Bueno pues señores y señoras, hoy me levante jodidamente complaciente, así que el dia de today voy a subir un capitulo con una parte que deseaba una de las lectoras. Espero que lo disfruten.
-Draco, tenemos un cuarto de hora hasta que la clase inicie, no entiendo porque tanto apuro –se quejó ella mientras caminaba a zancadas al lado del príncipe de Slytherin.
-No lo creo, Granger, la señorita perfecta se olvidó que hoy teníamos que entregar un pergamino de la Poción Matalobos – le respondió mirándola con burla. Los ojos de la castaña se abrieron a dimensiones imposibles para un humano y habló con la voz estrangulada.
-¡No puede ser! –su voz estaba a punto de quebrarse –Nunca he olvidado un trabajo, y ahora que debería estar presentando las mejores tareas, olvido una…
Una carcajada sonora salió de la garganta de Draco, que la miraba divertido.
-Es broma, Granger –no se esperó la reacción de la castaña, que lo golpeó con todas sus escasas fuerzas en el hombro, a lo que él ni siquiera presto atención. –Tuviste que haber visto tu cara.
-No fue divertido Malfoy –sin embargo, ella también rio junto al rubio. No habia nadie cuando llegaron al salón de pociones, y se sentaron en sus lugares habituales, esperando hasta que los demás comenzaran a llegar y el profesor hiciera su ingreso precedido por su voluminosa barriga.
No paso mucho tiempo antes de que una lechuza blanca muy parecida a Hedwig entrara al salón, con una nota amarrada en su pata. El ave se posó en el pupitre que ellos compartían y centró la mirada en los ojos grises de Draco, que intentaba quitarle el pergamino. Cuando finalmente lo consiguió, la lechuza alzó vuelo y salió por donde había venido.
-Es de mi madre –susurró él, tan bajo que Hermione dudó que fuera real. Se sorprendió cuando lo vio pararse y salir del salón sin dar explicación alguna. Él caminó lo más rápido que pudo hasta su sala común, y cerró la puerta de su habitación de un golpe. Desde que estaba en tercer año no recibía correspondencia de sus padres, a excepción del año pasado, pero no esperaba que fuera precisamente su madre quien enviara una carta, que para colmo de males estaba sellada con el escudo de la familia. Eso nunca auguraba algo bueno. Leyó en silencio la misiva, y cuando hubo terminado, se dejó caer en su cama, con los ojos vidriosos y la mirada perdida.
No, él no quería que su madre pagara los platos rotos, pero eso era precisamente lo que estaba pasando. En la carta, su madre le contaba la situación en Malfoy Manor, las torturas y los gritos a medianoche, y le pedía que se apurase con esa misión que El señor Tenebroso le había encomendado. Y Draco se sentía impotente, porque no tenía nada totalmente trazado, él le había dado un plazo para cambiar la lealtad de Hermione Granger, y a mas tardar tenía hasta las vacaciones de navidad para que ella fuera marcada, pero ahora ya no se sentía seguro si quería que ella fuera un mortífago, porque él sabía lo que eso significaba, no en vano había visto a su padre y a su madre portar la marca tenebrosa.
Todo un lio se estaba armando en la cabeza de Draco, por un lado tenia la seguridad de su madre, evitar que fuera dañada, y por otro lado estaba ella, su peor enemiga, a la que ahora veía como una persona cercana, e incluso agradable. No iba a negar que le encantaba molestar a sus amigos, Potter y Weasley a su costa, pero definitivamente ya no sentía esas ansias asesinas cuando estaba a menos de cinco metros de ella, de hecho empezaba a apreciar su compañía, porque ella no lo podía juzgar por la reverenda mierda que era su vida. En ese escaso mes que la trataba, se había quedado atrapado por la compleja personalidad de la castaña.
Por un lado era la muchacha responsable, modelo a seguir, prefecta y premio anual, y por otro lado estaba ella siguiendo a Potter y poniendo en riesgo su pellejo, más allá estaba ella otra vez, esta vez con una fuerza anómala para una niña rompiéndole la nariz en tercer año, y luego esta ella por cuarta pero no ultima vez, cambiándose de estilo y dejando boquiabierto a más de uno, y para finalizar la lista interminable, estaba ella del brazo de Vicktor Krum, apareciendo en sus sueños y pesadillas como la criatura más hermosa que había visto en su escasa existencia… la odiaba, sin duda alguna, pero también la admiraba, admiraba su temple para alzar la barbilla y hacer caso omiso a las burlas y humillaciones por su estatus de sangre, admiraba su coraje para meterse en las más descabelladas situaciones y sacar a sus dos amigos idiotas de todos los problemas en los que la metían, admiraba el orgullo que ella demostraba al mandar a todos al averno cuando la llamaban sangre sucia, admiraba su laboriosidad, su afán por aprender, admiraba muchas cosas de ella. De algún modo sentía una especie de posesividad sobre ella, después de ese beso del que no hablaron y que hacían como si nunca hubiese sucedido, detestaba a sus amigos por tratarla como la mera escoria sin darse cuenta, y lo peor de todo es que sentía en el alma cada una de las lágrimas que ella derramaba, porque se sabía el responsable. No podía evitar ponerla en evidencia frente a sus amigos, como no pudo evitar besarla en la mejilla frente a Weasley, o como no pudo detenerse cuando se dio cuenta de la mirada de idiota enamorado de Longbottom cuando ella entró esta mañana, simplemente era él haciendo lo que sus impulsos le mandaban, y para su propio asombro no se arrepentía de ello. Su plan de alejarla de sus amigos estaba funcionando, pero sentía que ya no lo hacía por su misión, sino que lo hacía porque la quería ver lejos de Potter, y muy especialmente, a más de un kilómetro de distancia de Weasley.
Miró de reojo su reloj de pulsera, y se paró rápidamente, la clase de pociones había iniciado hace más de media hora, y él, metido en sus cavilaciones ni siquiera se había dado cuenta, por lo que salió de la sala común y se dirigió a la carrera al aula de pociones, donde todo el mundo trabajaba en una muestra de amortentia concentrada. Entró sin importarle lo que pudiera decirle el profesor, que brillaba por su ausencia, o las miradas envenenadas de los Gryffindor, y se dirigió a su lugar al lado de Hermione.
-¿Qué pasó? –le preguntó ella con una verdadera preocupación en la voz, y esa era otra cosa que admiraba en ella, que era capaz de olvidar los insultos, era capaz de dar segundas oportunidades.
-Debía responder a la carta de mi madre –contestó el, a sabiendas de que lo que menos se había pasado por su cabeza era responderle a Narcissa Malfoy.
-Oh, bien, le dije a Slughorn que te había llegado una carta de suma urgencia y que no tardarías en llegar. –explicó ella volviendo al trabajo de revolver el contenido translúcido de su caldero. Draco se sorprendió al ver que ella conseguía sola, lo que los demás no lograban en parejas, y la calificó de autosuficiente y muy capaz, y era otro punto para admirar en ella, que sin darse cuenta iba enumerando en su subconsciente. Le sonrió a modo de respuesta. –Ya casi he terminado, pero podrías lanzar el hechizo que indica el libro, allí dice que no puedo dejar de revolver y no puedo hacerlo bien con la mano izquierda, y tampoco puedo usar la varita porque soy diestra.
-Bien. –leyó el simple conjuro con el que finalizaban la cocción de la poción y lo recitó en voz baja, apuntando al caldero con su varita. Inmediatamente del caldero comenzaron a salir vapores tornasolados y supieron que estaba terminada la poción. En ese momento, Slughorn entró a la clase, y se puso a observar los calderos de todos, lanzando algunos comentarios amistosos y otros no tanto de vez en cuando, pero cuando llegó al pupitre de Draco y Hermione, ahogó una exclamación y los felicitó sonoramente, para luego inhalar los vapores y sonreír complacido
-Es perfecta –exclamó sonriendo, mientras palmeaba a Hermione en el hombro y Draco le dedicaba una mirada recelosa. –Hidromiel, Piña y Hogar, es el aroma que siempre ha dado esta opción para mí, y ustedes han hecho una muestra excelente. Veinte puntos para amb…
-Disculpe, Profesor, pero fue Hermione quien hizo la poción, yo solo le ayudé con el Hechizo final –explicó Draco, dejando a la aludida con la mandíbula colgando y a los demás alumnos de la clase con expresiones atónitas y furibundas. –Ella se merece los puntos extra.
-Eso lo sé muy bien señor Malfoy, pero usted también intervino y fue participe, por lo que ambas casas ganan veinte puntos.- declaró Slughorn dando por terminado el asunto. –La clase ha terminado, pueden tomar una muestra del caldero de la señorita Granger y retirarse.
Todos comenzaron a guardar sus cosas en maletines, bolsillos y mochilas, pero fue Hermione quien no se movió de su lugar, momentáneamente centrada en sus pensamientos. Draco Malfoy se había dignado en hacerle justicia y declarar que ella había preparado sin ayuda la poción, eso era algo que era digno de marcarse en el calendario como suceso celebre. Rápidamente salió de su ensimismamiento y se inclinó hacia adelante para recoger sus ampollas de cristal y la muestra de su poción que iba a guardar para recordar ese día, cuando el vapor le llegó a las fosas nasales y se quedó estupefacta. Algo había cambiado. Reconocía el aroma del pergamino, ese exquisito aroma que solo hallaba entre las estanterías de la biblioteca, también reconocía el aroma del césped cortado, que para ella significaba orden e higiene, pero donde antes estaba el aroma del cabello de Ron, ahora estaba una sutil fragancia de menta y brisa marina. Ese era un aroma nuevo, que inconscientemente conocía, pero que no recordaba de donde o como. Sin decir nada al respecto, tomó un poco de la poción y la guardó en un frasco, que luego guardó en uno de sus bolsillos. No se estaba percatando de las personas que se acercaban a ella y recogían un poco del líquido del caldero en ampollas, frasquitos, tubos, e incluso botellas, hasta que no quedó nadie en el aula mas que ella, Draco, Harry y Ron.
-Vámonos, Ron –escuchó ella que le decía el niño que vivió a su mejor amigo, pero no esperó que el pelirrojo le contestara con semejante ocurrencia.
-Tenemos que hablar con ella, Harry, porque Malfoy la va a dañar, estoy seguro –y la alarma mental de Hermione se disparó. No quiero hablar con ellos pensó, recordando amargamente la escena en la sala común. Aún no.
-Lo sé –la voz varonil y con ese toque de dejadez de Draco Malfoy le habló al oído, provocando que una corriente sacudiera su cuerpo. –Cero en oclumancia, señorita Granger.
Y ella no pudo evitar reír al escuchar la mala imitación de un profesor que él hacía, y tampoco pudo evitar notar que él estaba muy pegado a su espalda, prácticamente encima de ella. Y por extraño que pareciera, a ella no le importaba su cercanía.
-Lo lamento, es solo que no he estado muy concentrada últimamente. –se excusó ella en un susurro apenas audible.
-Ya, solamente recoge una muestra de eso para mi y nos vamos de aquí –le dijo él tendiéndole un frasquito de vidrio verde, con un corcho encima. Ella se limitó a recoger la poción en el frasco y taparla, mientras Draco tomaba los ingredientes y el libro de la castaña y los apilaba de manera ordenada para que ella pidiera guardarlos en su bolso de cuentas, lo que ella hizo luego de devolverle el frasco. En todo momento, él se mantuvo detrás de ella, cubriéndola con su cuerpo, como si quisiera impedir que Harry y Ron la mirasen. Cuando finalmente ella tuvo todo en su bolso, comenzaron a caminar a la salida de la clase, él pasándole un brazo por el hombro y hablándole con palabras alentadoras al oído. A los ojos de quien no los conociera, ellos podrían haber sido una pareja de enamorados y ya, pero quien sabía de la rivalidad entre las casas verde y roja, y muy especialmente entre Hermione Granger y Draco Malfoy, sabía que lo que estaba contemplando en ese momento era una rareza.
-Herms…Hermione –la llamó Ron a sus espaldas, inmediatamente el cuerpo de la castaña se tensó e inconscientemente se apretó más al cuerpo de Draco, sin embargo se detuvo y volteó el rostro ligeramente, haciéndoles saber a los que eran sus amigos que los escuchaba. Por su parte, Draco compuso una mueca de ofuscación y aferró fuertemente a Hermione, pero también se volteó con ella.
-¿Si? –instó ella al darse cuenta de que nadie hablaba y que iba a llegar tarde a su clase de Runas antiguas.
-Solo queremos que sepas que te perdonamos, y que no estamos molestos contigo. –dijo Ron como si fuera lo mas natural del mundo, el rostro de Harry ensombreció y Draco reprimió una sonrisilla de autosuficiencia. –Así que ya no tienes que andar con ese hurón para molestarnos.
Draco no puedo hacer nada cuando Hermione se soltó de su agarre y encaró al pelirrojo, mientras nadie sabía que decir.
-¿Ustedes me perdonan? – la usual voz calmada y pacífica de la castaña, ahora era furibunda y sarcástica. –Pues pueden meterse toda su caridad en donde mejor les quepa, porque la que salió perdiendo fui yo, y entérense que yo aun no les he perdonado por sus idioteces. Y sabes algo Ron, yo no ando con Draco por molestarlos a ustedes, lo hago porque él es mas agradable que tú, tu hermana y Harry juntos.
Dicho esto, ella tomó a Draco de la túnica y salió del lugar a zancadas, dejando detrás de ella a dos chicos asombradísimos. Pero la estabilidad y la fortaleza emocional no le duraron lo suficiente a Hermione, porque apenas dobló el primer recodo, las lágrimas comenzaron a salir a borbotones, ella se dejó caer contra una de las paredes y fue resbalando hasta hacerse un ovillo en el piso.
-Tranquila. – él nunca había consolado a nadie, de hecho se sentía torpe en ese momento, pero verla llorando le conmovía mucho, por lo que se agachó hasta donde estaba ella y le limpió el rostro con un pañuelo blanco. Se quedó con ella hasta que dejó de gimotear y su respiración se hizo calmada, y supo que ya no lloraba no porque no quisiera, sino porque ya no tenía lágrimas para derramar. Ella no necesitó la ayuda de Draco para pararse de nuevo, limpiar su rostro y caminar al lado de él, en silencio hasta su clase.
-Llegarás tarde a tu siguiente lección, por mi culpa –se disculpó ella después de varios minutos, cuando casi habian llegado a la puerta del salón de Runas de sétimo año, pero él se alzó de hombros quitándole importancia a lo que pasó.
-Está bien, tengo estudios muggles y a nadie le importa.
-Gracias por acompañarme, te veré luego. –pero antes de que ella pudiera tocar la puerta, él la tomó de la muñeca y la volteó con fuerza, haciendo que ella se golpeara contra su pecho, e inmediatamente la abrazó. Ninguno de los dos sabía el porqué, pero ambos se sabían necesitados de comprensión.
-¿Crees que soy agradable? –esa era la pregunta que pugnaba por salir de los labios de Draco, porque algo se había encendido en sus entrañas en el momento en el que la oyó decir esas palabras, un extraño calorcillo lo invadió y se sintió estúpidamente feliz, sin saber el motivo verdadero, al fin y al cabo, ella era una impura, recibir un halago de ella no debería importarle, pero le importaba y mucho.
-Si, ahora que te conozco mejor, sé que en realidad eres mejor de lo que algun dia consideré –le respondió ella sin dudar en ningún momento. Una sonrisa autentica iluminó el rostro del muchacho, y sin saber por qué, la besó. Fue diferente al primer beso que ambos compartieron, porque en aquel momento se besaban con un desafio silencioso, retándose a perder la cabeza, en cambio, este beso era dulce, cariñoso y comprensivo. La cadencia de sus movimientos era perfecta, un beso digno de recordarse por los siglos de los siglos, un beso en el que ninguno de los dos se sentía fuera de lugar por ser de niveles diferentes, por llevar sangres diferentes, dos almas que se reconocían, las barreras eran flanqueadas y con ese beso, sin saberlo, sellaban sus destinos juntos. Sin quererlo, con un simple beso se habían unido de una manera imposible, sin premeditarlo, se habían enamorado en ese escaso minuto que duró el contacto de sus labios. Él no lo iba a admitir, pero se sentía correcto estarla besando en un pasillo vacío, a pocos metros de un salón de clases, la comprensión muda que ella le profesaba, esa manera en que se fundía con ella, era extraño estarla observando a los ojos, y no ver un solo rastro de remordimiento en ellos, y sin duda, le gustaba eso.
-Tú también eres mejor de lo que esperaba, Hermione. –le dijo él, aun pegado a sus labios. Sus respiraciones eran pesadas y un suave rubor matizaba el rostro de la chica. Cuando se alejaron, comprendieron lo que les estaba pasando, esa sensación de estar incompletos si no se tocaban, y era atemorizante, porque no lo habían sentido antes de besarse, y ahora, sin poderlo evitar, cada uno tenía la parte que al otro le faltaba. Ahora eran uno aunque no quisieran. –Tienes que entrar.
-Hasta luego, Draco. –se despidió ella mientras tocaba la puerta, pero sin dejar de mirar las orbes plateadas del chico que ahora era algo más que su amigo.
-Nos veremos después, Hermione. – le dedicó una sonrisa ladeada, y comenzó a caminar con las manos en los bolsillos hasta que dobló el pasillo y desapareció de la vista de ella.
No asistió a ninguna de sus clases antes del almuerzo, por dos motivos: el primero era porque necesitaba pensar en lo que le estaba pasando con Hermione, y el segundo era porque ella tenía tres horas corridas de Runas antes del almuerzo y quería ir por ella antes de que sus amigos intentaran acercarse otra vez. Se le revolvía el estomago cada vez que veía a Harry o a Ron mirarla con lástima, y se apoderaba de él un deseo visceral de sacarla de allí lo más rápido posible. Durante las dos horas y media que estuvo echado en su cama de doseles verdes, un sinnúmero de pensamientos pasaron por su cabeza, casi todos dirigidos a Hermione y a su palpitante corazón cada vez que recordaba sus labios. ¡Por Merlín! No sabia que demonios estaba pasándole, pero sabía que la causante era ella. Un plop lo sacó de su tranquilo reposo y lo hizo erguirse rápidamente.
-Amo, Taley siente molestarlo, pero Taley tenía que decirle, señor, que ya no queda poción. –Una elfina domestica bastante sucia estaba parada al lado de la mesita de noche. Taley había pertenecido a la familia Malfoy cuando él era solo un niño pequeño, pero accidentalmente la habían liberado y Dumbledore la acogió en el castillo.
-Pero te dije que solo pusieras dos gotas en la copa de Hermione. –siseó él fulminándola con la mirada. –No tengo más.
-Taley lo siente, amo, pero Taley puso dos gotas en el jugo de calabaza de la señorita Hermione toda la semana, y ahora ya no hay poción.
Hermione confiaba en él, y eso lo había conseguido a pulso, pero el hecho de que ella dejara de confiar repentinamente en sus amigos, lo había conseguido gracias al filtro de la desconfianza, que había mandado a Taley a poner en la comida de la muchacha todos los días. Ahora no iba a poder conseguir mas Dudas Líquidas, pero por otro lado tenía la certeza de que un pilar importante del Trio de oro se había quebrado irreparablemente. Así que tomó la decisión y no se molestó, de hecho ni siquiera se permitió sentir algo, simplemente despidió a la elfina y salió de su habitación con rumbo a la clase de Hermione.
Cuando la castaña salió de su clase, él estaba parado junto a la puerta, esperándola.
-¿Qué tal tus tres horas de Runas? –le preguntó el pasándole un brazo por los hombros.
-Bastante bien, la profesora aún no había llegado cuando yo entré, así que no me perdí de nada. –le respondió Hermione.
Caminaron pegados hasta el gran comedor, e hicieron su entrada abrazados, ambos se dirigieron a la mesa de Slytherin y Draco le hizo un sitio entre Theo y él, al frente de Pansy. Se pusieron a conversar de algo insustancial, mientras todo el gran comedor no les quitaban los ojos de encima, especialmente los Slytherins más jóvenes. Incluso los profesores no podían quitar los ojos de ellos, que estaban totalmente ajenos al mundo, perdidos ahora en una discusión sin sentido. Hermione tenía libre toda la tarde, y pensaba pasársela en la biblioteca, mientras que Draco tenía una hora de Encantamientos, por lo que discutían sobre la falta de interés en clase por parte de él y la obsesión de ella, pero en realidad ninguno ponía mucho esfuerzo en lo que decía, porque en esos momentos ambos estaban perdidos en la mirada del otro.
Repentinamente, la voz de la directora resonó en todo el comedor, sacándolos de su ensimismamiento.
-Profesores, alumnos, quiero hacer un anuncio. –nadie habló, mirando atentamente a la profesora. –El domingo próximo celebraremos un baile por Halloween, el dia de los magos y las brujas, para rememorar la verdadera esencia de nuestra naturaleza. Las clases libres del sábado quedan suspendidas, tendrán todo ese día para ir por sus trajes a Hogsmeade. Será un baile de máscaras, solo los alumnos de quinto, sexto y sétimo año podrán asistir hasta la hora que deseen, los demás alumnos deberán retirarse a sus dormitorios a las once de la noche en punto, guiados por los prefectos de quinto de cada casa. Además, debo recordarles que deben asistir con parejas.
Dicho esto, la directora volvió a su lugar en la mesa de profesores, mientras los murmullos a cerca del baile iban creciendo velozmente.
-¡Un baile! –exclamó Pansy totalmente emocionada. –Debemos encontrar nuestros vestidos, los zapatos, las máscaras, y solo tendremos un día. –Todos rieron por el tono exaltado de la pelinegra, que después de mirarlos amenazante, se echó a reír también.
-Primero lo primero, Pansy, necesitamos parejas. –contestó Daphne mirando significativamente a Theo, que al parecer captó rápidamente la indirecta y se puso a observar a sus costados, buscando ayuda. No era secreto entre los Slytherins y ahora para Hermione, que a Daphne le gustaba Theo, pero que a él, ella no le causaba ni la menor gracia, por el mismo hecho de que en algún momento, ellos dos tendrían que casarse.
-Eh, es cierto, necesitamos parejas. –dijo Theo, clavando la mirada en Pansy. –Yo ya tengo la mia.
-¿Quién es ella? –chilló Daphne clavando la mirada en Theo.
-Pues Pansy, iré con ella, si acepta claro. – todos reprimieron una carcajada al ver la cara de Pansy, la expresión de Daphne y la sonrisa triunfal de Theo.-¿Qué dices?
-Bien, pero si te vas con alguna Ravenclaw sabelotodo de las que te gustan, te maldigo en plena fiesta. –lo amenazó Pansy. La risa fue mayor esta vez, e incluso Daphne se unió a ellos, con su musical carcajada de señorita sangre pura.
-¿Y tú con quien irás, Hermione? –le preguntó Theo
-Aun no lo sé, quizás ni siquiera vaya, con lo mala que soy bailando. –declaró la aludida ruborizándose.
-Ira conmigo. –un silencio abrumador se apoderó de la mesa de Slytherin y luego de todo el comedor, y todos clavaron la mirada en Ronald Weasley, que estaba parado detrás de Pansy, mirando a Hermione a los ojos. -¿Aceptas, Hermy?
-Te equivocas, comadreja, Hermione irá conmigo al baile de Halloween. –la varonil y clara voz de Draco provocó la estupefacción de todos en el comedor. –Al fin y al cabo, ella ya aceptó.
-Es verdad, Ronald, Draco me invitó apenas McGonagall dio el anuncio. - Hermione le dedicó una mirada de suficiencia a Ron, y asintió tomando la mano de Draco anta la mirada insólita de todos y la divertida de los Slytherin. –Así que tengo que decirte que no.
Nunca creyó que ella rechazaría una invitación a un baile hecha por Ron, porque había estado enamorada de él hace casi tres años, sin embargo eso que fluía en su interior y se unía a Ron había desaparecido, para ser suplantado por otro algo que la ataba a Draco. Era extraño, ser amigos con algunos momentos de enemistad, para necesitarlo al momento siguiente. Mientras caminaba en silencio hasta la Sala de los Menesteres, pensaba en todas esas cosas, y se sorprendía de si misma al notar que en realidad se sentía mejor con Draco que con Ron.
Cuando volteó el recodo hacia la izquierda, se sorprendió al ver a una figura irreconocible en el escasamente iluminado pasillo, pero cuando avanzó unos pasos, supo que todos esos chales y collares de cuentas pertenecían a la profesora Trelawney, pero ella no se movía, parecía petrificada en su lugar, incluso su respiración era imperceptible. Hermione avanzó y posó una de sus manos en el hombro de la profesora, y la sacudió intentando lograr que ella reaccionara.
-Profesora, se encuentra... –Pero no pudo terminar de decir lo que estaba diciendo, porque la mujer, en un rápido movimiento le tomó de la muñeca y la aló hasta que ella estuvieron frente a frente. Solo entonces, se dio cuenta de que la extraña mujer estaba temblando de los pies a la cabeza, y cuando alzó su vista hasta el rostro de ella, tuvo que reprimir un gemido de horror. En los ojos de Trelawney no había pupilas, como si ella estuviera mirando hacia dentro de su cráneo, tenía una expresión de horror en el rostro. Y comenzó a hablar.
"La decisión ha sido tomada, ella seguirá al que no debe ser nombrado, pero solo ella logrará el triunfo de la luz. La varita de acebo será cambiada por la varita de vid, empuñada por el elegido y entregada por la pieza más valiosa de las tinieblas. Solo la vid es más noble que el acebo"
Las últimas palabras salieron casi como una tos, y cuando terminó de profetizar, los ojos de Sibyll Trelawney volvieron a mostrar el azul grisáceo que debía tener.
-Oh, ando un poco distraída, ¿Dijiste algo cariño? –era distinta, la voz con la que habló durante la profecía era mística y aterradora, en cambio ahora volvía a usar su voz lánguida pero bella. Hermione negó con la cabeza y se apartó un poco, y observó cómo su profesora de Adivinación caminaba con una botella de jerez en mano hasta perderse de vista.
Las piezas de ese misterio habían encontrado por fin su lugar en la cabeza de Hermione. Ahora comprendía la amabilidad de los Slytherin, ahora entendía ese cambio de actitud. Y lo peor de todo es que sabía que si no lo hacía, Harry nunca podría derrotar a Voldemort.
Mierda.
Holitas gente!
Aquí DeinoO reportándose con un nuevo capítulo, este es mi regalo para seddielovenathan, que me sigue y me comenta cada que puede.
Como verán, las cosas se están poniendo de color hormiga para Hermione, ya se cayó el telon y sabe que está pasando, pero ahora podrá dejar de lado sus sentimientos por Draco?
Un agradecimiento especial para todo aquel que lea mis fics, porque en este momento es justo cuando mas me enorgullezco de ser capaz de escribir así!
Un beso grande para ustedes y sepan que son mi Motor y Motivo.
DeinoO
DEJENME UN REVIEW Y CUENTENME QUE LES PARECIÓ EL CAPITULO, SI FUE MALO, BUENO O SI DE PLANO NO SIRVO PARA ESTO!
