N/A: Un AU es un universo alternativo donde las tramas y sucesos transcurren de forma diferente al canon original de la novela, película, serie o videojuego. Los personajes actuarán en consecuencia de estas modificaciones.
Esto es un fanfic yaoi con ligeros toques de lemon (nada particularmente explícito). Si no eres fan de este género, te recomiendo que no lo leas. También advierto que habrá capítulos exageradamente cortos en comparación a otros, que parecerán demasiado largos, a fin de hacer ciertos momentos de la trama más llevaderos.
Todos los personajes, objetos y organizaciones pertenecen a Death Note.
¡Gracias por leer!
Día 32
Light se despertó aquella mañana con una agradable sensación de paz. La tormenta parecía haberse calmado por fin, aunque el día seguía viéndose bastante nublado desde el interior de la habitación. Conteniendo un ligero bostezo, fue a estirarse para desentumecer los músculos, sintiendo un peso extra a su lado que, a pesar de lograr que volviese a ruborizarse, le arrancó una amplia sonrisa al joven; allí, junto a él, se encontraba Ryuzaki, tan profundamente dormido que por unos segundos estuvo tentado de no despertarlo. Los sucesos de la noche anterior acudieron a su memoria rápidamente, haciéndole suspirar en un tono entre el anhelo y la tranquilidad.
Con suma delicadeza, alzó una de sus manos para acariciar la mejilla del detective. Éste, lo bastante susceptible a cualquier movimiento, en seguida abrió los ojos, cruzando miradas con el castaño. Nunca, desde que lo conocía, lo había visto sonreír de ese modo, ni siquiera a Watari, algo que le produjo un placentero cosquilleo en el estómago. Ambos quedaron así unos minutos, silenciosos, contemplándose mutuamente. Se le hacía extraño pensar que la tarde anterior habían estado peleándose, mientras que ahora se encontraban en esa situación. ¿Qué pensaría su padre si lo viese así? ¿Y el resto del cuartel? Supuso que tendrían que mantener todo aquello en secreto. En especial, e irónicamente, por Misa. No quería tener que enfrentar la reacción de la chica ante semejante noticia.
Ladeando un poco la cabeza, Ryuzaki le colocó al muchacho el dedo índice en los labios. No dejó de mirarlo, como era habitual en él, aunque algo en el fondo de sus ojos se notaba diferente. Le dirigió una minúscula, casi tímida sonrisa, pegando su frente con la ajena en un intento de resultar reconfortante.
—Sé lo que estás pensando — le susurró.
—¿Ah, sí? — contestó Light, tras un breve titubeo. A estas alturas, tampoco es que le sorprendiese que el detective supiera leer en sus involuntarios gestos.
—"¿Qué va a decir mi padre si se entera? ¿Y el resto del cuartel? ¿Y Misa?" — recitó el azabache, ampliando un tanto la sonrisa, al ver, por la reacción de su compañero, que había acertado de lleno —. Tranquilo, Light. Esto es entre tú y yo, nadie tiene por qué enterarse.
—¿No te importa que sea así…? — musitó el joven, inseguro.
—De hecho, resulta mucho más sencillo — asintió Ryuzaki, jugueteando distraídamente con su cabello —. Sé que para algunas personas esto resulta difícil de asimilar. El hecho de que los dos seamos hombres, quiero decir… — hizo una pausa, observando el techo, de reojo —. Para mí, eso nunca ha supuesto motivo de prejuicio. Siempre he pensado en todo esto como algo natural, que dos personas se sientan atraídas, y empiecen a compartir una relación sentimental. El sexo de cada cual es totalmente irrelevante en cuanto a sentimientos se refiere.
—Vaya. Lo expones de una manera que no hay quien te diga que no... — comentó el castaño, riendo entre dientes —. ¿Y qué me dices de esto? — añadió, alzando la muñeca esposada. Las cadenas tintinearon un poco —. También está en vereda el tema de la investigación…
La expresión de Ryuzaki se tornó un tanto seria en cuanto surgió el tema, no porque creyese que el chico sugiriese quitar las esposas, sino porque, hasta el momento, ni se le había pasado por la cabeza la idea. El hecho de que aún estaba bajo la sospecha de ser Kira, para más señas. Guardó unos instantes de reflexión, con el pulgar entre los labios y la mirada perdida. Aún había cosas en las que tenía que pensar, con mucho detenimiento, además, pero quería dejar ese asunto zanjado, por ahora.
—Bueno, resulta bastante evidente que llevo un mes vigilándote de cerca las veinticuatro horas, y, a menos que Kira mate en sueños, cosa que dudo, no has hecho nada digno de sospecha — reconoció, agachando la cabeza. Ya no había resignación en sus palabras.
—¿E-eh…? — titubeó Light, que no acababa de creerse las palabras que había escuchado. Anonadado, insistió —. ¿Quieres decir que…?
—Que tú no eres Kira, Light — sentenció finalmente Ryuzaki, cuyos orbes volvieron a buscar rápidamente los del contrario.
Un silencio expectante se alzó entre los dos, mientras Light trataba de asimilar lo que esa afirmación significaba. Independientemente de los sentimientos que albergaban el uno por el otro, parecía que el detective iba a abandonar de manera definitiva esa línea de pensamiento, lo que implicaba un avance más seguro en la investigación que empezarían ese mismo día.
Sin embargo, por encima de lo demás, que se lo hubiese dicho explícitamente a él, le hacía feliz. Finalmente confiaba en él, finalmente le creía. Debió notársele en la cara, ya que su compañero, volviendo a sonreír, tomó su rostro entre sus manos, acercándose tanto que sus labios casi podían rozarse.
—Hoy damos un nuevo paso en la investigación, Light. Cuento contigo. Juntos… atraparemos a Kira.
—Claro… — asintió el castaño, correspondiendo su gesto por igual.
Justo cuando estaban por recortar la poca distancia restante entre sus rostros, estrechándose mutuamente entre los brazos, el sonido de unos nudillos golpeando la puerta de la habitación hizo que el corazón les diese un brusco vuelco. Se giraron rápidamente hacia la entrada, con demasiadas preguntas en la cabeza a la vez, como si les daría tiempo a alcanzar su ropa y vestirse, o si habrían echado el cerrojo para impedir que, quien fuese que estuviese al otro lado, no tuviese posibilidad de entrar y verlos en una situación tan comprometida. El pulso de ambos latía con fuerza mientras esperaban a que sucediese algo, cualquier cosa.
Hasta que la voz de Watari se alzó desde el exterior, amable y solemne, indicando que no tenía intención alguna de pasar, menos si no había recibido invitación para ello. Los dos suspiraron de puro alivio, intercambiando una mirada apurada a la par que avergonzada.
—Ryuzaki, joven Yagami, ¿están ya despiertos? — inquirió —. Pensé que desearían desayunar antes de la reunión, ya que anoche no tomaron nada de cenar.
—E-eeeh… ¡S-sí, por supuesto! En seguida vamos, gracias, Watari — contestó apresuradamente Ryuzaki.
—A no mucho tardar, por favor. Les esperaré allí — concluyó el hombre. El sonido de sus pisadas alejándose por el pasillo resultó exageradamente tranquilizador.
Exhalaron un profundo suspiro de alivio, antes de echarse a reír por los nervios. Menos mal que había sido Watari, en el futuro tendrían que ser más cuidadosos si no querían verse envueltos en un encuentro incómodo con cualquiera del cuartel. Aunque, en el fondo, Ryuzaki se sentía bastante tranquilo, pues aún si los hubiese visto así… probablemente, no habría hecho comentarios al respecto. A fin de cuentas, había sido criado por ese hombre, por lo que muchas de sus opiniones resultaban similares. Tras el susto inicial, apartaron las sábanas y se levantaron, recogiendo ropa limpia para cambiarse — el mismo estilo de camiseta y pantalón, en el caso del detective —, arreglándose de paso lo mínimo para estar presentables, y no levantar ninguna sospecha.
Algo inquietaba a Light, no obstante. Algo de lo que el mayordomo había dicho daba vueltas en su cabeza como una mosca pesada, haciéndole fruncir el ceño. Antes de que saliesen de la estancia para dirigirse a la zona del comedor, le colocó una mano en el hombro a su compañero, indicándole que aguardase, a lo que él se volvió, cabeza ladeada, con curiosidad.
—Anoche no fuimos a cenar… — murmuró, tragando saliva, con claro nerviosismo pintado en sus ojos —, ¿crees que Watari vino a buscarnos? ¿Crees que escuchó…? — dejó la frase inconclusa, ruborizándose.
—Yo… No lo sé — respondió el azabache, mordiéndose el labio inferior —. De todos formas, Watari es la menor de nuestras preocupaciones. Aún si lo supiera, nos guardaría el secreto, créeme.
—¿Estás seguro de eso? — inquirió Light, que no parecía en absoluto convencido.
—En un noventa y nueve por ciento — contestó Ryuzaki, casi en tono de broma —. Sé que no hará ningún comentario hasta que hable conmigo primero. En privado. Y quién sabe cuánto tiempo puede pasar hasta que eso ocurra…
Se encogió de hombros, dándole la espalda a la puerta para acercarse al castaño, depositando un rápido y dulce beso en sus labios.
—Te preocupas demasiado. Vamos a desayunar — repuso, ahora sí, abriendo la puerta y saliendo de la habitación, rumbo al comedor.
"... Me preocupo lo necesario", replicó mentalmente el chico, antes de resoplar y caminar detrás de su compañero, resignado.
Allí les esperaba ya una mesa repleta de un surtido de comestibles que se les antojaron realmente apetecibles, en especial porque llevaban bastantes horas seguidas sin pegar bocado. Por no hablar de ciertas actividades nocturnas que los habían dejado exhaustos… De cualquier modo, tomaron asiento, cada uno en un extremo, examinando lo que había allí servido. Sin duda, Watari tenía un don para la cocina, pues todo lo que no eran los dulces para el detective — tostadas con tomate y jamón, el café más delicioso que podía probarse, salchichas con huevos fritos, y algún que otro pastelito casero — tenía un aspecto delicioso, por más simple que pudiera verse el plato. Además, olía que alimentaba. También, en un extremo, reposaba un humeante chocolate caliente, con churros y cruasanes. Ninguno quería esperar ya más tiempo, de modo que cogieron un puñado de cosas en base al hambre que tenían, predominando los dulces en el caso de Ryuzaki, sirviéndose también café y chocolate respectivamente. Agradecieron sus esfuerzos al hombre antes de empezar a comer, quien los miró por encima de las gafas con una sonrisa, y cierta suspicacia añadida.
—Se les nota de mucho mejor humor esta mañana — comentó, alegremente, cogiendo uno de los churros con cierta indiferencia, o eso quería simular, al menos —. Parece que, finalmente, hablaron anoche. Me alegra que hayan podido resolver sus diferencias — añadió, riendo por lo bajo. Alzó la mirada cuando escuchó sonar el timbre, dedicándoles una reverencia antes de retirarse a abrir a los recién llegados —. Si me disculpan…
En lo que tardaron en llegar los miembros del cuartel, se pudo ver a Light y Ryuzaki, uno atragantado con el café, mientras que el otro, directamente, se había derramado el chocolate por encima. Ambos se miraron con cara de circunstancias, sin saber exactamente qué decir.
