Sádica-chan esta de vueltaa eey! No sé si alguno lo habréis notado pero los capítulos 9 y 10 al ser los números de Kageyama y Hinata, respectivamente, son más largos de lo habitual (es una bobada pero me gustan esos detallitos) EN FIN. Por favor seguir dejándome esos maravillosos reviews, encendéis una llamita en mi kokoro de kagehina shipper.
Haikyuu! Pertenece a Furudate Haruichi
Desmoronamiento
Capítulo 10: Confianza
Apenas había amanecido y unos rayos de sol empezaron a bañar la habitación donde ambos chicos se encontraban, los tenues rayos de luz que pasaban por la ventana hacían brillar los dorados cabellos de Hinata y daban color a sus rosaditas mejillas. Su aspecto físico había mejorado mucho desde el indecente, su cara había cambiado el tono pálido por un blanco sonrojado, las marcas y arañazos de su rostro habían casi desaparecido y sus pómulos y mejillas estaban más rellenos dando a su cara un aspecto más infantil. Los dos muchachos se encontraban enredados entre sí debido a los constantes movimientos de ambos por la noche, la pierna de Kageyama estaba encima del muslo del pelirrojo al igual que sus brazos aún seguían envueltos alrededor del pequeño arropándolo completamente contra su pecho. Hinata se había encogido sobre sí mismo durante la noche haciendo que sus manos se encontraran justo delante de su boca y sus brazos doblados contra su cuerpo. Sus caras estaban muy próximas la una de la otra solo tres dedos de distancia separaban sus bocas.
El sol de la mañana golpeó el rostro de Kageyama despertándolo de su sueño, no recordaba que había pasado por la noche así que abrió inocentemente los ojos encontrándose la cara dormida del otro chico a pocos centímetros de distancia. Por unos segundos se quedó en blanco en su sitio, no solo sus caras estaban cerca si no que, peligrosamente, sus cuerpos también lo estaban, Kageyama entró en estado de nerviosismo mientras retiraba lentamente sus piernas y brazos del pelirrojo evitando que se despertara. Cuando consiguió su objetivo miró de nuevo a Hinata que aún permanecía plácidamente dormido en la misma posición, por alguna razón el moreno no consiguió apartar la vista de aquella escena. De pronto, Hinata le parecía la cosa más impresionante que había visto en su vida, el zumbido de su respiración, el movimiento de sus sonrojados mofletes al respirar, el brillo que su piel y pelo desprendían con la luz del sol. Hinata era un chico fuerte, nadie podría negarlo después de ver esa escena, había sufrido una violación y mucho daño psicológico en tan solo dos días pero aquella expresión llena de carisma decía totalmente lo contrario. Kageyama, encandilado por esa carisma no pudo evitar tocar suavemente con el dedo índice una de sus mejillas rozando lentamente con la yema del dedo su suave piel, subió su mano llevándola hasta los anaranjados pechones de pelo que siempre sobresalían por delante de las orejas del pelirrojo, los acarició lentamente pasando más su mano por el perfil del chico, hipnotizado por la vista que este le ofrecía. De repente solo tenía ojos para él, le parecía demasiado adorable, demasiado como para dejar que alguien más se lo quite de su lado. Quería que esa vista solo la pudiese contemplar él, ahora más que nunca deseaba estar con ese muchacho. Inconscientemente, Kageyama fue acercando su rostro al del otro chico, no sabía que estaba haciendo pero tampoco le importaba, sus caras volvieron a quedar a unos pocos centímetros de distancia y el moreno podía sentir la débil respiración de Hinata en el rostro. Apoyó su cabeza de lado en la almohada sin dejar de acariciar aquellos rizos anaranjados que sobresalían revoltosamente de la cabeza del pelirrojo, miraba fijamente a sus ojos y a su delicado cutis sin darse cuenta de que el otro chico ya se había despertado por las cosquillas que le producían las caricias de Kageyama. Cuando salió del trance la mano del colocador se congeló en el aire mientras su rostro se volvía complemente rojo al observar que aquellos grandes orbes color caramelo le estaban mirando. Hinata paralizado en su sitio con la cara roja lo miraba confundido mientras que un nervioso Kageyama dio un salto en la cama cayendo de espaldas en el futon con las piernas aun encima del colchón dando un pequeño grito al mismo tiempo. Hinata se sentó en la cama con las piernas encogidas y la espalda contra la pared tapándose el sonrojado rostro con el borde del edredón, notando como una presión en su pecho le estaba ahogando internamente a la vez que las mariposas de su estómago le golpeaban con crueldad.
-¿Qué demonios hacías en mi cama? –espetó Hinata de forma rápida y nerviosa sin dejar de mirar hacia la zona donde el otro chico se había caído.
-¡No lo sé! Solamente me he despertado y me encontraba en tu cama –dijo Kageyama colocándose adecuadamente en el suelo intentando organizar los pensamientos y las emociones de su cabeza.
-Idiota Kageyama… -masculló saliendo cabizbajo de la cama sin cruzar la vista con el moreno. Tobio extrañado por aquello se puso de rodillas cogiendo a tiempo la muñeca del otro chico para evitar que se fuera -¡no me toques…! –gritó con un tono desesperado soltando su muñeca de la mano del colocador con fuerza.
-¿Hinata? –Kageyama lo miró extrañado por ese brusco movimiento, notando la inquietud que los gestos y voz del pelirrojo desprendían. Hinata sorprendido por su propia acción dirigió su mirada hacia el moreno.
-Yo… -su voz era más agitada y temblorosa que antes –…lo siento –dijo en el último momento antes de salir de la habitación.
Pensando que sería lo más sensato dejó que se fuera, tal y como le dijo su padre a Hinata le podía dar un ataque de pánico de nuevo, era lo que menos quería que sucediese a pesar de no poder comprender los sentimientos del pequeño, en estos momentos sabía que perseguirlo y obligarlo no iba a mejorar las cosas para ninguna de los dos partes, después de todo prometió protegerle. La verdad era que se sentía muy cansado de todo aquello, deseaba que todo volviese a ser como antes, cuando solo se tenían que preocupar de no perderse el entrenamiento o de no llegar tarde. Quería volver a ver aquella sonrisa radiante que Hinata le ofrecía cada vez que marcaban un punto o que le volviera a molestar en los entrenamientos pidiéndole constantemente que le colocara el balón. Echaba de menos a ese Hinata, extrañaba a su pelirrojo.
Mientras tanto, Hinata que había salido a toda prisa de la habitación se encontraba en el baño recostado contra la puerta, su rostro había vuelto a su color original pero su respiración se vio afectada con unos constantes cambio de ritmo haciendo que fuera irregular y ajetreada. No sabía muy bien lo que había pasado o lo que había hecho pero en ese momento solo sentía que tenía que salir de allí, aunque físicamente pareciese que se había recuperado su mente no estaba nada más lejos de aquella realidad. Todo su cuerpo aun le dolía y se seguía sintiendo sucio, por unos instantes había sentido aquellas mariposas en el estómago que Kageyama le producía al estar cerca de él, pero de nuevo, todo le recordaba a Kai, ¿acaso nunca podría sacarse a aquel chico de la cabeza? O simplemente ¿podría algún día confesarle a Kageyama todo lo que sentía por él? No podía estar toda la vida huyendo del moreno solo por el hecho de que le tocase, el chico iba a estar allí para ayudarle y él tan solo podía darle malos gestos y rechazos, aunque fueran sin querer, Tobio se acabaría cansando de él, Hinata se sentó en el suelo al pensar en aquella posibilidad. Tenía que haber una forma de solucionarlo todo quería volver a sentir los labios de Kageyama contra los suyos de nuevo, se tocó los labios instintivamente, fue un segundo pero eso bastó para llenar su cuerpo de una felicidad inmensa que nunca antes había sentido, agachó su cabeza hacia atrás mirando al techo del baño mientras se hundía más sobre sí mismo.
-Necesito un baño… -la sensación de suciedad le invadía de repente. Su ropa olía a Kageyama al igual que su propio cuerpo. Le encantaba ese olor, dulce y refrescante, deseaba poder tener ese aroma para siempre en su cuerpo pero no podía. Se sentía demasiado sucio. La maldición que Kai hecho sobre su cuerpo le perseguía siempre.
Puso el pestillo como la otra vez y se desvistió lentamente sin hacer movimientos bruscos; primero la camiseta de manga corta, y luego los bóxer y el pantalón corto. Se miró unos segundos en el espejo del baño contemplando con lastima su propio cuerpo magullado hasta que decidió apartar la vista para no tener que recordar cosas innecesarias, se metió en la bañera colocándose debajo de la ducha repitiendo el patrón de la otra vez, cogió la esponja y se frotó la piel hasta que quedó roja por el roce, después de aquello solo se limitó a encogerse sobre sí mismo, doblando las rodillas y colocando su frente en ellas mientras las gotas de agua caían sobre su cabeza, resbalaban por su espalda y algunas posiblemente no procedentes de ella bajaban por sus mejillas.
Kageyama mientras tanto aún permanecía en la habitación tumbado boca arriba en el futon mirando al techo, por su mente pasaban muchas ideas y cosas que no tenían sentido así que únicamente dejaba que pasaran por su cabeza y después se fueran. Cansado de estar ahí, decidió levantarse parar ver si había alguien despierto en la casa. Era sábado así que no tenían que preocuparse de entrenamientos o clases, el fin de semana sería un buen método de relajación para Hinata y para él mismo, estar tres días sin ver a Kai igual despejaba la mente de Hinata y le hacía olvidarse, aunque fuera un poco, del suceso de la otra vez. Entre tanto divagar llegó a la cocina, extrañamente, vacía y sin movimiento humano por ella, se acercó a la mesa notando la presencia de un pequeño papel doblado, lo abrió y leyó atentamente lo que decía en él. Al aparecer, la señora Hinata y Natsu no volverían hasta por la tarde debido a una excursión de la pequeña y su padre estará fuera todo el día por motivos de trabajo, en el estado en el que se encontraba Shouyou no sabía si era la mejor opción irse de allí, no es que dudara del pelirrojo pero en su estado emocional actual podría dejar de comer o dormir y sin duda eso sí que sería un desastre para todos. Suspiró pesadamente al terminar de leer la pequeña nota y tal y como ponía en el papel buscó en la nevera el desayuno que supuestamente la madre de Hinata les había hecho. Al encontrarlo lo calentó unos minutos en el microondas y lo dejó en la mesa a la espera de que el otro chico saliera del baño, la verdad era que iba a ser un día demasiado largo, los padres de Shouyou habían dejado a su hijo a su cargo y si no había leído mal tendría que ir esta tarde con él a comprar unas cuantas cosas para sobrevivir en el día. Ayer por la noche no tuvieron problemas, pero la reacción de hace un momento del otro chico en verdad le asustó. Sabía que no estaba pasando por un buen momento ni mucho menos, pero aquella reacción ante el simple tacto con otra persona era preocupante, ¿cómo de cruel y atroz tuvo que ser Kai para dejar a Hinata en ese estado? No es que fuera un experto en esas cosas, pero su simple sentido común le decía que aquella violación superó los límites de lo inhumano, solo con sentir el aura que rodeaba a Hinata se podía ver lo lleno de lujuria y de crueldad que estuvo hecho ese acto. Le enfurecía pensar en aquello, si hubiera sido más fuerte lo habría derribado y por tanto habría salvado a Hinata, pero también el hecho de que el pequeño se lo haya estado ocultando todo este tiempo con mentiras también le enfurecía, nunca se había creído del todo todas esas excusas que le daba el otro chico para justificar la compañía de Kai, en un primer momento los vio besándose, o eso creía, ya no se creía nada de lo que veía o le contaban, todo era demasiado confuso y raro, el comportamiento de Hinata cuando estaba cerca del albino y el bipolar comportamiento de Kai cuando se encontraba con el pelirrojo lo hacían dudar, y efectivamente. No sabía cuáles eran los motivos de Hinata para no contar con él para ese tema, tampoco es que le importaran mucho, tratándose de él posiblemente solo era por puro orgullo u honor. O eso pensaba Kageyama inocentemente.
La puerta del baño que se encontraba al lado de la cocina se abrió atrayendo la atención de Kageyama, que se encontraba envolviendo los platos con fill para conservar el calor de estos, un Hinata con una toalla a la cintura y con otra en la cabeza, que agitaba con garbo para secarse el pelo, salió por la puerta sorprendiendo gratamente al moreno que se encontraba a la espera de que el otro chico se diera cuenta de su presencia. Aprovechó esos instantes de descuido para mirar el estado del torso del pelirrojo, como se imaginaba, aún estaba en mal estado por lo que no tuvo que examinarlo muy profundamente con la mirada. Cuando Hinata terminó de removerse el pelo dirigió su mirada hacia la cocina encontrándose con su colocador que lo miraba fijamente, ambos se quedaron en silencio hasta que Hinata, como si de un manojo de nervios se tratara, intentó volver al baño para cerrar la puerta y salir del campo de visión de Kageyama. Tobio en cambio, logró reaccionar a tiempo como para adelantarse a sus movimientos y poner el pie entre la puerta y el marco, evitando así que se cerrara.
-¿¡Qué te pasa hoy si se puede saber Hinata!? –dio un golpe a la puerta abriéndola más mientras el otro chico, apoyado en ella, hacia la fuerza contraria.
-¡No me ocurre nada! –Empujó tan fuerte como su cuerpo en esos momentos le permitía temiendo resbalarse con el suelo, aun mojado, del baño – ¡solamente que no tengo ropa nada más! –gritó como última opción.
-Idiota Hinata, ¡si te he visto sin ropa más veces de las que tú te crees! –apoyó su hombro contra la puerta haciendo un último empujón produciendo que el cuerpo de Hinata cediera y la puerta se abriera para dejarle pasar. Hinata debido al golpe cayó hacia delante consiguiendo mantener el equilibrio con suerte, así que simplemente se quedó de rodillas en el suelo dándole la espalda al otro chico –oye… eso –dijo Kageyama con una voz temblorosa señalando la espalda de Hinata.
-¡No mires! –se tapó la espalda con la toalla que tenía sobre la cabeza a la vez que se giraba hacia él otro chico con nerviosismo manteniendo la cabeza baja en todo momento.
-¿¡Por qué no me has dicho que tenías tal cosa en la espalda!? –Se agachó hacia él agarrando por la muñeca la mano que sujetaba la toalla en su espalda, mientras, Hinata que hacia fuerza para evitarlo miraba al suelo sin ofrecerle una respuesta -¡Respóndeme!
-¡Porque no quería que tú me vieses en ese estado! –Gritó con todas sus fuerzas como si de ese modo pudiera argumentar todo el porqué de sus razones -¡Al menos déjame conservar la poca dignidad que me queda contigo! –sin que se diera cuenta esas últimas palabras las dijo entre gritos y sollozos. Kageyama soltó el agarre de su muñeca despacio quedando atónito con esa declaración –No soy tan fuerte como tú por lo que solo puedo huir, compréndelo Kageyama, ¡quería al menos que me siguieses viendo como persona! –Por alguna razón la profundidad de aquellas palabras se silenció con el golpe de la mano de Kageyama en el rostro de Hinata, fue un golpe seco que se oyó con fuerza entre las cuatro paredes.
-¿Poca dignidad? ¿Qué te siguiese viendo como persona? –Apretó los puños con fuerza mientras se ponía de rodillas en el suelo y se erguía ferozmente para encararle -¿¡Desde hace cuánto que piensas de esa manera!? ¡¿Acaso crees que todo lo que hago es solo porque te tengo pena o algo parecido!? ¿¡Crees acaso que yo haría todo esto por alguien al que no aprecio!? ¡Ni se te ocurra volver a decir que la gente no te volverá a ver como persona! ¿¡me has oído!? ¡Tú vales mucho más que eso, no sé cómo te habrá comido el tarro el tipejo ese pero ni se te ocurra menospreciarte delante mí! ¿¡De acuerdo!? –sujetó el rostro del otro chico con sus dos manos mientras las lágrimas de Hinata no dejaban de caer por sus rojas mejillas, una de ellas más colorada por el golpe. Kageyama dio un tirón hacia él atrayendo su rostro a su pecho mientras el mismo le abrazaba con fuerza y dejaba que rompiera en un lloroso llanto en su pecho por aquellas palabras llenas de verdades. El lloro de Hinata era más intenso que las demás veces, más lleno de pena y rabia, soltando todo el sufrimiento que había acumulado durante estos días, despojándose de esa melancolía y miedo que su pequeño cuerpo retenía.
-Tenía miedo, mucho miedo Kageyama, yo… intentaba liberarme de él pero me amordazó, no me podía mover… -se paró unos instantes –él llegó a golpearme para que no me moviera… a pesar de que yo seguía oponiendo resistencia siguió con lo suyo, yo le suplicaba que parase pero solo hacia todo lo contrario de lo que yo le pedía, me resistí hasta el final pero acabe perdiendo la consciencia y… -jadeó por las lágrimas agarrando con fuerza la camiseta de Kageyama -…a pesar de eso él siguió… -Kageyama le tapó la boca con la mano bajando hasta su altura acariciándole el pelo con suavidad mientras colocaba la cabeza del chico en su hombro como si le estuviera acunando.
-Eres increíble Hinata, has podido soportar todo eso tú solo, así que ahora confía en mí, por favor, incluso si todos están en tu contra, yo te apoyare en tus decisiones y confiaré en ti. Así que, por favor, haz lo mismo conmigo, el miedo solo te hará continuar con esto para siempre, tendrás que ser fuerte y superar esos miedos y para eso estoy yo aquí, te ayudare a librarte de ese sufrimiento–unas débiles lágrimas asomaban también de los ojos de Kageyama que abrazaba con fuerza al pelirrojo. Hinata que se percató de ello y se separó de sus brazos colocándose también de rodillas para llegar a su altura y secar con un dedo las lágrimas que salían de los ojos de su colocador.
Te quiero, te quiero tanto que no puedo dejar de hacerlo… permanece a mi lado para siempre, por favor, Kageyama.
Eso le gustaría haber podido decir.
Kageyama se quedó mirando al pequeño que se encontraba delante de él con expectación y sonriéndole dulcemente como solo el moreno podía hacerlo para él.
Después de que las cosas se tranquilizaran, ambos desayunaron con tranquilidad y se vistieron correctamente. Kageyama había conseguido convencer al pelirrojo para que le dejara tratar el golpe que tenía en la espalda, estaban cansados a pesar de ser por la mañana y lo que menos querían era discutir de nuevo. Al terminar la comida Hinata se dirigió a su cuarto mientras Kageyama iba al baño a por el botiquín para curar el golpe. El pelirrojo que dudo durante unos instantes se tumbó boca abajo en su cama, convenciéndose a sí mismo de que no le iba a pasar nada, confiaba en Kageyama pero su cuerpo solo podía reaccionar de esa manera, el hecho de que siga teniendo un tremendo pánico a esa escena no desaparecería por arte de magia en solo unos minutos. Kageyama llegó con el botiquín y una crema igual a la que usó cuando tuvo que curar el golpe de la frente de Hinata, se arrodilló en el suelo enfrente de la cama mientras abría el botiquín.
-Si te sientes incómodo en algún momento dímelo –Hinata se sorprendió al oír esas palabras, o ese chico le conocía demasiado bien o le había leído la mente. Sonrió al pensar en esas posibilidades y movió la cabeza hacia los lados lentamente.
-Estaré bien no te preocupes –apoyó su cabeza de lado en la almohada mientras cerraba los ojos y apretaba los dientes. Kageyama al tener su aprobación le subió la camiseta lentamente para no asustar al otro chico.
La zona lumbar de su espalda estaba completamente morada, no era un pequeño moratón como los que cubrían su torso, este era más grande, mucho más. Esto podría dar explicación o los fuertes dolores que el pequeño sentía, era parecido a una hemorragia interna, pero no tan exagerado, aquel golpe se iba extendiendo hacia abajo, aunque no le gustara la idea igual tendría que bajarle un poco el pantalón, la vista que ese golpe ofrecía era apabullante, Kageyama nunca había visto nada igual. Consiguió levantarle la camiseta hasta la altura de los omoplatos sin que este reaccionara de forma brusca o asustada. El momento complicado venia ahora, tenía que tocarle. Era solo esparcir una simple crema pero las cosas estaban sensibles incluso para tomar esa acción como algo normal. Se echó la crema en las puntas de los dedos índice y corazón y con máximo cuidado y tranquilidad los llevó hasta la zona intentado no presionar mucho la zona afectada. Hinata empezó a alterarse un poco lo que intranquilizó a Kageyama que había retirado sus dedos inmediatamente. Lo miró unos segundos notando la expresión tensa en su rostro, estaba aguantándolo, convencido por esa expresión volvió a su tarea haciéndolo con más prisa para reducir lo más posible la incomodidad del otro chico. Hinata mientras tanto solo aguantaba con los ojos y puños cerrados desviando su atención a otros pensamientos.
-Hinata… -dijo al terminar colocándose justo en frente del pelirrojo – tengo que bajar más –Hinata abrió los ojos de golpe mirándolo asustado mientras negaba con la cabeza. Kageyama dio un suspiró ante la obvia reacción y guardó las cosas de nuevo en el botiquín –pues hasta aquí puedo hacer.
-Gracias –Kageyama le removió el pelo levantándose del suelo y yendo hacia el lugar de donde cogió la pequeña caja. El central se incorporó de nuevo bajándose la camiseta mirando decepcionado hacia el suelo –que mal…
-¿El que está mal? –dijo Kageyama al entrar de nuevo en la habitación con unos pañuelos en la mano limpiando sus dedos. Hinata dio un pequeño brinco en su sitio sonrojándose por su repentina intrusión.
-Nada, nada –afirmó agitando los brazos delante de él mientras se levantaba de la cama y la estiraba con cuidado.
-Entonces si no es nada vete preparándote que tenemos que ir a la cuidad a comprar unas cosas que nos ha pedido tu madre –rebuscó en su bolsa buscando la cartera para guardar el dinero que les habían dejado.
-¿Tenemos que salir? ¿Fuera? –Kageyama le echó una mirada intimidante por aquella pregunta más que obvia. Hinata se asustó y rápidamente buscó su chaqueta, poniéndosela a la misma velocidad a la que llegó a la puerta donde un exasperado Kageyama le seguía.
El centro de la ciudad no estaba muy concurrido, era un sábado por la mañana así que había gente trabajando o que iba camino de ello y el tránsito de las calles lo notaba. Ambos algo nerviosos por la situación solo caminaban en línea recta hasta encontrar la tienda que buscaban. Hinata que parecía que no había pisado la calle en años miraba con asombro algunos carteles de las tiendas mientras permanecía bastante cerca de Kageyama, posiblemente, el mero de hecho de pensar que Kai podría aparecer en cualquier momento lo mantenía nervioso e inquieto. Kageyama que había notado esto permanecía en alerta en todo momento vigilando los alrededores y a la gente que pasaba por la calle, tenía que ser demasiada coincidencia que aquel chico apareciese por allí, pero prefirió no confiarse demasiado. Hinata intentando disimular su nerviosismo seguía, aunque ya no tan eficazmente, sorprendiéndose de todo lo que le rodeaba. Estaba nervioso, muy nervioso, pero no por lo que el moreno pensaba, aquella situación le recordaba demasiado a las citas que veía en los doramas que Natsu le obligaba a ver; un chico y una chica van juntos por el centro de compras, luego van a los recreativos a pasárselo bien o a una cafetería donde charlan y se divierten sobre temas al azar y por último al final del día van a un parque donde la chica se confiesa al chico y se besan… el corazón de Hinata se aceleró solo pensar en esas posibilidades, aquello no era una cita y menos un dorama. Simplemente comprarían lo que necesitaran y luego se irían a casa con normalidad.
-Oye, ¿quieres que vayamos a los recreativos? Han puesto nuevos juegos y están de oferta –dijo el moreno señalando un edificio muy llamativo que se encontraba delante de ellos. La cara de Hinata se puso roja por esa proposición, no, no, no podía ser verdad, esto no era un maldito dorama y no se iba a confesar a Kageyama, al menos de momento –hey vuelve a la tierra cabeza hueca –pasó su mano por delante de la roja cara del pelirrojo para que este reaccionara.
-¿Eh? ¡Ah! Si claro, porque no –rio forzadamente mientras se adelantaba hacia la puerta de aquel edificio Waah que mal estoy demasiado nervioso como para decir algo con sentido… pensó para sí mismo.
Kageyama con las manos metidas en los bolsillos entró también con la esperanza de que ese fuera un buen método de distracción para ambos, necesitaban relajarse y divertirse después de todo lo de esta mañana. La tensión no duro mucho, ya que, Hinata como si de un tornado se tratara corrió por todo el establecimiento mirando todos los juegos que había y gritando de emoción como si fuera un niño pequeño. No tardó mucho en ir a pedir a Kageyama que jugara con él a unos cuantos juegos, el moreno que no estaba mucho por la labor a pesar de haber sido su idea empezó a emocionarse más por los piques que se cogían él y Hinata, gritaban y corrían por todo el lugar probando todas las máquinas a pesar de las malas miradas que les echaban algunos clientes.
Aproximadamente media hora después de sus interminables batallas en el salón de recreativos decidieron ir a comprar los encargos, no fueron muchos así que en menos de un cuarto de hora obtuvieron todo. Para sorpresa de Kageyama, Hinata había tenido el detalle de traer un balón de voleibol por si esa situación se daba, llevaba bastante tiempo sin jugar al voleibol, dos días, su cuerpo necesitaba sentir la sensación de emoción y juego al tocar el balón. No tardaron mucho en salir corriendo hacia el parque más cercano donde sin que se dieran cuenta las horas pasaron volando, estaba empezando ya a hacerse tarde, habían tenido la precaución de comer en algún lugar antes de volver a casa por lo que el tiempo que pasaron jugando fue mayor. Pero ya agotados, decidieron ir hacia la parada del autobús y volver a casa. Ninguno de los dos se podía creer el día de hoy, a pesar de haber llorado, reído y discutido este fue el mejor día que ambos habían pasado juntos sin duda.
Se encontraban en la parada de autobús, los nervios de Hinata que parecía que habían desaparecido durante esas horas volvieron a él. De nuevo, estaban juntos y esta vez sin nadie alrededor, ese día sin duda parecía una cita. En parte le alegraba mucho pero por otra no sabía si se volvería a repetir, pero no como amigos, sino como algo más. Quería hacer lo mismo que aquellas parejitas felices hacían, darse de la mano, darse abrazos, besos… espera, la cara del pelirrojo se volvió roja, ¿acaso esas cosas ya no las había hecho con Kageyama? Bueno, le faltaba lo de darse la mano pero por lo demás se supone que hacían lo mismo que una pareja, la cabeza de Hinata empezó a echar humo mientras se hundía sobre su chaqueta para tapar su sonrojado rostro.
-Si tienes sueño puedes apoyarte… ya sabes –se señaló el hombro –no me importa. Hinata pensaba que su corazón y cabeza iban a explotar ¿no estaba siendo demasiado bueno con él? ¿Desde cuándo es tan amable? Aquella proposición no le desagradó en absoluto así que aprovechando la oportunidad lo hizo.
-Lo que sea… -dijo acomodándose en el hombro del otro mientras cerraba los ojos y relajaba tanto su corazón como su cabeza. Aquel olor de nuevo volvía a él, no fue muy difícil, pero quedó prendado del aroma. Sus manos aun no podían decir lo mismo, además de por el frio su pequeña cita imaginaria le tenía en ascuas.
-Estas temblando como un flan –comentó Kageyama al ver el tembleque de las manos de Hinata. Igual no fue lo más sabio por su parte pero colocó sus manos encima de las del pelirrojo para darles calor, si, le estaba cogiendo de las manos. El pulso del central se volvió loco, de nuevo su mente, aturdida y llena de humo, solo podía pensar en el autobús tengo que poner una queja por los retrasos nos hacen sufrir a ciudadanos inocentes como yo… ahh maldita sea que alguien me salve. Justo en ese momento el autobús llegó salvándose de un ataque al corazón.
La mente de Hinata estaba al borde del suicidio, llegar casa fue un gran alivio para él. Su madre les hecho la bronca por la hora a la que llegaron pero no les importó en absoluto, ese día no podía fastidiarlo nada. Era casi la hora de despedirse, Kageyama tenía que volver a su casa y sus vidas volverian a estar separadas de nuevo. Después de lo de hoy, el pelirrojo sentía que si se iba algo iba a faltar, él ha sido el único que ha conseguido tranquilizarle, aliviarle e incluso alegrarle a pesar de todo por lo que están pasando.
-Muchas gracias por el día de hoy –dijo Hinata algo desanimado con esas palabras. Kageyama resopló colocándose bien la bolsa en el hombro.
-No se me da muy bien eso de divertir a la gente así que me alegro de que al menos te lo haya pasado bien –Hinata le sonrió de esa forma que tanto le gustaba mientras mantenía su mirada fija en los azulados ojos del otro chico.
-Volvamos a repetirlo y… -apretó sus puños y rápidamente en un pestañeo se puso de puntilla y le otorgó a Kageyama un pequeño beso en la mejilla antes de desaparecer a toda prisa detrás de la puerta –lo he hecho… -su cara se volvió un tomate tapándosela con ambas manos. Malditos doramas.
La señora Hinata y Natsu se quedaron expectantes desde la puerta de la cocina mirando la reacción del pelirrojo mientras se reían entre ellas y murmuraban.
-¿Nii-chan que has hecho? –Hinata levantó la cabeza como si de un reflejo se tratara al oír esa pregunta.
-NADA –salió corriendo de allí con la cara roja hacia su habitación. La mujer con una tierna sonrisa miraba a su hijo desaparecer por el pasillo Gracias Tobio-kun
Al otro lado de la puerta Kageyama quieto como una estatua no se movió de su sitio, fue todo demasiado rápido como para comprenderlo ¿Qué demonios había sido eso?
Un beso de despedida sin duda.
