Cap. 10
¡Por fin, luego de una larga ausencia! ¡Por fin pude escribir esta continuación que con tanto pendiente me tenía!
Espero que disculpen la ausencia. Aquí traigo el capítulo 10 de esta loca cosa que se me ocurrió hace tanto tiempo ya.
Disclaimer: Digimon no me pertenece, es sólo con fines de entretenimiento que escribo estas locuras.
Luego de despertar de aquel sueño, mejor dicho pesadilla, las dudas surcaban nuestras mentes en diferente medida para cada uno. Por una parte, estaba Ken, él se preocupaba de pensar que Kou no regresara a ser él mismo jamás. Pero le daba a todo su lugar, como el simple sueño que se supone debía ser. Luego, estábamos Jyou, Takeru y yo, que realmente nos angustiaba pensar que Kou quedara así por siempre. Pero aparte estaban Daisuke y Taichi, que veían en ese sueño, una terrible profecía y los llenó de mortificación.
Al asomarse la noche de aquel confuso día, podía sentirse en el aire la confusión y el estupor de cada miembro del grupo ante lo acontecido a lo largo de esos últimos dos días. Cenábamos en casa de la dulce criatura pelirroja, sin hablar, aún con cierto cansancio producto de nuestras difusas ideas sin ordenar. Nadie sabía que decir, o qué pensar, pero al mismo tiempo, cada uno sacaba sus propias conclusiones sobre lo que pasaba. Mi intriga y la de Jyou, era saber si Koushiro había pedido un deseo aquella noche, pero si había sido así ¿Por qué había un altar producto de algún tipo de brujería en aquella extraña casa donde parecía que el tiempo no pasaba de la misma manera? Mi otra intriga era saber el contenido de aquella nota que la pelirroja había recogido antes de salir de ese lugar.
Los comprensivos pero preocupados padres de Izzy, se retiraron para dejarnos solos. Se notaba que estábamos tensos y supuse, no quisieron importunarnos. Lo agradecí, no sabía cómo lidiar esta situación con ellos presentes. Aunque para ser honesto, ellos merecían más que nadie, saber lo que ocurría en estos momentos.
—Muy bien, estoy harta de tanto silencio ¡Hablen! ¿Por qué tan callados chicos? —Mimi interrumpió el tenso silencio formado durante toda la cena, y que nadie se había atrevido a romper hasta ese momento.
—Estoy de acuerdo con Mimi, han estado muy callados chicos ¿Qué ocurre? Sora nos miraba a los varones específicamente, sabiendo que algo no andaba bien, o que algo nos preocupaba.
— ¿Qué puedo decir? Es una combinación de todo lo que ha ocurrido desde ayer… o desde hoy… ¡Ya ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado realmente!
Taichi cerraba los puños, notablemente alterado mientras golpeaba la mesa con fuerza. Podía deducir lo angustiado que se sentía. Yo sabía al igual que todos, que habíamos tenido ese mismo sueño al mismo tiempo. No hacían falta las palabras, lo sabíamos. Y podía imaginar lo alterados que estábamos, y en especial Tai.
—Taichi, calma. Te entiendo perfectamente. Pero alterarnos no solucionará nada. —Notablemente afectado, traté de sonar sereno para tranquilizar al líder del grupo.
—No, Matt. No puedo calmarme. Esto es demasiado para mi mente. —Taichi comenzaba a subir la voz.
— ¿Entonces dejarás que la ira controle tu mente? ¿Así de débil eres? ¿Qué solucionarás perdiendo el control? —Yo también comenzaba a exaltarme (¿Dije anteriormente que no me parecía a mi personaje? Quise decir que sí me parecía a él, je, je.).
— ¡Mira quién habla! ¡El maestro del auto control! —Inquirió sarcástico mientras me reprochaba con la mirada.
— ¡Al menos estoy tratando de sobre llevar esto de mejor manera que tú!
— ¡Pues sí que estás teniendo éxito! ¡Te felicito, Yamato Ishida! ¡Eres definitivamente más maduro que yo en estos momentos!
Ambos golpeábamos la mesa, para finalmente, ponernos de pie ante las últimas frases de reclamo. Todos nos observaban nerviosos, Jyou se disponía a ponernos en orden, pero…
— ¡Por favor, basta ya!
Una voz delgada y femenina resonó como un estruendo para nuestra ira, repentina, inesperada, necesaria. Era Isabelle, sorpresivamente, se había incorporado de su asiento y golpeó la mesa con las fuerzas que sus delgados brazos le permitían. Nos miraba con autoridad y severidad directamente a los ojos. Ambos quedamos callados, al igual que el resto, quienes asombrados observaban el cambio de la pequeña.
— ¡Por favor tranquilícense! ¡Ya no son unos niños! ¿Creen que yo me siento mejor que ustedes? ¿Sabiendo las molestias que estoy ocasionando por mi estúpida ingenuidad? Es cierto que ustedes están afectados, no los culpo. Ha sido un día difícil para todos. Pero me siento terrible al tener el conocimiento de lo que esta maldición está representando para todos. Sobre todo para ustedes dos, que me han cuidado y procurado. Me siento tan mal ¡Quisiera desaparecer! ¡Despertar por la mañana y saber que todo esto fue sólo un terrible sueño! Pero no es así, estoy aquí, con el cuerpo de una mujer, y ustedes están aquí, presenciando mi maldición. Y si no van a poder controlarse, mejor será que descansen en casa. Yo me encargaré de salir de esto por mi cuenta, pues todo esto es mi maldición, ustedes no tienen por qué obligarse a soportar esto. ¡No quiero seguir siendo una carga!
La dulce chica comenzó tensa, lentamente su expresión denotó más desesperación y tristeza. Estaba afectada, más de lo que nosotros podíamos imaginar. Después de recitar aquel pequeño discurso con la tensión en sus pequeños puños cerrados, se llevó ambas manos al rostro y comenzó a sollozar. Se sentía impotente, débil y tonta. Taichi y yo bajamos la mirada, profundamente avergonzados. Los años pasaban y no dejábamos de ser unos niños bobos que competían por el estrellato. Jyou y Sora nos miraron con suma molestia. La pelirroja mayor corrió a socorrer a la pequeña chica con un abrazo fraternal, mientras Jyou hacía lo mismo. Yo me quedé paralizado, sintiéndome un completo imbécil, al igual que Taichi por supuesto. Miré de reojo al castaño, podía adivinar sus pensamientos a través de esa mirada, no era difícil, lo conocía bien, se sentía tan inútil como yo.
—Yamato-san, Taichi-san. Sé que están mal, sé que sus mentes son un torbellino de confusión. No es diferente para mí. Estoy confundido, y agobiado, preocupado también. No puedo negarlo, tengo miedo, mucho miedo. Miedo de que esto no acabe jamás. Miedo de que mi adorado senpai no regrese, miedo que nunca pueda hacer nada para ayudarlo y verlo perderse en un cuerpo que no es el suyo. Incertidumbre de saber qué es lo que pasará, tristeza e impotencia de saber que no puedo hacer más por él. Estoy asustado por la desconocida fuerza que provocó esto, pero alterado, subiendo la voz e insultando a mis amigos no ayudaré en nada. Lo primordial en estos momentos, es mantener a Koushiro-san tranquilo, ayudarlo a razonar y acabar con esta locura. Sean sensatos, demuestren que lo quieren y que desean ayudarle. Aceptamos y decidimos por nuestra cuenta ayudarlo, recriminarnos unos a otros y manifestar nuestro miedo no solucionará nada. Tienen derecho a sentirse abrumados, pero no pierdan la cabeza. Por favor, piensen en Koushiro-san.
Daisuke nos miró directamente, sereno y decidido en todo momento. Podía verse la fuerza y determinación en sus palabras. Necesitaba respuestas tanto como nosotros, pero no estaba dispuesto a dejarse llevar por el cúmulo de emociones que lo invadían tanto como a nosotros dos.
—Lo siento, de verdad lo siento mucho, Koushiro. Soy un completo idiota. Me dejé llevar por el miedo, como dice Daisuke. Yo no quiero provocarte estos sentimientos. Me siento impotente, inútil, y además, estúpido. —Taichi comenzó cabizbajo, su voz se quebraba conforme hablaba. — Tengo miedo de que no regreses jamás. Sólo quiero que esto termine y que puedas ser el chico que quiero… que todos queremos. Además quiero que sepas, que tú jamás serás una carga para nosotros ¿Lo entiendes? Eso nunca.
Por un momento, sentí cierta angustia, al notar la confesión implícita en esas palabras, pero por suerte para Taichi, y para todos, ella no lo entendió. Además de estar algo sorprendido, al verlo soltar algunas lágrimas.
—También lo lamento. Kou, por favor perdona nuestro comportamiento. Sabes que somos unos idiotas trogloditas. Yo personalmente, pienso con los puños. No era mi intención herirte.
La chica nos miró dulcemente. Ya con el corazón aliviado, suspiró y se acercó a mí primero, me abrazó.
—Está bien, Yamato-san. Yo también lo siento. Perdí el control, es que no me gusta verlos discutir, y menos en momentos así. Gracias por estar a mi lado.
Ella me soltó luego de pronunciar esas palabras y se dirigió a Taichi, al otro lado de la mesa. Lo miró un momento, como dudando en abrazarlo, pero sin mayor demora lo hizo, aferrando su carita al pecho del líder con fuerza. Él la abrazó con la misma fuerza, el pesar en sus profundos ojos marrones era evidente a medida que hundía su cabeza en los rojizos cabellos de la menor. Pero callaba, su amarga mirada era sinónimo de la tristeza que inundaba su corazón en esos momentos, sin embargo, suspiró para tomar fuerzas nuevamente, ya todo estaba en paz.
Después de aquella escena dramática, nos dispusimos a contarles a las chicas lo que vimos. Aunque Taichi quería que omitiéramos la parte de su boda con Kou, finalmente, lo terminamos contando…
—En aquel sueño, yo despertaba en una habitación completamente blanca, mirando con detenimiento mis manos, pude notar que estaban arrugadas, y con manchas en la piel, era un anciano. Al salir de esa habitación, estaban todos allí, y todos éramos viejos. —Comenzó el relato el mayor de grupo. Jyou-senpai miraba serio al piso mientras apoyaba ambos codos en sus piernas. Perdido en su recuerdo, todos asentíamos al tiempo que él. –Todos menos Taichi y Koushiro. Nos mirábamos contrariados, ninguno sabía lo que pasaba, recuerdo sentirlo tan real, que al tocarme podía sentir mi piel blanda propia de la edad. De pronto, Sora se acercó y nos regañó, nos condujo por el corredor hasta llegar a un gran salón…
—Entonces pudimos divisar una gran celebración, elegante, con muchas personas. Sora se acercó a Mimi, Miyako y Hikari que estaban juntas esperando algo. –Yo continué con el relato cuando noté que Jyou había callado. Lo más intrigante, es que genuinamente, todos habíamos tenido el mismo sueño. –Todos seguíamos confundidos y les hicimos preguntas sobre la situación, pero ustedes parecían acostumbradas entonces bueno, vimos a Koushiro y a Taichi y también eran viejos…
— ¡Pero di lo que falta, Yamato-san! ¡No sólo eran viejos, Koushiro-san era mujer todavía! ¡Los vimos llegar de la mano, muy juntitos y enamorados! ¡Las chicas dijeron que era su aniversario de bodas!
Todos los varones miramos a Daisuke alarmados. Mientras el pelirrojo no se daba por enterado del error e imprudencia que había cometido. Instantáneamente todos quisimos golpear en masa a Daisuke, pero nos limitamos a cubrirnos la cara, mientras quien lo fulminaba con la mirada, era el propio Taichi. Yo no podía entender cómo había pasado de ser un chico comprensivo y maduro al mismo bufón idiota de siempre…
—Nuestra… boda… —Repitió la pequeña pelirroja, quien sonrió con dulzura, pensando en la gran posibilidad, de casarse con él y pasar el resto de sus vidas juntos.
Su gesto se llenó de ilusión al tiempo que todos la mirábamos atónitos. Sus mejillas sonrojaron profundamente, repitiendo una y otra vez las palabras antes mencionadas. Su tierno rostro lleno de felicidad se convirtió en un auténtico miedo para Taichi, quien pudo notar la alegría que le producía la idea de una boda, ignorando por completo el hecho importante, el que a él tanto le había aterrado: la idea de que Kou fuera una mujer por siempre.
—Es cierto, que todo esto es raro, pero lo que a mí más me intriga, es que todos tuvimos este sueño con excepción de Koushiro-san. No entiendo por qué. Puedo deducir que, ¿alguien quiere decirnos algo, específicamente a los varones del grupo? —Preguntó Ken repentinamente. Su intención de interrumpir la creciente angustia de Taichi y despertar a Koushiro de su ensoñación, era clara y oportuna. Pero había un detalle: Taichi parecía querer decir algo, algo que por supuesto, no dijo.
—Cierto, gracias por mencionarlo, Ken. Además está el asunto de la nota que encontramos Kou y yo. —Agregó el siempre guapo y genial Jyou, mientras su mirada negruzca con ese aire deductivo provocaban suspiros en mi corazón… ¡Digo! ¡En los corazones de las féminas! ¡No dije otra cosa!
—Ni siquiera la hemos leído aún… —Agregó un pensativo pelirrojo mientras miraba al mayor del grupo. Comenzó a buscar entre los bolsillos de su lindo vestido hasta que dio con la nota en cuestión de unos pocos segundos.
Todos prestamos atención al pequeño papel que la dulce chica sostenía y que desdoblaba con delicadeza.
Un ser invisible nunca conseguirá una notable historia de amor. Por eso estoy desesperado. Y yo quiero dejar de ser invisible…
Mientras Isabelle leía aquella nota, palabra a palabra su expresión pasaba de la calma a la angustia, la incertidumbre, la duda, la incredulidad y por supuesto, el asombro. Al terminar, quedó de pie, sosteniendo la nota con una expresión notoriamente horrorizada. Sus manitas temblaban, mientras miraba cada palabra escrita en aquel trozo de papel. Jyou la miraba preocupado y le hablaba, pero ella estaba en una especie de trance producido por el estupor. Estaba en shock.
—Es mi letra… esto es mi letra… escrita con mi bolígrafo azul… esto no puede ser. —Repetía una y otra vez la menor, mirando a la nada mientras sus manitas temblorosas soltaban la nota, al tiempo que Jyou la tomaba, alarmado leía la misma. Izzy mientras tanto, cayó hacía atrás por el shock. Siendo sostenida por Ken quien se encontraba tras ella.
En efecto, era idéntica a la nota anterior. El mayor estaba más preocupado por la reacción de nuestro joven genio que por el contenido en sí de la nota. Sin embargo, tanto Sora como yo, así como Daisuke, nos preocupamos por el contenido de la nota ¿Koushiro siempre se había tenido tan poco amor propio como para considerarse a sí mismo "invisible"?
— ¿Cómo que la escribiste tú? —Preguntó repentinamente Taichi, luego de la preocupación al verla desvanecerse por un momento, pero que trataba de permanecer en calma por ella.
—La nota pareciera estar escrita por ella. Con su letra e incluso la tinta que suele usar en casa. Por supuesto, Koushiro no la escribió… —Respondió Joe mirando a Tai con mucha seriedad.
— ¿Qué? Pero ¿Por qué estaría escrita una frase como esa? —Taichi estaba tan confundido como el propio Kou.
— ¿No es obvio, Taichi? Isabelle nunca se ha sentido segura de sí misma… —Le respondió sorpresivamente la loca de Mimi. Mirando con tristeza a la joven pelirroja.
Taichi apretó el puño. Le molestaba que se refirieran a su Koushiro como "ella", pero además, se sentía muy mal por esa forma de pensar del pelirrojo.
—Es como si me hubieran estado vigilando… —Agregó de pronto el aludido, todavía muy confundido.
Sora y Joe me miraron entonces, como pidiéndome que revelara la nota que yo mismo guardaba y a la que aún me aferraba con afán. Me puse nervioso, me preocupaba la ya de por sí confusa reacción del menor. Pero no podía estar simplemente evitándole todos los disgustos. Me armé de valor entonces, respiré hondo y aclaré la garganta para llamar la atención.
—Ejemm… Yo… —Me disponía a hablar, pero entonces, alguien tocó la puerta de la habitación del pequeño pelirrojo. Sora se dispuso a abrir la puerta entonces, mirando a Kou preocupada. La dulce pelirroja, salió de su trance al escuchar la puerta, tratando de permanecer tranquila para no angustiar a su ya de por sí preocupada madre.
—Hola, chicos ¿Todo está en orden? Horneé yo misma unos bocadillos para que coman algo mientras estén aquí. No se vayan a desvelar mucho. Aunque están de vacaciones, deben dormir.
Comentó con dulzura la gentil madre del menor.
—Sí, señora Izumi. — Asentimos todos a la vez. Ella sonrió complacida, miró de reojo a su retoño, le preocupaba mucho, sentía algo extraño en el ambiente, pero prudentemente prefirió no importunar con preguntas incómodas. Se retiró después de que Hikari tomara la bandeja con bocadillos.
—Creo que es evidente que alguien o algo ha estado observando a nuestro Koushiro. Pero ¿por qué? —Preguntó de pronto Sora. Mirándonos a todos con suma intriga, el pelirrojo por su parte, seguía tratando de procesar todo lo que ocurría.
—A ver, hagamos un recuento de todo lo que acontece hasta este momento: La casa de la supuesta adivina está en una grieta espacio-temporal, donde descubrimos que tenía una especie de altar, y donde presuntamente conjuró con ayuda de alguno de esos dichosos muñecos extraños. Esta supuesta "mujer" les está mandando mensajes a través de sueños a los varones por alguna razón específica, y probablemente, de alguna extraña manera, ha estado vigilando a Izumi-senpai con su magia para escribir esas notas que nuestro senpai nunca escribió, pero que pensó ¿Verdad? —Miyako de pronto nos sorprendió a todos. Yo personalmente no sabía que poseía un léxico tan amplio, como siempre está con Mimi…
—S-sí, exacto, Miyako-san. —Asintió la pequeña pelirroja. Ella también con cierta sorpresa y algo abrumada también.
— ¡Entonces esa señora puede adivinar la mente y los pensamientos de la gente! ¡Qué miedo! —Comentó entre gritos la loca mayor mientras se "protegía" la cabeza con sus dos pequeñas manos.
—Bueno, ¿no creen que deberíamos relajarnos un poco? Hemos estado muy tensos y así no resolveremos nada. —Hikari, tierna y comprensiva (y la verdad sea dicha, viendo nuestros maltrechos semblantes), sonreía para la parejita principal.
Todos asentimos. Necesitábamos aire fresco sin mayores pretensiones por un momento.
Así pues, y luego de discutir a qué sitio salir, nos dispusimos a caminar a la salida. Los padres de Kou, nos pidieron regresar temprano. Asentimos todos y nos marchamos. Esta vez no usamos mi lujoso Ferrari, era demasiado angosto para todos (Sí, no desaprovecho oportunidad alguna para presumir, no lo puedo evitar. Y bueno, como siempre, ya no podía con tanta seriedad). Además, queríamos tomar aire fresco.
Llegamos al centro comercial más cercano en unos cuarenta minutos aproximadamente. Era día de fiesta en el lugar, por lo que había bandas en vivo, y todas las tiendas tenían colgados y exhibidos en sus estanterías y entradas, descuentos especiales variados. Eso por supuesto, emocionó a las chicas, menos a Izzy, quien sólo miraba extrañada la emoción de sus compañeras temporales de género.
— ¡Mira, Isabelle! ¡Tienes que probarte algo de esta tienda! —La loca de siempre, acompañada de su secuaz cuatro-ojos, haló bruscamente a la aludida al interior de una tienda de esas que tienen nombres raros (inserta aquí tu tienda de nombre raro favorita).
— ¡Waaah! ¡Mimi-san, espera por favor! ¡No me jales tan fuerte! —La pequeña señorita trataba de razonar inútilmente con su desquiciada agresora.
—Sora, por favor síguelas, tú también Hikari-chan. No sea que algo malo le hagan a la pobre chica… —Comentó de pronto Jyou con su acostumbrado tono de padre preocupado, responsable y maduro… Digo… bueno… eso.
Ambas asintieron y siguieron a al trío anterior. Seguidas de Ken, que no quería dejar solas a las chicas (recordando el incidente del parque, sobre todo por la cantidad de gente.
—Vamos por un helado, me hace falta algo frío. —Comenté acalorado y algo abrumado.
—Buena idea, Matt. —Respondió el líder del grupo. Después de lo cual, comenzamos a caminar a una cadena de helados famosa (Inserta aquí tu cadena de helados favorita). Compramos uno de doble bola de diversos sabores, los míos eran de chocolate y fresa respectivamente, en un barquillo realmente grande. Nos sentamos en una mesilla cercana donde podíamos relajarnos. La boutique de las chicas estaba cerca, no era difícil cuidarlas desde nuestra posición.
De pronto, miré a mi puberto hermanito. Llevaba un rato mirando para todos lados, y entonces hizo una mueca de victoria, al tiempo que se terminaba los restos de su helado de doble chocolate.
— ¡Eureka! — Exclamó, pero con prudencia y entonces se dirigió a una tienda de regalos y novedades, sin dar más explicaciones.
— ¿Eh? Takeru ¿A dónde vas? ¡Vuelve! –Exclamé algo preocupado. Pero el menor no me prestó atención alguna. Daisuke lo siguió entonces.
— ¡Hey, T.K.! ¡Te habla tu hermano! ¡Ven acá! –Lo alcanzó y tomó su hombro para llamar su atención. El chico sólo le quitó la mano y se introdujo en la tienda. Y un molesto Daisuke tras él.
Ya lejos de nosotros, y ante la insistencia de Daisuke, el rubio menor de mi familia, habló.
— Daisuke, ya basta. Estoy en una tienda de regalos ¿Qué no ves? Estoy aquí porque le compraré un detalle a Isabelle; quiero que se sienta mejor.
Daisuke frunció el ceño ¿Quién se creía que era? Dejándose llevar por los celos, decidió que no se quedaría atrás, le compraría algo también.
Afuera de la tienda de regalos, y luego de que nos terminamos nuestro postre helado, nos preguntamos por los chicos otra vez. Entonces, el mayor del grupo, decidió entrar a buscarlos, estaba intrigado por alguna razón.
Al entrar, comenzó a divisar los muñecos, cajas musicales, cojines decorados, tazas, llaveros, globos y demás artículos dentro de la tienda; todos con colores vivos y llamativos, así como mensajes de diversas índoles. La tienda despedía un frívolo aroma dulce que enseguida empalagó el olfato del elegante adolescente (no, no es por alabanza, él es un chico elegante ¿sí?), cubrió ligeramente su nariz, notando que la tienda era algo grande y espaciosa, pero saturada de cosas, no era de su agrado. Entonces los notó a los dos, serios, buscando el regalo perfecto para "su amada" pelirroja.
— ¿Qué hacen, chicos? –Preguntó curioso.
— ¡Le compro el regalo perfecto a Isabelle! –Respondieron los dos a la vez. Joe frunció el ceño.
— ¿Qué? ¿Pensando en frivolidades en un momento así? ¿Estás locos? –Les reprendió seriamente —Además… A Isabelle no le gustan los ositos y las florecitas de peluche ¿Qué no saben nada? Retírense, yo me encargo de esto… -Respondió muy orgulloso. Por supuesto, los dos pubertos se negaron.
— ¡Tramposo! ¡Quieres acaparar su atención! ¡Yo escogeré algo mejor que tú! –Respondieron los dos jóvenes al mismo tiempo.
Al cabo de un rato, Tai y yo nos preocupamos, ahora, Joe se había perdido en el interior de ese lugar también. Así que decidimos entrar, y bueno, tal vez tampoco saldríamos bien parados….
¡Listo! Espero de todo corazón que les haya gustado y, sobretodo, que haya alguien por ahí que aún tenga un remoto interés en esta loca historia.
Este episodio, fue serio, pero ya quería romper con la seriedad del mismo, espero que esto no les haya molestado, después de todo, "Soy chica" es una historia cómica.
Perdón a los que no les contesté review, pero es que mi cabeza ha sido un remolino en los últimos meses. Por suerte, esta historia ya la tenía escrita en una de mis libretas.
No se olviden de dejar un review, por favor, me sirven mucho. Prometo responder esta vez.
Los quiero y les deseo un feliz día ¡Chao!
