e.e oh…deben odiarme…mucho y con razón xD

Las que leyeron no digan nada -3-U sé que sabían que venía esto…y por última vez en este fic: ¡Gracias por sus reviews!

Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen.

Lo siento Toushiro pero esto ya no va para más, es verdad lo que tenemos es muy especial pero…ya no quiero, ya no te amo.

La figura de Hinamori enfrente de él parecía un espejismo, debía serlo, ella no…no podía estar diciéndole esas palabras.

Hay alguien más…

Las penumbras del corazón

Epílogo

Se despertó sudoroso y con su respiración agitada, miró a su alrededor y estaba en su cuarto con su ropa de dormir, suspiró aliviado, un sueño, una pesadilla más bien. Llevó una mano a su rostro para despejarse un poco, ese maldito sueño había hecho que se formara un gran nudo en su garganta, bufó molesto intentando olvidarlo. Después de todo, tan solo una Hinamori creada por la parte más vil de su mente podría argumentar tan hirientes palabras.

Sin más remedio, sabiendo que no podría dormir y confirmando que su despertar se había anticipado una hora, se levantó a preparase para "otro día más". Después de pegarse una merecida ducha de agua helada, ya que extrañamente la temperatura estaba muy elevada en ese día de invierno, se vistió y amarrando a Hyorinmaru a su espalda se estaba por retirar pero algo lo detuvo, por poco y olvidaba el objeto que en ese día era muy importante.

Ya había llegado el medio día y no había podido firmar ni un solo papel, y eso que era fácil, tan solo leer y firmar. Sin embargo su mente se mantenía en cosas más importantes en ese momento, no en el tonto papeleo que podría hacerlo cualquier otro día. No, este día, no podía dedicárselo a esas hojas de papel.

Resultaba ser que en esa fecha se cumplía el aniversario de primer año de novios con Hinamori, no podía creer que había durado un año ¡un año! Era verdad, la amaba, pero de tantas cosas que habían pasado creyó que ella lo terminaría dejando…

El otoño, una bella estación donde puedes ver muchas hojas secas, en los árboles o en el suelo. Esa es una relajante vista, depende a quién le preguntes...en ese momento, en ese preciso momento, para Hinamori Momo era algo estresante ¿es que algo más podía pasarle ese día? Hirako le había dado el día libre, pero eso sólo requería no hacer del papeleo y dejar a los novatos a su suerte, y ahora que su Shiro estaba con mucho trabajo entonces debía dedicarse a limpiar de su escuadrón, ya que lo había invitado a comer allí.

Su idea iba muy bien, hasta que los problemas tocaron a la puerta de su casa. Primero quemó toda el almuerzo porque debió ayudar al pobre de su capitán a que no muriera a manos de su esposa, sí, se habían casado. Algo que fue muy peculiar ¿pues cuándo ves a una pareja golpearse y hacer una guerra de comida con su propio pastel de bodas? A parte de eso, cuando finalmente pudo hacer el magnífico almuerzo que su novio merecía, se le olvidó colocarse aquel collar que él le había regalado junto con aquel peluche de dragón, capaz para muchos e incluso para Hitsugaya eso era insignificante pero ella insistía en siempre llevarlo en ocasiones especiales. Y para ella, cualquier momento en que estaba con el capitán del diez, era especial.

A decir verdad ya debería estar aquí— se dijo para sí Momo barriendo algunas hojas.

¡Teniente Hinamori!— la voz de uno de sus subordinados la sacó de su ardua tarea, obligándola a voltear, encontrándose con un nuevo recluta de su escuadra, con… ¿flores y chocolates?

E-eh…gracias— dijo algo sonrojada pero a la vez alegre recibiendo lo que prácticamente le fue obligado a tomar. Le sonrió con confianza, era tan lindo con ella y decir que hacía un par de meses los miembros de su escuadra, y de casi todo el Seretei, querían echarla.

De nada, es un pla…cer— las palabras del shinigami se cortaron al ver como sus regalos hacia esa hermosa chica que estaba como su superior eran congelados y se rompían en miles de trozos de hielo.

Desde lejos, Hitsugaya había visto como ese idiota le daba flores y chocolates a su novia, la sangre hirvió en sus venas. Nunca se había considerado celoso pero eso era el colmo ¡lo estaban provocando! Por respeto a Hinamori había dejado pasar las cartas de los admiradores que la chica tenía pero ya era hora de ponerle los puntos a todos esos que se creían que podían cortejar a la chica durazno.

Sin embargo, lejos de parecerle linda la forma de apreciarla y protegerla, Momo miró con malos ojos la actitud de Toushiro. Si él sabía perfectamente que ella no dejaría de amarlo por unos simples regalos ¡no debía ser tan cruel con todo aquel que la apreciaba! Y ahí entraba en juego su inocencia e ingenuidad, que aún con los años no se iba, creyendo que aquellos obsequios eran solo una muestra de cariño por ser teniente.

¡Toushiro como te atreves a romper las flores y chocolates de Takumi!— le gritó de lleno al chico de orbes turquesa que, junto con el mencionado segador perteneciente al quinto escuadrón, se volteó a ver a la joven. Esta tenía su ceño fruncido como pocas veces y su boca torcida hacia abajo. Ante esto Hitsugaya bajó a su futura obra de arte, es decir, al pobre futuro segador-estatua de hielo de la quinta escuadra, el cual era sujetado por el cuello de su hakama.

Y si tú no entiendes por qué te las dan entonces yo debo aclarar las cosas— dijo dando una fría mirada al shinigami de nombre Takumi, que se retiró con una apurada reverencia.

Ah que bien, mira como lo haces correr ¡que no entiendes que él solo me quería regalar unas simples flores!— regaño la chica golpeando un pie contra el suelo en señal de berrinche.

Toushiro rodó los ojos, intentando ignorarla, ya su almuerzo se había arruinado y qué decir de su día. Tan sólo quería pasarlo con ella y ahora la amabilidad y bondad de Hinamori para con los demás se había hecho una carta en contra para él.

¿Acaso me prohibirás tener amigos?— preguntó molesta.

Claro que no, tú tienes amigos pero esos no quieren ser tus amigos— dijo enfatizando la palabra "esos", haciendo referencia a todos sus admiradores.

¡No puedo creer que seas así de celoso, tonto!

¡Tú eres la tonta que no se da cuenta de la verdadera intención de la gente, y no estoy celoso!— gritó enojado, adiós compostura, en cuanto le dijo tonto y celoso la durazno había perdido.

O tal vez no, ya que el remordimiento y las ganas de golpearse invadieron al portador de Hyorinmaru al momento de ver la cara sorprendida de la chica al tiempo en que le gritó, la cual luego se transformó en una con el ceño muy fruncido y lágrimas en el rabillo de ambos ojos chocolate.

Momo…

¡Tonto!— gritó la chica corriendo lejos del lugar, iba a seguirla pero ya había cometido ese error, además por qué debía disculparse si él tenía razón ¿verdad?

El ruido de la lapicera golpear contra el escritorio repetidas veces, era el único sonido que inundaba la oficina del décimo escuadrón. Hacía un día, que para él era mucho tiempo, desde su "pelea" con Hinamori que no la había visto, ni señal había dado. Eso le hacía preocupar y rabiar, al final debería disculparse, tal vez ella tenía razón y él era muy posesivo y celoso.

Celoso, celos algo que jamás pensó que podría tener ya que él confiaba mucho en ella más no en su ingenuidad y bondad. Dejó la lapicera a un lado y golpeó su escritorio con su cabeza, era un idiota, el amor lo volvía un ser irracional, ahora que lo pensaba el haber tratado mal a ese chico enfrente de su novia sólo podía terminar con ese resultado. Tal vez si lo hubiese tratado junto con todos los shinigamis que "la acosaban" en el cuarto escuadrón, para ahorrarse camino, él quedaría bien con Momo, ella no se enojaría y no estaría pasando por ese calvario en este momento ¿por qué el amor lo volvía tan idiota como para llegar a esa conclusión un día después de lo sucedido?

Era verdad, otra vez la irracionalidad estaba actuando ¿para qué peleaba contra sí, pensando qué estaba bien y qué mal y no iba a disculparse? Con algo de duda, al no saber la reacción de la chica, se dirigió a la quinta escuadra. Estaba decidido a disculparse y a enmendar su relación con Hinamori.

Hacía un día que no lo veía y es que el tiempo se le había ido volando, después de pensarlo un rato llegó a la conclusión de que su Shiro tenía todo el derecho de enojarse. Ella había permitido que todos sus admiradores se salieran de control, lo de Takumi había sido el colmo y lo sabía. Por eso, después de haber llorado un rato porque él le grito, fue a hablar con todos los que eran sus fans para que la dejasen en paz de una vez. Después de todo las únicas palabras de amor y los únicos regalos que querían eran de su amado Hitsugaya Toushiro.

Un día…— susurró en los tejados de su escuadrón, mirando el ocaso sola.

Lo sé, tardé mucho— la voz inconfundible de él se hizo presente a sus espaldas ¿tardó mucho? Se volteó confundida y lo encontró haciendo una reverencia, cosa que sólo logro marearla más —Lamento ser tan celoso Momo, pero es que te amo y no puedo dejar de pensar que está mal que esos idiotas te…

¡No, yo lo siento Shiro!— dijo la chica con algo de carmesí en sus mejillas al escucharlo por primera vez disculparse por ser celoso, eso debió grabarlo. Se paró de golpe mientras él levantaba levemente la mirada —Es que…no entendía bien lo que ellos pretendían, yo no quiero cosas y no necesito más palabras que las tuyas para sentirme amada por eso estuve todo el día explicándoselos.

Hitsugaya sintió como era aprisionado por los brazos de la chica, correspondió el abrazo pegándola a su cuerpo mientras ella apoyaba su frente contra su hombro, aunque no pudiera verla lo sabía, ella estaba sonriendo al igual que él. Respiró aliviado el aroma melocotón que su cabello emanaba, después de todo no estaba…enojada.

Hinamori, ¿te pasaste todo el día con ellos?— preguntó separándola, haciéndose el ofendido. Los ojos chocolate brillaron, jamás creyó verlo así y para sorpresa del chico comenzó a reír, quitándole todo el enojo que en verdad traía consigo.

Momo no podía aguantar la risa y pequeñas lágrimas se escaparon de la comisura de sus ojos de tanto reír ¿Hitsugaya Toushiro le estaba haciendo una escena de celos?

Su ceño quedó fruncido fuertemente, a pesar de que ese era un grato recuerdo, porque había podido superar su primera pelea de novio, no le gustaba la idea de que esos sin vergüenzas hubieran estado todo un día solos con ella. Ya habían pasado seis meses de eso pero aún seguía matando con la mirada a todos los segadores-fans de la durazno, cuando se los cruzaba.

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Momo suspiró al ver que todavía tenía una pila más de papeleo, ya con tanto se estresaba ¿acaso Hirako no podía hacer su parte? Al parecer no, ya que estaba de paseo con Hiyori. Mordió la punta de la lapicera con algo de envidia, lo que daría ella por estar con su Shiro. Después de todo ese era su aniversario de un año. Dejó de hacer presión en la lapicera y posó su vista en el paisaje de afuera, el clima era muy distinto a ese día, ahora hacía calor y eso que era invierno.

—Un año…— se repitió para sí misma sonriendo, no podía creerlo. Lo que más le costó en ese año fue el haberse separado de él por casi dos meses, tiempo que se le hizo eterno y una tortura al no saber cómo se encontraba.

Hirako entró en su escuadrón medio ebrio, medio golpeado, medio lúcido, en otras palabras: entró hecho un desastre. Hinamori suspiró pesadamente, si su amiga se enteraba de que su marido se había ido de juerga se enfadaría. Iba a reprocharle pero en ese momento una mariposa del infierno ingresó en el lugar.

¿Hm?— atinó a articular vagamente su capitán.

Tenemos una reunión.

El camino a la primera escuadra se sentía raro, un mal presentimiento la agobiaba y apresaba su corazón. Intentaba alejarlo pero era inútil, algo le decía que en ese momento perdería algo, la pregunta radicaba en el qué. Al llegar su miedo se acrecentó al solo ver a los representantes de la escuadra diez y doce. Tragó grueso creyendo saber lo que sucedía.

Después de unos minutos los miembros de la reunión salieron del lugar, Hirako se fue directamente a despedirse de su mujer, Mayuri simplemente fue a reunir sus cosas, y Rangiku arrastró a Nemu a un bar a disfrutar de lo último que le quedaba en el Gotei, la hija de Kurotsuchi no se quejó y permitió el secuestro. En las puertas de la división sólo quedaron el capitán del diez y la teniente del cinco, la cual tenía la mirada baja y un nudo en la garganta ¿por qué ella no podía ir, tan inútil era?

Volveré— le aseguró Toushiro abrazándola por detrás, escondiendo su cabeza en el cuello de la chica respirando el aroma melocotón que esta desprendía. Hinamori no pudo reprimirlo y comenzó a derramar algunas lágrimas. Los capitanes y tenientes del diez, doce, junto con su capitán, se irían por tiempo indefinido, a estudiar y/o escoltar una de las dimensiones que se escondían en el túnel que conectaba el Seretei con el mundo humano.

Hitsugaya sabiendo que ella lloraba la volteó y abrazó, dejando que se descargara. Por una parte estaba feliz de que se quedara, porque era lo más seguro ya que nadie sabía lo que había en esa división, sin embargo otra parte de sí estaba furiosa porque lo separarían de ella.

Debes…debes prometerme que regresarás y que todo saldrá bien— dijo Momo con sus ojos hinchados.

Te lo prometo.

Hiyori, Renji, Kira y Rukia estuvieron a su lado todo el tiempo, en cada momento intentaban distraerla en vano para que dejase de lado toda preocupación. Lo peor de todo era que no había forma de comunicarse con ellos, la misión que se les había encomendado era prácticamente suicida pero por una razón, que no se le dio a conocer, era indispensable aquel estudio. Por fuentes ajenas, pudo enterarse de que aquella sería la nueva prisión de los condenados, eso sólo logró alterarla más ¡Cómo pudieron mandar a Toushiro a un lugar que de seguro era horrible!

Tras dos largos meses esperó, paciente, histérica, preocupada, triste. Y nada, ellos no aparecían pero sí un par de anomalías que según el escuadrón doce fueron producidas por un ser desconocido ¿y si eran ellos? ¿y si estaban en peligro?

Una noche en la que la luna se alzaba llena en lo alto del cielo y las estrellas brillaban más que nunca, Hiyori y Hinamori decidieron ir al Senkaimon. Algo en su interior les decía a ambas que ese día volverían, y esperando que así fuera se dirigieron a ese lugar en secreto.

¿Es raro verdad…por qué será que sentimos ese sentimiento tan fuerte?

No te pongas cursi Momo o me iré.

Antes de reclamarle la puerta comenzó a abrirse, ambas giraron su vista, Hinamori esperanzada y Hiyori haciéndose la indiferente, pero la imagen que encontraron fue la que menos esperaban ver. Por esa puerta aparecieron los tres hombres, dos colgados de las tenientes y sólo uno en pie.

¡Toushiro!— gritó horrorizada viendo como Rangiku tenía un brazo de él encima de su cuello para poder cargarlo, él estaba inconsciente.

Quítate ¿no ves que estorbas? No sé para qué haces tanto escándalo, tal vez y hasta están muertos— fue la fría e inexpresiva información que Kurotsuchi les dio. Hiyori tomó a Hirako y lo cargó encima suyo para después desaparecer del lugar. Mientras que Hinamori miraba con los ojos en blanco al capitán que se encontraba inconsciente, se agachó un poco para poder ver su cara, la cual estaba con los ojos abiertos y opacos junto con un pequeño hilillo de sangre saliendo de su boca. Con terror alzó el otro brazo del chico y con ayuda de Rangiku se lo llevaron al cuarto escuadrón.

Sacudió su cabeza de un lado a otro, no era necesario recordar cosas amargas después de todo él volvió como se lo había prometido y se recuperó rápidamente. Y además, logró enviar a Aizen más lejos y mejor custodiado, ahora sí que no podría salir. Por lo menos mientras ellos vivieran, que sería casi eternamente.

Estiró sus manos en lo alto intentando quitarse la pereza que sentía, amargo y dulce, dulce y salado, salado y agrio. Su amor, su relación había tenido de todo y todavía faltaba más seguramente, ahora que se lo preguntaba ¿Toushiro recordaría que hoy se cumplía un año de su relación formal? Es decir, cuando habían salido por primera vez y habían decidido aclarar cada punto. Cosa que ni llegaron a hacer pero aun así lo tenían claro…

¿Entonces estás invitándome a una cita, Shiro?— preguntó divertida torturándolo a su manera, no sólo él podía hacer eso. Hinamori olía la rosa que Toushiro le regaló esperando a que él dijera algo, más ese algo no llegó y simplemente le dijo que pasaría por ella a las ocho y que estuviera lista. Al parecer ella podía ponerlo nervioso pero sólo él tenía esa forma de reaccionar.

Suspiró como una adolescente enamorada al entrar en su cuarto, corrió a abrazar al dragón que le había regalado para luego correr su vista a un costado notando todos los otros animales de peluche que él le había dado. Podía notar que Hitsugaya tenía una buena memoria, debido a que cada uno de esos peluches eran los que ella se entercaba en que quería de pequeña. Era raro el ver tantos muñecos, su habitación se había convertido en una especie de juguetería.

Las horas pasaron volando, corría de un lado a otro, ante la atenta mirada de Hiyori y Rangiku que no se llevaban entre sí pero ambas querían ayudar a la durazno para su primera cita oficial.

Ya déjalo Momo, si ese tarado te quisiera maquillada y producida entonces ni se habría fijado en ti.

¡Capitana Sarugaki, no puede decir eso la primera cita de una chica es la más importante! Ven Momo, yo te peino…— antes de que pudiera hacerlo alguien muy conocido golpeó a la puerta, Hinamori gritó un espere y corrió al baño llevándose a rastras a la rubia teniente.

Hiri distráelo por favor— suplicó Momo antes de encerrarse nuevamente.

Si tú quieres— susurró con malicia sonriendo macabramente.

Tras una pesada hora, aguantando con paciencia a la capitana del tres, Toushiro ya tenía un tic en el ojo derecho ¡Era una pesada! Y si su chica no estaría en el cuarto de junto ya le hubiese gritado sus verdades. Toda la paciencia que había aprendido, debido a lo molesta que resultaba Matsumoto, estaba siendo puesta a prueba por esa loca mujer.

¿Por qué no te vas a molestar a tu marido?— preguntó intentando sonar neutral, pero su cara lo decía todo.

Vamos, a poco y te llevas mal conmigo.

¿Tú crees?— preguntó achinando sus ojos, fulminándola con la mirada viendo como ella sonreía socarronamente.

Toushiro creyó que lo más difícil de esa noche fue soportar a una "muy amable" Sarugaki, pero al parecer lo más difícil pasaba en ese momento. Ya habían terminado de cenar, y ahora Hinamori iba caminando a su lado, con la mirada gacha y bañada por la luz de la luna. Estaba hermosa, no se había puesto mucho maquillaje y eso le gustaba, le encantaba el ver que su belleza era natural y no artificial. Su cabello castaño tirando a violeta estaba sujeto por un broche dejando algunos mechones en los costados de su cara y el resto suelto. Simplemente estaba hermosa.

Momo iba algo avergonzada, creyó que después de todo la noche sería charlada o entretenida, o muy romántica. No esperaba eso, Hitsugaya estaba más callado que árbol cayendo en la mitad del bosque, y ella intentaba decir algo pero toda idea era rechazada por su mente que le aseguraba que era muy tonta. Jugaba con sus manos mientras le daba algunas miradas disimuladamente a su compañero.

Es una linda noche— articuló por lo bajo. Él solamente asintió, estaba molesto consigo mismo ¿qué tan difícil era preguntarle si quería ser su novia? Es decir, ya se venían tratando así hace mucho, eran una pareja pero jamás lo dijeron y eso le parecía incorrecto por eso, en el último día de invierno quería formalizar su relación, no de la forma muy formal como lo era casarse, sino asegurarle que ella era su novia.

Pero toda esa cursilada no iban con él, estaba seguro de que ella ya había tomado ese papel por sí sola, y ella lo consideraba así a él sin embargo eso no le aseguraba nada. Debía pedírselo pero ¿cómo?

Hi…Momo— corrigió llamando la atención de la durazno —quiero preguntarte algo, creo que ya es muy obvio pero…bueno, yo…quería…preguntarte…— se retaba mentalmente ya le había dicho que la amaba muchas veces, entonces por qué le costaba tanto pedirle que sea su novia, si era muy normal.

Las nubes tronaron en el cielo y algunas gotas comenzaron a caer, los dos levantaron su mirada hacia el cielo antes despejado y ahora con nubes negras. Rápidamente Toushiro tomó la mano de la chica y se la llevó hasta debajo de un árbol al momento en que la lluvia comenzaba a caer a cántaros. Los estrepitosos ruidos de los truenos retumbaban en el lugar, la joven teniente estaba algo sonrojada ya que el capitán la tenía muy pegadita a él "para que no se mojara" ¿lo estaría haciendo a propósito?

Tenía su cabeza en el pecho del joven, sorprendida, se dio cuenta que su ritmo cardiaco estaba acelerado —Shiro ¿qué querías preguntarme?— preguntó elevando su rostro al de él, que miraba con molestia a la muy oportuna lluvia.

¿Quieres ser mi novia?

Pestañó un par de veces — ¿Eh? ¿Qué acaso no lo soy? Es decir, para mí tu eres mi novio— dijo apartando la mirada avergonzada.

¡Lo sabía! Todo el tiempo supo que ella lo sabía pero debía estar seguro. En ese momento, en ese preciso instante Toushiro acarició su rostro con las yemas de sus dedos, y selló sus labios delicadamente, era lo más lindo de la noche, a pesar de que los ruidos de truenos y rayos detrás y encima de ellos no formaban el momento más romántico del mundo. El chico de cabellos blancos le sonrió con confianza al separarse, mientras que los orbes chocolate lo miraban con dulzura, en ese momento todo el ruido era silencio, y ese silencio era el mejor que habían tenido en mucho tiempo.

Salió de sus recuerdos, dándose cuenta de que por poco se había quedado dormida. Miró la hora, ya casi era la noche, infló sus cachetes y frunció el ceño molesta ¿acaso Hitsugaya no la iría a ver en su aniversario? Su molestia se posó ahora en los inútiles papeles, ya era suficiente, ella quería estar con su novio en ese día tan especial y lo haría. Con decisión se levantó de su silla y antes de poder moverse la puerta se abrió.

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Momentos antes Toushiro ya casi terminaba con el papeleo, antes podía perdonarle a Rangiku que se anduviera perdida en el bar sólo porque estaba sufriendo por la muerte de Gin pero ahora él estaba vivito y coleando ¡Y los muy descarados se iban juntos al bar! Claro que Ichimaru no tomaba, sólo la llevaba a salvo a su hogar. Y le daba lo que ni Kira ni Hisagui podían después de que ella ya estaba ebria.

—Terminará siendo una madre alcohólica.

— ¿Quién capitán?— preguntó haciéndolo saltar del susto, eso no lo debía escuchar nadie. Pero toda su incomodidad desapareció, y reapareció más ¿acaso esa descarada venía a pedir su oficina para hacer eso? De todas formas no sería la primera vez.

—Matsumoto…— susurró con algo de molestia al ver como Ichimaru prácticamente le comía el cuello a su mujer —Ichimaru…vayan a hacer sus cosas en su habitación.

—Pero capitán, ya es aburrido hacerlo en ese lugar, si nos deja la oficina prometo que no lo haremos en el escritorio.

— ¡Matsumoto!— gritó más rojo que un tomate, a lo que Gin rió. Hitsugaya lo miró con molestia, al parecer Ichimaru era algo escalofriante cuando reía.

— ¿Acaso tú no has hecho nada con la teniente Hinamori?— preguntó divertido Ichimaru —Porque, mis contactos dicen que sí.

Antes de cualquier otro comentario salió disparado del lugar ¿cómo demonios se había enterado aquel maldito cara de zorro?

Siempre había evitado el quedarse con Hinamori hasta pasada la noche, y qué decir del dormir juntos. Jamás. Y la única razón fue el no querer deshonrarla y/o quedar tachado como pervertido ante ella, porque a pesar de todo él era un hombre y como todo hombre común al lado de una hermosa chica, quería eso. Sin embargo él la amaba, y el respeto ante todo.

A pesar de todo el autocontrol que había tenido con ella, el haber sido invitado a cenar por ella en su casa no había sido muy favorecedor. Después de cenar, no supo cuando pero ya se encontraban besándola y de una forma no muy inocente, hasta que de un momento a otro ya la tenía debajo de él en el sofá de la sala, devorando su cuello y desvistiéndola.

Toushiro…Toushiro…— se quejaba la chica, ella lo amaba y quería entregarse a él en cuerpo y alma porque todo lo de ella sólo le pertenecía a él, y viceversa pero de tanto tiempo que pasó con Hiyori ya se había hecho la idea de que aquello pasase antes del matrimonio era inaceptable. —Para, para por favor…— era inútil, más que ruegos para que la soltase sus súplicas parecían ruegos de que continuase.

Hitsugaya gruñó dándole a entender lo que quería pero, no estaba bien, y para colmo si no lo detenía pronto ni ella distinguiría lo que estaba bien de lo que estaba mal. Así que rogando que no se enojase, lo empujó, tirándolo al suelo de lleno. Más allá de enojarse el de cabellos blancos entró en conciencia de lo que se había estado planteando hacía mucho, algo de temor invadió su ser, no se había podido controlar y ahora ella…

Lo siento yo no quise, es decir sí quise ¡No, espera no quise decir eso!— explicó sonrojado moviendo la mano de un lado a otro cerrando su hakama. Al momento que ella hacía lo mismo, estaba más roja que nunca y su blanca piel estaba algo marcada por los besos de su novio.

Quiero…quiero que esto suceda— confesó sonrojada, sorprendiéndolo al momento de levantarse y mirarla seriamente, sabía que eso no había sido todo —pero quiero que suceda cuando esté casada, contigo.

Había sido un idiota en ese momento, y no tenía excusa para aquello, era raro que Momo haya sido la voz de la razón y no él. Sin embargo le gustaba más así, el guardarse aquello para el matrimonio, el saber que su relación no se basaba en el amor al cuerpo del otro, sino al alma, al que el otro era.

Miró el cielo, el cual ya mostraba que se acercaba la noche, corrió prácticamente al escuadrón de la chica de orbes chocolate, seguramente creía que había olvidado su aniversario. Sonrió ante esto y cuando menos lo esperaba estaba enfrente de la puerta de aquella división, suspiró intentando calmar su corazón y serenar sus ideas. Sus manos estaban detrás de su espalda, su mano derecha jugaba con aquella cajita en forma de corazón, color durazno. Y una rosa roja, tal como aquel día, posaba en su mano izquierda.

Al abrir la puerta se encontró con la chica parada, al parecer ya se iba a buscarlo, la miró seriamente para luego regalarle una sonrisa. Colocó la rosa enfrente de él, no se caracterizaba por ser romántico y obviamente no era su estilo pero sabía que a ella le gustaban esas cosas. Despacio, se acercó hasta quedarse enfrente de ella, y luego de entregarle la flor le dio un suave beso en sus labios.

—Feliz aniversario— dijo Toushiro dándole una mirada llena de amor, la cual sólo era para ella.

—Feliz aniversario Shiro— dijo Momo sonriente, al parecer no lo había olvidado y por suerte no le había traído otro peluche.

—Momo, debemos hablar— dijo sin poder reprimir una sonrisa, mientras que apretaba aquella cajita en su mano derecha.

Hacía seis años, ellos no se hablaban toda su relación se había congelado, su amistad no existía. Después de cinco años habían podido apartar toda penumbra de su corazón, muchas cosas habían sucedido, muchos corazones se habían encontrado. El primer día de su relación oficial había sido debajo de la lluvia más fuerte que había vivido el Seretei, y hoy hacía calor ¿quién entendía al invierno? Sin embargo, ese cálido día de invierno, sería el testigo de que ellos vivirían juntos por el resto de sus vidas, apoyándose y amándose el uno al otro, pronto a sus hijos y más tarde en sus próximas vidas. Estarían juntos, porque los lazos no se rompen, estarían juntos para siempre.

Las penumbras del corazón.

Epílogo.

Fin.

Perdón por tardar en subirlo, tarde mucho ._.U espero que les haya gustado :D

Cuídense y hasta la próxima :3

¡Ja-ne!