Capítulo IX: "Tierra" (parte I)

Cuando Len llegó a la Tierra, se sorprendió al encontrarse en un paisaje arenoso y con semejante calor, además de encontrarse completamente solo hasta donde alcanzaba la vista. Estaba asustado que el Mundo Real estuviese tan alejado de todo que no existiera ningún ser —ni siquiera uno— que haya posado sus pies en él. Miró al azulado cielo y pidió, aunque sea, una pequeña señal de que estaba equivocado.

Un movimiento debajo de la arena cerca de él fue el indicio que recibió. Se acercó cautelosamente y descubrió a un pequeño animal de ocho patas de color rosa y con un gran aguijón al final de su cuerpo moverse rápidamente a su lado.

―Buenas tardes― saludó con cautela, seguro de que el animal podía ser capaz de responderle.

―Buenas tardes― dijo el bicho de color rosa (lo que me hizo cuestionar el juicio de mi amigo por unos segundos).

― ¿Este es el Mundo Real?― preguntó el principito.

―Depende a lo que le llames "Mundo Real"― debatió amablemente ―; los humanos que habitan aquí le llaman de muchas maneras, depende el lugar donde estés parado― Una alusión clara a los países ―. Estamos en África, ubicado sobre el planeta Tierra, si quieres saberlo; el planeta es un lugar muy grande― informó un poco más la escorpión de color peculiar.

― ¿Y las personas?― siguió con el interrogatorio, puesto que sólo charlar con un animal le resultaba un poco incómodo.

― Como estamos en un desierto, no creo que encuentres muchas por aquí― comenzó su respuesta ―. Ellos nunca viven donde no hay nada, no saben apreciarla― sentenció antes de callarse.

― ¿Entonces tú sí sabes hacerlo?― Miró a su interlocutora mientras se sentaba en una piedra.

―Uno aprende cuando es así de diferente como yo― Caminó en círculos alrededor del principito ―, puede que sea la única de este color en toda mi especie― Podría haber sido una ilusión, pero la escorpión agachó la cabeza al decir eso.

―Eso es lo que te hace especial, ¿no?― Sonrió Len al animalito ―Yo también conozco a alguien que es única en todo mi mundo, por eso es tan importante y especial para mí― Rin volvió a su cabeza, angustiándolo un poco.

― ¡Qué dulce eres!― exclamó regocijada.

―Gracias― Suspiró ― ¿Dónde están los hombres?― volvió a preguntar.

― Si caminas un poco, puede que los encuentres, pero no prometo nada― aseguró el bichito rosa ―, puede que incluso te arrepientas de conocerlos―

―Nunca lo sabré si no lo intento― Puso su palma derecha en la arena para que la escorpión subiera a ella ―, tal vez, si eso pasa, nos volveremos a ver―

―Se nota a leguas que no eres de este planeta― La deducción del animalito rosa sorprendió al principito ―. Trata de encontrarme si alguna vez extrañas de donde viniste, que prometo ayudarte. Puedo…―

―Ya entendí― Len no la dejó terminar la oración, tragando difícilmente saliva.

Dejó a la escorpión rosa en el suelo de nueva cuenta, saludó cortésmente y comenzó a caminar sin rumbo fijo, inspirado por una corazonada.

Después de recorrer unos cuantos cientos de dunas, pudo distinguir en el paisaje a una camaleón de color ámbar que se movía lentamente por las dunas, como dudando de cada paso. Aceleró un poco su paso y se colocó en su camino, llamando su atención.

― ¡Buenas tardes!― exclamó el rubio.

― ¡Buenas tardes!― saludó la interrumpida camaleón.

― ¿Has visto a alguna persona por aquí?― inquirió Len, con la ansiedad de una respuesta positiva.

La bicho se quedó callada por unos segundos mirando su entorno, como buscando muy profundo en sus recuerdos.

― ¿Las personas? No hay muchas, creo que sólo he visto como una docena― habló con lentitud ―. Fue hace algunos años, así que no sabría decirte con exactitud dónde se encuentran― Mi amigo se desalentó un poco al escuchar eso ―. Ellos se mueven con rapidez, como si trataran de comerse el mundo a cada paso. Nunca miran a su alrededor, no piensan en la consecuencia de cada caminata ni disfrutan de seguir adelante; les molesta estar parados mucho tiempo―

―Gracias de todas formas― dijo el principito luego de escuchar a la camaleón ―. Adiós―

―Nos vemos, ten cuidado y no corras, podrías tropezar― se despidió el animal ámbar.

Len decidió entonces escalar la duna más alta y fuerte que encontró a su paso, pensando que así podría ver toda la extensión de todo nuestro mundo. La inocencia de los niños… desde ahí no pudo distinguir mucho más allá de algunos picos rocosos.

― ¡Hola!― gritó desde lo alto de la montaña.

― ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola!― recibió de un lejano eco.

Mi amigo dio vueltas sobre sí mismo para buscar al portador de su respuesta, mas, obviamente, no divisó a nadie.

― ¿Dónde estás? No te escondas― persuadió a su interlocutor imaginario.

― No te escondas, no te escondas…― repitió la voz a lo lejos.

― ¿Quieres ser mi amigo?― formuló, esperando obtener algo más ameno que la reiteración de sus propias palabras.

― ¿Amigo? ¿amigo? ¿amigo?―

―"Estaba perdiendo la esperanza en este mundo"― me comentó Len ―", todo era salado, arenoso, caluroso… y, para colmo, los hombres eran tan poco imaginativos que repetían lo último que les decía"― Bufó por lo bajo ―"Cuando yo estaba en mi casa, Rin siempre tomaba la iniciativa para hablar…"―

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Uno sabe que pasa el tiempo tan aceleradamente cuando logra mantener una charla medianamente civilizada con un niño que antes no hacía nada más que balbucear.

Sigo acomplejándome de que los capítulos son demasiado cortos… pero pronto iremos a partes más interesantes y, tal vez, pueda sacarle más jugo a esto.

Son las dos de la mañana del veintiuno de Septiembre de 2011, ¡Feliz comienzo de primavera para todos! ¡Nos vemos pronto!

Neko C.