Pasados tres días, la muchacha castaña despertó luego de un cansancio mental terrible. El cansancio le estaba pasando factura a la chica; después de despertarse, Hermione intentó descifrar dónde se encontraba, pero pensar le hacía doler la cabeza. La joven se limpió los ojos luego de observar nítidamente a un chico rubio frente a ella, esperando pacientemente que ella entrara en consciencia y le reconociera:
―¿Dónde estoy?― preguntó la muchacha usando toda su energía para levantarse de la cama.
―Granger, no te levantes, debes descansar todo lo que no has podido por años― dijo el chico.
―Pero dime en dónde estamos Malfoy― exclamó levantando la voz.
―Esa respuesta ya te la di, puedes usar las neuronas que tienes castaña― murmuró el joven.
―En tú casa de campo― dijo con un grito la ojimiel, levantándose de golpe.
―Muy bien y nadie sabe la ubicación de este sitio, ¿recuerdas eso?― interrogó el ojigris.
―Totalmente. ¿Y mis amigos? ¿Están bien?― respondió con más preguntas.
―Perfectamente, libres y sin daño alguno― masculló entre dientes inconscientemente.
―¿Dónde están?― preguntó la chica, sin dejar de preocuparse.
―Ya lo descubrirás― dijo dando media vuelta para dejar la habitación.
―¿A cuántas habitaciones están de aquí?― interrogó la ojimiel, sabiendo las intenciones del rubio.
―Tres a la derecha― respondió cerrando la puerta tras de sí.
―Muchas gracias― exclamó la joven, dejando salir el aire contenido.
―No te levantes aún de la cama, por favor― gritó el rubio desde afuera de la habitación.
En una habitación cercana a la de la castaña, dos personas peleaban con la puerta para abrirla a punta de golpes, no sabían la ubicación de sus varitas, se alejaron al oír un murmuró desde el exterior, observando como entraba un muchacho alto a su habitación, comenzaron a pelear de otra manera:
―Malfoy, ¿dónde estamos?― interrogó un chico con lentes.
―En mi casa de campo, y están a salvo, de nada― dijo riendo por lo bajo.
―Hurón, vimos que te llevaste a Hermione, ¿dónde está ella?― preguntó un pelirrojo, acercándose al rubio.
―A salvo― respondió secamente el muchacho.
―Aja, ¿y en dónde?― preguntó Ron.
―Déjalo Ron, yo sé en dónde está― exclamó Harry, tomando al ojiazul del brazo y sacándolo de la habitación.
―¿A dónde piensan ir ustedes?― interrogó el rubio, saliendo detrás de los muchachos.
―¡Chicos!― gritó Hermione, corriendo a abrazarlos.
―¡Hermione!― dijeron los tres jóvenes al unísono ―Me alegra que te encuentres bien― murmuró el azabache, abrazando a la chica.
―Los extrañe mucho chicos― susurró la chica, sosteniendo el abrazo con sus dos amigos.
―¿Cómo has estado Hermi?― preguntó el pelirrojo, separándose del abrazo.
―Bien, cuénteme ustedes, ¿en qué terminó el problema?― masculló entre dientes, intentando que el rubio no le entendiera.
―Tus amigos hicieron muy bien en hacerme caso, los estaban por matar cuando los rescate. Ellos deberían agradecerme― dijo el ojigris, pasándole de lado al trío de oro ―Granger, entren a una habitación, sabes la educación que tienen los cuadros de aquí― finalizó el chico, girando en el pasillo, para ir a las cocinas, bailando internamente de felicidad, debía decirle a los elfos que Hermione iba a comer con ellos hoy.
Después del almuerzo, el trío de oro, se encerró en la biblioteca, poniéndose al día y buscando información, para irse a la guerra, nuevamente, sabiendo en lo profundo que no querían, pero de ellos dependía el futuro del mundo mágico.
Desde fuera de la habitación, un rubio esperaba la salida de la chica, debía hablar con ella algunas cosas importantes, entre ello, la estancia del par de jóvenes en esa casa. El ojigris no tenía problemas con que se quedara la muchacha, pero no necesitaba a dos estorbos para su plan en su propia casa.
Con el pasar de las horas, el muchacho se estaba volviendo loco, para él no existía la paciencia, y eso de esperar, lo tenía cansado. De repente, la puerta de la biblioteca se abrió y de ella salieron dos muchachos casi corriendo, al darse cuenta que ellos no lo vieron, entró a la biblioteca en silencio, cerró la puerta mágicamente tras sí:
―Malfoy, no estoy de humor para ti ahora― dijo la chica, volteando para observar al rubio.
―Pero necesitamos hablar sobre algunas cosas importantes― rechistó el ojigris.
―Me niego a hablar contigo ahora, tengo mejores cosas que hacer― murmuró la ojimiel.
―Esas cosas puedes dejarlas para después, ya que no saldrás de aquí, yo no lo permitiré― le expresó el muchacho acercándose peligrosamente a la castaña.
―¡No! Tú no vas a decidir lo que yo haga― respondió la joven, empezando a molestarse.
―Espero que no deba hacer las cosas a las malas, eso no me gusta. Lo de ser el malo, no se me da bien― susurró el rubio, acorralando a la chica contra la pared más cercana.
―Pero se te da perfecto eso de seducir a todas las muchachas― dijo un poco molesta la castaña.
―Realmente, solo hay una chica a la que quiero seducir pero ella no se deja tan fácilmente― respondió el ojigris.
―Espero que tengas suerte próximamente con esa muchacha― expresó la chica intentando soltarse del agarre del joven.
―Esa chica es muy inteligente, es la mejor de su generación y la tengo frente a mí― murmuró el rubio, bajándole fuerza al agarre, pero colocándose más cerca, poniendo nerviosa a Hermione.
―Malfoy, por favor, aléjate, después te puedes arrepentir― exclamó la chica, temblando ligeramente.
―No me importa, pero dudo mucho arrepentirme de esto, y menos de decirle al mundo que te necesito.
―Eso fue muy lindo, pero puedes dejar la farsa para otro momento.
―Hermione― llamándola por su nombre por primera vez ―Deberías dejar de ser tan cerrada, ¿acaso no ves que intento disculparme?.
―No, yo veo que deseas seducirme.
―Explícitamente, necesito que me perdones, así puedo vivir un poco de paz.
―Yo te perdone hace mucho Draco― dijo la chica, imitándolo.
―Pero sigues sin querer estar conmigo― masculló bajando la cabeza al sentirse derrotado, totalmente expuesto.
―Veo que intentas abrir tú corazón, es muy difícil, lo sé. Cuando lo logres hacer completamente, te aceptaré― susurró la castaña, liberándose del agarre del rubio y dejándolo solo en el gran espacio que ocupaba la biblioteca, haciéndole pensar al joven en toda su vida.
