, y Yuuri sabía que si Celestino se enteraba entonces no volvería a ver la luz del día. Al banquete asistían mucha prensa y personas muy importantes, sería completamente desastroso si alguno de ellos siquiera sospechaba lo que estaba pasando entre él y Viktor. Sería casi imposible explicar por qué dos enemigos jurados dormían juntos. La prensa tendría un día de campo con la noticia y no era algo con lo que Yuuri estuviera dispuesto a lidiar. Lo que sucedía entre él y Viktor debía quedarse justo donde estaba ahora, confinado a rincones oscuros y habitaciones cerradas donde nadie, excepto ellos, sabía lo que pasaba.
Una vez que ambos estuvieron razonablemente presentables, Yuuri se volteó para irse, pero fue detenido por un ligero toque sobre su hombro.
—Tu… ah… tu cabello—dijo Viktor, señalando vagamente la cabeza de Yuuri. Ante la confusa expresión en el rostro del muchacho más joven, Viktor levantó una de sus manos lentamente y de forma gentil la pasó por el cabello de Yuuri, tratando de aplastar el desastre que seguramente era este. Ese simple toque provocó que Yuuri se sonrojara furiosamente, lo cual era ridículo considerando que hace nada habían estado compartiendo toques mucho más íntimos. Pero de algún modo, ese gesto se sentía mucho más personal que nada de lo que habían hecho hasta ahora, y a Yuuri le afecto más de lo que nunca sería capaz de admitir, ni siquiera para sí mismo.
—Tu…ah…probablemente deberías esperar unos cuantos minutos antes de seguirme de regreso —soltó tartamudeando, queriendo acabar con el momento y la confusión creciendo dentro de sí a causa de ello—. De ese modo las personas no se darán cuenta.
La mano de Viktor cayó de su cabeza y algo brilló en sus ojos, una emoción que desapareció antes de que Yuuri pudiera comprender lo que había sido. De repente, Yuuri se sintió avergonzado, a pesar de que no podía entender el por qué.
—Claro, por supuesto —dijo Viktor, su voz completamente plana—. Nadie puede enterarse.
Sintiéndose repentinamente incomodo, Yuuri se giró para irse, pero fue detenido por una voz llamándolo suavemente.
Se giró dudosamente, encontrándose con Viktor aún allí parado con una de sus manos extendidas.
—Dame tu teléfono —le pidió Viktor y Yuuri aceptó por instinto—. ¿Para qué? —fue lo único que salió de sus labios una vez que el dispositivo estuvo asentado en las manos del patinador ruso. Viktor escribió algo en la pantalla rápidamente, aplastó el botón para bloquearlo y se lo devolvió a Yuuri unos segundos después.
—Guardé mi número en tu teléfono —le informó a Yuuri, quien se sobresaltó un poco por la sorpresa—. Solo en que caso de…bueno, en caso de que llegues a necesitarme —sus últimas palabras sonaron extrañamente dudosas y Yuuri tuvo que reprimir el automático "¿Para qué te necesitaría?" que amenazaba con salir de su boca. La declaración hubiera sonado increíblemente grosera, especialmente considerando lo que había pasado entre ellos. Y ahora que pensaba en ello, seguro esa era la razón por la que Viktor le había dado su número a Yuuri en primer lugar. Una vez podía ser justificada como el impulso del momento, una segunda vez como un error, pero una tercera ya era costumbre, y Viktor probablemente esperaba que fuera una que continuaran practicando.
Yuuri no podía culparlo. Si él fuera Viktor también asumiría que el patrón se continuaría dando. Yuuri estaba avergonzado de admitir que después de esta noche había probado ser un revolcón seguro, y Viktor probablemente estaba intentando tomar ventaja de ello. Era cien por ciento su culpa y aun así, a pesar de lo pésima que su decisión había sido, Yuuri no podía lograr sentir arrepentimiento por ello.
—Gracias —murmuró, volteándose para irse y tratando de ocultar su rostro y la vergüenza que él sabía estaba escrita en él. Viktor no lo detuvo esta vez y Yuuri le quitó el seguro a la puerta, deslizándose por el vacío corredor. Se apresuró a dirigirse hacia las puertas del salón de banquetes que habían dejado temprano esa noche, y se escabulló dentro, tratando de lucir lo más casual posible. La puerta estaba cerca de la mesa de bebidas por lo que agarró otra copa de champaña al pasar, esperando que la copa lo ayudara a mezclarse con el resto de la fiesta, la cual solo estaba a medio camino de terminar.
Por un tiempo, trató de mezclarse lo mejor que pudo, buscando a Phichit y a Celestino con la mirada. Un par de minutos después de haber vuelto, pudo ver a Viktor deslizarse dentro de la habitación, el ligero sonrojo en sus mejillas siendo la única evidencia que quedaba de lo que había sucedido entre ellos.
Escuchó como alguien aclaraba su garanta detrás de él y se giró de un brinco, completamente perplejo. No se había percatado que había estado observando fijamente a Viktor y gruñó cuando vio a Phichit observándolo, su expresión completamente estoica.
— ¿Dónde estabas Yuuri? —Le preguntó, y Yuuri entró en pánico. Él realmente le iba a contar todo a Phichit, pero este no era ni el momento ni la situación que había imaginado para ello.
—Yo…ah…fui al baño —. Soltó nerviosamente, diciendo lo primero que le había venido a la cabeza. Phichit levantó una ceja, luciendo completamente incrédulo, y Yuuri vaciló en continuar.
—Tengo algo que contarte Phichit. He querido contártelo desde hace un tiempo, lo juro. Pero… —echó un vistazo a las personas a su alrededor. Nadie parecía estar escuchando su conversación pero nunca se podía estar seguro, especialmente no en lugares como este. —Te lo explicaré tan pronto como regresemos a la habitación del hotel, te lo prometo. Solo que aquí no te lo puedo decir.
—Sí, creo que será mejor que me expliques Yuuri —Le dijo Phichit, y había preocupación escrita en las líneas de su rostro. Su voz sonaba calma, pero mezclada con acero. —Explícame por qué los vi a ti y al jodido Viktor Nikiforov escabulléndose juntos, y por qué les tomo tanto tiempo en volver. Explícame a donde fuiste realmente, porque sé que no fuiste "solamente al baño" —Phichit usó sus manos para formar comillas en el aire y Yuuri se encogió, sabiendo lo mal que esto pintaba.
—Explícame por qué ambos regresaron de la manera en que lo hicieron —. Continuó Phichit, no habiendo terminado aún, obviamente —Podré ser menor que tú Yuuri, pero no soy estúpido. Por favor, solo dime lo que está pasando.
—Te lo contaré todo Phichit, te juro que lo haré —. Prometió, esperando que su amigo fuera capaz de leer la sinceridad en sus palabras —Pero no aquí. Te lo diré en privado, cuando hayamos vuelto a la habitación. No quiero que nadie más escuche.
Phichit suspiró pero asintió en entendimiento y Yuuri soltó la respiración, aliviado. Él realmente había tenido la intención de contarle todo a Phichit, y aunque no era este el modo en que hubiera querido que su amigo se enterara, esta conversación ya llevaba siendo retrasada demasiado tiempo.
El resto del banquete pareció pasarse agonizantemente lento. Yuuri simplemente deseaba poder escapar de allí con Phichit y volver a su habitación, pero ya había hecho una desaparición repentina y otra no sería pasada por desapercibida.
Ambos fueron forzados a permanecer en el evento por otro par de horas, charlando de cosas sin sentido y tratando de ignorar el elefante en la habitación. A diferencia de al inicio de la noche, Yuuri podía sentir la ansiedad de Phichit por marcharse, la cual rivalizaba con la suya propia. Yuuri sintió otra aplastante ola de culpa al conocer la razón de ello. Phichit quería saber la verdad, la verdad que Yuuri le había estado escondiendo. Nunca habían tenido secretos entre ellos, y a pesar de sus razones para mantenerlo de esa manera, Yuuri sabía que no debía haberle ocultado esto a su amigo. Tendría que recompensar a Phichit de algún modo, fuera cual fuere el costo.
Pero primero, tenía que explicarse.
Tan pronto como fue socialmente aceptable, ambos se disculparon con los invitados y salieron, declarando la fatiga del largo día como razón de su pronta retirada. Caminaron juntos hacia la habitación que compartían, el silencio colgando pesadamente en medio de ellos. Cuando pasaron por la puerta, Phichit fue directamente hasta la cama, sentándose sobre el colchón y enredando sus piernas en un familiar gesto de relajación. Yuuri lo siguió, sentándose en la cama del mismo modo que hacían en Detroit luego de un largo día de entrenamiento cuando todo lo que querían hacer era relajarse y charlar.
—Habla —. Le pidió Phichit, y luego tomarse unos cuantos segundos para acomodar sus pensamientos, Yuuri lo hizo.
Le contó a Phichit como había empezado todo. Como el enojo, la frustración y la determinación habían aumentado poco a poco de tal modo que para el momento en que finalmente alcanzó la victoria, Yuuri sentía que explotaría por ello. Le contó a Phichit de cómo él y Viktor habían bailado, de todas aquellas emociones arremolinadas en su interior y a que lo habían guiado, aunque no se molestó en explicar detalles a mayor profundidad. Incluso hablar de los hechos más básicos de lo que había pasado entre ellos aquella noche lo tenía sonrojándose hasta las orejas, además se encontró no siendo capaz de mirar a Phichit a los ojos durante aquella particular sección de la historia.
Le contó a Phichit acerca de cómo se había marchado a la mañana siguiente, sabiendo que se suponía sería algo de una sola vez. Le contó de la agonizante derrota del año que siguió, de cómo había estado hambriento por obtener el control, el reconocimiento de algo que no sabía cómo nombrar, y como eso lo había llevado a encontrarse con Viktor una vez más. Cómo todo lo que sucedió después simplemente se había dado, sobrepasando todo pensamiento racional.
Le dijo a Phichit lo que sucedió en el Campeonato Mundial. Acerca del choque, de la reacción de Viktor y como lo había invitado a cenar por lastima. De cómo Viktor lo había hecho reír sin pedirle nada a cambio. Le contó acerca de cómo se habían encontrado de nuevo, aquí, en el banquete. Y como Yuuri se dio cuenta de que no quería detenerse, a pesar de saber que tenía que hacerlo. Estratégicamente, evitó profundizar demasiado en sus sentimientos por Viktor. Ya eran demasiado complicados como para que él pudiera comprenderlos en su cabeza, mucho menos explicarlos en voz alta. Y después de todo, lo que realmente importaba eran sus acciones, no sus sentimientos.
A medida que la historia progresaba, la expresión facial de Phichit iba cambiando, empezando por la sorpresa, pasando al completo shock, y terminando en completa resignación. No había crítica o juicio en su rostro, solo una mirada firme y fija que puso toda su atención en cada palabra de Yuuri sin hacer ningún comentario al respecto.
Finalmente, Yuuri terminó su historia, sintiéndose completamente drenado. Era la primera vez que le contaba a alguien lo que había pasado y se sentía exhausto.
— ¿Estás enojado conmigo? —Le preguntó una vez que ya no tuvo más palabras para decir, rezando porque la respuesta fuera "no".
—Por supuesto que no Yuuri —. La voz de Phichit sonó despacio, pero no había mentira o falta de sinceridad en su tono. —Me hubiera gustado que me lo contaras antes, pero no estoy enojado.
—Lo siento mucho Phichit —Le dijo Yuuri, sus palabras completamente sinceras. —Quería contártelo antes. Iba a hacerlo. Pero simplemente no sabía cómo explicártelo.
Phichit le dio una sonrisa, pero había una profunda preocupación acechando detrás de sus ojos.
—No significa nada de todas formas —Añadió Yuuri rápidamente, no muy seguro de haber dejado ese punto en claro durante su explicación. —Nada ha cambiado entre los dos. Nada ha cambiado entre Viktor y Yo.
—Ahora solamente te estás mintiendo a ti mismo Yuuri —. Le dijo Phichit con toda sinceridad, y Yuuri saltó perplejo. Deliberadamente, había evitado hablar de la enredada confusión de sentimientos que crecían dentro de él cada vez que Viktor era mencionado, y ni siquiera había mentido. Sus encuentros no significaban nada, al menos no para Viktor. Era solo un medio de liberar estrés para ambos, un asunto casual sin ningún tipo de compromiso. No era un asunto para nada significativo.
Al ver la perpleja expresión de Yuuri, Phichit continuó. Luciendo inusualmente serio.
—Yuuri, aún tienes un poster del tipo colgado en tu pared. Has pasado la mitad de tu vida obsesionado con él, de algún modo u otro. Todo lo que has logrado hasta este momento ha girado en torno a Viktor, ha sido enfocado en derrotar a Viktor, ha sido acerca de probarte a ti mismo ante Viktor. No importa lo que te digas a ti mismo o la poca importancia que Viktor le dé a todo este asunto, no puede simplemente significar "nada" para ti. No puede no haber cambiado nada, las cosas no funcionan de esa manera.
Yuuri deseaba poder protestar, deseaba insistir en que aún se sentía de la misma manera con respecto a Viktor, que aún lo odiaba y quería derrotarlo con la misma ferviente determinación de siempre, pero las palabras no salían de su boca.
Phichit aún se mostraba serio, pero el tono que utilizó al hablar era más bien pacificador.
—Mira Yuuri, tal vez tengas razón y esto solo sea una cosa casual entre ustedes dos. Pero tienes que ser cuidadoso.
—Lo estoy siendo —Quiso protestar Yuuri, pero Phichit cortó sus palabras.
—Escúchame Yuuri. Hace tiempo Viktor te rompió el corazón, y desde ese momento has intentado derrotarlo para cubrir el hecho de que realmente nunca pudiste superar lo que pasó entre ustedes dos. Tu obsesión con él te ha ayudado a lograr grandes cosas, pero lo que estás haciendo ahora es muy peligroso. Esto solo va a complicarte las cosas en un modo que tal vez ahora no puedas ni imaginar, y si Viktor en realidad es el imbécil que siempre me has hecho creer que es, entonces esto no va a terminar bien. No hay manera de que termine bien.
—Lo sé —. Susurró Yuuri, y era cierto. Él lo sabía. Sabía que lo que estaba haciendo era estúpido y arriesgado. Que las cosas serían mucho más fáciles si simplemente pudiera odiar a Viktor sin que nada más se interpusiera en su camino. Pero a pesar de lo mucho que se arrepentía de no haberle contado a Phichit antes, no podía arrepentirse de lo que había hecho con el ruso.
— ¿Podrás llegar a perdonarme por no habértelo dicho? —preguntó, dispuesto a aceptar cualquier respuesta que Phichit le diera.
—Por supuesto —Rio Phichit, su rostro estirándose en una inesperada sonrisa que contrastaba con la seriedad de momentos antes —Tienes permitido tener secretos Yuuri. Como tu amigo esperaba que me lo hubieras contado antes, pero por supuesto que te perdono.
Yuuri dejó salir un suspiro de alivio y se estiró para abrazar a Phichit, sintiéndose infinitamente agradecido con su amigo. Phichit le regresó el abrazo, apachurrando a su amigo fuertemente, y Yuuri disfrutó de la sensación. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba ese gesto.
Juntos, se prepararon para ir a la cama. Cansados por los eventos del día y regresando fácilmente a la familiar rutina entre ellos. En pocos minutos habían terminado y se metieron bajo las cobijas de sus respectivas camas, listos para descansar después de un largo y agotador día. En silencio, Yuuri alargó su mano para apagar la lámpara que se encontraba asentada a un lado de ellos, sumiendo la habitación en la completa oscuridad. Se recostó en su cama y apenas captó la borrosa figura de Phichit haciendo lo mismo. Los rostros de ambos estaban en dirección al otro, solo separados por los pocos metros que había entre sus camas.
—Iba enserio lo que te dije antes Yuuri. —Dijo Phichit en medio de la oscuridad de forma repentina, rompiendo el silencio. Yuuri entrecerró sus ojos, tratando de descifrar la expresión en el rostro de su amigo, pero estaba demasiado oscuro y Phichit era solo un borrón a su vista.
—Lo que hagas con Viktor es completamente tu decisión, nadie puede detenerte —. Continuó Phichit. —Pero tienes que prometerme que serás cuidadoso.
—Te lo prometo —. Respondió Yuuri sinceramente.
—Bien—. La palabra sonó como un susurro en medio del silencio. —Solo ten cuidado Yuuri. Si no lo tienes, si dejas que esto vaya demasiado lejos, un día Viktor romperá tu corazón otra vez —. Phichit se movió, sentándose ligeramente sobre su cama y girando su cabeza, sus brillantes ojos fijos completamente en Yuuri. —O tú terminaras rompiendo el suyo.
Yuuri bufó ante la absurda declaración, el sonido saliendo de él de forma inconsciente.
—Phichit por favor, se serio —. Le dijo al otro muchacho, aún incrédulo ante la ridiculez que acababa de escuchar. — ¿Romper su corazón? ¿En serio? —El solo pensamiento era absurdo —. Para él solo soy otro patinador entre miles con el cual ha follado. ¡Ni siquiera recuerda nuestro primer encuentro! No soy nada especial, al menos definitivamente no para Viktor. Digo, él es Viktor Nikiforov y yo soy… bueno… yo.
Yuuri no tenía ningún tipo de falsa ilusión acerca de lo que realmente valía. Él era un buen patinador que había ganado muchos títulos, pero aún no había alcanzado el título de "leyenda" que Viktor portaba tan perfectamente. Y fuera del hielo en realidad no era nadie. Era simple, aburrido y ordinario, todo lo que Viktor no era.
Viktor era popular y amado tanto entre sus fans como entre los patinadores. Tenía personas rogando por un minuto de su atención a cada momento del día. Era hermoso y exitoso, podía tener a quien él quisiera. Yuuri podía haber sido finalmente capaz de desafiarlo en el hielo e incitarlo con ello. Pero no significaba nada. No cuando la brecha entre ellos era aún era tan extensa e imposible de cruzar. Viktor no tenía ninguna razón para preocuparse por él, no tenía razón alguna para quererlo. La sola idea era simplemente risible.
Phichit había tenido razón cuando dijo que Yuuri estaba obsesionado. Muchas cosas en su vida se habían formado alrededor del ideal de Viktor, primero al idolatrarlo y luego al querer bajarlo de su trono. Antes, había anhelado ser capaz de patinar en el mismo hielo que su ídolo, luego Viktor le había mostrado sus verdaderos colores y había destrozado toda la adoración que Yuuri sentía por él solo con unas cuantas palabras. Yuuri había jurado que un día le probaría a Viktor su verdadera valía, sin importar lo que el ruso creyera de él. Pero sin importar lo mucho que Yuuri había odiado a Viktor a través de los años, la sensación de asombro que experimentaba cuando veía patinar a Viktor nunca se había esfumado y tampoco lo había hecho el deseo de que Viktor lo observara, que viera su valía como nunca había podido en el pasado. Pero ahora estaba esta "cosa" que pasaba entre ellos y Yuuri ya no estaba seguro de cómo se sentía realmente.
Pero fuera lo que fuera, había una cosa de la que sí estaba seguro, una cosa que nunca cambiaría.
—Seré cuidadoso, lo prometo —Le dijo a Phichit. —Pero te lo juro, esto es solo algo casual. Realmente no significa nada —.Yuuri se giró, dándole la espalda a su amigo y cerrando sus ojos, esperando que el sueño lo venciera rápidamente. Había sido un largo y muy confuso día después de todo.
—Y lo último que jamás podría pasar en el mundo, es que Viktor Nikiforov llegue a enamorarse de mí.
Tres meses después, durante el Campeonato Mundial, Yuuri estaba determinado a ganar esta vez. Pudo haber ganado el año pasado, él sabía que pudo haberlo hecho. Fueron solamente el choque y la subsecuente lesión lo que le había impedido lograrlo.
Extrañamente, había estado esperando la llegada de la competencia más de lo usual. No solo por la oportunidad de vencer a Viktor una vez más, sino porque genuinamente tenía deseos de patinar. Además, se encontraba raramente emocionado de poder ver al otro patinador después de estar separados por tres meses. Patinar contra Viktor era un desafío que lo llenaba de entusiasmo, y el pensamiento de volverlo a ver enviaba escalofríos de emoción por toda su espina.
Yuuri no pudo ver mucho del otro patinador antes de la competencia, pero esa noche antes del programa corto su teléfono timbró dejándole saber que tenía un mensaje. Yuuri lo agarró con curiosidad y vio un nombre muy familiar brillando en la pantalla. Por cortesía, Yuuri le había enviado un mensaje a Viktor la noche del último banquete, permitiendo que el ruso guardara el número de Yuuri en su teléfono de modo que no estuviera en desventaja. Aparentemente, Viktor sí había guardado su número, ya que era su nombre el que brillaba en la pantalla y se cernía sobre el texto de "buena suerte mañana" que brillaba debajo.
"Lo mismo para ti" Había tipiado Yuuri en respuesta, presionando el botón de "enviar" sin pensar demasiado en ello.
Aún con aquellos deseos de buena suerte, Yuuri no logró realizar su mejor presentación, tocando el hielo al aterrizar de su quad toe loop y sacando gruñidos de la multitud. A pesar de sus deseos de redimirse de lo sucedido durante la competencia anterior, los recuerdos del último Campeonato Mundial, la fantasmal memoria del choque y el dolor y la humillación que lo habían golpeado con fuerza durante su rutina, lo habían desconcentrado lo suficiente como para cometer aquella falla al aterrizar. El error le preocupaba, pero trató que ese sentimiento no se saliera de control. Tendría muchas oportunidades de compensar su puntaje durante el programa libre, entrar en pánico no era la solución y solo empeoraría las cosas.
Cuando los puntajes finales salieron, Yuuri quedó en tercer puesto, justo debajo de Viktor y Chris. Aunque quedar debajo de Chris no era algo usual para él, tampoco era como si no hubiera pasado antes. El otro patinador era bueno, y había logrado calificar entre las puntuaciones más altas del Grand Prix Series, ocasionalmente incluso sobre Yuuri. Si bien el haber puntuado por debajo de Chris era decepcionante, tampoco era algo devastador. La derrota difícilmente molestaba a Yuuri. Chris era un buen patinador que merecía las medallas que ganaba, además Yuuri siempre había sido capaz de remontar al final.
Luego de que los puntajes fueran anunciados y todos los patinadores regresaran a las áreas que se encontraban reservadas para ellos, Yuuri se acercó para felicitar al patinador Suizo por su puntación. Ellos realmente no se conocían muy bien, Yuuri no era muy sociable con otros patinadores a parte de Phichit, y Chris era amigo de Viktor después de todo, pero aun así ellos habían intercambiado una que otra palabra y elogios amigables, por lo que felicitar al otro patinador era lo más apropiado y cortés.
Chris aceptó amablemente las felicitaciones de Yuuri y le regresó el cumplido.
—Buena suerte durante el programa libre de mañana Chris —. Añadió Yuuri al final y Chris asintió en respuesta.
—Tú también Yuuri. Aunque algún día los sacare a ti y a Viktor del podio, eso puedo prometértelo —. El tono en sus palabras era más juguetón que amenazador y Yuuri se encontró sonriendo de nuevo. Usualmente se le hacía difícil hablar con los otros patinadores, pero charlar acerca de la competencia era por lo menos más sencillo.
—Unos cuantos patinadores vamos a salir a beber para celebrar que los programas cortos terminaron —Añadió Chris, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. — ¿Planeas unírtenos?
—Ah, no —.Respondió Yuuri, tratando de encontrar la manera más educada de rehusarse. No era que no le gustara pasar un buen rato con otras personas, pero sabía que pasaría el resto de la noche sintiéndose incomodo en medio de patinadores que ya se conocían el uno al otro y además era amigos, por lo que inevitablemente terminaría bebiendo más de lo que podía tolerar —Realmente no me gusta beber durante las competencias.
Chris soltó una carcajada pero se detuvo al ver la expresión en el rostro de Yuuri.
—Oh, lo dices enserio —Exclamó el suizo, sonando demasiado sorprendido para el gusto de Yuuri. —Te lo has de haber impuesto como una nueva regla ¿verdad?
De repente, Yuuri fue golpeado por el recuerdo de aquella desastrosa fiesta olímpica hace dos años y pudo sentir la mortificación llenando su pecho. Como el medallista de bronce, Chris también había estado en la fiesta, un hecho que Yuuri había olvidado a conveniencia. Aún no tenía idea de lo que había pasado esa noche, pero fuera lo que fuera, Chris había estado allí para atestiguarlo.
Se rio nerviosamente, deseando desesperadamente que el tema de conversación cambiara, y rápido.
—Ah, sí. Eso fue algo así como que una excepción —Trató de explicar, esperando que su vergüenza no se mostrara en su rostro.
— ¡Una muy impresionante excepción! —Exclamó Chris y Yuuri lo instó discretamente a que no alzara la voz. Pero justo cuando pensó que no podía ser peor, Chris volvió a abrir su boca para hablar.
—Aún tengo las fotos de ese día.
Yuuri quiso morirse en ese preciso momento. Lo que sea que hubiera hecho borracho definitivamente no podía ser bonito, y el hecho de que hubiera una prueba fotográfica parecía ser algo salido directamente de sus pesadillas.
— ¿Quieres verlas? —Le preguntó Chris, pareciendo divertirse con la angustia de Yuuri. Yuuri sacudió su cabeza, no confiando en sí mismo para hablar. No estaba muy seguro de ser capaz de formular palabras sin que salieran con un largo y doloroso quejido.
Chris se encogió de hombros ante su respuesta y empezó a alejarse, pero Yuuri lo detuvo, percatándose de que la dura realidad no podía ser peor que permanecer en la ignorancia. De todos modos, no podía haber hecho nada demasiado malo ¿o sí?
— ¿Qué fue lo que paso? —Preguntó, preparándose para cual fuere la respuesta.
— ¿No lo recuerdas? —Le preguntó Chris, sonando sorprendido. Yuuri sacudió la cabeza, simplemente deseando terminar pronto con aquella vergonzosa situación.
—Te pusiste completamente borracho y desafiaste al equipo ruso a una batalla de baile. Después de eso empezaste a quitarte la ropa. Y Yuuri, ¿Dónde aprendiste a hacer Pole Dance?
Yuuri se ahogó con el aire que respiraba, rezándole a cualquier Dios allí arriba que hubiera entendido mal. Y que si no era así, entonces que algún extraño pero muy conveniente accidente lo matara para no tener que enfrentar la realidad de esas palabras. La explosión de una bomba sonaba como una buena opción en este momento.
— ¿Qué? —Susurró, todavía rezando porque Chris hubiera cometido un error. La diversión del hombre parecía haber incrementado diez veces más y tenía pinta de estar conteniendo una risotada.
—No te preocupes Yuuri, lo hiciste muy bien. No tan bien como yo, pero bien de todos modos.
— ¿Cómo es que había un tubo en la fiesta? —Preguntó Yuuri débilmente, escogiendo enfocarse en eso en lugar de enfrentar la cruda realidad y la mortificación que venía con ello. La cual era lo suficientemente alta como para no volver a mostrar esa habilidad en particular.
Chris se vio muy sospechoso por un momento antes de responder.
—No tengo ni idea —Le dijo casualmente, aunque sus ojos le decían a Yuuri que mentía. — Dejando eso de lado, fue realmente muy entretenido. Todo el mundo te daba ánimos. Solo te detuviste cuando Viktor finalmente apareció más tarde en la fiesta.
— ¡QUE! —Yuuri gritó, sobresaltando a los patinadores a su alrededor y causando que su propio sonrojo se tornara más oscuro. De todas las cosas que pudieron haber empeorado su experiencia, esa estaba en el tope de la lista.
—Si —.Respondió Chris, todavía sonriéndole. —Se había perdido la fiesta oficial por que tuvo una reunión con su patrocinador o algún asunto aburrido como ese. Pero eventualmente apareció en la after-party. Cuando lo viste empezaste a gritarle en japonés. Nadie tenía idea de lo que estabas diciendo. —Gracias a Dios por su infinita misericordia. —Trataste de bajarte del tubo al mismo tiempo, pero te tropezaste y caíste en sus brazos. Tengo fotos de eso también, por si estas interesado.
—Oh —. Dijo Yuuri débilmente, preguntándose si este era algún tipo mal sueño del cual despertaría, pronto de ser posible. Había sido ingenuo al pensar que podría escapar del que esa noche regresara para atormentarlo, y aquí estaba finalmente. Con toda su fuerza y siendo mucho peor de lo que había imaginado.
—Continuaste tratando buscarle pelea incluso mientras te estaba sosteniendo, pero apenas podías mantenerte en pie. Estabas como aferrándote a él sin quererlo dejar ir y nadie podía descifrar lo que intentabas decir. Estabas básicamente enrollado sobre él, así que poco después te llevó a tu habitación. Bueno —, añadió Chris, viéndose malicioso. —"Llevar" tal vez no sea la palabra adecuada, prácticamente tuvo que cargarte.
Yuuri sintió como el horror se apoderaba de su rostro y Chris pareció captar el rumbo que estaban tomando sus pensamientos.
—No me refiero a eso —Aclaro rápidamente, abandonando todo trazo de humor en sus palabras y luciendo ligeramente escandalizado. —A penas podías pararte. Sea lo que sea que pienses de Viktor, el nunca tomaría ventaja de alguien en ese estado. Volvió a bajar unos minutos después. Aún lucía un poco sorprendido, pero no me quiso decir lo que había pasado allí arriba. Aguafiestas —El tono juguetón estaba de vuelta y Yuuri simplemente quería convertirse en agua y desaparecer bajo la baldosa. Si tenía suerte, lo más probable era que solamente le hubiera gritado al ruso un par de incoherencias más en japonés, pero incluso eso ya era lo bastante horrible.
—Si te hace sentir mejor Yuuri, piensa que para el momento en que terminaste, ya habías logrado seducir a más de la mitad de las personas en la habitación. Eres sorprendentemente flexible —. Continuó Chris. Yuuri escondió su cara en sus manos, sintiendo el calor irradiar de sus mejillas mientras rezaba por que la humillación acabara pronto.
Esto era…mucho peor de lo que jamás pudo haber imaginado. Lo que sea que le hubiera hecho a Viktor en la habitación, podía ser terrible considerado el hecho de que él y el ruso se habían acostado menos de un mes después, aunque Yuuri no podía pensar en nada que pudiera ser más vergonzoso que haber bailado sobre el tubo para una habitación repleta de personas, y haberle gritado a Viktor enfrente de dicha multitud. Gracias a Dios, su ebrio cerebro no había tenido la habilidad para traducir esas palabras al inglés. Recordando su estado durante esa noche y la razón por la que había empezado a beber, Yuuri solo podía imaginar las cosas que la había dicho, y no eran nada bonitas.
—Bueno, será mejor que me vaya —. Dijo Chris en forma casual, como si no acabara de destruir el mundo de Yuuri por completo. Se despidió de Yuuri con la mano mientras se marchaba, pero este apenas pudo registrar esa acción.
Yuuri giró su cabeza de lado a lado, repentinamente asustado de que los patinadores a su alrededor hubieran estado escuchando la conversación, escaneando la habitación con sus ojos de forma frenética. Afortunadamente, no parecía que nadie cercano a ellos hubiera estado prestando atención. Yuuri casi voló fuera de la habitación, cuando de repente captó un destello de plateado a la distancia, fuera de su campo de visión pero lo suficientemente cerca para ser vislumbrado.
Viktor lo observaba parado a la distancia, aunque sus ojos se posaron ligeramente en Chris mientras este se retiraba. Yuuri se sonrojó de nuevo, incapaz de sacar de su cabeza la escena que Chris acaba de describirle. En medio de su vergüenza, Yuuri no quería ni mirar a Viktor a los ojos, por lo que aparto la mirada, rezando por que el otro patinador no trajera el incidente a colación, o que incluso se hubiera olvidado de ello por completo.
Para cuando volvió a levantar la mirada, Viktor ya se había marchado.
Durante toda la noche y a la llegada del siguiente día, Yuuri se forzó a sí mismo a alejar la situación de su mente. Obviamente era algo horrible y vergonzoso, pero mientras más grande fuera su preocupación y obsesión con el asunto, más se deterioraría su patinaje. Y eso era algo que no podía permitir. Lo mejor por ahora sería ignorarlo, ya dejaría que el pánico lo atacara luego, cuando las medallas hubieran sido entregadas y él tuviera tiempo para meditar las cosas en paz.
Tan pronto como pudo escapar del estadio luego del programa corto, Yuuri había corrido hacia Phichit y le había contado todo lo que Chris había dicho. Mientras le contaba la historia, Phichit parecía estar dividido entre el horror y una carcajada contenida. Luego de que Yuuri hubo terminado de contar su historia, Phichit no fue capaz de contenerse por más tiempo y dejó salir una risa ahogada que provoco una mirada indignada en Yuuri.
— ¡No es nada gracioso Phichit! —exclamó Yuuri mientras su amigo trataba de suprimir su risa.
—Lo siento Yuuri —. Dijo Phichit y sonaba genuinamente sincero en sus palabras. Pero Yuuri pero aún podía escuchar la diversion detrás de las mismas. — ¡Pero tienes que admitir que sí es algo divertido!
—No lo es —. Respondió Yuuri tercamente. Sabía que siendo visto desde afuera, el incidente podía resultar hilarante. Pero el aún se encontraba demasiado mortificado como para ver el humor en la situación. — ¡Esta es literalmente la cosa más vergonzosa que me ha pasado en la vida Phichit!
—Mira Yuuri —, Phichit trató de nuevo, luciendo más serio esta vez. —Sé que parece malo ahora ¡Pero eso pasó hace años! Seguro que las personas a penas y se acuerdan de ello. Ahora hay nuevos escándalos y chismes sobre los cuales hablar. Y si nada ha sido hecho público hasta ahora, puedes estar seguro de que nunca lo será. Un día serás capaz de reírte de esto, te lo prometo.
Yuuri lo dudaba completamente, pero decidió no discutir de eso con su amigo. Phichit tenía razón, si nada se había publicado hasta ahora lo más probable era que nunca fuese a pasar. Aunque aún sentía que quería morirse de la vergüenza, él sabía que pudo ser peor. No mucho peor, pero aun así.
—Oye, no te preocupes por eso ¿okay? —Le dijo Phichit, brindándole una pequeña pero genuina sonrisa. —Tienes algunos traseros que patear y una competencia que ganar mañana. Enfócate en eso y verás que todo va a estar bien.
Durante la práctica matutina del día siguiente, Yuuri se repitió el consejo que Phichit le había dado, forzándose a no preocuparse demasiado y a enfocarse en la rutina. Los otros patinadores revoloteaban dentro y fuera del hielo, enfocados en sus propias prácticas, y Yuuri se sentía demasiado consiente de su presencia, constantemente alerta de la distancia de cada patinador en relación a la suya. No tenía deseo alguno de repetir los errores del año pasado. Lesionarse, o peor, lesionar a alguien más a causa de su descuido, era un error que estaba determinado a no cometer nunca jamás.
Como ya era usual para él, Yuuri se percató de que patinar era la mejor manera de alejar sus preocupaciones, así que patinó por la mayor cantidad de tiempo que pudo, usando la distracción para alejar la historia de Chris de su mente. Eventualmente, los patinadores empezaron a abandonar la pista uno por uno hasta que Yuuri se quedó completamente solo. Permaneció unos cuantos minutos más, pero pronto pudo ver a los oficiales empezando a merodear la pista, alistándose para echarlo del lugar y así empezar a preparar el evento principal. A regañadientes, Yuuri optó por irse antes de que eso pasara, deseando haber podido permanecer más tiempo. Su cabeza se sentía más clara después de la práctica, pero aun así pudo ser mejor para él si hubiera tenido más tiempo.
Después de abandonar la pista, Yuuri regresó a los vestuarios de los atletas, descartando su sudada ropa de entrenamiento y vistiéndose con un par de flojos pantalones y una camiseta holgada, cubriendo todo con su chaqueta de color negro y azul. Más tarde se pondría el traje oficial, pero por ahora estaba contento con usar sus viejas ropas a modo de confort. Aún había muchas cosas por hacer antes de que la competencia oficial comenzara.
Una vez que se hubo cambiado, Yuuri puso su bolsa sobre su hombro y abandonó la habitación, listo para encontrar a Celestino y realizar los últimos chequeos antes de que la competencia comenzara. Aún tenía un par de horas antes de que tuviera que salir a la pista, pero ya podía sentir la presión del tiempo cerniéndose sobre él.
Decidido a tratar hacer todo lo más rápido posible, Yuuri tomó un atajo en el laberinto de pasillos que había en el área del backstage dentro del estadio, prefiriendo apresurar su paso en medio de los oscuros y vacíos corredores, en lugar de tener que enfrentarse a la multitud que había en los pasillos principales. Casi había llegado a la salida cuando el familiar sonido de una voz flotando en el aire lo detuvo, una voz que venía desde una de las habitaciones cercanas a él.
Reconociendo el pesado acento suizo, Yuuri caminó acercándose, preguntándose qué diablos estaba haciendo Chris metido en el desierto almacén dentro de las profundidades del estadio.
—…tuya.
Yuuri pudo captar el final de una palabra y se detuvo frente a la puerta, preguntándose si debía entrar. Parecía muy grosero simplemente entrar e ignorar a su compañero patinador, pero Yuuri no tenía idea de con quien Chris estaba hablando. Y si habían decidido venir a este lugar tan recóndito para ello, eso quería decir que la conversación era privada y que no querían ser escuchados.
—Eres el peor tipo de masoquista. Y ni siquiera en el modo divertido o sexy —la voz de Chris flotó desde la abertura de la puerta que no se hallaba completamente cerrada. Yuuri no podía ver dentro de la habitación, pero podía escuchar las voces claramente.
—Lo sé —suspiró la otra voz, y Yuuri quedó perplejo al escuchar el acento ruso que se curvaba alrededor de las palabras. Por supuesto, no debería sorprenderlo demasiado que la persona con la que Chris estuviera hablando fuera Viktor, ellos eran amigos después de todo. Pero eso no le impidió congelarse por la sorpresa y que todos los pensamientos en su cabeza se fueran volando.
Las palabras que mencionaban los patinadores eran desconocidas para él, y Yuuri se preguntaba su significado. Había un montón de rumores acerca de ese par y Yuuri siempre se había preguntado si alguno de ellos era cierto. La mitad del mundo del patinaje parecía pensar que Viktor y Chris se pasaban en la cama del otro tan frecuentemente como en la de otras personas. Al ser ambos amigos que ostentaban el título de playboy, Viktor como un encantador rompecorazones y Chris como un sensual casanova, los rumores eran prominentes. La otra mitad parecía creer que su reputación entera estaba solo basada en rumores y que Viktor y Chris se encontraban en una secreta y amorosa relación que escondían del mundo como si fuera algún tipo de romance trágico.
No había evidencia de que ninguno de los rumores fuera verdad, pero las habladurías continuaban. Yuuri sabía por experiencia propia que Viktor no estaba comprometido en ningún tipo de relación amorosa y monógama con Chris, pero no le sorprendería saber que el primer rumor sí era cierto. Por el tono de la conversación, aquello parecía muy probable.
—Viktor, tú quieres algo que sabes que nunca vas a tener —continuó Chris, y Yuuri frunció el ceño ante sus palabras, tratando de descifrar su significado—. Necesitas renunciar a ello. Estás prácticamente rogando por migajas y recibiendo casi nada a cambio.
— ¡Lo sé! —soltó Viktor con fuerza y su voz sonó más áspera de lo que Yuuri había escuchado nunca. Sonaba casi enojado, pero había un pequeño quiebre en su voz que delataba una emoción completamente diferente.
—Lo siento Chris —trató de decir de nuevo, su voz ahora más calma y con un tono de disculpa—. Es solo que… Sé lo que está pasando ¿ok? Sé cómo funciona este asunto. Pero no puedo cambiar lo que quiero. Y si esto es lo único que voy a obtener, incluso si no puedo cambiar nada, entonces voy a tomarlo. Después de todo, es mejor que no tener nada.
— ¿Lo es? —preguntó Chris, y Yuuri repentinamente se percató de que se había movido más cerca de la puerta, de modo que ahora su oreja estaba casi pegada a la fría superficie de metal. Retrocedió, horrorizado consigo mismo. Estaba espiando una conversación privada, no tenía derecho a estar allí. Había sido una violación imperdonable a la privacidad de sus compañeros y no importaba lo curioso que se sintiera respecto al tema de conversación, no había nada que justificara el que él se quedara a escuchar más.
Tan silenciosamente como pudo, se alejó de la puerta y se apresuró a salir del pasillo, asegurándose de que sus pisadas fueran silenciosas y no dejaran huella alguna de su presencia allí.
Yuuri aún se mantenía pensando en la conversación incluso horas después mientras se preparaba para su presentación, la culpa por haber espiado una conversación ajena peleando con su curiosidad por la misma. Phichit se encontraba parado junto a él mientras esperaban que Yuuri fuera llamado al hielo. El hombre que había patinado antes que él aún se encontraba en el "kiss and cry" recibiendo su puntaje, pero Yuuri sabía que todavía tenía unos cuantos minutos de ventaja antes de que le tocara salir al hielo.
—Buena suerte Yuuri —le deseó Phichit, arrastrándolo dentro de un inesperado abrazo como si sintiera la intranquilidad de su amigo. Yuuri le devolvió el abrazo por instinto, aferrándose fuertemente a la tela de la ropa de Phichit, enganchándose firmemente al contacto. Como siempre, Yuuri empezó a sentir los nervios apoderándose de él, y aferrarse a su amigo era una de las mejores formas de aminorar las náuseas que siempre florecían dentro de él antes de entrar al hielo.
La mejor parte de patinar cuando Phichit estaba allí, era saber que sin importar lo que pasara, al menos abría una persona apostando por él en las gradas.
Por el alto parlante, el presentador llamó a Yuuri a entrar al hielo y el patinador anterior abandonó el "kiss and cry", luciendo satisfecho con su puntaje. Tomando un par de respiraciones profundas para tranquilizarse, Yuuri se quitó los protectores y se deslizó sobre la pista de hielo. Phichit le brindó un amistoso saludo con la mano a forma de aliento.
Un silencio cayó sobre el estadio al tiempo que Yuuri tomaba su posición inicial, su mirada en dirección a los jueces. Durante el Grand Prix Final había ganado la medalla de oro con la rutina que estaba por ejecutar, por lo cual no tenía excusa alguna esta vez. Lo había logrado una vez y podía hacerlo de nuevo.
Olvidando todos sus pensamientos previos, Yuuri se permitió hundirse en sus emociones, dejando que el lado racional de su mente desapareciera y se llevara consigo todos sus pensamientos y preocupaciones, permitiendo que sus sentimientos se apoderaran de él. Cientos de horas de práctica habían grabado en su alma cada uno de los movimientos, por lo que dejó que la memoria muscular guiara su cuerpo, sintiendo como la historia que su programa trataba de contar flotaba a través de sí.
La música comenzó y Yuuri se movió, perdiéndose en la melodía y el hielo que se deslizaba bajo sus patines.
Yuuri ganó.
Con la sumatoria total de ambos programas logró arrebatarle el primer lugar a Nikiforov por poco menos de un punto, alcanzando la cima por un pelo. El resto del día pasó como un borrón en medio de celebraciones y medallas. Phichit gritó sus felicitaciones por encima del rugido de la multitud. Yuuri se sentía en el séptimo cielo, notando como las lágrimas empezaban formarse en la esquina de sus ojos cuando se paró en el punto más alto del podio, y sintiendo como si su corazón fuera a explotar en cualquier momento.
Después del desastroso año anterior, después de sentir en lo más profundo de su ser que nunca sería capaz regresar al podio, lo había logrado. La medalla de oro se sentía cálida contra su pecho mientras él la tocaba, con su mente aún en las nubes. Una medalla de oro en el Campeonato Mundial era aún más prestigiosa que una del Grand Prix, y una vez más lo había conseguido, había recuperado el título que había perdido y le había demostrado al mundo que se lo merecía.
El tiempo pareció volar, y demasiado rápido se encontró de nuevo en el hotel, sentado en la cama y sintiéndose un poco conmocionado por el torbellino que había sido el día de hoy. El tradicional banquete después de la competencia había sido pospuesto para la noche siguiente, por lo que Yuuri se encontró sintiéndose un poco perdido. Phichit había salido a pasar el rato con otro par de patinadores, y aunque Yuuri había sido invitado a unírseles, este se había reusado. Después de una competencia como la que había ganado, siempre se sentía emocionalmente drenado y con ningún deseo de socializar. A demás, no se sentía muy cómodo saliendo a pasar el rato y reír con las personas a quienes había derrotado. Aunque derrotar a Viktor se sentía como una victoria, nunca había tenido la intención de restregarles sus triunfos a otros patinadores. Salir a celebrar su victoria junto con los que habían perdido, se sentía descortés, y Yuuri no quería arruinarles la noche con su presencia.
Sin nada más que hacer, Yuuri se acurrucó en la cama, sus cómodas ropas siendo cubiertas por una cálida chaqueta, sus pies descalzos. Una noche de relajación y descanso parecía ser una buena idea. Tal vez podía ver una película o ponerse al corriente con alguna de las series que Phichit siempre le estaba rogando que viera. Y en la mañana saldrían a hacer turismo por la cuidad. Ya habían quedado en hacerlo y Yuuri estaba emocionado por ello.
De repente en el silencio de la habitación, un pitido sonó desde el teléfono que sostenía en su mano, y Yuuri se percató que le habían enviado un mensaje. Asumiendo que sería Phichit tratando de convencerlo para que se les uniera, Yuuri lo abrió, congelándose al ver el nombre que aparecía en su pantalla.
Viktor Nikiforov
Tercer piso. Habitación 124.
Durante un largo rato, Yuuri se quedó mirando las palabras en su teléfono, sabiendo el significando pero preguntándose si tal vez las había malinterpretado. Después de todo, desde la primera vez, siempre había sido Yuuri quien había iniciado sus encuentros, no Viktor. Esta vez era diferente, esto era algo nuevo.
Yuuri se preguntó la razón de que esta vez fuera Viktor quien iniciara su encuentro en lugar de que fuera lo contrario. Aunque quería creer que tal vez algo había cambiado entre ellos, era mucho más probable que Viktor estuviera aburrido, al no haber un banquete al que asistir Yuuri debía ser el entreteniendo más fácil y accesible que podía encontrar. Después de todo, Yuuri ya había probado en multitud de ocasiones que estaba más que dispuesto, y Viktor no tenía razón para creer que eso hubiera cambiado.
«Y no ha cambiado». Se percató Yuuri, notando como ya estaba pensando en aceptar la oferta. Había empezado un viaje que no podía detener, que no quería detener, y había algo intoxicante acerca de Viktor siendo el que lo pedía, en lugar de que ser Yuuri buscándolo desesperadamente una y otra vez.
Inconscientemente, Yuuri se dio cuenta de que ya había decido que hacer. Los errores que había cometido habían llegado a un punto en el que continuaría cometiéndolos. Cualquier complicación que esto generara en su rivalidad con Viktor, cualquier cambio en la profundidad de su propio corazón, lo que fuera, el daño ya estaba hecho. Su elección lo estaba guiando por el camino que él había escogido, y al aceptarla, aceptaba también el final al que eventualmente esta lo llevaría. O podría detenerse aquí, no tocar a Viktor ni ser tocado por él, nunca jamás. Y dentro de lo profundo de sus ser, Yuuri sabía que esa no era una opción.
Sintiéndose repentinamente nervioso, Yuuri saltó de la cama. Pasó sus dedos por su cabello y trató de peinarlos hacia atrás para simular la apariencia atractiva que llevaba al patinar. Descartó también sus gafas, esperando que eso fuera suficiente. Mordiendo su labio casi tan fuerte como para sacar sangre, Yuuri se miró a sí mismo en el espejo, preguntándose si debería cambiarse de atuendo. Llevaba puesta la ropa más cómoda y menos atractiva que poseía, y sabía que lucía muy plano. Pero por otro lado, si se arreglaba demasiado, Viktor podría descubrir que para Yuuri esto significaba mucho más de lo que significaba para él.
Era mejor quedarse como estaba, lucir casual. Siendo Viktor el que lo había invitado, era poco probable que rechazara a Yuuri solo por su ropa. Podría pasar, considerando la forma elegante en que Viktor siempre se vestía, pero era improbable en este caso.
Olvidando todos los intentos por mejorar su apariencia, Yuuri se puso un par de zapatos, agarró la tarjeta de acceso a su habitación y salió, tratando de no pensar demasiado en lo que estaba a punto de hacer. Demasiado tarde, Yuuri se preguntó si tal vez Viktor deseaba que llevara algo, pero ese pensamiento ya era inútil de todos modos. Ninguno de sus encuentros anteriores había sido planificado y Yuuri había confiado en que Viktor estuviera preparado. El ruso tal vez estaba esperando que esta vez fuera Yuuri quien tomara la iniciativa, pero él no tenía nada para llevar. A parte de Viktor, Yuuri no había estado con nadie más. Nunca había tenido el deseo de estar con alguien más. Lo cual significaba que estaba, lamentablemente, muy poco preparado para un encuentro ilícito en la habitación de un hotel con el único hombre que podía hacer que quebrantara las reglas tan fácilmente.
Empujando esos pensamientos fuera de su mente y tratando de calmar el acelerado latido de su corazón, Yuuri presionó el botón para llamar al elevador, esperó unos cuantos segundos hasta que las puertas de metal se abrieron y entró. La familiar sensación de falta de gravedad lo llenó mientras la caja se elevaba. Unos segundos después, las puertas se abrieron de nuevo, mostrándole un pasillo similar al suyo que solo se distinguía por los números de las habitaciones en las puertas.
114,116,118…
Yuuri contaba mientras se deslizaba silenciosamente por el corredor, sus ojos pasando de puerta en puerta, buscando
120,122…
Yuuri se detuvo. Una borrosa placa de bronce le devolvía la mirada, el numero 124 grabado en la superficie de la misma. Después de tomar una profunda respiración, Yuuri se pasó la mano por el cabello una última vez en un gesto nervioso y golpeó suavemente la superficie de madera delante de él, el ruido resonando irracionalmente alto en medio del espacio vacío.
Menos de un segundo después la puerta se abrió revelando a Viktor, despeinado y descalzo, tal y como Yuuri había estado momentos antes. Estaba vestido en forma similar también, sus ropas se veían cómodas y flojas. Yuuri se sintió aliviado de no haberse cambiado con algo más elegante.
Viktor se vio sorprendido por un momento, como si no pudiera creer que Yuuri hubiera aceptado su oferta. El pensamiento hizo que Yuuri se sonrojara por la vergüenza de que todo lo que necesitara era un mensaje de Viktor y él saldría corriendo a sus brazos. Seguramente debió lucir como un desesperado, pero Viktor no hizo ningún comentario al respecto. Solo se movió a un lado, permitiendo que Yuuri entrara por la puerta.
Intentando que sus nervios no se reflejaran en su rostro, Yuuri entró en la habitación. Se dio cuenta de que tal vez debería decir algo, pero su lengua se sentía pesada y las palabras no salían de su boca. ¿Qué podría decir de todos modos? Él sabía que Viktor solo lo había invitado porque estaba aburrido y Yuuri era la opción más fácil. Y a pesar de saber todo eso, Yuuri había venido de todos modos ¿Qué decía eso de él?
La habitación de Viktor era, por bastantes grados además, más caliente que la suya, y Yuuri podía sentir el calor comenzar a arrastrarse sobre él. Bajando el cierre de su chaqueta, se deshizo del pesado material, y lo puso sobre una de las sillas junto a la ventana. Cuando se dio la vuelta, Viktor aún se encontraba parado mientras lo observaba, tan silencioso como el mismo Yuuri.
Viktor lucía extraño en la habitación a medio iluminar. Había una inquietud en su conducta, una agitación que no había estado allí antes y una extraña mirada en sus ojos, destacándose y contrastando fuertemente con su comportamiento normal.
—Viniste —. Dijo finalmente, rompiendo el largo silencio.
—Sí —. Replicó Yuuri, inseguro de que más decir. Pero al final no tuvo que decir nada porque Viktor cruzó el espacio que había entre ellos en unas cuantas zancadas, dándole a Yuuri a penas tiempo para pensar antes de que sus labios fueran capturados en un mordaz beso que eliminó todo pensamiento de la mente de Yuuri en un instante.
Viktor no había sido tan demandante desde su primera vez juntos. Durante su segundo encuentro le había cedido todo el control a Yuuri por completo, y su tercero había sido sorprendentemente gentil. Pero el beso actual era tan frenético y caliente como lo había sido el primero, y Yuuri se sumergió en la sensación, renunciando al control y permitiendo que Viktor lo tomara más fácilmente de lo que nunca creyó que sería capaz.
Viktor lo besaba profundamente, apasionadamente, y Yuuri podía sentir como la necesidad empezaba a crecer dentro de él. Un par de manos se aferraban a él fuertemente, manteniéndolo en su lugar, como si Viktor estuviera tratando de retenerlo e impedir que desapareciera, como si Yuuri fuera solo un espejismo que se podía desvanecer en cualquier momento.
— ¿Deseas esto Yuuri? —Le preguntó Viktor, alejándose solo lo suficiente como para permitir que sus labios formen las palabras, su rostro aun presionado contra el suyo. —Dime que lo deseas.
Tomó varios segundos que el cerebro de Yuuri le funcionara lo suficientemente bien como para pensar en una respuesta.
—Sí —. Soltó temblorosamente, preguntándose por qué Viktor tenía que siquiera preguntar. Después de todo, Yuuri había venido cuando Viktor lo llamó. Por supuesto que esto era lo que deseaba.
Los labios de Viktor represaron a posarse sobre los suyos, calientes e insistentes, y Yuuri dejó que la sensación lo llevara lejos, que su pensamiento racional cayera en la inconciencia mientras se dejaba llevar por las emociones que embargaban su cuerpo.
Se desvistieron rápidamente, Viktor quitándole la ropa a Yuuri con rápidos tirones y descartando la suya propia, antes de lanzar a Yuuri contra la cama para ponerse de rodillas sobre él. La completa pérdida de control debió haber molestado a Yuuri, pero por alguna razón no lo hizo. Él no estaba aquí con Viktor porque se sintiera perdido o desesperado por recuperar el control de la situación. Se encontraba aquí porque así lo deseaba, y por ello podía renunciar al control sin pensarlo dos veces, permitiendo que Viktor tome la batuta de la situación porque parecía ser eso lo que el ruso quería, lo que Viktor necesitaba, y después de todo, Yuuri estaba feliz de brindárselo.
En la parte más lejana de su mente, vagamente recordó su segundo encuentro, cuando Yuuri había sido un completo desastre de sentimientos y pensamientos enredados, y Viktor le había permitido tomar lo que necesitaba y mucho más. Yuuri recordó lo mucho que había amado estar en control, pero también recordó como un parte de él había extrañado y anhelado la sensación de tener a Viktor encima de él, mirándolo desde arriba, poseyendo cada parte de él con sus manos, sus ojos y su boca.
Era una sensación que había extrañado, y en la que se deleitaba ahora que la había recuperado.
Viktor aún se encontraba arrodillado sobre él, sus brazos a los lados de su cabeza mientras besaba a Yuuri con la misma intensidad del inicio de su encuentro. Yuuri le devolvía el beso, permitiendo que sus manos se deslizaran por los hombros del ruso para atraerlo más cerca. Estaba tan consumido en el beso que apenas registró como las manos de Viktor se habían movido desde su cabeza hasta pasar por su pecho y bajando por su estómago, acariciando la piel suavemente antes de moverse cada vez más abajo.
Yuuri jadeó cuando la mano de Viktor agarró su polla, clavando sus talones contra el colchón y tirando su cabeza para atrás sobre las sabanas mientras Viktor movía su mano de arriba hacia abajo por toda la extensión de Yuuri, enviando olas de placer que chocaban por todo su cuerpo. Eran demasiadas sensaciones llegándole demasiado pronto, por lo que Yuuri se sintió abrumado. Anteriormente, Viktor se había tomado su tiempo, cada uno de sus movimientos siendo realizado agonizantemente lento, pero esta vez era diferente.
Tal vez Viktor se encontraba desesperado por recuperar el control esta vez. Después de todo, Yuuri lo había vencido por menos de un punto en la competencia de ese día. Yuuri podía recordar vívidamente el sentimiento de derrota que había hecho mella en él cuándo Viktor le había ganado el oro por solamente un punto, y sus puntajes eran incluso más cercanos esta vez. La minúscula diferencia debió haberle dolido mucho y Yuuri podía entender ese sentimiento.
Ese año, durante el banquete después del Grand Prix Final, Viktor no había parecido enojado por su derrota. Le parecía extraño que reaccionara diferente esta vez, pero bueno, el Campeonato Mundial era una competencia mucho más prestigiosa y tal vez su casual comportamiento durante al banquete había sido solo una fachada para esconder su decepción.
El contraste entre ambos aún confundía a Yuuri, y le hacía preguntarse si acaso esa era la historia completa, si realmente era solo el sabor de la derrota lo que había desencadenado tan extraño comportamiento en Viktor. Demandante, desesperado y sosteniendo a Yuuri contra el colchón como si esa fuera la única manera de impedir que se marchara.
El placer empezó a aumentar y Yuuri pudo sentir como los dedos sus pies se empezaban a curvar contra el colchón, podía sentir su respiración empezando a cortarse. En un intento de contenerse sacudido la cabeza, tratando de recuperar el control sobre su cuerpo.
A pesar de su deseo por contenerse, igual se quejó por la pérdida de contacto cuando Viktor se alejó abruptamente de él, cesando todo movimiento y alejándose.
Sintiéndose ligeramente aturdido, Yuuri giró su cabeza para ver como Viktor agarraba un par de cosas de la mesita junto a la cama, para luego deslizarse sobre Yuuri una vez más, empujando una de sus manos contra la cama en un forzoso agarre, presionándolo contra el colchón. Todo había sucedido tan repentinamente que Yuuri apenas tuvo tiempo de pensar, simplemente dejó que Viktor tomara el control de la situación.
A través de la neblina de sus pensamientos, Yuuri registró vagamente le sonido de una botella abriéndose. Aún se sentía caliente y adolorido por todos lados, su cuerpo aún lloraba por la pérdida de las manos de Viktor sobre sí, así que la sensación de aquellos pegajosos dedos pasando débilmente sobre la piel de sus muslos, hizo que su cuerpo brincara ansioso.
— ¿Si? —Preguntó Viktor, su voz sonando ahogada y ronca. Como si pronunciar cada palabra requiriera de él un gran esfuerzo.
—Sí —. Jadeó Yuuri en respuesta, rezando porque Viktor no lo mantuviera esperando por más tiempo. El ruso no lo decepcionó, y unos segundos después Yuuri sintió un caliente dedo haciendo círculos alrededor de su entrada, probando ligeramente antes de finalmente atravesar el anillo del musculo y deslizarlo dentro. Yuuri jadeo ante la sensación, un sonido que se convirtió en una serie de pequeños gemidos entrecortados mientas la otra mano de Viktor regresaba a trabajar sobre su erección, moviéndola al mismo tiempo que el dedo que trabajaba dentro Yuuri.
¡Oh! y como había extrañado esto. Tener a Viktor sobre él, rodeándolo, dentro de él. Sintiéndose poseído y deseado en una manera que jamás admitiría anhelar.
Viktor añadió otro dedo y Yuuri sintió como sus manos se aferraban a las sabanas debajo de él, tratando de acoplarse a la sensación e intentando no sentirse abrumado ante lo bien que se sentía.
Viktor continuó de esa forma por unos cuantos minutos, plantando suaves besos a través del cuello y clavícula de Yuuri mientras lo impulsaba cada vez más y más sobre el borde. Después de lo que se sintió como una eternidad, el ruso añadió otro dedo y finalmente un cuarto, llenando a Yuuri por completo y provocando que mordiera su labio para evitar rogar por más.
Su resolución casi se rompió cuando Viktor retiró sus manos, dejándole a Yuuri una sensación de vacío. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algún sonido, se encontró siendo puesto boca abajo por Viktor quien fácilmente manipuló su muy dispuesto cuerpo.
A través de la neblina de placer en la que se encontraba, a penas y registró la sorpresa que lo atacó por el cambio repentino de posiciones. Sin embargo la voz de Viktor, que sonaba baja y ronca, fue algo que entendió a la perfección.
— ¿Está bien? —Preguntó el ruso y Yuuri solo asintió en respuesta, deseando que Viktor regresara a tocarlo más que a nada en el mundo. Débilmente, escuchó el sonido de la envoltura de un condón siendo rota y se levantó ligeramente, poniendo el peso de su cuerpo sobre sus rodillas, sus codos asentados en la cama.
A penas y podía creer que no hace mucho se había encontrado sentado solo en su habitación, completamente inconsciente del drástico giro que tomaría la noche. El mensaje de Viktor había sido inesperado, y la velocidad con la que habían iniciado su encuentro incluso más. Yuuri no debió sorprenderse, no era como si pensara que Viktor lo hubiera invitado para charlar, pero la urgencia con la que Viktor lo tocaba le recordaba a la forma en como el mismo Yuuri había hecho con el ruso, desechando las palabras para solo expresar sus deseos a través de demandantes caricias.
A pesar de lo rápido que su encuentro había progresado, Yuuri se percató de que ya se encontraba preparado y adolorido por el deseo.
Unas gentiles manos se envolvieron alrededor de sus hombros, deslizándose por los lados de su cuerpo hasta aferrar sus caderas y Yuuri se movió hacia atrás bajo el toque. No tuvo que esperar mucho tiempo para sentir como algo largo y caliente se presionaba contra su entrada, algo mucho más grande que los dedos que lo habían preparado momentos antes. A pesar de su tamaño, Viktor había hecho un muy bien trabajo preparando a Yuuri para la penetración, permitiendo que el ruso fuera capaz de deslizarse completamente dentro de una sola estocada.
La sensación era tan abrumadora que Yuuri sintió su cuerpo empezar a doblarse, presionándose contra el colchón, jadeando y sintiendo el sudor correr por su frente y perlar sus hombros. El firme agarre de Viktor en sus caderas fue lo único que mantuvo elevada la parte inferior de su cuerpo, y el cambio de ángulo le permitió a Viktor deslizarse más profundamente, provocando que un agudo gemido saliera de ambos.
Todo permaneció quieto por unos momentos, el silencio siendo roto únicamente por el fuerte sonido de la respiraciones de ambos. Viktor se deslizaba suavemente dentro de él, pequeños movimientos que permitían que Yuuri se ajustara y lo volvieran loco al mismo tiempo, aunque no lo suficiente. Yuuri giró sus caderas desesperadamente, incitando a Viktor para que empezara a moverse y el ruso cumplió la demanda no dicha del muchacho, saliendo casi completamente antes de volver a entrar de una sola estocada, la fuerza del impacto logrando empujar la cara de Yuuri más profundamente contra el colchón.
Yuuri sabía que si él deseaba podía girarlos a ambos perfectamente, siendo él quien estuviera sobre Viktor en lugar de ser empujado contra la cama por el ruso. Podía retomar el control y cabalgar sobre Viktor hasta que todo hubiera terminado. Pero no quería hacerlo. Yuuri quería que Viktor tuviera el control. Ahora mismo no tenía nada que probar y nada por lo que pelear. Todo lo que quería era a Viktor, deseándolo y necesitándolo tal como ahora. Si esto era lo que Viktor necesitaba, Yuuri estaba más que feliz de permitirle tomarlo, estaría feliz con dejarlo hacer cualquier cosa.
Viktor se empujó contra él otra vez, nunca bajando su velocidad. Yuuri podía sentir sus manos hurgando entre las sabanas, tratando de encontrar algo a lo que aferrarse para no perderse por completo en su placer. Las manos de Viktor abandonaron sus caderas, empezaron a moverse gentilmente por sus costados y Yuuri se enfocó en esa sensación, concentrándose en esos toques para mantener sus pies en la tierra.
Sin embargo, su concentración se perdió cuando Viktor bajó su mano para agarrar la polla de Yuuri con suaves toques, ocasionando que el muchacho se derritiera por completo. Todas las sensaciones eran demasiado para él, pero al mismo tiempo se sentía tan perfecto que a penas y podía pensar. No podía hacer nada más que perderse en el placer y entregarse a este por completo.
Yuuri podía sentir la caliente respiración de Viktor golpeando contra su nuca, pero eso no impidió que se sobresaltara al sentir un par de labios moviéndose contra su piel, cálidos y gentiles. Viktor besó el camino de su columna, nunca cesando en sus movimientos, pero de algún modo los pequeños besos parecían quemar a Yuuri más ferozmente que nunca antes.
—Hoy en la pista de hielo —, Exhaló Viktor entre besos. —Estuviste deslumbrante. La audiencia te adora.
A través de la neblina de placer, Yuuri apenas pudo registrar esas palabras. Pero Viktor continúo hablando y su voz sonaba entrecortada por los jadeos, sus labios continuaban trazando un ardiente camino por su piel.
—Te entregas a ellos tan libremente. A todos —. Le escuchó decir, el sonido pareciendo provenir de muy lejos. —Pero viniste. Cuando te lo pedí, viniste.
—No tengo nada más —Susurró Viktor —Pero tengo esto.
Yuuri no podía entender sus palabras, no podía descifrar el significado detrás de ellas. Sin embargo ya no tuvo tiempo para pensar porque Viktor cambió el ángulo de sus estocadas ligeramente, enviando una nueva ola de placer que golpeó por todo su cuerpo. Eran demasiadas sensaciones, todas al mismo tiempo, y ya no fue capaz de encontrar las palabras.
A pesar de las emociones que se arremolinaban dentro de Yuuri y el placer desbordante que lo consumía hasta el punto de quiebre, fue Viktor quien se vino primero, mordiendo el hombro de Yuuri mientras sucedía. Marcándolo y embistiéndolo con un par de últimas estocadas y descansando finalmente. La mitad de su cuerpo siendo sostenido por sus propias piernas y la otra mitad recostada sobre la espalda de Yuuri.
Al ruso le tomó un par de minutos recuperase de su orgasmo, pero una vez que lo hizo procedió a mover la mano con la que aún mantenía agarrada la polla de Yuuri. Mas gentilmente esta vez, empujando a Yuuri hasta el borde ya sin la frenética urgencia que lo había guiado en el principio. Los ligeros besos hicieron aparición nuevamente, esta vez danzando a través del cuello de Yuuri y este finalmente se dejó ir, viniéndose con un agudo gemido mientras la mano Viktor lo guiaba a través del orgasmo, deteniéndose únicamente cuando Yuuri quedo drenado por completo.
Yuuri se dejó caer sobre la cama, sintiendo a Viktor retirarse de su cuerpo y registrando muy vagamente como el hombre retiró el condón, lo ató y luego lo arrojó en lo que Yuuri asumió era una papelera en medio de la habitación. Se sentía completamente exhausto, feliz, pero exhausto. Lo que le parecía sorprendente si tomaba en consideración que le había permitido a Viktor realizar todo el trabajo.
Fue solamente cuando Viktor también se acostó sobre la cama que Yuuri se percató de su propia condición. Desparramado en medio de la cama de Viktor, siendo no deseado y no requerido ahora que ya habían terminado. Si Viktor se encontraba siquiera de cerca tan cansado como Yuuri, entonces seguro querría ir directamente a dormir, y para hacer eso seguramente quería a Yuuri fuera de la cama lo más pronto posible.
Deseando poder alargar este momento por un poco más de tiempo, pero sabiendo que no podía hacerlo, Yuuri se levantó para retirarse. Sin embargo, antes de que pudiera levantarse por completo, una mano siendo puesta sobre su brazo lo detuvo.
Viktor también se encontraba medio sentado sobre la cama, su cuerpo girado hacia Yuuri, su toque gentil pero insistente, manteniendo a Yuuri en la cama. Había un suave brillo en sus ojos, la luz de luna colándose por las ventanas mostraban su rostro gentil y expuesto.
—Quédate —Susurró el ruso, y Yuuri pudo sentir como su respiración se atoró en su pecho, como su corazón pareció detenerse por un instante. —Por favor.
Cada vez que habían estado juntos Yuuri se había marchado lo más pronto posible, sabiendo que Viktor no querría que se quedara, que lo querría fuera lo más pronto posible. Pero Yuuri nunca había querido marcharse. Y ahora, era Viktor quien le estaba pidiendo quedarse…
—Está bien —respondió, sintiendo como si le hubieran quitado un peso de encima—. Me quedaré.
Yuuri se recostó dudosamente, deslizándose a través de la cama para darle más espacio a Viktor. El ruso se movió al mismo tiempo que él hasta que ambos estuvieron acostados en el centro de la cama, solo un par de centímetros separando sus cuerpos. El toque de Viktor aún permanecía cálido en su brazo, y Yuuri se percató que no quería que la sensación desapareciera.
Yuuri se acurrucó ligeramente al sentirse en calma, su rostro aún direccionado hacia Viktor con su cabeza recostada sobre una de las tantas almohadas en la cama. Viktor también se relajó, y tomó las arrugadas mantas para cubrirlos a ambos. Yuuri se acurrucó involuntariamente contra la calidez de las mismas. La habitación se encontraba calmada, y silenciosa, los ojos de Yuuri habían empezado a cerrarse sin que él se diera cuenta y ni siquiera hizo el intento de pelear contra el sopor que lo invadía.
Viktor estaba recostado cerca de él. No como para llegar a tocar al otro, pero si lo suficientemente cerca como para que Yuuri notara el ligero sube y baja de la respiración de Viktor sobre su pecho. Yuuri quería alcanzarlo, quería tocar a Viktor, acercarse más a su cuerpo. Pero no sabía qué tipo de reglas implícitas existían para este tipo de situaciones, no sabía si el acercarse sería tomado como una invasión del espacio personal, ni tampoco sabía lo que Viktor quería.
A pesar de que sus cuerpos no se tocaban, la mano de Viktor aún se encontraba descansando sobre el brazo de Yuuri y sus ojos se encontraban abiertos, fijos en el rostro del menor mientras yacían allí, juntos. En cualquier otra circunstancia, Yuuri se hubiera sentido incómodo con el escrutinio, pero en este momento se encontraba demasiado cansado y feliz como para prestar atención a sus preocupaciones.
Se dejó llevar por el sueño lentamente, notando los ojos de Viktor aún fijos en su rostro hasta que se quedó dormido.
Cuando los ojos de Yuuri se abrieron más tarde, lo primero que vieron fue una habitación oscura, incluso la luz de la luna había sido aplacada por las pesadas cortinas. Su cuerpo le indicó que aún era de noche, el sueño aún se encontraba pesadamente aferrado a él y su conciencia era bastante incompleta en comparación a como sería si estuviera completamente despierto.
Medio dormido, Yuuri se preguntó qué lo había despertado. No se movió, aun atrapado por el remolino del sueño, permaneció acostado y quieto con su respiración calmada y acompasada.
A penas consiente, Yuuri finalmente registró el qué lo había despertado. Habían unos dedos deslizándose por su espalda, unos toques ligeros cual pluma que se movían en un patrón circular. En algún punto de la noche se había movido, por lo que ahora le estaba dando la espalda al hombre con quien compartía la cama. Además se había acercado más a él a pesar de sus propias preocupaciones, ahora estando ambos presionados contra el otro.
Viktor parecía estar despierto, y aunque Yuuri no podía ver al ruso, sí podía como sentir como le proporcionaba ligeros toques con su mano. Formando un patrón regular por la extensión de la espalda de Yuuri. Distantemente, Yuuri se preguntó qué era lo que hacía el ruso despierto. Un débil sonido llegó a sus oídos y Yuuri se percató que provenía de Viktor. El bajo zumbido de una melodía que se conectaba con los movimientos en su espalda.
Las palabras que Viktor canturreaba no le eran familiares a Yuuri. Ruso, le indicó su inútil y adormecida mente. La canción era profunda y melódica, y la voz de Viktor le quedaba perfectamente, susurrando en medio de la habitación. Los dedos del ruso continuaron haciendo formas sobre su piel y Yuuri reconoció las familiares líneas que estaban siendo trazadas en su espalda. Eran los pasos de una rutina de patinaje, los dedos de Viktor imitaban los movimientos de un patinador en la pista. Deslizándose y girando, dejando ligeros caminos por donde pasaba.
Se mantuvo entonando en voz baja al mismo tiempo que continuaba con las figuras en su espalda y Yuuri se preguntó si tal vez estaba preparando una nueva rutina. Para el próximo año, tal vez. Viktor parecía no haber notado que Yuuri estaba despierto. Después de todo, sus ojos nunca se abrieron y su cuerpo permaneció inmóvil, respirando profunda y constantemente. Una parte de él se preguntó si debería hacerle saber a Viktor que se encontraba parcialmente consciente.
Pero Yuuri estaba demasiado cansado para pensar apropiadamente, además el sueño no lo había liberado completamente de su agarre. Lentamente, se permitió hundirse de regreso al mundo de los sueños, arrullado por el sonido de la voz de Viktor y los gentiles movimientos sobre su espalda.
V-nikiforov
10,572 me gusta
V-nikiforov: Hermosa vista fuera de mi habitación de hotel esta mañana #CampeonatoMundial
Ver todos los 2972 comentarios
codyzone Wow, ¡Que bonito!
Laura_Love Miren ese amanecer! 333
XxBulletofRomexX ¿ESA NO ES LA JODIDA CHAQUETA DE KATSUKI YUURI COLGANDO EN LA SILLA JUNTO A LA VENTANA ?
Hisstory_maker OMG NO PUEDE SER!
Thecbc …gente, literalmente es solamente una chaqueta negro y azul, wtf?
Que Viktor ya no tiene permitido tener ropa o qué onda?
Kim-kam pero tienes que admitirlo, el color y el diseño luce sospechosamente igual a la chaqueta usan los patinadores japoneses
Veetya No realmente! La luz es realmente mala y apenas se pueden notar el colores. Luce como una chaqueta oscura común y corriente. Son un montón de exagerados.
Viktuuriovervictory ahhh, si tan solo la prenda no estuviera tan arrugada y la imagen fuera de mejor calidad entonces podríamos ver si dice JAPAN en la parte de atrás T.T
CeeCee251 Incluso si lo dijera tampoco probaría nada! hay muchos patinadores japoneses compitiendo en las diferentes divisiones del mundial. No solo Katsuki. Quieren YA dejar de meter sus narices en la vida privada de Viktor y detener el spam en su instagram con sus asquerosas especulaciones!
Icharlie Por que la gente sigue aferrándose a cualquier pista de la cosa esta de Nikiforov y Katsuki como pareja?
Ellos. No. Se. Agradan. Misterio resuelto.
ViktuuriSquad
25K wow, tanto drama por una chaqueta LOL! Todos necesitan aprender a jodidamente calmarse y apreciar la bella imagen en lugar de pelear.
NancyB21 *susurrando* Pero en realidad sí que luce como la chaqueta de Katsuki
.
.
Notas de la autora:
Bueno, este fue más bien un capítulo de transición, prometo que el próximo tendrá mas trama. No me gusta tener dos escenas de sexo en un mismo capítulo pero por el bien de la trama así tenía que ser. Aunque esta no haya sido mi capitulo favorito, tenía ser escrito para darle paso a lo que sucederá después. Prometo que sucederán muchas más cosas en el capítulo once que además romperán el esquema que habían estado teniendo los últimos capitulo. Para el próximo dejare de cubrir años enteros en un solo capitulo y me concentrare en eventos singulares, con cosas sucediendo entre días y semanas mínimo. De esta manera dejará de verse tan apresurado y veremos más desarrollo entre Viktor y Yuuri. MUCHA más interacción, lo prometo.
También, ya se enteraron lo que sucedió en las olimpiadas (bueno, algo así) Lo que falta se sabrá cuando veamos la historia del lado de Viktor, al igual que la conversación entera que tuvieron Viktor y Cris y el contexto de la misma. A demás de qué carajo estaba pasando en la cabeza de Viktor en ese momento (aunque he soltado varias pistas). Pero por ahora, solo saben lo que Yuuri sabe :)
Nota de la traductora:
No tengo mucho que decir LOL
Solo quiero avisar que pueda que me demore un poquito más con el cap 11 porque es gigantesco. Pero trataré de no demorarme mucho: 'v
Ahora, con respecto a la canción que murmuraba Viktor MUY IMPORTANTE:
Es una canción rusa llamada "Dark eyes" cuya letra les dejare aquí pero les recomiendo buscar la versión sub eng que fue la que dejo Reiya-san en el fic.
Ojos negros, ojos apasionados
Ojos ardientes, hermosos
Cómo os amo, cómo os temo
Tal vez os conocí en un momento maldito
Oh, por algo sois más oscuros que lo profundo del mar
Veo en vosotros el duelo por mi alma
Veo en vosotros una llama de victoria
Consumido en ella, un pobre corazón
Ojos negros y ardientes,
más profundos que el cielo nocturno
Me llamaban a volar lejos del mar
Donde el amor es el rey, y la amabilidad lo es todo.
Si no te hubiera conocido, no estaría sufriendo tanto
podía haber vivido sonriendo.
Tú me arruinaste, ojos negros.
Te llevaste mi felicidad por siempre
Pero no estoy triste, no estoy triste
Encuentro consuelo en mi destino:
Todo, lo mejor que en la vida Dios nos ha dado
Os lo sacrifico, ojos de fuego
Ojos negros, ojos apasionados
Ojos ardientes, hermosos
Cómo os quiero, cómo os temo
Tal vez os conocí en un momento maldito
Cómo os quiero, cómo os temo
Tal vez os conocí en un momento maldito
Adjunto a eso, les dijo algo que Reiya-san dijo acerca de Viktor y sus posiciones favoritas en la cama: Usualmente prefiere tener sexo "en cuatro" cuando se siente particularmente posesivo 7.7
MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS POR LEER. A todos los que leyeron, comentaron, siguieron y dieron favorito a este fic. Sé que siempre les recomiendo ir al blog de Reiya-san, pero en este momento podrían hacerse spoilers ENORMES si van XD
De todos modos les dejo su blog por si gustan ir igual solo a dejarle su comentario :)
Los reviews y su opinión como lectores siempre son apreciados! :)
Siempre que sea su voluntad, por supuesto.
Especialmente por la autora. Si pueden tomarse el tiempo para opinar aquí y en el tumblr de Reiya-san sería perfecto. Pero cuidado con el spoiler XD
Aquí está su blog en tumblr.
kazliin (punto) tumblr (punto) com
No importa si escriben en español. :)
Pueden buscar directamente a la autora en AO3 como "Reiya".
¡NOS ESTAMOS LEYENDO!
