Sam miró el reloj por tercera vez aquella mañana. Estaba nervioso, no le hacía gracia dejar a Dean sólo para que fuera en busca de Mickie, al fin y al cabo no sabían de lo que era capaz, por mucho que quisieran ayudarle, tal vez él no se lo tomara así. ¿Por qué estaban ayudando al tipo que había dejado embarazada a su hermana sin ella saberlo? Sam estaba convencido que no se lo merecía, no deseaba volver a verlo nunca más, porque de tener la oportunidad, lo mataría con sus propias manos.
"Todo va a salir bien Sam, ya lo verás. Sigo convencida de que Mike no es un mal tipo. Tal vez haya cometido algún error, pero en el fondo, está asustado por su hermano y no quería hacernos daño."
"¿Algún error dices? Creo que dejarte embarazada es algo más grande que un simple error." Sam miró de nuevo el reloj, ya habían pasado casi dos horas desde que Dean se había marchado y todavía no había dado señales de vida. Eso no podía ser bueno.
"Bueno, tal vez podemos darle un poco de confianza. ¿Qué serías capaz de hacer tu si Dean o yo estuviéramos en peligro?" Sam apartó la mirada de su hermana. Comprendía muy bien sus palabras, pues sabía lo que había hecho Dean por salvarle la vida. Lo había visto morir en sus brazos porque había entregado su alma por salvarle.
Además, había dejado apartada toda su vida, por el simple hecho de que ellos pudieran ser felices. Sacrificar su vida era mucho más de lo que ni Sam ni Julie le hubieran pedido nunca y desde luego no sabía como iba a poder devolvérselo cuando llegara el momento.
"¿y que hay de tu nueva habilidad?" Dijo Sam para cambiar de tema, pues hablar de los sacrificios de su hermano, no le hacía sentir nada bien.
"Ah, seguro que es cosa del bebé. Si esos tipos pueden hacerle daño a distancia, puede que también pueda escucharles él." Julie sonrió, pero por mucho que sabía fingir delante de extraños después de tantos años con su padre y sus hermanos; no había forma de que Sam se tragara eso.
"Julie, no es el bebé y lo sabes. De lo contrario no habrías podido escuchar los pensamientos de Dean." La mirada de Sam se encontró con la de su hermana. Los ojos verdes de al chica eran los mismos que los de su hermano y aquella forma de mirar con la cabeza baja, siempre significaba lo mismo para los dos. "Lo se, es normal que te de miedo, pero puedo ayudarte."
"No tengo sangre de demonio dentro de mi." Dijo con rapidez la chica tensando su cuerpo. Siempre lo había pensado, siempre se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que Azazel fuera a por ella después de matar a su madre. Por afortunadamente nunca había pasado. "No se por que Azazel mató a mi madre, tal vez fue casualidad." Julie se levantó de la mesa y sin decir nada salió de la cafetería. Ninguna de las personas que había allí se fijaron en ella, tan sólo Sam la miró y fue tras ella.
Julie estaba apoyada en el coche, cruzada de brazos mirando a la nada. "No lo fue, lo más seguro es que al detenerle, al matarle en el cementerio le impidiéramos terminar el trabajo que había empezado."
"¡No soy como tu! ¡No soy la nueva generación de anticristo!" Nada más decir eso, la chica se arrepintió de haberlo hecho. Se mordió el labio con fuerza, tanta que casi se hizo una herida. "Lo siento Sam, no lo he dicho en serio.
"Lo se." Julie se abrazó a su hermano. Llevaba meses, años incluso guardando aquella desesperación en su interior, aquella duda que a lo mejor jamás lograría quitarse de al cabeza. "Lo se."
"Bueno, en realidad. No quiero hacerte daño, por eso nunca lo he dicho." Sam le secó las lágrimas habían comenzado a caer por sus mejillas. "Estoy aterrada Sam, tengo miedo desde que supimos porque tenías poderes y quien era el responsable de la muerte de mi madre. Siempre he estado pensando que pasaría si era yo la elegida para los planes de Azazel."
Sam la escuchaba en silencio. Siempre había sabido que pese a ser una chica alegre y llena de vida, cuando se trataba de algo personal Julie siempre se lo guardaba dentro. La chica sabía perfectamente que podía confiar en sus hermanos, que estaban con ella para lo que quisiera. Pero algo le había hecho siempre, esconder sus sentimientos y Sam siempre se había preguntado cual había sido el motivo para ello.
Durante que conoció la existencia de su hermanita, desde su padre la puso en sus brazos por primera vez, Sam sintió algo muy especial por ella. Tal vez fue la sensación de que por fin podía cuidar de alguien, que ese pequeño bebé de ojos verdes que le miraba y parecía tan tranquila con él, necesitaba a alguien que velara por su seguridad y ese era él.
Él tenía a Dean, su hermano haría cualquier cosa por él y ahora Julie podía contar con Sam. Por eso Sam siempre había deseado hablar con su hermana, que le contara todos sus problemas en el colegio, todas sus dudas conforme iba creciendo y que he hablara de los chicos que le gustaban, los que le habían hecho feliz y los que le habían roto el corazón.
Pero Julie nunca lo hizo, se comportó con sus hermanos y con su padre como si hubiera colocado una barrera invisible entre su mundo y sus sentmientos y el resto, incluida su propia familia. Tal vez fuera la estricta educación de su padre o que los trataba de forma distinta a ellos que a la pequeña Julie. Según John y aunque nunca lo hubiera dicho en voz alta, sus dos hijos mayores estaban destinados a seguir sus pasos y convertirse en cazadores, mientras Julie tenía que ir a la universidad y tener una vida normal. John nunca le preguntó a su hija si eso era lo que ella quería realmente. Sino que tal y como hacía siempre, John Winchester dio las cosas por hecho.
"¿Qué pasa si es el bebé? Si ese grupo de sabios sabe quien soy y decide terminar lo que Azazel comenzó. Tal vez por eso quieren a mi bebé." La necesidad de llora obligó a Julie a dejar de hablar.
Hacerse la fuerte se le daba realmente bien, llevaba años practicando. Pero en ese momento no pudo continuar haciéndolo, había aguantado demasiados días intentando no derrumbarse; había asimilado la realidad de convertirse en madre en pocos meses y había comprendido que ni ella ni el bebé estaban seguros. Si lo había comprendido, pero eso no quería decir que lo hubiera aceptado y ya era hora de dejarse caer, sabiendo que su hermano frenaría su caída.
"Julie, escúchame." La chica respiró profundamente. "Tu bebé va a ser un niño completamente normal; bueno siempre y cuando no salga a Dean." Julie sonrió, olvidándose por un momento lo mal que lo estaba pasando. "Sólo con que sea la mitad de encantador que tu me conformaría." Le acarició la mejilla con el dorso de la mano y de nuevo la vio sonreír.
"Sam dime una cosa ¿Estás seguro que vas a poder soportar a una embarazada, aterrada con las hormonas a flor de piel?"
"Llevó más de veinte años al lado de Dean y todavía sigo aquí, no creo que tus ataques de ansiedad vayan a ser mucho peor que verlo en el coche con dos mujeres a la vez." Los dos hermanos rieron la mismo tiempo y un segundo más tarde Julie abrazó Sam con fuerza.
"¿Sabes que Sam? ¿Por qué no vamos a esa librería que vimos el otro día? Quiero comprarme ese libro sobre duendes que vimos en el escaparate." Sam le ofreció la mano y ella como si volviera a ser la niña que acompañaba a todas partes a su hermano mayor la tomó sonriendo.
- o -
Dean golpeó por segunda vez en la puerta. Sabía que al menos Mike estaba en el piso, lo había visto entrar diez minutos antes y no había forma de salir sin que Dean lo supiera. Si tenía que llamar una tercera vez tiraría la puerta abajo; estaba cabreado con aquel tío, si alguien hacía daño a su familia, no quedaba impune. Sin más.
"Mike saca tu asqueroso culo de ese apartamento porque si tengo que ir a por ti, te aseguro que no te gustará." Un ruido de pasos escuchó dentro.
"Vete de aquí Winchester, te dije que me dejaras en paz si querías mantener a salvo a Julie y al bebé." Para sorpresa de Dean, la voz del chico ya no sonaba tan prepotente como la última vez que se habían enfrentado. Tal vez, después de todo, Julie tuviera razón con lo de su hermano en peligro.
"Se lo de tu hermano. Se que esos tipos lo tienen y te están obligando a hacer esto." No hubo respuesta, lo cual aceptó como algo positivo. "Sabes, después de todo no creo que seas un mal tío, incluso creía que serías bueno para Julie."
"No lo creías. No intentes ganarte mi confianza de esa forma, se te da muy mal." Dean estuvo tentado a destrozar la puerta en ese mismo momento, pero se contuvo y no lo hizo.
"Maldita sea Mike, si tu hermano está en apuros ¿Cómo puedes seguir hablándome así? Lo sabemos todo, lo de los labios, lo del demonio, el motivo por el que dejaron embarazada Julie y que obligaron a ir con ellos a cambio de la seguridad de tu hermano.
Durante un momento no se escuchó nada y Dean temió haber perdido su oportunidad de hacer aquello por las buenas. Pero un instante más tarde, la puerta quedó entreabierta.
"¿Puedes ayudarme a recuperar a mi hermano?" Dean entró en el pequeño apartamento, Mike estaba delante de él, la expresión asustada, no dejaba de mover las manos y no mantenía la vista fija en un solo punto más que unos pocos segundos. "Sólo es un crío, no tiene más que dieciséis años, le encanta el instituto y estaba a punto de conquistar la chica que le gusta desde segundo."
"Haremos todo lo que podamos por protegerte a ti y por ayudar a tu hermano. Pero tienes que venir conmigo antes de que encuentren." Dean había entrado hasta el cuarto de estar del apartamento cuando se dio cuenta de su grave error, cuando ya era demasiado tarde.
"Lo siento Dean, pero mi hermano es demasiado importante para mi." La expresión del chico se hizo mucho más apesadumbrada.
"¿Mike que has hecho?"
"Sólo ha sido un buen hijo." Dean se dio la vuelta con el arma ya desenfundada. Delante de él había un hombre mayor, que debía de rondar los sesenta años. Llevaba puesta una túnica que le llegaba hasta los pies y una horrible sonrisa se dibujaba en su rostro.
"Deja ir a Scott ahora papá. Él no sabe de que va todo esto, no tienes porque meterlo también." Mike hablaba en serio. Estaba asustado y muy preocupado, de eso no le cabía ninguna duda a Dean. "He hecho todo lo que me has pedido y yo sólo te ruego que dejes a Scott ser un chico como los demás, justo como no pude ser yo."
"¿Quién es usted?" Dean apuntó al hombre con el arma, pero no se inmutó lo más mínimo. "¿Es usted el culpable de lo que le está ocurriendo a mi hermana?" El hombre rió.
"¿Yo? No hijo, yo tan sólo soy el heraldo de mi señor y él volverá a este mundo cuando el bebé que tu hermana lleva en su interior venga al mundo. Por favor Dean, eso no te va a servir de nada."
El hombre movió la mano y el arma de Dean salió disparada de su mano. "¿Tu también eres un demonio?"
"Que más quisiera pero no. Espero ser recompensando con eso alguna vez, pero momento tan sólo acato órdenes y llevarte conmigo es la misión que me ha sido encargada ahora."
"No voy a ir contigo a ningún lado."
"Respuesta incorrecta Dean, puede que no quieras venir, pero lo vas a hacer." El hombre movió otra vez la mano y cuando quiso darse cuenta una energía proveniente de ninguna parte tiró de Dean hasta que su cuerpo chocó contra una mesa, destrozándola en su caía.
Todavía estuvo consciente un momento más, en el que pensó en Sam y en Julie, lo que aquellos tipos querían de él y en lo que estarían pensando en hacerle a su hermana. Les había fallado, como siempre, de nuevo había fracasado en su intento por proteger a su familia.
