ANGELUS
Cáp. 10: The Aura
Sentía su cuerpo extremadamente pesado, no podía mover ninguna de sus extremidades, y le costaba respirar. Movió su cabeza, haciendo que la pequeña toalla que tenía en la frente se cayera. Una fina mano la tomo, llevándosela para meterla en un tazón con agua fría, antes de regresarla a la frente del hanyou.
-¿Qué pudo sucederle?-
-No tengo idea, pero tiene algo que ver con esa espada—decía Sanga acariciando la cabeza de Kirara, que no quitaba la mirada del convaleciente hanyou--¿Encontró algo interesante, houshi-samma?-
-No, nada, no tiene ninguna señal o mancha de que haya sido infectada con algun tipo de veneno.
-Entonces¿Qué pudo ser?-
-No lo sé, Kagome-samma.
-Humanos estúpidos—murmuraba Sesshoumaru sin quitar la vista de su medio hermano--¿InuYasha?-
No, esta vez no contestó. Cerró los ojos con aflicción, le era extremadamente extraño sentir ese "algo" que le golpeaba el corazón, en su vida lo había sentido, y ahora simplemente no entendía el significado de ese dolor naciente del corazón.
-¿Qué haremos?—preguntó la chica mirando como al chico le costaba más y más respirar.
-Tenemos que encontrar la forma de que la fiebre baje y hacerlo despertar.
-Sí.
Todo era oscuridad, podía sentir como ese líquido espeso corría por sus venas, paralizando cada músculo poco a poco. Lo que más temía era cuando ese veneno llegara a los pulmones y corazón. Una llorosa voz sonó en su cabeza, haciéndole abrir los ojos aunque sea dentro de su mente.
-¿Quién es?-
-InuYasha, no te debes de rendir ante este veneno, sobre todo cuando hoy es el Aura.
-¿Y de qué me puede servir, si estoy aquí postrado?-
-No te dejes vencer, tú nunca lo has hecho, intenta reaccionar.
-Lo intentaré, Midoriko-samma.
Un gemido le hizo despertar y mirar hacia el antes dormido hanyou. Se acercó gateando, y tocó su frente, aún seguía algo caliente, pero en menor grado que hace unas horas. Sonrió mientras acariciaba su mejilla.
-Kagome¿Qué pasó?—preguntaba algo entrecortadamente y haciendo profundas inhalaciones.
-La espada, no entendemos muy bien, hizo que enfermaras muy gravemente y la herida, pues…--dijo mirando hacia su costado, donde la venda se tornaba roja nuevamente.
-No ha cerrado, kuzo—dijo intentando levantarse.
-¡No te muevas, baka!—gritó tomándolo por los hombros y obligándole a quedarse nuevamente en la cama.
-Khe, necesito salir¿Qué hora es?-
-Poco después de las diez de la mañana, has dormido mucho.
-No ha de tardar mucho, lo único que desconozco es como llegaran y como se adaptaran a mí.
-Me alegras que despertaras, InuYasha.
-Miroku.
-Todos hemos estado al pendiente, y aunque lo dudes, Sesshoumaru también estuvo cuidándote, a pesar de que no lo quiera admitir—dijo con una sonrisa—No durmió en toda la noche.
Un agudo dolo se hizo presente en su espalda, haciéndole apretar los párpados y gruñir levemente, llamando automáticamente la atención de sus compañeros.
-¿Estás bien?—pregunto el monje.
-InuYasha, no te muevas tan bruscamente, tu cuerpo sigue resentido por el ataque.
No escuchaba bien, pareciera como si las voces cada vez se alejaran más de él. Abrió con dificultad los ojos, para colmo, sólo veía sombras. Gruñó lleno de frustración, debía de soportar, pero…
-¡Agh!—se quejó apretando las sábanas con sus puños.
-InuYasha…--murmuraba Kagome, acercándose y moviéndolo un poco para revisar la herida, estaba sangrando nuevamente.
-Tengo que parar la hemorragia—dijo mirando al hanyou.
¿Qué había dicho? No entendió nada, todo comenzó a girar, y su mente se negaba a seguir trabajando normalmente, perdió el conocimiento, cayendo totalmente en la inconciencia.
-¡Tráiganme un poco de agua y vendas limpias!—gritaba Kagome al ver que el hanyou había vuelto a desmayarse.
Caminaba por el bosque, siguiendo el leve rastro demoníaco que aún permanecía en el aire. Escucho los gritos algo desesperados de la joven miko, algo estaba mal. Iba a dar la vuelta, cuando escuchó la voz de su hermano en la cabeza, se oía bastante in entendible y jadeante.
-El Aura…hoy…tienes que alejarlos…de mí…
Y luego un silencio total. Miro de nuevo hacia donde es encontraba la cabaña abandonada donde ahora se resguardaban. Si había entendido bien, debía de mandar a los humanos a algún lugar lejos de su hermano. Fácil por el monje, exterminadora y zorro, pero la miko, ese era otro nivel, tendría que planear algo perfectamente creíble.
-Me deberá una grande, pues me estoy metiendo con alguien peor que el diablo.
Mojaba la pequeña toalla en el agua y la ponía en su frente. Extrañamente, esta vez no estaba jadeando ni sudaba, sólo se quejaba. La herida había sido curada, a pesar de que ya se estaba formando una cicatriz. Pero, si todo estaba bien ¿De qué demonios se estaba quejando?
-Hay algo más además de esa herida.
-Lo sé, pero no encuentro que es.
-Salga de aquí, ahora—dijo el taiyoukai entrando, con un semblante que rayaba en lo maligno y gruñendo.
-¿Qué demonios te pasa Sesshoumaru?-
-¡He dicho que, largo!-
-Yo no me muevo de aquí, sólo por que tú me lo ordenas.
Gruñó, que su hermano lo perdonara pero él era de poca paciencia y esos estúpidos habían colmado la poca que tenía, saco su espada, blandiéndola provocando una corriente que mando a todos a volar hasta estrallarse contra alguna de las paredes. Enfundó a Toukijin. Se acercó al híbrido y lo tomó en brazos, antes de salir de allí.
-¡Regresa, Sesshoumaru!—gritaba la chica saliendo, pero ya no había nadie.
-¿Por qué se lo llevó?-
-No lo sé, pero InuYasha está muy grave como para que lo traigan de aquí para haya.
-Hay que buscarlo¡Kirara…!
El único inconveniente, era que la mononoke se les había adelantado, perdiéndose de su vista y sin dejar rastro alguno. Perfecto, ahroa no tenían una rápida forma de seguir al youkai.
-Maldición, ella los siguió desde el momento en que salieron.
-¿Y ahora?-
-Shippou¿Puedes detectar su aroma?-
-Muy leve, hay demasiada sangre y restos de la batalla de ayer.
-Debes de intentarlo.
-Lo haré.
Escuchaba como respiraba cada vez con más normalidad, y como su temperatura disminuía lentamente. Se detuvo cuando llegó a un claro con un riachuelo. Con cuidado lo dejo en el piso y se sentó bajo la sombra de un árbol. Ahora, que despertara.
-InuYasha
Nada.
-Idiota.
Silencio.
-Imbécil
Pareciera que hablara con el aire.
-Hanyou.
Una ráfaga le dio directo en el pecho, haciéndole chocar contra el tronco en el cual se encontraba recargado; se quedó sin aire por unos momentos.
-Khe, mejor guárdate tus comentarios e insultos, Sesshoumaru.
-Era la única forma de que despertaras, baka.
-Bien, ahora..-decía levantándose—Ugh—se quejó tanbaleándose.
Un extraño resplandor brotó de él, tomando la forma de una mujer. Una mujer con muy mal humor, pues a pesar de ser un espíritu, se podía distinguir su cara malhumorada.
-InuYasha, te excediste, no debiste de salir así.
-Era la única forma, aunque, yo no veo ni siento algo fuera de lo normal.
-Bueno, pues¿Has visto el sol, por lo menos?-
-No quiero quedar ciego.
-Oh, nene, perdona lo que te diré, pero, eres tan estúpido.
Refunfuño mientras se daba la vuelta y confiando por completo en las palabras de su maestra, miro hacia donde estaba el sol. Medio cerró los ojos ante el brillo, pero no distinguió nada fuera de lo normal.
-Khe, todo está normal.
-¿Seguro?-
-Claro que¡Agh!—exclamó cayendo de rodillas, llevándose la mano derecha a la espalda, intentando alcanzar algo.
-InuYasha, mira nuevamente, pero ahora, usa tus nuevos dones.
Con algo de pesar, regresó la mirada hasta el astro sol, y encontró, un pequeño alo alrededor del sol, parecía un arcoriris circular. Gimió de dolor, dejándose caer por completo.
-¿Qué demonios sucede?-
-Está comenzando—decía la mujer—Tú, Sesshoumaru, debes de vigilar que nadie venga ni se acerque.
-Como diga.
-InuYasha, haz un campo por favor, sólo por si las cosas llegan a salirse de nuestro control.
Concentró toda la energía que podía a pesar de la agonía, creando un campo de no más de diez metros a la redonda. Cerró los ojos, dejándose llevar por ese extraño calor interior que le recorría todo el cuerpo para finalizar en su espalda con un ardor espantoso.
-Resiste…
El youkai miraba de vez en cuando, viendo como su hermano menor se retorcía en el piso por el increíble dolor que le recorría. Escuchó como los arbustos se movían y automáticamente llevó la mano a la empuñadura de su espada.
-¿Quién es?-
Los sonidos no cesaron, hasta que de los arbustos brotó una pequeña criatura, muy conocida por la mujer, hanyou y youkai.
-Kirara…
Tímidamente, la gatita se fue acercando al espectro, olfateando el aire con cautela. Hasta que segundos después maulló tiernamente, intentando saltar a los brazos de la mujer, pero desafortunadamente la atravesó.
-Lo siento pequeña, pero me es imposible cargarte.
Un nuevo grito agónico se hizo escuchar, llamando la atención de todos los presentes. Con desesperación el chico comenzó a rasgar las vendas que tenía alrededor del tórax y la espalda hasta dejarlas despedazadas en el piso.
-Vamos, vamos…
Un profundo grito sonó, en el momento que se formaban dos voluptuosidades en la espalda del chico, moviéndose inquietamente como si tuviera vida propia. El youkai no pudo reprimir una cara de sorpresa, mientras que el espectro sólo se limito a cerrar los ojos, esperando cualquier cosa.
-¡Ahh!—gritó cayendo de bruces contra el suelo, justo en el preciso instante en que la piel cedió, dejando ver dos nuevas extremidades cubiertas de sangre fresca.
-Oh, Kami…--murmuro su hermano mayor, mirando anonadado ese acontecimiento.
-¿InuYasha?-
Respiraba bastante agitado, no podía moverse, todo su cuerpo se encontraba tensado al máximo y se sentía extraño con esas "cosas" colgando de su espalda.
-Tienes que lavarte…
-Primero…debo de lograr…levantarme…
-¡¡¡InuYasha!!!-
-¿Qué demonios…?—decía el youkai regresando su vista a las afueras del campo—Los humanos ya encontraron el campo, e intentaran hacerlo colapsar.
-Te digo que te laves, y que te acostumbres a ellas.
-No me puedo…parar.
-Sesshoumaru, ayúdalo, por favor.
Se dio la vuelta y camino hacia su hermano, que estaba todo sudado y lleno de sangre. Lo tomo y lo llevo hacia el agua, ahora que estaba cercar, podía medio distinguir las nuevas adquisiciones de su hermano.
-Bájame, yo puedo solo de aquí en adelante.
-Como quieras, baka—dijo soltándolo imprevistamente, haciéndolo caer al poco profundo río, salpicándolo todo.
-¡¡Baka!!-
Se medio sentó, y sacudió su cabeza, moviendo sin querer lo que tenía atrás, salpicando aún más a su ya furioso hermano.
-Deja de hacer eso…--decía amenazadoramente.
-¿Qué?-
-¡Deja de agitar tus alas!-
Un extraño silencio se formó entre ellos, se hanyou lentamente fue mirando hacia atrás, sólo para encontrarse con un par de medio limpias alas. Sus ojos se abrieron, Khe, se vería tan extraño con esas cosas allí. Hizo un movimiento y éstas se estiraron, mostrando cuan largas eran.
-Oh…
Sonrió mirando a su hermano, y las agito con fuerza, lanzando grandes cantidades de agua en todas direcciones y elevándose unos cuantos centímetros del agua.
-Esto es genial.
-Oh, te volverás más insoportable de lo que ya eres.
-Ahora, has el favor de lavarlas, pues a mí no me agradan mucho los ángeles con alas rojas o negras.
-¿Qué tienen de malo?-
-Ángeles caídos, del lado contrario, querido.
-Oh, ya entiendo—decía moviéndolas para que les cayera agua encima, mientras que él también contribuía un poco con sus manos.
-InuYasha está dentro, estoy segura.
-¿Pero cómo podemos entrar?-
-No lo sé, debemos de idear una manera.
-Kagome usa tu arco nuevamente.
-Está bien.
Preparó la flecha, concentrando una parte de su poder espiritual y la soltó. Esta se estrelló contra el campo, haciéndole desvanecer por escasos segundos, antes de volver a completarse.
-Ugh…--dijeron todos al unísono.
-Intentan entrar.
-Les costara algo de trabajo, además, ahora que tengo estas cosas—decía agitándolas un poco, para que el exceso de agua saliera y brillaran con ese perfecto blanco—Les costará mucho más trabajo que antes.
-Bueno, y ¿Puedo saber cómo le harás para esconderlas? Pues dudo mucho que te agrade tenerlas todo el tiempo, además, tú no quieres que esos humanos sepan nada.
-Este, yo, la verdad…no lo sé.
-Necesitas concentrarte y automáticamente ellas desaparecerán.
Cerró los ojos, concentró su espíritu, y sus alas se fueron.
-¿Y si las vuelvo a necesitar?-
-Aparecerán pro si solas, no te preocupes.
-Bien, entonces, hay que volver.
-Esa humana tuya, me va a matar.
-¿Eh?—pregunto el híbrido viendo a su hermano sin creer,
-Volvamos, además, Rin y Yaken están ahí.
-Como digas, Sesshoumaru.
El espíritu poco a poco se desvaneció, entrando nuevamente en el cuerpo del híbrido. La mononoke maulló, subiendo al hombro del muchacho y tallarse contra su mejilla.
-Hay que volver, Kirara…
-
-
-
Continuará...
