YA ESTOY DE VUELTA. Sé que me echábais de menos, no tratéis de negarlo. ¿Que qué tal me va la vida? Pues ahí, tirando. Veamos... Ya voy por mi quinta clase de conducir y he aprenido a estacionar, no he atropellado a nadie y el riesgo de palmarla reventada contra algún sitio disminuye poco a poco. Por otra parte, ya estoy preparando mis cosas para Alicante, ¿sabéis cuántas maletas llevo? CUATRO. Y DOS DE ELLAS SON SOLO LIBROS. Uno podría decir que tengo una obsesión, pero meh. En lo relativo a lo demás, no hago mucho, además de ver alguna serie, descargar pelis y por supuesto, escribiros este fafincito uwu

¿Y sabéis qué? EL CÓMIC DE KORRA ME LLEGA EL 22. He tenido que esperar medio siglo, pero por fin llega T.T Por suerte durante este mes me llegaron todos los demás de Aang y tuve con qué entretenerme(?) Pero basta ya de cháchara, que me liáis. ¡Respondamos reviews!

*Anabelita N: Has dado justo en el clavo con mis intenciones. Quiero hacer ver que Shika se preocupa por Temari, pero que esta no es una damisela en apuros uwu Si te gustó Sai, te prometo que va a salir más ;)

*Lirio-Shikatema: Me retraso unos días y me dáis por muerta... xD Pues aquí tienes todo un nuevo cap para que los disfrutes uwu La relación de esos dos va a ir evolucionando, y estoy segura de que cuando por fin estén juntos saltaréis de emoción (yo lo haré mientras lo escribo xD)

*Diana Nara: Precisamente por eso pongo los adelantos, ¡para dejaros con el gusanillo! Aquí tienes el cap y el adelanto del siguiente ;)

*MarFer Hatake: Ya veo que los adelantos que os pongo os dejan con las ganas xDD Y sí, a Shika le hace falta terapia con hombres, y ahi están Darui y Chojuro para hacerle ver que es idiota (?)

*Karinits-san: Temari SIEMPRE protegerá a Shika, la inversa ya sucede de forma más puntual, porque la chica se defiende sola (?) También me encanta trabajar con Mirai, y espero usarla en más momentos ShikaTema, sobretodo para tratar el tema de los hijos uwu Pero para eso aún falta xD

*MinMin: Gracias por hacerme saber que te gusta la historia uwu La verdad es que siempre que trabajo con Sai tengo mis dudas sobre si lo escribo bien o no, porque quiero mostrar una evolución ni lenta ni rápida, así que siempre le pido la opinión a mi hermana por si acaso xD Saber que he acertado me alegra mucho uwu

*Shirae: Chica, te juro que me negaba a actualizar hasta que dejases un review, ¡creía que te había pasado algo! T.T Entiendo tus problemas con una casa perdida; es genial desconectar, pero tiene sus inconvenientes xD Si tú dices que las discusiones de estos dos se entienden, te tomo la palabra uwu Te prometo que un día de estos los facepalms terminarán, pero todavía vas a tener que reírte con unos cuantos mas, porque siendo como son... xD

*Hakai: Gracias por dejar el review. Si te sirve, ahora estoy actualizando cada dos semanas porque es verano, así que tendrás un nuevo cap a final de mes. Creo que hasta septiembre haré lo mismo, pero cuando empiece la uni creo que volveré a la mensualidad u.u

Bueno, ahora os dejo con el cap, que sé que no tenéis nada mejor que hacer que leerlo -3- SINO NO ESTARÍAIS AQUÍ. No os tengo que advertir nada, solo que este cap viene con poco ShikaTema porque me centro más en los personajes por individual y la trama en si.

¡A disfrutar!


La Paz es algo abierto a discusión. Sobre todo después de una guerra. Nunca llega de un momento a otro, nunca es fácil, y nunca están todos a favor de ella desde el inicio. Los Kages habían sabido y dado por sentado que tendrían problemas -para ello habían creado el Consejo-, pero recibir la noticia de que había pueblos opuestos a recibir la ayuda de la Alianza era… difícil de entender. Después de mandar a shinobis a investigar, habían descubierto que gran parte de estos pueblos estaban sometidos a otro mayor que los controlaba mediante amenazas. Estos casos eran sencillos, pues la mayoría se rendían al saber que la Alianza estaba en desacuerdo con su comportamiento. Aunque no hubiera sido creada para ser violenta contra quien no seguía sus ideales, tener a casi todos lo shinobis dispuestos a arrasar tu pueblo no era una sensación agradable. Por tanto, estas situaciones eran fácilmente solucionadas y se permitía a los pequeños pueblos sometidos recibir ayuda y entrar a formar parte de la Alianza, si lo deseaban así. En otras ocasiones, sobrevivían minorías radicales que creían que la paz significaba la desaparición del mundo shinobi y la caída de la economía, por lo que rechazaban las ayudas y se mostraban hostiles. No llegaban a atacar por el suicidio que la acción supondría, pero debían ser vigilados. Con suerte, la positiva evolución de la paz les abriría los ojos y acabarían uniéndose a la Alianza. Por último, estaba ese caso, el que podía poner en mayor riesgo la estabilidad que se había conseguido. Un pueblo de los alrededores del País del Hierro, conocido por su desarrollo económico y su fuerza, había declarado su deseo de mantenerse alejado de cualquier asunto relacionado con la Alianza. Como otros, se oponían a la paz absoluta porque esa economía tan buena de los últimos años se había debido a su trabajo como espías entre aldeas, por lo que no tenían ningún deseo de colaboración global que acabaría por quitarles el trabajo. Este pueblo, Nakisita, se había unido recientemente a otro menos importante por medio de un matrimonio político entre su líder y la hija del líder de otro pueblo. Dado que ambos tenían un tamaño considerable y juntos reunían un importante grupo de shinobis -y por tanto, ejército-, el hecho de que ambos se unieran contra la Alianza era razón de preocupación. Si otras aldeas seguían sus pasos, podría formarse una fuerza considerable y acabar con todo el trabajo realizado para crear una situación pacífica. Era por ello que en esos momentos se estaba celebrando una reunión de urgencia en la sede de la Alianza, en el País del Hierro, a la que habían acudido tanto los Kages como todos los miembros que formaban el Consejo. Demasiadas voces discutiendo a la vez.

-Deberíamos acabar con ellos sin levantar sospechas -propuso A, levantando su voz sobre la del resto. El silencio se hizo en la sala-. Si este grupo radical crece más y su influencia llega al resto de pueblos problemáticos con los que estamos consiguiendo lidiar, significará la guerra.

-No deberíamos adelantarnos a los hechos, Raikage -intervino Mei, cruzando las manos sobre la mesa.

-La Mizukage tiene razón, Raikage -dijo Gaara con su profunda voz-. Además, la Alianza no fue creada para iniciar un conflicto, sino para resolverlos. Acabar con un pueblo entero porque no comparten nuestros ideales no nos haría mejores que los hombres contra los que luchamos en la guerra.

A gruñó, pero volvió a tomar asiento, apoyando pesadamente el único brazo que tenía sobre la mesa.

-¿Cuál es la propuesta entonces, Kazekage? -preguntó esta vez el Tsuchikage-. No podemos esperar a que sigan expandiéndose mediante más acuerdos políticos.

El pelirrojo miró a la mesa de enfrente, donde se sentaban los principales miembros del Consejo de la Alianza, entre ellos su propia hermana y, a su lado, el hombre al que observaba: Nara Shikamaru. El joven estratega ya tenía un plan montado, y aquella mirada fue recibida como la señal para que lo presentara ahora que los Kages y otros miembros del Consejo habían terminado de gritar. Se puso en pie con su habitual desgano y con las manos metidas en los bolsillos. Inmediatamente toda la atención se centró en él. Menos mal que ya se había acostumbrado a aquella sensación.

-Es evidente que la Alianza no puede ponerse en una situación comprometida enviando a shinobis corrientes a estos pueblos para investigarlos -resumió, señalando lo evidente. Luego continuó-: Por eso lo más inteligente sería mandar a un pequeño grupo con protección política con la excusa de representar a la Alianza. No rechazarían escuchar a dichas personas porque tienen un cargo importante y podría resultar ofensivo. De la misma forma, tampoco los atacarían porque significaría declarar la guerra y dudo que sea eso lo que deseen ahora mismo -los miembros de la sala asintieron, algunos susurraron su aprobación. Shikamaru tomó aire y siguió con el discurso-. Mi propuesta es que los cabecillas del Consejo formemos dicho grupo, ya que nuestra reputación es conocida en prácticamente todo el mundo y tenemos más facilidad de ser reconocidos. Además, de esta forma asistiría un miembro de cada una de las Cinco Grandes Aldeas, lo que evita discusiones políticas sobre la representación equitativa. Nuestro trabajo sería infiltrarnos en Nakisita -que sabemos que de los dos pueblos es el de mayor influencia-, recolectar información y continuar a partir de ahí.

Una vez terminó de hablar, el Nara se sentó, dando paso a las deliberaciones sobre su idea. Recibió un pequeño golpe en su costado derecho, y al mirar se encontró con la sonrisa orgullosa de Temari. Nervioso, se rascó la nuca y devolvió la sonrisa, volviendo a centrar la vista al frente. Era mejor mantener la cabeza fría en las reuniones. Especialmente cuando tenía a Gaara separado a unos metros delante suya.

-¿Votos a favor? -interrumpió la voz de Mifune, varios minutos después de empezar las deliberaciones.

Todas las manos de la sala se levantaron, lo que dejó una sensación agradable en Shikamaru. Kakashi le sonrió desde la mesa de los Kages y el estratega asintió de forma casi imperceptible.

-La propuesta de Nara Shikamaru es aceptada por unanimidad -declaró el líder samurái-. Los preparativos de la misión pasarán a ser realizados en privado. Se levanta la sesión.

Inmediatamente los asistentes empezaron a levantarse. Los miembros del Consejo -que se sentaban detrás de los cabecillas-, no tardaron en marcharse, mientras que los de mayor rango se quedaban para discutir los detalles.

-Es volver al Consejo y echarnos trabajo encima, ¿eh, Shikamaru? -dijo Darui, con aire cansado, pero sonriendo-. Con lo bien que estábamos relajándonos sin ti.

-Oi, oi, que todos habéis votado a favor de la propuesta -replicó el estratega, sonriendo también-. Además, si no llego a volver esto se hubiera desmoronado. La problemática ya me ha puesto al corriente de las fiestas que habéis montado durante mis vacaciones.

-Ah, fueron los mejores días de mi vida…

Los cinco rieron ante el comentario de Kurotsuchi. Trabajar juntos en el Consejo había permitido que se hicieran grandes amigos, cosa que había aportado mucho a sus vidas. Sin embargo, debían ponerse serios para superar este obstáculo que amenazaba con echar por tierra todo su trabajo.

Durante la próxima hora, el grupo discutió junto a los Kages los detalles de la misión. Se acordó que partirían al día siguiente. Su primer destino sería Nakisita, donde esperaban pasar al menos una noche y luego investigar la situación de Kuoshi, el pueblo menor que se había unido al primero por matrimonio político. El mayor peligro recaía, sin embargo, en que no tenían demasiada información sobre Nakisita en el presente, por lo que Shikamaru no podía imaginar las distintas reacciones que el pueblo podía tener. Su anterior líder había muerto en la guerra, y del nuevo no se conocía más que el rostro, el nombre y que era un shinobi bastante fuerte. Su principal misión era recabar toda la información posible y actuar a partir de ahí. Era peligroso, pero los cinco eran shinobis y habían aceptado poner su vida en riesgo para mantener la paz. Además, aquel no era un quinteto fácil de vencer.

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El viaje hasta Nakisita duró dos días pese a que mantuvieron una buena velocidad y solo hicieron las paradas imprescindibles. La noche del último día decidieron pasarla a la intemperie, lo que les daría tiempo para repasar el plan una vez más antes de entrar en el pueblo a la mañana siguiente.

-Será mejor que encendamos algo de fuego -dijo Darui. La nieve seguía siendo espesa y nevaba suavemente, pero incluso los shinobis necesitaban algo de calor.

-Temari y yo iremos a por leña, vosotros preparar los sacos y la comida -soltó Kurotsuchi.

Sin llegar a poder replicar, la otra kunoichi fue arrastrada por el brazo de su amiga, adentrándose en el bosque de nuevo. Cuando por fin la liberó, ya habían recorrido más distancia de la necesaria para encontrar leña seca.

-¿A qué ha venido eso, Kuro? -preguntó al ninja de la arena, sorprendida-. Podías haber venido tú sola a por la leña.

-Estamos en territorio enemigo, Temari, hubiera sido peligroso, ¿no crees? -respondió ella, con tono infantil. Luego se acercó a su amiga con una sonrisa-. Además, así no nos oirán los chicos cuando me cuentes lo que sucedió mientras preparábais los exámenes de chunnin.

La kunoichi se sonrojó un instante, pero su cara enrojecida por el frío consiguió esconderlo. Debería estar sorprendida de que Kurotsuchi supiera que algo pasó, pero no le parecía tan extraño; la chica tenía una habilidad especial para enterarse de asuntos que no le involucraban. Por eso era divertido tenerla como amiga: conseguía información sin la necesidad de fingir que no le interesaba.

-No sé de qué hablas, Kurotsuchi -dijo, sacudiendo las manos. Se agachó para recoger varias ramas secas de suelo-. La preparación de los exámenes de chunnin fue solo eso; charla y trabajo.

-Hai, hai… Entonces, ¿no pasó nada en ese festival al que Shikamaru y tú fuisteis juntos? -cuestionó la kunoichi de la roca, con tono pícaro. Un trozo de leña se cayó de las manos de Temari, clara indicación de que la pregunta le había sorprendido. Kurotsuchi rió-: ¡Já, lo sabía!, ¡ya estás contando todo o te forzaré a ello!

Qué bonita amistad aquella en la que podías amenazar a tus amigas en serio… Tampoco sería la primera vez que esas dos acaban en los puños para sonsacarse información sobre temas parecidos a aquel.

-... No pasó nada, Kuro, deja de inventarte cosas -alcanzó a decir Temari, continuando con su labor-. Además, ¿por qué tanto interés?

-¡Porque ya va siendo hora! -exclamó la kunoichi, como si lo que dijese fuera lo más obvio del mundo. Luego añadió-: Además, seguro que si yo hubiera empezado a salir con Darui querrías saberlo, ¿no?

-¿Lo has hecho? -preguntó la chica de Suna, alzando una ceja.

-¡Por supuesto que no! -rió la otra, sacudiendo una mano-. No es mi estilo, lo siento. Pero vamos, sé que algo tuvo que pasar. Estáis más raros de lo normal. Y mira que eso es difícil. Además, Chojuro nos ha dicho que la mañana siguiente al festival actuábais distintos. No me digas, os acostásteis, ¿a que sí?

Un tronco fue lanzado hacia la cabeza de Kurotsuchi, tirándola al suelo con un fuerte golpe.

-No empieces a hacer propuestas raras, Kuro -le gruñó a su amiga-. Shikamaru y yo somos amigos, nada pasó en el festival, puedo prometerte eso. Y en cuanto a Chojuro… No sé si enfadarme con él por actuar de espía o con Darui y contigo por manipularlo para que lo sea.

-¡Eh, que Chojuro está en el ajo por voluntad propia! -se defendió Kurotsuchi, levantándose del suelo-. Pero si dices que no pasó nada, haré como que me lo creo, ¿contenta?

-Haz lo que quieras, Kuro -suspiró Temari, cansada del tema-. Ahora termina de recoger leña y volvamos, mañana tenemos que hacer diplomacia.

Ambas kunoichis continuaron recogiendo leña unos segundos más, charlando sobre temas completamentes distintos al anterior. Temari no había mentido a su amiga: aquella noche no sucedió nada porque el idiota de Shikamaru se apartó antes de besarla. Así que más bien lo que había hecho era contar la mitad a medias, y eso era lo mejor. Sabía que si Kurotsuchi se enteraba, posiblemente le daría la paliza de su vida al estratega. Y necesitaban al chico para esa misión. Luego ya le sacudirían las dos juntas. Y a Chojuro y Darui también. ¿Cómo es que su vida estaba rodeada de chicos tan… problemáticos?

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En el claro donde habían decidido acampar, los chicos desplegaban los sacos de dormir en círculo, pretendiendo hacer la hoguera en el centro. No debían hacer un fuego demasiado fuerte para que el humo no delatara su posición, pero al menos evitarían congelarse.

-Bueno, Shikamaru, ¿qué tal estuvo aquel festival al que fuiste con Temari? -preguntó Darui con cierta indiferencia, sentándose en uno de los sacos-. Con tanto trabajo parece que no hemos tenido tiempo para hablar estos meses.

-¿Ah?, ¿a qué te refieres? -contestó el estratega, haciéndose el desentendido.

-No te hagas el tonto, Shikamaru -le reprendió Chojuro, acusándolo con el dedo-. Sabes perfectamente que nos referimos al festival que se celebró mientras que estábamos preparando los exámenes de chunnin.

-¿Te refieres a ese en el que fingiste que no querías venir para que fuera solo con Temari? -contraatacó el Nara, haciendo sonrojar al menor, que se rascó la mejilla-. Si te hubieras quedado despierto hasta que volviéramos, hubieras podido vernos.

-¿Eso significa que sí pasó algo? -Darui se tiró de espaldas sobre el saco, con las manos debajo de la cabeza

-Tsk, ¿y ese repentino interés? Y yo que os había tomado por ninjas serios que no hablaban de chicas -dijo Shikamaru, sacudiendo una mano.

-¡Oi! -exclamó Chojuro, haciéndose el ofendido y cruzándose de brazos. Un instante después, los tres se echaron a reír-. Venga, Shikamaru, dinos qué pasó.

El estrega apartó la vista, rascándose la nuca. Los otros dos chicos se miraron y sonrieron; aquellos gestos eran una clara indicación de que su amigo estaba nervioso, y por tanto, que sí que había pasado algo aquella noche. ¿Quién de los tres ganaría la apuesta aquella vez? Tanto Kuro, como Chojuro y Darui tenían distintas opiniones y el dinero estaba en juego. Sí, el aburrimiento por trabajo en el Consejo les llevaba a hacer apuestas como esas.

-Casi nos besamos -soltó de repente el Nara. Para que luego dijese que él no era de hablar de chicas.

Pasaron cinco segundos, diez, quince… Y entonces Chojuro soltó un grito entre sorprendido y alegre. Ya sabéis quien había ganado la apuesta. Puede que no hubiera acertado de lleno, pero era el que más se acercaba. Darui, en su lugar, abrió los ojos sorprendido, mirando a Shikamaru incrédulo. Al parecer no conocía al chico tanto como creía.

-Espera -dijo de repente-. ¿Cómo que casi?, ¿cómo puedes casi besar a alguien?

-Tsk… Me aparté antes de que sucediera -explicó el estratega en voz baja y con cierto arrepentimiento.

-Ah, eso es que eres idiota, Shikamaru -contestó Chojuro, suspirando.

-¡O-oi!

-Chojuro tiene razón, Shikamaru -intervino Darui, volviendo a su posición anterior-. Solo un idiota desperdiciaría una oportunidad como esa.

El Nara no respondió, sabiendo que sus amigos tenían razón. Al fin y al cabo, ¿por qué no había besado a Temari aquella noche?, ¿por cobardía?, ¿miedo a su reacción? No había dejado de repetirse a sí mismo que la razón era que hubiera sido demasiado problemático. Si por alguna razón empezaban a… salir, y se hiciera público, nunca estarían tranquilos. Eran dos piezas clave de la Alianza, y los altos cargos de las aldeas intervendrían en la política de relaciones; al fin y al cabo, Temari era hermana del Kazekage y él consejero del Hokage, por no decir heredero de su clan. Demasiados problemas que analizar. Sin embargo, Shikamaru no era idiota: era consciente de que le gustaba Temari, le atraía. Y si no era un inepto interpretando las emociones ajenas, se atrevía a decir que la kunoichi sentía algo parecido. Aunque no dudaba de que si soltaba aquel pensamiento al aire y ella lo oía, le mandaría a volar al instante. Así era la chica.

De repente, el silencio en el campamento se vio interrumpido por unos pasos acercándose. Los tres shinobis los reconocieron rápidamente, por lo que no se molestaron en tomar posición de defensa. Las chicas llegaron un momento después, dejando una pila de leña en el centro del círculo en el que se disponían los sacos de dormir. Darui se incorporó un momento para lanzar un pequeño rayo -usando uno de sus dedos-, sobre los troncos para prender el fuego. Era más rápido que esperar a que Shikamaru sacase su mechero. El estratega, por su parte, observó un momento a Temari antes de tomar su mochila para sacar las provisiones que llevaba para cenar. No debía perder la concentración, no en una misión tan importante para la Alianza como aquella. Como shinobi, debía ser capaz de apartar sus sentimientos personales durante las misiones, y sabía que la kunoichi pensaba igual. Una vez todo terminase, podría centrar su mente en otros problemas. Y demostrarles a Chojuro y Darui que no era un completo idiota.

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Se podría decir que la bienvenida que recibieron en Nakisita no fue muy calurosa. Entraron en la aldea hacia el mediodía, de forma que su líder no pudiera rechazarles el quedarse al menos a comer, o de lo contrario podría resultar un falta de respeto a la Alianza. En la puertas, cuatro shinobis interrumpieron su paso.

-¡Alto! -exigió uno de ellos-. No pueden entrar en la aldea sin una identificación.

-Somos miembros del Consejo de la Alianza -explicó Darui, al tiempo que todos sacaban las identificaciones que lo acreditaban-. Venimos para hablar con vuestro líder.

Los ninjas observaron las identificaciones con desconfianza, pero acabaron asintiendo y dejándolos pasar. Dos de ellos los escoltaron hasta el edificio central. Por el camino, pudieron ver calles activas, pero claramente vigiladas por shinobis. Conforme se acercaban a los distintos puestos de la zona comercial, aumentaban los susurros sobre ellos y los padres escondían a los niños tras una mirada de advertencia por parte de los vigilantes. "Al fin y al cabo", pensó Shikamaru, "si algo va mal en esta aldea, un niño sería el primero en irse de la lengua". Miró a sus compañeros para cerciorarse de que también se habían dado cuenta y siguió recogiendo información.

-Al jefe no le gusta ser molestado -dijo uno de los escoltas cuando estaban frente a las puertas del gran edificio.

-Estoy seguro de que cambiará de parecer si sabe que son miembros de la Alianza quienes vienen a verle -respondió Shikamaru, metiendo la mano izquierda en el bolsillo de su pantalón-. Pero si realmente no creéis que sea oportuna la visita, podemos marcharnos e informar a los Kages sobre la situación.

La amenaza indirecta tuvo efecto inmediato, y los guardias abrieron las grandes puertas del edificio para dejarlos entrar. Tenía únicamente una planta, pero era exageradamente grande en comparación con las pequeñas casas del resto del pueblo. Un amplio jardín rodeaba la instalación, bien cuidado y vigilado. Como precaución, el grupo avanzó en posición que les permitiría defenderse: Kurotsuchi en cabeza, Shikamaru y Temari detrás, y finalmente Chojuro y Darui. Se mantuvieron alerta hasta llegar a la sala principal del edificio. Estaba decorada al detalle pero sin llegar a ser ostentoso. En el centro, sobre un simple asiento de piedra con un cojín, un hombre adulto, fuerte y con una buena cantidad de chakra les hizo una señal para que se acercaran. No hacía falta ser muy listo para ver que ese era el líder de la aldea y quien movía todos los hilos. A su alrededor, los guardias permanecían tensos y alertas, como si temieran que el hombre estallase en cualquier momento.

-Bienvenidos, miembros de la Alianza, mi nombre es Kylar -habló con voz grave, abriendo los brazos-. Mis guardias me han informado de que deseábais verme, ¿a qué se debe el honor?

-Como seguramente habrá sido informado, la Alianza ha iniciado un programa de ayuda a los distintos pueblos de las naciones -contestó Shikamaru, colocándose un paso por delante de sus compañeros-. Nuestro trabajo es comprobar cuáles de ellos deberían recibir ayudas y cuáles presentan un comportamiento que podría… complicar las relaciones con la Alianza.

-Había escuchado esa propuesta de la que hablas, joven -Kylar se incorporó sobre su asiento, apoyando los codos sobre las rodillas y entrelazando los dedos de las manos-. No obstante, mi pueblo no necesita vuestra ayuda en este momento. Siento informaros de que habéis realizado tan largo viaje para nada.

-En ese caso, nos retiraremos sin ser una molestia -intervino Darui, con tono formal-. No obstante, le agradeceríamos si nos dejase comer en su aldea, ya que nuestras provisiones se han acabado. Nos gustaría poder abastecernos y luego continuar nuestra marcha.

El jefe pareció irritado ante la petición, pero fue incapaz de rechazar la propuesta, ordenando a sus guardias que lo preparasen todo para la comida. Durante este tiempo, Shikamaru aprovechó para continuar haciendo preguntas a Kylar sobre el mantenimiento de su aldea, de forma que consiguió extraer información importante con la excusa de que la Alianza lo exigía. Era obvio, por su comportamiento, que ni aquel hombre, ni sus secuaces, tenían intenciones de colaborar. Mostraban desprecio y desinterés ante las propuestas, además de ser evidentes las miradas de odio por parte de los guardias que vigilaban la habitación. Si en lugar de haber acudido Shikamaru y sus compañeros, hubieran mandado a otro grupo de shinobis, era probable que los hubieran atacado y asesinado. Por ahora, a ellos les protegía la inmunidad diplomática y su fuerte relación con los Kages. No obstante, parecía que aquello podía perder valor de un momento a otro; no debían olvidar que Nakisita era una aldea considerablemente poderosa que se había aliado con otra vecina para oponerse a la Alianza. Aunque no hubiera habido una declaración de guerra directa, la amenaza era constante.

Un momento después, las puertas de la sala se abrieron una vez más, dejando pasar a una hermosa joven. Debía rondar la edad de Temari o pasarle un par de años a lo sumo, su cabello castaño iba recogido en un moño bajo y llevaba puesto un vestido amarillo claro que casi rozaba el suelo. Sus ojos azules turquesas mantenían la vista en el suelo. Los tres chicos la observaron sorprendidos hasta que sus dos compañeros carraspearon, Temari mirando con enfado a Shikamaru y este rascándose la nuca.

-Ah, querida, que bien que estés aquí -Kylar extendió una mano hacia la muchacha, la cual ella tomó con duda, acercándose a él solo los pasos imprescindibles-. Esta es mi esposa, Sorane.

La chica hizo una leve inclinación sin separar la mirada del suelo ni pronunciar una palabra. Era claro que aquel matrimonio había sido por conveniencia y la joven no estaba cómoda junto a Kylar, que la observaba con detenimiento, en señal de una advertencia silenciosa.

Aquella situación duró más bien poco, pues uno de los guardias llegó al momento, indicando que la comida estaba lista y podían pasar al comedor. Los siete tomaron asiento alrededor de una larga mesa: Shikamaru y el jefe se colocaron uno en cada extremo, quedando enfrentados. A uno de los lados de Kylar se sentó su esposa, y frente a ella Darui. Temari tomó asiento junto a Shikamaru, y Chojuro y Kurotsuchi quedaron uno frente al otro. De nuevo, se trataba de una posición estratégica en caso de que tuvieran que atacar. La comida, por suerte, se desarrolló sin incidentes. Usando la excusa de necesitar información para la Alianza, el equipo consiguió datos importantes por parte del líder, aunque cualquier pregunta que dirigieran a Sorane era respondida por el hombre igualmente, lo cual acabó irritando a las otras dos chicas de la mesa. La única vez que consiguieron una reacción de ella, fue durante la espera para que trajeran el postre, cuando Shikamaru dejó caer:

-Nuestra próxima parada va a ser el pueblo de Kuoshi, tú eres de allí, ¿no, Sorane?

La chica levantó la vista del plato y miró al Nara con una mirada de sorpresa y un brillo de esperanza en sus ojos. Sin embargo, su marido interrumpió inmediatamente.

-Sí, ella nació y creció en Kuoshi, de hecho -explicó con tono calmado-. Pero después de la boda decidimos que debido a mi puesto, era mejor que se mudara permanentemente aquí.

"Claro, porque es la mujer la que debe favorecer siempre al hombre" pensó Temari, apretando los puños sobre la rodillas, fuera de la vista de los demás "Y aún querrá que críe a sus hijos mientras él trabaja".

De repente, Kylar se puso en pie, colocando una mano sobre el hombro de su esposa y ejerciendo cierta presión sobre este, movimiento que no pasó desapercibido por nadie de la sala.

-Parece ser que mis sirvientes se están tomando demasiado tiempo en preparar los postres -dijo, sonriendo-. Iré a ver cuál es la causa. Sorane, querida, será mejor que regreses a tu habitación, en tu estado debes cuidarte mucho.

Las últimas palabras tomaron por sorpresa al equipo, pero fueron capaces de ocultarlo. No obstante, Temari se puso en pie, dejando la servilleta sobre el plato y apartando la silla. Shikamaru le lanzó una mirada de advertencia que ella ignoró completamente.

-Me gustaría saber dónde está el aseo, Kylar-san -pidió, con una falsa sonrisa.

-Por supuesto, Temari-san -respondió el hombre, que un momento antes dirigió una mirada a sus guardias para que estuvieran alertas-. Si sale por la puerta por la que hemos entrado, a la derecha encontrará un pasillo con cuatro habitaciones. Las dos últimas son aseos, puede elegir el que más le plazca.

La kunoichi asintió y, volviendo a ignorar la mirada del estratega, abandonó el comedor en dirección contraria en que lo hacían Kylar y su esposa, que parecía estar siendo arrastrada en contra de su voluntad. En cuanto puso un pie fuera de la habitación, Temari se las apañó para esquivar a los guardias y cambiar su dirección. Le costó un poco de concentración y unos segundos de paciencia, pero fue capaz de orientarse hacia donde la pareja se había dirigido; un pasillo solitario y sin guardias. Kylar obligó a su mujer a mirarle y acto seguido levantó la mano, dándole una bofetada. La kunoichi tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no asesinar al hombre ahí mismo.

-Ya te lo he dicho cientos de veces, Sorane, ¡olvídate de tu querido Kuoshi! -le gritó entredientes, tomándola del hombro-. Si veo que intentas en ponerte en contacto con algunos de ellos, mataré a tu padres, a los habitantes de tu pueblo y me encargaré de que una vez nazca, nunca veas a mi hijo. ¿Te queda claro?

La chica asintió en silencio. Pese a la oscuridad, Temari pudo notar que sus ojos estaban llorosos, pero que ninguna lágrima recorría su rostro. Además, sus labios estaban fruncidos, como si con una mueca estuviera tratando de ocultar sus deseos de devolverle la bofetada a Kylar. Sorane no había perdido las esperanzas ni las ganas de luchar.

Temari regresó al comedor antes que Kylar, haciendo como que se secaba las manos y tomando de nuevo asiento junto a Shikamaru, bajo la atenta mirada del resto de sus compañeros.

-Eso ha sido imprudente y peligroso -le susurró el estratega, claramente enfadado-. Podías haber echado a perder el plan si te hubieran visto espiando.

-Pero no lo han hecho, y he podido confirmar las sospechas que teníamos -le replicó ella.

El Nara iba a decirle algo más, pero el jefe de la aldea entró en ese momento con varios sirvientes tras él que cargaban los postres, por lo que la discusión quedó atrasada para otro momento.

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Una hora después, el grupo de shinobis de la Alianza paseaba por las calles casi desérticas de Nakisita. Pese a no tener a los guardias respirando en su cuello, era claro que los estaban siguiendo a escondidas, asegurándose de que no metían sus narices donde no debían. Mientras hacían las compras necesarias para llenar sus mochilas para el viaje, fueron capaces de notar los distintos comportamientos de los habitantes; la mayor parte de los guardias los miraban con desprecio, pero los dueños de los comercios los observaban con agradecimiento y esperanza. Otros, sin embargo, se negaban a venderles nada, alegando que no querían relacionarse con nadie que perteneciera a la Alianza. Estaba claro, por tanto, que los que vivían allí mantenían distintas opiniones sobre su situación, aunque fuera evidente cuál era la dominante. No obstante, era inútil la colaboración campesina si todos los shinobis apoyaban a Kylar, ya que eran estos los que se preparaban para el combate.

Su visita por la aldea duró casi toda la tarde, y el grupo abandonó Nakisita al atardecer, justo cuando el sol empezaba a ocultarse. Su trayecto fue silencioso hasta que dejaron de percibir el chakra de los guardias de la aldea, momento en el que decidieron que debían parar, acampar y hablar de la misión.

-No creo que vayamos a recibir apoyo de ningún shinobi dentro de la aldea -expuso Chojuro, una vez se hubieron asentado alrededor de una pequeña hoguera-. Parecía que todos se mantenían fieles a Kylar.

-Tampoco podemos estar seguros de eso -opinó Kurotsuchi, tomándose el mentón con la mano-. Si hemos considerado este pueblo de alto riesgo para la Alianza, es porque tiene una fuerza militar considerable, y lo que hemos visto es solo una pequeña parte de ella. En casos como estos es imposible que no haya aunque sea un pequeño grupo que se oponga a la tiranía del líder.

-Puede que estés en lo cierto, Kuro, pero no tenemos pruebas que lo demuestres ni una forma de conseguirlas -intervino Darui, mordisqueando un trozo de tofu-. Debemos ceñirnos a lo que sabemos con certeza y desarrollar una estrategia de intervención a partir de ahí.

-Darui tiene razón, aunque lo que dice Kuro es cierto; es muy probable que dentro de la aldea exista algún grupo rebelde sin suficiente fuerza como para oponerse al ejército que Kylar tiene escondido -opinó Shikamaru. El hombre no dejaba de recordarle a Gengo y aquello le molestaba-. En estos casos, lo lógico sería eliminar al centro del problema, pero… Ahora mismo asesinar a Kylar podría arrastrar una serie de consecuencias que desconocemos.

-Mataría a los habitantes de Kuoshi y seguramente también a su esposa -dijo Temari, hablando por primera vez-. Aunque era evidente que Sorane no estaba cómoda en presencia de aquel hombre; al seguirlos pude ver que esa chica todavía no se había rendido. Llegado el momento es muy probable que estuviese dispuesta a colaborar.

-Es bueno saberlo -comentó el estratega, cruzando los brazos-. Aunque la próxima vez, deberías hacer caso a las órdenes que te da el líder de la misión. Si te hubieran visto, podrían haberte acusado de espionaje y desencadenado un conflicto inmediato, justo lo que estamos tratando de evitar.

-¿No eres tú el que dice que a veces no hay que ceñirse únicamente el protocolo shinobi, vago? -le respondió la kunoichi con tono mordaz-. Vi una oportunidad para recopilar información útil y la tomé. No fui detectada y además pude comprobar que, tal y como parecía, Sorane está embarazada y Kylar abusa de ella.

-No deberías involucrarte tanto en la misión, Temari -dijo esta vez Darui-. Especialmente una de tanta importancia para la Alianza como esta. Un paso en falso podría costar cientos de vidas.

-¡Darui! -exclamó el ninja de Kirigakure-. Esta misión no es solo para proteger a la Alianza, sino a los pueblos que necesitan ayuda y a todos sus habitantes. Incluida Sorano.

-Puede que tengas razón, Chojuro -intervino Kurotsuchi, con voz calmada-. Pero aun así debemos ser objetivos a la hora de juzgar la posición de las distintas aldeas. Esto no es como el caso que os encontrásteis durante la preparación de los exámenes de chunnin. Esta vez no es una disputa de bajo nivel, sino una que podría desencadenar una nueva guerra, justo ahora que hemos salido de la más dura de todos los tiempos. Aunque nuestra misión como miembros de la Alianza sea ofrecer ayuda y mantener la paz, no siempre se puede salvar a todos.

El silencio se hizo entre los cinco por unos instantes. Normalmente mantenían discusiones como aquellas en los cuarteles de la Alianza, donde debatían de forma intensa diferentes temas. La diferencia es que aquellas disputas era meramente por entretenimiento y les ayudaban a reforzar su amistad. Esta ocasión, sin embargo, estaban en una misión y las acciones que quisieran realizar cada uno llevarían a distintos finales.

-Será mejor que descansemos aunque sea unas horas -dijo Shikamaru, rompiendo el silencio. La noche había caído mientras hablaban y habían terminado de cenar-. Mañana iremos a Kuoshi; es probable que allá obtengamos información de más utilidad y descubramos si es cierto que apoyan o no la voluntad de Kylar.

-Yo haré la primera guardia -se ofreció Darui, desperezándose.

El resto asintió y en poco tiempo se resguardaron en sus sacos de dormir. El ninja de Kumogakure, por su parte, permaneció atento al silencio del bosque, comprobando cada poco tiempo que no había nadie su alrededor y manteniendo el fuego de la hoguera vivo.

Tres horas más tarde, Darui despertó a Shikamaru para que hiciera la segunda guardia, y apenas intercambiaron unas pocas palabras antes de cambiar puestos. Desde el inicio su intención había sido no permanecer mucho tiempo descansando, por lo que lo más seguro era que cuando Shikamaru despertase a sus compañeros, fuera para ponerse en marcha. Mientras azuzaba las ramas de la hoguera, no pudo evitar bostezar, sintiéndose cansado. Aquella misión era de gran importancia, tal y como Darui había indicado antes, y era su responsabilidad que tuviera éxito. El Nara no tenía ningún deseo de que se iniciara una nueva guerra únicamente porque unos cuantos pueblos pensaban que la economía se estancaría si había paz. ¿Cómo podía alguien anteponer el dinero a las vidas de las personas? El joven sacudió la cabeza; pensar una y otra vez sobre lo mismo no le llevaría a ningún sitio. En su lugar, debería centrarse en ordenar la información que habían recopilado ese día. No habían descubierto nada que no fuera obvio, pero al menos habían podido observar la situación desde dentro. Si tan solo pudieran espiarlos sin riesgo a ser descubiertos… Se sujetó el mentón, pensando durante un par de minutos, hasta que una idea le vino a la mente de golpe, haciendo que se sintiese idiota por no haberlo pensado antes. En silencio -comprobando de nuevo que no había nadie cerca-, se acercó a la kunoichi de Suna, que dormía tranquilamente. Estaba tumbada de medio lado usando su mochila como almohada, respiraba tranquila y con su abanico al lado. Algo le decía que había muchas oportunidades de que le golpease por despertarla. Arriesgándose a ello, grabó la imagen en su cabeza y apoyó una de sus manos en el hombro de la chica, sacudiéndolo suavemente.

-Temari, despierta -susurró para no despertar a los demás. Al ver que la kunoichi no abría los ojos, se inclinó más sobre ella y la sacudió con más fuerza. Siendo ella, pensaba que tendría un sueño más bien ligero-. Vamos Temari, despierta. Y luego me llamas vago a mi…

Por fin, la chica abrió los ojos, girándose sobre la espalda y haciendo que, sin darse cuenta, sus rostros quedasen peligrosamente juntos. Ante el repentino movimiento, las mejillas de Shikamaru se colorearon levemente, pero no se movió.

-¿Qué quieres, Shikamaru? -preguntó, todavía algo somnolienta-. Se supone que Kuro iba a ser la siguiente en hacer guardia.

-Mi guardia aún no ha terminado, problemática -respondió él, nervioso-. Te he despertado por otra cosa.

Temari enarcó una ceja, curiosa, y usó los codos para incorporarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba del Nara, y este se apartó rápidamente, quedando sentado. El silencio se estableció unos segundos entre ellos hasta que la kunoichi lo rompió.

-¿Y bien? -preguntó-. ¿Para qué me has despertado?

Shikamaru le hizo señas para que le siguiera al otro lado del claro y que pudieran hablar sin peligro de despertar a sus amigos. Ella le siguió, dejando su abanico atrás y bostezando.

-Hay una forma de espiar Nakisita sin necesidad de que nosotros entremos -explicó por fin el estratega-. Tú tienes un pacto de invocación con una comadreja, ¿no?

-¿Ah?, sí, Kamatari -respondió ella, percatándose de a dónde quería llegar-. Quieres que la invoque para que espíe la aldea durante la noche, ¿verdad?

-¿Puede hacerlo?

-No creo que ponga ninguna objeción -la kunoichi se mordió el dedo pulgar y empezó a hacer sellos con las manos-. Es muy rápido y silencioso, por lo que es idóneo para esta misión. Has hecho bien en pensar en él, ¿cómo se te ha ocurrido?

-Estaba pensando una forma de obtener más información sin ser percibidos, y la forma más simple era con un medio ajeno a nosotros -explicó él, observando las manos de la chica-. Yo no he realizado un pacto de invocación con ningún animal, y desconozco si los otros lo han hecho o no. Pero recordé a tu comadreja durante la batalla contra Tayuya, y me pareció buena idea intentarlo.

-Sí que ha sido buena idea -comentó Temari, terminando los sellos-. Solo una cosa, no lo llames "comadreja" o usará su guadaña para sacarte las tripas. Tiene nombre para algo.

Shikamaru sonrió, asintió, y observó cómo su compañera musitaba la técnica de invocación: "Kuchiyose No Jutsu". Un momento después de que la nube de humo desapareciese, una comadreja se dejó ver. Llevaba una guadaña en la espalda, casi tan grande como ella, un chaleco rojo y negro y un parche que tapaba su ojo izquierdo.

-¿Qué es lo que tengo que arrasar esta vez, Temari? -preguntó en animal, tomando la guadaña entre sus patas.

-Nada por ahora, Kamatari -respondió la kunoichi-. Necesitamos que te infiltres en una aldea que hay al sur de aquí, descubras los secretos que esconde y nos traigas la información.

-¿Una misión de espionaje? -contestó Kamatari, confuso-. Sabes bien que no es eso a lo que estoy acostumbrado.

-¿Significa eso que ni siquiera lo intentarás? -dijo la chica, sabiendo cómo hablar a su invocación para convencerla.

-Yo no he dicho eso. ¿Cuál es mi tiempo?

-Esperaremos aquí hasta el amanecer -intervino Shikamaru, haciendo que la comadreja le mirase por primera vez-. Si te ven antes, desaparece.

-¿Y este quién es? -le preguntó Kamatari a su invocadora, apuntando al Nara con su guadaña.

-Nara Shikamaru, un amigo -contestó la rubia, sonriendo-. Lo salvamos de aquella kunoichi del sonido, cuando destruiste medio bosque de Konoha.

-Ah, sí, recuerdo. ¿Sigue necesitando que lo rescates a menudo?

-Ahora solo de vez en cuando.

-Oi, oi, que estoy aquí delante -se quejó Shikamaru.

La comadreja rió, volvió colocarse la guadaña a la espalda y subió por la pierna de Temari hasta su hombro.

-Me voy ya, volveré al amanecer entonces.

Un instante después, la comadreja saltó a un árbol, desapareciendo de la vista de los dos shinobis. El silencio volvió a dominar entre ellos mientras volvían junto a la hoguera y sus amigos dormidos.

-Será mejor que descanses unas horas más, Shikamaru -susurró la chica, mientras recogía sus pertenencias y las colocaba junto a un árbol, donde acto seguido ella apoyó la espalda-. Yo tengo que permanecer despierta por Kamatari, así que puedo ocuparme de la guardia.

-No seas problemática, esta es mi guardia, así que voy a hacerla -respondió el Nara, sentándose a su lado-. Además, seguro que si me duermo luego encontrarás la forma de reprochármelo, así que prefiero no arriesgarme.

La kunoichi sonrió, contagiando a Shikamaru. Poco después empezaron a hablar de temas banales, evadiendo por completo la discusión que habían tenido ese mismo día. Las horas pasaron rápido, dando paso a las primeras luces del amanecer, que cambiaban los colores del cielo de azul a morados y naranjas. Fue entonces cuando Temari admitió que le resultaban más bonitos los amaneceres en los bosques que en su propia aldea, aunque prefería ver las estrellas en Suna, donde el cielo estaba impoluto y nada le tapaba la vista. Shikamaru guardó aquella información en una parte de su mente, como siempre que descubría algo nuevo sobre aquella problemática.


Qué raro se me hace no tener que dejar ninguna aclaración xDDDD Pero vamos, que si no habéis pillado algo, me lo decís y os lo resuelvo -3-

Cosas que comentar en este cap... PRIMERO, ¿os creíais que todo iba a ser coser y cantar entre esos dos? OBVIO QUE NO. Shikamaru y Temari no van a estar siempre de acuerdo en todo, y aquí os he presentado un conflicto en el que ambos tienen opiniones contrarias. Creo que era evidente que iba a poner discusiones serias -3- El hecho de que haya añadido en ella a los demás miembros del Consejo es porque ellos también participan en la misión; esta vez no es una discuión que atañe solo a Shikamaru y Temari. SEGUNDO, espero que entendáis la razón por la que meto el conflicto: me permite escribir discusiones, trabajar con muchos personajes y a la vez dar una trama con sentido al fanfic que siga el punto donde terminó la serie. TERCERO, ¿no amáis a Kamatari? Yo amo a Kamatari, esa comadreja es genial T.T

Y HASTA AHÍ LA SECCIÓN DE HOY. Sé que estáis deseando leer ya el adelanto, así que os lo dejo ya para que no se os siga cayendo la baba -3-

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-Dijiste que la sacaríamos de ahí, Shikamaru.

-¿Ah?

-La noche en la que envié a Kamatari a investigar y descubrimos la verdadera situación de Sorane -explicó la chica, apretando la mandíbula-. Dijiste que la sacaríamos.

-Tsk, no seas problemática, Temari -le respondió, mirándola a los ojos.

La kunoichi se puso en pie, empujando la silla en la que se había sentado hacia atrás.

-¡Creía que eras un hombre de palabra, Shikamaru!

-¡Y lo soy! -reclamó él, alzando la voz-. ¿Por qué crees que me he ofrecido a crear otro plan al tiempo que se desarrolla el primero? Necesitábamos una estrategia inmediata, y esa ha sido la única que he podido ofrecer.

-Deberías haber convocado la reunión para más tarde, cuando tuvieras un plan decente, entonces.

-Eso es fácil de decir cuando no tienes al Consejo y a los cinco Kages esperando una solución inmediata por tu parte, Temari.

-¿Y ahora pretendes ser tú la víctima? -replicó ella, aún más enfadada-. ¡La vida de una mujer embarazada está en peligro! Por no hablar de los habitantes de Nakisita que esperan ser salvados por la Alianza.

-¿Crees que no lo sé? -el chico le dio la espalda, dispuesto a abandonar la estancia-. Solo necesito más tiempo para pensar una solución, mujer. Si en lugar de asaltarme de esta forma tratases de ayudarme, podríamos acabar mucho antes.

-Debías haberme pedido ayuda con el primer plan, Shikamaru.

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¡Y con esto os dejo hasta final de mes!

Bye-Bye~