Primero, lo lamento muchísimo. Meses estuve para escribir el final, pero la verdad que muchas cosas pasaron, perdí la inspiración, las ganas, y... No sé, no tengo perdón.
Hoy me puse como meta terminar el capítulo final, y, aunque perdí un poco el hilo de la manera en que lo estaba escribiendo, espero que aún les guste :)

Gracias a todos los que leyeron mi historia y dejaron comentarios, se los agradezco de corazón


10

Ya no sabía qué día era, o en donde me encontraba. Todo lo sucedido las últimas horas que Sheva y yo habíamos estado en África revoloteaban mi mente. ¿Jill viva? ¿Wesker con una nueva cómplice? ¿Un nuevo plan para apoderarse del mundo? Había demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

Mi compañera y yo vimos cómo el puente bajaba y se colocaba de tal manera que ya era posible cruzarlo. Del otro lado, una puerta de piedra con el logo de Tricell nos estaba esperando. Tuvimos una pequeña conversación, pero mi mente vagaba en que tal vez encontráramos la verdad detrás de esa puerta. Avanzamos, y entramos en la estancia.

Lo primero que nuestros ojos fueron capaces de captar era una figura femenina frente a nosotros.

-¡Excella Gionne! ¡No te muevas! – Exclamó Sheva, a la vez que desenfundábamos las armas.

La mujer comenzó a aplaudir con una sonrisa en sus labios.

-¡Bravo!

No podía contenerme demasiado tiempo, sentía mi cuerpo hormiguear, y no quería seguir en la incertidumbre por más tiempo.

-Diablos, ¿dónde está Jill? – Grité.

-Hmm… ¿Jill? Tal vez te lo diga, o tal vez no.

Excella parecía realmente divertida, y hubiera perdido el control, de no ser por una extraña figura encapuchada que cayó del cielo, sólo para detener a mi compañera y a mí.

Con poco esfuerzo, y muy rápidamente, la figura logró detener que apretáramos el gatillo varias veces, a la vez que nos asestaba fuertes golpes realmente impresionantes.

Yo disparé primero, y la bala sólo le rozó… pero pudo quitarle la máscara de pájaro. El encapuchado comenzó a alejarse con movimientos acrobáticos, mientras esquivaba todos nuestros disparos. Yo estaba realmente sorprendido al ver a alguien capaz de hacer esas volteretas.

-Deja de jugar con nosotros. ¡Queremos algunas respuestas! – Exclamé, empuñando mi arma, cuando la figura se detuvo a varios metros de distancia.

-No has cambiado nada.

Esa voz… la conocía, y nada en el mundo me diría lo contrario. La manera en que arrastraba las palabras con ese tono grave… Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando giré la vista hacia el sujeto dueño de mis pesadillas.

-¡Wesker! ¡ que estás vivo!

Allí estaba él, vivito y coleando. Mejor que nunca, si podía decirlo su archi-rival. Con el cabello rubio engominado hacía atrás, un traje completamente negro y las inconfundibles gafas a juego.

-¿Éste es Wesker? – Preguntó Sheva, pero me abstuve a contestarle.

La adrenalina que fluyó por mis venas me ayudó a ponerme tenso, a ganar confianza en que tal vez ésta sería mi oportunidad de ganarle. Una voz en mi mente me decía lo contrario, pero hice caso omiso. Necesitaba toda la fuerza que pudiera acumular.

-La última vez que nos vimos fue en la mansión Spencer, ¿verdad? – Dijo el hombre, sólo para hacerme rabiar. – Qué reunión familiar más enternecedora.

Bajando por las escaleras de piedra, se dirigió hacia la figura encapuchada.

-Esperaba que te alegrarás más de vernos.

-¿Vernos? – Estaba confundido. ¿Conocía al "ninja" que nos había atacado?

-Mira que eres lento…

Tras sus palabras, comenzó a quitarle la capucha…


-Chris… Chris!

El aludido levantó la cabeza, sorprendido de lo que acababa de soñar. Bueno, de lo que acababa de recordar. Su cerebro parecía no querer olvidar esa experiencia, y por más que lo intentara, el momento de reencuentro con su vieja compañera lo invadía cada vez que cerraba los ojos.

-Chris, ¿te encuentras bien?

El agente Redfield dirigió su mirada a la persona que se encontraba frente a él con preocupación escrito en el rostro. Jill Valentine, con una cantidad considerable de papeles en los brazos se acercó aún más, pero él la detuvo con un gesto de la mano.

-Sí, no te preocupes. Sólo estoy un poco cansado.

-Está bien. – Contestó su compañera, claramente no convencida. – Pero aún creo que deberías tomarte unos días libres.

La castaña se sentó en su escritorio, que se encontraba justo enfrente del de Chris. Absorta en organizar los papeles que había traído, no notó que su compañero la observaba detenidamente.

Chris se deleitaba con los movimientos suaves de las manos de Jill, a sabiendas que volvía a ser la misma de siempre, y que de ahora en adelante, él nunca dejaría que algo como aquello volviera a suceder. Wesker había desaparecido de la faz de la tierra, y le hizo jurar a Jill que no volvería a dar su vida por él. Aún no estaba seguro de que su compañera hubiera aceptado, ella lo había prometido, pero él sabía que lo volvería a hacer si tuviera la oportunidad. Porque Chris lo haría por Jill.

La agente Valentine por fin levantó los ojos y dirigió su mirada hacia su compañero.

-¿Ocurre algo? – Preguntó con una dulce sonrisa.

-No… nada.

-Vamos, dime. – Jill sonrió mostrando los dientes.

-Está todo bien. – Chris le devolvió la sonrisa.

Jill, al no estar convencida, se levantó y se dirigió hacia su compañero, abrazando su cuello desde atrás y susurrándole al oído.

-Te conozco demasiado bien como para saber que algo te está preocupando.

El aroma del dulce perfume de su compañera lo invadíó, y cerró momentáneamente los ojos para disfrutar de su esencia, mientras un rápido flash en su cerebro le mostró las dos versiones de Jill. Aún no podía creer que ese día en África se encontrara con esa muchacha pálida, rubia y letal, que lo único que quería era asesinarlo, sabiendo que se trataba de Jill Valentine, su compañera por años.

Ahora, Jill había vuelto a la normalidad. Cabello castaño, color rosado en sus mejillas, amabilidad desprendida de los poros, y su lado peligroso latente listo para salir cuando la situación lo ameritara.

-Es sólo que… aún... no puedo quitarme los recuerdos de la cabeza.

Jill lo miró a los ojos frunciendo el seño.

-¿Desconfías de mí? – Lentamente fue soltándose de su cuello. – O es que… ¿ya no me miras de la misma manera?

Chris se giró sin levantarse de la silla, preocupado por el rostro triste de su compañera.

-¿Qué?, tú nunca dejarás de ser la misma para mí. – Se puso de pie para acercarse más, pero ella se alejó unos pequeños pasos, abrazándose a sí misma. Su rostro era el mismo, sus ojos cristalinos también. Claro que era la misma Jill Valentine. – Lo que quise decir es que… temo por ti. No quiero que vuelva a pasarte nada como eso.

Jill levantó la mirada y observó pena y preocupación en el semblante de Chris.

-Realmente la pasaste mal estos años, ¿no es cierto? – La pregunta hizo que Chris se revolviera incómodo. – Cuando… no podía controlar mis acciones… - Jill posó sus ojos en el suelo de madera de la oficina. – Yo… intentaba alejarme, revivir buenos momentos… y… siempre estabas tú en ellos.

Chris se sorprendió por la confesión de la castaña. Él siempre había sentido un cariño especial por ella, pero su manera de pensar estaba cambiando. Le encantaba la manera en que ambos se cuidaban las espaldas mientras trabajaban, cómo se daban a conocer las novedades sobre lo que estaban investigando en ese momento, … cómo salían de vez en cuando sin trabajo involucrado,… cómo pasaron varias navidades mirando viejas películas en el sillón del departamento de Chris, … cómo tomaban el desayuno la mañana siguiente.

Jill seguía hablando, pero Chris había dejado de escucharla hacía rato, absorto en sus pensamientos. Se acercó a la muchacha y le levantó la barbillla con la mano, así podía al fin mirarla a los ojos. Se observaron durante segundos que parecieron minutos, ambos intentando descifrar sus sentimientos. Sus rostros comenzaron a acercarse lentamente, mientras ninguno emitía sonido, aún observándose mutuamente. Podían sentir sus cálidos alientos cada vez más cerca, narices casi tocándose.

-Hey, Redfield, Valentine, tengo unos papeles para ustedes, del caso Hunderff. Creo que querrán echarle un vistazo…

Kevin entró en la oficina, mirada clavada en los papeles que traía. Chris y Jill rápidamente se separaron, incómodos.

-Eh… yo… yo me encargo, gracias. – Jill le quitó los documentos a Kevin de las manos y se sentó rápidamente en su lugar a revisarlos.

El muchacho, sorprendido, observó a la castaña, y luego a Chris, que aún seguía de pie. Le hizo un gesto con la mano y se retiró. En ese momento, Jill dejó salir una pequeña risa de triunfo.

-¡Chris! El cuartel general de Hunderff, parece que se encuentra en Singapur. – Lo miró sonriente. - ¿Sabes lo que eso significa?

El muchacho rió.

-Parece que tenemos trabajo que hacer. Y lugares que visitar.

Jill no podía borrarse la sonrisa del rostro mientras se levantaba y ambos salían por la puerta de la oficina.