Magnetismo Animal


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

Advertencias: AU, Lenguaje vulgar, POV.


Capítulo X


Sasuke

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Sonreí mientras le daba una honda calada a mi cigarrillo. En poco tiempo estaré nuevamente sobre ti y esta vez, gritarás mi nombre tras cada orgasmo.

Estaba a punto de marcharme del lugar, pero nuevamente sucumbí ante el irresistible deseo de espiarla un poco más. «Uchiha, te estás volviendo sumamente débil» me reprendí mentalmente mientras ponía el auto en marcha.

Ambas mujeres eran sumamente aburridas y predecibles. Primero, pararon en casa de Sakura, no tardaron demasiado allí dentro. Luego se dirigieron a un centro comercial.

Me senté en una banca, estaba lo suficientemente cerca para estar al pendiente de todos sus movimientos, pero no tanto como para oír su conversación. Su amiga rubia, luego de un rato de intercambio de palabras, intersectó mi mirada y me observó sin decoro, su reacción es la usual en todas las mujeres, ya estaba acostumbrado. Tras pocos segundos Sakura se giró, yo solo la miré fijamente y sonreí. Ella se volteó muy aprisa, nerviosa.

Su amiga se alejó más rápido de lo que imaginé, y aproveché la perfecta oportunidad para acercarme a Sakura.

—Supongo que ya pensaste mejor las cosas y aceptarás ir conmigo a algún hotel a ensuciar un poco las sábanas —propuse sugerentemente, apareciendo a sus espaldas y sentándome a su lado

—Eres un cerdo asqueroso, ya te dije que tú y yo no tenemos nada que ver —respondió calmadamente.

Frunció el ceño y se levantó, supongo que para marcharse. Con rapidez la detuve, valiéndome de un sólido agarre en su muñeca.

—Cuídate, ya he comenzado a perder la poca paciencia con la que cuento —dije, tratando de permanecer sereno— Nos vemos mañana, Sakura —susurré a su oído en ese tono de voz que siempre funcionaba con cualquier mujer.

—Puedo llamar a la policía —amenazó.

—La policía… ¿De qué me acusarás? —me mofé— No creo que ir al centro comercial o comer fuera de casa sea un crimen —estrujé su muñeca entre mis dedos, tan frágil que podría partirla si aplicaba un poco más de fuerza— Quiero verte acusarme de algo, quiero ver que te atrevas a hacerlo —la miré con severidad, reafirmando mi autoridad.

—Pero si acabas de amenazarme —intentó deshacer mi agarre—, y esa cosa que haces se llama acoso —agregó. Su labio inferior temblaba levemente.

—¿Si? Tómalo como gustes —procedí a desasir mi agarre con lentitud— He estado intentando llevar las cosas en paz —me volteé para irme, no sin antes darle un último y corto vistazo.

Caminé, mientras la añoranza me mataba con lentitud. «¿Desde hacía cuánto tiempo no disfrutaba de buen sexo?» me pregunté.

La abstinencia acabaría conmigo, estaba llegando a un punto en el cual no conseguía concentrarme en mis asuntos, sin que imágenes sugestivas surcaran mi mente.

Mentiría si negara que mi vida sexual era bastante activa, sin embargo, nunca he sido algo así como un adicto al sexo. Podía pasar de alguna noche con compañía con facilidad y estar completamente en paz conmigo mismo. En este momento, todo este asunto con Sakura se siente diferente y supera mis niveles de entendimiento, ha de ser por ese efecto especial que ella tiene en mí.

Me senté un momento a organizar mis ideas, si continuaba con esa rutina de solo seguirle de lugar en lugar, en vez de actuar, verdaderamente terminaría por volverme loco. Por otro lado, la palabra fracaso no existía en mi diccionario.

Sentí como alguien se sentaba a mi lado y opté por ignorarlo.

—Eh, Sasuke —oí una voz familiar.

—Suigetsu —pronuncié, sin mirarlo al rostro.

—Cuanto tiempo sin verte —dijo— ¿Qué haces rondando por aquí? No es usual, de hecho, es el último lugar en el cual pensaría encontrarte.

—No te importa —respondí, cortante.

—Veo que sigues siendo de pocas palabras. Te he visto con alguien hace un rato, ¿Es tu nueva chica?

No respondí, había olvidado lo entrometido que podía llegar a ser Suigetsu.

—Es linda —continuó hablando ante mi falta de respuesta— ¿Crees que podrías presentársela a tu buen amigo? —su simple pregunta me revolvió el estómago— Para ya tú sabes, luego, cuando destroces sus sentimientos, yo podría consolarla tal y como en los viejos tiempos. Nunca me ha molestado quedarme con tus sobras, son bastante buenas.

En ese instante me levanté y lo tomé por el cuello de su camisa gris, levantándolo del asiento.

—No te atrevas —lo fulminé con la mirada— Que tan siquiera se cruce por tu asquerosa mente la simple idea de tenerla cerca —advertí, de manera amenazante— incluso respirar su mismo aire, podría costarte caro.

—De acuerdo, de acuerdo —dijo, soltando una risa nerviosa— Puedes soltarme —agregó, aún tenía la tela de su ropa entre mis puños.

Lo baje sin ningún cuidado. No lo hice porque me lo pidiera, simplemente empezaba a llamar la atención de las personas. Me hubiese gustado romperle la cara en ese instante, pero sería un poco problemático y quizás me costaría una larga conversación con algún oficial corrupto, acompañada de un pequeño soborno. Agredir a los imbéciles no debería acarrear problemas legales.

—Nunca creí vivir para ver el día en que Sasuke Uchiha estuviese enamorado —dijo con una ancha sonrisa burlona.

Solté una carcajada.

—¿Enamorado? —musité, con sorna— ¿Estás consiente de lo que estás diciendo? —pregunté—. Es distinto, se trata de algo mucho más simple —agregué, dándole la espalda para marcharme.

Deambulé largo rato por las calles, la conversación con Suigetsu había dejado un gusto desagradable en mi boca. Era descabellado confundir amor con la relación entre un cazador y su presa. La quería sólo para mí, ella estaría libre, en su entorno y yo manipularía todos los factores a mi alcance, para hacer de esta cacería, algo memorable.

Cuando comenzaba a caer la noche, me dirigí a mi departamento. Una vez allí, me senté el sillón a meditar un rato. Me asaltaron las incontrolables ganas de escucharla hablar, perturbando así mi paz mental.

Tomé el móvil entre mis dedos y mecánicamente marqué su número.

—Iba a esperar hasta mañana para ir a buscarte, pero me han entrado ganas de oír tu voz —le dije.

No contestó pero podía oír su respiración al otro lado de la línea.

—Vamos, dime algo, no pensarás dejarme con las ganas de esto también, ¿O sí? —pregunté, ansioso por oírle decir algo.

—Eres un enfermo de mierda ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Qué cojones tengo que decirte para convencerte que no me interesas como hombre? —elevó la voz. Este era el momento en el que usualmente comenzaba la diversión.

—Eso ha sido un golpe bajo, directamente a mi orgullo —dije, pausadamente— Podría decirte que me ha afectado, pero estaría fingiendo. No es necesario que mientas, pero me parece que te he dado suficiente tiempo para que aceptes las cosas como son.

—¿Cómo mierda te hago entender que no quiero absolutamente nada contigo?

—Lo que me pregunto yo es que más tendrá que suceder para que tú entiendas. ¿No es suficiente el hecho perder el semestre? ¿Necesitas algo más?

—¿Estás diciendo que has sido tú? —gritó, llena de ira.

Sakura estaba molesta, muy molesta. Eso me encantaba, es genial cuando me habla de esa manera, cuando saca ese valor de la nada y cree que puede comportarse así, simplemente magnífico.

—No he dicho tal cosa, ahí estás de nuevo sacando tus propias conclusiones, ha sido suficiente parloteo por hoy —finalicé la conversación.

Podía darme por bien servido, acababa de oír lo que quería, toda esa energía, esa rabia enfocada hacia mí. Quizás podría esperarla un poco más. Una ancha sonrisa se formó en mis labios.

Me dirigí al cuarto de baño, sin mucho protocolo me desprendí de mi ropa, me quité los vendajes de las manos y noté que habían mejorado bastante; entré a la ducha.

Ahí me encontraba nuevamente -luego de pensarlo un par de veces- dándome placer con su figura removiéndose entre los rincones más ocultos de mis pensamientos. Esto estaba llegando más lejos de lo que podría desear, jamás pude imaginar el verme en esta situación tan frecuentemente.

Mi heridas comenzaron a arder, creo que algunas se han abierto debido a la fricción; pensé en parar pero no dejaría las cosas a medias, proseguí haciendo caso omiso al dolor. Al ver como el agua se teñía de rojo, decidí continuar mi labor torpemente con la mano izquierda, deseando en este instante ser ambidiestro.

Al terminar, acabé más acalorado y ansioso que cuando comencé, además de eso tenía las manos hechas mierda. Suspiré mientras usaba el alcohol para luego colocar vendajes nuevos sobre mis, recién abiertas, heridas.

Me recosté sobre la cama, sin apetito para cenar esta noche, cerré los ojos y al instante oí como sonaba mi móvil. Sonreí con suficiencia al ver de parte de quién provenía la llamada.

—¿Bueno? —contesté, fingiendo adormilamiento— ¿Quién habla?

—Sabes perfectamente quien soy, imbécil —respondió. Su voz era filosa.

—Sakura, que sorpresa. No pensé que me llamarías tan pronto. ¿Ya te has decidido?

—Eres una rata asquerosa de alcantarilla, y así crees tú que llegarás a algo ¿Es divertido joderme la vida? ¿Disfrutas viéndome llorar y te regocijas cuando estoy sufriendo? —Sakura tenía un gran talento para el drama.

—Es sorprendente la facilidad que tienes para armar esas novelas carentes de sentido en tu mente —comenté—. Deberías dedicarte a eso ahora que has decido pausar tus estudios medicina —no pude evitar reír ante mi propio comentario.

—En este momento no tengo dudas de que has sido tú —aseguró— No eres más que un maldito cínico.

—Ha sido un placer oír tu voz, nos veremos pronto. Espero que esta vez seas tú quien me busque en lugar de yo a ti.

—Me das asco, bastardo de mierda, estúpido maniático del caraj… —corté la llamada.

Arrojé el móvil lejos y cerré los ojos para caer en un profundo sueño.

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Era un miércoles cualquiera, con un clima bastante neutral. Como de costumbre hice uso de mi habilidad para ser invisible y me dispuse a realizar mi rutina de persecución. Mis heridas hacían que la tarea de conducir no fuese una experiencia grata.

Un taxi la esperaba fuera, los seguí durante más de un cuarto de hora hasta un viejo edificio que no conocía. Sentí un poco de intriga, me pregunté qué querría hacer ella en un lugar como este, conocía bastante bien la ciudad, pero no tenía la menor idea de que podría haber esa edificación.

Tras varios minutos salió de la construcción y tomó otro taxi que, errando mis predicciones, no la dejó en su trabajo sino en el hospital cercano a su departamento, poco me importaba lo que hacía allí. Lo que realmente me intrigaba, era el número de paradas en el día, no es una persona muy fanática de romper su rutina.

Luego de media hora, aproximadamente, la vi salir por la puerta y caminar en dirección a su lugar de trabajo. Decidí que sería interesante ver su reacción hacia mí después de la entretenida conversación entre ambos que había tenido lugar la noche anterior.

Me senté en un lugar visible, había aprendido tanto acerca de su carácter en los últimos días, que tenía la certeza de que esta vez se acercaría a mí.

Me divisó entre los demás comensales y pude ver como clavaba sus orbes jades en mí y su ceño se fruncía. Desapareció y reapareció frente a mí en cuestión de segundos.

—Eres un maldito bastardo y juro que me las pagarás —susurró, de una manera tan discreta, que solo yo podía escucharla— ¿Cuál me dijo que era su orden? —preguntó en un tono audible para disimular con las personas que pasaban por su lado en ese instante.

—Por ahora puedes traerme un espresso doble, Sakura. Solo por el momento.

—Enseguida le traigo su orden —escupió con un matiz de desprecio en su voz.

No tuve que esperar demasiado, a los pocos minutos la vi acercarse a mí, sosteniendo con una mano la bandeja en donde se encontraba mi café y una jarra de agua.

—Bastante eficaz —comenté con una sonrisa burlona.

Ella sonrió de la misma manera, cosa que me extrañó bastante, se suponía que era yo el que se diviertía.

Tomó la taza de café entre sus dedos y, en lugar de colocarla sobre la mesa, la vació por completo sobre mi cabeza. Sentí como el líquido hirviente me quemaba el rostro y antes de poder reaccionar, vertió también la jarra de agua helada sobre mí.

—Lo siento, que torpe soy —se mofó, mientras terminaba de vaciar la jarra ante la mirada atónita de todos— Espero que el agua haya servido para para bajarte un poco la calentura, bastardillo de mierda.

Me levanté de la mesa al instante y la miré directamente a los ojos con el rostro endurecido. Nunca antes alguien se había atrevido a tratarme de esta manera.

Utilicé la mano izquierda para acomodarme el cabello hacia atrás, de manera que los mechones empapados no cubrieran mis ojos. Aunque la ira se estuviese agolpando en mi pecho, relajé mis facciones opté por sonreír. Acción que causó cierto desconcierto evidente en ella.

—Ya veo hasta qué punto está llegando nuestro juego, Sakura —musité calmadamente— Supongo que luego será mi turno de hacer un movimiento —le guiñé el ojo.

Me volteé para marcharme, no le daría la satisfacción de sentirse vencedora al verme enojado. Mis amenazas estaban siendo muy constantes y el ambiente estaba necesitado de un poco de acción. Debía pensar en algo que me ayudara a llevar las cosas al siguiente nivel.

Tuve que ir a cambiar mi ropa, pero luego me dirigí al hospital en el que ella había estado para evaluar el lugar. Entré en el sitio sin lograr ver algo especial. Recorrí algunos pasillos sin encontrar pistas que me indicaran que estuvo haciendo aquí. Salí inconforme al no haber encontrado nada. Le di un último vistazo al edificio y algo captó mi atención de inmediato: el mismo sujeto al que golpeé hace algunos días por besar a Sakura, mirando pacíficamente a través de una ventana. Verlo allí, me hizo lamentar el no haberlo golpeado con más ahínco, lucía más entero de lo que esperaba.

Agradecí el haber nacido dotado de tan grandiosa vista, me monté en mi auto y enfilé hacia el extraño edificio, teniendo como objetivo averiguar que mierda es ese lugar.

Era un edificio con una fachada aparentemente antigua, de un color grisáceo. Me deslicé entre los corredores del lugar. Había numerosas oficinas, la mayor parte de ellas eran de abogados, ¿Buscando acciones legales? ¿Una demanda? ¿Quizás una orden de alejamiento? Dejé de perder el tiempo en pensamientos irracionales.

Conduje en dirección al departamento de Sakura, paré un par de veces en el camino para comer algo y recargar el tanque de gasolina. Después de su actuación magistral en su lugar de trabajo, dudo que la dejaran continuar allí. Aparqué al coche a unas manzanas del edificio en donde ella vivía.

Caminé casi una hora por los alrededores, pensando en si sería buena idea aparecerme en la puerta de su departamento. Pero, tal y como ocurre en las malas películas y telenovelas, la divisé al otro lado de la calle, su cabello rosa era inconfundible y me había ayudado en muchas oportunidades a localizarla con facilidad.

Caminé en paralelo a ella, su actitud me hacía pensar que tramaba algo en mi contra. Todo en su vida no gira en torno a mí, pero esta vez no creo equivocarme.

Se detuvo en un pequeño café al aire libre, pidió una mesa. Tras unos pocos minutos llegó un hombre bastante alto, de tez morena y barba, que se sentó en la misma mesa donde ella se encontraba. Quizás algún conocido, nadie que hubiese visto antes junto a ella.

Al llegar el sujeto le extendió un sobre, ella lo tomó y lo guardó en su bolso, haciendo el ambiente bastante sospechoso. Charlaron durante un rato mientras tomaban un café. Pasadas las 6 de la tarde ambos se levantaron, se despidieron y tomaron rumbos distintos.

Podría haber buscado a Sakura, pero ese otro sujeto despertaba más curiosidad en mí.

El tipo se encaminó en dirección contraria a la que se dirigió Sakura, encendió un cigarrillo mientras andaba a paso lento y confiado.

Quería saber quién era, me dispuse a seguirlo, poniendo especial cuidado en que mis pasos no hicieran eco sobre los suyos; de un momento a otro se volteó y miró en la dirección en la que me encontraba, con dificultad me oculté en un callejón. Volvió a voltearse un par de veces más hasta que se subió a su auto; lo que me advirtió que quizás no fue coincidencia y ese sujeto no era alguien corriente, por el contrario, yo diría que se trataba de una persona bastante perceptiva. Supe de inmediato que no sería prudente continuar mi persecución.

Regresé al hospital, la sala de espera estaba totalmente desierta, cosa que me pareció extraña. La recepcionista se levantó de su escritorio y dejó reposando sobre él un cartel que anunciaba 'Regreso en 15 minutos'. Me acerqué al computador y con disimulo coloqué un pendrive en el puerto USB, estuve lo suficientemente lejos de la mesa, recostado contra una pared para no parecer sospechoso. Calculé el tiempo, extraje mi memoria con rapidez y desaparecí del lugar.

Miré la pantalla de mi portátil y de inmediato apareció en mi mente un bosquejo de mis planes. Esta vez sería mi turno, Sakura…

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~Sólo hay una fuerza motriz: el deseo~


Saludos.

Siguiendo en mi labor y cada vez faltando menos para terminar. He leído y releído tantas veces esto que empiezo a hartarme de él jajaja. Poco a poco voy llegando al temido punto en el que me quedé.

Nuevamente gracias por el apoyo, por seguirme y por los reviews, los lectores son alimento para la motivación.

¿Me regalarían un review?

V