Disclaimer: La mayor parte de los personajes, lugares, hechizos, y, en resumidas cuentas, ese mundo mágico, pertenecen a J.K. Rowling, y no a mí, que tan sólo los cojo prestados.

Capítulo 10: Otra vez el acertijo

No sé como llevé a Galiana de vuelta a la sala común debajo de aquella capa. Pero el caso es que lo logré. Pero cuando volvimos, ella era un manto de lágrimas silenciosas. Yo la miré, entre compasiva y algo enfurruñada.

- No te pongas así – Tercié con decisión. Intenté calmarle con unas suaves palmaditas en la espalda. – Her… mione, y-ya sé que es algo imposible – decía mientras le daba un fuerte hipo de la llantina. – P-pero…

- Ahora – dije, adoptando la voz de alguien maduro – con la mente fría sólo puedo contemplar dos opciones: O abandonarte a la desesperación y prodigar por el mundo lo desdichada que eres. – Me miró, un poco más calmada - …O bien, subir y pegarte una buena ducha, despejarte, y ya verás cómo después entre tú y yo ya ingeniamos algo, que ¡eh! Hacemos buen equipo – pareció hacer un amago de sonrisa. – Yo de ti – le dije – cogería la segunda opción. – Cómo única respuesta se dio la vuelta y, todavía cabizbaja subió las escaleras al dormitorio y a los aseos. Hice una media sonrisa. Abandonarme a la desesperación era justo lo que yo había hecho cuando me di cuenta de que estaba atrapada. Y menudo error .Yo prefiero la sangre fría. Ya encontraré la manera de regresar. No debe ser tan difícil. Miré de nuevo a través de la ventana, y comprobé como las vistas tenían un encanto indescriptible. La luz penetraba en el paisaje nevado con una suavidad impresionante. Claramente debía contrastar con el ánimo de un gélido día de invierno de todos los estudiantes, pero a mí me resultó algo totalmente embriagador. Me senté resoplando en uno de los sillones tapizados en rojo. Aún faltaba un buen rato para bajar a desayunar. No pude evitar coger el libro que reposaba encima de la mesa que había en la sala común. Los libros siempre han sido mi gran debilidad. Lo miré con cariño, al constatar que se trataba de uno de defensa contra las artes oscuras. Artes oscuras. Era muy diferente a los libros que llevaba en mi época, pero igual de interesantes, por supuesto. No pude evitar abrirlo por una página. Y me extrañó ver en la esquina de aquella página un acertijo odiosamente familiar.

Más allá del tiempo y el espacio

Encuentras tu destino

En las garras del león

Y bajo el frío mármol

También está tu salvación

Fruncí el cejo, y me puso roja. Arrugué más aún mi frente, e instantáneamente me puse tensa. Me apresuré a abrir la primera página para ver si allí estaba escrito el nombre del propietario de aquel libro. Me quedé más desconcertada todavía, y la sangre se me empezó a helar. Y el corazón me empezó a ir a mil cuándo noté la presencia de alguien justo detrás de mí. – Qué madrugadora eres. – dijo una voz suave a mi espalda. Hablando del rey de Roma. Me volví y le dediqué una despreocupada sonrisa.

- Igual podría decir. – El muchacho me miró de nuevo con esos ojos tierra; observaba cada movimiento, y no parecía tener tanta soltura para iniciar conversación como para pelear con Malfoy. Le indiqué que se sentara en una de las butacas libres. Se le veía siempre muy tímido – Antes de nada quería pedirte disculpas. – le dije a Nikel. La expresión que hizo a continuación era idéntica a la que Harry solía utilizar. Era raro, parecía que estaba conversando con mi amigo, y no con un extraño de dos siglos atrás.

- No tienes de qué disculparte – bajo la mirada a observarse las botas. – La culpa fue mía; yo lo provoqué. – pero no decía sus palabras con convencimiento.

- También siento lo del día del baile. – no contestó. Sabía que todavía seguía molesto por el desplante aunque lo disimulara con tanta rapidez.

- La verdad es que no entiendo del todo lo que ves en el Slytherin – dijo pacientemente. Puse los ojos en blanco, y me sentí algo molesta.

- No veo nada. – Remarqué con decisión cada palabra. Galiana también pensaba que había algo entre Malfoy y yo. Que idiotez. – Ese y yo, somos como… compañeros de… sufrimientos– le buscando las palabras adecuadas.

- Es más poderoso de lo que creía – dijo, pensando en voz alta. –Me saca de mis casillas con esa voz tan arrogante. Cuando estabas en la enfermería empezamos a discutir. Parecía un buitre merodeando donde estaba su presa. – Lo miré con horror al imaginarme un gigantesco buitre con la cara de Draco Malfoy pegada en la cabeza.

- A mí me lo vas a contar.

- ¿Normalmente te levantas tan temprano? – dijo cambiando súbitamente de tema.

- ¡Claro que no! Bueno, quizás a veces, para estudiar. No, pero esta vez era porque Galiana…bah, déjalo.

- Sí, mi hermana siempre se trae unas historias muy raras. En fin, la verdad es que no nos parecemos en nada ella y yo. – resopló, cada vez más tranquilo y confiado. Pareció llamarle la atención algo del suelo. Lo miré con terror. Con el disgusto de Galiana habíamos dejado en el suelo la capa de invisibilidad allí tirada. – No, no nos parecemos en nada.

- Verás… la capa…- empecé yo.

- Sí, me la ha vuelto a coger sin permiso. Con eso de que soy el hermano pequeño se cree con derecho a todo. –hice una mueca circunstancial. Plegó la capa con cariño y la puso sobre su regazo.

- Supongo que te quedarás a las clases y eso, ¿no? – lo miré de nuevo a los ojos. La verdad es que su semblante y su actitud elegante detonaban unos aires de la época que imponían bastante.

- Sí, creo que sí… Pero no tengo nada de material. – puntualicé, bastante incómoda.

- Si quieres te puedo acompañar a Hosmeade y allí compramos las cosas necesarias antes de que se reanude de nuevo el curso. – Le sonreí, y tragué saliva.

- Pensaba ir con Galiana y las chicas. – dije demasiado rápido.

- ¡Ey! ¿Ya os habéis levantado? – dijo una voz masculina con un extraño acento francés. Lo miramos. Era el chico ese que había dicho la noche anterior lo de la final de Quidditch. Le hice una tímida sonrisa.

- Te podríamos decir a ti lo mismo, Leo. Buenos días.

- Buenos días. No es nada temprano ya, pero se nota que vosotros lleváis aquí un buen rato. Hay que dormir bien por las noches o si no… - dijo dando un bostezo y estirándose los brazos hacia los lados – ya se sabe, no se rinde durante el día. Tendremos que ir bajando ya, ¿no? Que si no los mejores sitios vuelan. – añadió dirigiéndose a mí. Enseguida bajaron las chicas de mi curso y más gente de sus dormitorios con aire ausente. Yo ya me iba quedando con las caras y los nombres, sin quererlo me estaba habituando a las personas que había en Hogwarts. Y eso no era bueno, ya que algún día, sabía que tendría que volver; por mí bien. – Por cierto… ¿Muy duro el castigo? – Pasé la mirada de Leo, ese amigo de Nikelius, a Nikelius.

- Ha sido raro… - suspiró - esta vez he tenido que luchar contra un basilisco gigante con una espada en un lugar lúgubre. Es como si no hubiera descansado en toda la noche. – Arrugué el ceño, sorprendida, aunque no hice ningún comentario. De eso ya se encargaba su desgarbado amigo.

- ¿Pudiste con él? – dijo Leo.

- Claro. Lástima que tan sólo fuera una imagen mental que me había provocado Ravenclaw. No sé que pretendía que aprendiera con esa lucha. La verdad es que hubo un momento…

- Nosotros nos vamos ya para abajo, ¿venís también vosotros? – interrumpió una voz que se dirigía a Leonard, Nikel y a mí. Era Evelyn que estaba junto a un grupillo.

- Ahora después bajamos. – Les dijo. – Por cierto – nos dijo con aire confidencial. - ¿A quién esperamos? Porque yo me muero de hambre, pero literalmente.

- Qué exagerado – dijo Nikel, mientras yo sonreía – Sí, como aquella vez que comiste tanto que casi te da algo en el partido de Quidditch. – Se giró hacia a mí y bajando la voz, me explicó –Tuvieron que suspenderlo momentáneamente porque había comido tanto que la escoba no le obedecía cuándo decía "arriba", ya que parecía que su barriga estaba a punto de estallar – comentó con entusiasmo Nikel. Yo me reí a gusto.

- Eso no puede ser verdad. – comenté.

- Que vergüenza y todo el estadio lleno de gente, esperando a que el guardián emprendiera de nuevo el vuelo. – dijo Leonard, aunque empezó también a reír. – Qué le vamos a hacer si me encanta comer. Comer es un placer, un arte – dijo con un tono de experto.

- Un arte si después no eres jugador de Quidditch, ¿no? – Dije, entre risas.

- Oh Monsieur – me dijo pasándome el brazo por el hombro – sin Quidditch no se puede vivir, y sin comer tampoco. Son mis dos vicios secretos. Pero no se lo digas a nadie.

- Hombre, secretos, secretos… - dijo Nikel.

- ¡Sshhh! La duda ofende, señorito – dijo mofándose ahora de él. – Pues aaaandemos. Un plato con algo suculento nos espera. – dijo levantando la mano. Aquel tío era un auténtico show.

- Estoy esperando a Galiana. Está duchándose arriba. – dije. – Pero bajad sin mí.

- Yo me quedo a esperarla contigo. – no dudó en decir Nikel. Arqueé las cejas y sonreí estúpidamente.

- Bueno, espero que no tarde mucho, que, ya se sabe, sin vicios no se puede vivir. – añadió Leonard, amigablemente sentándose en la butaca de lado.

- ¡Ah! Se me olvidaba – exclamé recordando el libro que había dejado en mi regazo momentos antes. – Creo que este libro es tuyo. – dije inquisitivamente.

- Lo perdí hace unos días mientras repasaba. – susurró sorprendido Nikel.

- La deberíamos coronar como la encuentra objetos perdidos. – añadió Leonard.

- Y a ti como el viciosillo hiperactivo. – Repliqué-

- Mmmm viciosillo… Suena inquisidor. Pero mis vicios son sanos.

- Ya, ya – dije, con aire algo pícaro – Sanos. Que yo sepa fumar ciertas hierbas no es algo sano – dije riéndome de él. – ni beber whisky de fuego, desde luego.

- Si me quitas esas dos cosas más ya no merecería la pena vivir – dijo con tono dramático exagerado.

- Defensa contra las artes oscuras es mi asignatura favorita. – susurró Nikel.

- Normal – dije sin pensar en lo que decía apenas.

- ¿Cómo has dicho?

- Nada, nada… Ojeándolo he visto este acertijo en medio del libro. – Dije rápidamente - Me encantan los acertijos, pero no he podido resolver este. – Nikel sonrió, complacido, mirando la página que le mostraba. Sabía que aquel acertijo no era casualmente el mismo que me había encontrado al principio de este viaje… Tenía que haber algún tipo de nexo. Y eso me hacía indagar.

- A mí también me gustan los acertijos. Este lo encontré yo hace unos días.

- Sí, al principito le encanta buscar acertijos y después nos come la cabeza para a ver si somos capaces de averiguarlos – suspiró, hambriento, Leonard.

- También me gustan las runas antiguas y la Aritmancia. – dije presumiendo de mis artes. – Es fascinante todo eso. Anda, dime el resultado del acertijo – le exigí sin más miramientos.

- Te dejaré que lo pienses un poco más. Si te das por vencida te lo diré. – fruncí el ceño, dolida. Me había herido el orgullo. Yo. Por vencida. Jamás.

- Lo resolveré. – añadí desafiante.

- Uy, esto parece un duelo. Si necesitáis algún tipo de árbitro, podéis contar conmigo. – Nikel y yo lo miramos medio riéndonos.

- No es un duelo. – le dije.

- Es más bien… un reto – Nikel parecía divertido – Si no lo consigues averiguar tendrás que venir conmigo a Hosmeade aunque sólo sea una vez – dijo, algo pícaro.

- Ah, ¿y si lo adivino? ¿Qué harás tú?

- Te daré mi libro favorito de acertijos. – arrugué el ceño.

- Está bien – acepté – trato hecho. – Y nos dimos las manos como buenos retistas. Y él sonrió, indudablemente satisfecho.

- ¿Me estáis esperando? – la voz de Galiana surcó la estancia.

- Claro. – me puse de inmediato a su lado. – Vamos para abajo ya, ¿no? – Y los cuatro bajamos hasta el salón comedor. Galiana seguía cabizbaja, pero tenía mucho mejor aspecto.

Las miradas que Salazar le dedicaba desde su asiento, desde la otra parte del salón a Galiana eran del todo insoportables para ella. No probó apenas bocado. Parecía que ella y yo nos habíamos intercambiado los papeles desde la noche anterior al desayuno: ahora ella era la deprimida y yo estaba algo más positiva. Había gente que le preguntaba si estaba bien, a lo que ella afirmaba no muy convencida. Busqué con la mirada a Draco, algo desesperada. Pero el no encontrarlo allí, me hizo de nuevo pensar en él y morderme el labio. Tan sólo espero que no sea capaz de hacer alguna tontería. Decidí que más tarde tendría que ir a buscarlo y preguntarle qué demonios tenía que cambiar y si tenía la más remota posibilidad de qué debíamos hacer para volver. Sin duda alguna, El Señor Tenebroso le tuvo que decir como regresar, no creo que se arriesgara a mandar a un súbdito sin billete de vuelta.

- ¡Chicas! – Dijo Clarish, la chica sureña - ¿Vendréis con nosotros a jugar una partida de cartas? Lo pasaremos bien. – Miré a Galiana, no muy de acuerdo.

- No sé jugar a las cartas – le dije rápidamente mientras recorríamos los pasillos de Hogwarts de nuevo hacia la sala común de Griffindor.

- ¡Vamos! ¡No seas así! – se introdujo en la conversación Leonard. – Te enseñaremos. Además echaremos pocas partidas porque también tenemos cosas que hacer nosotros.

Hice una mueca, mirando de nuevo a Galiana. Sabía que tendría que hablar con ella.

- Sólo hasta que el sol caliente un poco más y se pueda salir fuera de estas paredes de roca. Además no creo que tengas algo mejor que hacer, ¿o me equivoco? – Insistió Clarish.

- Pues… - Me mordí el labio, confusa y preocupada.

- ¡No se hable más! Ya verás qué divertido. – concluyó Leonard, con su chispa habitual. Con estos no había manera.

- Oye ¿Y no tenéis amigos de otras casas? – pregunté. Estaba claro que varios Griffindor habían hecho una piña de amigos, y me pregunté si también tendrían otras amistades.

- Claro. – me contestó sorprendentemente Nikel. – Aquel de allá – dijo señalando a uno que llevaba la túnica azul de Ravenclaw – es el que mejor juega a las cartas de todo Hogwarts. Se llama Raimund, pero le llamamos Ray a secas. Se pasa la mitad del día en nuestra sala común. La verdad es que yo prefiero jugar al ajedrez en vez de a las cartas. Aunque he de decirte que jamás ha logrado derrotarme. – digo con un deje orgulloso.

- Entonces no será el mejor de todos… Tú deberías serlo.

- Claro que no. Él no me derrota a mí, pero yo tampoco puedo con él. El juego casi siempre acaba en tablas - dijo, alejándose un poco más de mí. Quedé al lado de Galiana de nuevo, que seguía sin abrir la boca.

- ¿Vas a ir con ellos a jugar? – me preguntó sin mucho entusiasmo.

- Galiana – Me mordí el labio, preocupada. – Sé lo mal que lo estás pasando – le dije susurrante, para que nadie más me escuchara. – Pero, no sé… ¿Qué más puedes hacer? Él sabe el grave peligro que corres con él. Y ha decidido por los dos. – Resolví, pues lo que había decidido Salazar, a mí me parecía lo más correcto, sinceramente. Y eso no lo podía dejar de ocultar.

- Sé que es difícil de explicar – dijo, pensativa. Y con un tono de voz rematadamente triste. – Pero no puedo entender nada. Lo es todo para mí. No me puede pedir que me aleje de él. Eso es pedir lo imposible. – Meditó.

- Dale tiempo. – Sabía que Slytherin se guiaba con la astucia, sabía que habría veces que lo único que le importaba era su propia supervivencia, y de nadie más. Bajó la mirada, confusa.

- No lo entiendes, Hermione. Tiempo es lo único que nos falta. Le ha debido de pasar algo mucho peor para que me venga a estas alturas con esas. Y, siento como lo pierdo, ya no confía en mí, cómo antes – Mientras me lo decía me preguntaba si Slytherin había confiado en alguien en toda su vida. No sé hasta qué punto habría sido honesto con ella. Hasta qué punto era intenso el amor que sentía ese hombre. – Tengo que hablar ya con él, Hermione… ¡Cuánto antes! – sin quererlo su tono de voz había subido más de lo normal.

- ¡Galiana! ¡Debes de ser realista! ¡Ahora no puedes hacer nada! – Exclamé, un poco fuerte, sin quererlo. Noté como el grupo de gente con las que íbamos se volvía al oírla.

- Pero es que... ¿No te das cuenta? Puede que lo estén acorralando ya… O… - cada vez se le veía más agobiada.- ¡Y tú sólo piensas en jugar a las cartas!!– me dijo con desdén y desprecio. Me quedé sin respuesta ante esa acusación. Le podía haber dicho muchas cosas, pero me pilló con la guardia baja. Al fin y al cabo era la persona que me había estado protegiendo todo este tiempo. Se dio la vuelta con el rostro lleno de odio y se fue con paso decidido en dirección contraria del corredor. Yo fruncí el ceño y observé cómo se alejaba, con su paso altanero. No me gustaba estar enfadada con ella, pero no se podía negar que a veces me daba la impresión de que se trataba de una niña rematadamente mimada. Y sabía, aunque me doliera, que no debía de fiarme de ella. No del todo.

El resto la miró como si fuese un arrebato adolescente, porque hicieron un gesto de negación con la cabeza, mientras yo tenía la mirada descompuesta.

- ¿Qué le has dicho para que se pusiera así? – Me preguntó Leonard – ni que le hubieras contado un chiste de los míos. – Yo no respondí.

- Vamos, no te preocupes. – Me dijo Nikel a mi otro lado. – Ya se le pasará. Últimamente mi hermana no se comporta con demasiada lucidez.

- Pero, es que no entiendo…– dije, mientras mis cábalas se iban por lugares que los Griffindor desconocían, mientras los dos muchachos seguían el camino hacia la sala común. No sé porque esa endiablada sala común tenía que estar tan lejos de todo. Yo les seguí, sintiéndome azorada.

- ¿De qué estabais hablando? – me preguntó Nikel amablemente. Llevaba de nuevo el pelo alborotado, con el fantasma de Harry Potter debajo de su rostro y sus gestos. Permanecí en silencio. Él me miró de reojo, y suspiró – N me lo digas si no quieres. Pero deberías dejar sola a mi hermana ahora. Seguro que pronto se le pasará el enfado.

- Pero es que no lo logro entender. Creo que se ha molestado porque quería jugar a las cartas con vosotros. Es un poco tonto eso, ¿no?

- Lo que sucede – explicó Nikel sonriéndome, mientras nos sentábamos ya alrededor de la mesa de la sala común de Griffindor y sacaban una baraja de cartas mágica y hacían que se mezclaras entre ellas entre chispas de colores. – Es que no soporta verte tan feliz, en tan sólo tres días de tu llegada, mientras ella se siente tan desgraciada por todo y creer que no encaja bien entre nosotros – bajé la mirada. Yo misma muchas veces había sentido que no encajaba. Pero no entendía por qué esa repentina envidia. No era envidia, claro que no. Era porque estaba sufriendo por algo que yo he considerado imposible. Su historia con Salazar. Pero eso no era justo.

- Lo mejor que puedes hacer es dejarla pensar. – me indicó Nikel.

A pesar de que me sentía culpable por tantas cosas, el enfado de Galiana, el paradero de Malfoy y además atrapada en otro tiempo, el juego de cartas mágica me resultó un juego muy divertido e hizo olvidarme de lo demás. Era sencillo jugar y enseguida le cogí el truquillo al asunto. Durante el juego se van eliminando a los jugadores que van perdiendo. Así es como el tiempo pasó y me quedé en la mesa jugando tan sólo con Nikel y el muchacho de Ravenclaw que se suponía que era el rey de ese juego, Ray. Cogí una nueva carta del montón, y comprobé cómo la carta era la figura de un basilisco. Genial, el basilisco sería un as en la manga. En el centro del tablero, las figuras de las cartas anteriores que habían sobrevivido seguían en pie. El juego era simple, pero seguir la estrategia adecuada, algo complicado. – Me tengo que ir ya, otro día la acabamos – Nikel se puso de pie y empezó a recoger.

- Con lo interesante que está la partida – Gruñí.

- La verdad es que me está costando ganaros, supongo que es la suerte del principiante – dijo Ray, mirándome con interés. Se le veía que se creía superior al resto. – El próximo día seguimos los tres.

- Oye Nikel, ¿Dónde vas? – le preguntó Leonard que había estado comentando todo el rato el juego como si fuera un partido de Quidditch. Había sido realmente divertido. Aunque los que habían perdido ahora estaban por allí, o bien jugando a otra cosa o haciendo los deberes que les habían mandado para vacaciones los profesores.

- A sacar a pasear a Trianny – aquello pareció dejar contento a Leonard, que estaba tumbado en un sillón, a punto de dormirse.

- ¿Quién es Trianny? – le pregunté, llena de curiosidad.

- Mi hipogrifo.

- No sabía que se podía tener un hipogrifo. – No respondió. Miró al suelo, azorado. - Pensaba que eran criaturas libres, y que nadie podía doblegarlas. A menos que…

- Seas su amigo – sonrió. A mí me dejó desconcertada. – Bueno, después nos veremos, Hermione.

Otra vez me quedo sola. Qué bien. Galiana sigue sin aparecer. Maldita sea, que rara es. Observé a una chica que debía ir a tercero, haciendo afanosamente sus deberes. ¿Cuánto tiempo tendría que pasar allí, en aquella época? Llevaba tres días y tres noches y mi situación era desalentadora.

- Leonard – dije, de pronto. Pareció sorprendido.

- ¿Sí?

- ¿Necesitas tus libros de Hogwarts para algo?

- Monsieur… Si no quiero que me castiguen tendré que hacer los deberes.

- Claro. Pero ¿Podrías prestármelos unos días? Es que no tengo los míos... Ya sabes, mi llegada aquí ha sido muy precipitada.

- Te los puedo prestar, si quieres estar preparada para empezar duro. Aunque nadie en su sano juicio haría nada. Relájate. Ya te cogerás a nuestro ritmo – me dijo guiñándome un ojo. Yo me limité a sonreír. Se levantó pesarosamente del sofá al ver cómo me cruzaba de brazos frente a él. – Bueno ¿Los quieres ahora?

- Cuánto antes… Ya se sabe. – Subió las escaleras y lo esperé mirando por aquel ventanal que era tan familiar. A mí me ponían delante de una ventana y me pasaba el día contemplando sus vistas. Pero enseguida Leonard bajó.

- ¿Con qué asignaturas vas a empezar? Bueno, te advierto que de todas formas llevamos poco de este curso. - Observé cada libro, con su cubierta de cuero.

- Me da lo mismo.

El día pasó algo desolador para mi corazón. Me sentía sola, extraña en aquel lugar aunque cada vez más familiar. La lectura de los libros hizo evadir mi mente un buen rato. La comida también fue rara. ¿Dónde demonios estaba Galiana? No había aparecido a comer. Y Malfoy tampoco andaba por allí. Maldito Malfoy. Por lo visto había una huelga de hambre y yo no tenía ni idea, porque estos dos no aparecían. Miré a Salazar y a los Fundadores. Maldita sea. Esto no me está gustando un pelo. Parece la calma de antes de la tempestad ¿Pero dónde se metían estos? ¿Es que se los tragaba la tierra? Ninguno de los dos estaba allí por mi culpa. Tendría que salir a buscarlos, era la única que podía solucionar aquello. Por la tarde la sala común de Griffindor era un hervidero de gente. Cogí mis cosas y me fui. Atravesé la puerta para reencontrarme con esa vieja amiga, mi querida biblioteca. No había casi nadie. Era cierto que hay cosas que no cambian jamás. Dejé caer mis libros y me puse a hacer los deberes que les habían mandado al resto de alumnos y que Leonard me había apuntado en un pergamino. El nivel era un poco más alto al que estaba acostumbrada, pero aún así me resultó una experiencia… gratificante. Que hacía días que no sentía. Después estaba el acertijo. Debía ser fácil, seguro. Lo adivinó Malfoy… ¿Dónde estaría ahora Malfoy? La verdad es que me había resultado más fácil coger un libro que salir a buscarlo por el castillo.

Levanté la vista al escuchar varios pasos acercándose hacia allí y me topé con que esa panda de cobardes Slytherin liderados por Lizardo. A lo mejor él estaba con ellos. Los miré de nuevo, sobresaltada, porque se dirigían… ¿Hacia mí?

- Al fin te encontramos sangre sucia – Los miré, sin delatar el miedo que sentía. ¿Cómo sabían que yo era sangre sucia? Me entristecí un poco al constatar la evidencia de que Malfoy no iba con ellos.

- ¿Me buscabais? – dije con un deje de desdén. ¿Qué se suponía que querían?

- Shhh, por favor no hagan ruido. – se quejó la bibliotecaria, un poco cansado.

- Está bien, salgamos fuera.

***.

Lo sé… Es un capítulo insulso, pero eh, ya vendrán otros mejores. Deseo que os haya gustado. Quería dar una vez más las gracias por ser cómo sois, ya que ¡¡El fic ha alcanzado los 100 reviews!! Y eso es todo un desafío para mí, para que negarlo. Había pensado hacer una fiesta o algo e invitaros a todos, pero el hombre del tiempo dio lluvias y… pimpampimpum… ejem, ejem, lo dejaremos para cuándo llegue a los 200 jajaja.

En resúmen: Me puse muy contenta, gracias a todos de nuevo. Ahora ya, ya me callo y hago la contestación a los reviews uno por uno:

- Angie Granger: Sí, sí, Nikel es el antepasado de Harry jeje, en serio. Gracias por tu review! Y con respecto a las demás preguntas… pues ya se irán desvelando. Hasta pronto!

- liale: jajjaja pues sí LO SABÍAS jeje En fin, muy contenta de que te haya gustado lo del parentesco familiar. Y con respecto a los planes de voldemort… pues no andas muy mal encaminada. Bueno, que espero que hayas recibido mi e-mail. ¡Un beso!

- keyla: Me gustaron tus reflexiones… mmm… Gracias por leerlo! Saludos mágicos también de mi parte! Hasta pronto!

- pauli evans black: Gracias por considerar mi fic un fic bueno! En fin! Espero que andes bien! Besos.

- Sandy: Lo de los celos me gustó bastante, por no decir mucho jeje… Consideraré tu idea seriamente! Besos! Ya hablaremos! Cuidate!

- blakikabla: Hola! Pues bienvenida! Y oye! Me gustan las casualidades jejje. Pues eso que gracias! Espero que lo sigas.

- pily-sofy: bueno… ¿Dos semanas es rapidito? En fin espero que lo sigas y eso, que mil gracias por el review!

- ly-draco: Síiiiii! Bombones! Mmm de chocolate… me encantan!!! (Te prometo que los racionaré a uno por día para no engordar, vale?) Gracias! Y sí, decididamente Howarts esconde culebrones hasta más allá del pasado jeje! Bueno cuidate! Besos!

- Araceli: Tienes toda la razón, es muy triste, pero en el fondo es bonito, porque, cómo bien dices, él tampoco está pasando un momento muy… ejem, positivo. Y juuuuu no vale! Seguro que a Malfoy ya lo habías imaginado tú solita con una faceta más… apuesta, a que sí? Además estoy de acuerdo de que Draco es un personaje un poco desprestigiado por Rowling. Lo de Nikel… pues, es que siendo el heredero de Godric, pues tampoco iba a ser poca cosa, jejej Nada en fin, que muchas gracias por tu review y espero que lo sigas! Besos!

- draki: La errata ha sido lo de los 4 años! Lleva 7 abierto! Joer una ya no puede ni equivocarse de vez en cuando! Yo creo que sólo te has dado cuenta tú, eh? Jjaja siempre sacando los fallos tztz Ah! Y ¿QUÉ HE VISTO UN PELÍN? ¿QUIERE DECIR ESO QUE 3 PÁRRAFOS SE CONSIDERAN ALGO? Que fort.. jejej Y bueno, que prefieras a Nikel no es nada raro. Pero Malfoy también tiene su encanto, ¿eh? Sino fíjate un "pelín" en tu Nick (Draki) Bueno, la revancha quan vulgues xicona! Así aprovecho y te enseño el DVD teeeerminado jejeje aún faltan un par de retoques peeero. Bueno pues hasta pronto! Gracias por dar tu opinión sobre mi fic, aunque esa opinión sean los fallos con las fechas (¿Sarcástica? ¿Yo?) Bss wapa!

Finito por esta vez.

Os espero en los confines de Hogwarts de 1837 para seguir con el misterio…

Maghika