Un fantasma degenerado
Escrito por Princess Sheccid
Disclaimer:
Inuyasha y Cía. no me pertenece! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas ) A ella también debemos de que estemos disfrutando de esta serie tan divertida!
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Capítulo diez:-
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El muchacho veía su obra recién hecha con una alegría desbordante, como irradiada por mil soles. Su rostro mantenía una sonrisa torcida que hasta lograría aterrorizar a la criatura más valiente sobre la faz de la Tierra.
Sin embargo, en su interior sentía cómo la rabia bullía, así como algo de duda, quizás un poco de nerviosismo. Esperaba que todo le resultara bien.
Acomodó unas ramitas y sonrió. Pasó el dorso de su mano sobre su frente algo sudorosa. Se sentía cansado, pero satisfecho de sí. En lo alto del cielo azul, el sol empezaba su caída vertiginosa hacia su abismo habitual, lo que sumiría horas después al lugar en penumbras.
InuYasha se giró. A muy pocos metros de él, el cuerpo vacío de alma, yacía acostado en el mullido césped. Parecía tan solo dormir.
El mitad demonio, al verlo, pareció vacilar durante unos segundos de cometer aquello que se proponía. Pero después de un debate moral (en el que salió ganando por mucho su orgullo), decidió firmemente que estaba en lo correcto.
Sin más preámbulos, caminó unos pasos dirigiéndose al cuerpo del monje, se inclinó hacia él y lo cargó con un solo brazo, de manera nada sutil. Con el cuerpo a cuestas, retornó a su posición inicial, donde finalmente, soltó el cuerpo sobre una pila de ramitas secas.
Una sonrisa sádica retornó su rostro. No cabía ninguna duda que, los porrazos que le asestó la joven quinceañera habían dañado su cerebro, o lo habían arrancado de su cabeza. En ese momento se puso a gritar a todo pulmón:
- ¿HAS VISTO MIROKU? TU VIDA ESTÁ A UNOS SEGUNDOS DE EXTINGUIRSE. ¡YA TE ESPERAMOS DEMASIADO¡TÚ Y TUS ESTUPIDECES HAN LLEGADO DEMASIADO LEJOS¡SI NO QUIERES VOLVER...! -en ese momento tomó un buen bocado de aire y dijo con rabia y frustración- ¡SI NO QUIERES VOLVER, PUES YO TE AYUDARÉ A IR MÁS RÁPIDO AL OTRO MUNDO!
Justo en ese momento, en el otro extremo del bosque, el espíritu del moje se hallaba sentado bajo la fresca sombra que le proporcionaba un árbol. Sus ojos se hallaban cerrados, sin embargo no dormía. Todo lo que estaba pasando lo tenía aún aturdido y sin saber hallar una respuesta correcta a su problema.
Recordó su última travesura con una sonrisa, sin poder evitar las ganas de reír. Él solo hecho de ver el rostro confundidísimo de InuYasha en su mente, hacía que le retornaran renovadas energías para ir y nuevamente cometer sus fechorías.
A pesar de todo, ese sentimiento de paz, quietud y bienestar, no le duró mucho.
De manera repentina, le sobrevino un mal presentimiento. Se preocupó. Se puso en pie y empezó a avanzar hacia donde suponía se consumaría una desgracia. Y lo que le preocupaba más, era que en sus presentimientos casi nunca erraba.
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- ¡Vaya Sango, me alegro mucho, muchísimo por ti! -comentó una linda joven de largos y sedosos cabellos azabache. Su sonrisa permanente estaba allí, como si su rostro nunca se hubiese contorsionado en uno de rabia y enojo.- Pero¿sabes? -a su lado, una hermosa chica de límpida mirada castaña, se volvió con una sonrisa encantadora, sus mejillas mostrando un suave carmín- Eso lo sabía hace ya bastante tiempo. Tus gestos, tus acciones, tu modo de actuar... ¡ Absolutamente todo te delataba Sango-chan! -respondió ella a la interrogante que le lanzó la exterminadora con la mirada. –las mejillas de la exterminadora se pusieron excesivamente rosas.
- ¿Es cierto eso Kagome? -bajó su mirada al camino por el cual estaban pasando para dirigirse a la aldea. Agregó con pena- Mou... Todo el mundo se dio cuenta de mis sentimientos¡TODOS! menos yo. Soy una completa tonta por no haberme dado cuenta antes... Quizás, si hubiera sido más osada en revelarle mis sentimientos...
- Sango, ya no vale nada lamentarse por eso. –Kagome le dijo en un tono serio- Además... ¡Hablas cómo si el monje Miroku no fuese a volver! -notó que en los ojos de su amiga se asomaba una chispa de vida- No seas pesimista. –de pronto juntó ambas manos a su rostro, y sus ojos brillaron, como llenos de estrellas- Ya verás como todo se arregla pronto, y en unos días tú y él estarán...
Su pequeña plática se vio bruscamente interrumpida ante unos fuertes gritos, que parecía sacudir hasta las más ínfima ramita de los árboles. Las chicas se quedaron paralizadas, ambas, llenas de terror.
- ... ¡YA TE ESPERAMOS DEMASIADO¡TÚ Y TUS ESTUPIDECES HAN LLEGADO DEMASIADO LEJOS¡SI NO QUIERES VOLVER...!
- Sa- Sango... –el rostro de Kagome se había puesto de repente visiblemente pálido. Su labio inferior temblaba.- ¡InuYasha perdió la cordura¡Le va a causar algún daño al cuerpo del monje Miroku! -Kagome empezó a acelerar al paso, al notar en ese momento que Sango ya le llevaba buena ventaja al iniciar una carrera.
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- ¡No puede ser! -Shippou iba montado en su caballo de madera, un juguete que le era muy útil en su transporte.
Kirara, de lo que estaba a su lado, repentinamente adquirió su majestuosa forma y salió a toda velocidad, sin siquiera hacer alguna señal al pequeño. Era por esa razón que estaba preocupadísimo: la gata había salido disparada en la dirección que el hanyou de ropajes escarlata había salido huyendo. Presentía que se aproximaba una desgracia.
Shippou miró su transporte: se le hacía extremadamente lento.
A lo lejos, oyó un grito lleno de enojo, proveniente de una voz que muy bien conocía. Luego, escuchó el gemido de una voz angustiada y pasos que iniciaron una carrera: se aproximaba a la zona.
Shippou brincó de su caballito y sacó una hojita verde de su traje. Se la puso sobre su cabeza.
- ¡Transformación!
Instante después, se había transmutado en una gaviota. Agitó fuertemente las alas, sintiéndose algo desesperado.
- ' Por favor... Tengo que llegar...'
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Llegó en el momento en que InuYasha se proponía a iniciar una fogata en el lugar donde su cuerpo se hallaba acostado. Lo vio sentado de espaldas frente a él, en estado de total concentración: trataba de encender un cerillo. Para ello, cogía uno de una pequeña caja y trataba de encenderlo tal y como había visto a Kagome días antes.
- 'Vaya señorita Kagome. –pensó el monje temiendo por su vida- Hasta que trae un invento de su época realmente útil: uno que servirá para mandarme de una vez al otro mundo.'
Sin embargo, como pudo observar el espíritu, al hanyou no le iba muy bien que digamos.
Apenas lograba encender el palito de madera, lo observaba entre asustado y admirado, y lo dejaba caer al césped, totalmente consumido. El monje miraba la escena algo más tranquilo, hasta divertido. Alrededor del semi demonio había decenas de palillos chamuscados.
- 'Es una suerte que no sepa usarlos. En sus manos, eso sería una arma en potencia' -pensó Miroku sudando frío.
Le oyó murmurar 'Estúpida porquería' y continuar en sus intentos. Cosa vana, porque después de dos cerillos más, quedó vacía la caja. Miroku rió por lo bajo, al verlo maldecir. Sin embargo, de manera repentina se puso de pie y trotó hasta llegar a la sombra de un árbol cercano.
Miroku vio con renovado terror que al lugar que se dirigía no era otro que la mochila amarilla de Kagome. ¡La había robado! Era preciso que de allí había tomado la caja de cerillos... ya que esa mochila contenía de todo: desde las cosas más simples hasta las menos imaginables.
Notó la mirada maníaca de InuYasha, de una loca alegría, furia, un montón de sentimientos encontrados.
Lo vio rebuscar con insistencia, sacando bruscamente la ropa de Kagome, con tal de llegar a su objetivo. Por los aires volaron blusas, faldas, calcetines hasta (Miroku por un momento retornó a su mirada lujuriosa) ropa interior. Algunos brasieres quedaron atrapados en ramas más altas, a la vista de todo el mundo. Aunque a InuYasha no parecía importarle en lo más mínimo.
De pronto, detuvo su búsqueda. Miró el objeto en sus manos con satisfacción y volvió con una sonrisa amplia a la pila de ramitas. En su mano llevaba una especie de pistola.
- ¡INUYASHA¡NO LO HAGAS! -el espíritu del joven monje avanzó a toda prisa hacia él, con clara muestra de terror brillando en sus ojos. Había visto a Kagome usar ese encendedor cuando olvidaba la caja de cerillos. Ahora, había traído ambos.
No sabía si era por ese súbito arranque de furia por lo cual hacía esa locura, o si era por que no le oía. Al fin y al cabo, antes había intentado llamarle y éste no le hacía el menor caso. Fuera cual fuera la situación, su permanencia en ese estado de 'alma en pena' le sería eterna si no hacía algo rápido.
El espíritu del joven monje corrió a él y trató de detenerlo colocándose frente a él. InuYasha lo atravesó como si nada impidiese su paso. Miroku se quedó consternado. Trató de concentrarse y que su mano sostuviese su brazo, impidiendo su avance. Mas nada. Tal era su terror que no lograba concentrar su energía.
Incapaz de hacer nada, lo vio ponerse en cuclillas. Oyó un chasquido. De pronto, una pequeña fogata se había encendido cerca de sus pies. Supo en ese momento que le llegaba su fin.
Se tiró al suelo, derrotado. Ahí terminaba su viaje.
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Por su frente corrían miles de gotitas de sudor. Sus pulmones empezaban a clamar desesperados por oxígeno: se hallaba demasiado agotado. Con la vista algo nublada, intentó distinguir algo más que no fuesen ramas y hojas verdes.
A lo lejos oyó una débil maldición, seguido de una posterior carrera.
¡Era InuYasha!
¡Cuánto gusto le dio escucharlo en ese momento!
Con los ánimos renovados, Shippou agitó con más fuerza sus alas. Sintió su cuerpo inclinarse hacia delante, descendiendo levemente.
- ¡NO! -chilló el pequeño, augurando su pronto descenso. Su cuerpo ya no rendía- ¡Vamos¡Tan sólo un poco más! -sus ojitos se llenaron de lágrimas.
De pronto, su transformación en gaviota se vio interrumpida. Instantes después, notó su cuerpo cayendo al suelo. Segundos antes del impacto, ya sentía su cuerpo dolorido... Fue un golpe fuerte. Sintió sus codos lastimados, al igual que unos raspones en sus manos al tratar de no golpearse el rostro. Se quedó unos segundos allí, aturdido, perdiendo brevemente la noción del espacio.
Levantó levemente la mirada, tratando de ver sus manos, las cuales le escocían. Un hilillo de sangre empezaba a brotar de una. La otra tan sólo mostraba unos raspones, aunque dolorosos.
- ¡INUYASHA¡NO LO HAGAS!
Shippou se sentó de golpe al oír el grito aterrorizado. Era la voz del monje Miroku. Sintió como un baldazo de agua fría, que lo despertó por completo de su ensimismamiento. Se olvidó por completo de las heridas, de los raspones y del dolor de su cuerpo.
Se levantó y empezó a correr.
Con su fino olfato, pudo detectar un leve olor a humo, que empezaba a intensificarse a medida que se acercaba. Comenzó a desesperarse. Hasta que a unos metros, vio que los árboles empezaban a disgregarse. Se aproximaba a un claro. Al llegar allí, vio sentado a InuYasha de espaldas a él, algo lejos del montón de ramas que había juntado para armar la fogata. Se hallaba sentado al estilo indio, con las manos metidas dentro de las mangas y prestando atención a su obra.
Shippou corrió la corta distancia que le quedaba, se plantó frente a InuYasha, cogió con desesperación aire y le chilló al muchacho, totalmente indignado.
- ¿CÓMO SE TE OCURRE HACER SEMEJANTE TONTERÍA, INU-BAKA¿ES QUE ACASO HAS PERDIDO LA RAZÓN?
InuYasha lo miró, con completa calma. Luego dirigió la mirada a la pila de ramitas que empezaban a incendiarse, aún algo lejos de rozar las llamas siquiera el cuerpo del monje.
Shippou le cogió la manga y le llamó de nuevo, con insistencia. InuYasha tan sólo se llevó la mano a la boca y emitió un gran bostezo. Shippou al verlo así, se enojó de verdad. Se trepó a su cabeza y empezó a golpearle con sus puñitos. El joven ni se inmutó.
El pequeño echando humos, sacó los juguetes de su manga y los inspeccionó. Estuvo tentado de coger unos cuantos explosivos y colocarlos dentro de su traje.
¿Pero si uno de casualidad llegaba a caer cerca al fuego¡Miroku se iba derechito al otro mundo!
Por último, decidió agarrar su trompo y hacerlo girar sobre la cabeza del hanyou, a ver si de esa manera lo hacía reaccionar de su estado de testarudez.
Ya lo iba a hacer, cuando escuchó una voz que le llamaba. Se giró esperanzado, al reconocer a esa voz.
¡Era Miroku!
Éste le llamaba, parado bajo un árbol. Su rostro mostraba una pizca de alegría y alivio.
El pequeño se giró a ver la reacción de InuYasha, quería comprobar si es que también lo había oído. Pero nada sucedió. Tan sólo el muchacho se acostó en el césped, con un codo apoyado en suelo y mirando en otra dirección.
Shippou corrió hacia el espíritu, quien lo aguardaba ahora en cuclillas.
- ¡Cuánto me alegra de que vinieras Shippou! -le ofreció una sonrisa, aunque algo nerviosa.- InuYasha de repente perdió la razón y quiere ahora quemar mi cuerpo. Intenté detenerlo, pero me ha sido imposible... –Los ojos zafiro del monje se posaron en el zorrito, como si lo viera por primera vez en su vida- Quizás... ¿No podrías jalar mi cuerpo? Es decir, arrastrarlo lejos de las llamas...
- ¡Vale¡Lo intentaré! -le respondió el pequeño entusiasmado.
Shippo corrió hacia el extremo donde se hallaba el cuerpo del monje recostado, sobre un lugar ligeramente alto. Dio un brinco y trató de jalarlo. Miroku estaba detrás de él, dándole ánimos.
- ¡Miroku¡Mmph! -el pequeño balbuceó. El estar cansado no le ayudaba.- ¡Pesas demasiado! -trató de jalarlo con más fuerza- ¡No¡No puedo! -sus ojitos se llenaron de lágrimas de puro coraje. Había notado además, que los ropajes del monje se había enganchando fuertemente con unas ramas.
Intentó ahora, subir por la pila de ramitas. Llegado a la cima, trató de empujar el cuerpo, queriendo hacerlo rodar, cosa imposible, porque como ya está aclarado antes, estaba fuertemente enganchado en unas ramas.
- ¡No puedo! -dijo el pequeño llorando a lágrima viva- ¡Se me hace imposible!
- Tranquilo Shippou. –dijo el monje abatido, colocando una mano sobre su hombro- Llorando no solucionaremos nada.
- ¡Espera! -dijo el zorrito refregándose los ojos y con rabia mirando ahora al hanyou, que se había acostado en el césped y parecía dormir- ¡Déjame hablarle a ese tonto insensible¡O por lo menos golpearlo un buen rato¡Hay que hacerlo reaccionar!
- Shippo, ten cuenta que el tonto de InuYasha jamás te hará caso. Además, eres muy pequeño y terminará por hacer uso de su fuerza y no de su razonamiento. 'Aunque pensándolo bien, nunca hace esto último. u.u'
Los dos se quedaron afligidos, sin saber qué hacer.
La pequeña hoguerita comenzaba a hacerse más grande y estaban a kilómetros de encontrar un río. La situación se estaba tornando desesperante. Poco a poco, las llamas empezaban a acercarse al cuerpo del monje...
- ¡Shippo! -el pequeño se giró alarmado hacia el monje, ante su repentino grito. Notó que sus ojos había indecisión, y algo de ¿alegría? Pensó por unos instantes que quizá el monje también hubiese perdido la cordura...- Se me ha ocurrido algo, que quizás pueda funcionar... Aunque... ¡Tengo la seguridad de que sí! -notó que titubeaba un poco- Quizás resulte algo peligroso... Pero...¿puedo contar con tu ayuda? -vio un destello de temor en los ojos turquesa del pequeño.- ¿Por favor?
Shippo vio sus ojos llenos de brillo, como cuando uno encuentra una esperanza y se aferra a ella, cuando se encuentra sumido en la más profunda desesperación.
Vio sus ojos zafiro llenos de súplica, aquellos que siempre había visto llenos de vida y picardía. Aquellos ojos que reflejaban un amor de padre que lo hacían sentirse seguro, después de haber perdido al suyo...
Bajó la mirada, con los cabellos tapando sus ojos. Miroku se temió lo peor.
- Entonces... ¿Qué dices? -preguntó algo inseguro el fantasma.
Shippo levantó sus ojos hacia él, sin ningún rastro de duda.
- ¡Cuenta conmigo! -le ofreció una sonrisa enorme, capaz de calmar todas las penas.- ¿Qué tengo que hacer?
El monje le ofreció una sonrisa llena de cariño y agradecimiento.
- Tú tranquilo. Yo me encargo de todo.
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... Continuará ...
Notas de Princess Sheccid:
o.o!
Me he demorado creo que todo un año en actualizar...
Pero ahora ya estoy de vacaciones :D Terminé el colegio! Y lo único que extrañaré de él serán los recreos :P
Vale, ya basta de tanta incoherencia.
Aquí mis más profundos agradecimientos a: Anako-chan, Kyrara-chan y MyBabyGirl por sus inspiradores comentarios y por su gran paciencia o.oUU
Este capítulo va por ustedes, amigas:)
Ya falta poco para el final...
Nos veremos pronto! (Aunque¿qué tan pronto, ni yo lo sé… xD)
Matta ne!
