Capítulo 10: Escondidos.

El único que se había despertado antes de las doce esa mañana había sido Chase, pero madrugar no le importaba demasiado, ya que tenía muchas cosas por hacer. Cuando terminó de ducharse, se puso su ropa y bajó al vestíbulo del hotel. Echó un vistazo y se dio cuenta de que allí solo estaban él y los empleados del lugar, así que decidió salir a la calle a buscar a su amigo, que seguramente estaría en algún bar desayunando.

Los otros cinco médicos no se despertaron hasta más o menos las doce y media, y no salieron de la habitación hasta la hora de comer. Y aunque tenían hambre, habían optado por esperar que Chase volviese de donde quisiera que estuviese, así que se sentaron en uno de los sofás del vestíbulo. House, quien estaba sentado entre Cameron y Wilson, cogió uno de los folletos que había allí cerca y comenzó a leerlo mientras Foreman, Cuddy, Cameron y Foreman hablaban sobre las mejores playas del país.

House: Oíd esto, es un poema de un tal Manuel Flores o algo así. Escuchad: "Bésame con el beso de tu boca, cariñosa mitad del alma mía: un solo beso el corazón invoca, que la dicha de dos... me mataría." Ja ja ja, ¡Qué cursi!

Cameron: ¿De dónde has sacado eso?

House: De un festival de poesía que hubo aquí el año pasado.

Cameron no lo podía creer ¡Chase le había hecho creer que el poema lo había escrito él! ¿De verdad la tomaba por una tonta? En cualquier otra circunstancia le hubiese molestado muchísimo lo que había hecho Robert, pero en ese momento estaba más preocupada acerca de cómo reaccionaría cuando le dijese que le dejaba.

House: ¡Tengo hambre!

Cameron: Hay que esperar a Chase.

House: ¡Seguro que está almorzando en otro sitio! Son las dos y media y no he desayunado, ¿tú sabes lo que es eso?

Cameron: Pues sí, porque estoy exactamente en la misma situación que tú.

Wilson: Yo creo que House tiene razón.

Todos le miraron como si darle la razón a House fuese una locura.

Wilson: ¿Qué? Yo también tengo hambre y es probable que Chase esté comiendo algo por ahí.

Cameron: ¿Sin nosotros?

Foreman: ¡Pues claro! Seguro que se habrá ido a ligar por ahí. No te ofendas, Cameron.

Cameron: No si no me ofendo...

Después de esperar una media hora más, los cinco médicos se fueron al restaurante a almorzar sin Chase, y mientras comían, él acababa de llegar de la calle. Ni siquiera se molestó en ir a ver dónde estaban sus compañeros, simplemente subió a su habitación a descansar.

Hacía días que Cameron ya le notaba distante, pero nunca se había alejado tanto de ellos como esa vez. Y lo más extraño era que cada vez que él desaparecía, House desaparecía con él. No quería ser mal pensada pero estaba comenzando a sospechar que algo raro tramaban. Finalmente a las seis de la tarde se volvieron a juntar los seis para volver a pasar una tarde en la playa y, a pesar de que todos le hacían a Chase preguntas incómodas, él encontraba la manera de escaparse de todas y cada una de ellas.

Aunque Chase estaba siendo ese día mucho menos cariñoso con Alison, seguía sintiendo celos cada vez que House de le acercaba más de lo debido, y para asegurarse de que no hacían nada "indebido" se acercaba él mismo cada vez que les veía hablando. Pero no había tenido mucho tiempo de estar con el que ahora era su "amante" (la verdad no sabía si calificarlo así), porque una vez más se había ido a escondidas persiguiendo al intensivista de aquí para allá.

Y allí se había quedado esa tarde: sola, tumbada bajo una sombrilla encima de una toalla estirada cuidadosamente sobre la arena, leyendo el folleto en el que House había descubierto el poema que Chase le había entregado a Cameron hacía ya casi una semana. Lo desplegó y siguió leyendo:

*En uno de los festivales de poesía más importantes del país, estamos orgullosos de presentar a nuestro invitado especial: Manuel María Flores. Su nuevo estilo amenaza con renovar...*

A Cameron aquello no le interesaba en lo más mínimo, lo único que le parecía curioso sobre ese hombre es que aparentemente sentía lo mismo por una mujer que lo que sentía Chase por ella misma. Pero siguió leyendo palabras sueltas hasta que se encontró con un párrafo bastante interesante:

*Una de nuestras socias, Annette Raines, se mostró increíblemente sorprendida por el giro que han pegado los invitados de este festival y el estilo de la poesía exhibida en los últimos años. "Si bien siempre es correcto renovarse, creo que hay cosas que los organizadores deberían dejar pasar intactas, sobre todo para mantener el espíritu de un festival que, aunque suele pasar por el país sin pena ni gloria, sigue siendo muy importante para los entendidos", opinó Raines*

¿Annette Raines? ¿De qué le sonaba ese nombre? Le parecía haberlo oído en otro sitio, quizás hubiese sido una paciente del Princeton. Siguió leyendo el párrafo para ver si hacía alguna mención a alguien o algo que Cameron conociese, pero no encontró nada.

Miró su reloj. Las ocho menos diez. Se suponía que iban a estar preparados para la cena a las nueve. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que había perdido de vista a todos sus compañeros. Ya estaba harta de tener que esperarles para ir a todas partes, así que recogió su toalla y su sombrilla y se volvió al hotel. Mientras esperaba el ascensor, una mujer rubia se plantó a su lado y la sonrió. Esa mujer le resultaba extrañamente familiar.

Mujer: No esperaba verla por aquí.

Las dos chicas se metieron en el ascensor en cuanto se abrieron las puertas. No sabía por qué pero a Cameron le dio la impresión de que esa mujer no estaba en absoluta sorprendida de verla.

Cameron: Lo siento mucho pero... no la recuerdo. ¿Nos conocemos?

Mujer: Claro, habrán pasado... ¿Cuánto? ¿Tres años?

Alison seguía sin recordar a la mujer, quien le extendió la mano mientras se presentaba.

Mujer: Me llamo Annette Raines, un amigo mío fue paciente del doctor House en el Princeton Plainsboro hace casi tres años.

Cameron cayó en la cuenta. ¡Claro! ¡Harvey Park! ¿Cómo podía olvidarle? La verdad era que todos los pacientes de House eran de todo menos normales, pero la escena de aquella mujer estrangulando a su paciente por puro placer no se le borraba fácilmente de la memoria.

Cameron le estrechó la mano, sonriendo. Así que aquella mujer era socia de una compañía de arte y poesía... interesante.

Cameron: Ah, sí, ya lo recuerdo. ¿Vive aquí?

Annette: Digamos que vivo de hotel en hotel, pero paso mis vacaciones en Miami casi todos los meses.

Cameron: La ciudad es preciosa.

El ascensor se abrió en la tercera planta y las dos salieron al pasillo.

Cameron: Perdone la indiscreción pero, ¿usted de qué trabaja? Es que la vi en un folleto y...

Annette (sonriendo): Soy licenciada en bellas artes, viajo por el mundo visitando museos y dando mi opinión sobre los cuadros. Trabajo para el New York Times.

Cameron se quedó bastante sorprendida.

Cameron: Increíble. Quiero decir, cuando la conocí... Harvey...

Annette: Digamos que no pasaba por mi mejor racha laboral.

Cameron sonrió y torció a la derecha para coger el pasillo que la llevaría hacia su habitación, no sin antes despedirse de Annette. Se duchó, y después de más o menos una hora se volvió a encontrar con su compañera de habitación. Le contó todo lo sucedido acerca de lo que había averiguado aquella tarde, desde lo de la poesía hasta lo de aquella mujer, pero la directora del hospital no pareció mostrarse muy interesada por el tema ni mucho menos darle mayor importancia al asunto.

Esta vez cenaron sin House, ni Chase, ni Foreman, cosa que no molestó tanto a Wilson y a Cuddy como a Cameron, quien no se alegraba mucho de haber quedado en esa cena como "sujetavelas" de la parejita de médicos. Al final ella fue la última en abandonar el restaurante, por lo que le tocó abonar la cuenta de todo lo que habían comido (que por otra parte, como solo eran tres personas, no había sido mucho). Al salir se encontró con un Gregory House sonriente, de lo más contento, y que no reparó en el enfado de Cameron. Mientras subían hacia las habitaciones, él no paraba de repetir que tenía una sorpresa más para ella. Cuando llegaron a su destino House se detuvo frente a la habitación de la inmunóloga y pegó la oreja a la puerta.

House: ¿Oyes eso?

Alison hizo lo mismo que el nefrólogo y pegó la oreja a la puerta también, pero no consiguió distinguir ningún sonido.

Cameron: Yo no... oigo nada.

House: Mira, sé que lo que te vas a encontrar detrás de esta puerta te podrá resultar bastante chocante, pero es la verdad. Y para que no te pille desprevenida, solo te diré que Chase se ha pasado al lado oscuro.

Cameron: ¿Cómo?

House: Que ahora le va el pescao.

Cameron: ¿Perdón?

House: Que se ha cambiado de acera... ¡Que se ha amariconao!

La inmunóloga se rió a carcajadas y tardó un buen rato en recuperar el sentido.

Cameron: ¿Qué has dicho? De verdad, House, las cosas que te llegas a inventar...

House frunció el ceño, sin poder creer que Cameron pensase que estaba de broma-.

House: ¡Es verdad! Mira, dame la tarjeta.

Cameron le entregó la tarjeta-llave de su habitación, su jefe cogió aire y la pasó por la puerta, la cual abrió de una patada. Se encontró con una escena que ni él mismo se esperaba: Chase estaba sentado en la cama con una mujer que solo Cameron reconoció como Annette Raines, con muy poca ropa, y compartiendo un montón de chocolatinas y chuches que aparentemente habían sacado de la mininevera de la habitación. La parejita tardó varios segundos en percatarse de que habían entrado a la sala, y ambos se quedaron de piedra al ver a House y Cameron. Annette se apresuró a taparse con la sábana todo lo que pudo, sin poder creerse la interrupción de los médicos.

Annette: ¡Dijiste que no podía entrar nadie aquí! ¿Qué hacen el doctor House y la doctora Cameron en la habitación?

House: Íbamos a follar, pero ya veo que se nos han adelantado.

Chase: ¿Pero qué...?

House: Pensaba que eras bujarra, pero sinceramente esta imagen me ha parecido reconfortante. Menos mal que me equivocaba, aunque... veo que no del todo.

Cameron, que no había dicho nada hacia el momento, sonrió levemente.

Cameron: ¿De verdad creías que podrías engañarme de esta forma tan descarada sin que me diese cuenta? Y encima en mi cama...

Annette: ¿¿Cómo?? ¿Estáis juntos?

Cameron: ¿No lo sabías?

Annette dejó caer la sábana para ponerse la ropa lo más rápido que pudo, sin importarle un rábano que le viesen la ropa interior.

Annette: ¡Por supuesto que no!

Cameron se acercó a zancadas hacia Chase, que seguía sentado en la cama.

Cameron: Esto por haberme hecho quedar como una gilipollas.

La escena pareció congelarse para el intensivista cuando vio la mano de Cameron levantada en el aire. Él mismo suspiró y cerró fuertemente los ojos, preparado para recibir el impacto, pero después de la bofetada de Cameron, no tardó en recibir otra del lado opuesto de la cara.

Annette: ¡Y esta por tenerme engañada todo este tiempo!

House: Si es que no se puede jugar con las mujeres, amigo.

Y Annette se largó de la habitación a zancadas, ya con toda la ropa puesta. Cameron estaba dispuesta a seguirla, pero House la detuvo, alegando que el que tenía que salir de ahí era Chase, no ella. Así que siguiendo su propia orden, el nefrólogo dejó a su lacayo en el pasillo, en calzoncillos, y con toda su ropa en sus brazos. Después de la escena, House y Cameron estuvieron un buen rato sin hablarse, hasta que fue él quien rompió el silencio.

House: Lo siento, sé que no fue una sorpresa muy agradable, pero tenía que decírtelo.

Cameron: No sabes cuanto te agradezco que me hayas abierto los ojos. Dios mío yo... yo preocupándome por él y al final... Bueno, eso ya da igual.

House le dio un beso en la frente.

House: Salgo unos minutos, no sé si volveré a verte hoy o mañana. Y... por cierto, no esperes a Cuddy, está muy ocupada haciéndole trabajillos a Wilson.

Alison tenía los ojos llorosos.

Cameron: ¿Donde vas?

House: No me esperes, acuéstate e intenta no pensar en lo sucedido. Si vuelvo y te encuentro dormida te esperaré hasta mañana.

Cameron: ¿Pero qué...?

Cameron no terminó de formular la pregunta cuando House ya había salido por la puerta.