¡Nuevo capítulo salido del horno! Se me cumplió el poder escribir más.
Yenapa: No creo que él esté muy de acuerdo XD
IX
Sangre de Dragón
-¡Maravilloso! Temía que se hubiera perdido para siempre.- a Lucano le brillaron los ojos al ver la Garra sobre el mostrador.- Toma esto, debería compensarte por las molestias.
-Sí… Un placer.- sonrió Isildë y tomó la bolsa que le ofrecían.
Sirion salió de la tienda tras ella, ya había atardecido para cuando alcanzaron Cauce Boscoso y anocheció en el tiempo que tardaron en terminar el trabajo.
-Vayamos a la posada.- dijo Isildë con voz cansina.
-¿No volverás con Gredur?
-No, ya he abusado bastante de su hospitalidad.
La posada despedía un olor a alcohol, madera quemada y el ambiente se llenaba con la alegre cháchara de la gente que llegaba a beber algo después de un día de faena. Isildë pasó rápidamente y pagó por la habitación principal y una individual y le indicó a Sirion que la siguiera a la principal. Tomaron asiento en la mesita que había dentro, la elfa contó las monedas que le habían dado, metió un tanto en una bolsa y se las dio a Sirion.
-Te lo ganaste.- le sonrió.
-Gracias. ¿Qué sigue?
-Tengo una corazonada respecto a ti, así que mañana iremos a Carrera Blanca.- dijo mientras se quitaba la capa.
-Te hirieron…
-Un rasguño.- se retiró la armadura y se levantó la manga de la blusa. Hizo una mueca cuando la tela se despegó de la piel a medio cicatrizar.- Tenemos que ver a Farengar.
-¿Quién es Farengar?- Sirion frunció el entrecejo al ver la herida.
-El mago de la corte del jarl.- tomó la jarra con agua limpia que había sobre la cómoda y colocó una cubeta en el suelo, junto a ella.
-¿Lo conoces?
-No, pero solía escuchar a Wuunferth quejarse de él.- colocó el brazo sobre la cubeta y comenzó a limpiar la herida con el agua de la jarra.- Bueno, no es como si quejarse fuera algo poco habitual en él.- Sirion levantó una ceja inquisitiva.- El hechicero de la corte de Ulfric.- aclaró.
-¿Y él que tiene que ver?
-Por lo que decía Wuunferth, el tipo es un fanático de los dragones y estaba en medio de una investigación de algo al respecto, seguro que podemos sacarle algo si le muestras la tabla que encontraste.
Sirion la colocó sobre la mesa y la examinó.
-¿Alguna teoría?
-No te quiebres la cabeza, niño. No sacarás nada en claro.- comenzó a vendarse el brazo.
-Ya…- el khajita guardó silencio unos instantes.- Hace rato ibas a decir que yo era algo. ¿A qué te referías?
Isildë lo pensó un momento, acomodó la manga de su blusa y habló.
-Existe una leyenda, el Sangre de Dragón. Dovahkiin.
-Algo he oído, pero no había prestado demasiada atención.
-Pues eso. Alguien con sangre de dragón en sus venas, capaz de hablar su lengua y gritar con la misma fuerza que ellos.
-Y si lo soy…
-Si lo eres lo sabremos en su momento, espera a escuchar lo que Farengar pueda… o quiera decirnos.
Sirion suspiró y se echó atrás en la silla.
-No te atormentes ahora. Ve a descansar, come algo, mañana temprano partiremos.
-Claro… Descansa.- y salió de la habitación algo cabizbajo.
-Igual.- murmuró Isildë.
Una vez que se quedó sola, se recostó en la cama con la ropa que llevaba bajo la armadura, miró la pipa que se asomaba del bolsillo de la capa, había perdido el tabaco en la redada de Helgen. Suspiró y se tumbó sobre un costado.
-Andando, vas a quedarte atrás.- apuró Isildë.
-Es demasiado temprano…- bostezó Sirion.- ¿Era necesario..?
-Sí que lo era, hay mucho que hacer y poco tiempo.- la elfa caminaba ligera y con pasos largos. Los primeros rayos de sol le arrancaban brillos castaños del cabello y se reflejaban en el pelaje gris y blanco de Sirion, había cambiado la armadura de Capa de la Tormenta por una de cuero con el dinero que Isildë le había dado.
Sirion bufó y mordisqueó la manzana que llevaba en la mano. Después de un rato caminando, el silencio comenzó a pesarle de más a Sirion.
-¿Cómo sigue tu brazo?
-Mejor.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Mmph…
-¿De qué se conocen tú y el jarl Ulfric?- agachó un poco las orejas a la espera de un grito.
-De una coincidencia.- respondió con voz inexpresiva.
-¿Ah, sí?
-¿Por qué el interés?
-Bueno, si el jarl fue en persona a buscarte debes ser alguien importante.- Isildë guardó silencio unos minutos.- Oye, si es algo delicado no tienes que…
-Soy la guardia personal que contrató, hubo un cambio de intereses y mis servicios ya no fueron requeridos, eso es todo.- interrumpió con tono casual y relajado.
Sirion se sintió en confianza.
-Entonces, ¿por qué te buscó después?
-¿Le debía dinero? Pateé a su perro, ofendí su honor, tú elige. Realmente no tiene importancia.
Sirion alzó una ceja escéptico, pero no preguntó nada más.
Cuenca del Dragón se alzaba orgullosa en lo más alto de Carrera Blanca. Era una hermosa vista pero Isildë no se había parado ni un minuto desde que habían partido de Cauce Boscoso. Sirion la seguía de cerca. El empedrado sonaba bajo sus botas y el aire fresco arrastraba el olor a hierba y flores. A lo lejos, en las planicies cercanas un grupo de guerreros combatían un gigante, Sirion alzó las orejas al ver la escena.
-Déjalo, tenemos prisa.- dijo Isildë sin mirarlo.
Sirion frunció el ceño.
-¿Cómo sabes...?
-Tengo sentidos agudos.- sonrió ella.
Al llegar cerca de la entrada, que estaba custodiada por un par de guardias, Isildë detuvo al khajita.
-Déjame hablar a mí, ¿de acuerdo?
-Todos tuyos.
Al acercarse un guardia dio un paso al frente.
-¡Alto! ¿Qué asunto tienen una elfa y un khajita en Carrera Blanca? Supongo que saben que los gatos tienen prohibida la entrada.- soltó con un dejo de malicia.
-Hemos sido testigos del dragón que atacó Helgen, aparentemente se alejó, ¿pero quién les asegura que no vendrá hacia acá? ¡Pero qué digo! Su jarl seguramente ya ha tomado las precauciones necesarias para enfrentar a la bestia, ¿cierto?- soltó ladinamente la elfa.
Los guardias se miraron nerviosamente el uno al otro.
-Está bien… Pero vigílale las manos a tu amigo o me encargaré de que se pudran los dos en prisión.
Les abrieron las puertas y les cedieron el paso.
-Increíble…- murmuró Sirion con una sonrisa ladeada.
-No es nada, sólo debes saber cuáles botones pulsar.- le devolvió la sonrisa Isildë.- Además, no son los más listos que digamos…
Sirion rio levemente. El ambiente estaba lleno de los gritos de los vendedores en la plaza central, las conversaciones, el ruido de la fragua en la entrada. La gente iba y venía ocupada en sus deberes, saludándose los unos a los otros, pero sin detenerse más de lo necesario. Los niños correteaban y sus gritos se alzaban sobre el ruido, las mujeres más ancianas se sentaban a charlar. Sirion alaba las orejas y prestaba atención a todo lo que se movía aquí y allá.
-¿Mucho tiempo sin entrar en la ciudad?
-Ni en esta ni en ninguna en realidad.- sonrió Sirion.
-Es un mundo cruel.- respondió casualmente la elfa.- Disfruta la vista, será una de las más bonitas que verás. Cuando lleguemos allá quiero que hables tú.
-¿Yo?- se alarmó el khajita.
-Sí, yo llamaría demasiado la atención. No digas que nos iban a ejecutar o entonces sí que nos ejecutarán. Balgruuf tiene malas pulgas, pero sabe escuchar.
Cruzaron el puente que llevaba a Cuenca del Dragón, abrieron las puertas y avanzaron tranquilamente hasta presentarse frente al jarl. Isildë se adelantó e hizo una reverencia. Irileth tomó su espada disimuladamente.
-Jarl Balgruuf, un honor.
-Disculpa, pero el jarl está muy ocupado. Ve al grano.- soltó rudamente la edecán del jarl lanzándole una mirada fulminante a la elfa.
-Bien, soy Isildë y este de aquí es mi aprendiz.- tomó del brazo a Sirion colocándolo frente a ella.
-Fuimos testigos de un ataque de dragón en Helgen.- apresuró Sirion tratando de mantener la firmeza en la voz. Isildë bajó un escalón.
-Entonces, los rumores son ciertos…- murmuró Balgruuf.- ¿Qué estaban haciendo en Helgen? ¿Cómo sucedió?
-Viajábamos hacia Falkreath pero tuvimos que escapar hacia Cauce Boscoso.- contuvo la respiración.- Cuando caminábamos por las calles el dragón se detuvo en una torre y comenzó a destruir todo a su paso. Escapamos después de eso.
-Ya veo…- el jarl se reclinó en el trono mientras se acariciaba la barba, reflexionando.- Ve a ver a Farengar, tiene una investigación en curso, todo lo que puedas decirle será valioso.
-Claro.- hicieron una reverencia y Sirion le tomó el brazo a Isildë al dirigirse a la habitación contigua.
-Bien hecho.- le sonrió Isildë por lo bajo.
-¿Farengar?- se anunció Sirion al entrar al estudio del mago.
-¿Sí?
-Disculpe pero nos envía el jarl, vimos el dragón de Helgen y el jarl creé que podría ayudar con su investigación.
-¿Ah, sí?- Farengar alzó la vista de sus documentos.- Bueno, a decir verdad me vendría bien alguien como tú para hacer un encargo. Con encargo quiero decir ir al Túmulo de las Cataratas Lúgubres a recuperar una tablilla.
-¿Se refiere a esta?- Sirion le mostró la piedra tallada que había encontrado anteriormente.
Farengar la tomó con cuidado y la examinó.
-¿Cómo la conseguiste? Bueno, no importa.- agitó la mano como descartando su propia idea.- Vamos a echarle un vistazo…
Una mujer encapuchada y con una armadura desgastada entró a la habitación.
-Lo lamento, ¿los interrumpo?- saludó.
-¡Ah, hola! ¡Qué oportuna! Nuestro amigo aquí se ha encargado de traernos esto.- saludó Farengar animadamente.
-La Piedra del Dragón…- miró a Sirion.- ¿Entraste solo a recuperarla? Buen trabajo.
Sirion sólo asintió sin tener mucha idea de lo que ocurría.
-¿Sabes lo que esto significa? Con esto al fin podremos…
-¡Farengar! Tienes que venir rápido, un dragón ha sido avistado cerca.- interrumpió Irileth entrando precipitadamente.- Tú también.- miró a Sirion con desagrado.
-¡Un dragón! ¡Qué emocionante!- murmuraba Farengar mientras caminaban deprisa siguiendo a la edecán.
Subieron las escaleras que estaban a espaldas del trono para llegar a una sala de reunión, donde el jarl ya interrogaba a un soldado.
-Lo vi en la torre oeste.- decía esta con voz temblorosa.
-¿Estaba atacándola?- Balgruuf fruncía el ceño con preocupación.
-No, no… Sólo la sobrevolaba, corrí tan rápido como pude hasta aquí cuando tuve oportunidad.
-Has hecho bien. Ve abajo a descansar y comer algo, te lo has ganado.- instruyó el jarl.- Irileth, necesito que vayas con tus hombres a revisar la torre, tenemos que asegurar la protección de la ciudad.
-Sí, señor.
-Y… Esta no es una misión de gloria o muerte, necesitamos averiguar tanto como podamos de ese dragón.
-No se preocupe, soy la precaución encarnada.- respondió la dumner con solemnidad.
-En cuanto a ti, no tenemos tiempo para ceremonias, amigo.- se dirigió el jarl al khajita.- Necesito tu ayuda, sobreviviste a Helgen así que alguna ventaja tendrás en esto.
-Haré lo que esté en mi mano, señor.- respondió Sirion.
-Bien, ve con Irileth y ayúdala en lo que puedas. Tú deberías acompañarlo también, si puedes pelear.- se dirigió el jarl a la Isildë mirando la venda sobre sus ojos.
-Será un placer.- respondió ella con una sonrisa y media reverencia.
Se retiraron de la estancia y del palacio y anduvieron con paso veloz hacia la entrada de la ciudad. Irileth y sus hombres los aventajaban por algunos metros.
-¿No deberíamos alcanzarlos?- preguntó Sirion una vez que habían dejado el portón.
-Nah, si matan a alguien, ellos irán por delante.
El khajita no supo si debía escandalizarse o reír.
La gente se había retirado al interior de sus casas por órdenes del jarl, por lo que el camino hasta las planicies estaba despejado. Siguieron el camino hasta llegar al pie de la torre, donde la guardia de Irileth aguardaba.
-No veo nada.- murmuró Sirion mientras la edecán daba instrucciones.
-Está aquí.- susurró Isildë, Sirion se tensó.
-¡Busquen sobrevivientes!- ordenó Irileth.
Caminaron entre los trozos de muro que yacían tirados aquí y allá, el fuego que aún ardía consumiendo la hierba soltaba columnas de humo. Isildë entró en la torre y Sirion la siguió.
-No, tú quédate aquí abajo, necesito que lo ataques desde tierra.
-¿Desde tierra?- la voz le tembló.
-Tranquilo, no lo harás solo.- señaló con la cabeza al resto de soldados. Sirion asintió.
La elfa subió las escaleras de caracol hasta llegar a la azotea de la torre. Después de asegurarse de estar completamente sola, bajó sus vendajes y preparó el arco con una flecha envenenada. Un silbido cortó el aire.
-¡Aquí viene!- gritó uno de los soldados.
El dragón sobrevoló la cabeza de Isildë y descendió levemente mientras lanzaba fuego hacia el suelo. El rugido siguiente le perforaba los oídos a Isildë pero se mantuvo firme. Sirion se ponía a cubierto mientras los arqueros disparaban sin mucho éxito. El dragón se quedó inmóvil en el aire durante un momento e Isildë aprovechó para dispararle, la flecha le hirió un ojo al reptil quien chilló y descendió al suelo mientras agitaba la cabeza intentando librarse del ardor que le producía el veneno. Sirion se lanzó a la carga junto con un par de soldados más. El dragón dio un golpe con la cola y logró derribar a todos menos a Sirion y un soldado más, el reptil abrió las fauces intentando alcanzar al khajita, quien tropezó y con una mirada de horror alzó la espada y se clavó en el paladar del dragón. Sirion terminó de empujarla adelante, cuando la bestia se quedó inmóvil, la lanzó a un lado evitando que lo aplastara.
Isildë bajó de la torre a tiempo para ver la carne del dragón desintegrarse en medio de extrañas luces que después fueron absorbidas por Sirion, que lucía bastante más que desconcertado. Volvió a colocarse la venda. Los guardias comenzaron a acercarse a él.
-Eres… tú.
-¿Yo?- retrocedió levemente.
-El Sangre de Dragón, el héroe de las leyendas.
-No, no, debe ser una coincidencia.- apresuró él sintiendo el peso de las miradas encima.
-No lo creo, la leyenda decía que se trataba de alguien capaz de robar el poder de los dragones.
-Intenta gritar como lo hacen ellos, se supone que es una cualidad innata del Sangre de Dragón.- dijo otro guardia.
-¿Gr-Gritar?- buscó nervioso a Isildë, quien en la lejanía y sintiendo su mirada simplemente se encogió de hombros, como restándole importancia.
Sirion inhaló profundamente y se maldijo porque sabía lo ridículo que se vería al gritar con todas sus fuerzas. Realmente, ni siquiera sabía qué era lo que debía gritar exactamente así que simplemente dejó la mente en blanco.
-¡FUS!- y una onda de color azul atravesó el campo hasta desvanecerse. El propio Sirion abrió los ojos como platos. Isildë sonrió para sí.
-El Sangre de Dragón… No puedo creerlo.- murmuró un guardia.
-Pero… ¿un khajita? ¿Cómo..?
-No nos corresponde a nosotros juzgar los designios de los dioses. Él puede gritar y robar sus poderes, por lo tanto, tiene que ser él.- zanjó un soldado.
El khajita se sujetaba las manos con las orejas gachas demasiado abrumado como para saber qué responder.
-¿Tú que piensas, Irileth? No has dicho nada…
-Todos ustedes deberían fiarse más de la fuerza de sus armas que de leyendas.- se colocó en medio del grupo mirando con desagrado a Sirion.- Algo es seguro, aquí tenemos un dragón muerto, lo que significa que podemos matarlos. Sangre de Dragón o no, me basta con alguien que pueda hacerles frente.
-Tú no lo entiendes, Irileth, no eres nórdica.
La mano delgada de Isildë tomó el hombro de Sirion.
-Vámonos, no tenemos nada más que hacer aquí.
Comenzaron a andar dejando atrás los murmullos de los guardias.
-Sangre de Dragón… ¿Qué significa?
-Significa que ahora tendrás la atención de Skyrim sobre ti y, con ello, enemigos. Ahora más que nunca tienes que ser discreto y aprender a defenderte.- decía la elfa.
-Pero… ¡Pero yo no sé nada sobre esto! Quiero decir, técnicamente, ni siquiera debería estar aquí.- soltó atropelladamente el khajita.
-Pues ahora lo estás y no hay vuelta atrás.- le sonrió.- Ahora eres toda una celebridad.
-Muy simpática…- renegó él.
El sol caía ya entre las nubes cuando alcanzaron las puertas de la ciudad, la gente del mercado comenzaba a juntar las cosas de sus puestos y el resto se marchaban a la posada, a El Cazador Ebrio a tomar una copa o se retiraban a sus casas con sus familias. Sirion justo comenzaba a relajarse después del alboroto que había causado cuando un trueno hizo vibrar las ventanas y rompió la tranquilidad.
-¡DOVAHKIIN!- se alcanzó a escuchar dentro de aquél trueno.
-¡¿Qué fue eso?!- se alarmó Sirion.
-Nuestra primera llamada de atención.- Sirion tenía los ojos abiertos de par en par y las orejas gachas esperando mayor explicación de Isildë. Ella sólo le sonrió.- Andando, vamos a cenar y a dormir. Mañana temprano, partimos hacia Paraje de Rorik.
-¿Paraje de Rorik?- Isildë continuó hacia la posada.- ¿Isildë? ¡¿Para qué?!- y echó una carrerilla para darle alcance.
