Capítulo 10. La despedida.
Cuando Ginny abrió los ojos ya era de mañana y el sol comenzaba a salir, podía incluso sentir la diferencia de temperatura en el aire, comenzaba a calentarse. Ya incluso estaba haciéndose extraño el hecho de estar en verano y hacer tanto frío aquí en Londres, pero finalmente el calor estaba llegando. Suspirando fuerte para no volverse a dormir la chica alejó la sabana y se levantó bostezando y frotándose los ojos con pereza. Después de lo que pareció algunos minutos de un ritual básico para mantenerse con os ojos abiertos y lejos de la tentación de volver a dormirse, Ginny miró para su alrededor y se detuvo en Hermione que estaba despierta y ya vestida. Tenía un libro en sus manos que leía con entusiasmo, pues ni escuchó a Ginny llamarla:
-¿Mione?
La amiga no respondió, sólo continuó sentada en la cama mirando el libro. No extrañada de ese comportamiento, pues Hermione cuando leía un libro interesante se olvidaba del mundo, Ginny se levantó y fue para el baño, cuando volvió secándose el pelo con una toalla se dio cuenta que Hermione no se había movido ni un centímetro. Dejando la toalla en la silla más próxima, Ginny dejó los pelos mojados cayendo por sus hombros antes de acercarse y sentarse al lado de su amiga mirando cuidadosamente el rostro de la chica. Ahora Ginny sabía por qué la amiga no le respondió cuando la llamó, Hermione no estaba leyendo como pensaba, el libro "Runas por los países olvidados" estaba abierto en la misma página de antes y los ojos de la chica no se movían, por el contrario, estaban parados mirando fijamente para un único punto en medio de la página y de ellos vertían lágrimas silenciosas que descendían por su rostro y morían en su ropa.
-¿Hermione? – Llamó Ginny pasando el dedo por su rostro.
Ella no respondió de inmediato. Tras algunos minutos la chica finalmente habló secándose las lágrimas con las manos.
-Yo voy a volver a Hogwarts cuando comiencen las clases. Necesito terminar el séptimo año.
- Hermione ¿Que pasó? Tú no irás a volver ahora, ¿por qué ese cambio tan repentino?
- Porque sí. A veces tenemos que decidir que es mejor para nosotros y para mí lo mejor en este momento es ir para Hogwarts.
- No es por eso por lo que tú vas a volver, por más que te guste estudiar, sé que está pasando otra cosa.
-¿Podemos dejarlo de una vez? – Pidió Hermione dejando el libro de lado y levantándose para coger una bolsa en la cómoda – Voy con tu madre a comprar el material en el Callejón Diagon.
Sin dar oportunidad para que su amiga comenzara a hacer mas preguntas Hermione colocó el bolso en el hombro y salió del cuarto directamente para la cocina para así poder tomar café con sus amigos. Ella trató disimular su mal humor, su desilusión, pero no tuvo tanto éxito.
- Mione? ¿Qué te pasa? – Preguntó Ron con un trozo de pan en la boca cuando entro su amiga en la cocina, apresurada.
- Voy a tomar un café si no lo has notado.
- Vaya, pero qué mal humor.
-Disculpa Ron, no me desperté con buen humor . Voy con vosotros para comprar el material, voy a volver a Hogwarts el día 1 de septiembre.
- ¿Pero y San Mungo?
-San Mungo está muy bien solamente con el profesor Snape, y él puede conseguir a otro ayudante.
La Frase y el tono de Hermione no paso desapercibido para Molly Weasley. La matriarca de la familia Weasley conocía a Hermione como si fuese su propia hija, por eso era fácil saber que algo la incomodaba, principalmente por el tono triste que usaba la chica al hablar del Profesor Snape. Una madre como Molly nunca equivoca, alguna cosa paso entre la chica y el exmortifago.
El café fue servido y poco a poco todos estaban en la mesa. El Sr Weasley fue el primero en salir, tenía que ir al Ministerio junto con Percy, George fue a la tienda con Fred. Cuando todos ya estaban terminando su café la puerta de la cocina se abrió y por ella entró Severus Snape con su habitual ceño fruncido. Claro que a nadie allí le gustó su presencia, pero era visible que a la que más le incomodaba era a Hermione que no podía mirar en dirección a la puerta y se movía en su silla como si de repente le estuviese picando la piel. La Señora Weasley respiró hondo mirando de Hermione para Snape. Sí, era exactamente eso que había sucedido, lo sabía. Hermione era prácticamente una adulta, bella e inteligente, pero era demasiado nueva. No tenía razón Snape, ella lo sabía, pero era difícil criticar el profesor cuando era visible el dolor que sentía al mirar a su alumna.
- Hola Severus – Saludó la Señora Weasley - Llegamos tarde, pero si quieres, te puedo preparar un buen desayuno.
- Gracias Molly – Se excusó cordialmente – Pero no vine aquí para tomar café.
Molly siguió la mirada de Snape y lo vio mirando a Hermione que miraba para otro lado tratando de ignorarlo y controlando la respiración.
- Vine por otro motivo - Dijo Snape encarando a la mujer.
-Entiendo - Dijo la Señora Weasley mirando de Hermione para Snape - Claro, vamos andando todos vosotros - Indicó a los hijos y Harry - Todo el mundo váyase a arreglar que no quiero tardar mucho para ir a comprar los materiales. Vamos ron.- Añadió cuando el chico tuvo la intención de coger una tostada mas. -Hermione tu puedes quedarte querida. Ya estás arreglada y aún no terminaste de comer, pero vosotros podéis ir subiendo.
Todos salieron dejando Hermione sola con Snape. Con un único y leve movimiento el profesor cerró la puerta y lanzó un muffliato sobre la cocina. Hermione no lo miraba, permanecía concentrada en los huevos revueltos de su plato. Snape respiró hondo y retiró su capa colocándola en una silla cercana, camino lentamente alrededor de la gran mesa y se aproximó a Hermione que continuó con los ojos lejos de él. El maestro de pociones se paró a su lado y quitó un sobre del bolsillo de su capa colocándolo al lado del plato de la chica, Hermione bufo cuando miró para el sobre y cerró los ojos por un instante.
- Eso estaba en mi cuarto hoy por la mañana.
Él no lo dijo alto, ni con rabia, sólo susurró las palabras hacia ella. Estaban tan cargadas de dolor que Hermione casi no consiguió responder
-Lo sé. Ayer...Ayer por la noche fui a su habitación y la coloqué en su cama.
Snape se aproximó más y retiró una mecha de cabello castaño caído en el hombro de ella colocándolo detrás de la oreja antes de descender su mano delicadamente por el cuello y tocar su collar de corazón. Hermione jadeó con el toque.
-¿Está segura de lo que quiere señorita?
Hermione sabía muy bien que Snape no estaba hablando del trabajo en el San Mungo y exactamente por eso no consiguió formular una frase coherente, pues ella no sabía en realidad lo que quería, fuera tan fácil pensar y escribir la carta de renuncia cuando estaba lejos de él y ahora con él tocándola era difícil incluso pensar.
-Yo...
Él notó que a ella le temblaba levemente la mano que cogía el tenedor. Descendiendo los dedos finos por el brazo de ella erizando su vello, retiró el tenedor de la mano de ella entrelazando los delicados dedos con los suyos. Sin decir nada Snape se sentó al lado de la chica y la hizo voltear, encarando los ojos almendrados y mojados. Respetando los sentimientos extraños y dejándose ser espontáneo como nunca antes, el profesor besó la mano de la chica poniéndola en su pecho inmediatamente después . Hermione continuaba jadeando e intentando decir algo, pero las palabras no eran capaces de salir, sin pensar ella lo estiró para sí enterrando su rostro en su cuello llorando el dolor que su corazón sentía. Snape la estiró para su cuerpo y acarició su espalda.
- Hermione – Susurro antes de besar su hombro y su cuello.
-Sí - Respondió Hermione después de conseguir controlarse un poco - Estoy segura.
Snape a alejó un poco para mirar a los ojos y le dolió ver la tristeza en sus ojos, más aún sentir el dolor de ser rechazado por la chica. Sin desviar la mirada de ella, Snape limpió una de las lágrimas que manchaban el pequeño rostro.
-Si así desea - Dijo él antes de besar su mejilla.
Hermione sintió la falta de él después de que las manos grandes se alejasen de su cuerpo. Despacio Snape se encaminó para la puerta y antes de salir miró una última vez para la chica. Él se sentía completamente extraño en relación a la ella, no era cómo cuando andaba con Lily, todo era fácil, fluía con naturalidad, su amistad con ella era normal. Pero cuando estaba con Hermione, una chica de sólo 17 años, él no sabía como actuar, por más que tuviera más del doble de la edad de ella, él sentía y actuaba como se estuviera en la escuela. Era demasiado para soportarlo, necesitaba salir de allí tan pronto como sea posible. Saber la respuesta de ella lo amargo, pero era de esperar. Ella dice que él no la quería, pero sería ella quien no lo querría él después de un tiempo. Convivir con Severus Snape no es fácil, él sabía de eso. No se declararon, pero en realidad no era necesario. Se amaban, pero él sabía que ahora, el verdadero amor de la chica era Robert.
Ella aún lo amaba, por más que ya hayan terminado, por más que sintiera algo por el profesor, ella pertenecía a otro hombre, no a él. Jamás debería haber dejado aquel rostro la conquistara. No podía tener esa debilidad. No después de ayer, no después de lo que descubrió.
Miró para su brazo.
- Definitivamente no.
Snape salió de la cocina y pasó por alado de todos los de la casa que curiosamente actuaban nerviosos y lo trataban de disfrazar, sin éxito, estaban intentando oír la conversación dentro de la cocina. Pero Snape no le importo eso, sólo continuó dirigiéndose hasta la puerta de la entrada.
- Severus – Llamó la señora Weasley alarmada.
- ¿Sí Molly?
- ¿No vas a transformarte?
- Parece que no.
- Pero por qué, puede ser peligroso.
-Tengo mis motivos y no te interesan, si me disculpas.
Cuando Snape se preparaba para aparecerse en el coche que llevaría a todos para las compras salió Robert Laine del coche, más guapo que nunca, llevaba un pantalón negro con una camisa de seda negra también . Sus cabellos estaban de punta dando mayor destaque a sus caramelizados ojos. Caminó hasta los presentes y se detuvo frente de Snape.
- Snape - Saludo disgustado.
-Señor Laine - Devolvió el saludo fusilándolo con la mirada.
Todos estaban callados viendo la pelea silenciosa entre los dos. Nadie se atrevía a decir algo, aún Molly creyendo que uno de los dos terminaría lanzando un hechizo y eso no sería nada bueno. La puerta de la casa se abrió y por ella apareció Hermione tan linda e inteligente. Sus ojos rojos eran visibles y ahora estaban intrigados.
- ¿Robert? - Llamó Hermione mirando de Robert para Snape que permanecía de espalda a ella -¿ Qué está pasando?
-Nada mi amada, Snape y yo estábamos sólo poniendo nuestros asuntos al día - Sonrió falsamente deteniéndose al lado de Snape -Ten mucho cuidado Snape - Susurró - Lo que es robado puede ser recuperado.
Siento mucho la tardanza , pero llevo unos meses con mucha ansiedad. Ahora que estoy mejor volverá a traducir los fics que tengo. Gracias por los reviews.
