Acercándose a Sam, Bobby le dio un vaso humeante. "Tómate el café, te hará bien." Sam lo miró, pero ni siquiera hizo mención alguna de cogerlo. "Vamos Sam, no puedes seguir así, hace tres días que no comes bien y que no duermes en una cama de verdad, la espalda te tiene que estar matando, por no hablar de la mala cara que tienes."
"Bobby, no puedo marcharme, ¿y si Dean despierta y no estoy a su lado?" Se volvió hacia la cama de su hermano, esperaba que en ese momento Dean despertara por fin al escuchar sus palabras, como si de algún tipo de sortilegio o encantamiento se tratara, pero no fue así.
Bobby quería decirle que no tenía sentido lo que estaba haciendo, que hundirse como lo estaba haciendo no iba a ayudar a Dean. Pero no pudo hacerlo, porque le comprendía. "¿Crees que Dean querrá verte así?" Bobby no pudo evitar decir aquello, a pesar de que sabía que le haría daño a Sam, porque se sentía fatal por ver al chico con las grandes ojeras bajo los ojos, acurrucado en un pequeño sillón de hospital, con una manta que le habían traído las enfermeras la primera noche y con la única esperanza de ver a su hermano abrir por fin los ojos.
"Se que no, pero no puedo marcharme, no hasta que vea que se encuentra bien, que me mira otra vez y que el médico me diga que se recuperará. No puedo irme y dejarlo sólo."
"Yo me quedaré con él." Bobby estaba intentándolo todo, pero sabía que nada iba a funcionar, nada le iba a convencer.
Sam sonrió al veterano cazador, pero no dijo nada, su expresión fue una respuesta definitiva.
Se encogió todo lo que pudo en el sillón, aunque su cuerpo era demasiado grande para estar allí. Se arropó todo lo que pudo con la manta, la noche se preparaba muy fría, pero nada le iba a hacer salir de aquella habitación.
Como había dicho, nada le movería hasta que su mirada se encontrara con los ojos verdes de Dean, que lo mirara, que lo reconociera, que sintiera el contacto con su mano y que le escuchara pronunciar su nombre de nuevo, como todos los días. Lo demás, el resto del mundo fuera de esa habitación, no importaba lo más mínimo para Sam Winchester.
Bobby se despidió y dejó la habitación, cerrando la puerta con cuidado. Miró un momento al chico, sabiendo que apenas dormiría, aunque tal vez el cansancio terminaría por vencerle después de tres noches de mal dormir.
- o -
El tiempo parecía hacerse más lento cuando entraba la noche, cuando todo parecía quedarse en silencio y los ruidos típicos del hospital se iban apagando. La gente desaparecía, los pasillos se quedaban vacíos y los pensamientos de Sam parecían retumbar en todo el edificio.
"Otra noches más Dean. A veces creo que esto lo haces por fastidiarme, por verme sufrir, que en realidad estás despierto pero quieres que te cuide, que me preocupe por ti, porque estás cansado de hacerlo siempre tu." Sam fijó su mirada en su hermano. Cada vez que le decía algo, esperaba ver como este abría los ojos y le daba la razón o se metía con él. "La esperanza es lo último que se pierde, o al menos eso dicen." "Pero ¿Cuándo se pierde?"
Se quedó callado, observando la constante respiración Dean, sin saber si era él el que respiraba o era una máquina la que lo hacía por él. Como si le hubiera caído una losa sobre los ojos, sintió que los párpados se le iban cerrando por momentos, que no podría estar mucho más tiempo despierto.
Volvió a abrir los ojos; debía de haberse quedado dormido unos momentos. "¿Y si se despierta mientras estoy dormido?" Se repetía continuamente, tratando de permanecer despierto el mayor tiempo posible, aunque al final siempre le era imposible. Sin embargo, nunca era capaz de dormir más de dos horas seguidas sin volver a despertarse, sin mirar a su hermano nada más abrir los ojos y darse cuenta de que todo seguía exactamente igual.
Se acercó a Dean y cogió su mano, ahora estaba más caliente. Pensó que eso era una buena señal. Deslizó su mano por el brazo de su hermano, con cuidado, como si en realidad fuera una fina pieza de porcelana.
De estar despierto, Dean le diría que le estaba haciendo cosquillas. "De estar despierto…" Tantas veces había repetido la misma frase en los últimos días, que a veces se llegaba a creer que en realidad sólo estaba dormido y que si le acariciaba la mejilla o jugueteaba con su pelo, tal vez abriría los ojos y le sonreiría, diciendo algo del tipo. "No sabes lo gay que pareces haciendo eso."
Acercando más el sillón, se apoyó con delicadeza sobre el cuerpo de Dean, quería escuchar su corazón latir, estar seguro de que seguía vivo, porque sólo con mirarlo, tumbado en aquella cama, no era suficiente para él, tenía que asegurarse de que seguía respirando.
De nuevo, sintió que los ojos se le cerraban, pero apoyado sobre Dean, dejó que por fin, el sueño le venciera, que lo arrastrara donde quisiera, porque si Dean despertaba al fin, él lo sentiría.
- o -
No sabía si se trataba exactamente de un sueño, porque más bien creía estar reviviendo un recuerdo, uno que tenía grabado en su mente y que estaba seguro de que nunca olvidaría.
Vio a Dean, delante de él y por un momento, hubiera deseado abrazarlo, besarle con todas sus fuerzas por verlo caminar de nuevo, porque le estaba mirando, porque estaba hablando con él. Pero no lo hizo, no porque no quisiera, si no porque sólo estaba viendo el sueño, nada de lo que quisiera que sucediera podía hacerlo.
Dean se acercó a él, observándolo con una mirada intensa, mezcla de pasión y amor, que casi había olvidado de ello mientras estaba en el hospital.
Sam se dio cuenta de que estaba apoyado sobre el coche, mirando como Dean se acercaba a él, quieto, sólo observando, con las manos apoyadas en el vehículo.
Su hermano, lo agarró de la cintura y lo atrajo hacia si, con un movimiento rápido, sin que Sam opusiera resistencia. Atrapó sus labios y los besó con decisión, escuchando como su hermanito gemía al notar su lengua recorrer su boca una tremenda energía.
Sam cerró los ojos, degustando el dulce sabor de los labios de Dean. Sus manos, hasta ese momento quietas, se pusieron sobre la espalda de Dean y se agarraron a su cazadora, estaba deseando deshacerse de ella, quitársela, al igual que la camisa, y poder notar el contacto con su piel.
"¿Por qué no entramos en la habitación? Comienza a hacer frío aquí fuera." Susurró en el oído Dean, mientras notaba la lengua de este deslizándose por su cuello. "Además estaremos más cómodos en la cama."
Dean se apartó un poco de él y lo miró, pero sus ojos habían cambiado de repente. "Sam, ¿quieres que…?"
"¿Qué ocurre, pensaba que después de besarme de esa manera en la puerta del bar, en el coche y ahora aquí, querrías algo más, que lo querrías todo?" Sam acercó el cuerpo de su hermano al suyo, evitando que pudiera moverse. "Porque yo si que lo quiero todo de ti."
"Sam, una cosa es que nos enrollemos y que nos guste y otra muy distinta es acostarme contigo." Sam lo miró sorprendido, ¿de verdad era su hermano el que hablaba?, el que le había mordido el labio en su primer beso, el que le había susurrado al oído las muchas veces que había imaginado ese beso, el que había deslizado sus dedos por su espalda y le había hecho gemir con tal sólo bajar el dedo por su espina dorsal.
"¿Me estás queriendo decir que no quieres acostarte conmigo?" Sam dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo, mientras miraba a su hermano y ahora era él el que se separaba de Dean.
"No, pero no está bien que lo hagamos." Dean desvió la mirada. Desde luego Sam sabía muy bien, que Dean estaba deseando hacer el amor con él, después de aquella noche, no podía negarlo por mucho que quisiera; pero no lograba entender lo que le estaba deteniendo ahora.
"¿Es algo peor que meterme la lengua hasta la garganta? ¿o es te que sientes más cómodo si sólo me manoseas la entrepierna con el pantalón puesto?"
Sam ya no podía más, Dean no le podía estar diciendo eso. No el mismo que se podía acostar cada noche con dos o tres tías sin remordimiento alguno, no el que, aunque lo negara entonces, llevaba días mirándole cuando salía de la ducha con pasión en los ojos. Sam le veía morderse el labio cuando le veía vestirse y ahora le decía que acostarse con él estaba mal.
"No es eso Sam, me da igual lo que diga la gente, pero cuando pienso en lo que papá diría si nos viera…"
Sam se detuvo en seco, ni siquiera había pensado en ello ni por un solo momento mientras había besado a Dean, mientras aspiraba su aroma, mientras se agarraba a su cinturón, mientras le tocaba.
"¿Entonces por qué me has besado? Si a papá le pudiera parecer mal que te acostaras conmigo, no creo que viera con buenos ojos como me hayas metido mano antes." Dean dio un paso atrás y se apoyó en el coche, con la mirada baja, como si se avergonzara de algo.
"Lo se, pero no he podido evitarlo, no por más tiempo. Te he visto flirteando con esa chica y me he puesto demasiado celoso. Ya no podía aguantarlo más, pero se que de todas formas está mal y ahora que lo pienso, no creo que debiera volver a pasar más."
Sin esperar respuesta por parte de Sam, Dean se dirigió a la puerta de la habitación, con pasos lentos y los hombros caídos, como si estuviera derrotado. Su hermano lo vio, quieto donde estaba, observando como se separaba de él poco a poco.
Dean llegó a la puerta he insertó la llave en la cerradura. Sin embargo, la mano de su hermano se puso sobre la suya y no le dejó girar la llave. "Sam, hace frío aquí fuera, deja que abra la puerta."
Con la otra mano, Sam rodeó su cintura e hizo que sus cuerpos se juntaran. "Podemos calentarnos juntos." Volvió a susurrar en el oído de su hermano, sabiendo que eso siempre le había gustado.
"Sam, por favor, no podemos hacer esto, te he dicho que está mal." Dean trató de moverse, de girar la llave. Intentó separarse de su hermano, pero sin mucho éxito, pues en realidad, tampoco es que estuviera usando todas sus fuerzas.
"¿Peor que ser fugitivos de la ley?" Se agarró al cinturón de Dean y bajo hasta su entrepierna, escuchando como este suspiraba al notar el contacto. "¿Peor que vivir defraudando a los bancos?" La mano que tenía sobre la de su hermano la cerró, atrapando completamente la de Dean. "¿Peor que haber tenido rehenes en un banco o haber escapado de la cárcel? Dime Dean, ¿Estás seguro que se trata de algo tan malo que no podemos hacerlo?"
Sam escuchó como la respiración de su hermano se aceleraba, como su cuerpo se pegaba completamente al suyo y como su otra mano, llegaba hasta su espalda y bajaba hasta su trasero.
"Sam, por mucho que digas, no me vas a convencer de que esto no está mal." Apretó su mano con fuerza sobre una de las nalgas de Sam y lo escuchó suspirar. "Pero tengo que darte la razón en que no es nada peor que todo lo que has dicho y que si a papá no le ha importado lo que hacemos cada día..."
Con un movimiento rápido de la mano que le sostenía Sam, Dean abrió la puerta y se dio la vuelta, cogiendo con su mano libre el rostro de Sam y besándolo con fuerza. Comenzó a andar hacia atrás, entrando en la habitación, sabiendo que Sam le seguiría donde él quisiera. Su hermano todavía tenía cogida su mano y por el momento, no tenía ninguna intención de soltársela.
Dean se acercó al escritorio, en el que dejó la bolsa y antes de que pudiera hacer nada más, Sam casi lo empotró contra él. Inmovilizó la mano que tenía aprisionada tras su espalda y ahora fuera él el comenzó a besarle, colocando su boca sobre su mejilla, en su oreja, llegando a su cuello y comenzando a lamer su piel.
Dean intentó que le soltara la mano, no podía tocarle bien sólo con una mano libre, pero no pudo, cuando quería, Sam era demasiado fuerte para él. Conformándose con lo que tenía, volvió a palpar la espalda de Sam y volvió a poner su mano sobre su trasero, apretándolo cuando sintió la lengua de su hermano lamiendo sus labios.
Haciendo un poco de fuerza, Sam consiguió que Dean separara las piernas y puso las suyas entre medio, notando como esté lo aprisionaba con las suyas. Dean estaba sentado en el escritorio, sin apenas movimiento posible con el cuerpo de su hermano sobre el suyo, una mano reteniendo la suya, la otra jugueteando con su pelo y su lengua, internándose de nuevo en su boca, casi luchando con la suya por el territorio a conquistar.
Fue un beso intenso, como ninguno lo había sido esa noche, porque ambos sabían lo que iba a ocurrir a continuación, ambos deseaban que ocurriera y por mucho que pensaran que había algo malo en ello, ya era demasiado tarde para detenerlo.
Pasando los dedos por la cadera de Sam, Dean puso su mano sobre la entrepierna de su hermano y notó el considerable bulto que había en ella. Él también estaba muy excitado. Decidió que era el momento de pasar a la acción. Por ello, tiró de la mano que le sujetaba y se consiguió liberar por fin.
Con una mano, cogió el rostro de su hermano y lo separó del suyo. "Sabes Sammy, creo que tenías razón cuando has dicho que estaremos más cómodos en la cama."
"A mi me gusta estar aquí." Sam sonrió. Tal y como estaban, él tenía el poder, él dominaba la situación y podía hacer con su hermano lo que quisiera y eso precisamente, era lo que Dean no estaba dispuesto a permitirle, no al menos en su primera noche juntos.
Dean no contestó, pero con un pequeño empujón, hizo que Sam se retirara y con otro, lo sentó en la cama. Éste le siguió el juego, sabía perfectamente que Dean quería ser el que llevara la iniciativa y no se lo iba a impedir.
Dean se acercó a él, de pie, mientras iba desabrochándose el cinturón. Se quedó junto a Sam, hasta que consiguió deshacerse de la cazadora y comenzó a soltar los botones de su camisa. Quería que Sam lo mirara, que lo deseara, quería ver la pasión en sus ojos, la necesidad de poseerlo, quería leer ellos, "Eres sólo mío."
Cogiendolo del pantalón, Sam lo acercó y con un pequeño manotazo, comenzó a ser él quien el quitara la camisa. Dean se sentó sobre sus piernas y le dejó hacer, mirándolo mientras iba besando su piel desnuda.
El mayor, deslizó sus dedos por el pelo de Sam y comenzó a oler su aroma, siempre lo había querido hacer, cada vez que le veía salir de la ducha quería acercarse a él y aspirar el gratificante ahora de pelo. Pero hasta ese momento no había podido hacerlo sin temer que Sam se escandalizara por ello.
Puso su mano en la nuca de Sam y bajo por su espalda, como si estuviera descubriendo un terreno hasta ese momento inexpugnable para el resto del mundo, que ahora, se abría por primera vez sólo para él. Al llegar abajo, metió su mano bajo su camiseta y comenzó a quitársela.
Cuando Sam hubo terminado con la camisa de Dean y viendo que este le había quitado la camiseta a él, lo miró, se mordió el labio y sin querer se lamió los labios, sabiendo que ese gesto tan aparentemente inocente excitaría como nunca a su hermano, porque en realidad, no era la primera vez que veía el deseo en los ojos de Dean y no era la primera que se lamía los labios despreocupadamente para que su hermano lo viera hacerlo.
Dean no pudo soportarlo más. Empujó a su hermano contra la cama y se puso sobre él, con las manos apoyadas a cada lado, como si temiera que se pudiera intentar escapar. Sam sintió su respiración acelerada sobre él y colocó sus manos sobre su pecho, quería notar su corazón y saber si bombeaba tan rápido como el suyo propio.
Ambos se miraron un momento en silencio, sabedores de que, tan sólo un segundo más tarde, todo habría cambiado definitivamente entre ellos, ya no volverían a ser simplemente los hermanos Winchester, los cazadores, los fugitivos, si no que algo mucho más fuerte los uniría para siempre, un secreto que sólo conocerían ellos dos y por el que mucha gente les reprendería si se enterara.
Pero ya les daba igual, nada de eso importaba ahora, porque aquellos besos, aquellas miradas, aquellas dulces, tiernas y apasionadas caricias, les habían convertido en dos personas con una sola alma, un solo ser con dos mentes y un único corazón.
- o -
Como si alguien le hubiera llamado de repente, Sam se despertó. Miró a su alrededor, pero no había nadie en la habitación, a excepción de su hermano y de él. No sabía lo que había sido, pero una alarma se había encendido en su interior.
En realidad, no estaba muy seguro de que se tratara de una alarma que le indicara un posible peligro, si no, más bien que algo estaba ocurriendo.
De repente, aquello que le había despertado, volvió a ocurrir, Dean le había apretado la mano, se estaba movimiento, después de casi cuatro días, inmóvil en aquella cama, le estaba apretando la mano.
Por un momento, Sam se quedó quieto, sin saber que hacer, llamar al médico, buscar a una enfermera, o simplemente esperar. Pensó que tendría que avisar a alguien, por lo que apretó el botón de llamada de las enfermeras, por nada del mundo iba ahora a separarse del lado de Dean.
Se acercó más a su hermano y le acarició el pelo como siempre y como repetidamente había hecho esos días. "Dean." Le llamó, temeroso de que todo fuera un simple espasmo de su cuerpo y que en realidad no estuviera despertando. "Dean, ¿puedes oirme? Si me oyes, aprieta mi mano dos veces."
Sam esperó, aunque en un primer momento, no ocurrió nada. La puerta se abrió y apareció una enfermera. Justo en ese momento, Sam sintió el tímido movimiento de la mano de Dean, dos veces seguidas, tal y como él le había pedido.
"Ha despertado, se está moviendo." Pero ya no hacía falta que lo dijera, al volverse de nuevo hacia el rostro de Dean, vio que este tenía los ojos abiertos y que lo miraba directamente.
"Voy a avisar al doctor." La enfermera desapareció de la habitación y de nuevo, los dos se quedaron solos.
"Sam." Aunque hacía dos días que le habían quitado la respiración asistida, le dolía horrores la garganta y apenas podía hablar.
"No trates de hablar." Sam sonrió, aunque se dio cuenta que estaba llorando, pero no le importó, dejó que las lágrimas cayeran, porque nada podía estropear ese momento, después de los difíciles días que había pasado, no le importaba que le viera llorar.
"Gordon…"
"No lo se, Bobby le disparó, pero no te preocupes por eso ahora, tienes que descansar y recuperarte." Dean apretó de nuevo su mano. Sentía el resto de cuerpo entumecido y apenas podía moverlo. Sam volvió a sonreír, feliz de ver que Dean estaba allí con él de nuevo.
"¿Cuanto tiempo?"
Sam lo miró un momento sin saber si debía decirle la verdad, porque tal vez no se esperaba que le dijera que llevaba más de tres días en coma, pero al ver la mirada profunda y brillante en aquellos ojos verdes, que tan insistentemente había rezado por volver a ver, no pudo mentirle.
"Has estado tres días en coma, pero ahora que estás despierto, lo peor ya ha pasado."
Sin poder evitarlo, se acercó a la cama y se sentó en ella. Rozó con mucha suavidad el lugar en el que Gordon le había disparado y se acercó a él, mientras le miraba, con una pequeña sonrisa en los labios.
Puso su mano sobre los labios de Dean, la deslizó hasta su mejilla, que de repente se sonrojó y acercando su rostro, le deposito un tierno beso en sus labios, hasta un momento antes inertes y de nuevo, llenos de vida, pensó Sam, notando como Dean sonreía.
"No sabes cuando te he echado de menos Dean, pero no voy a permitir que esto vuelva a pasar nunca más. Te lo prometo."
