La niña de mis ojos: Emancipación

Por TokioCristal

NOTAS DE AUTOR: Yssareyes48, Zha93, Guest (29/12), Guest, Sailor-lulu, Lenna (interesante reflexión :D), Guest (30/12), Melody, Patty Fei ;D, Natumoon (gracias :) ), Mia (sí, fue por la influencia del Gran Sabio. Pienso que lo mismo que tú sobre el amor), Luz, Lola, Pato, Estrella, Chofi, Mimi, Ivette, Guest (16/01), Guest (19/01), Eva Z (bienvenida :D), Perlita, Guest (05/02), Eliana, Lizzie, etc

Sepan perdonar la tardanza. Estos meses he estado un poco complicada de tiempo para escribir, además que la inspiración se me ha ido de paseo jajajajajajjajajajajjajajajjajaajajajja…. y todavía no regresó, pero pude escribir esto.

Muchas gracias por sus deseos de año nuevo, y espero que tod s hayan tenido un espectacular comienzo en este 2017.

Sepan disculpar todos los errores dentro de la lectura, porque creo que parece que lo hubiese escrito como si hubiera estado pegando la frente contra el teclado, en vez de tomarme mi tiempo para redactarlo jejeje


DARIEN POV

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El día anterior a la fallida boda religiosa, Armando y Serena habían firmado un sinfín de documentos en el que declaraban, ante el Registro Civil, que ellos eran marido y mujer y que yo, por ende, me había convertido en cuñado de mi ex novia.

¡Ja, ja, ja...!

Prefería reír antes que llorar...

Y para empeorar las cosas, al día siguiente de revelarme vivo, apareció como arte de magia (no exagero, porque después de todo es una bruja) Neherenia, haciéndose pasar como la doliente "ex" viuda. Todo transcurrió en una tragicómica y dantesca escena: mi esposa corrió hacia mí, con lagrimas secas en sus mejillas, mientras me murmuraba con la voz agrietada y seca: "oh, mi adorado y amado... ahhh... cof... Darien, ¡estás vivo!, aahhh... cof... qué... cof... felicidaaad…"

Recuerdo a Serena con cara de poker, a Armando sonriendo complacido al vernos juntos (después de todo, si yo continuaba casado, Serena omitiría acercarse a mí) y a Mina preparada para ponerse a la defensiva ante cualquier eventual ataque del enemigo, sabiéndose de antemano que Neherenia era parte del clan del Gran Sabio.

Pero no ocurrió nada ese día.

Ni el siguiente.

Ni los otros próximos días a ese.

Y todavía no ha pasado nada en la semana que ha transcurrido.

Porque después de todo Neherenia me tiene amenazado.

Yo vivo dentro de la mansión Shields y no puedo cruzarme ni hablar con Serena, con quien también comparto domicilio por razones obvias. Así que lo único que hago es estar dentro de mi habitación, vestido con un pijama, mirando desde mi ventana hacia la nada como un completo idiota. A fin de cuentas tampoco puedo salir por cuestiones judiciales.

Veamos: he llevado legalmente "muerto" como seis meses.

¡Seis meses!

Y de la noche a la mañana he aparecido vivo y sin ningún tipo de rasguño.

¡Ja, ja, ja...!

Otra vez rió para no llorar...

Por lo mismo, no puedo hacer uso de mi dinero, y he recibido constantes visitas de las autoridades y de psiquiatras que intentan revelar el paradero de mis "supuestos" secuestradores porque, claro, no puedo revelarle a nadie la verdad de que me he hecho pasar por muerto, para así poder escapar de las garras de un ente sobrenatural, que desea asesinarme a mí, porque me detesta desde hace un milenio atrás y yo soy la reencarnación de la persona que más odia en todo el universo.

Seria muy complicado de explicar, y además no quiero verme el resto de mi vida internado en un psiquiatrico.

Así que se me ocurrió mentir, haciendo de cuenta que no recuerdo nada.

No "recuerdo" cómo me secuestraron, quiénes me secuestraron, qué he hecho durante todos estos meses, dónde he estado, cómo he logrado liberarme de las crueles manos de mis "secuestradores", porqué fui hasta la Iglesia, y tampoco recuerdo la declaración de amor pública hacia Serena. Creo que esto ultimo lo he hecho más por orgullo que por aparentar un estado amnésico.

—Te estás portando muy bien Darien —comentó Neherenia, entrando en mi habitación, que desde hacía una semana la compartíamos como "matrimonio", aunque yo la bautizaría más como "encarcelamiento."

La miré inexpresivo pero no le respondí nada. Yo sabía que el Gran Sabio había cambiado de planes respecto a mi vida y de la de las sailors, a fin de cuentas era difícil matarme y mantenerme alejado de Serena…

Sé que estoy dentro de la zona de confort de mi enemigo y yo desconfío de todo, inclusive del suelo y las cuatros paredes que me rodean. Luna, Artemis, Mina y Rei han en estado en completa alerta, porque estamos vulnerables: los enemigos saben nuestras reales identidades. Además, yo no tengo nada a mi favor. He estado analizando a los individuos que están dentro de mi "bando", que somos sólo cinco (incluyéndome): hay dos gatos parlanchines que no sirven ni como mascotas, una chica rubia con pocas luces y una sacerdotisa, que es muy hábil e inteligente, pero su coeficiente ha ido en desuso cada vez que se junta con Mina Aino...

Mmm...

Además se me tiene prohibido revelarle a Serena la verdad de nuestro pasado como Endimión y Serenity. No porque me lo haya restringido el bando de los buenos, sino porque yo me he mantenido en silencio sin chistar, por miedo a las represalias de parte del Gran Sabio, sin embargo ya me estoy hartando de quedarme quieto sin hacer nada, esperando porque suceda un milagro.

Es más, creo que ya es hora de actuar.

—Neherenia —musité.

—¿Qué?

—Quiero que quites los espejos de la mansión…

Ella sonrió de medio lado.

—Tú no eres el que me da las ordenes —susurró con prepotencia.

La miré con odio.

—En cada maldita pared hay un espejo, ¿de verdad es necesario?

Neherenia me contempló un instante, levantándose de su lugar y saliendo del dormitorio.

Aproveché la soledad en la que me hallaba para acercarme a mirar por la ventana. Como si el destino lo hubiese querido así, justo Serena se hallaba caminando por la inmensidad del patio. Llevaba un vestido naranja veraniego y en una de sus manos un pequeño libro. Suspiré con fuerza, sintiéndome desdichado.

De repente en mi campo visual apareció mi adorado hermano. Él se colocó detrás de Serena, cubriéndole los ojos y tomándola por sorpresa. Cuando mi ex novia descubrió que era él quien estaba detrás, se dio media vuelta dándole un caluroso abrazo de bienvenida. Mi ceñudo rostro se reflejó con amargura sobre el vidrio.

Armando se inclinó dispuesto a besar los labios de Serena, y yo en ese momento hice un dantesco y brusco sonido abriendo de golpe la ventana, que en el acto hizo que las palomas que estaban descansando en el marco salieran volando. Armando y Serena miraron por inercia hacia arriba. Les fruncí el ceño y me aparté de la ventana.

Respiré hondo un par de veces, pero no pude aguantar más los celos y el rencor naciente dentro de mi cuerpo. Agarré una figura de mármol decorativa y allí comencé con el "apocalipsis"...

Salí de la habitación hacia el pasillo y… ¡Plash! Hizo el primer espejo. ¡Plooshh! Le siguió el otro. ¡Plishh! Miré mi reflejo reducirse en trozos de vidrio. Y allí iba yo rompiendo cristales, danzando en un ambiente disonante junto con la desesperación de los empleados que me pedían enardecidamente que detuviera mi ataque de locura.

"¡Ah!, ¡está loco!, ¡ah!, ¡es un peligro!, ¡ah!, ¡qué alguien lo detenga!" Exclamaban a mis espaldas. ¡Plash! Otro espejo. Esto se estaba transformando en un desastre. No hice mueca de dolor cuando uno de los cristales abrió la piel de mi mano atacante. En cambio me puse a tararear una afamada canción…

Let the stormy clouds chasePlossshhh! Otro espejo más) Everyone from the place, come on with the rain

Sentía cierto placer al ver el desconcierto de la gente. ¿Loco yo?, ¡mph! Estresado, nada más.

I've a smile on my face; I walk down the lane with a happy refrain… ¡Y dentro de esta prosa, iba otro espejo roto más!

Estuve por gritar a los cuatro vientos que no se asustaran, que yo no era la amenaza, sino los vidrios donde se reflejaban, pero claro no quería verme tampoco tan psiquiátrico.

Oh, oh...

Allí lo vi; al Monsieur caminar furioso hacia mí junto a su actual señora Shields. Solté la figura de mármol, que se rompió en pedazos sobre el suelo, y escondí mis manos detrás de mi espalda como si hubiese sido descubierto en plena travesura.

—¡Oh, Darien! —exclamó Serena, tapando sus bonitos labios (que ahora pertenecían a Armando) mientras sus ojitos (que también eran de Armando) miraban desconcertados el suelo.

Le sonreí como un niño bueno. Su esposo (y medio hermano mío) luego de un segundo de desconcierto se abalanzó hasta mí, sosteniéndome de las solapas de mi pijama. Nos miramos fijamente con la mirada desafiante.

—Te vas de la mansión en este mismo instante —dijo entre dientes.

Sonreí de medio lado y miré de reojo a Serena, quien dio unos pasos hasta nosotros. Empujó levemente a Armando y se puso en medio de los dos, como una especie de escudo protector.

Casi se me dibujo una sonrisa de autosuficiencia.

—¿Armando, cómo vas a echar a tu único hermano de la mansión?, ¡Él necesita ayuda! —exclamó con reproche.

Armando la miró con hastió y en ese instante quise tirar leña sobre las llamas de aquella pelea matrimonial. Serena no se achicó ante el enojo de su Monsieur esposo y continuó defendiéndome.

—¡Darien está enfermo!, ¿recuerdas que nos dijeron las autoridades y psiquiatras?, ¡tenemos que ser más comprensivos con él!

—Puedo entender que te preocupes por el estúpido e inservible de Darien, porque yo también me preocupo por él, ¡pero eres mi esposa y te comportas como si no lo fueras! —exclamó Armando.

—¡Eso no tiene nada que ver con que eches a Darien!

—¡Estaba creando destrozos y asustando a los empleados!

—¡Darien necesita ayuda!

—¡Todos tenemos problemas, Serena, y no por eso actuamos de esa forma!

—¡Armando, eso no te da el derecho de echar a tu hermano de su propia casa!

Una pequeña figura en mi hombro derecho se reía de la situación, de la discusión marital que había ocasionado.

¡Ah!, podría alcanzarles los trámites de divorcio en bandeja de oro. ¡Firmen!, ¡Firmen! Mientras más pronto se separen, mejor para mí...

—¡Darien te vas!

—¡Armando!

—No me voy. La mitad de esta mansión es mía —respondí con obviedad, haciendo por primera vez uso de mi patrimonio paterno.

Armando abrió los ojos como platos, como si no hubiese esperado jamás esa respuesta.

—¡Darien tiene razón! —exclamó Serena por inercia.

La figura sobre mi hombro derecho rió con más fuerza.

Mi hermano respiró con fuerza. Miró a mi novia y luego me miró a mí. Después otra vez sus ojos regresaron a Serena. Allí intercambiaron miradas que me hicieron sentir como si yo sobrara en ese momento. Su expresión se retornó dolida y se dio media vuelta, yéndose vaya a saber uno a donde, tal vez a llorar a moco tendido en su opulento dormitorio… bueno, en realidad, no lo creo.

¡Bien!

Reformularé está idea de un modo más realista: allí se iba el mayor de los Shields, ofendido, con sus aires de niño rico y mimado, a hacerse el afligido detrás de dos enormes puertas, acompañado por su séquito de fieles empleados, que le servirían una cara botella de champan (ahogadora de penas) dentro de una inmensa copa de oro, mientras lo abanicaban y le daban de comer uvas frescas y verdes en la boca, tal como si fuera un emperador…

Fruncí el ceño cuando vi la preocupación en el rostro de Serena y su ademán de ir detrás de él. La sostuve por inercia del brazo. Ella me miró directo a los ojos y, sin darme tiempo a decirle algo, me dijo de modo acelerado:

—Darien, de verdad estoy muy feliz de que te encuentres bien, pero no está bien que hagas destrozos en el hogar de Armando. ¡Él de verdad ama su mansión!

Y allí estaba yo, antes era la victima y ahora soy el victimario, recibiendo mi porción de la torta de sermones.

—Serena, esos espejos…

Me interrumpió.

—Son de Neherenia y no debes romperlos, ¿crees que de verdad a tu esposa le hará gracia lo que hiciste?

Mis labios se abrieron en ademán de respuesta, pero una voz me interrumpió.

—Tiene razón Serena…

Y ahí aparecía mi pesadilla. Neherenia Shields.

Solté a Serena, quien se movió cohibida ante nosotros dos. Nos miró por un instante a Neherenia y a mí. Pude ver la tristeza en su mirada, y luego se fue corriendo hacia la misma dirección por la cual se había ido Armando...

Miré mi reflejo entre los vidrios del suelo, distorsionado y tan abstracto como una pintura de Picasso. A mi lado también se reflejaba la bruja de Neherenia, con cara de pocos amigos.

—Sabes que detesto que rompas mis espejos —susurró.

Sonreí de medio lado.

—Quítalos de la mansión… —reiteré.

—Tú no eres quien me da las órdenes… —respondió otra vez lo mismo.

La miré de lleno y le sonreí de lado.

—No te preocupes. Ahora mismo iré donde está Serena y le contaré todo lo que sé sobre nosotros…

Neherenia sostuvo mi antebrazo con fuerza, clavando sus uñas rojas contra mi piel.

—El Gran Sabio no quiere que lo hagas.

Intercambiamos furiosas miradas. Moví mi brazo para que me soltara. Ella lo hizo sin resistirse.

—¿Y tú piensas qué continuaré haciéndoles caso?, ¿qué seré conscientemente la marioneta de sus juegos?

—¿Qué otra opción tienes Darien?

—Tengo un manto de opciones…

Ella frunció con desganó el ceño.

—Recuerda que no son solamente tú y Serena los únicos involucrados en esto. Hay muchas más personas, a las que también quieres, que pueden salir dañados…

—Quita los malditos espejos de la mansión —repetí sin miramientos, sin achicarme por su amenaza, sin dar mi brazo a torcer—. Están consumiendo la vida de Armando… ¿o acaso crees que no sé que tú eres la culpable de la enfermedad de mi hermano?

Ella abrió los ojos como platos, y me di media vuelta dispuesto a irme. Paré mis pasos frente al último espejo que quedaba en pie en el pasillo. Apreté mi puño y golpeé mi reflejo, quebrándolo.

—Darien deberías controlar tu malhumor…

La miré de reojo, con odio, para luego continuar caminando con mi mano ensangrentada.


POV NEHERENIA

UN PAR DE DÍAS DESPUÉS

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Me arrodillé frente a la magnánima figura de mi señor.

—Así que Endimión ha estado rebelándose…—musitó pensativo.

Asentí.

—Él quiere quitar los espejos de la mansión. Ha amenazado con desenmascarar la verdad de su pasado a la reencarnación de Serenity…

El Gran Sabio tardó en responder, y mi corazón latió nervioso dentro de mi cuerpo.

—Está bien —aceptó, y finalmente levanté la mirada para verlo, aunque en realidad nunca había podido conocer su figura ni su rostro, porque se hallaba cubierto por una enorme capa—. Vamos a quitar los espejos de la mansión…

Asentí.

Dos focos rojos brillaron dentro la oscuridad de su capucha, y lo escuché reír suavemente.

—… pero sólo deja uno en el dormitorio de Armando.

—Como usted ordene su majestad…

Él hizo un ademan con la mano para que me retirara y, cuando iba a hacerlo, escuché la voz suave y aniñada de una jovencita.

—Padre…

—Oh, pequeña Serena, veo que ya despertaste…

Dirigí mi mirada hacia la susodicha. Llevaba su peinado de dos coletas, tan típico de su especie, y un largo vestido blanco con detalles dorados en su pecho, que la hacían ver más inocente. Era físicamente el calco de su difunta madre: la princesa Serenity. Sólo la diferenciaba el cabello rosado y los ojos rojos...

—Sinceramente ha sido una siesta muy reponedora —repuso estirando sus brazos entre un bostezo.

Los analicé por un instante, mientras los escuchaba hablar...

Hacía un milenio atrás, el Gran Sabio, habiendo sobrevivido al ataque del Cristal del Plata perpetrado por la difunta Serenity, decidió ir a buscar a la pequeña fruto de la relación entre la princesa lunar y el rey Endimión. Su plan principal era asesinar a la mocosa para así poder completar su venganza, pero fue verla dentro de la cuna y, sin explicación alguna, desde ese momento cayó hechizado ante la criatura. Desde entonces decidió quedarse con ella y adoptarla como una hija. Así fue como con los años se encariñó con la niña, mientras esperaba ansioso el nacimiento de la reencarnación de Serenity, quien era la mujer a la quien siempre él deseó con mucha obsesión...

El crecimiento físico y mental de Serena se había ralentizado durante un milenio, manteniéndose dentro de la figura de una niña de siete años, pero desde hacía seis años había comenzado a crecer hasta tener la figura de un adolescente de trece años. Y eso era lo que estaba generando problemas, porque su parte humana había entrado en una fastidiosa etapa hormonal. Meses atrás había visto accidentalmente, a través de una esfera mágica, a la reencarnación de Endimión, y desde ese momento había quedado prendada a él, como si en sus genes ya supiera de antemano que Darien también era parte de ella.

—Bueno Neherenia, ocúpate de todo según lo planeado.

El Gran Sabio desapareció, dejándome a solas con la fastidiosa niña.

Serena me miró directo a los ojos, sonriendo de medio lado.

—¿Sucede algo Neherenia?—preguntó percibiendo mi nerviosismo.

¡Ah! Con toda la sinceridad del mundo, detesto estar enfrente de esa hibrida, mitad terrícola y mitad selenita, hija de Endimión y Serenity…

—No…

La mocosa se largó a reír con suavidad, de un modo que me recordó a la reencarnación de su progenitor. A fin de cuentas, a veces solía tener ademanes parecidos a los de él, y aquello me ocasionaba escalofríos y una desconfianza muy latente contra ella.

—¿Cómo se encuentra Endimión? —preguntó, sentándose cómodamente en el trono, algo que el Gran Sabio se lo tenía permitido sólo a ella.

—Sigue vivo…

La mocosa sonrió con autosuficiencia.

—Claro que lo está y así continuará estándolo…

Serena sabía más que nosotros, pero yo no entendía la razón por la que el Gran Sabio no se daba cuenta.

—Si me permite, me retiro…

Y entonces hice un ademan para irme, pero ella me interrumpió con una pregunta:

—¿Sigues casada con la reencarnación de Endimión?

Asentí.

—¿Y duermen juntos?

—No…

Entrecerró los ojos, sonriendo de medio lado.

—Dime, ¿qué sientes cuando te besa?

Me mantuve en silenció. Ella continuó analizándome con la mirada.

—Está bien si no me quieres responder aunque me gustaría que lo hicieras…

Continué en silencio. Prefería guardarme para mí los "sentimientos" que tengo hacia aquel hombre prohibido...

—¿Él te ha dicho alguna vez que te ama?

—Él sólo ama a la reencarnación de Serenity.

Yo sabía que eso la molestaba. Sus facciones aniñadas se retornaron frías. Ella por alguna extraña razón detestaba a la reencarnación de su madre, quien había sido curiosamente también bautizada con el mismo nombre: Serena.

—Vete Neherenia…

Y me fui, sin decir nada más.


SERENA POV

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Sentí que me tiraban dentro de una habitación. No pude gritar por el shock cuando vi a Darien, quien cerró la puerta con las mil trancas que existían y luego pegando un extraño pergamino sobre la madera.

¿De verdad ya había enloquecido del todo?

Me miró de lleno con seriedad. Mi corazón se detuvo un instante.

—Darien, ¿estás bien? —pregunté entre un débil titubeo.

—Sí —simplemente respondió caminando hasta mí.

Nos miramos fijamente y más nerviosa me sentí. Era la primera vez que estábamos completamente a solas luego de todo lo que había pasado. Agaché avergonzada mi mirada y caminé hacia la puerta, pero Darien pegó su mano contra la madera.

—No te vas —ordenó.

Me armé de valor y le respondí:

—Sí me voy —coloqué mi mano en ademan de sacar la primera tranca.

Darien sostuvo mi muñeca, quitándola de ahí. Me asusté cuando sus ojos azules analizaron toda mi figura, como si pudiera desnudarme con tan sólo una de sus miradas. Nunca antes lo había captado de esa forma, aunque después de todo yo era muy niña cuando comencé a mantener relaciones sexuales con él, y actualmente yo ya soy una muchacha de veintitrés años, muy recientemente cumplidos.

—No, no te vas…

—¿Qué me vas a hacer?

—Nada, sólo quiero hablar…

—¿Sobre qué?

—Sobre el papel tapiz de estas cuatros paredes…

Suspiré con fuerza, frunciendo el ceño.

—Veo que todavía no perdiste tu toque de ironía a la hora de tomarme el pelo…

Él sonrió de lado mirando hacia el escote de mi vestido. Me sentí acalorada. Comenzó a acorralarme hacia atrás, hasta que mi cuerpo se topó con el comienzo de la cama, y así caí sentada sobre el colchón. Lo vi tan confiado con, sospecho, sus mal sanas pretensiones respecto a lo que buscaba que sucediera entre nosotros.

—¿Quieres qué te confiese algo? —susurró inclinándose hacia mí, colocando sus manos a cada lado de mi cuerpo.

Yo sabía que tenía el poder de detener cualquier avance de Darien, ya que él jamás sería capaz de obligarme a hacer algo que yo no quería, pero no entiendo el porque le estoy permitiendo dominarme dentro de su jueguito...

O si lo sé…

… me estoy haciendo la inocente, tal vez para ese modo luego restarme culpabilidad dentro de la situación que sucedería con posterioridad.

—¿Qué quieres confesarme?

—Que ese vestido te queda muy bien…

Me sentí más acalorada.

—¿Sí?

Él asintió y se acercó más peligrosamente a mí. Yo me mantuve estoica, sin mover un solo pelo. Únicamente suspiré con fuerza cuando su boca se posó en mi cuello. Cerré mis ojos y me dejé hacer, percibiendo sus labios contra mi cuello, mi clavícula y luego el comienzo de mis senos. No podía pensar en nada más, porque percibir su calor, su tacto y respiración, después de creerlo muerto durante seis meses, era como estar dentro de un paraíso. Y yo deseaba ser Eva por un día, y que él fuera mi Adán, y morder la fruta prohibida sin pensar en las consecuencias posteriores.

Levantó la mirada y me miró directo a los ojos.

—Tu cuerpo ha cambiado… —musitó colocando su mano delicadamente detrás de mi espalda.

No dije nada pero suspiré con fuerza ante su cercanía.

Armando.

Pensar en Armando.

Debía pensar en mi esposo.

Por algo me había casado con él…

... pero esa parte dentro de mí que amaba a Darien y que lo había extrañado dolorosamente, sólo deseaba que me abrazara, me besara, sentir su calor, su fuerza, todo.

Le miré los labios y otra vez sentí una contracción interna entre mis muslos. Luego observé de reojo el pergamino contra la puerta y me sentí tranquila, como si el ambiente denso que a veces percibía en la mansión y que me hacía sentir confundida, estuviera lejos de este lugar donde nos hallábamos sólo Darien y yo.

—Quiero preguntarte algo… —susurré mirándolo.

—Dime.

Me armé de valor y le planteé indirectamente:

—¿No te gustaría ver más a fondo lo mucho qué he cambiado?

Y apenas lo dije, Darien ya estaba sobre mí, con su anhelante boca besando apasionadamente la mía. Fue algo apurado, desesperado, un reencuentro, sólo un momento secreto para tener intimidad, como temiendo arrepentirnos, sin tanto juego previo, sin pensarlo demasiado, buscando sacar provecho a este presente en el que sólo éramos él y yo, sólo nosotros. Subió mi vestido hasta mis caderas y corrió mis bragas hacia un costado. Analizó mi húmeda intimidad con sus fuertes dedos y suspiré, llevando mis manos hacia su abultado pantalón, bajando el elástico y dejando en libertad su dura entrepierna. Apartó mi mano traviesa, y colocó la suya sobre su miembro, apuntando hacia mi ansiosa entrada. Con un solo movimiento se hundió dentro de mí. Grité, pero no por dolor, sino porque había estado esperando este momento por largo tiempo. Mis paredes se amoldaron a su ser y lo sentí, con mucha dicha, vivo dentro de mí, y fuimos uno sólo otra vez... como había sucedido en otras ocasiones.

¡Yo amaba sentir su respiración!, su calor, su voz, verle a los ojos y verlo vivo, ¡completamente vivo!...

Nos abrazamos fuertemente mientras sus labios besaban los míos con cariño, hundiéndose con suavidad dentro de mí ser. Lo escuché decirme lo mucho que me amaba, y yo me sentí poderosa al verlo solo mío y de nadie más.

—Más fuerte —pedí con la voz agrietada y agitada, entre sus labios.

—Te amo —reiteró y mi corazón se comprimió.

—Empuja con más fuerza —pedí otra vez.

Darien hizo caso omiso a mi petición y continuó besándome con cariño.

—Dime que me amas...

—Darien…

—Dime que todavía me amas —pidió con suavidad, sonriéndome candidamente—. Por favor dilo... prometo que quedará como un secreto entre tú y yo…

—Darien…

—Te amo mucho Serena…

—Yo también y lo sabes…

Darien me sonrió con picardía y colocó mis piernas contra sus hombros, mientras me sostenía las caderas. Comenzó a moverse con un vaivén algo más violento y yo intenté seguirle el ritmo con la misma intensidad. Él se notaba complacido y divertido ante mis inútiles intentos de no gemir con fuerza, mientras la cama golpeaba constantemente contra la pared. Así estuvimos unos instantes hasta que mi orgasmo llegó con intensidad, y tuve que exclamar su nombre en reiteradas ocasiones. De verdad estábamos siendo poco discretos pero yo no podía pensar claramente. No con Darien dentro de mí, haciéndome el amor brutalmente. Grité otra voz con fuerza y me moví desesperada dentro de sus brazos. En un hábil y rápido movimiento quitó mis piernas de sus hombros, abrazándome con desesperación y cubriendo sus labios contra los míos. Lo sentí por completo dentro, hasta lo más profundo de mi ser, y luego su semen desparrándose...

Darien se movió más tranquilamente, como buscando aliviar la calentura que nos había inundando, y sin dejar de besarme con adoración. Estábamos agitados, transpirados, con la piel ardiendo y hasta creo que cansados, aunque fue algo muy rápido, no pensado y violento.

No me sentí arrepentida, después de todo yo amaba al hombre con el que había compartido algunos instantes de intimidad. Sin embargo sí me sentí culpable, y por eso de la nada me largué a llorar. Darien me miró colocando sus manos contra mis mejillas. Las lágrimas se volvieron cuantiosas y la angustia me sobrepasó. ¿Por qué él estaba casado con alguien más?, ¿por qué yo me había casado con Armando si todavía continuó amando locamente a Darien?, ¿por qué Darien estuvo seis meses falsamente "muerto"? Él besó mis húmedas mejillas y luego colocó su boca sobre la mía, y pude sentir el gusto salado de mis lágrimas. Me contempló con sus ojos tristes y anhelantes, lejos de todo aire confiado que había mantenido con anterioridad...

—Quédate conmigo… —me pidió y recordé su abierta declaración amorosa.

Aparté sus manos de mi rostro y lo empuje levemente.

—Quítate —pedí sin atreverme a mirarlo directo a los ojos.

Darien quiso besarme y lo rechacé.

—Sabes que esto no está bien —susurré.

Él me sonrío cándido y sostuvo mis manos entre las suyas, besándolas.

—Claro que sí está bien, si nosotros nos amamos...

Respiré hondo y cerré los ojos. Dentro de la oscuridad de mis parpados se trasparentó el rostro de su hermano mayor, con quien yo todavía me hallaba casada y a quien le había jurado amor, al menos, hasta donde llegaran nuestras vidas juntos.

¡Ah! Como me dolía el corazón cada vez que pensaba en Darien... y con Armando yo tan sólo sentía calma.

Tenía que acabar con esto...

Darien siempre había tenido el valor para abandonarme en varias ocasiones, ¿por qué yo no podía ser igual de fría en este momento? Más allá de que hubiésemos hecho el amor en este instante, ahora era yo quien en realidad, por más que lo amara, no quería volver a su lado como pareja, porque ya lo habíamos intentado en varias ocasiones y sé que no congeniamos bien.

Lo miré directo a los ojos y, sin temblarme la voz, le confesé con sinceridad:

—Estoy enamorada de Armando.

Su mirada se volvió sombría y sería. Se apartó de mí, acomodándose la ropa y luego caminó hacia la puerta, recostando una mano contra la madera y la otra dentro del bolsillo de su pantalón. Desde allí me analizó con cara de nada, mientras avergonzada acomodaba mi vestido en su lugar. Me levanté de la cama y caminé hasta él. Nos miramos fijamente. Darien sonrió irónico.

—Así que estás enamorada de Armando…—musitó sin dejar de mirar mis labios.

Asentí por inercia, porque me había quedado sin habla. Yo amo locamente a Darien, pero no por eso debía traicionar a Armando. Ya le había sido infiel… y esto no debía volver a repetirse.

Darien quitó el curioso pergamino, retiró las trabas, abrió la puerta y luego con la mano hizo un ademán para que me fuera de la habitación. Lo miré una única vez y salí hacia el otro lado. Él se recostó contra el marco de la puerta, cruzando los brazos contra su pecho, sin dejar de sonreír. No sé porque no podía, o mejor dicho, no quería irme de su lado. Así que esperé en el pasillo a que me dijera algo más, aunque fuera lo más mínimo.

—¿Sabes que es lo extraño? —susurró finalmente a modo de secreto.

—¿Qué? —cuestioné con timidez.

Me miró risueño y se largó a reír suavemente con burla.

—Que todavía no hayas consumado tu matrimonio con Armando

Abrí los ojos como platos. ¿Quién le había contado eso? Es decir, nadie lo sabía…

Me puse a la defensiva.

—Claro que sí lo hice, por algo somos marido y mujer —respondí con conveniencia, aunque mentir siempre se me ha dado fatal.

Él descruzó uno de sus brazos, y con su dedo índice y pulgar golpeó mi frente.

—Cabeza de chorlito —musitó burlón. Hice un mohín molesto con mis labios—. Te conozco mejor de lo que crees y sé que no lo has hecho.

No le respondí, sintiéndome intimidada por su mirada. Sin embargo, lo miré con mi peor cara, con el rostro ceñudo y los cachetes inflados como un pez globo molesto. Él toco mi peinado y le aparté la mano con un manotazo. Se largó a reír.

—Mi pequeña Serenita… —susurró.

—¡Ya no soy una niña!

—Eso ya lo sé, ¿y sabes qué cosa también sé?

Entrecerré mis ojos y Darien interpretó mi silencio para continuar hablando.

—Que las relaciones románticas no solo se sostienen con amor —se inclinó hacia mi dirección musitando a modo de secreto—, sino que también necesitan de muy buen sexo…

Sentí una contracción entre mis muslos, recordando lo que había ocurrido unos minutos atrás. Respiré hondo y le respondí con amargura:

—¡Ve y hazle entonces el amor a tu esposa! —y así hice indirecta referencia a Neherenia.

Darien no se molesto con mi respuesta, en cambio se largó a reír con picardía.

—Ya se lo hice hace un momento —reveló inclinándose todavía más cerca de mi.

—Yo no soy tu esposa —respondí con obviedad.

—Claro que lo eres. Llevamos casados un milenio y nunca nos divorciamos —dijo con confianza.

No entendí su respuesta. Él se largó reír otra vez, como si tuviera un secreto muy bien guardado.

—Explícate —pedí.

Darien negó con la cabeza, colocando su dedo índice contra mis labios.

—Esperaré hasta que se te vaya ese falso y tonto enamoramiento hacia mi hermano. Sé que no tardarás mucho en volver corriendo a mis brazos para que te haga el amor una y mil veces más

—Que engreído eres…

Él alzó sus cejas con superioridad.

—Además, yo si fuera tú, ya estaría pensando en un nombre para nuestro futuro bebe.

Abrí los ojos como platos y casi se me sale el corazón por la garganta. Un agrio recuerdo llegó a mis pensamientos: aquella vez en la que Darien me había entregado pastillas abortivas, porque él no quería tener hijos ni nada que tuviera que ver conmigo.

—No te preocupes, tomo anticonceptivos —le indiqué con desgana.

Darien parpadeó velozmente y frunció el ceño con seriedad.

—Entonces deja de tomarlos.

Cerré mis manos en fuertes puños y exclamé con reproché:

—¡Darien, ¿acaso eres tonto?!

Él tan sólo rió, adentrándose en el dormitorio.

—Será un secreto entre tú y yo… —susurró con una media sonrisa, y me miró de arriba abajo con una mirada lasciva—, mi linda, berrinchuda y ardiente "cuñadita."

Por último me guiñó un ojo para luego cerrarme la puerta en la cara. Parpadeé en completo shock. ¿Qué había sido eso?, ¿Darien me estaba tomando el pelo? Apreté los dientes, sintiendo mucho enojo en mi interior.

—¡Darien, esto no es un juego!

Abrió la puerta y sin darme tiempo a decir algo besó fugazmente mis labios. Se apartó y me sonrió divertido. Coloqué mis dedos contra mi boca y contuve la respiración. Nos miramos directo a los ojos, y sin decirle nada me fui corriendo, antes de que sucediera algo más entre él y yo.

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* La canción que tararea Darien es "Singing in The Rain" (o cantando "Bajo la lluvia"... es muy conocida por los fotogramas del hombre que baila con un paraguas negro bajo la lluvia...). El estribillo que elegí dice "algo" así como: "Deja que las nubes de tormenta den caza a todos los que hay aquí (en el lugar), venid con la lluvia. Tengo una sonrisa en mi cara, bajo por la calle con un estribillo feliz."

*La Serena que aparece en el POV de NEHERENIA, es RINI.

*DIÁLOGO de Darien: "—Claro que lo eres. Llevamos casados un milenio y nunca nos divorciamos —dijo con confianza."

Indirecta alusión a su pasado con Serena como Endimión y Serenity.

*Próxima actualización: si se puede mucho antes del 13 de marzo, porque después ya no tendré mucho tiempo jejeje

Nos estamos viendo, saludos :D