Ya,traigo otro capi.
Me demoré en subirlo por dos grandes razones: me costó un siglo escribirlo entre que estaba pendiente de las noticias de lo que ha ocurrido acá en Chile y trataba de convencerme la calaña de algunos compatriotas ¬¬; y pues, porque la pagina no me dejaba cargar el documento.
No lo he releído un millón de veces antes de subirlo como siempre hago así que es probable que existan partes donde no tenga mucho sentido. Les pido que me lo apunten si así sucede. Es que la concentración como que se me va a ratos xD
Sigue lento pero seguro...y ya estoy escribiendo el siguiente porque me aburrí de escuchar peleas en las noticias ¬¬. Claro que no se a que velocidad avanzara porque llevo casi tres días de cabeza en el computador y NECESITO hacer otras cosas xD Probablemente seguiré luchando con ese cuadro que me he negado a terminar =P
Seguro muchos de mis coterraneos que siguen esta historia no estarán por aquí, pero de todos modos aprovecho la tribuna para mandarle toda la fuerza del mundo a quienes la necesitan =)
Sin más, pasemos a cosas más alegres...espero les guste =D
Hold all your feelings inside.
Kanon despertó a eso de las nueve de la noche, con un hambre voraz de la que se encargó tragando sin reparos una fuente de galletas y varios vasos de jugo de naranja. Mientras comía, cayó en cuenta de que Saga no se encontraba por los alrededores y seguramente, su velada con Aioros se extendería hasta bien pasada la medianoche. Sonrió y se hundió un poco más en el sillón donde se había acomodado a ver televisión. Si hubiese sido capaz, quizás hasta hubiera ronroneado.
Un par de horas más tarde deambulaba sin rumbo por los pasillos del templo de Géminis, escondiendo su cosmos por costumbre y paseándose entre los inmensos pilares, indeciso sobre que hacer para entretenerse a esas horas y sin una pizca de sueño.
La respuesta vino rápido y en la forma menos esperada, aunque terminaba por ser lógica.
Cuidadosos pasos metálicos llamaron su atención y se escabulló por las sombras que lo protegían, hasta dar con la fuente de aquel sonido. Abrió los ojos con sorpresa y pasó saliva con dificultad al ver la figura de Dohko perfilada por la luz de la luna, casi al llegar a la entrada de Géminis. El brillo azuloso que emanaba el astro se reflejaba con intensidad en la armadura de Libra, dándole un aire majestuoso al santo de tal constelación. Era la primera vez que veía a Dohko vistiendo la armadura dorada desde que habían sido resucitados y en esta ocasión, el chino parecía un gigante de dos metros en comparación a aquella vez y Kanon no podía dejar de notarlo. El cosquilleo que le nacía a la altura del ombligo se lo confirmaba.
El gemelo seguía cada movimiento con una atención inusitada: cada pisada, dada con la elegancia de un felino, intentaba ser lo más discreta posible. Casi como si tratara no ser descubierto. Lo siguió un par de pasos más atrás, siempre escondido en las sombras. Kanon contuvo la respiración cuando Dohko se detuvo por un momento, escuchando, mas enseguida continúo su camino. El gemelo se fijaba concentradamente en el perfil del chino, en la forma en que sus espesas cejas se unían sobre su nariz, en ese gesto que ponía cada vez que algo le incomodaba. Lo estudiaba esperando encontrar algo; no sabía exactamente qué.
Lo supo cuando notó como las facciones del moreno se relajaban, sus ojos suavizándose y sus labios, que habían permanecido rígidamente juntos hasta hace un momento, se curvaban en una media sonrisa. Su voz, con un tono grave que hacia que se le erizasen los vellos de la nuca, llegando a sus oídos sólo por acción de la brisa.
- ¿Nunca nadie te ha dicho…que es un poco siniestro el que te guste esconderte en las sombras? ¿Y de locos sicópatas espiar a la gente de esa forma?
Kanon abrió los ojos con sorpresa e inmediatamente sonrió agitando la cabeza. Entonces el chino ya podía descubrir donde estaba, aun cuando escondía su cosmos. Sólo Saga, y quizás Shion y Athena, podían hacerlo. El primero, porque así como él estaba acostumbrado a pasar inadvertido, Saga siempre intentaba saber donde se encontraba su hermano en cada momento. Los otros dos, porque sus poderes le permitían hacerlo cuando realmente les interesaba. Confiaba en que el chino no tardaría en aprender a percibirlo en esas circunstancias y no lo decepcionó. Salió de su escondite ocultando una sonrisa y se sentó en uno de los escalones, siguiendo con la mirada al santo de Libra, que bajaba cada peldaño con sumo cuidado.
- ¿Dónde vas? – preguntó el gemelo mirándose las uñas, en un intento por encubrir su curiosidad y mostrarle al chino que no estaba realmente interesado en su respuesta.
- Me toca la guardia de esta noche – contestó Dohko sin girar ni detenerse.
Kanon levantó la mirada hacia el chino. Entrecerró los ojos cuando lo notó seguir su camino campantemente. Se suponía que él debía fingir indiferencia, no al revés. Quiso tocar un nervio entonces y apoyando el mentón en una mano, volvió a hablar, una sonrisa autosuficiente curvando las comisuras de sus labios.
- ¿Oh? ¿Eso significa que dejarás de actuar como una gallina, o me equivoco?
Dohko esta vez si se detuvo. ¡Bingo!, pensó el gemelo al verlo voltear pero la sonrisa divertida en el rostro del moreno le quitó su momento de gloria. Estuvo a un segundo de gruñir al ver su expresión complacida. El muy bastardo lo había ignorado a propósito, adivinando que su próxima arma sería una pregunta de ese tipo; como si lo conociera a la perfección. Como si hubiese leído sus palabras antes de escucharlas. En la punta de su lengua ya se formaba una frase ácida pero ésta no alcanzo a salir de su boca, de pronto atrapado en la intensidad que la mirada del chino desprendía.
Dohko había fijado sus ojos en los de Kanon, esperando las palabras que, sabía, saldrían de sus labios a continuación. Sin embargo, una leve brisa provocó que su atención se centrara completamente en algo muy distinto.
El largo cabello azulado de Kanon se desparramaba revuelto sobre el suelo. La brisa hacía que finos mechones barrieran con delicadeza la superficie de las rocas que formaban los peldaños y Dohko los miraba embelesado, con la mirada perdida y distante, mientras bailaban al son del viento. Una pregunta escapó de sus labios sin percatarse; de haberlo hecho, jamás la habría pronunciado completamente.
- ¿Cómo puedes tener el pelo así de largo? – susurró, sintiendo de pronto la necesidad inexplicable de pasar sus dedos por hebras que se le antojaban de una sedosidad difícil de igualar – Me sorprende que no te lo pises cuando caminas.
Dohko pareció salir de un trance y carraspeó avergonzado al darse cuenta de lo que había dicho sin pensar. La estupidez era contagiosa, concluyó rodando los ojos y haciendo un gesto con un brazo para indicarle a Kanon que podía reírse y burlarse cuanto quisiera. Se lo tenía bien merecido.
El gemelo permaneció mudo y con los ojos muy abiertos. Dohko pensó que en cualquier momento se le desencajaría la mandíbula debido a la sorpresa con la que lo miraba.
- ¿Qué? – preguntó algo molesto cuando el gemelo aún no reaccionaba. Ya no sabía si verdaderamente había quedado impresionado con la ridiculez que había abandonado su boca, o bien, era una nueva forma de burlarse de él. Tal vez un poco de ambas.
- Nada – contestó el griego, agitando repetidamente la cabeza. Dohko entornó los ojos e inmediatamente, suspiró resignado.
- Dije algo estúpido y aún no dices nada al respecto. ¿Por qué?
- Es sólo que me parece extraño – murmuró Kanon fijando sus ojos en el rostro de Dohko, pensativo y analizando al moreno al mismo tiempo – Dohko de Libra, el más sabio e inteligente de todos los santos…también habla banalidades. Y siente una singular atracción por mi cabello. Me siento doblemente estupefacto.
El chino podía apostar que las risotadas del gemelo se escuchaban hasta en Rodorio. Abrió la boca para replicar pero cambió de opinión enseguida. No tenía caso; cada vez que creía dilucidar el comportamiento del gemelo, éste salía con algo nuevo. Terminó por decidirse a seguir su camino, tratando de ignorar las carcajadas que pronto comenzaban a apagarse, hasta transformarse en una cálida risa. Esa risa que hacia que le bajaran escalofríos por la espalda. Esa risa que al morir se convirtió en una voz grave y profunda que no pudo ignorar por más que lo deseaba.
- ¿Te molesta si te acompaño? El aburrimiento me mata.
Dohko se detuvo. Quería negarse. Sinceramente quería hacerlo, pero tan pronto como se giró para enfrentar a Kanon, que con un gesto fastidiado en el rostro hacía énfasis en sus palabras, supo que no lo haría. Levantó una ceja, fingiendo sentirse disgustado al contestar.
- No sé porque te molestas en preguntar. Me seguirás de todos modos
Le dio la espalda al gemelo y siguió descendiendo la escalinata. Kanon sonrió con desfachatez: habría sido más entretenido espiar al chino sin que éste se enterara pero ahora que Dohko podía descubrir sus escondites esforzándose lo necesario, no le llamaba mucho la atención. Se levantó de un salto y emprendió la marcha tras el santo de Libra. Hablando sin parar como siempre hacía, deleitándose con las negaciones y rodamientos de ojos del moreno ante cada tontera que decía, riéndose de él cada vez que la capa se le enredaba en las piernas haciéndolo trastrabillar. Guardando celosamente en su memoria la forma en que el verde de sus ojos se encendía al sonreír o como la piel tostada de sus mejillas se coloreaba de carmín cuando lograba avergonzarlo. Si de él dependiera, esa noche no terminaría nunca y el chino haría las guardias con más frecuencia. Probablemente todas las noches. Porque así se aseguraría de tenerlo para él solo, sin nadie que les prestara demasiada atención.
La guardia había sido más entretenida de lo que esperaba. Tuvo que soportar a Kanon burlándose constantemente de cómo el viento, que se había levantado con más fuerza en la madrugada, hacia que se enredara torpemente con la capa. El gemelo terminó por quitársela y envolverse con ella, la ropa ligera que vestía haciendo muy poco por protegerlo del frío que comenzaba a sentirse. A pesar de tener todos los sentidos aguzados en cualquier cambio que ocurriera en las inmediaciones del santuario, pronto se vio arrastrado a un enfrentamiento verbal con el griego, cada cual inventando la provocación más ingeniosa de la que era capaz. Terminaron doliéndole los costados tanto reír con los extravagantes insultos con que salía el otro santo. La mente del peliazul era una caja de sorpresas, incluso más que el propio gemelo. Era una lástima que semejante inteligencia se desperdiciara en divertirse a expensas del resto.
Alargó sin darse cuenta el retorno a las doce casas cuando su turno terminó, tratando así de prolongar la compañía del gemelo, que de seguro, volaría a Géminis para intentar recuperar algo de sueño. Sorprendido y complacido, sonrió cuando al atravesar el tercer templo, el griego aún le pisaba los talones.
Al llegar a Libra, Kanon se dejó caer pesadamente sobre el sofá, acomodándose en él como si le perteneciera y cubriéndose las piernas con la capa, dispuesto a dormitar allí y a la vez, ordenándole irse a dormir. Atónito, lo miró dar vueltas en el sillón hasta encontrar una posición que le acomodara, mientras él musitaba que llenaría el informe correspondiente a la guardia en ese mismo momento, segundos después reprochándose mentalmente por sentirse en la necesidad de justificar sus acciones ante el gemelo. Kanon no dio indicios de haberlo escuchado.
Rato después, más entrada la mañana y ya habiendo terminado de escribir sus notas - que dicho sea de paso, eran mayoritariamente inventadas. De otra forma, su informe consistiría básicamente en las quejas del gemelo respecto a lo desabrida que era la comida del santuario, o al poco tiempo libre que tenían, o a como todas las armaduras deberían tener cascos ligeros y bonitos como el de Escorpio o el de Sagitario y no esas cosas horrendas y casi asfixiantes que eran los de Géminis o Piscis, por ponerle ejemplos – se encontró de cuclillas frente al muchacho de Géminis, sus ojos curiosos analizando como un mechón de pelo subía y bajaba sobre su rostro, empujado por la respiración pausada de Kanon al dormir. Apoyaba la barbilla contra sus brazos, que permanecían recogidos sobre sus rodillas. Estaba tan cerca del rostro del gemelo que podía sentir la calidez de su aliento rozar apenas su nariz. Tan cerca que habría sido extremadamente fácil inclinarse un par de centímetros y apoderarse de esos labios que parecían entreabrirse en una sutil invitación. No lo hizo, únicamente, porque las palabras de Shion resonaban una vez en su mente, se rebobinaban y volvían a resonar.
Dejó escapar un suspiro imperceptible. Si Shion hubiese sabido la cantidad de veces en las que él mismo se había dicho tales palabras, no habría sentido la necesidad de recordárselo.
Culpaba a la insistencia del muchacho el haber empezado a sentir simpatía por él, pero aquella vez en que Kanon moldeó una ilusión con la forma de Defteros, tuvo que admitir, por fuerza, que se equivocaba. Ambos geminianos eran idénticos, sus voces tenían una profundidad similar. Sus ojos refulgían de la misma manera, sus movimientos tenían la misma elegancia, sus cabellos azulados parecían igual de interminables al caer por sus espaldas. La forma en que un cosquilleo le recorría la piel al mirar a Kanon, como el corazón la saltaba en el pecho al escucharlo reír y como le sudaban las manos de nervios cuando estaba demasiado cerca, era igual a lo que le ocurría con Defteros años atrás. Las ganas de redefinir las líneas de sus músculos con los dedos eran semejantes en intensidad. La forma en que trataba de negar cuanto quería hacerlo no había cambiado en nada. Las veces en las que se quedaba embobado mirando a Kanon, comenzaban con su completa atención puesta en el menor de los gemelos y terminaban con su mente perdida en recuerdos con el anterior protegido de Géminis. Siempre terminaba por molestarse, suponiendo que nada de eso pasaría si no fuesen tan parecidos. Que nunca le habría permitido a Kanon sacarlo de su encierro si su apariencia fuera diferente. Y eso le parecía terriblemente injusto. Para él, porque había pasado una cantidad interminable de años convenciéndose de que todo eso había quedado atrás. Para con el gemelo, porque le hacia sentir que estaba utilizándolo para llenar un vacío del que se debería haber librado hace mucho.
Rió suavemente entre dientes, también recordando las veces en que se había repetido continuamente que no eran iguales. Lo mismo que Shion intentaba hacerle entender.
Por supuesto que no eran iguales. Mientras Defteros no hablaba más que para decir cosas precisas, a Kanon se le dormía la lengua hablando sin sentidos. Defteros odiaba las sombras y el anonimato en el que debía vivir mientras a Kanon parecían encantarle. El antiguo geminiano se desvivía por hacer las cosas correctas; al gemelo de Saga le daba igual. Defteros no habría podido hablar falsedades ni para salvar su vida; Kanon a veces las decía como si realmente existiesen evidencias para respaldarlas en su verdad. Defteros era la calma y el sosiego del que había carecido cuando era un joven santo atolondrado, deseoso de adrenalina; era la sabiduría y la conciencia que lo frenaban cuando su ímpetu lo llevaba a ser temerario; era esa melancolía eterna que le hacia querer esconderlo entre sus brazos. El joven griego que dormía frente a sus ojos era como un reflejo invertido de Defteros. Era caos y frenesí descontrolado, era impulsividad y acciones no premeditadas; era un torbellino de vida y risas que no dejaba indiferente a nadie. Era alguien a quien él se arrimaría gustoso. Pero todas esas diferencias se volvían nada tan pronto lo tenía delante, con memorias de las que el muchacho no formaba parte, vivas en su mente. Viéndolo así, se imaginaba todo como una inversión de roles: él ocupando el lugar que antes había sido del antiguo Géminis y Kanon interpretando el papel que había sido suyo, siglos antes. No era algo que lo colmara de alegría precisamente.
Kanon suspiró en sueños y Dohko dio un respingo, permaneciendo inmóvil y rogando que el gemelo no despertara. Cuando sintió que el peligro de ser descubierto había pasado, sonrió de oreja a oreja. Esa era otra cosa diferente. Defteros jamás se habría dormido tan despreocupada y relajadamente delante de nadie. Dohko estaba seguro de que podría pellizcarle la nariz a Kanon y éste no reaccionaría más que arrojando un manotazo ciego y volteándose sobre su costado para seguir durmiendo. Lo comprobó pasando una mano repetidas veces a un par de milímetros sobre el rostro del griego. Ninguna reacción. Jaló el mechón que había estado observando minutos antes. Todavía nada.
Su sonrisa pareció ensancharse el doble, si era posible. Nunca se atrevió a jugarle una broma a Defteros, su juventud haciéndole temer que hacer tal cosa molestaría al geminiano y lo alejaría de su lado. Con Kanon, lo peor que podía pasar sería un berrinche épico y probablemente, una venganza. Estaba dispuesto a correr el riesgo.
Se levantó ágilmente y con pasos que parecían no tocar el suelo, corrió a una de las habitaciones del templo que había catalogado como 'no habitable': fácilmente había lugares donde los trastos llegaban al techo. Segundos más tarde retornaba al salón principal de Libra y se detenía, estudiando los objetos en sus manos y la maraña de pelo azuloso que se veía por sobre el brazo de su sillón. Ahogó la risa mordiéndose la punta de la lengua; hora de ponerse manos a la obra.
Dohko llevaba varios minutos estirando los músculos en la salida de su templo, esa que daba a Escorpio. El sol ya pegaba fuerte a esas horas de la mañana y poco acostumbrado como estaba al calor de Grecia, había terminado por deshacerse de gran parte de su armadura, tan solo conservando las partes que lo cubrían de la cadera hacia abajo. Sujetaba entre el pantalón y la armadura el rollo de papeles que debía entregarle a Shion. Podía notar las huellas de sus dedos manchando las hojas; le restó importancia. Seguro el lemuriano no le haría problemas por tan poca cosa. Luego se miró los dedos, recogiéndolos y estirándolos varias veces: diversas partes se mostraban entintadas con diferentes colores. Bajó los peldaños de su templo, que daban al rocoso camino en el que un poco más adelante volvía a nacer una interminable escalinata, dando pequeños saltitos para comprobar que tan ligero se sentía. Se quedó quieto mirando hacia la octava casa. Si sus cálculos eran correctos, no debería tardar. Contuvo una carcajada y esperó pacientemente unos segundos.
- ¡CHINO HIJO DE LA GRANDISIMA…! – el rugido de Kanon resonó con tal fuerza que fácilmente podría haber hecho temblar la tierra - ¡DEJA QUE TE PONGA LAS MANOS ENCIMA PORQUE…! ¡ARGHH!
Dohko no se dio ni el tiempo de reír por su fechoría, echando a correr sin demora en dirección al templo del patriarca. Poco después Kanon echaba a correr tras él, prometiéndole las penas del infierno una vez lo atrapara. La sonrisa en los labios de Dohko se volvía imperceptible entre las bocanadas de aire que se veía obligado a tomar a medida que corría.
- ¡Milo! ¡Voy pasando! – gritó el moreno un par de metros antes de ingresar a la casa de Escorpio, la risa evidente en su voz.
El santo de Escorpio se asomó al pasillo, curioso frente a la necesidad del chino de gritar el aviso. La tostada que se llevaba a la boca quedó a medio camino cuando vio al santo de Libra pasar ante sus ojos a una velocidad asombrosa. Como pudo lo siguió con la vista en el instante preciso en que Camus se asomaba por sobre su hombro.
- ¿Ese era Dohko?
Milo asintió en silencio y el desconcierto no alcanzaba a asentarse en su rostro cuando una mancha colorida siguió una ruta similar frente a ellos.
- ¡¿Ese era Kanon?! – escuchó que Camus preguntaba escandalizado a su lado.
El santo de Escorpio se echó a reír con tanta fuerza que en un par de segundos, unas cuantas lagrimitas se le enredaban en las pestañas.
- Creo…creo… – dijo, carraspeando para intentar detener las carcajadas y guiando a Camus de vuelta a la cocina de su templo – Creo que Libra se quedara vacío otra vez.
Camus volteó para intentar ver que le había causado tanta gracia a Milo y para entender porque éste creía que el chino estaba en peligro. Sin embargo, los dos santos corrían con tal velocidad que no fue capaz de distinguirlos perfectamente a la distancia. Se encogió de hombros y se pegó a la espalda de Milo, arrebatándole la tostada que pretendía comer en medio de las risotadas. No le hacia mucha gracia la idea de que el griego se le ahogara por intentar tragar y reír al mismo tiempo.
Atravesar Sagitario no fue un problema; el cosmos de Aioros se sentía mucho más abajo en las doce casas. Lo mismo con Capricornio; Shura tenía a su cargo las guardias de la mañana. Para cuando Dohko alcanzó Acuario, las piernas ya le ardían con el esfuerzo y su respiración estaba claramente más acelerada. El gemelo se acercaba rápidamente y a pesar de que aún sonreía, el chino maldijo por lo bajo el llevar tanto tiempo sin entrenar como correspondía.
Casi a mitad del onceavo templo, Kanon cambió de táctica y estiró la mano delante de él. Atravesó el agujero que había formado sin disminuir la velocidad y en menos de un segundo, se encontraba frente a Dohko. El chino, sin embargo, fue capaz de reaccionar a tiempo y dando una vuelta hacia uno de sus costados, logró escabullirse por debajo del brazo de Kanon. Dohko tropezó con el giro, desequilibrándose momentáneamente pero con rapidez recobró el balance y siguió corriendo, volteando brevemente el rostro para dedicarle una sonrisa burlona al gemelo. Kanon insultó al chino de la forma más pintoresca que le fue posible y retomó de inmediato la carrera tras el moreno. ¡Enano desgraciado, corría como si le sobrasen piernas!
- ¿Qué demonios es todo ese maldito escándalo? – reclamó Deathmask echándose una camiseta de entrenamiento sobre la cabeza.
- Ni idea – murmuró Afrodita de pie junto a él. El santo de Piscis entornó los ojos tratando de reconocer a los dos individuos que avanzaban a gran velocidad hacia su templo. Momentos después daba un paso al lado para evitar que quien llevase la delantera se estrellara contra él.
- ¡Permiso! ¡Lo siento!
Tanto Afrodita como Deathmask parpadearon perplejos cuando la figura morena de Libra pasó como alma que lleva el diablo ante sus ojos. Seguido de cerca por uno de los gemelos; Kanon si no se equivocaban. Era imposible que Saga conociera siquiera el significado de los insultos que provenían de la boca del gemelo.
Ambos santos volvieron a mirarse, intercambiando una mirada tan atónita como conocedora.
- Te dije que algo pasaba ahí – murmuró Afrodita con una sonrisa que le heló la sangre al de Cáncer. Deathmask dio un chasquido, comenzando a bajar las escaleras derrotado. Piscis le había apostado que algo extraño había entre Kanon y Dohko y él, habiéndolo negado, ahora se veía obligado a comportarse como un caballero por dos semanas completas. Probablemente, la tarea más difícil que le habían encomendado en su vida.
Dohko volteó por un segundo para ver a sus espaldas. Si Kanon aceleraba el paso un poco más, de seguro lo atraparía. Miró al frente y aún cuando sentía que las piernas en cualquier minuto dejarían de obedecerle, aumento la velocidad. Casi resopló aliviado cuando vio las enormes puertas que marcaban el ingreso al salón del patriarca. Viendo la postura de los dos guardias que las custodiaban, podía imaginarse a Shion sentado en el trono frente al enorme salón, que la mayor parte del tiempo se veía desierto, mordisqueándose las uñas y suspirando aburrido. Con el poco aire que le quedaba en los pulmones puso en alerta inmediata a los soldados.
- ¡Abran las puertas! ¡Es una emergencia! – gritó el moreno, obligándose a colocar la expresión más seria que le fue posible.
Uno de los guardias estaba a un paso de negarse, buscando inquirir sobre la identidad del hombre que corría hacia ellos, cuando el otro le golpeó la nuca con la palma y le dijo que hiciese lo que se le ordenaba.
- Es Dohko de Libra, idiota. Tú haces lo que te dice sin siquiera intentar pensarlo dos veces – siseó mientras ambos soldados empujaban las puertas lo suficiente para que el santo las atravesara en su carrera.
Kanon gruñó al notar que los guardias comenzaban a cerrar las puertas inmediatamente después de que el chino las cruzara y alargó las zancadas, alcanzando a pasar hasta el otro lado segundos antes de que se juntaran estruendosamente tras él. Levantó la vista resoplando agitado, sólo para encontrarse con los ojos perplejos de Shion que iban de posarse en él a posarse en el santo que trataba de recuperar el aliento a sus espaldas.
Minutos antes, Shion se había levantado rápidamente de su asiento al escuchar el alboroto proveniente de las afueras de su templo, alcanzando a bajar sólo un par de peldaños de la escalerilla que lo llevaba al centro del salón cuando Dohko se le apareció delante, con los ojos vibrantes y una sonrisa enorme en el rostro, saludándolo como si nada y sin dejar de correr hasta que se encontró a sus espaldas, deteniéndose tan sólo un par de pasos antes de chocar con el trono del patriarca.
El lemuriano vio a Dohko doblarse hacia delante para apoyar las manos en las rodillas intentando respirar más pausadamente y escuchando al chino reír sin aire. Acto seguido, volteó para mirar a Kanon; perplejo primero, mordiéndose las mejillas para no reírse en su cara después, el aspecto y el gesto berrinchudo del gemelo haciendo poco por ayudarlo a lograr tal objetivo.
- ¿Qué está ocurriendo aquí? – preguntó luego de carraspear y obligarse a fruncir el ceño. Una tarea titánica cuando no podía quitar los ojos de la nueva apariencia de Kanon.
- El chico quiere matarme – jadeó Dohko, apuntando al geminiano con un dedo antes de dejarse caer desvergonzadamente en el trono patriarcal.
Kanon alzó ambas cejas con sorpresa ante la atrevida acción del chino y Shion, mirando de reojo a su amigo, alzó sólo una en un gesto burlón. Dohko se veía incluso más pequeño sentado en el enorme trono. Un trono que, como Shion recordaba, le pertenecía por derecho y al que había renunciado con la facilidad con que se declina un dulce. Y siendo el joven tozudo que Dohko había sido en ese tiempo, su decisión fue acatada sin rechistar.
Kanon estaba preparado para reclamar y acto seguido, intentar desquitarse con el chino sin importar la presencia de Shion en el salón, cuando el patriarca clavó sus ojos con fuerza en los suyos, una expresión agradecida en el rostro. Como dándole las gracias por haber traído de vuelta al amigo que tenía hace doscientos cuarenta y tantos años. De inmediato escuchó la voz autoritaria de Shion en su mente, mientras a sus oídos aún llegaban las risas apagadas de Dohko.
"Ya te habrás dado cuenta de que Dohko es curioso como un niño de tres años…"
Kanon no entendía bien a que se refería el lemuriano pero escuchó las risas del chino morir de repente y lo vio perder el relajo con que se desparramaba en el trono. Sonrió cuando la voz de Shion volvió a resonar en su cabeza.
"…y siente un extraño recelo por los arácnidos"
Dohko se reincorporó ligeramente hasta sentarse en el borde del asiento. Frunció las cejas al ver aparecer la sonrisa en los labios de Kanon y dirigió una mirada llena de reproche hacia Shion.
- ¡Hey! ¡Hey! ¿Qué le estás diciendo? ¡No es justo! ¡Shion! ¿Qué le estás diciendo?
- Patriarca para ti – recalcó mordazmente Shion sin darle más que un vistazo al chino – "Tú verás para que te sirve eso" – dijo en la mente del gemelo otra vez.
Kanon refunfuñó sólo por el gusto de hacerlo y dándose media vuelta, abandonó el recinto sin decir una palabra. Dohko, por su parte, se puso de pie cruzando los brazos y encaminándose a los aposentos del patriarca que se erigían tras el trono.
- No puedo creer que me hayas vendido como si nada – murmuró dándole la espalda a Shion.
- ¿Trenzas? ¿Moños? ¡¿Tinturas?! – la burla en la voz de Shion era tan evidente que Dohko sintió deseos nada sutiles de callarlo a golpes - ¿Qué hacías en Rozan? ¿Eras el estilista del pueblo o qué?
No lo calló a golpes pero no dudó un segundo en ponerle un fuerte puñetazo en el hombro.
- Crié y viví con una muchacha de 15 años. ¿Qué esperabas? – se defendió Dohko pero las risas indicaban su fracaso en hacerlo.
- Entonces también eres un experto eligiendo vestidos – dijo el lemuriano sin intenciones de dejar pasar la oportunidad que se le presentaba – Podrías elegirle los vestidos a…
Un quejido le obligó a cerrar la boca mientras se sobaba el pecho, justo donde el puño de Dohko había impactado por segunda vez, sin embargo, no dejo de reír imaginando la situación. Después de todo, ¿Quién podría culparlo por burlarse de las habilidades secretas del chino?
TBC
Lo sé, lo sé. No pasan cosas muy importantes en este capitulo pero me entretuve imaginándolo xD Es ridículo pero ya que =P
Espero lo hayan disfrutado y besos a todos los que han leído y comentado =)
Nos vemos en el próximo ;)
