Esa tarde, Tweek aprendió algo muy importante. Aprendió que los mejores momentos no son guardados por fotos y vídeos, no pasan cuando la cámara está apuntando el lugar indicado en el momento indicado, no pasan cuando se planean. Esos momentos suceden de manera espontánea e instantánea. Y solo pueden ser guardados entre los recuerdos, como en este caso, que vio por primera vez la sonrisa de Craig.

Sonrisa perfecta, muy diferente después de los brackets, ahora más sensual, más atractiva, incluso adictiva. No podía dejar de preguntarse si alguien más vio esa sonrisa antes, decidió auto-contestarse con un no.

¿Qué tan raro era ponerse más nervioso al ver a tu amor platónico? En especial, cuando su mirada cruzaba por donde estabas, y deseabas que se detuviera en ti.

Ese es el caso de Tweek, que podía jurar que si Craig lo viese por más de cinco segundos, podría morir de un paro respiratorio.

El rubio estaba jugando con su celular esa noche después de verlo entrenar, distraído con el recuerdo de la noche en la que estuvo encerrado con Craig en los vestidores. Buscó entre sus contactos y miró el número de Craig registrado ahí, con el dilema de llamarle o no.

Su dedo jugueteo en el aire antes de caer sobre el ícono de llamar. Sus manos empezaron a temblar al escuchar los pitidos de espera del otro lado. El rítmico sonido fue interrumpido por una voz nasal que sonaba curiosa. En ese momento los vellos de su cuerpo se erizaron al oír tan cerca su voz, como un susurro a su oído.

—¿Quién habla?—Cuestionó Craig.

Tweek mordió su lengua para no soltar un chillido emocionado, solo se quedó escuchando con el corazón acelerado lo que sucedía al otro lado de la llamada.

Escuchó otras voces, música, los movimientos de Craig. Todo sonaba tan claro como nunca antes lo había hecho. Lo preocupante empezó cuando otra voz contestó, una más suave y más calmada. Entonces colgó la llamada. Mordió su labio y miró la pantalla de su celular, ese era el número de Craig. Lo había conseguido con éxito.

Lastimosamente no pudo mantener una conversación con él. Al parecer Token tomó el teléfono y empezó a hablar, y a Tweek no le importaba tener una plática con Token, el quería una con Craig Tucker y nadie más.

Cuando soltó un suspiro de felicidad, su celular comenzó a vibrar entre sus manos y por el susto apretó el ícono de contestar.

—¡Gah!—Gritó al tiempo que se le resbalaba el celular de las manos, justo como la situación.

—¿Tweek?—Preguntaron del otro lado de la línea.

—¡No!—Contestó sintiendo la garganta seca.

—Si eres Tweek. Reconozco tus gritos.

—¡¿M-mis gritos?!—Sus mejillas se prendieron después de escuchar eso.—¿En serio?

—Si...—Craig suspiró del otro lado.—¿Cómo obtuviste mi número?

Bloqueo mental. ¿Cómo obtuvo su número? No podía simplemente decirle: Hey Craig, vi que pasaste tu número en una publicación de Red la semana pasada y lo guardé para poder acosarte mejor.

Así que soltó su plan B.

—¡C-Clyde me lo pasó, y c-creo que te llame por error.

—¿Ah sí?—El tono de Craig se profundizó.—¿Por error dices?

Tweek tragó con fuerza. Su voz hizo que sus piernas tiemblen, agradeció que Craig no pudiese verlo.

—B-bueno, no fue un error.—Tweek sonrió contra el teléfono imaginando que Craig lo hacía también.

—Ya veo.—Respondió manteniendo la voz grave. La sonrisa de Tweek se ensanchó.—¿Está abierta tu cafetería?

—¿Ah? ¡S-si!

—Voy por mi café gratis, ahora.—Colgó.

Eso dejó en shock al pobre rubio, lo dejó pasmado y petrificado. No despegó su celular de la oreja hasta minutos después de que la llamada se cortó.

—¡Mierda, tengo una cita!—Gritó entre risas mientras se cambiaba su pijama por ropa decente para salir.

Corrió escaleras abajo y apresuró su recorrido hacia la cafetería de sus padres. No estaba tan lejos, podría llegar antes que Craig si mantenía su velocidad. Y estaba en lo correcto. Cuando llegó, Craig no estaba en la cafetería, eso lo tranquilizó un poco y fue hacia sus padres.

—Hijo, que milagro tenerte por aquí.—Dijo Richard.

—S-si, es que viene un amigo.

—¿Wendy?—Preguntó su mamá.

—Dije amigo, no amiga.

—Lo sé hijo, pero recuerdo cuando Wendy tuvo su época de chico...

—Mamá, detente por favor.—Le pidió levantando una mano.

La vista de sus padres se posicionaron detrás de él, una sonrisa se formó en el rostro de ambos. Tweek sintió un escalofrío ante eso y giró también hacia donde veían sus padres.

—¿Ese no es Craig Tucker?—Cuestionó la mujer con una sonrisa.—Ve a atenderlo.

—N-no, él es el amigo que les dije.

Ambos adultos se miraron con las bocas abiertas, Helen gritó de la emoción obteniendo la atención de todos los presentes en el lugar, incluyendo a Craig.

—Ve por él, hijo.—Dijo Richard dándole un empujón a Tweek hacia donde se encontraba el azabache.

Tweek casi tropieza, cae y muere con una silla, pero sus reflejos le salvaron. Craig se acercó hacia donde estaba y lo miró con curiosidad.

—¿Te encuentras bien?

—¡S-si! ¡De maravilla, Jesucristo!—Declaró enderezando su espalda y dirigiéndose a la primera silla libre que encontró. Craig lo siguió de cerca y se sentó frente a él.

Ninguno sabía de qué hablar cuando se encontraron cara a cara, Tweek quedó enmudecido con el joven frente a él, sentía que ante cualquier estupidez podría espantarlo; y después de aquella noche que quedaron encerrados, su corazón desbordó más emociones que en tiempos anteriores. Y es que debía ser honesto consigo mismo, si antes añoraba con poder hablar con él, sentarse a su lado y escucharlo hablar, eso ya no lo conformaba. Ahora su criterio incrementó, ya no les bastaba la cercanía que tenía con Craig, deseaba más, deseaba tocarlo y abrazarlo, deseaba ver facetas que nadie antes ha visto. Apostaba que pocas personas habían observado su sonrisa, entonces casi nadie debió escuchar su risa.

Sí, Tweek ya tenía una meta próxima.

—¿Y qué hacías antes de llamarme?—Craig se dispuso a romper con el silencio.

—Gah, nada en particular.—Solo pensaba en ti, por supuesto que no podía decirle eso.

—Me llamaste en el momento indicado. Quería irme de esa fiesta pero mis amigos no me dejaban. Cuando me llamaste le dije a Clyde que me invitaste a tu cafetería.—Craig suspiró con pesadez.—Apenas escuchó tu nombre, me dejó ir.

Tweek soltó una risa nerviosa ante su comentario sabiendo que todo fue a propósito. Se preguntó como es que Craig no se había dado cuenta de lo que estaba pasando, ¿O tal vez ya lo sabía? Pudiese ser que se estaba burlando de sus sentimientos; pero no imaginaba a Craig haciendo algo tan cruel.

Sin siquiera darse cuenta, sus padres se acercaron a ambos y tomaron a Craig de los hombros con inmensas sonrisas en los rostros.

—Buenas noches.—Cantó la señora Tweak.—¿Quieren algo para tomar?

—Oh, un café simple no estaría mal.

Helen y Richard soltaron una pequeña risa.

—¿Y algo para comer? ¿Un panecillo, un trozo de tarta?—Richard miró a Tweek y le guiñó el ojo, produciendo en el blondo un escalofrío.—¿A Tweek?

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¡Hola! Antes que nada quiero disculparme por la demora al publicar. Como ando estudiando y trabajando al mismo tiempo, pues se me dificultó. Lamento mucho eso.