No ganan.
Ni siquiera se colocan entre los diez primeros, pero de alguna manera, a Blaine no le importa. Todo el mundo está molesto y Santana está fuera de control, pero a medida que vuelan a casa, Blaine sólo puede pensar en cuántos momentos increíbles e inolvidables ha tenido con Kurt. Y con Rachel también, pero... Kurt. Esta muy seguro de que está enamorado, y no sólo de la ciudad. Y después de esta mañana, está casi seguro que Nueva York es para él. Si sólo logra ser aceptado, va a ir a la universidad ahí.
Le dice eso a Kurt mientras esperan su equipaje, teniendo mucho cuidado de no inclinarse demasiado cerca o parecer demasiado íntimo después de la carrera vertiginosa de los últimos tres días. Kurt sonríe, sus ojos cálidos y llenos de afecto.
— ¿Puedes darme unas cuantas horas mañana por la tarde? Nuestros padres se han ido de nuevo...
Y Dios, ¿de verdad? Por supuesto que puede. Él no quiere nada más que abrazar a Kurt. Él quiere besarlo, tocarlo, verlo desmoronarse , todo por Blaine. Quiere a Kurt para él. Él quiere más que momentos secretos y robados cuando nadie está mirando. Él no quiere nunca tener que decirle adiós, quiere tenerlo cerca para siempre.
Él quiere tantas cosas.
— Ahí estaré.
-8-8-8-8-8-
Ese último día, llegan hasta el final.
Kurt se las ha arreglado para estar a solas, únicamente Blaine y él -Rachel ni siquiera discutió cuando él le pidió ese favor, saliendo a la biblioteca esa tarde.
Apenas hablan entre los fervientes besos y caricias urgentes, la desesperación es palpable en el aire, o al menos eso le parece a Kurt. Se siente tan abierto hoy, tan expuesto, y hay susurros y llanto en el silencio de su ático, hay placer y dolor, toques tiernos y duras estocadas, y es demasiado; demasiado y aún no es lo suficiente. Nunca será suficiente.
Blaine lo mira con asombro y adoración, tan impresionante en su abierta vulnerabilidad, y Kurt muerde su propio labio cuando se viene, lo muerde hasta que siente el sabor cobrizo de la sangre porque no puede dejar salir las palabras que han estado creciendo secretamente dentro de él por semanas -no puede; no hoy, ni nunca.
Más tarde, yacen juntos, tan cerca como les es físicamente posible, y se siente como amor y como despedida, y Kurt piensa que es lo más personal que algún día tendrá, algo que no va a compartir con nadie, ni siquiera con Rachel. Algo que nadie será nunca capaz de quitarle. No en el corto tiempo que les queda.
Se necesita toda la fuerza de voluntas por parte de Kurt para actuar con normalidad cuando se separan, pero él sólo puede manejarlo por un momento, desmoronándose en el suelo tan pronto como la puerta se cierra detrás de su amante. Rachel nota sus sus ojos enrojecidos cuando vuelve y por suerte, no pregunta nada, sólo lo abraza con fuerza. Incluso esto es demasiado.
...
— ¿Crees que valió la pena? —Rachel está sentada en el suelo, con la barbilla apoyada en las rodillas dobladas, su rostro un poco melancólico.— Mirando hacia atrás, ¿cambiarías todo este año por vivir para cumplir dieciocho?
Kurt niega con la cabeza. Glee, Nueva York, Blaine -él tuvo tanto este año que no lo cambiaría por nada del mundo. Pero las palabras se atascan en su garganta.
Rachel murmura de acuerdo.— Sí, yo tampoco.
Sin embargo hay un atisbo de incertidumbre en sus ojos, y el instinto inmediato de Kurt es calmarla y tranquilizarla.
— No tendríamos un año completo de todos modos. Acabamos de hacer que sea más fácil para ellos, renunciar a la lucha a cambio de una mayor libertad. Digo, ¿de verdad crees que el Consejo se arriesgaría a esperar la ceremonia hasta que seamos adultos legales sin importar lo que nuestros padres digan? Por otros tal vez, ¿pero por nosotros? Hemos demostrado más de una vez que no somos los habituales buenos niños creyentes, felices de seguir cualquier camino que se escoge para nosotros.
Rachel se encoge de hombros y solloza un poco.— Supongo. Es que... —Ella se quiebra y se muerde el labio.
— ¿Es que, qué?
— Es realmente un cliché, pero... desearía haber tenido relaciones sexuales, después de todo. Aunque sólo hubiera sido una vez. Morir virgen se siente como un desperdicio. —Ella se ríe brevemente y lo mira, casi tímidamente, y los ojos de Kurt se agrandan.
— No estás realmente pensando en mi, ¿verdad?
Su rostro se suaviza.— No, lo sé. Lo siento. Es sólo un tonto remordimiento.
El silencio se siente pesado entre ellos.
...
Se está haciendo tarde y esta es la noche, la que ellos han estado esperando durante casi un año. Todo está listo; su habitación ordenada y carente de cualquier pista, la nota a sus padres cuidadosamente escrita y firmada por ambos, la memoria USB con la actuación de Kurt en la parte superior. Ahora sólo les queda esperar, esperar hasta bien pasada la medianoche, hasta que toda la ciudad duerma y no haya nadie para detenerlos -pero no por mucho tiempo. Sus padres estarán de vuelta antes de las cinco de la mañana.
Esperar es lo peor. No hay nada que hacer, es inútil comenzar un nuevo libro o escuchar música; han dicho adiós a esos placeres, igual que a todo lo demás. A todo -excepto a las personas.
Hablar sólo los lleva nuevamente a los detalles del plan, y es demasiado. Pero sentarse ociosamente pone a Kurt en el límite, revuelve sus pensamientos y lo lleva de vuelta a los sentimientos y sensaciones que no había conocido hasta hace unos meses, y cuanto más trata de alejarlos, más los siente, y no puede. Ya no más. Se ha acabado, así tiene que ser.
Excepto que de repente él sabe que tiene que hacerlo, tiene que hacer una última cosa, él no puede irse así como así. Se pone de pie súbitamente.
— Necesito un momento a solas. Iré a la azotea a tomar un poco de aire...
Se está moviendo antes de que haya terminado de hablar. Corre hacia el balcón y a la pequeña escalera, y si él se va por el enrejado en el otro lado de la casa y corre muy rápido, va a estar de vuelta en poco tiempo. Tiene que ver a Blaine por última vez, tiene que decirle...
Sus pies se resbalan a causa de la húmeda madera, sus manos van a dar a las afiladas espinas de las rosas silvestres, pero Kurt se las arregla para llegar hasta el suelo con bastante tranquilidad.
Rachel ya está ahí con los brazos cruzados sobre el pecho.
— Sabía que te gustaría ir a despedirte. —Ella niega con tristeza, como si hablara con un niño testarudo que la ha decepcionado.— Kurt, no podemos, tú lo sabes. Nadie puede sospechar nada, e indudablemente Blaine tampoco. Él está enamorado de ti, él nunca te dejará ir si lo sabe, no podemos correr el riesgo. Tienes qué...
— ¿Él está... enamorado de mí? —Su propia voz suena extraña de repente, no hay suficiente oxígeno en el aire. Rachel se encoge de hombros y toma su mano para conducirlo hacia la puerta de atrás.
— Por supuesto que lo está. Ahora vamos.
...
Antes de salir del coche, se abrazan por última vez, breve y fuertemente, un adiós.
— Te amo, para siempre.
— Yo también te amo.
Hace frío a medida que salen, mucho más frío del que Kurt esperaba. O tal vez su temblor violento no tiene nada que ver con la llovizna helada y las ráfagas de viento frío cerca del río. El puente es alto y amenazante en la oscuridad, ni siquiera se acerca en tamaño a los famosos puentes, pero es lo suficientemente bueno para sus necesidades, el agua turbulenta debajo es profunda e implacable.
Rachel acorta la distancia en una docena de pasos ligeros y casi parece como si estuviera bailando -una delicada y hermosa bailarina danzando hacia el olvido. Ella se sube en la barandilla y se vuelve hacia Kurt, con los ojos brillantes y los labios rojos, y él no puede dejar de pensar que nunca se había visto tan hermosa. La sombra de la muerte que se acerca le da un resplandor que algunos logran a causa del amor, o cuando se espera a un hijo. Sonriendo serenamente, ella tiende su mano hacia Kurt.
— Ven, mi amor. —Es una súplica y una orden, y sus pies obedecen inmediatamente. Un paso. Dos. Tres.
Él no llega a cuatro.
Algo se asienta, duro y feroz en el pecho de Kurt, como un viejo techo derrumbándose, dejando que el aire y la luz inunden la habitación, y necesita un momento para recuperar el aliento, para entender. Y necesita otro momento más para aceptar.
— No.
— ¿Qué quieres decir con no? —Es sólo una leve sorpresa, ella piensa que está buscando evasivas, pero no es eso. No lo es en absoluto.
— Yo no voy a hacerlo. Yo no voy a saltar.
— ¿Kurt...? —Sus ojos se agrandan.
— No. Yo quiero vivir. Quiero amar.
Y lo hace, como no lo ha hecho durante mucho tiempo, como si hubiera olvidado que podía. Él se aferra a la vida con todo lo que tiene y no hay nada que pueda obligarlo a dejarlo ir.
— No van a dejarte vivir o amar de la manera en que tú quieres cuando ellos se salgan con la suya, ya lo sabes, Kurt. Harán cualquier cosa para volvernos como ellos, incluso si eso nos mata por dentro. Esto no es vida, no así. —Hay lágrimas en los ojos de Rachel, él puede verlas. Eso le rompe el corazón a Kurt.— Dijiste que siempre estaremos juntos, que nunca me dejarás sola. Me lo prometiste, Kurt. — Ella está tratando de alcanzarlo de nuevo.— Vamos, bebé, lo hemos estado planeando durante mucho tiempo.
Ella está rogándole, pero incluso eso no lo va a convencer ahora que él lo sabe con absoluta certeza: él no va a ir a ninguna parte.
— No, tú lo has estado planeando durante mucho tiempo. Te amo, y no quiero dejarte, y pensé que podía hacerlo, pero no puedo, Rach. No puedo. Por favor no me obligues.
Se puede decir que suena histérico, y Rachel está bajando de la barandilla ahora, de repente pálida.
— Yo nunca te obligaría, bebé. Pensé que tú también lo querías, no es como si yo te obligara si no quieres. Y no voy a saltar sin ti. Pero ¿qué otra cosa podemos hacer? No podemos volver allí, Kurt. No tenemos más tiempo, lo sabes. Mañana es tu cumpleaños y luego...
— ... nos casaremos. —Las palabras que han estado evitando durante tanto tiempo, entre ellos -las palabras que sus padres han estado repitiendo como un evangelio, como la promesa más dulce, por años. Esas palabras los hacen estremecer en el aire frío, en el oscuro puente a las afueras de Lima. Ellos los hacen aún en el silencio.
— Podemos huir. — De repente, es obvio.
La risa de Rachel es triste.— ¿Así de fácil? ¿Con nada más que la ropa que traemos puesta, sin un centavo? ¿Y a dónde iríamos? Nos encontrarían en un abrir y cerrar de ojos, tú sabes cuán lejos se extiende la red de ese grupo.
— No si les hacemos creer que estamos muertos, entonces no nos buscarán tan exhaustivamente. Tendremos que dejar el auto, pero es lo mejor. Somos inteligentes, somos determinados. Vamos a hacerlo. Y en cuanto al dinero... —Kurt busca en su bolsillo. Un fajo de dinero en efectivo ganado en secreto con la costura, parece pequeño, pero hay más de mil dólares ahí.— Traje esto conmigo, sólo... como un capricho. No quise dejarlo ahí, ellos lo habrían donado a la causa. Nos ayudará para empezar.
Ella lo mira con ojos llenos de lágrimas, solo respirando por un momento, ambos están respirando pesadamente, todo a punto de cambiar, Rachel está indecisa.
Y entonces asiente.
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Blaine llega temprano a la escuela a la mañana siguiente, a pesar de una inusual cantidad de tráfico cerca del río. No podía dormir, no podía tragar un bocado de su desayuno, demasiado mareado e impaciente por ver a Kurt; por decirle. Ayer estaba demasiado abrumado, demasiado lleno de febril e impresionante alegría de hablar, por lo que sólo se dieron un beso de despedida, y Blaine espera que los hermanos ya estén en la escuela, y se las arreglará para llevar a Kurt a un lado para decirle.
Te amo.
Nunca había pensado que la primera vez que diría esas palabras sería para un niño, pero aquí está, y es perfecto. Él está enamorado. Él está enamorado de Kurt, la más maravillosa criatura en todo el universo, y Kurt también lo quiere, él lo sabe, y van a estar juntos, van a encontrar una manera, incluso si tienen que ocultarlo por mucho tiempo y esperar hasta la universidad. Lo harán. Blaine sólo tiene que encontrarlo y confesárselo.
Casi rebota por los pasillos medio vacíos hasta su casillero, apenas consciente de los susurros excitados o la forma en que las personas se apiñan en pequeños grupos, hablando. Otro chisme debe haber golpeado a McKinley, y a Blaine no podía importarle menos.
Él está enamorado.
Kurt y Rachel aún no están allí, lo cual es inusual, pero está bien. Blaine simplemente los esperará en su casillero, donde se reúnen todas las mañanas.
Nota la expresión conmocionada de Mike tres casilleros más allá y empieza a sentir los primeros temblores de malestar adueñándose de su ser. Mike no es alguien que se conmocione sin una buena razón.
Una fría opresión no deseada estrecha su corazón, y él tiene que obligarse a preguntar.
— ¿Mike? ¿Qué pasa?
— Oh Dios, no lo has oído. —Niega con la cabeza, no tiene ni idea, y Mike cierra su casillero, está a su lado, cerca -muy cerca, como si...— Es Rachel y Kurt.
Y Blaine ya quiere taparse los oídos para bloquear la noticia que sin duda, es indeleblemente mala. Pero sus manos parecen paralizadas, junto con el resto de su cuerpo, por lo que sólo se queda ahí, incapaz de bloquear lo demás.
— Blaine, ellos... están muertos. —No.— Se suicidaron anoche. Saltaron del puente juntos. Lo siento.
No.
No, no, no, no, ¡NO!
No puede ser cierto. No después de...
Mike dice algo más, algo acerca de notas suicidas y un coche, y la bufanda de Kurt encontrada flotando a las orillas del río, pero Blaine apenas puede escucharlo sobre el golpeteo de su corazón. El mundo está silenciado, desvaneciéndose y no puede respirar, el aire de pronto es espeso y asfixiante como las aguas marrones del río.
Lo mandan a casa a mitad del primer periodo, después de que el Sr. Martínez se da cuenta de su palidez y ojos desenfocados y Blaine no puede articular palabra, y se pasa el resto del día mirando hacia el techo por encima de su cama sin ver nada, excepto destellos de sus momentos juntos. Kurt, Rachel y él. Él y Kurt. Ellos. Es como una película reproduciéndose ante sus ojos, una que nunca quiere dejar de ver. Lo quiere grabado con fuego en sus retinas, fresco y vivo, y para siempre ahí.
Excepto que cada imagen trae palabras, pistas, pequeñas cosas que sólo ahora encajan en su comprensión; en realizaciones con bordes tan afilados que lo destrozan por dentro. Pronto, Blaine se siente como si estuviera atrapado en una espesa nube de fragmentos letales de recuerdos fraccionados, incapaz de respirar adecuadamente sin ser apuñalado por el remordimiento, la culpa; apuñalado por el 'debiste haberlo sabido'.
Él no puede creer que no lo vio venir.
.
No puede creer que estén muertos.
No pueden estar muertos.
Él ni siquiera le dijo adiós.
.
Nunca encuentran los cuerpos.
A veces, en medio de las noches más oscuras y solitarias, Blaine se permite el más mínimo destello de esperanza de que no se debe a la corriente salvaje del río lo que arrastró los cuerpos a algún lugar muy lejano.
Es debido a que todavía están vivos; en algún lugar, en cualquier lugar -pero todavía ahí, como una vela distante que ya no se puede ver, pero el conocimiento de su existencia calienta tu corazón.
A veces esa esperanza es lo único que le hace levantarse de la cama cada mañana.
